sábado, 25 de abril de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
viernes, 24 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Ellos también nos visitaban al pueblo y a nuestras
casas; la de Clemente y la mía, eran las suyas. Recuerdo aquellos veranos, creo
que fueron dos o tres, en que nos visitaron unas veces con las niñas y otras
sólo la pareja, casi de paso, pero incluyendo casi siempre El Viso del Alcor en
su ruta a tierras gallegas o de regreso de cualquier rincón de España, que a
los dos les encantaba viajar. Coincidiendo por ser verano en nuestra estancia
en una pequeña finca que nos dejaba don Manuel de los Santos, el médico del
pueblo, a la que llamábamos el “Campito”, por sus dimensiones y en donde la
gente menuda lo pasaba bomba, estando el mayor tiempo posible metidos en la
piscina para mitigar el calor, jugando en el césped que la rodeaba o dormitando
bajo la monumental higuera que ocupaba uno de sus rincones; en tanto que los
mayores, además de refrescarnos también en la piscina y con las bebidas propias
del estío sevillano, lo hacíamos fenomenal a la hora de yantar. Luciano y Tere
en cada posterior encuentro siempre nos preguntaban si seguíamos disfrutando de
aquel campo, porque en él pasaron con nosotros veladas muy divertidas y
agradables; llamándole la atención aquel señor que guardaba la finca, producto
típico del agro andaluz, portadores de la sabiduría popular de esta bendita
tierra, sin haber pisado en su vida una escuela que no fuera la de su vida, por
dos repetidas frases, la de “Eso ni se sabe” y la de que “Comíamos como
buitres” y al que conocíamos como el “Pezcue”.
Otra de las virtudes de Luciano es la de su agradable y fluida escritura. Aún guardo entre mis papeles postales de algunos de sus viajes, como aquel que hicieron a México, en unión de los suyos, cuando todavía este país no era destino casi obligado de muchas parejas de recién casados como ocurre en la actualidad y sí ruta de curiosos y aventureros como lo eran ambos. O aquella otra carta que recibí con motivo de, por el azar de la vida, ser elegido como alcalde en mi pueblo de residencia, llena de sabios consejos, de sentidos deseos de éxito en la gestión y con el encanto que caracterizaban a todos sus escritos.
Fueron Luciano y Tere permanentes animadores para
que expusiéramos nuestras obras en Melilla; especialmente en aquella del año
1979 en la Sala de Arte de la Delegación de Cultura, donde ya trabajaba él
realizando una labor encomiable en la defensa y recuperación del patrimonio
histórico de nuestra ciudad, sita en la calle General Bertomeu y en la que
expusimos óleos, témperas y plumillas o en la del verano siguiente, en vista de
la acogida extraordinaria que tuvimos en la anterior por parte de nuestros
paisanos y como gratitud a ello, ya que sólo había pasado poco más de medio
año, ocho meses en concreto. Pero es que Luciano no sólo propiciaba éstas, sino
que luego retrataba desde su perspectiva el contenido de las mismas a través de
dos artículos llenos de interés para nosotros, advirtiendo de antemano que
estaban al margen de la crítica y que tituló con “Reencuentro con la pintura de
los Hermanos Calabuig” y “Los Hermanos Calabuig, notarios del pasado”, poniendo
de manifiesto el conocimiento que tenía más de nuestras personas que de
nuestras obras y su saber en torno a nuestra común Melilla
Hombre culto y sin renunciar nunca a sus raíces, Luciano, ya en el año 1970 y con motivo de nuestra exposición en la Coruña, en una carta respuesta en la que nosotros le exponíamos nuestros proyectos por su tierra y deseábamos, entre otras cosas, información acerca del aumento del número de integrantes de su familia, nos hablaba de su Rosalía de Castro, de aquella universal gallega de las letras y refiriéndose en alusión directa a su obligada emigración nos señalaba aquellos versos llenos de auténtica y sentida morriña de:
O nos recordaba a Curros Enríquez, lleno de nostalgia, diciéndole a las golondrinas:
“Quén pudera dar volta...,,quén pudera con vosco voar!”
Y me enviaba un escrito sobre las vísperas de San
Juan, en donde en Galicia el fuego también se hace magia, como en ningún otro
lugar de
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
jueves, 23 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El otro, nuestro querido y apreciado al máximo
Luciano, gallego de pro y melillense de adopción y por corazón, dedicó más sus
pasos hacia lo político-social y lo cultural, sin olvidar en principio, por
exigencia del propio guión lo físico. Era y sigue siéndolo, con los muchos años
mucho más, un extraordinario y ameno conversador y hombre de fácil pluma, que
permaneció para siempre en nuestra ciudad.
Coincidimos con ambos en el tiempo, en sus innumerables proyectos de cambio y fuimos permanentes colaboradores de los mismos en los años en que estuvimos en Melilla; hasta tal punto que lo acompañé como profesor de voleibol, junto a Clemente y Rafael Imbroda, nuestro querido Falo, en el curso que el primero dirigió en la Universidad Deportiva de Verano de la OJE en Gijón y al año siguiente me dejó la responsabilidad del mencionado curso, porque él tuvo que ocupar un cargo superior, en la celebrada en La Coruña.
Impulsaron el deporte de base en nuestra ciudad, que entonces estaba canalizado a través del Frente de Juventudes y de las competiciones escolares y Melilla comenzó a sonar, primero en los sectores andaluces y posteriormente a nivel nacional, en algunos deportes, entre los que destacó el voleibol, que dejó de ser en nuestra ciudad el “maricavolea” para convertirse en un deporte lleno de atractivos, que congregaba en el campo de Bandera de Marruecos un buen número de practicantes a modo oficial y reglamentado, así como apuesta interesante de diversión y entretenimiento.
Ejercieron su docencia en los diferentes centros oficiales de nuestra Melilla y se notó su labor de forma notable por aquellos años.
Luciano, que se afincó definitivamente en Melilla y con el que siempre hemos mantenido contactos puntuales, es para nosotros como algo familiar y ello lo demuestra el hecho de que cuando hemos vuelto a Melilla, después del primer contacto con la familia, nuestra primera llamada telefónica era para Luciano y los suyos y la primera visita, salvada la familia, era a su hogar o a la Delegación de Cultura para darle un fuerte abrazo, que siempre fue correspondido con el mismo afecto y sinceridad.
Aquel gallego divertido y afable siempre con sus amigos, algo más reservado y tímido con los ejemplares del sexo opuesto, siempre sonriente en el trato con sus compañeros, excelente conversador como señalé anteriormente y que no perdió del todo su acento, un día encontró por las mismas casualidades de la vida a una encantadora melillense, que le sorbió el seso; aunque él como buen gallego no tratara de manifestarlo en exceso, por aquello de que no se notara mucho su enamoramiento y formó un hogar en Melilla, el de Luciano y Tere, que pronto se vio felizmente engrandecido por tres adorables hijas, María del Mar, Alejandra y la pequeñita y encantadora Yolanda Patricia, a las que vimos nacer y crecer y por las que sentíamos el mismo afecto que por sus padres y pienso que hasta era mutuo, ya que en su niñez nos apreciaron infinito, bastando para comprobarlo la alegría que les daba cuando nos encontrábamos.
Tere ya demostró su entereza y fortaleza, el amor que sentía por su pareja, cuando le acompañó fielmente durante algunos meses en que nuestro querido Luciano se vio obligado a recluirse para superar una crisis en forma de enfermedad en los aires sanos de San Lorenzo de El Escorial.
Cuando por diferentes motivos volvíamos a Melilla, unas veces solos porque aún no habíamos roto nuestro celibato o acompañados, cuando ya nos incluyeron, eso sí, por propia voluntad, en el capítulo de los casados, como señalé antes, una visita obligada o las que fueran menester, era a su hogar, para compartir nuestras vivencias que caminaban por derroteros diferentes, para intercambiarnos sentidos afectos, para gozar de su acogedora residencia, para participar en ágapes sobre el mismo mantel, para recrearnos con sus caprichos siempre demostrativos de un buen y delicado gusto, para disfrutar de las pinturas colgadas en sus paredes, en donde nunca faltaron modestas plumillas de los hermanos Calabuig, para vernos abrumados por las atenciones y detalles de ambos y para deleitarnos con la gracia y el encanto de sus tres pequeñas criaturas.
(Luciano con los mellis en el Albergue de Ataque Seco en Semana Santa)
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
miércoles, 22 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
(Luciano Tejedor, el de la derecha, con la compañía de Antonio de Antonio Campoy, con un equipo del Instituto en la cancha de la Hípica)
El nombre de María se nos presenta con diferentes significados, es por tanto polisémica, y de esta palabra hacemos usos que la engrandecen y otros con un sentido algo peyorativo.
María fue la madre de ese Niño tan especial cuyo nacimiento marcó el comienzo de toda una era, la del mundo cristiano y que puede considerarse como el acontecimiento más importante de la Humanidad para los que compartimos esa fe.
María se llamaba mi querida hermana, virtuosa y encantadora mujer, que cuando se nos fue de este mundo en plena juventud nos dejó un vacío difícil de ocupar.
Pero con María también se suele nombrar a la mujer sencilla y de poco nivel cultural, en un tono evidentemente despectivo.
Y por último, a aquellas asignaturas de los estudios
que se aprueban con excesiva facilidad o que carecen de importancia para la
mayoría, reciben el nombre de Marías, en plural.
Entre éstas últimas y en los años de nuestra niñez y adolescencia, encontrábamos principalmente a tres: la Religión, la Educación Física y la Formación Política o del Espíritu Nacional, a pesar de tener nombre tan rimbombante.
La Religión no entendíamos por qué era una
asignatura y seguimos a pesar de los muchos años vividos sin entenderlo.
Pero un día desembarcan en nuestra ciudad dos
jóvenes “Oficiales Instructores” de la nueva hornada, con evidencia de su mejor
preparación académica y bastante cambia el panorama de estas asignaturas en
donde ellos ejercen su docencia; principalmente en Educación Física, dándole otro
aire y preocupándose por el fomento de la actividad deportiva, no tanto por la
Formación Política, ya que era muy difícil transformar el carácter de la misma.
No obstante, pelearon con empeño para que también fuera otra historia, que en
nada se parecía a la recibida en años anteriores. Estos dos jóvenes fueron
Antonio de Antonio Campoy y Luciano Tejedor Mata, de gratos recuerdos en la
ciudad. El primero, después de ejercer durante bastantes años su docencia en
Melilla y principalmente en torno a
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martes, 21 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Qué malo tenía el jugar a la pelota en el parque o
que le diéramos, eso sí, sin querer, un pelotazo a una buena señora que pasaba
por allí. De verdad que no entendíamos el porqué de ponerse en medio de nuestro
improvisado campo de fútbol, en lugar de pasar por otro lugar, que el parque
era grandísimo.
Qué daño hacíamos refrescándonos, después de tanto correr y correr, dirigiendo el chorro de la fuente de beber para que el agua llegara a todos, incluso a los que no la querían o no participaban a veces en nuestros juegos; acaso esto no era hasta divertido.
Por qué interpretaban como algo malo, que además lo habíamos aprendido hasta en la escuela, aquello de que el camino más corto era el recto y su aplicación en la vida real cruzando por medio de un jardín o teniendo que atravesar un seto para evitar ser cogido o sencillamente para llegar antes o el primero. Es más, las competiciones no las habíamos inventado nosotros, que nos las enseñaba continuamente la vida misma y en cada instante.
Quién se atreve a decir que los dátiles no estaban ricos e incluso que nos ponían tan altos los frutos de las palmeras que nos obligaban a coger tan delicioso manjar tirándoles piedras.
Por qué no entendían que molestásemos a las parejas de enamorados que había en los bancos y en la oscuridad, ambos demasiado juntitos, cuando el mismísimo cura, al que por entonces besábamos su mano cuando lo veíamos por la calle, nos decía que allí estaban pecando y hasta, pensaban algunos, que podríamos salvarlos así, con nuestras intervenciones, del fuego eterno, del mismo infierno. Aunque algo no debía de funcionar bien en todo esto, pues nuestras molestias no servían para que dejaran de pecar y sí para que se acordaran de nuestros progenitores y difuntos.
