jueves, 29 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DOCE

12  .-  Dos Santos: SAN JOSÉ Y SAN CLEMENTE   ( III )

       Es cierto y cambiando de tercio, que el día de San José ya no es lo mismo que antes, salvo en la Comunidad Valenciana, donde con las Fallas no hay quien pueda, ni por lo visto últimamente con su alcaldesa Rita Barberá. Llegaron los socialistas al poder, al gobierno de España en Madrid y acabaron con muchas festividades y la verdad es que había demasiadas, y de esta criba no escapó la del santo varón San José. El día se hizo laborable para los trabajadores, otros santos tuvieron más suerte o mejor tratamiento, y lectivo para los estudiantes. Es como si al Santo José lo hubieran descendido de categoría, ya no hay tantas celebraciones, ni los que llevamos este nombre recibimos tantas felicitaciones como antes. Además se le ha generalizado tanto por parte del consumismo, con el beneplácito de la Iglesia, que casi nunca estuvo ajena, menos en sus orígenes o en el habitat de los desheredados, a la riqueza y el poder, que ya no sólo es el día de los José, sino también de todos los padres, sin que dejen de recordarnos tal hecho con auténtico bombardeo y de forma reiterativa los medios de comunicación y en especial, por encargo de unos grandes almacenes cuyo nombre no es necesario señalar y que curiosamente siempre su director tiene la delicadeza de felicitarnos.


            Pero la anécdota más señalada con relación al nombre de mi hermano es la que relato a continuación.

      Tenemos en Melilla una sobrina a la que queremos con locura porque fue como una hermanita pequeña para nosotros desde el momento en que el destino cruel hizo que nuestra hermana mayor, su madre, se nos fuera de esta vida en plena juventud y aquella criatura con su hermano pequeñín, José Ángel, se vinieron a vivir a nuestro hogar. Pues bien, esta sobrina nuestra se llama Melchora, como para no tirar cohetes, ¿verdad? Decía su abuela por parte de padre, que se llamaba igual que ella, cuando se le recriminaba por esto, que había sido un capricho de su padre el ponerle aquel nombrecito, que a ella que lo había padecido durante toda su vida no le gustaba en absoluto, pero que su hijo era tan cabezota que no había forma de hacerle variar de opinión y que si se le hubiera metido en su testa el ponerle a su pequeña “Cagarruta” su nieta se llamaría así. Menos mal que se quedó en lo del femenino del rey Mago.

      Para disfrazar el entuerto desde muy pequeña la empezamos a llamar Marimel, que hasta es sonoro y por este eufemismo la conocía todo el mundo. Era tal su desazón a veces, que cuando en la facultad sevillana, donde realizó sus estudios universitarios para licenciarse en Historia del Arte, pasaban algunas veces lista o nombraban a los alumnos de su curso por o para algo, a ella aún estando presente siempre le ponían falta, porque su silencio era sepulcral y miraba para otro lado.


            Sin embargo, le ocurría lo de la paja en el ojo ajeno y de vez en cuando le daba la carga a su tío Clemente y a aquellos que habían tenido la ideíta de nominarlo así, porque consideraba a aquel nombre como una carga nada agradable para toda una vida.

      Clemente asumía aquellos reproches con la paciencia del viejo sabio, entre otras cosas porque se sentía a bien con él y más, cuando ya sabía de verdad el significado del mismo, que tenía más de virtud que de pesadez.

      El tiempo pasa, Marimel se casa con un hombre extraordinario, Alejandro, y la felicidad aumenta en su casa con el nacimiento de una preciosa niña, a la que hay que bautizarla y ponerle un nombre como Dios manda. Por supuesto, de Melchora nada, que no se hable de ello ni en broma. Son padres nuevos, modernos, liberales, así que no tienen ninguna atadura en este campo. ¡ Ay ¡, pero el destino a veces juega malas pasadas, en este caso en forma del triste fallecimiento de su suegra, otra extraordinaria mujer, muy querida por todos, por sus hijos y por su misma nuera, dada su condición y calidad humana; pero esta excelente señora se llamaba Clementina.

      En homenaje y recuerdo a ella, a la recién nacida se le pone el nombre de su abuela, disfrazándolo en esta ocasión desde su bautismo con el de Tina, que hasta suena bien y es sonoro.

     Mi hermano Clemente cuando lo supo, con la frialdad y laconismo que siempre le han caracterizado, sólo le dijo una vez: Marimel, mejor callar, porque al final todo cae encima.

    Cuando la pequeña estudiaba seguro que si le hubieran preguntado por el significado de su nombre la habrían puesto en un grave aprieto. Estoy convencido que no hacía referencia a cada una de las constituciones compuestas por el Papa Clemente V y que se incorporaron al Derecho Canónico, las cuales recibieron este nombre por su autor; ni siquiera a una variedad de mandarina, ni aún al hecho de tener clemencia. Tampoco sé si  celebrará su onomástica el 23 de noviembre como mi hermano. Lo que sí puedo decir es que, aun siendo tan distintos estos Santos, me quedo con ellos y estoy seguro de que a ninguno de los “Clementes” se les olvidará felicitar a su hermano mellizo en fechas y fiestas para ellos tan señaladas, a pesar de los socialistas, por quitar una fiesta tan importante para los “Pepes” e ignorar seguramente la de los que se llaman Clemente, porque ellos con los Papas parece ser que tampoco hacen buenas migas.

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