martes, 20 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


DÉCIMA RAZÓN

10.-   Una pieza teatral:  USTED PUEDE SER UN ASESINO, de Alfonso Paso

       Decía que nos inclinamos por una obra normal, con personajes de ambos sexos y elegimos una comedia de un autor que estaba en muchas carteleras, de moda, hablándose de él en todas las páginas literarias de la prensa de la época y en el NODO. Este madrileño, muy conocido en los medios universitarios y que había nacido y crecido en el ambiente teatral, era sin duda el autor que más estrenaba en España. El haber obtenido el premio de teatro Carlos Arniches, con su comedia “Los pobrecitos”, le abrió las puertas de muchos teatros y su enorme fertilidad a la hora de producir piezas teatrales lo llevaron a convertirse en el máximo proveedor de la escena española. Sus obras tenían gracia e intuía lo cómico, conocía como nadie su oficio, sabía graduar lo gracioso con lo sentimental y sus diálogos eran fáciles, rápidos y de mucho ingenio y oportunidad. No se complicaba en demasía con los temas, que reflejaban en mucho la realidad cotidiana. Se notaba en algunas de sus obras claras influencias de Carlos Arniches y de Buero Vallejo. Sus comedias retrataban la clase conocida como media española y en todas ellas había algo bueno, aunque ninguna de ellas llegara a la categoría de perfecta.


            Podíamos haber elegido cualquiera de ellas, El canto de la cigarra, Papá se enfada por todo, Cena de matrimonio, Cosas de papá y mamá, Las niñas terribles y un largo etcétera; ya que muchas habían sido llevadas a la pantalla y teníamos alguna referencia.


            Para llevar a cabo nuestra tarea tuvimos que pasar por una condición indispensable, impuesta por la dirección de la Escuela, la de que los ensayos sólo se podían realizar si alguna persona responsable del Centro estaba presente durante el desarrollo de los mismos y se imagina el lector a quién convencimos para tal faena, nada más y nada menos que a nuestra inseparable Jesusa. Y como creo que aquella mujer, con su fuerte formación de la Sección Femenina, era una mandada y que en el fondo nos apreciaba, pues que sería de ella sin los quebraderos de cabeza que le dábamos, aceptó y no falló a ninguno de los ensayos, que llevábamos a cabo en una de las aulas del Centro que contaba con un pequeño escenario para acontecimientos de este tipo y lógicamente por las tardes, fuera del horario habitual de clase y que propiciaron encuentros, que con el paso de los años, no demasiados, terminaron en algo más definitivo, en parejas que como se decía por entonces terminaron en la vicaría y dieron paso en un futuro no muy lejano a matrimonios pedagógicos.


      Del diseño de los decorados se encargó el artista de la clase, Clemente, y la ejecución de su estructura de madera, con aquel enorme ventanal por donde entraban y salía los personajes con el muerto a cuestas, fue de otro manitas, Fernando Arjona, el que luego sería alcalde del pueblo malagueño de Cortes de la Frontera, que llevaba dentro el oficio de su padre o por lo menos el trato de las herramientas del carpintero y que estaba familiarizado con la madera desde muy pequeño. En la pintura hubo tarea para todos, siempre bajo la dirección de mi hermano mellizo, al que también correspondían los pequeños detalles y los últimos toques, los más delicados. Al final, hasta la escena estuvo resultona y sobre todo, poco vista y novedosa, pareciendo como comentaban algunos, hasta de verdad. Como éramos pocos alumnos en el curso, casi nadie se libró de hacer algún papelito o de otras tareas también necesarias, como las de ejercer de apuntador, encargarse de las luces, de hacer correr las cortinas, de arreglar el vestuario o de maquillar a los actores y actrices. Se llegó a un momento, que hasta la buena Jesusa se atrevía a darnos consejos, acordándose seguramente de cuando ella había sido joven y también había librado sus batallitas en el juego dramático. En definitiva la obra la hizo también como algo suya y nuestro éxito, en el ámbito de aficionados, por supuesto, lo convirtió igualmente en algo muy suyo. No había más que mirarle la cara cuando al final de la representación nos confortó el público asistente con un caluroso y sentido aplauso y nosotros la obligamos a que se encontrara entre todos.

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