viernes, 13 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 7. Escrito 5

LOS TONTOS DE NACIMIENTO Y UN CUENTO

      “Montar el belén”. ¡Cuántas acepciones podemos sacarle a esta expresión! Nuestra lengua, entre otras muchas bondades, es más que rica en sinónimos. Hay muchas expresiones relacionadas con la que nos servía de principio de este “qué sé yo veraniego”. Alboroto, bulla, jaleo, tumulto, disturbio batahola, algarabía, algazara, escándalo, y otras palabras de nuestro idioma que, por mérito propio y por su sinonimia pueden igualarse, en fácil ejercicio, a lo de “montar el belén”.

      Pronto comprenderán al avanzar en la lectura que, este “cuentista” no pretende montar, ni poner en marcha ninguna clase de alboroto, ni mayor, ni menor.

     Aunque los calores de estos días y el calendario anual nos colocan en el cálido mes de agosto, muy a propósito para el disfrute vacacional de la playa o de la montaña, es una monumental osadía tratar, con tanta antelación, algo relacionado con el nacimiento del Niño Dios, ocurrida y celebrada a finales del frío diciembre, con el montaje de los belenes o nacimientos. A ellos me voy a referir.

     Hace ya bastante tiempo que ingresé en el club de montadores de belenes o nacimientos y recibí el correspondiente y honorable título de “TONTO DE NACIMIENTO”, por el interés mostrado en dicha tarea a lo largo y ancho de mi luenga vida.

     Monté belenes de todas clases y tamaños, con papel, corcho, arpillera y escayola; con serrín pintado de verde y ocre, con tierra, con musgo; con luces; con agua corriente y de papel de plata; con montañas, valles, ríos; con pueblos y casas de corcho blanco y marquetería; con cielos de luz y de papel con sus correspondientes estrellas, incluida, entre ellas, la más famosa e importante, la de Oriente; casero y para recaudar fondos para entidades benéficas; con pocos y sobrados medios. Creo me sobran méritos para pertenecer a la “sexta” de los “TONTOS DE NACIMIENTO”.

     Con este avance mío, me igualo a un gran pueblo, Estepa, que, de seguir así, no debe extrañarnos que en la Semana Santa los estepeños inicien el proceso de fabricación de los afamados mantecados y similares dulces navideños. Por obligado trabajo, otros adelantados son los músicos de bandas siempre listos, en cualquier tiempo, a estar disponibles para deleitarnos con su arte. Y junto a estos, los “iluminadores”. Aquellos que, cada vez con más antelación, iluminan los pueblos y las ciudades en las muchas fiestas locales o nacionales. A destacar otro pueblo de Andalucía en este tema, Puente Genil.

     Y seguimos cada día, arrebatándole al tiempo, días y días que nos anuncian con antelación los muchos festejos obligados a celebrar y que, como la tortuga y la liebre en su singular carrera del conocido cuento, rivalizan por ser el ganador de ésta, o la obligación de no olvidar en el montaje del nacimiento personajes tan populares como, en Cataluña, el "caganet” y, en el resto del país, Herodes, su guardia, la mula y el buey, entre otros.

     Y a partir de aquí se me ocurre inventar un breve cuento, ejercicio rutinario muy lejos de cualquier pretensión literaria.

     Érase un constructor o montador de belenes, TONTO DE NACIMIENTO, como este escribano y que, como él, esperaba impaciente se acercara la fecha para montar su belén. Éste no era muy experto en la construcción de belenes, pero su empeño en la tarea era aplaudible y merecía todo tipo de elogios. Había heredado de sus mayores una preciosa colección de figuritas, entre las que destacaban una amplia y bonita remesa de pastores y animales. En dicho montaje contaba ese año, por primera vez con la ayuda de tres de sus nietos, Diego, Valentina y Clemen, infantes de muy cortas edades que, en su celo por echar una mano, entorpecían la labor constructiva más que ayudar de verdad. Pero ello no era óbice para ganarse el aplauso de toda la familia.

     Con más lentitud que otros años el belén iba creciendo, acercándose al momento culmen del montaje, la colocación de las figuritas. Este año serían los tres pequeños los que elegirían la ubicación de éstas. Ello se convirtió en un ritual respetado por todos y aunque la distribución de las figuras, en determinados espacios, nos pareciera algo inapropiada y rocambolesca, nadie, ni siquiera el abuelo, “jefe” del montaje, tenía potestad para cambiar o modificar los establecidos lugares. Para corroborar estos dislates, unos ejemplos serán suficientes. La colocación de las casitas de un pequeño pueblo junto a unos pastores que triplicaban en altura a las mismas o una piara de cochinos enormes cuidados por un porquero diminuto.

     Seguidamente obligado es contar un suceso que pudo mandar al traste con todo el trabajo realizado. El abuelo con bastante cuidado coloreó el serrín utilizando anilina de color verde y marrón para imitar los verdes prados y la tierra de labor; el serrín sin tintar le serviría para marcar los caminos. Las prisas por terminar nunca fueron ni serán buenas consejeras. Sin esperar el obligado secado del tintado serrín lo colocó sobre el suelo del belén repartido a su gusto y, con una inmediatez no pensada, los pequeños colocaron sobre la húmeda alfombra las figuras. La mayoría de ellas eran animales y, dentro de estos, abundaban los cochinos y sus redonditos lechones. La noche se les echó encima. Habían terminado el montaje y solo les quedaba a los montadores, descansar y disfrutar, en los días siguientes, de la obra realizada.

     El pequeño Diego fue el primero en levantarse y antes de nada corrió hacia el espacio donde habían construido su belén. En primer momento no se dio cuenta del estropicio, pero, en unos segundos, descubrió que la mayoría de los animales, cerca de unos cincuenta colocados en primera línea, habían desaparecido y en su lugar aparecían unas manchas coloreadas. Raudo y vociferando se dirigió en busca del abuelo para comunicarle lo que él creía un robo. El abuelo dejó lo que estaba haciendo y se dirigió “arrastrado” por el ímpetu de su nieto hacia el belén. Frente a él, al principio no entendió la misteriosa desaparición. Como de costumbre actuamos de forma instintiva y el abuelo, por no ser menos, tocó con el dedo índice las manchas existentes en el lugar donde antes había un animalito. Su dedo quedó manchado por algo parecido a barro pintado; no parecido, era barro. ¿Qué había pasado en la secreta disipación? El abuelo más sabio por viejo que por diablo, enseguida comprendió lo ocurrido. Aquellos animalitos desaparecidos pasaron a mejor vida por culpa de la humedad del serrín tintado. Eran figuras de arcilla no cocida. De esta mutación se salvaron las antiguas figuras de pastores que tenían en sus pies una pequeña plataforma de madera fina que no permitió que el agua del serrín las mutara en barro coloreado.

