lunes, 20 de abril de 2026

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA Nº 249

Colección de personajes de los Tebeos a través de una viñeta de los mismos, del número 31 al 35

    
        Hoy los Personajes son los siguientes:
        
        31.-    EL CAPITÁN MOSTACHETE, de José SANCHIS Grau -  J, Sanchis.
        32.-    MAFF y OSSO, de José Antonio Serna Ramos -  JIASER.
        33.-    LINO - TIPIO, de Jordi PINEDA BONO.
        34.-    JAIMITO, de Rafael Miguel Catalá Lucas - KARPA.
        35.-    LOLITA,  de Ignacio Hernández Suñer  -   IÑIGO.
        

domingo, 19 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO TERCERA

33.-   Un pulmón verde: EL PARQUE HERNÁNDEZ   ( V )

        Por otra parte, otro pasatiempo infantil en torno al parque, que se convertía en auténtica competición, era el de recorrer todo su cerramiento, subido en él y sujetado a su verja de hierro, sin tocar la acera, salvo en las puertas grandes, ya que las pequeñas las cerrábamos y pasábamos también sobre ellas. Tenía esta experiencia como grandes dificultades los pilotes que de trecho en trecho existían entre las rejas, a los que no alcanzábamos a rodear con nuestros brazos por sus dimensiones y que teníamos que salvarlos sujetándonos con las manos en unas ranuras que presentaban a diferentes alturas y apoyando los pies en un borde que no tendría más de cinco centímetros. El resbalar y caer no tenía gran riesgo, pero sí te producía el enfado correspondiente, ya que te veías obligado a volver al principio de la ruta, lo que suponía además quedarte el último. Aunque ello tenía un único consuelo, que las caídas por diferentes motivos eran frecuentes y no resultaba demasiado complicado lo de dejar los puestos de cola, al igual que volverlos a ocupar.


            Y ya que hablo de su verja, viene a mi memoria la existencia de unas ramitas, de grosor como de un cigarrillo, prietas y que crecían como enredaderas, a las que llamábamos, sin tener nada que ver con la manzana y sin saber tampoco el porqué, sidra, que utilizábamos al igual que la matalahúva como anticipos de los primeros cigarros; cortándolas en trozos aproximadamente del mismo tamaños de éstos, lo encendíamos y en lugares recónditos y sin apenas luz, chupa que te chupa, dábamos nuestros primeros pasos en esto de sentirnos hombres antes de tiempo, identificando al tabaco y su consumo con la mayoría de edad y con el fruto prohibido.
        
      Otro hecho imborrable del Parque Hernández en los atardeceres y en especial cuando hacía buen tiempo, era el ver a los asistentes, soldados de reemplazo normal y que de paisanos llevaban a los pequeños hijos de oficiales del ejército a este lugar, al igual que los podían acompañar al colegio u otros sitios; era algo así y no lo digo con el ánimo de molestar a nadie y menos a ellos, como muchachos de servir gratuitos, entendiéndose como normal, como un privilegio más que tenían los militares en una ciudad eminentemente castrense por los cuatro costados. Destino apetecido en no pocas ocasiones por los mismos soldados y familiares, que hasta buscaban recomendaciones para ello y que dependía en mucho de sus habilidades, puestas éstas al servicio principalmente de la consorte del jefe, que no sólo encontraba una economía importante en ellos, pues algunos valían para todo, sino que resolvían bastantes ataduras, sobre todo de tiempo, con la gente menuda, cosa que les permitía una mayor actividad social en el Casino, el Club Marítimo o la Hípica.

         Sin olvidar tampoco que éstos, salvo los que claramente pertenecían a los que llamaban por entonces de la acera de enfrente, los de la cáscara amarga, que no faltaban, los mariquitas azúcar para los pequeños o maricones para los adultos, que por aquellos años casi nadie estaba sensibilizado con el tema de la homosexualidad, sino todo lo contrario, aprovechaban esta estancia en el parque para intentar pegar la hebra con las que hacían el mismo servicio doméstico que ellos, pero en mujer, las chachas, las criadas, y con un sueldo que era también, salvo raras excepciones, escaso, por aquello del abuso ante la mucha oferta... Era corriente ver parejas de este tipo, incluso algo relajados en el cuido de los respectivos niños, que el amor tiene y tenía igualmente en antaño, entre otras cosas, lo de ser bastante absorbente y no dudo tampoco de que de aquellas relaciones, en principio pasajeras y coyunturales, pudieran surgir otras más estables, que alargaban la estancia del muchacho  algo más o mucho más que la habitual de su servicio militar obligatorio con la patria y que les llevara a una mayor y distinta obligación de cuidar niños propios y no ajenos. Aunque esta especie entró en peligro de extinción con el paso de los años, casi llegando a su total desaparición, por lo menos para estos menesteres y otros, con la llegada de un Comandante General, que cambió muchas cosas cuando fue destinado a nuestra ciudad y que por ello fue un personaje controvertido, no sólo para los militares, sino también para la población civil y que se llamaba Gotarredona.


