martes, 24 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN   ( IV )

        Y volviendo al tema, llegado este día de vísperas, desde hora bien temprana todo era un ir y venir recogiendo objetos inservibles y apilándolos en el lugar escogido para la hoguera. Cuando alguno aparecía con algo voluminoso era aplaudido y vitoreado. A veces alguien venía a reclamar ayuda porque sólo no podía con el trasto. Lo almacenado y seguro lo dejábamos para el final. Algunas mujeres, que también participaban los adultos en esta fiesta, una vez realizada las faenas de casa, confeccionaban entre risas el muñeco de trapo que servía para coronar nuestra fogata. Otros conformaban el armazón de la misma con los troncos y maderos más largos. La ilusión era tremenda y la actividad febril, no se paraba ni un instante y nuestros ojos brillaban de emoción al verla crecer, la competición consistía para nosotros en mejorar a la del año anterior.

         Cuando llegaba el mediodía había que tomarse un descanso que coincidía con la hora del almuerzo, que aquel día era más frugal o que se ingería con mayor rapidez, deglutiendo los alimentos casi sin masticar. Y sin olvidar de dejar un retén que velaba por la seguridad de nuestro preciado tesoro. Se establecían los oportunos turnos integrados por grupos de chavales que armados con palos vigilaban nuestra singular pira donde ardería en la noche el monigote de trapo.


            Después de comer volvía la actividad. No importaba el calor en aquella jornada ni la digestión, el sudor por aquél y por el esfuerzo realizado te confortaba. Aquello crecía desmesuradamente; sobre todo, en comparación con nuestra propia estatura, pues había troncos y palos que buenamente la triplicaban. Hasta dónde llegarían las llamas este año, pensábamos, y las chispas o pavesas que la fuerza del fuego y el aire las lanzaban al cielo por encima de nuestras cabezas. Menos mal que por allí no había cables de la luz.

     Con tanto trajín la ropa se ennegrecía o manchaba, cosa que no nos preocupaba en absoluto tal día; algún siete aparecía como fruto de cualquier enganchón; golpes con los consiguientes moratones y heridas eran inevitables; para los arañazos, que abundaban con tanto trasiego, lo mejor era la salivita, que lo aliviaba todo.

     La noche se nos venía encima sin apenas darnos cuenta por la misma tarea frenética y se acercaba uno de los momentos críticos, el del encendido, en cuya hora de llevarlo a la práctica nunca nos poníamos de acuerdo; en especial, porque queríamos hacerlo siempre lo más tarde posible por dos razones: por ganarle horas a la noche y porque la nuestra luciera cuando las restantes agonizaban.

     Como para esto ya estaban los mayores, que por tener que manejar cerillas, encendedores y hasta combustibles líquidos, con los que rociaban partes claves de la misma, a ellos correspondía tal función; aunque cada chico hacía lo que le parecía y cualquiera nos impedía meter alguna baza en nuestra candela.

     La expectación era extraordinaria, centenares de personas de todas las edades se congregaban en torno a la misma, procedentes principalmente del Barrio Obrero y sus alrededores. El cielo de la ciudad empezaba a enrojecer por todos sus rincones, columnas de humo ascendían convirtiéndose en indicadores de encuentros alrededor del fuego.


            Éste devoraba todo lo que encontraba apilado allí. Su magia nos atraía y enganchaba nuestras miradas a sus colores y formas continuamente cambiantes. Gritábamos, cantábamos y danzábamos a su alrededor cuando comenzaba a arder; luego el fuerte calor nos iba obligando a retirarnos. Algunas mangueras caseras conectadas a grifos de las casas cercanas se preparaban por si las moscas. El fuego seguía su marcha y cada vez se hacía más grande, ascendiendo en múltiples lenguas hacia las alturas; pronto éstas superaban la segunda planta de las traseras de los bloques de Teniente Coronel Seguí. En el humo blanco flotaban las cenizas y chispas y los pequeños estallidos y el chisporroteo se mezclaban con nuestras voces. El asombro no cesaba.

     Como la misma vida, pasados los momentos de esplendor del fuego desembocaban o daban lugar a su debilidad, su altura iba disminuyendo al igual que su potencia y los jóvenes le ganábamos terreno a sus alrededores. En razón de su progresivo decaimiento la gente se atrevía a hacer ruedas en su torno, cogidos de las manos, y cantaban en este improvisado juego canciones tradicionales de corros, en donde participábamos chicos y mayores y sin distinción de sexos. Y cuando casi se agotaba, cuando las llamas eran mínimas y las ascuas marcaban el círculo de la hoguera, los mayores y más atrevidos, comenzaban a realizar sus saltos, nunca exentos de riesgos por quedarse cortos o por el peligro entre tanto desorden y algarabía de saltar en los dos sentidos a la vez. Algunos movidos por su inconsciencia, arriesgaban en ellos y terminaban por pisotear las ascuas, llevándose el correspondiente susto. Nunca la sangre llegaba al río y todo quedaba reducido a sobresaltos y a recomendaciones que raramente eran atendidas.


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    ENTREGA    233

    PEPE GOTERA  Chapuza a domicilio   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34


           Sus personajes son Pepe Gotera, el jefe o capataz, el listillo de los dos, el sabelotodo, el que mira y manda, sin mancharse las manos. Viste traje negro y cubre su cabeza con un bombín rojo y tiene un bigote a estilo de Groucho Marx. Y el currante es Otilio, que más que estar pensando en el trabajo, su mente está siempre alrededor del bocadillo que se va a comer antes de comenzar la faena. Otilio es gordo y lleva una gorra, vistiendo un mono azul. Al comienzo de todas las historietas se le ve comiendo platos completamente absurdos y enormes, como por ejemplo un bocadillo de elefante, de ballena o de vaca, y más tarde del trabajo, el que le mandara su jefe, aparece con extraños y rústicos métodos para llevarlo a cabo. Además como es enorme su fuerza contribuye a que los destrozos que hace sean monumentales en sus errores.

Realmente ninguno de los dos trabaja y lo que hacen es provocar líos y desastres en los lugares que visitan, tales como derrumbes, inundaciones, explosiones y en general daños inmensos.

Y como en el caso de Mortadelo y Filemón siempre es Pepe Gotera es el que paga  y sufre las meteduras de pata de su socio, Otilio, y en la mayoría de sus historietas, en la última de sus viñetas acaban con una carrera, siempre con Otilio delante y con el correspondiente cliente muy enfurecido detrás, a consecuencia del destrozo que ha hecho.

lunes, 23 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:   LA VÍSPERA DE SAN JUAN   ( III )

        Pero como suele decirse que la felicidad es placer de los dioses y nosotros sólo éramos un grupo de chaveas, que así nos llamábamos por entonces en nuestra ciudad, que querían hacer una gran hoguera, la diosa fortuna a modo de chivatazo de algún vecino o por el simple azar se nos volvió esquiva y nuestro gozo se fue al pozo. Los propietarios del piso se presentaron en él y se encontraron sin beberlo ni comerlo con aquel desagradable regalito.

      Seguro que darían parte al cuartel de la policía municipal y que para abrir las persianas, que lo hacían hacia fuera, se vieran obligados a arrojar la sorprendente mercancía a la acera, para que vinieran los empleados de los servicios del ayuntamiento a recogerla; ya que ellos no se consideraban como propietarios de la misma.

      Ya se pueden imaginar el mosqueo de la familia. Cualquiera aparecía por allí para retirarla a otro lugar.


          Otros chicos de barriadas cercanas posiblemente, con la tranquilidad de conciencia de no haber sido ellos y con el atrevimiento de los pocos años, sí que fueron capaces de acercarse al lugar y de llevársela, aun con el riesgo de recibir una dura reprimenda y algún pescozón. Lo cierto es que la familia al final hasta se vio aliviada y quedó agradecida, pues dejaron aquello limpio como una patena.

         A nosotros se nos quedó una cara de tonto de mil demonios.

       Sin embargo, como la venganza no es sólo patrimonio de la deidad, a otro del grupo se le ocurrió cómo compensar aquella afrenta. Reunidos en conclave se acordó realizar una expedición al río de Oro, nuestro río, provistos de latas y botes para capturar en mayor número posible de sapos y ranas. Pensado por alguno, propuesto más tarde y aceptado por todos, al día siguiente se llevó a cabo la gira y pueden imaginar cuál sería el destino de tanto anfibio.


            Con el mayor sigilo posible nos acercamos al balcón y no exagero, más de un centenar de estos animalitos fueron depositados en el mismo. La huida fue vertiginosa y no llegamos a conocer cuál sería la reacción de los propietarios al encontrarse con este nuevo “pastelito”; pero sí que nos la imaginamos. Pudo ocurrir al abrir el balcón por la mañana o cuando el silencio de la noche se rompiera por el ruidoso y monótono croar de tan sorprendentes visitantes.

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Entrega    233

PEPE GOTERA Y OTILIO, chapuza a domicilio   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía  Entrega nº 34


Serie creada por Francisco Ibáñez protagonizada por dos obreros chapuceros y desastrosos y que aparece por primera vez el dos de abril de 1966 en la revista TIO VIVO.

Algunas recopilaciones de la misma aparecieron en la Colección Olé. Fue una serie de máximo éxito a finales de los años 60 y comienzo de los 70, siendo la serie estrella de las revistas DDT y SuperDDT, ocupando sus portadas entre 1972 a i978.

Durante 4 años estos personajes disfrutaron revistas propias debido a su gran éxito. Y como Ibáñez tenía tantos personajes que atender, algunas de sus portadas o historietas fueron apócrifas y muchas de estas las realizó el dibujante Martínez Osete.

domingo, 22 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS. MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27   .-   Una noche:   LA VÍSPERA DE SAN JUAN

   

                                                 

            Anécdotas en torno a esta fiesta a montones las tuvimos todos los niños y jovencitos de aquellos años, al igual que les ocurrirá a los de ahora, si es que siguen haciéndolas.

        Antes de pasar a relatar algunas, quiero hacer honor a un salvavidas al que acudíamos algunos años, cuando nuestra recogida no era la deseada, cuando todos nuestros esfuerzos no eran correspondidos con las ilusiones que poníamos y nuestra hoguera presagiábamos que iba a resultar ridícula. Se trataba, por ejemplo, de aprovechar la influencia de Pili Montes acerca de los suyos, especialmente de su padre, para acudir a aquellos grandes almacenes que tenía en el Industrial, que luego se convertirían en garajes y talleres de la CTM, Compañía de Transporte Marroquí, para traernos todo tipo de material relacionado con la madera de la conocida  firma melillense Juan Montes Hoyo. Material que trasladábamos a veces formando una auténtica caravana, atravesando el puente, bordeando la Gota de Leche por el monte de San Lorenzo, dejando atrás a los bloques Orgaz y hasta llegar a la plazoleta que existía entre los dos grandes bloques de la calle Teniente Coronel Seguí, donde montábamos la hoguera nuestra.. Depositándolo no en la misma plazoleta, sino un poco más abajo, en lugar más cercano a la esquina en donde vivía Manolo “Minerva”. Incluso hubo años en que su generosidad era tal que en el transporte de la empresa nos traían las maderas, entre el griterío y los aplausos de los pequeños.

                            

        Recuerdo aquel año en que se llevó a cabo por parte de los servicios de jardinería municipales una importante tala de eucaliptos junto a la orilla del río, frente a la entrada principal de la Gota de Leche, en donde luego se construiría un mercado y posteriormente la Escuela de Comercio. En esa zona y por tal motivo había material suficiente para todas las hogueras de Melilla y como los troncos, las ramas y las hojas no fueron retiradas inmediatamente, alguien del grupo se fijó en ello y dio la voz de alarma. Aún quedaban días para San Juan; pero cómo desaprovechar aquella ocasión. El único problema que nos generaba su recogida era el de localizar un lugar donde poder guardarlo. Se barajaron múltiples soluciones que fueron rechazadas por su inviabilidad unas, por lo peregrino de otras y por la falta de seguridad de la mayoría. Al final, a alguno se le encendió la lucecita y propuso que si casi deshojábamos las ramas más gruesas, quedándonos con los troncos, podíamos colocarlos en un balcón del primer bloque Orgaz, que llevaba cerrado una eternidad de tiempo, asegurándonos que allí no vivía nadie. Efectivamente, lo pudimos comprobar rápidamente porque las persianas estaban siempre cerradas y descoloridas por la acción continua del sol y de las aguas y por el aspecto que presentaba el balcón de no ser frecuentado desde hacía muchísimo tiempo.


            Buscamos herramientas de las más variadas y nos dedicamos a desmochar de hojas las ramas y troncos, que veíamos más apropiados para almacenarlos en el lugar escogido, para posteriormente y aprovechando la noche trasladarlos desde allí al balcón. Fue hasta divertida aquella experiencia y todo salió como a pedir de boca. Sin grandes aspavientos, porque sabíamos lo que nos jugábamos y haciendo el menor ruido posible, el material se fue acumulando en aquella amplia balconada del primer bloque de los 3 que existían (el tercero en forma de "ele")
, y que en la foto puede verse en la parte superior de la plaza de toros de la ciudad.


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ENTREGA    232

7, REBOLLING STREET   ( II )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA  Biografía Entrega n º 34



     Las características de esta serie son similares a las de 13, Rue del Percebe, siendo cada viñeta en el interior de cada uno de los apartamentos o pisos; el ratón sigue maltratando al gato y no falta la portera. El edificio entero ocupa dos páginas (nosotros sólo publicamos en principio la parte izquierda del mismo), por lo que su disposición es más horizontal que vertical. Hay 10 apartamentos, una Portería, un bar, una azotea, una sucursal de un banco y un taller de reparaciones. Existen tres plantas y la distribución se reparte  en cuatro pisos por planta.

        En el bajo encontramos el Estrujebank, su director es mayor y algo calvo, con cejas blancas y bigote también cano, está el taller “La Chapuza”. Le sigue la Portería y en la esquina se encuentra la tasca y churrería con el nombre de “Bar Churrúpez Snak, con un camarero de puero torcido en la boca y que suele timar a los clientes

En la primera planta hay un doctor que siempre atiende a sus clientes faltándoles el respeto. Una Empresa, cuyo Jefe y sus empleados siempre andan envueltos en rencillas. Una Pensión, regentada por una mujer metida en carnes, con pelo negro recogido atrás con un moño y un colmillo que sobresale en su mandíbula, con exigencias extrañas a sus huéspedes. Y en cuarto apartamento un tipo que constantemente intenta venderlo, siempre bien trajeado, usando sombrero y con bigote negro, que suele aparecer siempre con una carpeta llena de papeles bajo el brazo y una sonrisa extraña.

En la segunda planta habita un científico loco que realiza experimentos con animales y personas, con resultados muy chocantes. En el centro una anciana amante de los animales que tiene siempre  sorpresas con ellos, entre los que se encuentra entre otros, con perros y gatos, buitres o canario y hasta focas y pulpos. Al lado vive una chica rubia y gordita que  anda siempre buscando novio, con visitas de hombres muy peculiares. Y en el que queda un ladrón con su novia, envueltos en robos a cual más estrafalario.

