DÉCIMA RAZÓN
10.- Una pieza teatral: USTED PUEDE SER UN ASESINO, del dramaturgo ALFONSO PASO
Siempre me atrajo la actividad dramática, desde muy
pequeño; cosa que parece algo habitual en la niñez, donde el hecho de
disfrazarse de lo que fuera a todos nos agradaba y el que lo lúdico, cualquier
juego, en muchas de sus facetas coincidía con la interpretación de diferentes
roles. Hasta tal punto me atrajo ello que junto a otros compañeros organizamos
acontecimientos en su torno e incluso llegué al atrevimiento de escribir algunas
piezas teatrales, sin grandes pretensiones, sobre todo, por mi condición de
docente y elaboradas para el mundo infantil y juvenil; Así como a la osadía de
dirigir en varias ocasiones a grupos de aficionados.
Quizás mi afición a escribir me la despertó un
profesor de Literatura que tuve en el Instituto y que luego sería director del
mismo, don José María Antón. La timidez que siempre me acompañó, los prejuicios
y el gran sentido del ridículo que teníamos algunos alumnos a la hora de
expresarnos oralmente y especialmente por escrito, fueron desterrados con aquel
que desde siempre nos alentó al ejercicio de dar libertad a nuestra imaginación
creadora, poniéndonos en el camino del decir sin complejos de ninguna clase. La
tarea no fue fácil, nos exigió de lo lindo, nos llevó por derroteros novedosos,
nos acostumbró a leer disfrutando que nada tenía que ver con la tristeza de la
lectura obligatoria e impuesta desde la perspectiva del adulto y del profesor,
hubo hasta llantos por algún suspenso que siempre se consideraba por nuestra
parte como algo injusto y en no pocas ocasiones estuvimos a punto de arrojar la
toalla o hasta de caer en el aburrimiento del agobio. El tiempo nos fue
madurando y yo, con fortuna, puedo decir que me puso en la senda tan compleja
de la expresión escrita.

El porqué de elegir esta pieza de Alfonso Paso,
Usted puede ser un asesino, que quizás no fuera de las más celebradas de este
autor, es debido a que fue la que llegó a nuestras manos, en una época en que
este fecundo autor teatral tenía incluso varias de sus obras representándose al
mismo tiempo en diferentes teatros de Madrid; es decir, que estaba de moda. Y
porque nosotros, ya en la
Escuela Normal del Magisterio, para convertirnos en futuros
educadores, no estábamos dispuestos a seguir representando obras de la conocida
por entonces Galería Salesiana, en la que los sexos estaban como reñidos y
separados a la hora de la interpretación, como aquella canción de Gurruchaga
que decía, con la sorna que tuvo siempre este creador, eso de los chicos con
los chicos y las chicas con las chicas.
Todavía no existía la enseñanza mixta, la
coeducación, a los alumnos se les reunía en una clase y a las alumnas en otras,
incluso había colegios de chicos y otros exclusivamente de chicas. Verdadero
disparate que delata la altura mental de los doctos pedagogos que dictaminaban
tal separación. En la calle nos juntábamos todos a jugar sin distinción de sexo
y sin grandes problemas, que por entonces, sin apenas tráfico, sin televisión
ni ataduras de videoconsolas ni play-station, la calle era nuestra;
respondiendo también a la propia naturaleza humana de estar unos con las otras
y viceversa y cuando llegaba la hora de recibir una educación nos separaban.
Como diría un buen amigo mío, esto resultaba de lo más chocante; seguro que como
eufemismo de otra expresión mucho más dura. Pero lo más peregrino era que esto ocurriera en la
mismísima Escuela Normal de Magisterio, donde se presuponía que iban a ser
formados los futuros educadores, los que en un corto espacio de tiempo se iban
a dedicar a la tutoría y tutela de chicos y chicas, sin distinción de ninguna
clase. O acaso alguien pensó por esa misma regla de tres, de la absurda
separación, que los maestros sólo debían educar a los chicos y las maestras a
las niñas. Vamos, algo así como si en el seno de cualquier familia los padres
debían de ocuparse de los hijos y las madres de las hijas. Visto desde la
lejanía y desde la perspectiva de hoy, sinceramente creo que toda aquella
situación rayaba en lo absurdo.
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