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA  Nº  248

Colección de Personajes de los tebeos a través de una de sus viñetas desde el número 26 al 30


            Los Personajes de hoy son los que siguen:

            26.-   los payasos de la tele: GABY, FOFÓ, MILIKI Y FOFITO, de Félix Antonio Saborido - CUBERO.  
            27.-   HOTEL MEDIAESTRELLA, de Jaume ROVIRA Freixa.
            28.-   GATÍN, de Blas SANCHIS Bonet.
            29.-   LA FAMILIA TRAPISONDA, de Francisco IBÁÑEZ Talavera.
            30.-   EL HOMBRE DEL BIGOTE, de Cor Hoekstra - CORK.

 

sábado, 18 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO TERCERA

33.-   Un pulmón verde:   EL PARQUE HERNÁNDEZ   ( IV )

        El espacio más frecuentado por nosotros era el relatado al principio, lo que no quería decir que nos fueran desconocidos los otros tres cuartos, que visitábamos también, pero que considerábamos como algo más lejanos. Precisamente a su derecha y nada más atravesar las pérgolas circulares, que existían al entrar por las dos puertas citadas, había una fuente de agua potable, que no sé por qué razón era la que preferíamos con relación a las otras que en el parque había, a la cual acudíamos para aliviar nuestra sed o para jugar con el agua y ponernos perdidos, si no estaba el guarda, una vez satisfecha la misma y por riguroso orden de jerarquía, privilegio que siempre tenían los mayores y más fuertes si íbamos en manada.


            Junto a ésta o quizás sea más correcto señalar que ella se encontraba en las proximidades de otro bar, que como el de Las Flores, en el verano melillense, también contaba con orquestas para atraer y animar al público amante del baile o sencillamente de pasarlo bien oyendo música, conversando y haciendo más llevaderas las calurosas noches de la temporada estival de nuestra ciudad, que siempre en el parque, entre tanto verde, mejores sombras durante el día y los oportunos riegos, se hacían más soportables. Y la prueba más evidente de esto último era la costumbre que existía por aquellos años, en su cercanía y en el paseo central, de pagar una cantidad módica por el alquiler de las sillas, que eran de la Gota de Leche y que constituía otra fuente de ingresos, amen de la caridad y de su rifa para dicha asociación. Costumbre que era como una diversión o actividad social. Matrimonios con sus hijos, generalmente de corta edad, asistentes y muchachas uniformadas también con menores, pero sin sus padres: reuniones de jovencitos en sus primeros escarceos amorosos, donde privaba el juego de las prendas para obtener como recompensa el primer beso y pandillas de chicos galleando; mayores disfrutando de sus años y relatándose sus repetidas y muchas batallitas, las mismas de casi todos los días; parejas de novios ya estables y condenadas a una vicaría casi segura, que allí y por entonces, la fidelidad era muy bien vista. Voces, gritos, risas, carreras, siseos, llamadas al orden, llantos de bebés y mucha conversación, mucho uso de la palabra y hasta de los silencios; mientras el encargado de las sillas no paraba de entregarlas a unas horas y recogerlas a otras, hasta la tarde-noche siguiente y de vigilar para que nadie se sentara en ellas sin haber pagado el canon establecido y guardara para mostrarlo, sobre todo la chiquillería, el tique correspondiente.