En la planta tercera está la azotea  que ocupa el espacio de dos pisos, con asistencia de toda clase de personajes, como en la página de hoy, con dos mujeres discutiendo mientras una de ella tiende las sábanas de los fantasmas que habitan en la casa de una duquesa. También hay un ático, donde en principio vivieron unos hippis, que fueron desalojados por no pagar el alquiler; después un hombre muy comilón con nariz de cerdo, Tragoncio, al que siempre se le ve comiendo alimentos muy grandes. A la derecha un deportista, con grandes gafes, obsesionado con los ejercicios físicos y en un espacio cuyo techo está inclinado hacia la calle.

El edificio cuenta cosas curiosa en él y en sus alrededores, tales como un árbol, del que sólo se ve su mitad y dotado de cosas sorprendentes. Entre los rascacielos del fondo el que tiene mayor altura aparece con elementos muy disparatados. El gato y el ratón siempre están en el tejado inclinado del deportista. Igual que “13, Rue del Percebe” por la alcantarilla de la acera delantera entran y salen gente de todo tipo. Por la tubería se oyen conversaciones de un piso de fntasmas. Nunca se ve alguien por las escaleras subiendo ni bajando y las telarañas aparecen en los techos de ellas, en la buhardilla y en el ático, existiendo un par de arañas colgadas de sus hilos y entregadas a su entretenimientos, como leer, fumar en pipa o boxeando.

sábado, 21 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.- Una noche:   LA VÍSPERA DE SAN JUAN


        No era la noche en sí o solamente ella lo que me hace recordarla con nostalgia, sino todos los días que la precedían en la preparación de aquella velada que culminaba en su noche.

       Hay poblaciones que tienen su fiesta del fuego en torno a San José como en la misma Valencia; otros en torno a la Inmaculada, como en el pueblo donde actualmente resido con las hogueritas en la noche del 7 de diciembre; sin embargo, en nuestra Melilla coincidíamos con la zona meridional del levante español, con Alicante, y encendíamos nuestras hogueras el 23 de junio.


            Eran tiempos, en sus orígenes, de quemar muebles y enseres viejos e inútiles, ya inservibles, con una chiquillería en busca de los mismos o con la aportación de éstos por parte de los mismos adultos, para quitarse cachivaches de en medio y reemplazarlos por otros nuevos.

       Luego empezó a valer todo, con tal de que ardiera e hiciera que el volumen de la hoguera fuera lo más enorme posible, entrándose en la competición; sobre todo, por parte de los pequeños, que por los días próximos a San Juán, centrábamos toda nuestra actividad, todo nuestro tiempo de ocio, ya que las obligaciones principalmente escolares no nos estaba permitido abandonarlas, lo destinábamos a aquella tradición, la de recoger el mayor material posible de combustible, en sus más variadas formas, y almacenarlo para que ardiera en nuestra gran noche.

    Por aquellos días estas eran nuestras dos grandes preocupaciones: recoger y almacenar. Por supuesto, que los juegos habituales en muchos momentos eran aparcados, que pasábamos parte de nuestro tiempo pensando en lugares donde podíamos encontrar material que engrandeciera nuestra hoguera; así como el modo de conseguirlo, transportarlo y guardarlo con todas las garantías del mundo en lugar seguro. Que se agudizaba nuestra vista y la capacidad de observación, para no desechar ningún trasto que fuera útil para nuestro objetivo, se encontrara donde se encontrara. Era normal que se organizaran batidas a lugares concretos en su búsqueda, formándose pandillas con un número importante de críos, porque todos éramos válidos.


            Y así pasábamos los días, envueltos en una actividad frenética en torno a las hogueras; con momentos de gloria cuando el botín era excelente y otros de tristeza, cuando en el ir y venir regresábamos con las manos vacías.

         Cuando encontrábamos lugares donde podíamos guardar la mercancía recogida nos sentíamos felices. Si no los teníamos funcionaba nuestra imaginación y la guardábamos en casas abandonadas,  en recovecos recónditos y apartados y de ningún o escaso tránsito, por los alrededores de la plaza de toros o por el monte de San Lorenzo, montando la correspondiente guardia durante el día y algunas horas, pocas, de la noche, pues debíamos de recogernos temprano, para evitar que desaparecieran a manos de otras pandillas de las hogueras de barrios próximos, que seguro que actuarían de la misma forma que nosotros.


            Estábamos pendientes, no porque nos atrajera el tema del medio ambiente que por entonces no se estilaba, de podas y talas, de derribos por si entre los escombros encontrábamos maderas y de mudanzas por aquello de que podía haber objetos o útiles que estorbaran.

