lunes, 5 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

             RAZÓN  NÚMERO  59

            Una excursión:   A CALATRIFA


               ¿Qué niño no disfrutó con las excursiones?

         Yo no fui una excepción y guardo excelentes recuerdos de ellas, no sólo porque suponía no tener clase ese día, sino por el aliciente que contaba en sí el hecho de salir de tu entorno más inmediato y conocer otros lugares que generalmente encerraban algún encanto; ya que nunca se escogía un emplazamiento donde no existiera nada que pudiera tener atractivo para el visitante; aunque sólo se tratara de una explanada para poder correr y dar patadas a la pelota o una arboleda que te sirviera de refugio contra el calor y te permitiera jugar al escondite. Pero es que además, las excursiones contaban con los atractivos inherentes a ellas mismas, tales como saber en el tiempo  en que las ibas a realizar, el acercamiento en el transcurrir de los días a la fecha señalada, los preparativos de las vísperas, el insomnio de esa noche por culpa del nerviosismo y el romper con la rutina de lo cotidiano. El mismo meter en la mochila, talega o cartera la habitual tortilla de patatas o los filetes empanados, algo de fruta y llenar la cantimplora de agua para el trayecto era demasiado goce para el improvisado viajero que iba a emprender su gira en unión de otros compañeros y amigos.

         Dentro de este apartado, estaban las autorizadas por nuestros mayores y organizadas también por adultos y destinadas a colectivos, asociaciones o grupos de escolares y las que no contaban con el beneplácito de aquellos y que podíamos dar la categoría de “escapadas”, que no faltaron en nuestras vidas y que originaron broncas y castigos cuando llegaron a conocimiento de los mismos.

        Y de entre estas últimas caben destacar las que hacíamos con bastante frecuencia a nuestro río de Oro en busca de cañas para hacer canutos o de ejemplares de sapos y ranas, sin olvidarnos de sus crías, aquellos renacuajos a los que llamábamos cabezones porque sólo contaban con cabeza y cola todavía. Después de atravesar toda la calle General Mola llegábamos al puente grande del Tesorillo, donde se encontraba en su margen derecha, sin tener que atravesarlo, un depósito de agua que servía para llenar los camiones regaderas de la ciudad, así como para lavar otros vehículos de los distintos servicios municipales. Como nuestro río se caracterizaba por la existencia casi la mayor parte del año de un escasísimo caudal o por un correr raquítico del agua procedente de las diferentes elevaciones del Gurugú, su tránsito por el lecho de su curso era fácil y sin riesgo alguno; eso sí, menos cuando se ponía furioso por causa de algún tormentón que viniera acompañado de lluvias torrenciales y que lo hacía impresionante; viéndolo entonces desde lo alto de aquel mismo puente, arrastrando en su correntía troncos de árboles y animales hinchados y con ese color marrón por la erosión de la tierra convertida en barro que arrancaba con su tremenda fuerza para depositarla en la playa de San Lorenzo. Lógicamente nuestras giras a dicho lugar se llevaban a cabo cuando el río dormía en su letargo habitual.

VERSOS LANZADOS AL AIRE


            LAS PAREDES OYEN LOS LAMENTOS

            Las mudas paredes oyen
lamentos y más lamentos,
lamentos de horas rotas,
lamentos de ronco acento,
lamentos de paro cruel,
de dónde encontrar sustento.

            Y las paredes, cansadas,
en su mundo de silencio,
buscan, en el imposible,
unas gotas de remedio,
para este mal que las tiene
sumida en desasosiego.


            Las paredes, en las noches,
son confesonarios ciegos,
muros de lamentaciones,
crisoles de malos tiempos,
sin poder gritar al mundo,
estas jaurías de miedos,
ni quienes los provocaron,
ni de donde nos vinieron,
ni el por qué de la existencia
de estos lamentos tan negros.

            Las paredes, en su pena,
oscuras se están poniendo,
sus colores palidecen
al escuchar los lamentos
de los hombres que han perdido,
trabajo, pan y dinero,
esperanza, estima y fe,
emigrantes a otros predios.


P.D. FALTAN 53 DÍAS
¡QUÉ SE ACABEN LAS MENTIRAS Y QUE EL RUIDO DE LA CALLE NO NOS AMEDRANTE!

