domingo, 28 de junio de 2026

REFLEXIONES DEL ESTÍO


            EL QUE TIENE UNA SOLA ESTRELLA EN EL ESCUDO DE SU CAMISETA ACABÓ CON EL QUE TENÍA CUATRO EN LA MADRUGADA DEL VIERNES

            Confieso que me gustan casi todos los deportes, unos más que otros, y entre los que me agradan, cómo no, está el que consiste en darles patadas a un balón para colocarlo en la portería de los contrarios y que en estos días celebra para todo el mundo mundial su gran fiesta.


                Eso, por supuesto, no quiere decir que pierda el sueño por todo lo que rodea al fútbol o balompié; pues aunque mueve montañas de dinero, demasiadas, que a veces me parece como un insulto a la humanidad en no pocas ocasiones y circunstancias y de lo que hablaré en otro momento, yo no pensaba levantarme a las 2 de la madrugada para ver el encuentro entre Uruguay y España; ni aguantar hasta esa hora sin irme a la cama.
                    Yo busqué a mi hora habitual, pasadas las doce en algunos minutos y atrapé al sueño enseguida, como siempre; o mejor escrito fue este el que me atrapó a mí profundamente y hasta tuve tiempo de soñar; aunque no recuerdo sinceramente que desate de mi imaginación fue el que tuve.
                    ¡Qué iluso y desconsiderado con relación a esta aseveración!


                Como a estas edades nos hacemos consumidores de alguna o algunas pastillas, por supuesto por prescripción médica, que en este caso mío me lleva al baño dos o tres vece en la noche, a eso de las tres y algunos minutos; terminada la rutinaria tarea, me brota el pensamiento enredador de ver en la tele por lo menos el resultado del dichoso partido.
                    Sin hacer ruido o el mínimo para no molestar, poniendo bajito el sonido de la tele y con la luz tenue de una lamparita de mesa, me enfrento a la realidad de los hechos que están ocurriendo. Viendo en la pantalla de la tele el tiempo que llevan jugando de la segunda mitad, que era de unos sesenta y picos de minutos y el resultado de URU 0  ESP 1. ¡Qué alivio! Por lo menos no vamos perdiendo, cosa que me hubiera llevado inmediatamente a la cama, porque me conozco. Es más, el resultado es positivo.
                      Y aparecen mis dudas, no deportivas; sino acerca de si me quedo o me voy a la piltra. Y triunfa lo primero, ya que sólo queda un media horita para su conclusión. Llevándome la desagradable sorpresa de que el partido, lo que queda de él, es demasiado brusco, de mucha dureza, con entradas violentas; sobre todo por parte de los sudamericanos, que parece que se juegan la vida si pierden y que les llevarían a hacer las maletas para regresar a sus hogares; además en un grupo donde se sentían favoritos junto a los nuestros, despreciando a las selecciones de Arabia Saudita y Cabo Verde.
                      Y no sólo me defraudó el comportamiento de algunos jugadores, sino la impresión que seguían de su "entrenador", que repetía la frase tan grotesca de "Dale ya de una vez". Viejo conocido de nuestro fútbol, donde pasó muchas temporadas gozando de un buen quehacer. Hombre aparentemente templado, que en los anteriores partidos se movía por la banda cabizbajo porque no obtenía los resultados apetecidos y señor del fútbol, que en esta ocasión perdió su señorío con sus gestos, gritos, con la cara desencajada, como perdido el norte.
                        Aguanté hasta el final para ver como quedaba el resultado. Menos mal y así me pareció, que nos nuestros no se achicaron y supieron hacer los deberes en un partido de fútbol en el que el campo, siendo un poco exagerado, parecía más de batalla que un deporte sano.

         

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