DÉCIMA RAZÓN
Un Catedrático: DON JOSÉ BOLUDA SANJOSÉ ( II )
En Geografía, por ejemplo, era un enamorado de los
mapas y nos hacía dibujar frecuentemente muchos de ellos, en lo que éramos unos
expertos, coloreándolos de maravilla, entre otras cosas, porque nos agradaba
desde muy corta edad esto del dibujo y el color. Nos hacía trabajar sobre mapas
mudos, que teníamos que comprar como casi la totalidad de los materiales
escolares, ya que contaba con un surtido variado, principalmente en la Librería y Papelería
Boix, que se encontraba en la
Avenida, enfrente de la iglesia del Sagrado Corazón. Así
sabíamos situarnos en el mundo y no andábamos tan perdidos como los pequeños de
ahora.

Para la Historia
no había más remedio que hincar los codos, como en la mayoría de las
asignaturas, pues por aquellos años privaba la enseñanza memorística y aquellos
que tenían una excelente retentiva y les agradaba ejercitarla eran los
triunfadores. A otros nos costaba un montón, pero como no había otra manera de
trabajar, a machacar y a dedicarle horas al asunto. Claro que todo esto tenía
un gran inconveniente, que en un momento determinado podíamos saber
aparentemente toda la historia de España o la Universal, todas las
guerras y conquistas, reconquistas y contrarreconquistas del mundo mundial,
como diría Manolito Gafotas, la historia de todos los pueblos, las fechas de
los reinados de todos los reyes de Castilla y León, la lista de los monarcas
godos, los nombres de los hijos naturales y bastardos de la mayoría, los
acuerdos firmados después de las absurdas guerras, los viajes de Colón con todo
tipo de pelos y señales y hasta la inscripción, por ejemplo, que aparece en la
catedral hispalense acerca del rey Fernando III hablando de que era tal su
santidad y sencillez, que no ocupaba a sus súbditos leales en la tarea de
llevar los leños a la hoguera, que los llevaba él mismo sobre sus hombros para
quemar con ellos a los infieles... Pero cuando pasaban los exámenes y si
habíamos tenido éxito en los mismos, borrón y cuenta nueva, que había que
dedicar nuestra memoria a otros asuntos igual de importantes de otras materias,
como por ejemplo, a las declinaciones del latín del bueno de don Lucas, a la
conjugación de los verbos en el francés de la Señorita Mari, al
número y la valencia de los elementos químicos, a los escritores y obras de la
generación del 98 o del Siglo de Oro español, a la flora y la fauna de
Australia, a las pirámides de Egipto y a las capitales de todos los países del
mundo.
Sin embargo y volviendo a la Geografía de don José
Boluda, porque era la suya, es justo confesar que sí supimos sacar algunas
consecuencias más duraderas, aprendiendo muchas cuestiones que nos han servido
para toda la vida, tales como el orientarnos de día con el sol y de noche con
las estrellas, saber en qué parte del mundo estamos, cuáles son nuestros
vecinos de Oriente y observar la diferencia entre todos los Norte y Sur, el
conocer con claridad los accidentes geográficos, el distinguir la España húmeda
de la seca, la influencia del clima en los moradores de una región, el
conocimiento de las migraciones y sus causas. Se nos habrá podido olvidar cuál
es la capital de Nepal, pero sí sabremos situar a tal país en el Himalaya, al
norte de la India,
en el continente asiático, porque estábamos familiarizados con los mapas, que
como indiqué antes, eran unas de sus obsesiones.
Fue don José Boluda para nosotros una persona
envuelta en el misterio y llena de contrastes por lo que explicaré
posteriormente. Nos decían los mayores que era tan raro y además que estaba
soltero porque pertenecía al Opus Dei. Por aquellos años no teníamos ni la más
remota idea de lo que podía ser eso de pertenecer o ser del Opus. Con el paso
de los cursos y encontrando respuestas, adecuadas o no, a nuestros
interrogantes sobre el particular, que dicho sea de paso no nos quitaba el
sueño, supimos que era una asociación de cristianos escogidos, que aquello
significaba más o menos la Obra
de Dios, con mayúsculas, que la había fundado un tal Monseñor Escrivá de
Balaguer, que como los jesuitas tan sólo tocaban a los inteligentes –y por eso nunca intentaron meterme a mí en su
órbita de influencia-, que compartían sus bienes y que la mayoría de ellos,
como era el caso de nuestro don José Boluda, habían elegido la opción del
celibato.
(MONSEÑOR ESCRIBÁ DE BALAGUER, FUNDADOR DEL OPUS DEI)
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