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA   NÚMERO  12

            ALFREDO ALCAÍN PARTEARROYO   -   A. ALCAÍN


            
            Este dibujante, Alfredo Alcaín, nace en Madrid el 14 de agosto de 1936 que aún vive y además es pintor, grabador y litóg
rafo, ilustrador, artista visual y decorador cinematográfico. 

            Sus estudios artísticos arrancan en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en el periodo de 1953 a 1958, continuando con estudios de Grabado y Litografía en la Escuela Nacional de Artes Gráficas entre los años 1957 y 1963, y de Decoración Cinematográfica en la Escuela Nacional de Cinematografía de Madrid entre 1961 y 1964.

            El estilo de su obra se enmarca dentro de un lenguaje muy próximo al Pop Art, que sigue a lo largo de toda su trayectoria. Pero el modelo americano es transformado por Alcaín al buscar infundirle a sus creaciones un carácter marcadamente casticista y popular.

            Utiliza una gran diversidad de soportes y técnicas, que van desde el cartel al collage e incluso al bordado.

            Su obra está presente en colecciones y museos como el Museo del Ferrocarril de Madrid; el Círculo de Bellas Artes de Madrid; el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla; el Museo del Grabado de Buenos Aires; el Museo Internacional Salvador Allende, de Santiago de Chile; el Museo Centro de Arte Faro de Cabo Mayor, en Santander; el Museo de Historia de Madrid; la Biblioteca Nacional de España, en Madrid; el Museo de Bellas Artes de Bilbao; el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid; o el Museo Zapadores ciudad del Arte de Madrid.

            En 2003 se le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas.

domingo, 4 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  58

            Un hindú:   LALCHANDANI

        Aquello de las películas que reflejaban el ambiente de la India, en donde el animal sagrado era la vaca, que marcha a su gusto por cualquier lugar, sea campo o ciudad, sin que nadie la moleste, también es una realidad para ellos y creen en este animal, considerándolo como la Madre, portadora de vida, de que los campesinos siempre la utilizaron para arar sus campos de donde brota la mayoría de los alimentos que sustentan al pueblo. Respeto que se convirtió en devoción y precepto religioso; así como en necesidad de alimentarlas, de velar por que no les pasara nunca nada, dejándolas vivir sin molestarlas y la aparición de la prohibición de comer productos derivados de ella, como les ocurría a los musulmanes con el cerdo, aunque por razones bien distintas.

            Salvo raras excepciones, que las hubo, las bodas fueron celebradas entre ellos y en los bautizos y funerales siguieron los rituales de su religión, el brahmanismo, a pesar de encontrarse tan alejados de su tierra. Todas sus fiestas, relacionadas con el calendario solar y sus celebraciones religiosas tenían lugar en el Templo que existía en la calle Castelar.  Destacando entre ellas el Diwali, la más importante, el Gampeati y el Holim, que me hubiera encantado conocer en qué consistían, al igual que el origen de las mismas, ya que siempre para nosotros aquellas tierras y por causa de las películas que vimos o de los relatos recogidos en los libros que llegaron a nuestras manos, estuvieron siempre envueltas en el misterio.


            Sabíamos que no enterraban a sus muertos, que allí eran arrojadas las cenizas de ellos, después de quemar sus cuerpos, a los ríos o mares para que fueran llevadas a su río sagrado, el Ganges, el de los bautismos multitudinarios y de los lavatorios purificadores. Lo que ignorábamos es si en Melilla los incineraban por aquellos años de nuestra niñez y el aumento de la llegada de éstos y que la verdad sea dicha, nunca llegaron a conformar un grupos excesivamente numeroso. En la actualidad creo que sí lo hacen y son arrojadas las cenizas al mar por los numerosos cortados que bordean la parte alta de la ciudad, para que sigan su curso hacia el mencionado Ganges, ya que Brama, su poderoso dios, propiciará los vientos y las corrientes marítimas para que lleguen felizmente a su destino.


            Otra curiosidad de esta comunidad es su idioma, que por proceder de la región de Synderabad es el Syndi, que es uno de los dialectos que conocen entre los casi trescientos veinte idiomas que reconoce la Constitución India. Pronto aprenderían el nuestro, porque la necesidad obliga y máxime cuando tenían que relacionarse con la población melillense en el ejercicio de su actividad y puede decirse que la relación de los miembros de esta comunidad con el resto de los habitantes de Melilla fue siempre correcta y sin problemas.

