RAZÓN TRIGÉSIMO NOVENA
39.- Un militar: DON RAMÓN GOTARREDONA PRATS ( V )
La otra me ocurrió poco tiempo después. Pasarían
unos seis meses de la anterior y ya estaba próximo nuestro licenciamiento. La
visita de Gotarredona se anuncia en nuestro cuartel, el de Regulares 5, y todo
tiene que estar en perfecto estado de revista, siendo uno de los elementos más
cuidados el del consabido corte de pelo que tanto le gustaba al General cuando
estuvo en Melilla como Comandante General; así que todos pasamos por la piedra,
dentro de los límites señalados, hasta los que formábamos parte de la Compañía de Destinos, la
conocida como de los enchufados. Todos menos uno, mi hermano Clemente, que
estaba destinado en la Sala
de Armas del Casino Militar y que le echa una cara de campeonato. Aquel día
además sube al cuartel de uniforme, de las pocas veces que se lo puso, y con
una pelambrera que es la envidia de la mayoría, porque no se ha tocado ni un
pelo. La mayoría de los compañeros pensamos que le van a meter un buen paquete
y que se le va a caer el pelo en cuanto lo vean. Yo, de verdad que lo paso mal.
Sin embargo, él piensa que pasará lo que tiene que pasar. Cuando vamos a formar
se le acerca el capitán y todos pensamos que ya le llegó la hora y cuál es
nuestra sorpresa cuando le dice que de parte del Coronel Morales se marche inmediatamente
para la Sala de
Armas, que tiene que terminar no sé qué cosa relacionada con su decoración.
Finalmente, Gotarredona no vino a nuestro cuartel; así que todo quedó en nada y
mi hermano mantuvo su pelo por azar.
Decían algunos que hasta entregaba fotografías
suyas, como si de artista se tratara, a aquellos soldados que solicitaban su
audiencia y que si no las firmaba era por verdadero pudor.
Otros contaban que sólo vivía para el ejército y que
permanecía ajeno a todo lo que no estuviera relacionado con el mismo y que
disfrutaba con el uniforme, del que raramente se desprendía, que soñaba con los
desfiles y que era un experto estratega en asuntos bélicos, aunque nunca tuvo
que poner en práctica su saber.
Y para terminar, sólo decir que el Comandante
General don Ramón Gotarredona Prats, como militar, marcó en nuestra ciudad un
antes y un después; así que es normal que cada cual contara su historia según
le fue y que también lo fuera la existencia de frases como aquella de “¿Tú
cuando hiciste la mili, cuando estuvo Gotarredona?”, lo que sin duda equivalía
a que aquella historia de compromiso obligatorio por entonces con el ejército
fue algo bien distinto.
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