viernes, 27 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una  mujer de Servicio o criada: MAIMONA


            En el hogar de mi niñez pensar en tener una criada era pura y dura utopía. En primer lugar por los ingresos que no daban para ello y porque mientras mi madre se ocupaba de obtenerlos, nuestra tía Carmen, viuda también y sin descendencia, se vino a vivir a nuestra casa y se ocupaba de las faenas de la misma.

        Por muchos que éramos, ella se manejaba bien y tenía tiempo para todo, hasta para escuchar todos los días en la radio el serial de Ama Rosa y llevar para adelante la vida y peripecias de sus infinitos personajes e innumerables y casi eternos capítulos, aunque terminaba rendida. Contando además de que nos enseñaron desde pequeños a arrimar el hombro y que no éramos demasiado desordenados.


            Ella se ocupaba de la compra, dejando para cuando estábamos en casa, que era el menor tiempo posible, por razones lógicas del cumplimiento con las obligaciones escolares y por las que nosotros mismos nos echábamos con relación a lo lúdico, los pequeños recados o mandados que respondían a urgencias o a olvidos. Era también tarea suya la comida, que realizaba en aquellas cocinas aún de carbón que encendía con una habilidad y celeridad terribles y a la que costó la propia vida que se acostumbrara al butano. 
Hacía igualmente la cocina y era labor suya el lavado, en aquella pila que existía en el patio junto a la ventana del servicio, porque en aquellos años de nuestra niñez de lavadoras nada; todo era a base de restregar y a mano, con jabón que me parece recordar que se llamaba Lagarto, de color verde, y luego a tender en los alambres que cruzaban el mismo, sujetando la ropa con palillos de madera; aquellos que separando sus dos partes y poniéndole la pieza metálica que los unía en una posición especial, aprovechando sus ranuras, convertíamos en tiradores de objetos pequeños como piedrecitas o garbanzos, que eran una delicia para nuestros juegos y para molestar en ocasiones a determinado personal. También entraba entre sus quehaceres la limpieza de la casa, que no era tarea fácil por aquel enorme y largo pasillo en forma de L, que permitía el acceso a las habitaciones, cocina y servicio.

        Que conste que no era nuestra criada a pesar de tanta faena; pues nunca la vimos quejarse de nada. Era nuestra tía Carmen, a la que queríamos mucho, a pesar de que nos reñía infinito y que consideró siempre aquel hogar y a su gente como muy suyo. La verdad que pensándolo bien para qué nos iba a servir a nosotros una criada. Como no fuera para su comodidad; pero no, no era ella persona de sentarse y mandar. Su carácter fuerte e inquieto seguro que no le hubiera permitido tener a alguien a su lado haciendo las faenas y ella permanecer entre tanto con los brazos cruzados y mirando lo que hacía. Imposible por su parte y mejor para la otra.

        Creo que el éxito de nuestro hogar estuvo en que mientras mi madre se dedicaba a ganar el sustento con su taller de modista, ella se ocupaba de la casa, sin meterse ninguna de las dos en el terreno de la otra, entendiéndose a las mil maravillas, aun siendo totalmente distintas.

                          
            Mi tía sabía más que los ratones colorados y eso que nunca había ido a la escuela; contaba con la sabiduría que da la vida y sobre todo, cuando ésta no era regalada; esa vida que no se había portado bien con ella desde tierna edad. No sé cómo se las arreglaba, pero en las colas de racionamiento duraba poco, trayéndose los artículos sin estar mucho tiempo en ellas. No conozco las historias que contaría o acaso que era mucho su descaro y se colaba simple y llanamente sin importarle nada los improperios que recibía, haciéndose posiblemente y en más de una ocasión la sorda. Sin saber de números, cualquiera la engañaba en la compra. Sabía organizarse y crecimos sin notar importantes desajustes en nuestro hogar en lo referente a la comida y eso que éramos tragones, ni tampoco en lo tocante a la limpieza en todos sus aspectos. Siempre íbamos muy arregladitos, como se decía por entonces y dentro de la  modestia propia de nuestra situación económica, y el aspecto de casa era impecable, porque además eran muchas las personas que la visitaban por el trabajo de mi madre y buena era ella para que presentara un aire que no fuera de su gusto.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario