RAZÓN TRIGÉSIMO CUARTA
Dos buenos amigos: LUCIANO TEJEDOR Y TERE
(Luciano Tejedor, el de la derecha, con la compañía de Antonio de Antonio Campoy, con un equipo del Instituto en la cancha de la Hípica) El nombre de María se nos presenta con diferentes
significados, es por tanto polisémica, y de esta palabra hacemos usos que la
engrandecen y otros con un sentido algo peyorativo.
María fue la madre de ese Niño tan especial cuyo
nacimiento marcó el comienzo de toda una era, la del mundo cristiano y que
puede considerarse como el acontecimiento más importante de la Humanidad para
los que compartimos esa fe.
María se llamaba mi querida hermana, virtuosa y
encantadora mujer, que cuando se nos fue de este mundo en plena juventud nos
dejó un vacío difícil de ocupar.
Pero con María también se suele nombrar a la mujer
sencilla y de poco nivel cultural, en un tono evidentemente despectivo.
Y por último, a aquellas asignaturas de los estudios
que se aprueban con excesiva facilidad o que carecen de importancia para la
mayoría, reciben el nombre de Marías, en plural.
Entre éstas últimas y en los años de nuestra niñez y adolescencia, encontrábamos principalmente a tres: la Religión, la Educación Física
y la Formación Política o del Espíritu Nacional, a pesar de tener nombre tan
rimbombante.


La Religión no entendíamos por qué era una
asignatura y seguimos a pesar de los muchos años vividos sin entenderlo. La Educación Física,
para como se impartía por aquellos años, tampoco nos atraía en demasía y menos
aún cuando teníamos que saltar, sin preparación alguna, el potro o el plinto y
de la Formación
del Espíritu Nacional para qué hablar. Si a ello uníamos la existencia de un
profesorado ya mayor, poco motivado y que nos tenía poco o casi nada que decir
y que en el último caso representaba al Movimiento Nacional, que por su
conservadurismo era el más inmovilista del mundo, se puede uno hacer la idea
del poco aliciente de las mismas, que por el contrario, hacían honor a su
condición de “Marías” y el aprobado casi siempre era general. Así como la
primera de éstas las impartían los curas, aquellos que todavía llevaban
sotanas, las otras dos eran competencia de unos profesores salidos del Régimen,
que se titulaban como “Oficiales Instructores”, entre los que recuerdo como
antiguos a don Lorenzo Villalobos y a Manuel Corbí Ávila, al que no le añado el
don, aunque lo era merecedor, porque con él tuvimos una relación de amistad a
pesar de la diferencia de nuestras edades.
Pero un día desembarcan en nuestra ciudad dos
jóvenes “Oficiales Instructores” de la nueva hornada, con evidencia de su mejor
preparación académica y bastante cambia el panorama de estas asignaturas en
donde ellos ejercen su docencia; principalmente en Educación Física, dándole otro
aire y preocupándose por el fomento de la actividad deportiva, no tanto por la
Formación Política, ya que era muy difícil transformar el carácter de la misma.
No obstante, pelearon con empeño para que también fuera otra historia, que en
nada se parecía a la recibida en años anteriores. Estos dos jóvenes fueron
Antonio de Antonio Campoy y Luciano Tejedor Mata, de gratos recuerdos en la
ciudad. El primero, después de ejercer durante bastantes años su docencia en
Melilla y principalmente en torno a la Educación Física
y el Deporte, se nos fue a la Universidad Laboral de Cheste, en Valencia,
habiendo sembrado, especialmente en el ámbito familiar, inquietudes
extraordinarias hacia la actividad deportiva en general, que propiciaron que
algunos de su entorno dirigieran sus estudios hacia los INEF, titulándose en
Educación Física y dedicando su vida a ella, como sus cuñados Manolo y José
Luis Hernández, por nombrar a algunos y con los que mantuvimos por aquellos
años una estupenda relación de amistad y que eran unos excelentes deportistas,
por lo que no dudo que fueron felices con el camino seguido.

(En la derecha Antonio de Antonio Campoy en la Universidad Laboral de La Coruña)
El otro, nuestro querido y apreciado al máximo
Luciano, gallego de pro y melillense de adopción y por corazón, dedicó más sus
pasos hacia lo político-social y lo cultural, sin olvidar en principio, por
exigencia del propio guión lo físico. Era y sigue siéndolo, con los muchos años
mucho más, un extraordinario y ameno conversador y hombre de fácil pluma, que
permaneció para siempre en nuestra ciudad.
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