Antes de pasar a relatar algunas, quiero hacer honor
a un salvavidas al que acudíamos algunos años, cuando nuestra recogida no era
la deseada, cuando todos nuestros esfuerzos no eran correspondidos con las
ilusiones que poníamos y nuestra hoguera presagiábamos que iba a resultar
ridícula. Se trataba, por ejemplo, de aprovechar la influencia de Pili Montes
acerca de los suyos, especialmente de su padre, para acudir a aquellos grandes
almacenes que tenía en el Industrial, que luego se convertirían en garajes y
talleres de
Recuerdo aquel año en que se llevó a cabo por parte
de los servicios de jardinería municipales una importante tala de eucaliptos
junto a la orilla del río, frente a la entrada principal de la Gota de Leche,
en donde luego se construiría un mercado y posteriormente la Escuela de
Comercio. En esa zona y por tal motivo había material suficiente para todas las
hogueras de Melilla y como los troncos, las ramas y las hojas no fueron
retiradas inmediatamente, alguien del grupo se fijó en ello y dio la voz de
alarma. Aún quedaban días para San Juan; pero cómo desaprovechar aquella
ocasión. El único problema que nos generaba su recogida era el de localizar un
lugar donde poder guardarlo. Se barajaron múltiples soluciones que fueron
rechazadas por su inviabilidad unas, por lo peregrino de otras y por la falta
de seguridad de la mayoría. Al final, a alguno se le encendió la lucecita y
propuso que si casi deshojábamos las ramas más gruesas, quedándonos con los
troncos, podíamos colocarlos en un balcón del primer bloque Orgaz, que llevaba
cerrado una eternidad de tiempo, asegurándonos que allí no vivía nadie.
Efectivamente, lo pudimos comprobar rápidamente porque las persianas estaban
siempre cerradas y descoloridas por la acción continua del sol y de las aguas y
por el aspecto que presentaba el balcón de no ser frecuentado desde hacía
muchísimo tiempo.
Buscamos herramientas de las más variadas y nos dedicamos a desmochar de hojas las ramas y troncos, que veíamos más apropiados para almacenarlos en el lugar escogido, para posteriormente y aprovechando la noche trasladarlos desde allí al balcón. Fue hasta divertida aquella experiencia y todo salió como a pedir de boca. Sin grandes aspavientos, porque sabíamos lo que nos jugábamos y haciendo el menor ruido posible, el material se fue acumulando en aquella amplia balconada del primer bloque de los 3 que existían (el tercero en forma de "ele"), y que en la foto puede verse en la parte superior de la plaza de toros de la ciudad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario