miércoles, 31 de diciembre de 2025

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES Y PERSONAJES


QUINTA RAZÓN

5.- Un Pintor: EDUARDO MORILLAS   ( II )

    De otros artistas melillenses tuvimos noticias, unos nos agradaban más, otros, no tanto. Por poner algunos, recuerdo haber contemplado obras de su íntimo amigo y desgraciadamente desaparecido en plena juventud, especialmente acuarelas,  de Victorio Manchón; de nuestra vecina y compañera de juegos Norita Montes, de Melibeo, de Colmeiro, de Arrumi Ben Yusef, de Carlos Rodríguez Iglesias, de Miguel Delgado...; pero para nosotros el pintor de Melilla, no porque fuera o no el mejor de todos, es Eduardo Morillas.

    Es inimaginable el número de hogares melillenses que tienen en sus paredes obras suyas. Si nos fijamos en sus muestras al público, en sus exposiciones, tanto colectivas como individuales, dos tercios de las mismas fueron en nuestra ciudad. Su producción ha sido tan amplia que no hubo en Melilla sala donde no lucieran sus obras; desde aquellos primeros salones de la Sección Femenina de la calle O´Donnell, junto a la glorieta del monumento a los Héroes de España con la estatua del legionario con el león, hasta la moderna Casa de la Cultura “Federico García Lorca”, ubicada en el noble edificio del antiguo colegio de monjas de “El Buen Consejo”, pasando por la Escuela Municipal de Arte, de la que fue alumno y profesor con el paso de los años, así como el más notable impulsor de la nueva Escuela Municipal de Enseñanzas Artísticas del Tesorillo; por la del Casino Militar, luego convertida en la del Centro Cultural de los Ejércitos, por la de la Delegación de Cultura y la de Información y Turismo, situada en la pequeña fachada lateral del Ayuntamiento, la que da al puerto y hasta en la misma Rosaleda del Parque Hernández.


           De Eduardo Morillas se puede decir, como si de cantante hondo se tratara, que tocó todos los palos, porque siempre fue un inquieto investigador del color y de la forma, de aquellos que no aguardaron que viniese su musa para inspirar su excelente obra; sino que sudaron y transpiraron hasta lo indecible en la soledad de su estudio en una permanente búsqueda.

     La témpera como preludio de sus posteriores acuarelas, más exigentes, la dominó desde muy joven; en el óleo se movió usando por igual el pincel  como la espátula, consiguiendo la misma fuerza y siempre con un sello muy personal; se atrevió con el óleo sobre cartón y en única tonalidad de color sobre este material poco noble realizó sus Caprichos en su homenaje al insigne Goya; investigó con sus ensoñaciones conseguidas a través de sus manchas, en las que el agua y el variado color de las acuarelas, en juegos atrevidos, llegaron a conformar un mundo maravilloso; en la acuarela se movió como pez en el agua; uso el óleo sobre el papel con atrevimiento y caminó con el mismo paso seguro por el mural compuesto por teselas para construir hermosos mosaicos y por el mismo cartel.


          Y de su temática qué se puede decir que no despierte también nuestra admiración. Ningún rincón del puerto y de Melilla la Vieja escapó a su paleta, fue nuestro pintor urbano. Es capaz de captar maravillosamente el aire y el clima de la ciudad de la Concha, San Sebastián, y de otras poblaciones del norte peninsular, acompañándole casi siempre esos factores comunes de cielos y mares o ríos en sus variadas vertientes, entre los grises del norte y la luz del sur. Es también el pintor de Marruecos, de sus rincones, de su tipismo, de sus gentes y de sus costumbres.


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