     El abuelo explicó a los nietos que no acababan de entender lo ocurrido y se comprometió a solucionar el problema.

     Apenas abrieron las casetas donde se vendían figuritas, el abuelo compró un número elevado de animalitos, fijándose en que estuvieran bien cocidos o de materiales modernos resistentes a la humedad.

     En un corto periodo de tiempo, los peques pasaron del pesar, de la desazón y de algunas que otras lágrimas, a una manifiesta alegría contagiada a toda la familia.

     ¡Ojalá no desaparezcan los TONTOS DE NACIMIENTO!


En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 7. Escrito 4

¡QUÉ LOCURA!

     ¡Qué locura!

      El mundo se ha vuelto loco y los españoles estamos a la cabeza de esta malsana locura que, muy poco a poco, nos va robando lo más importante que poseemos.

      La libertad se va minorando mientras el sometimiento es moneda de cambio hacia nada bueno.

      Y, locos de atar, por culpa de una pandemia real, virtual o inventada, nos movemos como zombis, como infravalorados humanos, incapaces de comprender qué nos está pasando.

      El miedo, meta a alcanzar, caminante obligado a terminar enredado en las fauces del pánico, nos acobarda, nos silencia, nos confunde, dejándonos hueros, vacíos de todo aquello que huele a sana vida.

     ¿Qué nos está pasando, madre?

     Una insana locura se mueve como mancha aceitosa, como fango maloliente y putrefacto, a nuestro rededor, propagada, sin misericordia, por los viejos dueños del mundo mundial, por la nueva casta del poder. La impotencia individual y colectiva se envalentona en su crecimiento hacia la monumentalidad. No hay salida de esta tamaña locura, tendremos que rompernos del todo y, como ave fénix, renacer y alcanzar la nueva cordura.

     Nunca sabremos quién o quiénes inventaron, dieron vida y propagaron este bicho, ni si existió de verdad o fue una macabra patraña para domeñar a los humanos. Por lo que sabemos de él, casi nada, nos preguntamos hasta cuándo nos acompañará.

     Vivimos con el miedo metido en el cuerpo, como culpables de la creciente propagación del bicho, como vanguardia receptora, como sujetos de máximo riesgo. Grande es la loza que gravita sobre nuestros hombros y mayor la metafórica espada de Democles que pende sobre nuestras cabezas. ¡Qué locura!

     Lo mejor es desengancharse de tanta interesada información, hacer oídos sordos a tanto y tanto comunicado, olvidar los números y las estadísticas, no creer nada, ni a nadie y vivir creyendo que no hay mal que cien años dure y, de paso, que Santa Barbara, sin necesidad del tronar, nos guie y Dios, sumo hacedor y señor de la vida, nos ampare.

                                                           “Locuras” del BOSCO


lunes, 9 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 7. Escrito 3

UNA SUBASTA Y UN CUENTO

      Un día de un tiempo olvidado, de esos que no se pueden retener en la frágil memoria y que tampoco se pueden comprar, SOÑÉ y VIVÍ una extraña y, a la vez, placentera SUBASTA. Una SUBASTA absurda, irracional, inverosímil e imposible entender y aceptar.

     En un local virtual, inexistente en la realidad, conseguí reunir todos los avíos necesarios para realizar la SUBASTA, tomando todas las medidas que garantizaran la validez de ésta. Un espacio para el público, sencillas sillas para acomodo de los presentes, un atril algo elevado centrado y colocado sobre una baja tarima, un pequeño y coqueto martillo para el quién da más, un modesto equipo de megafonía, varios mantenedores del orden, algunos (pocos) contratados para animar la SUBASTA, una adecuada publicidad y, como no podía ser de otra manera, un SUBASTADOR y, al tiempo, notario experto en la materia. Ah, sin olvidar, un recaudador contable de la recaudación económica que se produciría si, felizmente, existieran pujadores cualificados dispuestos a pujar.

     Con tiempo y bastante trabajo fui solucionando todo lo enunciado anteriormente. Cuidé todos los detalles, prestando la misma atención a lo nimio y a lo imprescindible. Tenía la intención de que no fallara nada que, la SUBASTA transcurriera con absoluta normalidad, no podía permitirme el lujo de fallar en algo. No gozaba de una segunda oportunidad.

     Antes de seguir adelante con esta narración, obligado estoy a señalar el importante OBJETO a SUBASTAR. Objeto espiritual que me costó la propia vida el conseguirlo y que, mucho más esfuerzo me supuso, el mantenerlo guardado y VIVO, o también VIVA, dada su dualidad, o mejor, su carencia de sexo. Se trata de mi ALMA que, aunque bastante mayor, todavía conserva su lozanía y altivez de pasados tiempos.

      El tiempo, devorador insaciable de sí mismo, sabedor de que todo estaba listo, señaló día y hora para el EVENTO, publicitado con acierto, mesura y discreción.

     No olvidé que, en estos tiempos y en casi toda España, es obligatorio el uso de las mascarillas, guardar las distancias y el lavado de manos con productos higiénicos sanitarios.

     Llegado el día y la hora señalada, bajo un exhaustivo control de entrada se abrieron las puertas del local donde habría de celebrarse la SUBASTA. Los asistentes eran muy diferentes, mayores, jóvenes, mujeres y hombres. Todo marchaba, desde sus comienzos con absoluta normalidad y orden. Empresas, con sus representantes, y particulares sentían curiosidad por la singular SUBASTA, era la primera vez que se celebraba en España una SUBASTA de un objeto inmaterial como es un ALMA. Por curiosidad, la antigua prensa y la moderna, digital, enviaron al evento a sus más destacados periodistas e informadores. Algo similar ocurrió con las cadenas de televisión. Lo que empezó como un sueño, una quimera, una imposible utopía, tomaba tintes de “bombazo”, en la singular y atrayente SUBASTA.

     El subastador, vestido de forma no usual, con frac que le venía algo grande, camisa sin cuello, con tirilla y brillante botonadura, zapatos deportivos, empuñando con autoridad el martillito de madera, estampa deslavazada de original artista, carraspeó varias veces frente al micrófono y dio unos golpecitos con el pequeño mazo, los murmullos del respetable, como por arte de magia, desaparecieron y se adueñó del local un silencio que la gente acostumbra a llamar “sepulcral”.

