martes, 10 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO SEXTA

16.-   Un Monte: EL GURUGÚ   ( II )

        Aunque ello no quiere decir que todo este devenir fuera siempre de rosas. Se pasaron momentos muy críticos por la falta de visión de muchos políticos y porque en la Península, en general, se estaba ajeno al hecho, con su problemática peculiar, de la existencia de la misma Melilla; que sólo despertaba ríos de tinta en los periódicos peninsulares cuando las crisis se hacían inevitables y se daba el enfrentamiento entre los defensores y detractores de nuestra misma presencia en el norte de África.

         Nos contaban nuestros mayores lo mal que lo pasaron en 1901, cuando las cábilas que rodeaban la ciudad se movían con total anarquía, sin respetar al Sultán, moviéndose bajo la dirección de los jefecillos que afloraban en cada una de ellas, con la aparición de líderes que se enfrentaban a la máxima autoridad. Hasta tal punto era el caos y el desorden, que los trabajos de las minas y del ferrocarril del Rif se detienen. El comercio de la ciudad cae empicado, no se importaban productos a la ciudad porque no se vendían, la Junta de Arbitrios, especie de Ayuntamiento, no recaudaba para poder atender su presupuesto, la Cámara de Comercio alerta a la población acerca de la situación que puede traer graves consecuencias y el mismo periódico local, el Telegrama del Rif, lanza una editorial en donde habla de la situación del mercado de Melilla como enfermo de gravedad. El comercio cae a mínimos y como se ve que el Sultán no puede acabar con aquel desgobierno y desorden, que pone en riesgo la misma supervivencia de la ciudad, basada principalmente en la estrategia de su comercio, brillante en otras épocas anteriores, obliga al gobierno español, ante las continuas advertencias y peticiones del General Marina, a hacer uso de la fuerza.


            Y nuestras tropas se ven envueltas en un duro conflicto bélico con un enemigo mejor conocedor del terreno. Es cierto que tiene menos recursos y conocimientos de orden militar, pero que sabe moverse en la guerrilla como pez en el agua. Se producen victimas como en todas las guerras y son muchos los que alzan sus voces en contra de esta intervención militar.

       La situación de la ciudad se salva y Melilla vuelve a la normalidad, hasta que en el 21 se produce otro conflicto del que mi madre me contaba el miedo que pasaron; sobre todo, cuando desde el acorazado Alfonso XIII, que junto con el Cataluña y el Bonifaz, constituían la retaguardia de las tropas de a pie, desde el mar lanzaba centenares de bombas, que por la distancia o por los errores de cálculo de los cañones o de los marinos que los manejaban, caían en la misma ciudad, sembrando accidentalmente de muertos y heridos distintos rincones de la misma, tan cercanos a la parte baja del Gurugú. Nos contaba a nosotros, que éramos unos chavales aún, que estas acciones les quitaban el sueño y les llenaban de angustia por el repetido y monótono silbar de las bombas y las explosiones que se producían a continuación y que todo era un sinvivir.


            Y todo por la defensa de un destacamento que se había instalado en Tizza, como en otros lugares del Gurugú, para dar seguridad a Melilla. Caserío de poca importancia situado en un terreno quebrado a unos 10 ó 12 Km de la ciudad, a la derecha de la carretera del Zoco el Had de Beni Chicar y que iba a una de las cimas del Gurugú, Taxuda, en el suroeste y que recibía los víveres desde Melilla. Ante la imposibilidad de llevar el convoy de víveres, porque Tizza se encuentra rodeada de rebeldes, nuevamente se decide intervenir bajo el mando del Comandante General José de Cavalcanti, que tras una afortunada y arriesgada decisión, que le llevará a recibir felicitaciones y las más duras y feroces críticas, lleva a cabo una contienda que consigue su objetivo, pero que no evita muchas muertes entre los cabileños y en la misma tropa española, como suele ocurrir en todas las guerras. Mi madre guardaba tristes recuerdos de aquella acción bélica y cuando hablaba de la campaña del 21 parecía que el miedo le venía y tenía una fijación con las bombas del acorazado Alfonso XIII.


                                     (Comandante General José Cavalcanti )
 

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