El visitante que llega a nuestra ciudad y pasea por
sus calles con la mirada puesta en las alturas, seguro que descubre más que los
residentes habituales los encantos urbanísticos de Melilla. ¿Por qué razón casi
siempre ocurre lo mismo en todas las ciudades y pueblos, que tienen que venir
los de fuera para descubrirnos las maravillas que tienen, por aquello será de
que nadie valora lo suyo?
Es curioso igualmente otro hecho que se da entre los mortales, que a veces no conocemos las bellezas artísticas de nuestro lugar nada más que de oídas o referencias y que tienen que venir amigos o familiares de fuera y nos vemos obligados a convertirnos en improvisados guías para mostrárselas, descubriéndolas al mismo tiempo que ellos; quedándote, además del regusto de descubrirlas de verdad, el disgusto de no haber gozado de ellas con anterioridad.
Claro que uno puede llegar a la simplicidad de considerar que lo bello es bello y que nadie queda libre del axioma, que equivaldría al tan popular de mi pueblo de adopción, que dice que siempre lo primero es lo primero y que para la mayoría no quiere decir absolutamente nada, Pero para ellos encierra toda una filosofía de vida y un comportamiento especial ante las situaciones que te presenta ésta.
Sin embargo, yo puedo decir que soy un enamorado del modernismo de nuestra Melilla, al igual que me encanta perderme por el pasado de mi Pueblo, por sus rincones repetidamente visitados y que cada día te descubren algo nuevo; entre otras cosas, porque nuestra imaginación no tiene límites y a mí me encanta ejercitarla. Soy de las personas que cuando me encuentro en mis viajes con muestras arquitectónicas que coinciden con las nuestras, como en uno de los últimos realizado a Palencia, para gozar del románico de su provincia y al descubrir en su capital, en su calle principal, edificios modernistas, me hacen volar a mi Melilla y me siento curiosamente orgulloso de ella; permitiéndome el hablar a los compañeros de viaje, que la desconocen, de sus maravillas y de los innumerables edificios de este estilo que salpican la parte nueva y moderna de nuestra ciudad.
Me agrada pasear y curiosear por entre tanto arte, mirar hacia las alturas o detenerme delante de las reproducciones de estos edificios, magníficamente plasmados en ediciones de libros últimamente impresos por las Instituciones melillenses.
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