     Sobre el atril del presentador una pequeña arquita donde debería encontrarse el objeto a SUBASTAR, cerrada a cal y canto, para evitar que ésta se escapara y nos dejara con dos palmos de narices a todos los presentes. Yo, perdedor de algo tan preciado como mi propia ALMA, cumplí lo prometido de no asistir, por temor al casi seguro arrepentimiento de desprenderme de aquel querido objeto. No sé si podré seguir viviendo sin ella, mi preciada ALMA. Con voz grave y pausada comenzó el subastador su perorata de las excelencias del objeto a SUBASTAR y el procedimiento a seguir en la misma. Todo valía, a la hora de pujar. Un gesto, una mirada, un tocarse una determinada parte del cuerpo (conocido de antemano por el subastador) un sonido, etc., etc. Servían de vehículo para mostrar el interés por el invisible objeto.

     La SUBASTA había comenzado y muy pronto se formó un minoritario grupo, entre los que, en un principio, parecía estar el “ganador”. Un hombre vestido con elegancia y cuyo gesto era tocarse la nariz; una señora de edad indefinida que para pujar se tocaba el ala de su llamativo y horroroso sombrero, y dos divertidas jovencitas que se disputaban entre sí el gesto de pujar, que consistía en levantarse de sus respectivos asientos. Vestidas como acostumbran los jóvenes de hoy a vestir, con grandes gafas, mascarillas y gracioso sombrero de paja, con unas florecillas en su lateral. Imposible reconocerlas con tantas prendas cubrecaras. Por debajo de todo ello, sobresalían ambas largas melenas, una negra azabache y otra, castaña.

     El precio de objeto a SUBASTAR fue creciendo sin parar hasta límites insospechados y manifiesta alegría del SUBASTADOR, no muy esperanzado en que éste llegara a tan elevada cota. De los tres pujadores que quedaban, el primero en abandonar la puja fue el elegante caballero que se convenció de que, habría de ser mujer, con razones suficientes para conseguir una ALMA. Desde aquel momento el siniestro caballero dejó de tocarse la nariz y se dispuso a ver quién o quienes se llevaría “el gato al agua”. La incertidumbre se apoderó de la sala. La señora de edad indefinida envalentonada y sin perder la compostura, seguía y seguía incansable subiendo su puja; y las dos jovencitas, cada vez más divertidas y seguras, mantenía el pulso a la señora del horrible sombrero. Aquella situación llevaba tintes de eternizarse y la tensión iba en aumento. Todos los asistentes, motivados por la curiosidad y queriendo conocer el final de la histórica SUBASTA se mantenían impasibles y tensos en sus asientos, atraídos por la incertidumbre.

     Mientras esto ocurría en el local de la SUBASTA, yo, desde casa y todavía dueño de mi ALMA, seguía por la radio el evento, cada vez más preocupado, triste y “desalmado”. A punto estuve de tirar la toalla, de anular, si era posible, la SUBASTA, de abandonar el loco intento de SUBASTAR mi ALMA.

     Al mismo tiempo de lo anterior, el SUBASTADOR anunciaba quienes habían resultado ganadoras. El uso del plural presupone que fueron las divertidas jovencitas las que se llevaron el botín del ALMA. Inmediatamente surgen las preguntas ¿Para qué quieren estas jovencitas una vieja ALMA? ¿Por qué dilapidar tanto dinero, ahorros de toda la vida de dos jovencitas?

     El contratado contable redactaba los datos bancarios de las jovencitas y los recibíes correspondientes, dando el visto bueno de todas las operaciones. Todo en regla, el tema quedó finiquitado con éxito.

     Ah, olvidé contarles un pequeño y emotivo detalle que, como casi todos los cuentos fantásticos, tienen la obligación de terminar bien.

     Aquellas divertidas y dicharacheras jovencitas, de largas melenas, desprendidas de sus sombreros, sus gafas y sus mascarillas resultó que una se llamaba MARTINA y la otra, ALEJANDRA y eran nada más y nada menos que mis queridas

NIETAS que no estaban dispuestas a permitir que su ABUELO se convirtiera en un DESALMADO.



En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 7. Escrito 1

PINTAR EL MAR

      Si el mes de AGOSTO fuera un famoso pintor, se vería obligado ineludiblemente a pintar el mar, a realizar mil y unas marinas. Es, en su tiempo, cuando el mar o la mar se viste con sus más espléndidos y atrayentes vestidos; sus movimientos gozan de armonía, liberados de brusquedades y las mareas en su bajamar fabrica, sobre la arena mojada, gigantescos espejos capaces de reflejar su relajante y vistoso entorno.

     Agosto invita a septiembre, a atenuar la temperatura, sobre todo por las noches que empiezan a ser más frescas y llevaderas. Aunque, de vez en cuando, se olvida de ello y no evita la tentación de “calentarnos” más de lo normal.

     Amén de sus bondades, para algunos, es final de vacaciones y vuelta al trabajo. Mala cosa esa de volver al curro y mucho peor el afiliarse al Paro.

     Agosto no tiene problemas para inventarse colores de auténtica magia. Agosto despierta novedosas sensaciones que, todos los años, reviven en nosotros, curiosas y llamativas imágenes, fácil de rememorar en cualquier época del año, gracia a los encantos de todos sus compañeros de viaje, los meses.

     Agosto no olvida nunca su rica paleta, plena de azules de mar y cielo; ocres de tierra, platas y blancos de inmaculada pureza; amen, de verde vegetación. Agosto sabe mezclar, combinar, agachar, envalentonar, entonar su arcoíris de colores veraniegos. Agosto cuenta con la ayuda estimable de sol, de la Luna con sus mareas, del mar, de la brisa, de la calima y de las inquietas olas que no paran de juguetear y romperse en el orillar. El azul mar intenso contrasta con el celeste celestial, lejano testigo de las blancas olas al romperse incansables cerca de la orilla. Los ocres, de lo mojado y lo seco, serpentean en juego de idas y venidas, de avances y retrocesos, pletóricos de efímeras huellas de humanos y, ocasionalmente a pesar de estar prohibido, de perros de variadas razas y tamaños. La respetada vegetación no se cansa de prestar verdes de diferenciados tonos al paisaje natural y al inventado por los diseñadores de Costa Ballena. Los marrones y demás colores rivalizan al componer singular cuadro marino.

     Obligado estamos a admirar las colecciones de cuadros que AGOSTO nos regala anualmente en su periódico estar en el calendario mensual. No teme agosto a los otros meses, sabe de su poderío y de su buen hacer, aunque algunos enemigos no le faltan.

