lunes, 12 de noviembre de 2018

Al rescate de Calabuig 2

Martes, 30 de octubre de 2018.
A 205 días…

¡VAYA TELA, SI LO SÉ NO VENGO!

A LA CONQUISTA DE VILLA JAVIER, CASA RURAL EN SAYALONGA (MÁLAGA)


   
     Vaya pedazo de nube y valiente manta de agua nos regaló la susodicha. Se abrieron al mismo tiempo todas las goteras del cielo y descargaron, inmisericordes, su preciado cargamento acuoso sobre todos nosotros, atrevidos viajeros automovilísticos.

     Sabemos que el agua es necesaria pero que nos llegue, poquito a poquito, sin hacer daño y a gusto de todos, no toda de una vez. Que por más que estemos avisados, nos parecerá siempre inoportuna, exagerada y dañina.

     Y para colmo de los colmos, la parte final del viaje se convirtió en “odisea”, difícil de silenciar y de olvidar. No quiero ser hiperbólico en mi narración, ni pienso ser el “aguafiestas” de turno al contar la desagradable experiencia vivida. La carretera de Algarrobo a Sayalonga, penúltimo tramo a recorrer antes de llegar a nuestro futuro alojamiento en Villa Javier, de película de terror, estrecha, sobrada de curvas, bastante pendiente, con algún que otro pequeño desprendimiento, nada señalizada y para que contar más atributos negativos, como los barrancos profundos a uno de los lados de la misma. Y todo ello bajo una pertinaz, terca y abundante lluvia que contribuía a una apreciación más negativa todavía del camino.

     Un obligado alto en el camino antes de iniciar la subida a Villa Javier, punto y final de la desagradable subida.

     Había que reponer fuerzas, nuestros estómagos demandaban reposición alimenticia. Lugar elegido el restaurante Casa Mari. Lo comido muy bueno. El estofado de carne con papas a celebrar; los calamares y el pulpo a la gallega (bastante picante, aunque no por ello, quedaran sobras) y las costillitas de cordero, buen bocado. El postre variado y el cafelito (a no perdonar) el menú. El precio y el servicio a destacar.

     Al buen rato de la comida siguió lo más desagradable del viaje. La subida a la casa rural elegida. Algo menos de 2 kilómetros que nos parecieron eternos. Se iniciaba con una prolongada subida de una pendiente increíble y en cada metro de subida, aumentaban los obstáculos, falta de asfaltado, estrechamiento (no cabían dos coches enfrentados) piso desigual, desprendimientos, curvas peligrosas, camino de cabra, baches y socavones, torrenteras y agua a manta. ¿Quién da más? Cuando al fin llegamos a la casa, disparada la tensión, con guardado y disimulado pánico en todos los bolsillos, prometí y pienso cumplirlo, que no volvería a hacer este camino hasta el día de la vuelta (por obligación)

     La casa no merece un camino tan hijo de su madre. Bien costeada y bien construida. Un salón y una cocina completa, con todo lo necesario para vivir. 6 habitaciones en tres plantas (2 - 3 - 1) con 3 aseos. Un exterior amplio con piscina y una gran barbacoa cubierta con todos los utensilios nece4sarios para su funcionamiento (mañana tendremos ocasión de comprobar sus aparentes bondades)

     Sorteamos, como de costumbre, las habitaciones. Nos acomodamos en ella. Llegada la hora de cenar, cumplimos con nota y a descansar, que lo teníamos merecido después de tanto trajín viajero.

     Mañana, Dios dirá y nosotros a conformarnos con lo que nos venga encima.



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