            Y en este último juego entrábamos nosotros, no sólo porque carecíamos de la cantidad necesaria para el alquiler de las mismas, sino porque considerábamos aquel gasto como superfluo; ya que las pocas perras, chicas y gordas, que teníamos había que guardarlas para las chucherías del carrillo de María, para los polos de Morillas para ver además si salía la palabra regalo en el palito o para los helados de El Buen Gusto, para los tebeos de El Guerrero del Antifaz, de cuyo dibujante, M. Gago, nos decían que había iniciado aquellas aventuras cuando se recuperaba en el hospital de su tuberculosis, con lo que ganaba puntos para nosotros, amantes de lo morboso, o los de Hazañas Bélicas y otros; pero no para sentarse y menos aún habiendo bordillos y bancos gratuitos. A nosotros todavía, por los pocos años, no nos preocupaba la vida social, aunque la hacíamos inconscientemente y si íbamos allí era por mimetismo, porque otros iban, porque nos divertíamos agudizando también nuestro ingenio. Aparecíamos, no a primera hora, que para ese tiempo teníamos otras ocupaciones lúdicas, por supuesto; sino algo más tarde, cuando algunos comenzaban su retirada, dejando sillas libres que nos apresurábamos a coger, unas veces pidiéndoles el tique con el mayor descaro si no los conocíamos o por favor, si queríamos demostrar lo educadito que éramos. Si no obteníamos el favor no había problema, a disimular y a gozar del privilegio hasta que llegara el encargado y se llevara las sillas al comprobar que no teníamos el oportuno tique; resultando hasta divertido este pasatiempo, no ya el de sentarte, sino el de ver lo que durábamos hasta que nos dejaban sin asiento y volver a empezar en otro rincón, que el espacio era grande y contaba con bastantes recovecos. Curiosamente, pasábamos veladas en las que nadie nos molestaba y otras sin posibilidad alguna de poder sentarte, que todo dependía de la leche del encargado de turno, que no siempre era el mismo.

                                

        Algo a destacar del Parque de antaño era el aristocrático templete de música que existía junto a la fuente central y más próximo a la salida de la calle Marina, donde las diferentes bandas de Melilla, que las había en cantidad y buenas, pero principalmente la Municipal, daban sus conciertos en los atardeceres de los sábados y en las mañanas de los domingos y festivos y que congregaba a muchos melillenses en su torno, ya que siempre existió una gran afición en la ciudad a la buena música.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA Nº 247

Colección de personajes con una sola viñeta, del 21 al 25


            Los personajes de hoy son:
      
            21.-  DOCTOR CAMPO, de Luis Blanco, Álvarez - BLANKITO.
            22.- LA FAMILIA CHORLITO, de Ángel NADAL Quirch.
            23.- GAFITAS, de José PALOP Gómez.
            24.- LA FAMILIA ROBY, de Alfonso FIGUERAS Fontanals.
            25.- SALICILATO, de Francisco CAMACHO Nogales.

viernes, 17 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO TERCERA 

33.-   Un pulmón verde:  EL PARQUE HERNÁNDEZ   ( III )

        El bar Las Flores era en muchas ocasiones otro lugar de paso, pero con el inconveniente de que cuando abusábamos en su uso, su dueño de turno, que los hubo muchos y de diferentes caracteres, se enfadaba y ponía fin al tránsito infantil por allí, que para eso era su establecimiento y nosotros, los pequeños, no le consumíamos nada.

        Era un pequeño bar que sin embargo, contaba con un agradable espacio en el interior del parque que utilizaba como terraza con numerosos veladores y sillas, cuya cantidad dependía del ambiente que tuviera en cada momento y que cuando llegaba el verano, lo más lejano que recuerdo en el tiempo, se convertía en recinto musical de gran éxito y que daba también a la calle Teniente Coronel Seguí. Era lo que nosotros llamábamos por aquellos años cincuenta o sesenta el “Dancing”, donde una orquesta, de aquellas principalmente de instrumentos de viento y con vocalista, animaba las veladas con los ritmos y canciones de moda, como aquellas de “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”, “La casita de papel”, ”Tengo una vaca lechera” o “La cucaracha” y que como ocurre en la actualidad, cada estío ponía en moda alguna de ellas, que repetían hasta la saciedad, por lo que terminábamos, tan sólo de oírlas, pues nosotros todavía no teníamos edad para acudir a tales veladas, por aprenderlas como todo el mundo.


            Las canciones de José Guardiola, Bonet de Sanpedro, Gloria Lasso, Machín y otros muchos más, por señalar a algunos, no faltaban en el repertorio de estas orquestas.

                           
            Dos avenidas o paseos cruzados dividían al parque, con planta más o menos trapezoidal, en cuatro zonas con diferentes características, perfectamente diferenciadas para nuestras mismas actividades; teniendo su puerta principal, que no la más transitada, en su fachada de la plaza de España, que siendo la de menor longitud, contaba con sus dos torres, con la figura de Guzmán el Bueno, arrojando su puñal para que los sarracenos sacrificaran con él a su hijo antes de entregar la plaza de Tarifa al invasor, que así nos lo contaban en la escuela, y con el escudo de la ciudad. La otra puerta grande daba a la calle Carlos de Arellano, frente a la pista polideportiva de Bandera de Marruecos o al solar donde se instalaban los circos cuando venían a la ciudad. En este fondo existían otras dos puertas  más pequeñas, la citada que nos servía de huida para nuestras aventuras datileras y la que se encontraba enfrente de la Comandancia General. Entre las dos entradas mayores del parque transcurría el paseo más largo, salpicado en sus laterales y a lo largo de los tiempos con los más diversos bancos, tanto de mampostería como de hierro o madera, de diferentes formas y estilos.


