jueves, 23 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO CUARTA

34.-   Dos buenos amigos:   LUCIANO TEJEDOR Y TERE   ( II )

    El otro, nuestro querido y apreciado al máximo Luciano, gallego de pro y melillense de adopción y por corazón, dedicó más sus pasos hacia lo político-social y lo cultural, sin olvidar en principio, por exigencia del propio guión lo físico. Era y sigue siéndolo, con los muchos años mucho más, un extraordinario y ameno conversador y hombre de fácil pluma, que permaneció para siempre en nuestra ciudad.

        Coincidimos con ambos en el tiempo, en sus innumerables proyectos de cambio y fuimos permanentes colaboradores de los mismos en los años en que estuvimos en Melilla; hasta tal punto que lo acompañé como profesor de voleibol, junto a Clemente y Rafael Imbroda, nuestro querido Falo, en el curso que el primero dirigió en la Universidad Deportiva de Verano de la OJE en Gijón y al año siguiente me dejó la responsabilidad del mencionado curso, porque él tuvo que ocupar un cargo superior, en la celebrada en La Coruña.


(Con Antonio de Antonio, Rafael Imbroda y Clemente en la foto superior y con Luciano Tejedor, en la Playa de Gijón, en el verano de 1964 y en la Universidad Laboral)

        Impulsaron el deporte de base en nuestra ciudad, que entonces estaba canalizado a través del Frente de Juventudes y de las competiciones escolares y Melilla comenzó a sonar, primero en los sectores andaluces y posteriormente a nivel nacional, en algunos deportes, entre los que destacó el voleibol, que dejó de ser en nuestra ciudad el “maricavolea” para convertirse en un deporte lleno de atractivos, que congregaba en el campo de Bandera de Marruecos un buen número de practicantes a modo oficial y reglamentado, así como apuesta interesante de diversión y entretenimiento.

       Ejercieron su docencia en los diferentes centros oficiales de nuestra Melilla y se notó su labor de forma notable por aquellos años.

      Luciano, que se afincó definitivamente en Melilla y con el que siempre hemos mantenido contactos puntuales, es para nosotros como algo familiar y ello lo demuestra el hecho de que cuando hemos vuelto a Melilla, después del primer contacto con la familia, nuestra primera llamada telefónica era para Luciano y los suyos y la primera visita, salvada la familia, era a su hogar o a la Delegación de Cultura para darle un fuerte abrazo, que siempre fue correspondido con el mismo afecto y sinceridad.

      Aquel gallego divertido y afable siempre con sus amigos, algo más reservado y tímido con los ejemplares del sexo opuesto, siempre sonriente en el trato con sus compañeros, excelente conversador como señalé anteriormente y que no perdió del todo su acento, un día encontró por las mismas casualidades de la vida a una encantadora melillense, que le sorbió el seso; aunque él como buen gallego no tratara de manifestarlo en exceso, por aquello de que no se notara mucho su enamoramiento y formó un hogar en Melilla, el de Luciano y Tere, que pronto se vio felizmente engrandecido por tres adorables hijas, María del Mar, Alejandra y la pequeñita y encantadora Yolanda Patricia, a las que vimos nacer y crecer y por las que sentíamos el mismo afecto que por sus padres y pienso que hasta era mutuo, ya que en su niñez nos apreciaron infinito, bastando para comprobarlo la alegría que les daba cuando nos encontrábamos.

       Tere ya demostró su entereza y fortaleza, el amor que sentía por su pareja, cuando le acompañó fielmente durante algunos meses en que nuestro querido Luciano se vio obligado a recluirse para superar una crisis en forma de enfermedad en los aires sanos de San Lorenzo de El Escorial.

        Cuando por diferentes motivos volvíamos a Melilla, unas veces solos porque aún no habíamos roto nuestro celibato o acompañados, cuando ya nos incluyeron, eso sí, por propia voluntad, en el capítulo de los casados, como señalé antes, una visita obligada o las que fueran menester, era a su hogar, para compartir nuestras vivencias que caminaban por derroteros diferentes, para intercambiarnos sentidos afectos, para gozar de su acogedora residencia, para participar en ágapes sobre el mismo mantel, para recrearnos con sus caprichos siempre demostrativos de un buen y delicado gusto, para disfrutar de las pinturas colgadas en sus paredes, en donde nunca faltaron modestas plumillas de los hermanos Calabuig, para vernos abrumados por las atenciones y detalles de ambos y para deleitarnos con la gracia y el encanto de sus tres pequeñas criaturas.


                (Luciano con los mellis en el Albergue de Ataque Seco en Semana Santa)

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