Por qué nos obligaban a saltar o a meter nuestra cabeza, que cuando pasaba ésta pasaba todo el cuerpo, salvo en raras ocasiones, entre los barrotes de la verja para entrar o salir del parque en lugar de tener que ir hasta las puertas, algunas de las cuales a veces permanecían cerradas.
Qué malo había en el querer entrar a algún espectáculo sin pasar ni por la taquilla ni por la puerta, colándonos, si en la mayoría de las veces no teníamos ni siquiera una perra gorda, de aquellas que llamaban “barbúas”.
No les agradaba ni que corriésemos, así no podíamos tener campeones olímpicos, ya que a todos los niños españoles en todos los parques de España, pensábamos que les ocurría lo mismo que a nosotros; hasta tal punto que cuando lo hacíamos y nos dábamos de cara con ellos, parábamos en seco, disimulábamos durante unos segundos y reanudábamos de nuevo la carrera a los pocos pasos. Pues anda que no te fastidiaba un montón el que encima del frenazo obligado te cogieran jugando a un “pilla-pilla” por culpa de un guarda.
Con lo bien que se podía uno esconder entre tanto follaje; pues ni esto nos dejaban hacer. Menos mal que el parque era muy grande y ellos escasos.
¿Tendrían hijos ellos? Pues claro, pero tampoco los dejarían jugar en el parque.
Qué mal hacía, entre miles de flores, que cogiéramos un día, no todos, unas pocas para regalársela a la niña nueva que había llegado al barrio y que nos enamoraba de pronto y en principio a todos porque hablaba muy fino y a la que había que causarle una grata y delicada impresión.
Sin embargo, a los perros que iban haciendo todas sus necesidades por todas partes no les decían ni hacían nada y menos aún cuando iban con sus dueños, que hasta los saludaban sonriendo. Con el asco que nos daba cuando pisábamos alguna “catalina” y lo que teníamos que aguantar, de bromas, por parte de los compañeros.
Muchas razones para no llevarnos bien con ellos, para no entendernos, ¿verdad?
Claro que, un parque sin guardas también debía de ser demasiado aburrido.
Y desde nuestro mirador, desde aquellos dos ventanales enormes de nuestra casa, veíamos cimbrearse por mor del viento, como meciéndose, las altas palmeras, que como vigías y voceros permanentes pregonaban la grandeza de este parque Hernández, orgullo de todos los melillenses.
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lunes, 20 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Uno de los alicientes mayores para nosotros y aunque
del mismo sólo gozábamos unos pocos días al año, los que duraban las fiestas de
septiembre con sus vísperas y novenas, era
Nos vestían para la sesión infantil con las mejores galas, de punta en blanco y nunca mejor dicho, pues predominaban las camisas y pantalones, todavía cortos, de tal color, zapatos gorilas, aquellos de suelas de goma y por los que te daban una pelotita verde, y calcetines también blancos e inmaculados. Nos daban dinero para la entrada, para un refresco y para alguna chuchería y todos dispuestos a participar en mayor o menor grado en los juegos que organizaban los animadores de la fiesta, que generalmente eran unos payasos, para conseguir algunos de los premios que otorgaban a los ganadores.
Lo pasábamos tan estupendamente que no nos dábamos cuenta del paso del tiempo; la noche se venía rápidamente encima, la velada se encendía y como en un abrir y cerrar de ojos nos veíamos camino de casa para dejar el lugar para los mayores, con buenas orquestas, baile y atracciones más variadas. Nosotros, si estábamos en casa, porque no comenzaba demasiado pronto, pero sí a una hora que los pequeños podíamos ya estar recogidos, no las veíamos, aunque sí que las escuchábamos claramente o mejor dicho, mezcladas con el variopinto sonido o ruido, como quiera entenderse, de la música andaluza, la copla, la marroquí, las voces de la gente que cuánto más ruido hay más fuerte habla y los variadísimos pregones y reclamos siempre en alta voz.