       Recorríamos todas las casas de la barriada para que nos guardasen hasta la víspera de San Juan los útiles que iban a tirar; pues en esa dinámica también estaban los vecinos, que habían sido igualmente niños y disfrutaron con aquella tradición, guardando siempre en nuestras mentes los hogares en que habían sido receptivos a nuestras peticiones, a los que acudíamos con brutal puntualidad en la mañana del 23, para recoger aquellos tesoros para nosotros: sillas cojas o sin asientos, mecedoras rotas, mesitas carcomidas por la polilla y descoloridas por el paso de los años, restos de camas, repisas de madera con papeles pegados, maletas viejas de cartón piedra, tableros ennegrecidos y encorvados por la humedad y bolsas con ropa vieja, de las que escogíamos algunas piezas para vestir al muñeco que culminaba la hoguera y para rellenar las distintas partes de su cuerpo y redondearlo.


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ENTREGA    232

7, REBOLLING STREET   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA Biografía Entrega nº 34

        Serie de historietas que aparecerá por primera vez en la segunda época de la revista TIO VIVO el 6 de marzo de 1961 y que muy pronto ganó popularidad.

         En los años 80, en pleno conflicto de Ibáñez con la Editorial Bruguera, al perder todos sus derechos de todas sus series, este creó un “spin-off” de la misma con el título de  “7, Rebolling Street”.

         Ibáñez publicó 314 páginas de la serie hasta 1967, aunque fue sustituido por el dibujante Juan Bernet Toledano en algo menos de dos meses. El 1968 Francisco Ibáñez vuelve a tomar las riendas de la historieta realizando 27 páginas hasta que la deja de nuevo a Bernet Toledano, que la continuó  con 57 entregas hasta el 26 de  enero de 1970 y has el cierre de TIO VIVO en 1981 se siguió publicando, pero cambiando viñetas de unas páginas a otras.

         En 1971 y 1972 se publican recopilaciones en la Colección Olé  de la Editorial Bruguera y a partir de 1990 Ediciones B, que se había quedado con el fondo de la anterior edita nuevos álbumes de estas series. Otras recopilaciones aparecen en la Colección Magos del Humor y Superhumor a partir de  1975.

         La recopilación más completa se realiza en la República Federal de Alemania en 1981 y 1983 con 9 álbumes con el título de “Ausgeflippi-Feschstrasse 13”, donde se publican 5 álbumes realizados por dibujantes desconocidos. Este éxito hace que Editorial Bruguera  vuelva a retomar la serie con 36 nuevas historietas que conforman su décimo álbum recopilatorio.

         En 2016 Ediciones B publica una edición completa de esta serie con tapas duras y gran tamaño y una semana después editaría su segunda edición, coincidiendo con el 80 cumpleaños de su autor.

viernes, 20 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SEXTA

26.-   Un cura:  EL PADRE OSÉS   ( III )

        Fue párroco del Sagrado Corazón de Jesús, capellán de la Asociación General de Caridad, de nuestra más bien conocida como Gota de Leche, en donde yo tuve la experiencia magnífica y alentadora, para reafirmar mi vocación, de ejercer como maestro durante un curso escolar y del Cementerio de la Purísima Concepción; ejerciendo, porque no podía ser de otra manera dado su carácter y su concepción del sacerdocio, una tarea importantísima en los muchos años que fue colaborador de Cáritas de nuestra ciudad.

        Un día, en la hora posterior al almuerzo, en la que la siesta era obligada, no obligatoria, por el calorazo que hacía, por la fatiga de las múltiples actividades de la mañana y la misma pesadez de la comida, pues comíamos como buitres, me levanté para ir al servicio a hacer mis necesidades y me encontré al padre Osés de rodillas junto a una de largas mesas del comedor en actitud de oración, por lo menos así me lo pareció a mí. No quise alterar su recogimiento, demostrado por un respirar profundo y acompasado. Satisfecha mi necesidad regresé a mi tienda de campaña y me acosté en mi catre mirando el movimiento de las ramas de los pinos a través de la lona, tardando en coger el sueño.

         Las actividades en los Campamentos era tantas que el contacto con el “páter” no era muy frecuente; así que no deparé en él hasta unos días después, concretamente en el domingo y a la hora de celebrar la misa de campaña. También la jornada era calurosa y pude comprobar que se fatigaba a la hora de las lecturas religiosas, que tosía de vez en cuando y que se apoyaba con frecuencia con sus dos manos sobre el altar y que sus pausas eran más largas...


            Lo que para algunos podía ser un resfriado de verano o un exceso de recogimiento, no tenía nada que ver con la realidad. Terminada ésta vi que sacaba un inhalador y pulverizaba su boca varias veces. Como no me alejé del lugar y lo observaba con un cierto descaro, me sonrió y me dijo: “Esta asma no me deja ni a la hora de estar con Cristo”. Yo también le sonreí por su aclaración y me volví con mis compañeros.

        Otro día me explicó que estaba atravesando una colosal crisis de asma, acrecentada por aquellos calores veraniegos y por la presencia de los pinos, que si le encantaban por una parte también le hacían la pascua; pero como no había otro sacerdote allí estaba él, que cómo nos iba a dejar sin misa; aclarándome igualmente ante mi pregunta, pues estaba tomando confianza, que lo de ponerse de rodillas era porque para él ésta era la postura que mitigaba sus ataques y que así se encontraba mejor y de paso le contaba cosas al de arriba y a su madre.