                            


        Yo no recuerdo por aquellos años de mi juventud e infancia haber tenido amigos hindúes, seguramente porque se asentaron en barrios lejanos al nuestro o no coincidimos en los centros de estudios a los que asistíamos nosotros; pero sí sabíamos de su existencia, de la belleza de sus mujeres, de la expresividad de los ojos de los varones que reflejaban el contraste agridulce de la alegría y tristeza en su mirada, del colosal colorido de sus vestiduras y de la habilidad para regir un tipo de comercio que había estado principalmente y casi con exclusividad en manos de los hebreos.


VERSOS DE REBELIÓN

 

            TODO VALE

            En tiempos de todo vale,
se envalentonan los vientos,
acallando, al caminar,
los mas claros pensamientos,
aquellos que mantenían,
vivo y recto el sentimiento.

            En tiempos de todo vale,
la libertad es un cuento,
es oropel, baratija,
vestido de bajo precio,
silente y sumisa esclava
de un libertinaje infecto.



            En tiempos de todo vale,
no busques claro sendero,
acomódate a la senda
del más zafio ladronzuelo,
navegante de ocasión,
en anchos ríos revueltos.

            En tiempos de todo vale,
Dios nos libre de los cuerdos,
de los locos, de los santos,
del salvador del momento,
de los señores políticos,
regidores de los pueblos.


            En tiempos de todo vale,
no aceptes el ser borrego
de una ruidosa manada
que, en su caminar perfecto,
perdió ilusiones y rumbo,
tesoros de caros precios.

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DEL ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA NÚMERO  11

            JOSÉ ANTONIO ALCÁCER GARMENDIA   -    ALCÁCER


            José Antonio Alcácer Garmendia nació en Barcelona en 1939. Licenciado en historia del arte, desarrolló una intensa labor como artista plástico, humorista gráfico en prensa desde principios la década de los sesenta, hasta su fallecimiento en Madrid el 26 de agosto de 2018. 
            En los años sesenta formó parte del grupo de artistas antifranquistas ESTAMPA POPULAR, proyectando en las décadas posteriores su obra pictórica hacia las vanguardias y corrientes artísticas  europeas de la segunda mitad del siglo XX. 
            A lo largo de su dilatada trayectoria realizó numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, siendo su obra reconocida y valorada por coleccionistas e instituciones, entrando a formar parte de la colección del Museo de Arte Reina Sofía. 
            José Antonio Alcácer también desarrollo una extensa labor como ilustrador y dibujante para importantes publicaciones como SEMANA, ABC, Diario AS o la mítica LA CODORNIZ. 
            Esta faceta la llevo a cabo ininterrumpidamente durante varias décadas, obteniendo reconocimiento y popularidad. MERCA ARTE presenta una pequeña muestra del importante legado de este artista, todavía disponible para su adquisición. 
            La revista SEMANA publicaría un artículo cuando se produce su muerte bajo el título: "Las chicas de la Revista Semana se quedan huérfanas", cuyo contenido transcribimos:

"Ha fallecido en Madrid José Antonio Alcacer Garmendia, dibujante e ilustrador de nuestra revista durante muchos años.Su viñeta "LAS CHICAS DE SEMANA" nos ha acompañado fielmente a lo largo de nuestra ya larga historia. Sus dibujos pasaban de madres a hijas que veían reflejados en ellos el cambio de la sociedad, con ese toque de fino humor que solamente él sabia dar. Licenciado en historia del arte, en los años 60 formó parte del mítico grupo Estampa y trabajó en medios tan variopintos como ABC, La Cordoniz, La hoja del lunes o el diario AS ... y, por supuesto, SEMANA.Pero, sin duda, Alcacer bajo la apariencia de un hombre reservado y tímido, ademas de gran persona, tenía la capacidad de plasmar en sus dibujos con un toque de humor y cierta critica lo que ocurría a nuestro alrededor. Hoy las chicas de semana se quedan huérfanas y nosotros también. Descansa en paz, compañero".