            Esta avenida con importante arboleda a los lados y también variada, en ocasiones se vio interrumpida de forma amable por diferentes fuentes, entre las que destacaría aquella que de pequeño llamábamos de las “luces”, porque fue una novedad para nosotros los variados colores, así como los dibujos que el agua hacía, variando sus surtidores, modestos y no comparables con los de la fuente de la Plaza de Cataluña barcelonesa, por supuesto; pero muy interesantes para nuestros pocos años, los juegos de agua y luz que desarrollaba y que un día, por mor de cambios políticos y abundancia o derroche de caudales públicos, digo yo, desapareció a cambio de nada o de otras imitaciones que nunca alcanzaron el éxito de aquella.


            El paseo más corto de aquella encrucijada era el que unía las calles Teniente Coronel Seguí y General Marina, desde enfrente de la Agencia Minerva o de la calle que conducía al puesto de Socorro, hasta dar con la Heladería de Morillas. Dos puertas más pequeñas aliviaban entradas y salidas en Marina y otra, ya casi al final y que cerraban con bastante frecuencia, hacía lo propio en la calle Seguí.

                             

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


            ENTREGA Nº 246

            Viñetas del 16 al 20


            Los personajes de hoy son:

            16.- DOÑA URRACA, de Miguel Bernet Toledano - JORGE.
            17.- DELIRANTA ROCOCÓ, de Gustavo Martínez Gómez - Martz SCHMIDT.
            18.- LA FAMILIA ULISES, de Mariano BENEJAM i Ferrer.
            19.- DON PÍO, de Josep PEÑARROYA Peñarroya.
            20.- LAS CAVILACIONES DE DON COSME, de Ferrán Cortés i Blancafort - NANDO.

            

jueves, 16 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO TERCERA

33.-   Un pulmón verde: EL PARQUE HERNÁNDEZ    ( II )

            Justo enfrente de nuestra casa estaba el estanque de los patos, el cual sufrió algunas transformaciones con el paso de los años hasta su desaparición actual. Lógicamente, el nombre era debido a la existencia de estos animales en el mismo. Pero no eran ellos sus únicos moradores, pues en sus aguas verdosas vivían diferentes especies de peces y no faltaban ranas ni sapos. En la misma esquina y en su interior creo que existía un enorme depósito de agua de forma cilíndrica en su planta y de bastante altura, que así nos lo parecía cuando éramos pequeños, y que posteriormente fue convertido o sería en su parte más elevada un palomar, y en donde antes o después en el tiempo, que no lo recuerdo bien, hubo también una monumental jaula cuyos habitantes fueron en principio monos y que dejaron paso a diferentes tipos de aves cuando desaparecieron de allí. Por ello, lo mismo que nos citábamos en los patos los pequeños, hubo momentos en que nuestros encuentros eran en los alrededores de los monos.


            Subiéndonos en el cerramiento de fuera veíamos a los patos con su caminar tan característico y “patoso”, gracioso para la menudencia en general, uno detrás de otro y acudiendo, tanto en tierra como en el agua, a las migas de pan que les arrojábamos o a las cáscaras o piel de los altramuces después de habernos comido su semilla interior. Desde el interior del parque el espectáculo era el mismo, aunque podíamos ver unas casitas, como las de los perros con tejados inclinados, en donde se refugiaban de noche o al atardecer si es que los dejábamos tranquilos o buscando esa misma tranquilidad.


            Junto a este estanque existía una pista multiuso que en épocas llegó a tener una baranda de tubos metálicos, en donde se podía jugar a todo, desde patinar hasta dar patadas a una pelota -siendo ésta como una antesala de las actuales dedicadas al fútbol sala- o corretear al “Tú la llevas”, etc., y alrededor de la cual se ponían los palcos durantes las fiestas de septiembre, usándose entonces como pista de baile y lugar de juegos con los payasos; sin olvidar a una gran palmera de hermosos y dulces dátiles en una de sus esquinas.

            Siguiendo las teorías pedagógicas del Padre Manjón, a alguna autoridad se le había ocurrido construir un mapa en relieve de España en su cercanía, en el mismo suelo, rodeado de una pequeña vallita, que causaba nuestra mayor admiración y que tuvo una vida efímera como otras tantas cosas dependientes de los políticos cambiantes; claro, que peor sería que no cambiaran estos nunca.


