domingo, 28 de diciembre de 2025

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES Y PERSONAJES


CUARTA RAZÓN

4.- Una fiesta: LA DEL 8 DE SEPTIEMBRE   ( VI )

El ir solo constituía otro tipo de historias. En principio no todos llevábamos los mismos cuartos; existiendo los afortunados hijos de Eva que tenían para gastar casi sin miramiento y estábamos otros, que andábamos siempre con lo justo. Además, que a la hora de gastar también existía la diferencia; desde aquellos que el desembolso lo hacían todo de un tirón, como si las fiestas se fueran a acabar en un segundo, hasta encontrar en el otro extremo, a los que hasta volvían a casa con el mismo dinero con el que habían salido, porque eran de la cofradía del puño y no gastaban nada, disfrutando sólo con el ver. La mayoría nos movíamos con mucho tiento, alargando en ocasiones y acortando en otras. Y cuando la pasta se acababa a disfrutar como aquel del puño con el contemplar, con el ir de un lugar a otro sin rumbo fijo ni obligación alguna, el ver como de animadas estaban las casetas, por ejemplo; ya que con el simple hecho de estar en nuestra feria nos producía goce. Así hasta que el cansancio lógico de tanto paseo estéril, las horas que se nos echaban encima y el aburrimiento de no ser protagonista en ninguna de las atracciones nos devolvían a casa con un cierto pesar y con la alegría por contraste, de que mañana sería otro día y también de fiesta.

    Aún no se acababa ésta para nosotros, pues nos quedaba casi el rito del café o té con churros para los mayores y estos últimos para nosotros, que nos encantaba degustarlos con mucho azúcar. Con el paso de los años nos aficionamos también al té, igualmente muy azucarado y con el agradable aroma de la hierbabuena. Desde el amplio ventanal de la planta baja de nuestra casa, convertido en excelente mirador, con la persiana medio bajada y sin luz interior, que nos bastaba con la de las guirnaldas encendidas de la calle, nos distraíamos con el trasiego de gentes que entraban y salían del ferial en animada conversación; aunque con muestras evidentes de cansancio, en especial cuando iban acompañados de menores, que se reflejaban en los rostros y en los andares principalmente, al abandonarlo. Al tiempo que oíamos a las orquestas de la Caseta Municipal y las interpretaciones de los famosos que actuaban en la misma, entremezclándose estos sonidos con las múltiples canciones e interpretes que sonaban en cada uno de los bares y cafetines de nuestra zona. Al igual que nuestro olfato recogía olores fuertes de la carne asada de los pinchos morunos, del aceite frito y refrito de los churros, de las especias que nunca faltaban y veíamos una constante humareda que se elevaba hacia las alturas en determinados rincones de cada caseta, creando una especie de neblina características de estos días.

    Por vivir cerca de la nueva plaza de toros, de la Mezquita del Toreo, como llamaban a nuestro coso, otro espectáculo para nosotros era el que se formaba en su torno en las corridas y novilladas que se celebraban con motivo de las fiestas de la ciudad 

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