 

sábado, 3 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  58

            Un hindú:   LALCHANDANI


            La cuarta comunidad de fe en nuestra ciudad en razón del número de sus miembros y la última en incorporarse es la hindú, que aunque llegaron sus primeros individuos a Melilla allá por finales del siglo XIX, no experimenta un aumento algo considerable hasta mediados del XX, con motivo de la independencia y separación de la India y Pakistán. 

      Tendríamos aproximadamente unos diez años cuando vimos en persona por primera vez a estos hindúes. Como no era habitual su presencia, de verdad que nos llamó la atención; especialmente por el colorido de la suya vestimenta, la del género femenino, llena de gasas que envolvían túnicas coloristas que cubrían todo su cuerpo y gran parte de su cabeza; destacando el característico color de su piel, con esos toques rojos en sus frentes y en general una belleza diferente en sus rostros.

 Según nos informaban procedían de la región de Synderabad, zona próxima a Karachi, la capital de Pakistán.


           Cuando tenías que hacer algún ejercicio de Geografía y acudías al correspondiente Atlas, si sentías curiosidad y te detenías en aquellos mapas del mundo dentro, podías observar lo lejos que estaba la India y nos preguntábamos cómo acudían a nuestra ciudad desde lugares tan remotos y para la mayoría desconocidos. Era una prueba palpable de lo aventurero que es el hombre; así como de la necesidad de búsqueda de nuevas perspectivas de vida por parte de grupos humanos cuando la población es inmensa y los recursos insuficientes. Esto sí que lo sabíamos, gracias a las enseñanzas de don José Boluda, que aquella zona del mundo era de las más pobladas y también por aquellas campañas que organizaba la Iglesia, especialmente las del Domund, en las que recogían sellos y dinero para el África negra, que casi toda era así por el color y por su pobreza, y para la India, donde existían muchísimos habitantes y más miserias.

         Su religión era el brahmanismo, que además de sistema religioso era sistema social, politeísta y contaba como dios supremo a Brama, considerado como el dios creador. Estaban acostumbrados a convivir con otras creencias, especialmente con la musulmana, ya que en su lugar de procedencia la mayoría de la población tenía esta religión. Encontrándose además en Melilla con una ciudadanía tolerante al máximo y en donde convivían, a partir de su llegada, cuatro culturas en perfecta armonía. De ahí, que nosotros desde niños, crecimos en este ambiente multicultural y racial, que era como una vacuna contra la xenofobia.


                La mayor parte de los componentes de esta comunidad se dedicaron al comercio, manteniendo en nuestra ciudad una quincena de establecimientos que ocupaban a unos centenares de hindúes. Llegando a ser un personaje importante en Melilla, por ser una especie de patriarca comercial el hindú Lalchandani, que probablemente se dedicaría a la distribución comercial de los artículos expuestos en los establecimientos regidos por ellos y que se convirtió en una firma destacada en el comercio local. Filántropo y mecenas como aquel Benarroch lo era en la comunidad hebrea, hay un momento en la vida de Melilla, donde su persona, en razón del poder económico de su actividad comercial y propio, ejerce una gran influencia; apareciendo su nombre relacionado con actividades que nada tienen que ver con el comercio propiamente dicho, en razón del apoyo desinteresado que presta a las mismas. Llegando a convertirse en una persona apreciada y querida en nuestra ciudad y plenamente integrada en ella.

         Curiosidad de esta comunidad es su día religioso semanal, que es el lunes y que cierra el ciclo de días festivos de las cuatro religiones, comenzando con  el viernes para los musulmanes, seguido por el sábado para los hebreos, el día del Señor para los cristianos el domingo y el lunes para los mencionados hindúes y que junto a los de luna llena, evitaban comer carne, pescado y huevos, acudiendo entonces a una dieta vegetariana.

                           

VERSOS DE REBELIÓN

            ¡NUNCA, JAMÁS!

            Llegará, seguro, el día,
que las ranas tengan pelos,
que los olmos nos den peras
y que vuelen los jumentos,
mas, nunca jamás, llegará,
escritos guardan los cielos,
que el necio se vuelva sabio,
que se cure el majadero,
que sanen los mentecatos,
los estúpidos, los lerdos,
los imbéciles, los simples,
los sandios, gansos y memos,
o que, los pobres humanos,
lleguen a ser perfectos,
como el Dios que nos creó,
en los albores del tiempo.

