domingo, 22 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA,, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO NOVENA

Un Humorista.-   EMILIO DEL MORO   ( II )


        Curiosamente, en este topónimo se ha metido un conglomerado de pueblos que nada tienen que ver con su auténtica realidad y que responde a la creencia generalizada de que lo son todos aquellos que profesan la religión de Mahoma, llegándose a identificarlo con el original árabe, que es como su sinónimo, lo que equivale en este caso a hacer mayor la parte que el todo.

         Lo que también nadie duda es que lo del “moro” no contó con muy buena prensa; sobre todo, para el melillense, que desde tiempos inmemoriales lo vio como un enemigo potencial  y casi exclusivo, por razones de supervivencias, de conquistas y reconquistas y no me refiero a las de Al-Andalus, y de situaciones bélicas en las que se vieron envueltos permanentemente.

        Menos mal -me contaba mi madre- que se entretuvieron en la frontera, en las mismas puertas de Melilla, para dedicarse al saqueo y a recoger todo lo que suponía un excelente botín para ellos y que dio tiempo a que llegara la Legión y los frenaran.

        ¡Qué intranquilidad tuvo que vivirse en momentos determinados y muy puntuales!


            Hoy y desde la lejanía, veo a Melilla como una ciudad, en el aspecto de relación con el moro, que se dejó invadir pacíficamente por éste; hasta tal punto que en algunos de mis últimos viajes a mi ciudad, en rincones muy nuestros de antaño, en el mismo centro, en locales públicos de la misma Avenida, me he sentido un poco extraño, al no entender el idioma o lengua de la mayoría de los que compartíamos el mismo establecimiento de ocio.

        Desde la Península  no mejora desgraciadamente su concepto. Antes con lo del servicio militar a las tierras del moro, con los temores infundados, con la fantasía de las historietas y aventuras relatadas por los propios soldados, por la lejanía en ocasiones, por tenerse que experimentar la travesía del “charco” y por otras muchas razones, no fue bien visto. Hoy, hablar del moro es identificarlo con la tristeza de una emigración descontrolada, de una muerte anunciada en las pateras, de una explotación generalizada, de allí y de aquí y sálvese quien pueda, de palabrería fácil de políticos oportunistas que aportan escasas soluciones y de vivencias de riesgos.


            Y entre todo este lío, de ayer y de hoy, nuestro Emilio el Moro, el de nuestra niñez, nos hacía reír con aquellas letras que podían ser reconocidas en la actualidad como “macarrónicas y con ese deje tan peculiar de “paisa”, que equivalía al uso del castellano como lo hablan los “moros” de allí.  Extraordinario artista melillense que siempre en sus actuaciones portaba esa prenda tan característica del pueblo marroquí, como lo era el talbu de color rojo. Muchos fueron sus discos para aquella época, los que escuchábamos continuamente a través de las ondas amigas de Radio Melilla y EAJ 21 Radio Juventud, en aquellos inolvidables espacios de discos dedicados, en los monográficos dedicados a él o en la presentación y lanzamiento de sus nuevos éxitos, que, si no tenían el trato de los de ahora,  sí el encanto que suponía seguir toda la actualidad musical a través de la radio, ya que la televisión daba sus primeros pasos y todavía no estaba al alcance de todos los españoles, como el NODO.


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