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domingo, 19 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Por otra parte, otro pasatiempo infantil en torno al
parque, que se convertía en auténtica competición, era el de recorrer todo su
cerramiento, subido en él y sujetado a su verja de hierro, sin tocar la acera,
salvo en las puertas grandes, ya que las pequeñas las cerrábamos y pasábamos
también sobre ellas. Tenía esta experiencia como grandes dificultades los
pilotes que de trecho en trecho existían entre las rejas, a los que no
alcanzábamos a rodear con nuestros brazos por sus dimensiones y que teníamos
que salvarlos sujetándonos con las manos en unas ranuras que presentaban a
diferentes alturas y apoyando los pies en un borde que no tendría más de cinco
centímetros. El resbalar y caer no tenía gran riesgo, pero sí te producía el
enfado correspondiente, ya que te veías obligado a volver al principio de la
ruta, lo que suponía además quedarte el último. Aunque ello tenía un único
consuelo, que las caídas por diferentes motivos eran frecuentes y no resultaba
demasiado complicado lo de dejar los puestos de cola, al igual que volverlos a
ocupar.
Y ya que hablo de su verja, viene a mi memoria la existencia de unas ramitas, de grosor como de un cigarrillo, prietas y que crecían como enredaderas, a las que llamábamos, sin tener nada que ver con la manzana y sin saber tampoco el porqué, sidra, que utilizábamos al igual que la matalahúva como anticipos de los primeros cigarros; cortándolas en trozos aproximadamente del mismo tamaños de éstos, lo encendíamos y en lugares recónditos y sin apenas luz, chupa que te chupa, dábamos nuestros primeros pasos en esto de sentirnos hombres antes de tiempo, identificando al tabaco y su consumo con la mayoría de edad y con el fruto prohibido.
Sin olvidar tampoco que éstos, salvo los que claramente pertenecían a los que llamaban por entonces de la acera de enfrente, los de la cáscara amarga, que no faltaban, los mariquitas azúcar para los pequeños o maricones para los adultos, que por aquellos años casi nadie estaba sensibilizado con el tema de la homosexualidad, sino todo lo contrario, aprovechaban esta estancia en el parque para intentar pegar la hebra con las que hacían el mismo servicio doméstico que ellos, pero en mujer, las chachas, las criadas, y con un sueldo que era también, salvo raras excepciones, escaso, por aquello del abuso ante la mucha oferta... Era corriente ver parejas de este tipo, incluso algo relajados en el cuido de los respectivos niños, que el amor tiene y tenía igualmente en antaño, entre otras cosas, lo de ser bastante absorbente y no dudo tampoco de que de aquellas relaciones, en principio pasajeras y coyunturales, pudieran surgir otras más estables, que alargaban la estancia del muchacho algo más o mucho más que la habitual de su servicio militar obligatorio con la patria y que les llevara a una mayor y distinta obligación de cuidar niños propios y no ajenos. Aunque esta especie entró en peligro de extinción con el paso de los años, casi llegando a su total desaparición, por lo menos para estos menesteres y otros, con la llegada de un Comandante General, que cambió muchas cosas cuando fue destinado a nuestra ciudad y que por ello fue un personaje controvertido, no sólo para los militares, sino también para la población civil y que se llamaba Gotarredona.
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sábado, 18 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El espacio más frecuentado por nosotros era el relatado al principio, lo que no quería decir que nos fueran desconocidos los otros tres cuartos, que visitábamos también, pero que considerábamos como algo más lejanos. Precisamente a su derecha y nada más atravesar las pérgolas circulares, que existían al entrar por las dos puertas citadas, había una fuente de agua potable, que no sé por qué razón era la que preferíamos con relación a las otras que en el parque había, a la cual acudíamos para aliviar nuestra sed o para jugar con el agua y ponernos perdidos, si no estaba el guarda, una vez satisfecha la misma y por riguroso orden de jerarquía, privilegio que siempre tenían los mayores y más fuertes si íbamos en manada.