    
                                               (Barriada del Padre Osès)

        Murió don Francisco Osés Huertas relativamente joven, a los sesenta y cinco años y estoy convencido que serán muchos los melillenses que lo recordarán como un buen sacerdote y como una excelente persona.

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     Entrega  nº 231

    13, RUE DEL PERCEBE   ( II )

     FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega 34


13, RUE DEL PERCEBE es una macroviñeta que ocupa toda la página, dividida en viñetas no secuenciales en un edificio de apartamentos y dela comunidad que lo habita.

En el bajo izquierda está el Colmado de Senén, pillín que trata de engañar a su clientela con el peso y la frescura de sus mercancías y que a veces la sale mal sus intenciones, causándole problemas. Al lado está la Portería, que lleva todo el cotilleo de la comunidad y en este bajo está el inicio de la escalera  y el ascensor, que son como personajes inertes que siempre tienen problemas y que se tratan de resolver con medidas disparatadas.

Si subimos a la primera planta y a su izquierda encontraremos al veterinario sin nombre, porque todo el mundo siempre le llama doctor. Y a su derecha vive Doña Leonor, empeñada en alojar en su piso a más inquilinos con métodos estrambóticos.   

En la segunda planta y en el apartamento de la izquierda vive  una anciana protectora de animales y que no cesa de cambiar de mascotas, teniendo como en el dibujo de la página de hoy una ballena y en otra ocasión hasta un enorme elefante. A su derecha está el único apartamento  que cambia de inquilino; pudiéndonos encontrar con un científico loco, quedar vacio, con un agente inmobiliario o un sastre que construye trajes rarísimos.

En la planta tercera y a la izquierda vive un patoso ladrón, que se llama Ceferino Raffles, y que todo lo que roba son trastos inútiles; y a su derecha una mujer con sus cinco hijos que son la mar de traviesos.

En la buhardilla de la azotea, con tejado inclinado y con el cartel de la serie, vive Manolo, constructor siempre acosado por sus acreedores más que pintor deudor sempiterno.

En la azotea también mora un gato negro permanentemente torturado por un ratón. Las escaleras nadie las usa y una araña aparece siempre colgada de su hilo. ¡Ah, y a veces en algunas páginas aparecen Mortadelo y Filemón, y el mismo Rompetechos en otros.

jueves, 19 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN, VIGÉSIMO SEXTA

26.-   Un cura:   EL PADRE OSÉS   ( II )

        Por el contrario, no me agradaban nada aquellos que nos impartían los Ejercicios Espirituales, a los que asistí en escasas ocasiones; pero sí en las suficientes como para poder opinar acerca de ellos. Posiblemente saldríamos de los mismos con el firme propósito de cambiar, de ser mejores, hasta con el convencimiento de encontrarnos bien por estar en gracia de Dios; pero con el miedo a la muerte metido en el cuerpo, con el pánico ante un terrible infierno de fuego eterno e incluso de un Purgatorio purificador y con la existencia de un Dios severísimo a la hora del Juicio Final con los pecadores. Con el complejo de serlo porque el Demonio era muy listo y sabía como tentarnos y con la creencia de que la felicidad, ni la más pequeña de un instante, estaba en la Tierra. Difícil de entender,  salíamos contentos, pero derrotados, con los ánimos por los suelos, casi con el deseo de abandonar todo por los peligros y riesgos que conllevaba lo cotidiano y dedicarnos a la vida contemplativa.


         ( Recuerdo de aquellos Ejercicios Espirituales que hicimos en el año 1960 en la Capilla del Hospital de la Cruz Roja )

         Menos mal, que como simples mortales, la vacuna no era demasiada duradera y pronto volvíamos a los nuestro, a ser cada cual como nos habían parido y a vivir cada cual su vida, a la espera de los siguientes Ejercicios, porque todos no teníamos la madera de su inventor, el santo Ignacio de Loyola.

              Por el contrario, siempre tuve admiración por los mendicantes y por los misioneros; por esos capuchinos del Pueblo, por ejemplo; algunos de los cuales no fueran aún ni sacerdotes, por su sencillez y austeridad, por la imagen que tenía de su permanente sonrisa, incluso al pedir, para sobrevivir y socorrer encima a los más desprotegidos, que en nuestra ciudad siempre los había; por la pobreza de sus atavíos y en especial de su calzado gastado de tanto callejear en demanda de caridad. De aquellos misioneros de los que guardo como fugaces recuerdos, que venían a la ciudad en épocas sin prefijar de antemano, para como los primitivos apóstoles, predicar la buena nueva y para despertar con los aldabonazos de sus palabras y experiencias nuestra solidaridad dormida para aquellos otros hombres, mujeres y en especial, niños de otros mundos, carentes de casi todo y con los que ellos compartían todo el tiempo de su vida.


