En cada casa existía un buen número de ejemplares de
las diferentes colecciones, inclinándose cada chico por algunas de ellas, pues
era poco habitual y casi imposible tenerlas todas. Era tal nuestra afición al
tebeo que los que no conseguíamos en propiedad y nos interesaban, podíamos
alquilarlos para su lectura por una perra chica, moneda de cinco céntimos de
peseta, o si eran más interesantes y gordotes por la perra gorda de diez
céntimos. Para ello, en competencia con los quioscos y con el fin de obtener algunas
monedas para invertir en lo anterior o en nuevas adquisiciones, muchos pequeños
montábamos nuestros puestos de alquiler y trueque en un trozo de la acera,
sujetando los tebeos para que no se volaran con piedras en sus esquinas;
originándose en las inmediaciones de cada uno de ellos, al ocuparse los
escalones de entrada a los portales, los de los establecimientos comerciales o
el mismo suelo por ávidos lectores, auténticas e improvisadas bibliotecas al
aire libre en torno al cómic. También se cambiaban los tebeos; aquellos que
habían perdido nuestro interés, porque lo habíamos visto, leído y releído en
múltiples ocasiones o que carecían del mismo por el paso del tiempo y por el
envejecimiento natural, los cambiábamos por otros a compañeros y amigos que se
encontraban en nuestra misma situación con sus ejemplares; con lo que se
aumentaba nuestra cultura “tebeística”.
Gozábamos de tal manera con ellos que recuerdo con nostalgia una anécdota vivida continuamente con uno de los amigos de juego, algo mayor que nosotros, Manolo Minerva, al que llamábamos porque su padre tenía la Agencia Minerva, pero que se llamaba Manuel Sanchez Baena y que tenía la habilidad de dibujar de memoria a los personajes de los tebeos y que con un papel en blanco al principio y con un lápiz corriente les iba dando vida, ante la mirada de asombro de un grupo de niños que nos arremolinábamos en su torno, pugnando por conseguir los lugares más privilegiados para poder adivinar lo más rápidamente posible de qué personaje se trataba. El premio era excelente, pues el que más personajes acertase se llevaba la hoja con todos los dibujos. ¿Se podía pedir mejor recompensa? Creo que Manolo Minerva, que eligió la profesión médica, no olvidó su afición al dibujo y que con el nombre de MAN, como pasatiempo o vaya usted a saber, no sé quién me dijo un día, que se dedica en sus ratos de ocio a ejecutar viñetas cómicas, tiras o cuadros de humor de su personaje "Pencho" para el periódico de la ciudad de Murcia, donde ejerce la medicina.
¡Cuántos héroes y personajes célebres para nuestra niñez! Dibujos de personas y animales que para nosotros se convertían en reales, con los que soñábamos, deseando en ocasiones ser como ellos, a los que identificábamos con amigos por gozar de sus mismas características. ¡Qué nómina más amplia!
Pepe Gotera y Otilio, Petra criada para todo, con su traje negro y delantal y cofia blanca, Porrez y Cía, el Repórter Tribulete que en todas partes se mete, el miope Rompetechos, el sempiterno hambriento Carpanta, Rigoberto Picaporte solterón de mucho porte, los inquilinos del número 13 de la Rue del Percebe, el botones Sacarino, Segis y Olivio traperos de alivio, Sir Tim O´Theo, los traviesos gemelos Zipi y Zape, Superlópez, Mortadelo y Filemón, Máximo Mini y Don Óptimo, Deliranta Rococó y el Doctor Cataplasma, Don Percebe y Basilio cobradores a domicilio, Don Pío con su bombín característico, Doña Urraca con su inconfundible narizota puntiaguda, el conserje Toribio, Dumby, las aventuras de Eustaquio Morcillos con su salacot y su rifle siempre en ristre, la familia Churumbel metiéndose en todo, las Hermanas Gilda una gorda con moño y la otra con el pelo suelto e inconfundible lacito, Gordito Relleno con su redonda nariz, Don Feliciano, la Familia Trapisonda que forma un grupito de monda, las interminables e insospechadas historias de la numerosa familia Ulises, los personajes del Hotel Mediaestrella, la encantadora abuelita Paz, el cateto Agamenón con su enorme boina sin capar, Ambrosio Carabino, el agente secreto Anacleto, Angustio Vital y el loco Carioco, las cosas de la familia Cebolleta, las desventuras del Conde Miseratti, los grandes inventos del TBO, Pepe Trola, Roquita, Aníbal, el Barón de la Mojama y muchísimos más y que no se enfade ninguno de los ausentes, porque la lista se haría interminable.
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