miércoles, 22 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO CUARTA

Dos buenos amigos: LUCIANO TEJEDOR Y TERE


(Luciano Tejedor, el de la derecha, con la compañía de Antonio de Antonio Campoy, con un equipo del Instituto en la cancha de la Hípica)

        El nombre de María se nos presenta con diferentes significados, es por tanto polisémica, y de esta palabra hacemos usos que la engrandecen y otros con un sentido algo peyorativo.

       María fue la madre de ese Niño tan especial cuyo nacimiento marcó el comienzo de toda una era, la del mundo cristiano y que puede considerarse como el acontecimiento más importante de la Humanidad para los que compartimos esa fe.

      María se llamaba mi querida hermana, virtuosa y encantadora mujer, que cuando se nos fue de este mundo en plena juventud nos dejó un vacío difícil de ocupar.

     Pero con María también se suele nombrar a la mujer sencilla y de poco nivel cultural, en un tono evidentemente despectivo.

       Y por último, a aquellas asignaturas de los estudios que se aprueban con excesiva facilidad o que carecen de importancia para la mayoría, reciben el nombre de Marías, en plural.

   Entre éstas últimas y en los años de nuestra niñez y adolescencia, encontrábamos principalmente a tres: la Religión, la Educación Física y la Formación Política o del Espíritu Nacional, a pesar de tener nombre tan rimbombante.

      

        La Religión no entendíamos por qué era una asignatura y seguimos a pesar de los muchos años vividos sin entenderlo. La Educación Física, para como se impartía por aquellos años, tampoco nos atraía en demasía y menos aún cuando teníamos que saltar, sin preparación alguna, el potro o el plinto y de la Formación del Espíritu Nacional para qué hablar. Si a ello uníamos la existencia de un profesorado ya mayor, poco motivado y que nos tenía poco o casi nada que decir y que en el último caso representaba al Movimiento Nacional, que por su conservadurismo era el más inmovilista del mundo, se puede uno hacer la idea del poco aliciente de las mismas, que por el contrario, hacían honor a su condición de “Marías” y el aprobado casi siempre era general. Así como la primera de éstas las impartían los curas, aquellos que todavía llevaban sotanas, las otras dos eran competencia de unos profesores salidos del Régimen, que se titulaban como “Oficiales Instructores”, entre los que recuerdo como antiguos a don Lorenzo Villalobos y a Manuel Corbí Ávila, al que no le añado el don, aunque lo era merecedor, porque con él tuvimos una relación de amistad a pesar de la diferencia de nuestras edades.

         Pero un día desembarcan en nuestra ciudad dos jóvenes “Oficiales Instructores” de la nueva hornada, con evidencia de su mejor preparación académica y bastante cambia el panorama de estas asignaturas en donde ellos ejercen su docencia; principalmente en Educación Física, dándole otro aire y preocupándose por el fomento de la actividad deportiva, no tanto por la Formación Política, ya que era muy difícil transformar el carácter de la misma. No obstante, pelearon con empeño para que también fuera otra historia, que en nada se parecía a la recibida en años anteriores. Estos dos jóvenes fueron Antonio de Antonio Campoy y Luciano Tejedor Mata, de gratos recuerdos en la ciudad. El primero, después de ejercer durante bastantes años su docencia en Melilla y principalmente en torno a la Educación Física y el Deporte, se nos fue a la Universidad Laboral de Cheste, en Valencia, habiendo sembrado, especialmente en el ámbito familiar, inquietudes extraordinarias hacia la actividad deportiva en general, que propiciaron que algunos de su entorno dirigieran sus estudios hacia los INEF, titulándose en Educación Física y dedicando su vida a ella, como sus cuñados Manolo y José Luis Hernández, por nombrar a algunos y con los que mantuvimos por aquellos años una estupenda relación de amistad y que eran unos excelentes deportistas, por lo que no dudo que fueron felices con el camino seguido.

(En la derecha Antonio de Antonio Campoy en la Universidad Laboral de La Coruña)

    El otro, nuestro querido y apreciado al máximo Luciano, gallego de pro y melillense de adopción y por corazón, dedicó más sus pasos hacia lo político-social y lo cultural, sin olvidar en principio, por exigencia del propio guión lo físico. Era y sigue siéndolo, con los muchos años mucho más, un extraordinario y ameno conversador y hombre de fácil pluma, que permaneció para siempre en nuestra ciudad.

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