¡CUÁNTAS VECES!
¡Cuántas veces el alma se rompe!
Y sus trozos, hechos de invisible niebla,
se esconden en los recovecos
de sus desconocidas entrañas,
para, en íntimo esfuerzo, recomponerse
y encender, de nuevo,
las luminarias de su esencia inmortal.
¡Cuántas veces el alma se duerme!
Y al despertar de ingrato dormir,
encuentra sus lúcidas estancias
ocupadas de pueriles absurdos y sinrazones,
que invitan, en profunda lógica, al sueño
y al abandono, cruel castigo,
del cuerpo mortal.
¡Cuántas veces el alma grita!
Y sus claras y calladas voces,
se diluyen en materiales orgasmos
de la engreída, caduca y frágil materia humana,
encapotados grilletes,
que silencian y abotargan los gritos del alma,
perdidos hálitos, soplos y alientos del espíritu.
¡Cuántas veces el alma se muere!
Y en su sepulcro, tálamo celestial,
encuentra arrepentimiento y, renovada, resucita,
para albergarse en un hombre nuevo,
embarrado en el compromiso, indesmallable,
sudoroso de honradez, apestado de haceres justos
y hacedor de inéditos frescos pensamientos.
Hablemos de teatro: Vudú (3318) Blixen
Hace 3 semanas
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