     Gracias AGOSTO por invitarme a la contemplación de tus efímeros e irrepetibles cuadros, palpables ejemplos de auténticas maravillas. Gracias de nuevo, AGOSTO.


 

sábado, 7 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 20

PARA ESCRIBIR…

     Para escribir, según mi parecer de modesto escritor, amante de la escritura, se necesitan muchas cosas para escribir, todas ellas fáciles de alcanzar u obtener, aunque en un principio, muchas de ellas se nos presenten como difíciles e inalcanzables.

     No pretendo con este diario ejercicio personal de escritura, puro entretenimiento de un atrevido octogenario, jubilado jubiloso hace algunas décadas, dar lecciones o colocarme en la élite de los famosos escritores. Me conformo con levantarme a tempranas horas, arropado y ayudado por un querido ordenador, sucedáneo moderno de la antigua pluma de escribir o del modesto lapicero, para escribir de mis vivencias y experiencias retazos de vida o invenciones, fantasías que vagan y juegan en mi interior.

     Divagar es vagabundear o merodear por los entresijos de la memoria, de lo vivido o de lo inventado. Es arma imprescindible para lanzarse a la aventura de escribir. Sin este vagabundeo se acaban, se pierden los sueños, las utopías, las alucinaciones, las fantasías, los argumentos y todo aquello que reeditamos con la escritura.

     Lo primero es lo primero, perogrullada de principio. Lo primero en la tarea de escribir es TENER GANAS. Sentir deseos de crear, de emborronar, de expresar lo íntimo, de contar. Sin estas GANAS, el interés se vuelve nada, las ideas no fluyen y la escritura se desvanece, se retrae y terminamos por odiarla.

     Otra importante “condición” para escribir, o para desear hacerlo es HUIR de los complejos, de los tabúes, de los prejuicios y de todo aquello que sea un auténtico FRENO al ESCRIBIR.

     El escribir, siempre lleva parejo, un LECTOR, pero si éste no llega, nos queda la satisfacción de la escritura por la escritura. Invitemos a los amigos y a la familia a LEER lo que en un especial momento se nos ocurrió escribir.

     Son pocos los escritores que viven de su escribir. No pretendas llegar a ser escritor de élite sin escribir, cómo que te toque el gordo de la lotería sin jugar. En las artes, decía Picasso que, para “llegar lejos” hay que SUDAR y TRANSPIRAR en demasía.

     Otro entrecomillado “consejo”, atrévete a llamarlo como te guste y, de paso, úsalo si te apetece u olvídalo a la hora de lanzarte a escribir. Sé VALIENTE y aprovecha el maravilloso invento de la ESCRITURA, con la que pasamos de la Prehistoria a la Historia. En aquel histórico momento, los hombres de aquellos remotos tiempos le regalaron a la humanidad el DERECHO a ESCRIBIR. Sería tonto, con perdón, no utilizar este universal BIEN.

     Siéntate, SIN TEMOR, delante de un papel o similar, toma la vieja pluma, el humilde lápiz, el moderno boli o cualquier instrumento que sea capaz de dejar su huella sobre una superficie grande o pequeña, o frente al paciente ordenador y ESCRIBE. Con toda seguridad no te pasará nada y, además, estás en el camino de DISFRUTAR.

     Como humanos tienes capacidad para PENSAR, SENTIR, NARRAR, CONTAR, HABLAR, ESCRIBIR, entre otras muchas capacidades. ¿Por qué renunciar a cualquiera de éstas? Grandes REGALOS que nos elevan a elegidos entre los seres creados. ESCRIBE. No invalides esa preciada capacidad por no atreverte a practicarla.

     Los DIARIOS infantiles constituyen la mejor simiente para iniciarse en esto de la escritura, CONTAR, NARRAR, DESCRIBIR, RELATAR, ARGUMENTAR, son campos prácticos del escribir que pueden o deben ser descubiertos, experimentados y ejercitados desde el principio de nuestros tiempos.

     Si fuera un gran jefe, un mandamás político, un atrevido gobernante, un ilustre escritor, un buen ministro de educación, pondría como asignatura obligatoria el ESCRIBIR desde la enseñanza primaria, desde los primeros tiempos escolares. Considerando PECADO muy grave la renuncia a la aventura de ESCRIBIR.


En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 19

HACER DAÑO POR HACERLO

     Durante cuarenta años ejercí como Maestro de Escuela, tiempo más que suficiente para conocerme y conocer a bastantes mortales que realizan negativas acciones, pequeños actos delictivos o daños al prójimo, sin explicación de ninguna clase y sin necesidad, solo por divertimento, por salvajismo o por otras razones difíciles de entender.

      En Costa Ballena, donde parece que el nivel educativo y económico de los residentes debe ser alto, comparado con otras zonas marginales del país, con lo que podemos eliminar a grandes sectores de la población que, por falta de educación y muy débil economía, es comprensible, aunque no aprobadas, acciones que se apartan de lo normal, que no sirven para nada, que no benefician a nadie y que, al final de todo esto, crean indefensión en los ciudadanos.

     El tema elegido para ser comentado por este modesto escribano carece de actualidad para la mayoría de mis paisanos “balleneros”. Hasta podía parecer una frivolidad con lo que nos está cayendo encima. Pero para el “doliente”, en este caso el que escribe, es lamentable y de sobrada actualidad. El pasado lunes, al coger el coche aparcado frente a la cochera de la Residencia Bahía de la Luz, donde tengo un apartamento, descubro que el espejo retrovisor izquierdo, cuelga destrozado, machacado, sin ninguna señal de golpe en el vehículo, por lo que deduzco que algún “gracioso”, para no aburrirse, destapó su frasco de mala uva y la descargó sobre el inocente vehículo. Tenía cita para unos análisis clínicos, con cuidado y la atención recomendable, nos desplazamos sin dejar de acordarnos del “cobarde” que, con nocturnidad y alevosía, nos eligió, sin conocernos, para satisfacer sus malas intenciones. ¡Pobre demente!

     Hace unos días han iluminado todo el paseo litoral de Costa Ballena con modernas farolas. El motivo de tal actuación es que, estos “valientes personajillos” habían acabado, a patadas limpias, con casi todas las luminarias de suelo existentes en el citado paseo. Cabe preguntarse, si esto ocurre en una de las mejores urbanizaciones de la costa andaluza, con su preceptiva empresa de seguridad, qué puede ocurrir en lugares deprimidos, en suburbios, en cerrados bunker, en barriadas abandonadas, en inhumanos arrabales, en los mundos de la droga y en un largo etcétera de negada supervivencia.