            Llegará, seguro, el día,
que las ranas tengan pelos,
que los olmos nos den peras
y que vuelen los jumentos,
mas, nunca jamás, llegará,
que, de la muerte, escapemos,
que la risa sea mala,
que no existan mensajeros,
que el amor desaparezca,
que se esfumen los misterios,
que se evapore el saber,
que se agoten los silencios,
o que los pobres humanos,
hagan de la tierra, cielo,
donde felices vivir,
hasta el final de los tiempos


HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO  10

            ALBERTO DE HOYOS MASÓ    -     ALBERTOYOS


            El dibujante Albertoyos nació el 7 de abril de 1969 en Madrid. Este artista además historietista fue ilustrador de literatura infantil y juvenil, así como de libros de textos y de prensa; pintor digital y creador de contenidos.

            Alberto de Hoyos comenzó su trayectoria como historietista aficionado a mediados de los años 1980. Durante la década siguiente, publicó muchos de sus  trabajos en diversos tebeos independientes y alternativos,[como los fanzines TMEO, Pota G y Paté de Marrano,[2] y participó en diversos certámenes locales de cómic, en los que obtuvo varios galardones. 
            Entre 1986 y 1992 fue creador y locutor, junto con Javier Herráiz (Raíz), del programa radiofónico Los Artistas de la Viñeta en Radio Las Águilas (Madrid). Este espacio, centrado en el mundo del cómic, combinaba la divulgación y la crítica con elementos de humor, comedia y representaciones de radioteatro.

            Tras licenciarse en Bellas Artes por la Universidad Complutense, en 1992, comenzó su carrera como artista e ilustrador profesional. Su estilo versátil le ha permitido trabajar para diferentes públicos y en campos muy diversos, como prensa, publicidad, literatura infantil y juvenil, pintura digital y libros de texto.

            En prensa ha colaborado como ilustrador y portadista para cabeceras como ABC, Blanco y Negro, Nuevo Trabajo, Guía de Madrid. Su obra gráfica se ha centrado principalmente en la literatura infantil y juvenil y en la pintura digital; a partir de una técnica mixta inicial que combinaba mediante el ordenador herramientas clásicas —como el lápiz, la pintura, el grabado, la acuarela y el collage; su obra ha ido evolucionado a una técnica totalmente digital que prescinde de la imitación de los soportes tradicionales y restringe sus recursos expresivos al uso estricto de efectos y texturas puramente artificiales de origen digital.

            Ilustra y diseña libros, portadas y colecciones para las editoriales Edelvives, Pearson, Alhambra, Almuzara, Bayard, Editorial San Pablo, Aralia XXI y Oxford University Press. La primavera Ester (editorial Pearson Alhambra), fue Mención de Honor en el X Premio CCEI 2005. Asimismo, es autor integral, escritor e ilustrador, de diversas obras de literatura infantil y juvenil. Como historietista, guionista y dibujante, publica de forma esporádica en revistas, fanzines y y webcómic.[]

            En su faceta como ilustrador de libros de texto, ha colaborado con la práctica totalidad de las principales editoriales españolas —como Edelvives, Santillana, Anaya, ByME, Bruño, ESC, Almadraba, La Galera, Pearson Educación España, Richmond, Oxford University Press España, Kumon; e internacionales, entre las que destacan Macmillan, Oxford University Press, Pearson Education, Disney o American Greetings. Su trabajo abarca todas las materias y todos los niveles educativos, desde la educación infantil hasta el bachillerato.

            Como youtuber crea contenido audiovisual en su canal e interpreta monólogos stand up y charlas con el arte y la ilustración como eje argumental y gesde 2018 compagina su labor profesional con la docencia, impartiendo cursos, másteres y grados universitarios de arte, pintura digital, ilustración y talleres de cómic.

viernes, 2 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  57

            Un juego; A LA UNA LA MULA   ( II )