            Volviendo a la palmera, uno de los elementos  más y mejor recordado, contaba en su torno con uno de nuestros pasatiempos divertidos, el de arrojarle piedras a sus dátiles, que nos sabían a gloria, cuando los recogíamos del suelo después de atinar en sus racimos y que sólo entrañaba el peligro de que el guarda del parque rondara por allí para que suspendiéramos momentáneamente esta tarea o que se presentara por sorpresa en lo más álgido del proceso y tuviéramos que poner tierra por medio; contando para esto último como ventajas el tener una puerta pequeña de entrada en su proximidad, en estos casos mejor escrito, de salida, justo enfrente de la Vinícola, y la de correr como liebres.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA  Nº  244

2.- VIÑETAS DE PERSONAJES DEL 6 AL 10

            Personajes de Hoy
            6.- ANTENIO  Mac Netofón, de Joan Rafart Roldán, RAF.
            7.- LA ABUELITA PAZ,  de Francisco IBÁÑEZ Talavera.
            8.- EL CONDE MISERATTI, de Josep COLL i Coll.
            9.- EL LOCO CARIOCO, de Carlos CONTI Alcántara y        
            10..- CRISPÍN, Enric de Manuel González. ENRICH.

miércoles, 15 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO TERCERA

33.-   Un pulmón verde:   EL PARQUE HERNÁNDEZ    ( I )


                                            Escribe Saro Garandillas en su libro “Estudios melillenses. Notas sobre                                      urbanismo, historia y sociedad en Melilla” un corto e interesantísimo apartado                                         acerca de este parque nuestro, de sus orígenes y características, con un último                                         párrafo que me atrevo a copiar y que comparto plenamente con él y que dice                                            así:

“Podemos creer que en el futuro tanto como ahora el parque, admirado por extraños más que por propios, seguirá siendo el pulmón de Melilla, y que nuestros sucesores estarán persuadidos de la necesidad de su permanencia con el convencimiento de que solamente con él Melilla seguirá siendo Melilla

¡Qué de recuerdos!

         Ahora que uno reside fuera de Melilla y sin ánimo de hacer comparaciones, por aquello de lo odiosas que resultan éstas, es normal que sienta nostalgia de este rincón donde posiblemente transcurrieron, por la proximidad a nuestro hogar, muchísimos momentos de nuestra infancia, señal  evidente de que uno se va haciendo viejo.


            Este apacible lugar, bello como pocos otros de la ciudad, permanentemente vivo por sus continuas transformaciones y por ser sitio de encuentros, de juegos para niños, de solaz para los que dejaron de serlo hace bastantes años; propicio para incipientes enamoramientos, para el simple paseo o la conversación sin prisas, dejó infinitas huellas en nosotros; de ahí que no sea extraño el afecto que le tenemos, aumentado en el tiempo y en razón de nuestra diáspora.

      ¡Qué de recuerdos!

     Los Patos, el bar Las Flores, la pista de patinaje, el “Dancing”, las palmeras, sus fuentes con la central que aparecía y desaparecía como el río Guadiana según el gobierno de turno, la Caseta Municipal en las fiestas, sus paseos, las sillas, el templete de la música, las pérgolas, sus múltiples entradas...


            Es difícil que no se confundan o entremezclen los recuerdos, pero como estas reflexiones ante el paciente papel no tienen intención de convertirse en tratado histórico de la modernidad de nuestra ciudad, ni de nada, dicho sea de paso, sino simplemente en un mirar hacia un atrás no demasiado lejano, ello no debe preocuparme; ni tampoco quiero caer en la tentación de recabar información más fidedigna de otras fuentes más documentadas, incluso escritas e impresas ya; tan sólo me mueve el placer del recuerdo en una soledad buscada a conciencia.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


            ENTREGA Nº 243


            Llevamos haciendo una colección de personajes de los tebeos para ocupar el tiempo de ocio cuando llegó a la Jubilación, utilizando lápices de colores y a veces rotuladores. La colección está conformada con el nombre del personaje, la firma del autor y una sola viñeta de cada uno. Hoy comenzamos la misma con nuestros primeros cinco personajes.


