SEXTA RAZÓN
6 .- Un libro : LA ENCICLOPEDIA ÁLVAREZ ( IV )
Y cuando se acababan los verbos aparecía la
Aritmética, con conceptos tan familiares como que la cantidad era todo los que
se podía pesar, medir y contar. Con la numeración decimal y la romana también,
a la que ahora no prestan ni pajolera atención los alumnos. Con las cuatro
reglas u operaciones, que era la aspiración mínima de cualquier padre de que
fueran como el equipaje con que debían salir del colegio al final de sus
estudios primarios. No faltaba el Sistema Métrico Decimal y su manejo, ni las
fracciones o quebrados y para los que iban a entrar en el banco, aunque fuera
de simples botones, las reglas de interés y de descuentos y los repartimientos
proporcionales.
Lógicamente a ésta seguía la Geometría con aquello de las líneas paralela, que eran las que por mucho que se prolongaran nunca se encontraban. ¡Qué cantidad de dibujos: líneas, ángulos, polígonos, circunferencias y poliedros! Y qué enorme número de palabrotas, tales como: hipotenusa, isósceles, obtusángulo, icosaedro, paralelepípedos... Sin que quedara atrás, que había que saber de todo para tener una buena cultura general, el asunto de las áreas y los volúmenes.
La Geografía contaba con una aliada importante, con la música. Cuántas cosas aprendimos cantando. Recuerdan, y que cada cual le ponga la melodía que quiera, lo de “España limita al norte con el Mar Cantábrico y los Montes Pirineos, que los separan de Francia; al este con el Mar Mediterráneo; al sur con este mismo mar y con el Océano Atlántico y al oeste con Portugal y el Atlántico”. O aquella otra de “El Miño nace en Fuente Miña, provincia de Lugo; pasa por Lugo, Orense y Tuy, y desemboca por
Cómo no acordarse
de aquellos mapas físicos y políticos, que había que dibujar y colorear o ya
impresos, a los que llamábamos mudos, que servían para manifestar nuestros
conocimientos geográficos y que nos llevaban a disparates, a veces, de colocar
el Volga y el Ural en América del Norte o Sydney en el mismo centro de Europa,
por aquello de trabajar poco, fijarnos menos y perdernos en los mapamundis.
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