Peralveche está bien triste
sin juegos en su calle Ancha,
los rezos de nada sirven,
las autoridades callan.
Sólo un pequeño allí queda
desde aquella madrugada,
Cecilín el de Carmela,
porque enfermo estaba en cama.
Su madre muy cautelosa
de la tragedia no le habla,
dejando que el tiempo corra
por ver si todo se calma.
Al cabo de varios días
el niño de su mal sana,
recuperó su alegría
y quiere salir de casa.
Desear estar con sus amigos,
jugar de nuevo en la plaza,
buscar por las tardes nidos
y en la escuela dar la tabla.
La madre desconcertada
al hijo va dando largas,
hasta que en una mañana
lo ocurrido le relata.
Ceci con sorpresa escucha
lo que su madre le narra,
despertando en él mil dudas
de ser cosa, igual soñada.
Al terminar el relato
el niño no más aguanta,
soltándose de sus manos
huye corriendo de casa.
Sin rumbo va por el pueblo,
donde el silencio se agranda,
es como si hubiera muerto,
con sus puertas bien cerradas.
Sólo se escuchan lamentos
de gargantas resignadas,
ya no cantan los jilgueros
ni siquiera el perro ladra.
La escuela está bien desierta,
el maestro tras sus gafas
guarda llantos y tristeza
en aula tan desolada.
Costa Ballena, 27 de Agosto de 2025
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