lunes, 23 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA. LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO NOVENA

19.-   Un Humorista:   EMILIO EL MORO   ( III ) 


        Cuando este medio comenzó a popularizarse aún tuvo tiempo de incorporarse a él y ganó algo más su fama, ya que también apareció en la pequeña pantalla en más de un programa musical y no hace falta señalar que aún caminaba por el blanco y negro.

        En directo lo vi en varias ocasiones formando parte de compañías de variedades, que así se llamaban por entonces, del francés “varietés”, y que incluían, de ahí su nombre,  todo tipo de espectáculos, desde la magia a los juegos malabares, los humoristas y caricatos, el mimo y la canción, especialmente la  copla, que entonces era considerada como la canción española y que recorrían la mayoría de los pueblos y ciudades, actuando en teatros propios que deambulaban con ellos o en los teatros de cada localidad.

       Pienso que él tenía debilidad por actuar delante de los suyos y por eso se prodigaba en Melilla. Recuerdo haberlo visto y escuchado también en un pequeño circo instalado en el solar junto a Bandera de Marruecos, que por eso creo que era un circo, porque era el lugar habitual para los mismos, con notable éxito y que por entonces, tratándose además de que era un artista local de gran reclamo, sería incluido en su elenco de artistas, sin ser ello algo corriente en este tipo de espectáculos.

        De pequeño nos sabíamos las versiones de todas las canciones que él interpretaba; ya que en su mayoría lo que él hacía era poner letras humorísticas a canciones que ya estaban en el mercado discográfico y ejecutadas por otros interpretes. La originalidad de su trabajo estaba en eso, en disparatar con las letras y cambiarlas con el deje, como decía un buen amigo mío, del “árabe vulgar” y que no era ni tal árabe ni tan vulgar; sino que como señalé antes era castellano hablado por un marroquí principalmente. Así, él no tenía una vaca lechera, sino una funa; la pareja humana la formaban la mujera y el haromi y  las criaturas que venían eran los ninios pequenios. Usaba en sus canciones divertidas comparaciones, tremendas exageraciones, haciendo mucho más largas las frases con relación a las letras originales; todo lo cual era del agrado del respetable, que era considerado como tal, porque para eso era el que pagaba.


            Y volviendo al dichoso topónimo, en el Pueblo, que así conocemos los melillenses a Melilla la Vieja, hay un callejón del Moro, que bien podría haber sido de nuestro Emilio para un profano como yo; pero no, porque el cronista oficial de la ciudad, don Francisco Mir Berlanga, que además de ser uno de los mejores conocedores de la misma, tuvo el honor y privilegio de ser alcalde de Melilla durante algo más de siete años, nos indica que esa callejuela se llama así por el Moro Dorador, que era otro y no Emilio, que entró en la historia nuestra por ser compañero de prisión en Argel del mismísimo Cervantes, al que traicionó en uno de sus intentos de fuga.


No hay comentarios:

Publicar un comentario