Junto a ésta o quizás sea más correcto señalar que ella se encontraba en las proximidades de otro bar, que como el de Las Flores, en el verano melillense, también contaba con orquestas para atraer y animar al público amante del baile o sencillamente de pasarlo bien oyendo música, conversando y haciendo más llevaderas las calurosas noches de la temporada estival de nuestra ciudad, que siempre en el parque, entre tanto verde, mejores sombras durante el día y los oportunos riegos, se hacían más soportables. Y la prueba más evidente de esto último era la costumbre que existía por aquellos años, en su cercanía y en el paseo central, de pagar una cantidad módica por el alquiler de las sillas, que eran de
Y en este último juego entrábamos nosotros, no sólo porque carecíamos de la cantidad necesaria para el alquiler de las mismas, sino porque considerábamos aquel gasto como superfluo; ya que las pocas perras, chicas y gordas, que teníamos había que guardarlas para las chucherías del carrillo de María, para los polos de Morillas para ver además si salía la palabra regalo en el palito o para los helados de El Buen Gusto, para los tebeos de El Guerrero del Antifaz, de cuyo dibujante, M. Gago, nos decían que había iniciado aquellas aventuras cuando se recuperaba en el hospital de su tuberculosis, con lo que ganaba puntos para nosotros, amantes de lo morboso, o los de Hazañas Bélicas y otros; pero no para sentarse y menos aún habiendo bordillos y bancos gratuitos. A nosotros todavía, por los pocos años, no nos preocupaba la vida social, aunque la hacíamos inconscientemente y si íbamos allí era por mimetismo, porque otros iban, porque nos divertíamos agudizando también nuestro ingenio. Aparecíamos, no a primera hora, que para ese tiempo teníamos otras ocupaciones lúdicas, por supuesto; sino algo más tarde, cuando algunos comenzaban su retirada, dejando sillas libres que nos apresurábamos a coger, unas veces pidiéndoles el tique con el mayor descaro si no los conocíamos o por favor, si queríamos demostrar lo educadito que éramos. Si no obteníamos el favor no había problema, a disimular y a gozar del privilegio hasta que llegara el encargado y se llevara las sillas al comprobar que no teníamos el oportuno tique; resultando hasta divertido este pasatiempo, no ya el de sentarte, sino el de ver lo que durábamos hasta que nos dejaban sin asiento y volver a empezar en otro rincón, que el espacio era grande y contaba con bastantes recovecos. Curiosamente, pasábamos veladas en las que nadie nos molestaba y otras sin posibilidad alguna de poder sentarte, que todo dependía de la leche del encargado de turno, que no siempre era el mismo.
Algo a destacar del Parque de antaño era el
aristocrático templete de música que existía junto a la fuente central y más
próximo a la salida de la calle Marina, donde las diferentes bandas de Melilla,
que las había en cantidad y buenas, pero principalmente
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viernes, 17 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El bar Las Flores era en muchas ocasiones otro lugar de paso, pero con el inconveniente de que cuando abusábamos en su uso, su dueño de turno, que los hubo muchos y de diferentes caracteres, se enfadaba y ponía fin al tránsito infantil por allí, que para eso era su establecimiento y nosotros, los pequeños, no le consumíamos nada.
Era un pequeño bar que sin embargo, contaba con un agradable espacio en el interior del parque que utilizaba como terraza con numerosos veladores y sillas, cuya cantidad dependía del ambiente que tuviera en cada momento y que cuando llegaba el verano, lo más lejano que recuerdo en el tiempo, se convertía en recinto musical de gran éxito y que daba también a la calle Teniente Coronel Seguí. Era lo que nosotros llamábamos por aquellos años cincuenta o sesenta el “Dancing”, donde una orquesta, de aquellas principalmente de instrumentos de viento y con vocalista, animaba las veladas con los ritmos y canciones de moda, como aquellas de “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”, “La casita de papel”, ”Tengo una vaca lechera” o “La cucaracha” y que como ocurre en la actualidad, cada estío ponía en moda alguna de ellas, que repetían hasta la saciedad, por lo que terminábamos, tan sólo de oírlas, pues nosotros todavía no teníamos edad para acudir a tales veladas, por aprenderlas como todo el mundo.
