jueves, 13 de agosto de 2026

ROMANCERO DE LA BALLENA

             Pasado el eclipse total de Sol que para muchos fue espectacular y que nunca olvidarán y para otros algo decepcionante porque sólo lo vimos en la tele y no en vivo y como dijimos ayer, después de hablar en versos de uno de sus protagonistas hoy nos toca hacerlo del otro, de la LUNA.

            LA LUNA

Anoréxica y bulímica,
la Luna, cuerno de plata,
torta de azogue blanco,
edita cada semana
libreto de fácil régimen
para tan moderno drama,
ella engorda en siete días
y, en mismo tiempo, adelgaza.
            La Luna Nueva, chiquita,
coquetona y bien delgada
busca en un cuarto creciente
figura redondeada,
hasta convertirse en Llena,
aspiración deseada.
            

            La Luna, torta redonda,
de la Mar, enamorada,
sólo con nocturnidad
puede verse con su amada.
Como furtiva doncella,
en cuanto el Sol se levanta,
se esconde despavorida
lejos de querida playa,
y sólo cuando el rey Sol,
por el poniente se marcha,
regresa la blanca Luna,
rielando en la mar salada.

            La Luna, señora esquiva,
de reconocida fama,
a la Mar de sus amores
las mareas le regala,
collar de flujo y reflujo,
de avances y de resacas.
Y así la Mar cuidará
los amores de su dama.
Los sabios prestos nos dicen:
La Luna tiene dos caras,
una, oculta y misteriosa,
otra, conocida y clara;
una, de arcanos repleta,
la otra, de cera blanca;
una, olvidada y negruzca,
otra, plata soleada.
Esta firme dualidad
a la Mar tiene asustada,
y por ello, de la Luna,
permanece distanciada.

            La Luna y la Mar disfrutan
en cálidas madrugadas.
La Luna y la Mar padecen
por ser pareja lesbiana.
Incomprendidas a veces,
otras veces, admiradas,
por vivir monotonías,
por vivir con doble cara,
como le ocurre a la Luna,
y a la Mar, cuando se enfada.

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