lunes, 26 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARS, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN ONCE

11.-  Un Catedrático:  DON JOSE BOLUDA SANJOSÉ   ( V )

        Lo peor vino después. El gris de aquellos días invernales hizo que en la clase, sin las luces artificiales encendidas, se viera poco. Cuando don José dirigió sus pasos para subir a la tarima, se encontró con una persona en ella, a la que saludó con su acostumbrada educación, confundiendo al esqueleto con un alumno atrevido, al que invitó a que ocupara inmediatamente su sitio habitual de clase.

        Subió el escalón, se acercó a la mesa del profesor, que estaba en el otro extremo, sacó unos papeles de su cartera y se sentó.

        El silencio era sepulcral, nadie se atrevía a pestañear, todos prestábamos atención a sus movimientos con un deseo común, que no volviera su mirada hacia la puerta y por supuesto, tratando de evitar las risas que estaban a punto de brotar. Cuando de pronto, se levanta y vuelve a pedir al muñeco que se siente. Alguien no pudo aguantar más y de su boca surgió una sonora carcajada, lo que llevó a don José a que se acercara al esqueleto y descubriera la broma; en tanto que la clase, ya sin control, era una jaula de grillos y nadie se preocupaba de controlar las risas.

        Sin perder la compostura, se situó en el centro del estrado y preguntó:

-         ¿Quién ha sido?

        La clase se había desmadrado, caso insólito, en la presencia del mismísimo director; unos reían, otros comentaban el hecho, había quienes querían dar explicaciones tratando de quitarle importancia o señalaban que la obra no iba dirigida hacia él; los siseos invitando al silencio tampoco faltaban. El alboroto era enorme y don José se volvió a la mesa, introdujo los papeles en la carpeta con gran parsimonia y se dirigió hacia la puerta, la abrió y antes de salir se detuvo y se volvió hacia nosotros, diciendo en voz baja, pero que todos pudimos oír, porque nos desconcertó su actitud y el silencio había vuelto:

 -         Espero que antes de marcharnos a casa los autores me darán alguna explicación en mi despacho.


            Y cerró la puerta sin ninguna brusquedad. La pausa fue corta, pues enseguida volvió el jaleo; ahora porque la mayoría quería hablar y opinar acerca de lo que había que hacer. No faltaban quienes señalaban con el dedo a los autores, los que los defendían, los que pedían poner en práctica otra Fuenteovejuna, los que les daba igual y seguían riéndose, los preocupados por el castigo posible a todo el colectivo. La verdad es que esta situación no se alargó, porque los autores, Calvo y otro que no recuerdo su apellido, cortaron la misma y se fueron inmediatamente a cumplir con el requisito que había señalado don José Boluda, dirigiéndose a su despacho.

       Esperamos impacientes el regreso de los dos compañeros y poco hablaron cuando volvieron. Aparentemente no pasó nada, no tuvo el hecho gran trascendencia y sólo les acarreó a ambos el suspenso de su asignatura en junio; aunque sí se complicó para el primero de ellos, pues por motivo de aquel cate perdió la beca y la matrícula gratuita para el curso siguiente.

       La vida del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Melilla, que así se llamaba entonces, siguió su ritmo normal y su director, don José Boluda no perdió ni un ápice de su autoridad. Otros nuevos alumnos vinieron a engrosar la nómina del Centro y seguro que sentirían el mismo respeto que nosotros hacia su persona y algunos hasta miedo, en especial los más pequeños, y es que don José era mucho don José, a pesar de su corta estatura.



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