      Lo mío se arregla con unos cientos de euros. Lo demás es negra historia imposible de arreglar.

     Existen medicinas para sanar casi todo, inventada y fabricada, negocio aparte, por el hombre. ¿Podrá, este hombre u otro capaz de acabar con todo o parte de aquello que huele a maldad?

     Soñar no cuesta, pero no dudemos en que el azar nos puede elegir en sus “fechoría” menores o mayores, como protagonista.

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 18

Y LA VIDA EN ESPAÑA SIGUE IGUAL

      Mis paseos playeros y tempraneros (a las 7 de la mañana, todavía cerrada noche) dan mucho para inventar cavilaciones o meditaciones de todo tipo. Un batiburrillo de estas reflexiones son mis compañeros de viaje en este gozo andariego.

     Sin proponérmelo, desordenados, a veces, encontrados entre sí, o hermanados, van apareciendo en mi mente estas cavilaciones que, a base de repetirse, van formando cuerpo para posteriores escritos.

     Por “culpa” de estas silentes meditaciones, el paseo se hace más grato y entretenido y, en ocasiones, me parece que me “salgo” o me “ausento” del paseo y, brevemente extasiado, “floto” en una curiosa y llamativa “nada”. Miedo o cierta preocupación menor, se adueñan de este abstraído caminante que, en un instante imperceptible, vuelve a la realidad, ajeno a toda ensoñación.

    Hoy, como en otras ocasiones, los duendes de esta España denostada y maltratada, se hicieron dueños de mis cávalas y pensamientos aparecidas en el paseo, más corto que de costumbre por la fuerte brisa, no sería correcto llamarlo viento de poniente.

     La NOTICIA de hoy, de momento, es que, no hay noticia para destacar, para escribir sobre ella, o mejor sería, escribir que, todo sigue igual en esta España nuestra. Sigue igual de mal, seguimos sin ver las luces al final del oscuro y sombrío túnel donde nos encontramos. Los indicadores sanitarios, económicos y políticos son iguales de malos que los de ayer, antes de ayer y de hace unos pocos de días, semanas y meses. Los parlamentarios, los senadores, los funcionarios públicos, los pensionistas, los gobiernos nacionales y autonómicos, muchas empresas y autónomos, los “parados” y algunos que otros espabilados, seguimos de vacaciones. A los turistas se les ha negado que vengan a España y a los españoles que salgan a otros países. El panorama es desolador y más negro que el carbón. La incertidumbre sobre el comienzo del curso escolar planea, de mala manera, sobre nuestras aturdidas cabezas. La deuda pública nos anuncia quiebra total. Los funcionarios y pensionistas vivimos con la certeza de una segura reducción o congelación de los salarios, mientras los políticos permanecen “inalterados”. El paro va camino de alcanzar cifras astronómicas, poco halagüeñas para la marcha de este país nuestro. El coronavirus sigue haciendo de las suyas. El sr. Iglesias, con la aquiescencia del sr.  Sánchez, sigue “mandando” en España, sin “divorcio” a la vista. No terminaríamos nunca, por falta de tiempo y espacio, de enumerar los males de esta España que tanto queremos algunos, no todos, españoles. Podrán, si lo desean, adscribirme en el bando de los “pesimistas” y lo harán acertando en mi ubicación. He intentado, más de una vez, afiliarme al bando de los optimistas. Fallidos intentos marcan mi sino de fracasado. Con el tiempo, si las cosas siguen así de mal, con los dedos de las manos podremos contar a los optimistas.

     Para cumplir con mi tarea diaria, en un salto acrobático, me pasé de los paseos a las noticias, sin noticias, con la estimada colaboración de mi ordenador portátil, compañero inseparable de mis andanzas literarias o periodísticas.

     Mañana será otro día, para practicar, a la par, “andanzas” y escrituras, ambas, “medicinas” muy estimadas para mi cuerpo y mi espíritu.


jueves, 5 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 15

¡AL PAN, PAN Y…

      Sin apenas darnos cuenta nos estamos volviendo algo (bastante) “modositos”, “pamplinosos” o melindrosos a la hora de llamar a las cosas y a los hechos por sus nombres de siempre. No hace falta osadía o atrevimiento para llamar al pan, pan y al vino, vino.

     Al margen de la “inclusividad lingüística” de algunos políticos de la izquierda izquierdosa, cuyo lenguaje deja mucho que desear y que no merece la pena comentar y, mucho menos, imitar, son muchas las ocasiones en que no somos claros a la hora de nominar y llamar a las cosas por sus nombres de antes, de ahora, de siempre y, seguramente, de un mañana cercano. Del futuro es mejor no aventurarse ya que el lenguaje es claro sujeto de grandes y abundantes “alteraciones”.

     El dicho de: “al pan, pan y al vino, vino”, es una clara incitación para no hacer de lo blanco y de lo negro, novedosos grises que, con intención o sin ella, nos aburren y algo nos molestan. En la actualidad son muchos los “académicos” de pacotilla, osados mutantes de términos hablados y escritos por otros sencillamente inadecuados, improcedentes y bastante cursis.

     No me parece oportuno llamar al LADRÓN, “PRESUNTO”, aunque lo hayan cogido con la mano en la masa, hasta la celebración de juicio; o APROPIACIÓN INDEBIDA a lo que siempre hemos llamado y considerado como ROBO descarado. Otro ejemplo que podíamos considerar inapropiado es el llamar GAY al MARICÓN, término que, desprovisto de su carga peyorativa, usamos, ocasionalmente, con manifiesta afectividad. “¡Qué MARICÓN eres/es!” o “¡Qué MARICONAZO eres/es!”. No me parece apropiado llamar VIOLENCIA DE GÉNERO al ASESINATO puro y duro de una mujer. Otros ejemplos de innovadora intencionalidad de arrinconar o acabar con algunos vocablos, sustituyéndolos por otros considerados modernos y de bendecida actualidad, son, entre otros, NIKI, hoy, nominado POLO; ALCUZA, bonito nombre árabe, sustituido por ACEITERA; ESCABEL, al que llamamos  BANQUITO; EMBEBER, cambiado por ABSORBER; nadie o casi nadie utiliza el término ALFORJA, hoy casi olvidado, empleamos el corriente nombre de TALEGO, donde guardamos el poco dinero que nos va quedando después de tantas crisis; BARAHUNDA más fácil nos resulta llamarlo ALBOROTO; PICOS, desaparecida manera de llamar al resto de DINERO que no llega a la unidad; REFAJO, FALDA para encima de las enaguas, hoy en desuso; TAÑER, en su lugar, TOCAR un instrumento musical; TOQUILLA, hoy, PRENDA de abrigo; TROJE, a puntito de desaparecer, usamos GRANERO; ZAGUAN, poco empleado, ENTRADA en  las casas antiguas de los pueblos y un largo etcétera de vocablos en desuso, algunos a punto de desaparecer y que, este modesto escribano, acabaría bastante apenado por la desaparición de los citados anteriormente y de otros muchos, olvidados y marginados por el pueblo, sin  merecerlo.

