jueves, 22 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS,, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN ONCE

11.-  Un Catedrático:  DON JOSÉ BOLUDA SANJOSÉ   ( I )


            Para un pequeño con diez años recién cumplidos era normal que existieran personas muy importantes y eso me ocurría a mí con don José Boluda y no precisamente por su presencia física; ya que este señor era más bien bajito, delgado y muy poquita cosa; sino por todo lo que le rodeaba, representaba y porque además de profesor era el director del Instituto.

      No era un simple maestro de escuela o academia de primaria, tampoco se trataba de un profesor más de cualquier asignatura, era algo más importante, era Catedrático de Geografía e Historia y para nosotros, sin entender nada del asunto, aquello resultaba grandioso; eso de ser catedrático le daba como un envoltorio especial, una especie de vestidura que suponía una admiración y un enorme respeto.


            Con el paso de los años, tanto misterio en torno a aquella titulación académica se iba perdiendo y a lo largo del bachillerato nos fuimos encontrando con otros catedráticos que nos lo tomábamos a chufla y por el contrario, a algunos que no contaban con aquella titulación y eran merecedores de todos nuestros respetos.

       Pero don José Boluda era distinto. Como señalé antes era pequeño, casi más bajito que algunos de sus alumnos que cursaban por entonces el séptimo curso. Tenía como un andar eléctrico, con sus movimientos iguales se asemejaba a muñeco de los que se le daba cuerda y siempre en su caminar iba a lo suyo, no le distraía nada. Vestía por norma de gris oscuro y me parece recordar que durante el invierno usaba mascota para reguardar su calvicie del frío o sencillamente porque le agradaba aquella prenda. Siempre serio en su docencia, raramente se le veía sonreír en clase. Educado siempre y parco en palabras en su relación con los alumnos, como algo distante. Lo calificábamos en general como algo siniestro; despertando en nosotros cuando fuimos pequeños no sólo el respeto, sino en ocasiones hasta el miedo, porque a su condición de catedrático unía la de ser el director del Instituto, con el que se las tenían que ver aquellos que no andaban derechos. Un profesor de Instituto entonces era importante, un director casi lo era todo.

       Por lo señalado anteriormente o simplemente porque era un buen profesor y conocía bien lo que llevaba entre manos, su materia, la forma de enseñarla y cómo eran sus alumnos, lo cierto es que trabajábamos con él, estudiábamos, aprendíamos cosas y en definitiva, no nos resultaban aburridas sus clases.


                   (EDIFICIO INSTITUTO DE ENSEÑANZA MEDIA DE MELILLA)

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