SONETO VI
(¡NUNCA FUE TARDE!)
Las palabras, silentes o sonoras,
notas de sentimentales pentagramas,
brotan alborozadas sobre ramas,
triunfantes, en predestinadas horas.
Los llantos y las risas urden tramas,
cuando la grata esperanza, a deshoras,
hila sobre la piel, dulces doloras,
alegres cantos, encendidas llamas.
Y los humanos, gatos escaldados,
oídos sordos a truenos ajenos,
buscan, en los santorales, aliados.
Fertilizan, tardíos, los terrenos,
eriales y páramos olvidados,
para hacer del dolor, goces serenos.
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