     Bonito sería que, en solitario o en grupo, tratáramos de recuperar, de rescatar del olvido, tantas bonitas y expresivas palabras que dejamos de usar, sin saber por qué. La modernidad, unas veces, la comodidad, otras, y el mal uso del lenguaje, de los jóvenes y algún que otro listillo que, en su PÍRRICA, ECONÓMICA y DESAPROBADA manera de comunicarse con sus CONGÉNERES, nos están conduciendo al empobrecimiento parcial de la sin par LENGUA CASTELLANA o ESPAÑOLA que, tanto monta, monta tanto, al nominar este UNIVERSAL y PRECIADO BIEN.

     Sin prejuicio, sin obsesión, sigamos llamando al PAN, PAN y al VINO, VINO.



En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 14

¿QUÉ PENSAR, QUÉ HACER?

      En esto del “coronavirus”, en aquello de la covid-19, en eso del bichito chino, las cosas se están poniendo bien feas. 
No hay horas y días de agosto en que no aumenten los contagiados y los fallecidos, acercándonos, cada vez más, a los números del fatídico mes de marzo.

     Con el paso de los días, aparte de los alarmantes números en alza de contagiados y muertos, aumentan de forma acelerada las prohibiciones, las normas restrictivas, los planteamientos que torpedean la sagrada libertad y que ponen en cuarentena a los españoles, a sus actividades, al modo de conseguir el pan nuestro de cada día y que hacen crecer, de forma alarmante, el número de personas que, queriendo trabajar, son enviados, sin misericordia, al terrible PARO. Estadística infernal que, pone los vellos de punta al más pintado. Es cuando esta reedición de la pandemia nos incita a realizar preguntas que, la mayoría de las veces, carecen de respuestas y que hacen aumentar el miedo, en ocasiones, pánico entre los pacientes ciudadanos. La primera de ellas, después del galimatías informativo, después de las contradicciones de los responsables, después de las mentiras, del caos sanitario, de la falta de medios, de las imprevisiones, del desconocimiento del dichoso virus, etc., etc., es ¿QUE PENSAR? Y antes de encontrar respuesta a ésta, se nos viene encima la segunda ¿QUE HACER? Un par de preguntas comprometidas que nos cohíben y nos preocupan.

¿QUE PENSAR? De este monumental lío ¿QUÉ PENSAR? De las últimas medidas ¿QUÉ PENSAR? De los contagios, de las formas y maneras de contagiarnos, de los asintomáticos, del valor o eficacia de las distancias recomendadas, de las inexistentes vacunas, de las secuelas, del empobrecimiento colectivo, de las maneras de luchar contra el virus, de prohibir y prohibir sin medida ni proporcionalidad.

     Y antes de reponernos de la primera, nos llega la segunda, también cargada de incertidumbres ¿QUÉ HACER? ¿Seguir a pie juntillas las indicaciones de los expertos o rebelarnos contra ellas por ignorancia o por estar hasta el gorro de tantas imposiciones? ¿QUÉ HACER? ¿Hacerle cara al bichito con todas las consecuencias o rendirnos a él, con las mismas consecuencias? ¿QUÉ HACER? ¿Cerrar los ojos y tirar para adelante y salga el sol por donde quiera o aceptar, como corderos el paseo silente hacia el matadero? ¿Luchar para mantener la LIBERTAD o dejarnos domeñar por Illa, por Simón o por el inexistente Comité de Expertos? ¿QUÉ HACER? ¿Romper de una vez la baraja, hacer caso omiso de las recomendaciones, no pagar ni una sola multa o seguir jugando con cartas marcadas, obedecer a los mandamases y pagar religiosamente las multas dinerarias? ¿QUÉ HACER? ¿Admitir los posibles nuevos encierros o enfrentarnos con todo a otro confinamiento y a esperar pacientes la venida de una vieja desescalada? ¿QUÉ HACER? Podemos hacer mucho, si queremos o podemos no hacer nada y seguir como estamos o peor. Podemos agacharnos y que se nos vea el culo o podemos vivir libres, sin ataduras. Podemos defender la calle o encerrarnos en casa para siempre. Podemos defender la verdad o dejarnos engañar por la mentira. Podemos morir sometidos o vivir con dignidad. Podemos…

     TODO o NADA. ¡Tú eliges!



En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 12

¡A FALTA DE PAN, BUENAS SON TORTAS o

EL CESE DE CAYETANA Y LOS ESCRACHES A LA FAMILIA IGLESIAS-MONTERO

      En estos días de agosto, cuesta destapar, saborear y disfrutar con alguna o algunas importantes noticias. Quizás sean las vacaciones el motivo de la frenada de éstas o que, en tiempo veraniego, con tanta playa y montaña se diluyen éstas como azucarillos cafeteros.

     Las noticias se mueven caprichosamente en terrenos de juegos muy diferentes, según la importancia o categoría de éstas. Las hay de primera o especiales, de segunda que, se salvan por los pelos, de tercera a punto de caerse y, por último, las hay no merecedoras del menor de los comentarios, sean quienes sean sus protagonistas. Las elegidas hoy, aunque o sean merecedoras de puestos de honor, no podemos desecharlas por sus protagonistas y por la transcendencia para muchos de sus seguidores. En el título señalamos los actores y actrices y la “condena” y “castigo” recibidos.

     La primera afecta al partido Popular y la segunda a los fundadores de Podemos. Cada uno de estos los tomó a su manera y sus respuestas, aunque diferentes, llegaron cargadas de enfado o cabreo.