        Otro, cuyo nombre no recuerdo, servía para ver lo lanzado que era cada saltador, así como la agilidad que se poseía para los diferentes saltos. Como en todos los de este tipo, el que se quedaba hacía de mulo y en esta ocasión tenía que resguardar su cabeza entre sus brazos y manos y estar firme en los pies, para evitar alguna patada de los saltadores y el no caerse con el empuje de los mismos, ya que había algunos que volaban. En este juego el que iba el primero era el que marcaba el tipo de salto y los demás tenían que igualarlo o superarlo, ocupando este lugar privilegiado el que lo conseguía; en tanto que aquellos que no llegaban a emularlo quedaban eliminados. Las ayudas para ejecutar los saltos eran las medias y las enteras, que consistían en apoyar un pie o los dos, respectivamente,  antes de saltar. Como la distancia del que hacía de mulo se iba alejando de la raya de salto, se podían utilizar medias, enteras o ambas, en el número que se quería, pero cuantas menos mejor. Los primeros saltos se hacían sin ayudas y conforme se alejaba el agachado resultaban más difíciles y eran ya muchos los chicos que eran eliminados. No faltaban en este juego los que movidos por un exceso de amor propio arriesgaban demasiado y terminaban por quedarse cortos, por arrollar al mulo o darse un batacazo impresionante al no poder superar a éste y encontrarse en la caída, algunas espectaculares, sobre el duro y áspero suelo. Menos mal que algunos parecían de goma y que por aquellos años creíamos en la existencia del ángel de la guarda.


            Sin embargo, existía uno de estos entretenimientos que nos atraía más a todos y no precisamente por su riesgo, ya que el mismo no encerraba ninguno. Quizás fuera por aquella retahíla divertida que acompañaba a cada uno de los diez saltos diferentes y que todos conocíamos como el de “A la una la mula”. Curiosamente, estos juegos variaban en frases o palabras, incluso en el ritual que acompañaban a cada una de los saltos, porque su transmisión era oral, como las primeras obras de nuestra lírica tradicional y cualquier chaval era bueno, por creatividad o por falta de memoria, que no se iba a quedar sin jugar por causa del olvido, para suprimir lo que no le agradase u olvidado o recrear algo que seguro ya nunca se le volvería a olvidar, por ser su autor.

         El primer salto que acompañaba al nombre del juego no tenía importancia y se convertía por ello en algo rutinario. Era el de ¡A la una, la mula! El segundo, que correspondía al dicho de: “¡A las dos, la coz!” y como su nombre indica, te obligaba en el salto a dar una patadita en el trasero del que hacía de mula. Si fallabas en el intento ocupabas su puesto y se empezaba de nuevo. También es justo indicar que algunos se pasaban y en lugar de una patadita, ya que se lo tomaban muy al pie de la letra, propinaban una auténtica coz, la cual tenía como consecuencia que el sufridor la aguantara estoicamente, pero te la guardaba para llegada la primera oportunidad devolvértela y con creces. “A las tres, el perrito de San Andrés” y al saltar se le ladraba con mofa a la mula. Le seguía “A las cuatro, brinco y salto”, que te obligaba antes de ejecutar el salto a dar otro brinco delante. La originalidad en el ejercicio venía con el siguiente, en el que cada saltador lo ejecutaba como quería y que respondía a: “¡A las cinco, mi mejor brinco!” y el concepto de lo mejor siempre era diferente para cada uno.

         “A las seis, haced lo que queráis” era el siguiente, en donde la imaginación te llevaba a hacer diabluras, desde tirarle de las orejas a la mula hasta subirte en ella, desde empujarle con las manos a darle un culazo, desde acostarte encima hasta hacerle cosquillas... Eso sí, cada cual tenía que hacer algo diferente y llamativo y no faltaban nunca las risas. Otro golpe, éste con la mano abierta, simultaneaba el salto con el dicho de “¡A las siete, el cachete!”, que igualmente se daba de refilón en la cabeza o con más fuerza en todo el paquete glúteo. En el siguiente, que era el de “A las ocho, me planto en mi borriquito mocho”, te estaba permitido montarte en la mula y hasta animarla con el correspondiente grito de ¡Arre!, a que caminara. Cuando el que se subía era delgado no había inconveniente hasta de darle un corto paseíllo; el problema venía para el sacrificado animal cuando tenía que soportar al pasadito de kilos, que nunca faltaba en ninguna reunión o al patilargo, que recogiendo sus piernas para no tocar el suelo aún te molestaba más. Continuaba la retahíla con “A las nueve, empina la bota y bebe”, en el que cada jugador, antes de saltar, apoyaba el codo en la espalda del agachado, doblaba el brazo y simulaba con la mano el beber de la bota. Algunos aquí también se pasaban y golpeaban con el codo en la espalda, como el de “¡A las siete, el cachete!”, que igualmente se daba de refilón en la cabeza o con más fuerza en todo el paquete glúteo, volviendo a enfadar al que se quedaba. Y terminaba el juego con “A las diez, como estaba borracho saltaba al revés” y tenía pacientemente la mula que aguantar como cada uno le diera la vuelta antes de emprender su último salto.

