viernes, 2 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES Y PERSONAJES


QUINTA RAZÓN

Un Pintor:  EDUARDO MORILLAS   ( IV )

            El 14 de diciembre de 1999 y con motivo de nuestra exposición de dibujos en la sala Oriente de la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla, recibíamos unas cariñosas notas suyas, en las que después del saludo nos agradecía el que le hubiéramos enviado el catálogo de la misma y nos deseaba de corazón felicidades, éxito y nos manifestaba su alegría de que siguiéramos en la brecha, aquella en la que él tuvo una buena parte de culpa. Decía en otro párrafo y lo copio textualmente: “Y además, como veo, haciendo Patria Chica... En eso somos de la misma cuerda”. Nos anunciaba después su jubilación desde hacía dos años y su peregrinar por tierras granadinas, donde había encontrado un rinconcito para vivir, que ponía a nuestra disposición, terminando con su deseo sincero hacia nosotros de que tuviéramos toda la suerte del mundo.

     Ya antes y como anécdota y prueba del afecto que nos tenía, pues nos conoció desde que éramos unos críos, en nuestra exposición de 1979 en Melilla, en el Telegrama del Rif escribía acerca de ella, anunciando previamente su difícil imparcialidad e invitaba a los visitantes a ella a que le hubiéramos enviado el catálogo de la misma y nos deseaba de corazón felicidades, éxito y nos manifestaba su alegría de que siguiéramos en la brecha, aquella en la que él tuvo una buena parte de culpa. Decía en otro párrafo y lo copio textualmente: “Y además, como veo, haciendo Patria Chica... En eso somos de la misma cuerda”. Nos anunciaba después su jubilación desde hacía dos años y su peregrinar por tierras granadinas, donde había encontrado un rinconcito para vivir, que ponía a nuestra disposición, terminando con su deseo sincero hacia nosotros de que tuviéramos toda la suerte del mundo.

     Volviendo a Eduardo Morillas tengo que decir que muchas fueron las palabras que se derramaron en torno a la figura del pintor melillense, Desde Tomás San Sebastián, de la Gaceta del Norte de Bilbao, José Berruezo de El Diario Vasco, Álvarez Emparanza de El Correo Español y Yolanda Ormazabal de La Voz de España, desde San Sebastián; Moreda desde Logroño, África Retama en el periódico de Huesca Nueva España..., hasta A. M. Campoy del ABC de Madrid, Avelino Gutiérrez, Francisco López Martín y Armando Robles en el Sur de Málaga, José Peláez en El Sol de España también malagueño, por poner a algunos; así como por parte de la inacabable nómina de amigos, colaboradores artísticos, pintores y críticos de arte de nuestra ciudad, como Agustinof, Pilar Cobo, Mohatar Fadela, su entrañable compañero y poeta Miguel Fernández, Hernández Pozo, Avelino Gutiérrez, Juan Carlos Heredia, Carlos Huelin, nuestra amiga y compañera Encarna León, Jacinto López Gorgé, nuestro entrañable y común amigo Luciano Tejedor, José Lupiáñez, Alberto Maldonado, Ángel Meléndez, Adolfo Monclús, Jacinto Montes, José María Navarro, Antonio Peral del Valle, Sergio Ramírez, Luis Retuerto, Carlos Rodríguez Iglesias, Gloria Saavedra, Jesús Salafranca, Francisco Salgueiro, Eladio Sos, Tartilán...


            De vez en cuando me agrada contemplar parte de su obra gracias a lo publicado de la misma en diferentes textos. Como señalaba anteriormente, ningún rincón de nuestra ciudad escapó a su variada, rica y atrevida paleta. Es una delicia ver su Cañada de la Muerte, la ensenada de los Galápagos, el varadero del puerto, la Dársena desde Melilla la Vieja con nuestro Gurugú al fondo, el Club Marítimo, las murallas de la ciudad vieja, la nueva Estación Marítima, el actual Puerto deportivo, la Avenida y el Metropol, la Reconquista, la Alcazaba, el foso del Hornabeque, la Plaza de España, sus snipes...


            En cada visita a Melilla y cuando nos encontrábamos con él nos sorprendía con algo y es que Eduardo Morillas ha sido un pintor prolífico por su mismo inconformismo y su permanente inclinación a la búsqueda. En ellas nos encontramos con su fértil producción en torno al tema costumbrista y con el contraste del movimiento y de la quietud del vecino Marruecos, con las carreras de la pólvora, con sus inagotables jinetes en su galopar magistralmente retratados después de la tensión de los preparativos, en la aridez del desierto y en la luz y las fantasías de las explosiones, en la pesadez del regreso y la vuelta a la cábila. En otras nos sorprendía con sus manchas, con las búsquedas del color en el agua, con las formas recreadas en el movimiento armonioso o no tanto del papel, dejando a ambas que crearan en libertad y bajo su atenta mirada, la del observador que se deleita y goza al máximo con ellas en la soledad y quietud de su estudio, cuando uno no sabe del tiempo. O cuando en su ya anunciada inquietud dentro de lo cotidiano se atrevió con esa magnífica colección de su homenaje a Goya o en aquellos momentos en que se perdía por el Norte buscando otras luces, otras piedras, otras atmósferas tan distintas a las nuestras, pero sabiéndolas captar con la misma fidelidad y pulcritud, sin timidez, dominándolas, haciéndolas inmediatamente suyas, porque Morillas, entre otras virtudes, tiene la de saber mirar con exquisitez.


            Algunos, con su fácil palabra, supieron contar la historia moderna de Melilla; tú, Eduardo Morillas, para nosotros te has convertido con tus pinceles, óleos, acuarelas, lienzos, papeles y otros útiles, en otro cronista de la Melilla contemporánea y ya es hora, en vida, que nuestras instituciones te puedan definir como hijo predilecto de la villa, porque además de tener la fortuna de ser profeta en tu tierra, nunca te cansaste y que me permita mi buen amigo Luciano Tejedor, inventor del vocablo, de “melillear”.

 

 



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