     El sr. Casado, armándose de valor, destituyó de un plumazo y a la cara, a la portavoz de su partido en el Congreso, la Sra. Cayetana Álvarez de Toledo. El sabrá sus razones y los riesgos de esta destitución. Tanto el jefe, Casado, como la destituida, Cayetana, se manifestaron de manera diferente. El uno, gran jefe, le dijo a su Cayetana que, el cese era necesario y obligado; y la otra, con su piquito de oro que, dicha actuación, será una desdicha para todos. Cayetana ya tiene sustituta, y el PP aprovecha la ocasión para una pequeña, pero importante, remodelación de la que salen “beneficiados” tres personajes destacados del partido, la expresidenta del congreso, Ana Pastor; el alcalde de Madrid, Almeida, y una tal Cuca, bien conocida en su casa. El tiempo juez implacable de los haceres humanos nos dirá si el despido ha sido procedente y acertado para el PP o, todo lo contrario.

     La segunda noticia, tiene guasa y bastante mandanga por no decir cosas peores. Aquellos que inventaron y practicaron los indignos ESCRACHES, a la luz del día, con nocturnidad y, siempre, con alevosía, al recibirlos en sus propias carnes, claman al cielo, despotrican, derraman lágrimas de cocodrilos baratos, maldicen a la extrema derecha de siempre, vengan de donde vengan estos. Los susodichos, según cuentas las crónicas de este país nuestro tuvieron que suspender sus vacaciones asturianas y buscar nuevo alojamiento veraniego para continuarlas. ¡Dónde las dan, las toman y, a veces, con raciones dobles o triples! ¡Hay que tener cara para quejarse, ambos dos! ¡Cómo no se les cae la cara de vergüenza a la parejita ministerial! Soy enemigo de los ESCRACHES, los hagan quienes los hagan. Nunca he asistido ni asistiré a ellos y, por coherencia, ni me alegro, ni celebro el que habéis padecido vosotros, ministros o no, pero si no sois cobardes y ahora vivís “honradamente”, cosa que dudo, a costa de la “Vaca nacional”, no vendría mal que reconocierais vuestros errores del pasado y, de paso, pidierais PERDÓN a los muchos “escrachados” por vosotros, cuando erais nada, solo caca de la vaca. Y cuando salgáis del gobierno de España, ojalá sea pronto, no se os ocurra tropezar en la misma vieja y despreciable piedra de los ESCRACHES. Me despido con un consejo que podéis aceptar o rechazar de plano. En la política, no uséis a vuestros hijos como escudos protectores. Los ESCRACHES no van contra ellos, sí contra vosotros.

     Para terminar, un pequeño postre noticiero. Nuestro lío en lo del coronavirus crece y crece, sin visos de perder actualidad, ni virulencia. La agresividad aumenta, la división entre los españoles se ensancha, los científicos no coinciden, las medidas impuestas no son claras ni en el fondo, ni en la forma y no paramos de recibir de las autoridades mensajes contradictorios. ¿Andamos en el buen camino o seguimos a la deriva?

     ¡Hasta mañana! Si me quedan ganas de seguir enredado en eso que llamamos ACTUALIDAD.



martes, 3 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 10

¿DE QUÉ SIRVEN…?

    Sí callamos, otorgamos,

sí hablamos, nos señalan,

si gritamos, nos silencian,

¿De qué sirven las palabras?

     Si dormimos, nos despiertan,

si vivimos, nos regañan,

si morimos, descansamos,

¿De qué nos sirve el mañana?

     Si jugamos, nos reprenden,

si compramos, nos engañan,

si vendemos, no nos compran,

¿De qué sirven las demandas?

     Si mentimos, por costumbre,

si vendemos nuestras almas,

si nos volvemos corruptos,

¿De qué nos valen las trampas?

     Si escuchamos las monsergas,

si caemos en desgracia,

si nos falta la manduca,

¿De qué nos sirve dar gracias?

     Si nos saltamos las normas,

si trucamos las barajas,

si no aceptamos las leyes,

¿De qué sirve la esperanza?

     Si la riqueza es esquiva,

si la fortuna avasalla,

si la gloria es pasajera,

¿De qué nos sirve buscarlas? 

     Muchos SÍES andan sueltos,

en esta vieja mesnada,

SÍES de grandiosas dudas,

SÍES de desesperanzas,

crecidos en malas horas,

criados con escasas ganas.

 

 

 

En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 9

VEREDICTO: ¡CULPABLES!

      Hoy, los jueces que juzgan “las cosas” de España han dictado sentencia, VEREDICTO: ¡CULPABLES! y de ésta, no se libra nadie, ni los guapos, ni los feos; ni los altos, ni los bajos, ni los tontos, ni los sabios, ni los que hablan por hablar, ni los más sesudos parlantes; ni los ricos, ni los pobres. Todos entramos y cabemos en el mismo saco, el de los CULPABLES y solo nos queda el camino de cumplir sin rechistar la dictada sentencia, el plomizo veredicto, contra el que nos prohíben apelar, por su meridiana claridad.

     Si cabe preguntarnos de qué se nos acusa y qué clase de delitos hemos cometidos.

     Se nos acusa de CALLAR, cuando teníamos que haber hablado. Se nos acusa de NO ACTUAR, cuando teníamos que haber actuado. Se nos acusa ADMITIR lo inadmisible, de TRAGARNOS carros y carretas sin decir ni pío. Se nos acusa de inquietante PASOTISMO cuando pasamos de los problemas de todos que, también lo son nuestros. Se nos acusa de RAJAR del prójimo en demasía, cuando teníamos que haber callado, escuchado, comprendido y respetado. Se nos acusa de BAILAR al son de los mandamases de turno, cuando teníamos que escuchar otras músicas bailables. Se nos acusa de APLAUDIR y APLAUDIRNOS, cuando teníamos, con humildad, reconocer nuestros errores y fracasos. Se nos acusa de MAL VOTAR, cuando teníamos y tenemos la obligación de elegir a los mejores y más honrados. Se nos acusa de NO VOTAR y posteriormente criticar ferozmente a los elegidos. Se nos acusa de PESIMISTAS, cuando desconocemos que el soñar y la utopía son armas del optimista triunfador. Se nos acusa de POBREZA DE ESPÍRITU, de BORREGUISMO, de falta de IDEALES, de CONFORMISMO y de un largo etcétera de inoportunos DECIRES y HACERES que nos hacen merecedores de la dictada sentencia de culpabilidad.

     A estas alturas de la “película”, no son válidas las quejas, tampoco es admisible culpar a los demás y mucho menos tirar la piedra y esconder la mano diestra o siniestra. Cuanto mejor sería que, cumplida la sentencia, fuéramos capaces de cambiar nuestros modos y maneras de entender la política y el   sumo valor de la libertad individual y colectiva. Cuanto mejor sería que, cumplido el veredicto, fuéramos capaces de transformarnos en un hombre nuevo, implicado y comprometido en solucionar algunos de los problemas que, hoy y siempre, pululan por nuestro rededor, sin esperar a que otros lo hagan por nosotros. No me gusta pertenecer al gremio de los CULPABLES y aunque acepte, hoy, el veredicto, procuraré, más pronto que tarde, borrarme de él.