         Por si alguien no se enteró de que iba esta historia le copio la retahíla, que era así más o menos.
A la una, la mula.
A las dos, la coz.
A las tres, el perrito de San Andrés.
A las cuatro, brinco y salto.
A las cinco, mi mejor brinco.
A las seis, haced lo que queráis.
A las siete, el cachete.
A las ocho, me planto en mi borriquito mocho.
A las nueve, empina la bota y bebe,
Y a las diez, como estaba borracho saltaba al revés.

 Terminada la ronda, si queríamos continuar el juego, se sorteaba de nuevo para ver quién se quedaba y siempre, cosa lógica, el más empeñado en que se volviera a empezar era el que había ejercido de cuadrúpedo, por si tenía la posibilidad de devolver algunos regalitos a aquellos que se habían sobrepasado con él anteriormente y que conste, que no se trataba de una vulgar revancha, sino de un ejercicio de goce al tener buena memoria.

VERSOS DE REBELIÓN

            ¡NO LEAS POESÍAS!

            Si no sabes lo que quieres,
si la lectura es tormento,
si el pasotismo te puede,
si te tragas tus lamentos,
si la cultura te asusta,
si piensas vivir del cuento,
olvida la poesía,
reniega del loco verso,
apártate del poeta,
de sus palabras y sueños,
de su mente retorcida,
de su inútil parlamento,
y sigue en tu bello mundo,
de patanes y jumentos,
de flojos, a reventar,
de humano, venido a menos.


            Y no tomes en tus manos,
libros de rimados versos
que, en el mejor de los casos,
actúan como venenos,
de los que matan y curan
a los sabios y a los necios,
y no se te ocurra leer,
ni el párrafo más pequeño,
no vaya a ser que recibas
la bendición de los cielos,
de aficionarte a escribir,
poemas de muchos versos.


            Que Dios te tenga en su gloria,
yo, seguiré en el infierno,
con mi traje de juglar
y el rico entretenimiento
de inventar miles poemas,
de crear un mundo nuevo.

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO   9

            AKIRA  TORIYAMA

 

            Akira Toriyama fue un reconocido mangaka y diseñador de personajes japonés, nacido el 5 de abril de 1955 en Kiyosu, prefectura de Aichi, Japón. Comenzó su carrera profesional en la década de 1970 y alcanzó gran reconocimiento con Dr. Slump, manga publicado desde 1980, cuyo protagonista, Arale, se convirtió en uno de sus personajes más recordados.
            Su mayor éxito llegó con Dragon Ball, publicado por primera vez en 1984. La historia, inspirada en parte en la novela china Viaje al Oeste y en las artes marciales, siguió las aventuras de Goku y sus amigos y posteriormente se convirtió en una de las franquicias de manga y anime más influyentes y populares del mundo. Toriyama también participó en el diseño de personajes de importantes videojuegos, entre ellos la saga Dragon Quest y Chrono Trigger.
            Akira Toriyama falleció el 1 de marzo de 2024, a los 68 años, debido a un hematoma subdural agudo, según informó su estudio Bird Studio. Su obra dejó una enorme influencia en la cultura popular internacional, especialmente a través de Dragon Ball, que continúa siendo una referencia para generaciones de lectores, aficionados al anime y creadores de todo el mundo.