             Los personajes de hoy son: 
ANGUSTIO VIDAL, del dibujante Arturo ROJAS de la Cámara.
ALÍ, el genio de la lámpara, de Francisco SIFRÉ Pardo.
AGAMENÓN, de Alejandro Santamaría ESTIVILL
La alegre PANDILLA, de Roberto SEGURA Morales y 
La Señorita ANA, de Rafael Ramos Morales - GALILEO.   
            

martes, 14 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:   PEDRO MONTES RAYA: El hijo de los porteros del portal número 6 

        Después sustituyó la botella por un trozo de tubo de la misma longitud del ancho de la tabla y se balanceaba como quería, recurriendo también a las anillas que hacía girar en sus brazos en cruz o a los juegos malabares con las pelotitas o las mazas e incluso hasta con un palillo y su correspondiente plato girando en cada una de sus manos. No exagero, era un auténtico artista para cualquiera que lo viera; pero para la gente menuda era algo más, un verdadero monstruo. Si hasta llegó a usar varios rulos y tablas a la vez, siguiendo la máxima circense del más difícil todavía.


            Lo que llamaba la atención en Pedrito  no eran sus ejercicios en sí, ya que no eran los números de mayor dificultad de los circos, ni los que gozaban de la mayor admiración pública; sino su fuerza de voluntad para conseguir lo que quería, siguiendo al pie de la letra aquella máxima muy frecuente por aquellos días entre nosotros y por supuesto, señalada siempre por los mayores, de “querer es poder” y que además era un auténtico autodidacta; pues jamás nadie y menos un chino, le llegó a enseñar lo más mínimo.

     Pedro Montes Raya había nacido, sin saber nadie el porqué, tan sólo él, para ser artista de circo. Pero sólo tuvo un lunar, el de faltarle el valor necesario para enrolarse en cualquiera de los muchos circos que visitaban nuestra ciudad, haber aprendido en serio este trabajo y vivir de verdad su aventura.


         No sé lo que hizo Pedro de mayor. Posiblemente terminó en los albañiles subiéndose, sin nada de vértigo, a poner los ladrillos de las fachadas de los pisos más altos o aprendería el oficio de limpiar los cristales de los ventanales de los rascacielos, colgado de un cable desde la azotea. Podría ser bombero en Barcelona, barrenero o picador en cualquier mina asturiana o alpinista en sus ratos libres, que sé yo; pero lo que no me imagino a Pedrito, por mucho esfuerzo que haga, es verlo sentado en una silla y ante una mesa llena de papeles, de administrativo, justificando su horario laboral y cumplimentando cuestionarios.

                                            

                                                                o

                            

                                                       pero jamás en


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA Nº 242

    EL TÍO PENCHO   ( II )

    MANUEL SÁNCHEZ BAENA  -  MAN   

        MAN fue un historietista de humor gráfico que recibió muchos homenajes y reconocimientos, de los que hablamos a continuación.

        Su nombre se puso a un jardín de la ciudad de Murcia. En la pista de petanca de Rincón de Seca hay un mural de unos 30 metros dedicado a él y su más importante criatura el Tío Pencho. En un muro de un Hotel de la ciudad murciana existe en monumental grafiti de su personaje.

Fue condecorado en los premios “Los Mejores de 2005” del diario La Verdad. La Federación de Asociaciones de Vecinos de Murcia lo premió como Vecino murciano.

   El mismo año de su muerte, 2020, fue nombrado a título póstumo como Hijo Adoptivo de Murcia por el Ayuntamiento.

   Se consideró como el reivindicador de las tradiciones y raíces de Murcia.

    Venancio Agudo, director de la Verdad, le encargó el trabajo de darle vida al Tío Pencho durante un año y llegó con este personaje a vivir de forma continuada casi medio siglo. Sus tiras fueron un claro reflejo de la calle misma y de lugares corrientes, por lo que llegaban tanto a los niños como a los adultos.

    Otros personajes más destacados que acompañaron al Tío Pencho fueron: el Pifanio, la Josefa, el tío Facorro y el Colasico. Y su preferido fue el primero de los citados, señalaba el autor, porque era más real, más buena persona y hasta mucho más simpático; pero que con el que soñaba incluso bastante noches fue el Tío Pencho, y por ello no le dio más cancha al Pifanio. 


 (El tío Pencho y su Josefa, bailando delante de la Catedral de Murcia)

lunes, 13 de abril de 2026

BIOGRAFÍA N0STÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:   PEDRO MONTES RAYA: El hijo de los porteros del portal número 6


            De los ejercicios físicos pasó a los malabarismos. Posiblemente llegó a nuestra ciudad cualquier circo con artistas que hacían juegos malabares o el mismo Teatro Circo de Manolita Chen, que se instaló en algunas ocasiones en el triángulo que había enfrente de la puerta principal de la plaza de toros, bastante cerca de donde vivíamos y él también lo vio y quedó prendido de aquellos ejercicios. Su tesón era inmenso y su habilidad igualmente debió de ser grande; pues a los pocos días jugaba con las pelotitas y las improvisadas mazas como si lo hubiera estado haciendo durante toda su vida. Los tres objetos del principio que volaban entre sus manos, con el paso de los días fueron dando paso a cuatro y después a uno más, dejándonos nuevamente maravillados. Por más que nosotros lo intentábamos con piedras, con pelotas de trapos, con trozos de madera de aquellos juegos de arquitectura de nuestros tiempos, hasta con naranjas u otras frutas y a escondidas en casa, porque se nos caían y con los golpes se ponían pochas, nunca nos acompañaba el éxito, en tanto que él lo veía facilísimo.