     Son muchas las cosas a cambiar en España, empecemos por cambiar nosotros y procuremos que otros muchos sigan este camino. Estamos obligados a cambiar, a no callar, a denunciar, a participar, a cumplir, a…



domingo, 1 de noviembre de 2020

En tiempo de PANDEMIA

Entrega 6. Escrito 8

CÓMO NO USAR LAS MASCARILLAS

      Sobre el uso, no uso y abuso de las mascarillas, podríamos escribir unas pocas de antologías del disparate y, junta a ellas, mil y una maneras de ponernos o no, mal o bien éstas obligadas prendas del moderno vestir, con su variedad, coloridos, estampados y su hacer juego con el resto de la vestimenta.

     En el mundo mundial, España es “diferente y los españoles, más todavía, acostumbrados a romper moldes, a buscar y encontrar originalidad donde parece imposible que la haya.

     El encuentro con los disparates “mascarilleros” resulta fácil,

basta con ser algo observador y no perder el sentido de humor al escribir de algo muy serio, aunque, a veces, no nos lo parezca, como son las mascarillas, las de usar y tirar, las de usar y lavar y las de, me las pongo dónde quiera, como quiera o dónde pueda o me la impongan.

     En este breve tratado, inservible, como casi todo lo relacionado con las dichosas mascarillas, enumeraré, con derecho a meter la pata o a no coincidir con la mayoría de los usuarios de esta controvertida “prenda”.

     Antes de la anunciada enumeración, haré un inciso, obligado por la no muy brillante “disertación”, en los comienzos de esta pesada pandemia, del sr. Simón, experto y ameno comunicador de las cosas del gobierno relacionadas con la covid-19. Nos lanzaba, a la ligera y sin pudor, que éstas, las mascarillas, no eran necesaria, y al “rato” nos recomendaba su uso, y otro “rato” después, se convertían en prendas obligadas, incluso con pena monetaria para los infractores usuarios de éstas. Lo que dije fue un gordo lapsus, apuntaba el susodicho personaje, o una gorda mentira para ocultar la inexistencia de ellas. Y se quedó tan tranquilo, el tunante. Y sigue erre que erre con sus clases periodísticas sobre el coronavirus.

     Y llego la hora y el tiempo de escribir sobre el mal uso de las mascarillas, objetivo principal de este intranscendente breviario. Lo primero que me llama la atención es que, aunque se dé por sabido, el coronavirus no penetra en nuestro cuerpo para contagiarnos por los codos, aunque muchos usuarios de este protector elemento van y vienen con sus mascarillas en tal parte del cuerpo. Es curioso la prestancia con que paseamos, mascarilla al codo, y braceamos éstas como ondeantes y pequeñas banderolas. Sólo faltan algún que otro desfile de modelo para instalarlas obligatorias en estos eventos de la moda. ¡Mascarillas al codo! Los amos del contagio estarán contentos con este anómalo proceder.

     Otro uso no muy ejemplar y poco recomendable es usar la mascarilla como bufandita de cuello. Tampoco el virus se nos mete en el cuerpo por el exterior de la garganta. Añadamos a estos usos, el llevar las mascarillas como “barbillas” postizas, o por debajo de la nariz ya que, por sus peludos agujeritos, el sabio virus se podrá colar en nuestro cuerpo para contagiarnos. También tendremos que considerar que, si llevamos “bien puestas” éstas, exhalamos, al respirar, anhídrido carbónico y, al tiempo, nos lo volvemos a tragar. No está mal el invento protector y destructor.

     Otro uso corriente de las mascarillas consiste en llevarlas en el bolsillo. Nadie se contagió de bolsillo a bolsillo. Sería lo último, aunque cosas más raras están ocurriendo en esta pandemia. Y lo peor de todo, son los olvidos. Las memorias padecen, con bastante frecuencia, el mal del desmemoriado, que consiste en recordar lo que a uno le interesa y olvidar lo que no nos atañe.

    Otro padecer de las mascarillas, es el abuso, y el acabar en cualquier acera, en las orillas de la mar, en los caminos terrosos, en la embolsada basura y en lugares inverosímiles.

    Sin proponérnoslos vamos de cabeza a la cabeza del mundo en el mal uso de las mascarillas, en abuso desmedido de éstas, en “pasearlas” en cualquier parte de nuestro saleroso cuerpo, en oponernos a ellas con conocimiento o sin razón de uso.

     Poco a poco, sin prisas, iremos descubriendo nuevas modalidades de mal uso de las mascarillas, de abusos y conservación de éstas (si ello fuera posible o mereciera la pena)

     El mundo entero se fracciona, se divide por mor de estos trozos de tela que nos cubren gran parte de la cara. Partidarios y detractores han iniciado la llamada guerra de las mascarillas, cuyo final desconocemos, como le ocurre a este escrito que…


En tiempo de PANDEMIA

 Entrega 6. Escrito 7

AYER, HOY, MAÑANA Y SIEMPRE AMARÉ LA LIBERTAD

     Ayer, hoy, mañana y siempre,

amaré la libertad,

de los hombres, de los pueblos,

de toda la humanidad,

defenderla, yo prometo

con firmeza y lealtad,

hasta el final de los tiempos,

por toda la eternidad.

Fácil resulta decirlo,

hacerlo, es otro cantar,

repleto de incumplimientos,

por temor a fracasar,

a perder preciado tiempo,

en combate desigual,

contra los viejos tiranos,

amos de la libertad.

 

     Ayer, hoy, mañana y siempre,

amaré la libertad,

de los hombres, de los pueblos,

de toda la humanidad,

aunque el viejo dictador,

nos la quiera arrebatar,

con sibilinas maneras,

con astucia y gran maldad,

como abyecto reyezuelo,

dueño de todo y de más,

como falaz gobernante,

señor de la falsa verdad,

matadores, ambos dos,

de la amada libertad,

por la que hemos de morir,

sin dar ningún paso atrás.

 

     Ayer, hoy, mañana y siempre,

amaré la libertad,

de los hombres, de los pueblos,

de toda la humanidad,

arriba los soñadores,

defensores de verdad,

de la libertad sagrada,

de la libertad real,

de esa que nos engrandece

y nos anima a luchar,

para salvar entre todos,

la querida libertad.