RAZÓN DÉCIMO QUINTA
15.- Un Cocinero: HADE ( I )
( Hade es el que sostiene el banderín, a la izquierda en la foto y de pie Luciano Tejedor y a la derecha Fernando Arjona, Antonio de Antonio Campoy, Salvador Guerrero y los her,anos Calabuig, y agachados Mohatar y Antonio Coronado)
Hace muchísimo tiempo que no lo vemos, le perdímos
la pista; aunque no a los suyos, hasta supimos que entre su numerosa prole, al
igual que otros tantos, su mujer le dio un par de mellizos. Si nuestro buen amigo Mosi era hebreo o judio y no
se me ocurriría llamarle israelita, porque cuando participábamos en los mismos
juegos de niñez ni siquiera existía el Estado moderno de Israel y el otro sólo
se encontraba en los Libros Sagrados, de Hade puedo decir, no en tono
peyorativo, porque nunca empleamos en ese sentido este vocablo, que es moro.
Moro, como poblador de la zona norte de África o
aplicado también al individuo de la población musulmana de la historia de
Al-Andalus. Haciendo esta salvedad, porque curiosamente uno, cuando descubren
en la Península
nuestra procedencia, de la que sería absurdo renunciar e inevitable, sí ha
padecido el uso de ese apelativo , algunas veces como fruto de la ignorancia y
hasta con un cierto afecto, las menos, y otras, hasta con bastante saña, con
ánimo de ofender, maliciosamente, con rencor, como insulto que se arroja con
intención de molestar y que lo hayan conseguido o no es otra historia, en
especial, si uno ha dedicado parte de su vida a la tarea pública.
No creo que Hade fuera de aquellos que identificaban
su mayor grado de libertad, llegada la Independencia de Marruecos, entre otras
cosas, por aquello de sustituir lo de moro por caballero musulmán o marroquí.
En primer lugar porque siempre, desde su origen, siguió la religión de Mahoma;
aunque en nuestra particular cruzada de infancia y juventud, quisiéramos en más
de una ocasión hacerlo cristiano, que hasta terminó siendo cocinero de las
Escuelas Cristianas de La Salle;
pero sín éxito, cosa lógica y natural. Y en cuanto a lo de marroquí, tampoco
ello le traería grandes preocupaciones mentales. Es más y dadas las
circunstancias que le acompañaron en su vida y sin renunciar a una terminología
más o menos acertada, supongo que tendría más ventajas, más seguridad laboral
para él y para los suyos, viviendo en Melilla, aspirando a la nacionalidad
española. Lo de caballero nada tenía que ver con la religión ni con el hecho
geográfico en sí y siempre tuve la creencia que él fue una buena persona.

Siempre lo vi igual, era de las personas que nunca
me produjo una sensación de cambio, como si su molde pudiera engrosar por los
kilos o blanquear su pelo por los años o arrugarse su rostro por el paso del
tiempo, sin que dejara de ser el Hade de siempre. Recuerdo su sonrisa
permanente, su tez morena y pelo rizado, su hablar parco y cadencioso, su buen
humor, su paciente actitud y en especial, siempre lo relaciono con la
gastronomía, con su peculiar cocina.
Hade fue el eterno cocinero de los Campamentos
Juveniles de Rostrogordo. Antes lo había sido en los turnos que para jóvenes
acampados de nuestra ciudad se celebraban en el pueblecito malagueño de Cortes
de la Frontera,
población de la fue alcalde durante muchos años nuestro querido amigo y
compañero, también melillense, Fernando Arjona Carmona y en donde había tantos
alacranes que un año no te libraste de una picadura que te puso la pierna toda
hinchada, a pesar del preparado que tenían en el pueblo, dada la abundancia de
estos, para contrarrestar su veneno y que te suministraron inmediatamente. Es
que bicho malo nunca muere, dicen, y aquí la peor parte la llevó el alacrán, al
que sí mataron a golpes. Y todo por aquello de querer quitarle el sitio en un
colchón a otro, con tan mala fortuna que en uno de sus recovecos, calentito,
estaba el dichoso animal, de los que tampoco faltaban en Rostrogordo. También
fue cocinero de los Albergues ubicados en distintos locales de la ciudad, como
el de Ataque Seco, por encima del Sagrado Corazón, de las comidas entre amigos,
de la Gota de
Leche y que terminó dando de comer a los Hermanos de La Salle; sin olvidar sus
experiencias “feriales”, con sus celebrados y exquisitos pinchitos morunos,
cuando la feria de septiembre se montaba fuera del Parque Hernández, en la
calle Teniente Coronel Seguí y la
Plaza de España y él se anunciaba por sí solo o en cualquier
cafetín o caseta con aquel slogan, que alguna vez tuvimos que rotularle que
decía: “Ni soy rey ni soy príncipe, soy Hade” y que servía para competir con el
archiconocido Sadia y otros monarcas de los pinchos, con el atrevimiento de su
nombre carente de títulos y de su calidad, pues la verdad era que estaban
ricos.
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