viernes, 23 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


DÉCIMA RAZÓN

Un Catedrático:  DON JOSÉ BOLUDA SANJOSÉ   ( II )

       En Geografía, por ejemplo, era un enamorado de los mapas y nos hacía dibujar frecuentemente muchos de ellos, en lo que éramos unos expertos, coloreándolos de maravilla, entre otras cosas, porque nos agradaba desde muy corta edad esto del dibujo y el color. Nos hacía trabajar sobre mapas mudos, que teníamos que comprar como casi la totalidad de los materiales escolares, ya que contaba con un surtido variado, principalmente en la Librería y Papelería Boix, que se encontraba en la Avenida, enfrente de la iglesia del Sagrado Corazón. Así sabíamos situarnos en el mundo y no andábamos tan perdidos como los pequeños de ahora. 


            Para la Historia no había más remedio que hincar los codos, como en la mayoría de las asignaturas, pues por aquellos años privaba la enseñanza memorística y aquellos que tenían una excelente retentiva y les agradaba ejercitarla eran los triunfadores. A otros nos costaba un montón, pero como no había otra manera de trabajar, a machacar y a dedicarle horas al asunto. Claro que todo esto tenía un gran inconveniente, que en un momento determinado podíamos saber aparentemente toda la historia de España o la Universal, todas las guerras y conquistas, reconquistas y contrarreconquistas del mundo mundial, como diría Manolito Gafotas, la historia de todos los pueblos, las fechas de los reinados de todos los reyes de Castilla y León, la lista de los monarcas godos, los nombres de los hijos naturales y bastardos de la mayoría, los acuerdos firmados después de las absurdas guerras, los viajes de Colón con todo tipo de pelos y señales y hasta la inscripción, por ejemplo, que aparece en la catedral hispalense acerca del rey Fernando III hablando de que era tal su santidad y sencillez, que no ocupaba a sus súbditos leales en la tarea de llevar los leños a la hoguera, que los llevaba él mismo sobre sus hombros para quemar con ellos a los infieles... Pero cuando pasaban los exámenes y si habíamos tenido éxito en los mismos, borrón y cuenta nueva, que había que dedicar nuestra memoria a otros asuntos igual de importantes de otras materias, como por ejemplo, a las declinaciones del latín del bueno de don Lucas, a la conjugación de los verbos en el francés de la Señorita Mari, al número y la valencia de los elementos químicos, a los escritores y obras de la generación del 98 o del Siglo de Oro español, a la flora y la fauna de Australia, a las pirámides de Egipto y a las capitales de todos los países del mundo.


            Sin embargo y volviendo a la Geografía de don José Boluda, porque era la suya, es justo confesar que sí supimos sacar algunas consecuencias más duraderas, aprendiendo muchas cuestiones que nos han servido para toda la vida, tales como el orientarnos de día con el sol y de noche con las estrellas, saber en qué parte del mundo estamos, cuáles son nuestros vecinos de Oriente y observar la diferencia entre todos los Norte y Sur, el conocer con claridad los accidentes geográficos, el distinguir la España húmeda de la seca, la influencia del clima en los moradores de una región, el conocimiento de las migraciones y sus causas. Se nos habrá podido olvidar cuál es la capital de Nepal, pero sí sabremos situar a tal país en el Himalaya, al norte de la India, en el continente asiático, porque estábamos familiarizados con los mapas, que como indiqué antes, eran unas de sus obsesiones.


            Fue don José Boluda para nosotros una persona envuelta en el misterio y llena de contrastes por lo que explicaré posteriormente. Nos decían los mayores que era tan raro y además que estaba soltero porque pertenecía al Opus Dei. Por aquellos años no teníamos ni la más remota idea de lo que podía ser eso de pertenecer o ser del Opus. Con el paso de los cursos y encontrando respuestas, adecuadas o no, a nuestros interrogantes sobre el particular, que dicho sea de paso no nos quitaba el sueño, supimos que era una asociación de cristianos escogidos, que aquello significaba más o menos la Obra de Dios, con mayúsculas, que la había fundado un tal Monseñor Escrivá de Balaguer, que como los jesuitas tan sólo tocaban a los inteligentes –y  por eso nunca intentaron meterme a mí en su órbita de influencia-, que compartían sus bienes y que la mayoría de ellos, como era el caso de nuestro don José Boluda, habían elegido la opción del celibato.


    (MONSEÑOR ESCRIBÁ DE BALAGUER, FUNDADOR DEL OPUS DEI)

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