            Y si en este apartado elegí al padre Osés fue porque me impactó algo de su ser cuando le conocí y tuve alguna relación con él, al ser el capellán de uno de los turnos de Campamentos que se celebraban en Rostrogordo y yo era un joven asistente al mismo. Mis hermanos mayores le conocían porque había casado a uno de ellos, a Domingo, nuestro primogénito. Pepe Vega y nuestro querido amigo de infancia “Tuli”, que eran los administradores de los Campamentos también le conocían bien y posiblemente fueran ellos los que le solicitaran que ejerciera como sacerdote en aquel turno, dado igualmente que el segundo de los citados también era administrativo en la Gota de Leche, ocupándose de la rifa que hacía esta Asociación General de Caridad, en donde el padre Osés era capellán.
    
                                                   (La Gota de Leche)
        Ante mi curiosidad, entre unos y otros me fueron aportando datos de aquel sacerdote de hablar pausado, moreno y de grandes ojeras, que transmitía paz y tranquilidad. Supe de su nacimiento en Málaga y de su posterior traslado, siendo casi un niño a Melilla, después de vivir una época en una de las Islas Chafarinas; de sus estudios en el Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de La Salle. De su vocación tardía para el sacerdocio; ya que no fue de aquellos pequeños que en el seno de familias numerosas y para aliviar las cargas se enviaban al Seminario para lo que Dios quisiera; pues tenía veintiocho años cuando emprendió su aventura religiosa, volviendo a su Málaga natal e ingresando en la Institución religiosa en el año 1949, para ordenarse como sacerdote en la mismísima catedral siete años después y celebrar su primera misa solemne en Melilla al casar a su propia hermana.

         Creo que era de los curas de a pie, de los tajos, más de las obras que de las palabras. Ingenioso, capaz de inventarse historias con otros que le seguían y apoyaban, aparentemente tan disparatadas y quijotescas, como la de la “Operación ladrillo”, que movilizó a gran parte de la sociedad melillense para aliviar el problema de la vivienda de algunos conciudadanos y que dio lugar a una barriada, la de la Santa Cruz, junto al barrio de Primo de Rivera. Estas casitas modestas, que fueron conocidas popularmente por su configuración como los “Conguitos”, porque el humor y el oportunismo no están reñidos con la necesidad y la solidaridad.

                            

            Con el paso de los años este asentamiento llegó a recibir el nombre de Barriada del Padre Osés, en reconocimiento a su labor.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


            Dejando aparcado el Capítulo de nuestras Criaturas de momento, abrimos de nuevo la ventana dedicada a los amigos de los tebeos, que la cerramos el 27 de Junio del año pasado con PETRA, personaje del conocido dibujante JOSÉ ESCOBAR SALIENTE, uno de los grandes de la Editorial Bruguera; para iniciar esta reapertura con unos cuantos personajes  de otro de los autores de historietas de Humor más importantes de nuestro país, como fue FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA.

Entrega  nº  231

13, RUE DEL PERCEBE   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA    Biografía en la Entrega nº 34


        Serie de historietas que aparecerá por primera vez en la segunda época de la revista TIO VIVO el 6 de marzo de 1961 y que muy pronto ganó popularidad.

         En los años 80, en pleno conflicto de Ibáñez con la Editorial Bruguera, al perder todos sus derechos de todas sus series, este creó un “spin-off” de la misma con el título de  “7, Rebolling Street”.

         Ibáñez publicó 314 páginas de la serie hasta 1967, aunque fue sustituido por el dibujante Juan Bernet Toledano en algo menos de dos meses. El 1968 Francisco Ibáñez vuelve a tomar las riendas de la historieta realizando 27 páginas hasta que la deja de nuevo a Bernet Toledano, que la continuó  con 57 entregas hasta el 26 de  enero de 1970 y has el cierre de TIO VIVO en 1981 se siguió publicando, pero cambiando viñetas de unas páginas a otras.

         En 1971 y 1972 se publican recopilaciones en la Colección Olé  de la Editorial Bruguera y a partir de 1990 Ediciones B, que se había quedado con el fondo de la anterior edita nuevos álbumes de estas series. Otras recopilaciones aparecen en la Colección Magos del Humor y Superhumor a partir de  1975.

         La recopilación más completa se realiza en la República Federal de Alemania en 1981 y 1983 con 9 álbumes con el título de “Ausgeflippi-Feschstrasse 13”, donde se publican 5 álbumes realizados por dibujantes desconocidos. Este éxito hace que Editorial Bruguera  vuelva a retomar la serie con 36 nuevas historietas que conforman su décimo álbum recopilatorio.

         En 2016 Ediciones B publica una edición completa de esta serie con tapas duras y gran tamaño y una semana después editaría su segunda edición, coincidiendo con el 80 cumpleaños de su autor.    

miércoles, 18 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SEXTA

Un cura:   EL  PADRE OSÉS   ( I )

        En primer lugar tengo que confesar que por diferentes circunstancias no fui una persona muy religiosa. Sin embargo, siempre sentí un gran respeto por el hecho religioso. Nací en el seno de una familia cristiana que se vio imposibilitada de una práctica religiosa cotidiana por tener que dedicarse en principio y por entero a eso que se conoce como la supervivencia y bien que lo consiguió. Huérfano de padre a los dos años, mi madre no tuvo más remedio que armarse de valor y tirar para adelante a base de trabajo y trabajo, lo que le impedía dedicarse a otras cuestiones que para ella eran secundarias. Para mi madre no existían domingos ni fiestas de guardar, sí cinco bocas que alimentar, cinco criaturas que vestir, a las que había que darles también una formación adecuada para que en un futuro salieran adelante y también lo logró. Todo ello, por supuesto, casi a base de un enclaustramiento en su propio hogar, del que quedaban al margen incluso las salidas dominicales a la iglesia para oír la santa misa.

