sábado, 10 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


SÉPTIMA RAZÓN

7.-   Un Alcalde: DON EDUARDO LEÓN SOLÁ

        La anunciada Rusadir, que sería destruida por un gran terremoto, aún sigue en pie; pero de vez en cuando se ve sacudida por algunos de estos, que causan el pánico en la ciudad y que llenan los parques y las iglesias de habituales y también de no pocos, de muchos que no lo son tanto, de estos recintos medioambientales y sacros. Y lo peor es que, como el cartero de la famosa película, nunca venían solos. Llegando uno a acostumbrarse, en la medida de lo posible, que cada cual tenía la suya, e incluso a bromear con ellos; como aquel chistoso que cuando volvíamos a envolvernos en la rutina de lo cotidiano, olvidándonos de su existencia, llegaba y nos decía que estuviéramos preparados, como si del vocero de la RENFE se tratara, que el de las 9 horas y 23 minutos venía con algo de retraso.


            Lalo. pasó el tiempo y siguió los estudios de su padre, se licenció en Derecho y para seguir la tradición familiar también eligió lo castrense. Cuento esto, porque mi último contacto con él lo tuve muchos años después, cuando curiosamente yo ejercía como alcalde en un pequeño pueblo sevillano. Conocedora la gente de este rincón de los Alcores, donde mi hermano Clemente y yo fijamos nuestra residencia, de nuestra procedencia de Melilla, en el momento que cualquier lugareño era destinado a nuestra ciudad y teniendo la creencia morbosamente desfigurada de la realidad, acudían a un posible valedor, en este caso a su alcalde, para ver si éste podía hacer algo por la criatura. Viéndome obligado a recurrir y no exagero en casos muy puntuales, al mismísimo Comandante General de Melilla. Pues bien, un día me tocó recurrir a él, a Lalo, que además de llevarse la alegría y sorpresa de este contacto, después de tanto tiempo, hizo todo lo que estaba a su alcance por el mozo de turno y me escribió una agradable y sentida misiva, que aún guardo entre mis recuerdos porque siempre he tenido este defecto de coleccionar cosas.

       Dejando ya al margen a la familia y volviendo a don Eduardo León, algunas cosas puedo contar de su vida, como la de los innumerables años que dedicó al Centro de Hijos de Melilla, cuyo centro social, sito en el número 5 de la calle Castelar fue bendecido e inaugurado bajo su presidencia.


            Fue elegido alcalde el 3 de marzo de 1972 y ocupó el cargo hasta el 30 de julio de 1975.

      Entre sus obras más destacadas figuran las del colector y emisario submarino que solucionó el problema de las playas de la ciudad, que siempre contaron con este inconveniente, que yo recuerde desde mi juventud, el de los vertidos de aguas residuales al mar y que impedían el desarrollo de nuestras playas o el de las incomodidades y olores desagradables, en especial en la desembocadura del río de Oro. Posteriormente realizaría, una vez solucionado el problema anterior, el ordenamiento de las mismas, sentando las bases de las excelentes playas con las que cuenta nuestra ciudad en la actualidad.


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