Las canciones de José Guardiola, Bonet de Sanpedro, Gloria Lasso, Machín y otros muchos más, por señalar a algunos, no faltaban en el repertorio de estas orquestas.
Dos avenidas o paseos cruzados dividían al parque,
con planta más o menos trapezoidal, en cuatro zonas con diferentes
características, perfectamente diferenciadas para nuestras mismas actividades;
teniendo su puerta principal, que no la más transitada, en su fachada de la
plaza de España, que siendo la de menor longitud, contaba con sus dos torres,
con la figura de Guzmán el Bueno, arrojando su puñal para que los sarracenos
sacrificaran con él a su hijo antes de entregar la plaza de Tarifa al invasor,
que así nos lo contaban en la escuela, y con el escudo de la ciudad. La otra
puerta grande daba a la calle Carlos de Arellano, frente a la pista
polideportiva de Bandera de Marruecos o al solar donde se instalaban los circos
cuando venían a la ciudad. En este fondo existían otras dos puertas más pequeñas, la citada que nos servía de
huida para nuestras aventuras datileras y la que se encontraba enfrente de
Esta avenida con importante arboleda a los lados y también variada, en ocasiones se vio interrumpida de forma amable por diferentes fuentes, entre las que destacaría aquella que de pequeño llamábamos de las “luces”, porque fue una novedad para nosotros los variados colores, así como los dibujos que el agua hacía, variando sus surtidores, modestos y no comparables con los de la fuente de la Plaza de Cataluña barcelonesa, por supuesto; pero muy interesantes para nuestros pocos años, los juegos de agua y luz que desarrollaba y que un día, por mor de cambios políticos y abundancia o derroche de caudales públicos, digo yo, desapareció a cambio de nada o de otras imitaciones que nunca alcanzaron el éxito de aquella.
El paseo más corto de aquella encrucijada era el que unía las calles Teniente Coronel Seguí y General Marina, desde enfrente de
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jueves, 16 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Subiéndonos en el cerramiento de fuera veíamos a los patos con su caminar tan característico y “patoso”, gracioso para la menudencia en general, uno detrás de otro y acudiendo, tanto en tierra como en el agua, a las migas de pan que les arrojábamos o a las cáscaras o piel de los altramuces después de habernos comido su semilla interior. Desde el interior del parque el espectáculo era el mismo, aunque podíamos ver unas casitas, como las de los perros con tejados inclinados, en donde se refugiaban de noche o al atardecer si es que los dejábamos tranquilos o buscando esa misma tranquilidad.
Junto a este estanque existía una pista multiuso que en épocas llegó a tener una baranda de tubos metálicos, en donde se podía jugar a todo, desde patinar hasta dar patadas a una pelota -siendo ésta como una antesala de las actuales dedicadas al fútbol sala- o corretear al “Tú la llevas”, etc., y alrededor de la cual se ponían los palcos durantes las fiestas de septiembre, usándose entonces como pista de baile y lugar de juegos con los payasos; sin olvidar a una gran palmera de hermosos y dulces dátiles en una de sus esquinas.
Siguiendo las teorías pedagógicas del Padre Manjón, a alguna autoridad se le había ocurrido construir un mapa en relieve de España en su cercanía, en el mismo suelo, rodeado de una pequeña vallita, que causaba nuestra mayor admiración y que tuvo una vida efímera como otras tantas cosas dependientes de los políticos cambiantes; claro, que peor sería que no cambiaran estos nunca.
Volviendo a la palmera, uno de los elementos más y mejor recordado, contaba en su torno con uno de nuestros pasatiempos divertidos, el de arrojarle piedras a sus dátiles, que nos sabían a gloria, cuando los recogíamos del suelo después de atinar en sus racimos y que sólo entrañaba el peligro de que el guarda del parque rondara por allí para que suspendiéramos momentáneamente esta tarea o que se presentara por sorpresa en lo más álgido del proceso y tuviéramos que poner tierra por medio; contando para esto último como ventajas el tener una puerta pequeña de entrada en su proximidad, en estos casos mejor escrito, de salida, justo enfrente de la Vinícola, y la de correr como liebres.