            Apareciendo otro día, porque él practicaba en su casa y hasta que no dominaba el juego no aparecía, con una caña fina, resistente y flexible sobre la que hacía girar un plato, como hacían los chinos. Y nada, que no se le caía en todo el rato, hasta que dejaba de girar la caña, le daba un empujoncito y caía en sus manos, ganándose el aplauso de todos lo que le rodeábamos boquiabiertos y no dando crédito a los que estábamos viendo.

            Era, sin duda, un artista o por lo menos, quería serlo. Cuántos platos tuvo que romper, podrá pensar cualquiera. En su casa no estaban para tirar cohetes; así que ya buscaría él el medio de no acabar con la vajilla propia, por muchos que rompieran los payasos en el circo algunas veces. Luego nos contaba que al principio ensayaba en su cuarto y que no le salía demasiado bien porque estaba más pendiente de que los platos no cayeran que en el propio juego malabar; que seguidamente lo hacía juntando las camas, la suya y la de su hermano mayor, que siempre le decía que estaba loco con aquellas cosas tan raras que inventaba, y sobre éstas para evitar, si cayera el plato, que se rompiera al golpear contra el colchón. Para al final decidirse por algo más práctico, por el uso de platos metálicos, que el único destrozo que podían sufrir es que si estaban pintados se descascarillaran.


            Lo de los platillos le duró una temporada. La ausencia de riesgos y lo monótono del ejercicio le llevaron por otro derrotero, que volvía a sorprendernos; pasando desde entonces al equilibrio, no sobre la cuerda ni sobre el cable, como los funámbulos, sino sobre el rulo. Un día colocó una tabla sobre una botella, apoyándola en uno de los extremos en el suelo, se subió a ella y se balanceó una o dos veces hasta que la tabla se marchó para uno de los lados y la botella para el contrario, dándose él un costalazo de padre y muy señor mío. Pero ya he dicho antes que era cabezota como el que más, que no se arredraba a las primeras de cambio, que una caída no lo iba a acoquinar, que era de los de erre que erre y siguió subiéndose y dándose golpes hasta que dominó a aquel rulo, que seguía siendo en principio una botella, y a la tabla, subiéndose y bajándose en ésta, balanceándose después, con la misma facilidad con que nosotros subíamos y bajábamos cualquier escalón.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


Entrega Nº 242

EL TÍO PENCHO   ( I )

MANUEL SÁNCHEZ BAENA  - MAN


        Humorista gráfico nacido en Melilla en el año 1934 y que falleció en Murcia el 10 de septiembre de 2020

        Manuel Sánchez Baena ejerció la Medicina con la especialidad de Cardiólogo en la Residencia Sanitaria Virgen de Arrixaca en su inauguración en el año 1968, ejerciendo la dirección de la misma y que actualmente es conocida como Hospital General Universitario Morales Messeguer.

       Además de humorista gráfico trabajó en publicidad, ilustró artículos en diferentes medios y publicaciones, presentó varias exposiciones pictóricas con obras  a plumilla y acuarelas, decoró piezas de cerámica que él mismo cocía.

          Pero por lo que más querido y admirado en toda Murcia fue por ser el dibujante creador de las tiras de prensa del Tio Pencho, publicándolas diariamente durante 49 años en el Diario de Murcia “La Verdad” desde el año 1971 hasta su muerte. Diario que el siguiente día de su fallecimiento publicó la última tira del Tio Pencho, dibujado por el mismo MAN, y que recoge la asistencia de su personaje con todos los suyos  al cementerio el día de su entierro.


        Sus personajes hablaban en “panocho” y el Tío Pencho vestía a modo tradicional de la Huerta de Murcia, con faja y zaragüelles, con la gayá y habitualmente  llevaba una colilla en la boca.