        Hice mi Primera Comunión como tantos otros chicos de mi edad, sin complejos de ninguna clase, porque mi madre se preocupó de que no nos faltara nada, no destacando ni por exceso ni por defecto, y con la misma ilusión, felicidad y nerviosismos que la mayoría de los compañeros.


          Nunca fui a las clases de catequesis, la preparación para tan magno acontecimiento la recibí en el colegio y posiblemente mi primer contacto serio con un sacerdote fue en víspera del mismo cuando tuvimos que ir a confesar a nuestra parroquia, al Sagrado Corazón de Jesús. Ahora que han pasado tantos años me pregunto de qué pecados me podría confesar con mis sólo diez años y qué propósito de enmienda o arrepentimiento me acompañaría por los mismos. No lo veo claro, como no fueran algunas mentirijillas y desobediencias, algunas riñas con mi hermano mellizo, alguna que otra palabra altisonante en momentos de enfados, la lógica pereza infantil y pare usted de contar; ya que con esa edad, en donde uno sólo pensaba en el juego, qué mal se podía hacer o que conciencia de éste se poseía. Con los años sí que la misma vida te va enseñando.

     Fue el padre Fernández el que nos confesó y nos dio la Primera Comunión. De este sacerdote, aunque de manera difusa, guardo un grato recuerdo; no sé si por lo anterior o porque fue el que nos dio Religión en los primeros cursos del bachillerato en el Instituto. Tenía un trato agradable con todos nosotros y jamás tuvimos problemas con él. Creo que inspiraba confianza; todo lo contrario de lo que nos despertaba aquel otro sacerdote tan distinto en su fisonomía, grandote y fornido frente a la delgadez del padre Fernández, y en su carácter, casi siempre agriado para los pequeños, como lo era el padre Manresa, que nos imponía un gran respeto, eufemismo de miedo, por tratarse de un cura.

                          

        Eran todavía curas de sotanas, sobrecuello blanco y tonsuras, a los que los críos acudían cuando se cruzaban con ellos por la calle para besarles la mano. Yo era en esto un poco rebelde y probablemente más por timidez que por llevar la contra y destacar y los evitaba; no entendía muy bien por otra parte eso de tener que interrumpir un siempre interesante juego para “pelotear” a alguien, aunque se tratara de un sacerdote, ni lo de tener que cruzar toda la calzada si ellos marchaban por la otra acera para ejercicio que entendía algo servil. Yo sabía que la mayoría lo hacía de forma rutinaria, sin darse cuenta y sin necesidad de esfuerzo alguno; pero yo no lo comprendía y seguía en mi juego o disimulaba, por aquello de guardar las formas, haciéndome el distraído.

     Distinto era nuestro comportamiento al paso de una pareja de monjas que siempre iban de dos en dos, nunca solas, que hasta dejábamos de jugar por curiosidad, por ver aquellas tocas que cubrían sus cabezas en forma de alas de palomas y que nos daba la impresión a los niños de que en cualquier momento podían echar a volar sus pequeñas cabecitas, que las teníamos como tales por el diminuto rostro que dejaban asomar.


            Otro sacerdote con el que tuvimos alguna relación fue con el padre Martín, también perteneciente al Sagrado Corazón, vasco de nacimiento, no de apariencia física, pues era bajito y delgado como el que más de nosotros. Aunque de una vitalidad extraordinaria, puro nervio, no paraba quieto en ningún momento y era amante de la actividad deportiva. Me lo imagino golpeando, sin quitarse la sotana, la pelota contra el frontón o remangándosela para jugar al fútbol con sus alumnos o con los componentes de Acción Católica, en su sección juvenil, a la que le dio un gran impulso. Tampoco pertenecí a esta asociación, pero me consta lo anterior porque en diversas competiciones deportivas nos enfrentábamos contra ella, en especial, en tenis de mesa, juego que le encantaba y que no lo hacía nada mal. Destacaban en su equipo los hermanos Guirado, uno de los cuales me dijeron que con una vocación tardía había seguido sus pasos, convirtiéndose en sacerdote.

NUESTRAS CRIATURAS

 
CAPÍTULO DE DIBUJOS A LÁPIZ

420   .-   ÚLTIMO DIBUJO REALIZADO EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA. UN TRABAJO MUCHO MÁS PACIENTE, TENIENDO COMO MODELO UNA FOTO DE UNO DE LOS CABALLOS DE UN FAMILIAR EN EL QUE MI HERMANO TUVO QUE ECHARLE IMAGINACIÓN PARA CONCLUIRLO DADA LA PEQUEÑEZ DEL ANIMAL EN LA IMAGEN QUE LE SIRVIÓ.


                                                El Viso del Alcor, 18 de Marzo de 2026