jueves, 14 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMA

40.-   Un cine:   EL NACIONAL   ( I )


Dos grandes cines teníamos en la ciudad en nuestra niñez, el Nacional y el Monumental y el haberme inclinado por el primero de ellos viene justificado por las razones que a lo largo de este apartado expondré.

         Bien pude haberme inclinado por el que por sus características urbanísticas y su nombre, perfectamente escogido, el Monumental, ya que sólo había que verlo para que te impresionara por su grandeza y más desde la perspectiva de nuestra poca edad, que equivalía también a pequeña estatura. Nos decían que el mérito de esta obra era el armazón de hierro que la sostenía, que fue encargado y ejecutado por una empresa mundialmente famosa de Alemania, cuyo nombre no recuerdo; pues estéticamente no despertaba nuestro interés, porque quizás era demasiado monótono. Era mucho más interesante en su interior, por su extraordinaria altura y porque además de que su salón fuera enorme, no había ningún elemento que le estorbara, dejando todo diáfano. Desde sus butacas mirabas al techo y te perdías, tenías la sensación de ser aún más pequeñajo y si te sentabas en el extremo de una de las filas, para confirmar lo anteriormente dicho, veías demasiado lejos la otra pared. Claro que para nosotros la perspectiva más habitual era la que teníamos desde la platea o gallinero, desde donde también se podía comprobar su monumentalidad. Nada, que el nombre le venía pintiparado, como anillo al dedo.

( CINE MONUMENTAL)

       Sin embargo, siempre tuvimos una cierta predilección por el Teatro Cine Nacional y ello sería por diferentes causas que influirían en mayor manera entre los niños. La primera de todas, sin duda, eran aquellas matinales de los domingos y festivos, en las que el público infantil se convertía en protagonista.

     

Estas veladas congregaban a la chiquillería en torno a las películas de aventuras, del oeste americano, de las que llamábamos de risa con el gordo y el flaco, Cantinflas, los Hermanos Marx o el feo Fernandel, entre otras, sin olvidar a los clásicos de los dibujos animados. Todo ello salpicado con los “trailers” de los próximos estrenos, del Nodo y de los cortos de dibujitos de Popeye, del ratón Mickey o de Tom y Jerry. Con el preámbulo de poder comprar chucherías en el mismo patio de butacas a aquellos hombres que con una amplia canasta repleta de ellas, recorrían los pasillos laterales y central del patio de butacas para atender la demanda continua de la ruidosa chiquillería o la de poder participar en aquellas rifas que organizaban sobre la marcha, vendiendo unas tiras de papel de colores con números y que tenían como premios juguetes, como reproducciones de motos y coches de lata para los niños o la Mariquita Pérez para las niñas, que eran expuestos en la boca del escenario; incluso que a veces sorteaban, como reclamo para que la gente menuda, muchas veces acompañados de sus mayores, acudiera a estas sesiones, con el número que aparecía en las entradas.


( INTERIOR ANTIGUO TEATRO NACIONAL )
                                                    
El Nacional además tenía un gallinero que era más divertido y apropiado para nuestras fechorías. Entrábamos por una pequeña puerta que había en el lateral derecho del amplio hall de la entrada principal y en donde se encontraban las taquillas, subíamos las escaleras de dos plantas para llegar a una sala bastante grande, sin asientos de butacas y sí con bastantes filas de bancos corridos de madera, como las gradas de los antiguos campos de fútbol, aunque algo más bajitas.

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