jueves, 19 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO OCTAVA

Un dulce.-  LAS MONAS DE PASCUA   ( III )


        Como he dicho anteriormente que mi madre era algo exagerada, tuvimos monas para toda la Semana Santa y para algunas más y eso que nosotros éramos también generosos con los amigos íntimos y a la hora de merendar los hacíamos partícipes de ellas; al igual que compartíamos otras exquisiteces de las suyas.

        El nivel de la superficie de los dulces en la canasta bajaba sin cesar y nos daba una cierta pena cuando comprobábamos que se comenzaba a ver el fondo blanco de la misma.

        De esos recuerdos de niñez que se te fijan más y de los que no desaparece su vivencia por muchos años que pasen, tengo uno que en más de una ocasión relaté como anécdota en conversaciones informales entre familiares y amigos. Un año por razón de la mala fortuna, que luego se tronco en buena para nosotros, por error en la elaboración de la masa, por olvido involuntario de alguno de sus ingredientes o por nuestra misma causa, ya que volvíamos tarumba a nuestra tía Carmen, con nuestras riñas, impertinencias y permanente inquietud, salieron las monas duras, como para tirarlas según bocas delicadas. Afortunadamente no se hizo esto, sobre todo, por nuestra insistencia, ya que por aquellas fechas contábamos con una perfecta dentadura y otros alimentos, como los chuscos de pan o las mismas tabletas de chocolate arenoso, tenían igual o más grado de dureza y caían, ya que si hacía falta los roíamos con verdadero deleite y como auténticos ratoncillos, porque eran años de penurias y no entendíamos de refinamiento ni de derroches.


            Mi madre era drástica en estas circunstancias. Su rapidez de decisión y su energía ya las habíamos comprobado en muchas ocasiones en el mismo taller de costura, cuando llegaba a sus manos algo que ella entendía que estaba mal ejecutado. No perdía el tiempo en recriminaciones, deshacía el trabajo ante la mirada sorprendente y el correspondiente disgusto de la que se lo presentaba y a empezar de nuevo; indicándole sin acritud lo que ella quería. Pues aquí actuó de la misma manera, decidió sobre la marcha que aquello no podía quedarse así y encargó a mi tía que al día siguiente se volviera a hacer la misma cantidad. Nosotros no dábamos crédito a lo que estábamos viendo; nuestras indicaciones de que las monas estaban ricas y no tan duras no sirvieron de nada, porque la decisión ya estaba tomada por su parte y no había más que hablar. Eso sí, por si las moscas, al día siguiente la Tía Carmen no nos dejó manosear tanto como en otras ocasiones, nos estuvo marcando todo el tiempo y hasta nos invitó en varias oportunidades a que nos fuéramos a la calle a jugar con los amigos. Puso todo su saber y la verdad es que las nuevas le salieron de rechupete.


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