domingo, 5 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMA

30.-   Un dibujante precoz:   MANUEL SÁNCHEZ BAENA, para nosotros MANOLO "MINERVA"    


        El concepto peyorativo de niño “litri” era sinónimo de débil, señorito, cobarde, endomingado y de otros apelativos por el estilo; así que jugábamos en apariencia con desventaja. Aunque la verdad sea dicha, no sabían dónde se metían, por aquellos años, los que así lo creyeran; pues recuerdo a algunos ejemplares de nuestra pandilla que eran de armas tomar.

       Precisamente, Manolo no era de estos últimos, más bien corto y conciliador, poco amante de la bulla, ordenado en sus cosas y hasta con apariencia de ser una chaval algo mayor de la edad que realmente tenía por ser responsable en sus actitudes; pero que no se dejaba y también hay que señalarlo, eso sí, mojar la orejilla por nadie y menos aún por foráneos de su reducto.

                                                        
                                           BARRIO DE ATAQUE SECO

        Un día bajó hacia nuestro barrio un grupo de chavales de Ataque Seco con ánimos de bronca; creando en nosotros, por qué no reconocerlo, por sus apariencias y hasta por sus estaturas, pues parecían mayores que nosotros, una cierta inquietud. Todo marchaba con sólo cruces de palabras, con risas nerviosas, con algunos que otros empeñones sin consecuencia, con comentarios jocosos más o menos acertados por ambas partes, hasta que uno de ellos, posiblemente su cabecilla, tuvo la infeliz y desafortunada idea de meterse con la hermana de Manolo, que permanecía casi al margen de aquella historia. Incluso en su atrevimiento y a pesar de la advertencia de que dejara tranquila a su hermana, el bravucón quiso tocarle la cara. Sin apenas mediar palabra, de la aparente tranquilidad y calma pasó a la acción, ante la sorpresa de todos y en especial del “chavea” de Ataque Seco. Se lanzó hacia él con todas sus fuerzas y le propinó un terrible cabezazo en la nariz, rompiéndosela y haciéndole caer de espaldas al suelo, originándole una hemorragia que a todos nos asustó tremendamente. Gritos, confusión y momento mágico que nos hizo desaparecer momentáneamente a la mayoría, tanto de un bando como del otro. Luego vimos como fue el mismo Manolo el que, ante el estupor de propios y extraños, sugería a los compañeros del herido, que le taponaran la herida con lo que fuera y que lo llevaran al puesto de Socorro, que afortunadamente se encontraba a unos cien metros del lugar y que todos conocían.

 


Desde entonces ya no vinieron a molestarnos más aquellos chavales y también nosotros, por nuestra parte, dejamos de hacer cruzadas durante una temporada por los alrededores de parque Lobera; se estaba más tranquilo jugando al “Perico correcalles”, a “La una la mula” o al “Salto la papa”...

 

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