DÉCIMA RAZÓN
10.- Una pieza teatral: USTED PUEDE SER UN ASESINO, de Alfonso Paso
Decía que nos inclinamos por una obra normal, con
personajes de ambos sexos y elegimos una comedia de un autor que estaba en
muchas carteleras, de moda, hablándose de él en todas las páginas literarias de
la prensa de la época y en el NODO. Este madrileño, muy conocido en los medios
universitarios y que había nacido y crecido en el ambiente teatral, era sin
duda el autor que más estrenaba en España. El haber obtenido el premio de
teatro Carlos Arniches, con su comedia “Los pobrecitos”, le abrió las puertas
de muchos teatros y su enorme fertilidad a la hora de producir piezas teatrales
lo llevaron a convertirse en el máximo proveedor de la escena española. Sus
obras tenían gracia e intuía lo cómico, conocía como nadie su oficio, sabía
graduar lo gracioso con lo sentimental y sus diálogos eran fáciles, rápidos y
de mucho ingenio y oportunidad. No se complicaba en demasía con los temas, que
reflejaban en mucho la realidad cotidiana. Se notaba en algunas de sus obras
claras influencias de Carlos Arniches y de Buero Vallejo. Sus comedias
retrataban la clase conocida como media española y en todas ellas había algo
bueno, aunque ninguna de ellas llegara a la categoría de perfecta.

Podíamos haber elegido cualquiera de ellas, El canto
de la cigarra, Papá se enfada por todo, Cena de matrimonio, Cosas de papá y
mamá, Las niñas terribles y un largo etcétera; ya que muchas habían sido
llevadas a la pantalla y teníamos alguna referencia.
Para llevar a cabo nuestra tarea tuvimos que pasar
por una condición indispensable, impuesta por la dirección de la Escuela, la de
que los ensayos sólo se podían realizar si alguna persona responsable del
Centro estaba presente durante el desarrollo de los mismos y se imagina el
lector a quién convencimos para tal faena, nada más y nada menos que a nuestra
inseparable Jesusa. Y como creo que aquella mujer, con su fuerte formación de la Sección Femenina,
era una mandada y que en el fondo nos apreciaba, pues que sería de ella sin los
quebraderos de cabeza que le dábamos, aceptó y no falló a ninguno de los
ensayos, que llevábamos a cabo en una de las aulas del Centro que contaba con
un pequeño escenario para acontecimientos de este tipo y lógicamente por las
tardes, fuera del horario habitual de clase y que propiciaron encuentros, que
con el paso de los años, no demasiados, terminaron en algo más definitivo, en
parejas que como se decía por entonces terminaron en la vicaría y dieron paso
en un futuro no muy lejano a matrimonios pedagógicos.

Del diseño de los decorados se encargó el artista de
la clase, Clemente, y la ejecución de su estructura de madera, con aquel enorme
ventanal por donde entraban y salía los personajes con el muerto a cuestas, fue
de otro manitas, Fernando Arjona, el que luego sería alcalde del pueblo
malagueño de Cortes de la Frontera, que llevaba dentro el oficio de su padre o
por lo menos el trato de las herramientas del carpintero y que estaba
familiarizado con la madera desde muy pequeño. En la pintura hubo tarea para
todos, siempre bajo la dirección de mi hermano mellizo, al que también
correspondían los pequeños detalles y los últimos toques, los más delicados. Al
final, hasta la escena estuvo resultona y sobre todo, poco vista y novedosa,
pareciendo como comentaban algunos, hasta de verdad. Como éramos pocos alumnos
en el curso, casi nadie se libró de hacer algún papelito o de otras tareas
también necesarias, como las de ejercer de apuntador, encargarse de las luces,
de hacer correr las cortinas, de arreglar el vestuario o de maquillar a los
actores y actrices. Se llegó a un momento, que hasta la buena Jesusa se atrevía
a darnos consejos, acordándose seguramente de cuando ella había sido joven y
también había librado sus batallitas en el juego dramático. En definitiva la
obra la hizo también como algo suya y nuestro éxito, en el ámbito de
aficionados, por supuesto, lo convirtió igualmente en algo muy suyo. No había
más que mirarle la cara cuando al final de la representación nos confortó el
público asistente con un caluroso y sentido aplauso y nosotros la obligamos a
que se encontrara entre todos.
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