viernes, 27 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DELA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMA

20.-   Un héroe de los Tebeos:   EL GUERRERO DEL ANTIFAZ   ( III )

        A los que había que unir los que trataban o se movían en asuntos serios, como El pequeño luchador, Piel de Lobo, Purk el hombre de Piedra, Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín, Flash Gordon, Tor, Spiderman, Superman, Tumac, Jan Europa, Kin Tejano, Dick Turpin, el Guerrero del Antifaz, el Caballero Luna, el Capitán Trueno, Conan, Pachi Andía, Batman, entre otra montaña de ilustres héroes.


            ¡Cuántos dibujantes envidiados! Pues nos hubiese gustado ser mayores como ellos y poder realizarlos. Estábamos familiarizados con muchos nombres, sin que supiéramos nada acerca de la persona que se encontraba detrás y además, cada cual tenía sus preferidos y discutíamos acerca de sus dibujos, de la gracia de sus movimientos, de las exageraciones, de los fondos y aprendimos a ver, a distinguir, a valorar y conocíamos por sus monos a Morales, Muntañola, Palop, Pañella, Jaume Rovira, Lajoa. F. Ibáñez, Estivill, Urda, Vázquez, Peñarroya, J. Morante, Moreno, Mingo, Ayné, M. Gago, Benejam, Ibarz, Sifré, Segura, García Lorente, Abat, Peyo, Rafa, Salvador Mestres, Rojas, Tinez, G. Arnao, Bernet Toledano, A. Castany, Doménech, Edgar, Escobar, J. Sanchís, Schmidt, Rino, Escobar, Fresno, Blanco, E. Cerdán, Gosse, F. Tur, Coll, Conti, Oski, Coq...
                                                            
                    ( MANUEL GAGO GARCÍA. creador de EL GUERRERO DEL ANTIFAZ )

        Hasta nos entreteníamos copiándolos o incluso nos atrevíamos con más voluntad que acierto a crear nuestros propios tebeos.

       Y entre tanto héroe de ficción yo me inclinaba por aquella historia casi interminable de El Guerrero del Antifaz, cuyos ejemplares guardábamos como auténticos tesoros, y es que si el protagonista de cientos y cientos de aventuras estaba permanentemente envuelto en el misterio, también lo estaba su dibujante para nosotros, M. Gago. No sé cómo había llegado hasta la chiquillería la leyenda de que era un hombre enfermizo, que fue recluido en un hospital para curarse con absoluto reposo de su dolencia pulmonar, la tuberculosis tan frecuente de aquellos años, y que para no aburrirse había inventado tal personaje y el guión que le acompañaba, dedicándose a dibujar en tanto tiempo libre las aventuras del guerrero cristiano contra el sarraceno invasor; otra de tantas historias de buenos y malos que nos acompañaron durante toda nuestra niñez.

        Este personaje que llegó a ser tan famoso, no sólo para los pequeños, sino también para algún que otro mayor, que los veíamos comprar con una cierta timidez y corte y con la excusa de que eran para sus hijos, en los quioscos. Aquellas historias protagonizadas por el Guerrero del Antifaz y que la editorial reclamaba su importancia con publicidad de este estilo: “Las aventuras de capa y espada que transportan al lector a los tiempos de la Reconquista, en que, en tierra de nadie, se dilucidan los intereses de todos.” O aquella otra de: “Tiempos de acción y violencia, de osadía y arrojo, que dieron héroes como el Guerrero del Antifaz.” Un guerrero que portaba una túnica roja y corta, con bajos dorados y con una cruz en el pecho, portador de traje de malla y casco, al que nunca veíamos el entorno de sus ojos porque lo cubría con su antifaz, con capa azul y cinturón ancho, medias y botines doblados a la altura de los tobillos y siempre con su espada victoriosa guardada sólo en pocas ocasiones en su vaina, ya que casi siempre se estaba batiendo con las huestes de Chacal, del Buitre, del pirata Ben Bulaf o contra los bandidos del desierto; ayudado por sus buenos amigos Kazim, Mustafa, Don Luis o Don Fernando, para rescatar siempre a señoritas como Ana María, Sarita, Ayida o Yamina, por ejemplo, que caían en manos de los anteriores. Y terminando cada número con una escena angustiosa, como la de la bella arrojada por la borda del barco a un mar plagado de tiburones, que el guión exigía que inmediatamente se arrojara el Guerrero del Antifaz al mismo para salvarla. Viéndose en la última viñeta a los dos personajes rodeados por terribles escualos dispuestos a terminar con ellos y debajo una palabra “continuará”, que nos obligaba a adquirir el siguiente número a la próxima semana para ver en qué quedaba todo aquello. En el fondo sabíamos que no iba a pasar nada; pero nos creaba la curiosidad de saber cómo se iba a resolver cada situación peligrosa.

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