            Tras la conclusión de Dr. Slump, en 1983 empezó a escribir una historia corta llamada Dragon Boy, que poco después pasó a renombrar a Dragon Ball e inició su creación como un nuevo manga. Su argumento consiste en las aventuras de Son Gokū y sus amigos, en medio de la búsqueda monumental de las siete esferas mágicas del Dragón (Dragon Balls), cuya unión puede invocar la presencia del dios dragón Shenlong, quien concede deseos. Esta obra lo hizo inmensamente popular en Japón y en el extranjero.

jueves, 1 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  57

            Un juego:  A LA UNA LA MULA

        Muchos juegos de pídola teníamos los chicos de antaño; actividad  lúdica que parece haber desaparecido en la actualidad, donde los niños están más atados a deportes más organizados o al sedentarismo de las maquinitas y de los juegos incorporados a los móviles.

       El saltar uno sobre otros que permanecían agachados era un ejercicio continuo y que formaba parte de numerosísimos juegos. Empezando por el “Periquillo correcalles”  o "Burro corrido" que consistía en hacer una larga cadena, que podían formarla todos los niños que quisieran participar en el juego y que no tenía fin, o mejor escrito, que se acababa cuando se rompía. El que se quedaba, vocablo muy utilizado en muchos de ellos, tenía que agacharse el primero y sobre él saltaban todos los demás, con la única condición de cada saltador tenía que agacharse a unos dos o tres metros de su salto y sobre sus espaldas se realizaba el salto de todos los otros. Y cuando todos los jugadores habían saltado sobre el de la queda, éste se levantaba y comenzaba su rutina de saltos sobre los que ya los habían hecho y así no se interrumpía la cadena. Teníamos tan trillado este juego que alcanzábamos velocidades tremendas, con lo que se corría el riesgo cuando el número de participantes era numeroso, de a alguno faltarle las fuerzas de tanto salto seguido y terminar por atropellar a otros de los compañeros o terminar sobre sus lomos, derrumbándolo y acompañándolo en la caída al suelo, con lo que tenías que quedarte de potro para el próximo juego, que se reiniciaba después de un corto descanso.


            Le seguía el que conocíamos como “El salto de la papa”. Para este juego se formaban dos equipos por el sistema de echar pie, que consistía en que los dos capitanes, erigidos en tales por propia iniciativa o en calidad de su liderazgo natural u oportunismo de cada momento, se enfrentaban e iban avanzando después de retirarse, colocando al dar sus pasos tocando el talón de cada pie con la punta del otro, hasta que no hubiera espacio para que cupiese completo el pie y entonces el jugador que se encontraba con esta situación, pisaba al otro e introducía el pie de forma lateral, diciendo aquello de: Pisa y cabe o pisa y no cabe en el caso contrario, en el del perdedor. Así, el que ganaba tenía el privilegio de comenzar a elegir, que para este juego era vital que fueran los más fuertes, no sólo en apariencia, y los más pesados y ya paso a explicar el porqué de estas recomendaciones. Un equipo se agachaba, introduciendo cada cual su cabeza entre las piernas del de delante y agarrándose fuertemente a ellas, como en las “touches” del rugby, y todos los componentes del otro equipo tenían que saltar sobre ellos tratando de derrumbarlos. El equipo que enseñaba sus espaldas formaba como un fornido gusano y uno de sus componentes, que hacía de madre se colocaba de cara a los agachados, de pie y pegado a la pared, con el fin de amortiguar algo los golpes, ayudar a que no se cayeran y evitar que el primero de estos con el empuje de los saltos se diera contra aquella. Luego venía el desarrollo del juego. Todos los saltadores, en orden iban montándose sobre las espaldas de los otros y allí comenzaban las trastadas. Los primeros hacían saltos largos para que cupiesen todos; dándose a veces la circunstancias de que algunos de ellos en su ímpetu exagerado o porque tenían cualidades para ello, ya que eran unos verdaderos saltarines,  caían sobre las espaldas de sus mismos compañeros, con lo que el de abajo tenía que soportar el peso de ambos, teniendo que hacer verdaderos esfuerzos por no caerse. Si ocurría esto, es decir, que el equipo se derrumbaba, tenía que volver a ocupar el mismo sitio; por el contrario, si conseguían resistir a la montura de todos sus adversarios durante un tiempo señalado al principio del juego se cambiaban los papeles. Cuando jugábamos los pequeños no había riesgo alguno; pero cuando lo hacían los mayorcitos era algo complicado y raramente no terminaban en discusiones bastante agrias.