martes, 14 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:   PEDRO MONTES RAYA: El hijo de los porteros del portal número 6 

        Después sustituyó la botella por un trozo de tubo de la misma longitud del ancho de la tabla y se balanceaba como quería, recurriendo también a las anillas que hacía girar en sus brazos en cruz o a los juegos malabares con las pelotitas o las mazas e incluso hasta con un palillo y su correspondiente plato girando en cada una de sus manos. No exagero, era un auténtico artista para cualquiera que lo viera; pero para la gente menuda era algo más, un verdadero monstruo. Si hasta llegó a usar varios rulos y tablas a la vez, siguiendo la máxima circense del más difícil todavía.


            Lo que llamaba la atención en Pedrito  no eran sus ejercicios en sí, ya que no eran los números de mayor dificultad de los circos, ni los que gozaban de la mayor admiración pública; sino su fuerza de voluntad para conseguir lo que quería, siguiendo al pie de la letra aquella máxima muy frecuente por aquellos días entre nosotros y por supuesto, señalada siempre por los mayores, de “querer es poder” y que además era un auténtico autodidacta; pues jamás nadie y menos un chino, le llegó a enseñar lo más mínimo.

     Pedro Montes Raya había nacido, sin saber nadie el porqué, tan sólo él, para ser artista de circo. Pero sólo tuvo un lunar, el de faltarle el valor necesario para enrolarse en cualquiera de los muchos circos que visitaban nuestra ciudad, haber aprendido en serio este trabajo y vivir de verdad su aventura.


         No sé lo que hizo Pedro de mayor. Posiblemente terminó en los albañiles subiéndose, sin nada de vértigo, a poner los ladrillos de las fachadas de los pisos más altos o aprendería el oficio de limpiar los cristales de los ventanales de los rascacielos, colgado de un cable desde la azotea. Podría ser bombero en Barcelona, barrenero o picador en cualquier mina asturiana o alpinista en sus ratos libres, que sé yo; pero lo que no me imagino a Pedrito, por mucho esfuerzo que haga, es verlo sentado en una silla y ante una mesa llena de papeles, de administrativo, justificando su horario laboral y cumplimentando cuestionarios.

                                            

                                                                o

                            

                                                       pero jamás en


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