                                                  

domingo, 12 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:  PEDRO MONTES RAYA, el hijo de los porteros del portal número 6

    Con los trompos era un artista, les quitaba las púas originales, cortitas y redondeadas, y las reemplazaba por otras más largas, que introducía, nos decía, para que se ajustaran mejor untándolas de excrementos de caballos y que iba pacientemente puliéndolas en su punta para que quedaran suaves al bailar sobre las palmas de las manos, a lo que nosotros atribuíamos la expresión de “estar pajitas”. Lógicamente, en el arte de bailarlos también destacaba y hasta se atrevía a tirarlo al aire y cogerlo con la mano, donde el trompo bailaba sin ninguna dificultad.


            Por el contrario no tenía paciencia para jugar al fútbol con los botones y menos aún a aquellas vueltas ciclistas que organizábamos con chapas, dándoles chiclazos con el dedo corazón suelto después de retenerlo con el pulgar y siguiendo rutas que presentaban toda clase de dificultades o trampas, dibujadas en el suelo de la plazoleta. Se aburría con estos juegos que él tenía por muy sedentarios y lentos; además de sujetos a demasiadas normas estúpidas, como la de si te salías, aunque fuera al final, tenías que empezar de nuevo o que no valiera cortar camino entre tanta curva dibujada en el suelo o tener que esperar un turno, que se hacía pesadísimo cuando eran muchos los jugadores, que era lo habitual. 
Aunque tenía la misma edad que nosotros en muchas de sus cosas parecía mayor y no sabría explicar el porqué; quizás porque era educado y serio en su trato con los mayores, lo que le habrían inculcado sus progenitores desde la portería y con relación a todos los vecinos del portal y que él trasladaba a todo el mundo que le rodeaba.

        Sin embargo, lo suyo era el circo. Soñaba con ser artista circense y con que su nombre algún día apareciera en cualquiera de aquellos grandes carteles que llenaban la ciudad cuando estos se desplazaban a Melilla.


            Y toda esta historia la empezó por los ejercicios físicos que hacía y que todos no podíamos llevar a cabo o estábamos expuestos a algún que otro batacazo si lo intentábamos. Empezando por aquel de colocarse en sentido vertical y cabeza abajo apoyándose en las palmas de las manos, lo que llamábamos el pino, sin necesidad de la pared, con cuya ayuda lo hacían algunos otros. Pero es que él llegaba a más, pues se permitía el caminar en esta postura durante un buen trecho. Siguieron a estos ejercicios sus “cangrejos” en sus dos vertientes. Daba una voltereta y sin levantarse al caer, con el cuerpo totalmente encorvado y mirando hacia arriba, caminaba como este animal, apoyando manos y pies o también, conseguía esta figura, echándose el cuerpo hacia atrás lentamente y curvándolo, flexionando sus piernas, hasta que con las manos tocaba el suelo. Nos parecía que estaba descoyuntado. Y por último vinieron sus mortales; primeramente uno sólo y después, con el paso del tiempo y cuando adquirió seguridad, varios.

            Nosotros alucinábamos con sus ejercicios y demostraciones. Los más atrevidos cuando lo imitaban se daban golpes de campeonato; por ello, todos le admirábamos y lo considerábamos algo distinto y raro. Es que no era normal que uno de tus amigos quisiera ser, así por las buenas, artista de circo y más aún, aprendiendo solo en el patio de la portería de un bloque de pisos.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


Entrega Nº 241

LA FAMILIA CHURUMBEL   ( II )

MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO  Biografía en la Entrega nº9

                En esta imagen falta el hijo mayor

La familia Churumbel está compuesta por los siguientes personajes:

El cabeza de familia es Mamué, hombre robusto y bigotudo, tocado con un bombín y que siempre fuma puros. Es muy alegre y muy valiente, poseyendo grandes dotes de líder y está dotado con un gran ingenio.

Su esposa es Rosariyo, de profesión ama de casa, dedicada a sus labores. Es una mujer muy sumisa y que admira un montón a su marido. Nunca le falta  su enorme pañuelo atado al cuello, donde reposa su hijo menor, el pequeño de la casa, un bebé que a pesar de contar con pocos meses ya aprendió el oficio de robar todo lo que se pone a su alcance. Es sin duda el más digno y prometedor continuador de la familia.

Después tenemos al abuelo, que es un vejete muy bajito, de enormes bigotes blancos y con un gorro cordobés que tapa casi su rostro, menos la nariz. Es el rey de los afanadores y capaz de llevar a cuestas gigantescos objetos.

Y nos falta el hijo mayor, el que no está en la imagen, porque es considerado como la “oveja negra” de la familia, ya que le encanta seguir estudios universitarios y el trabajo. Toda un terrible vergüenza para su padre, Manué.