viernes, 15 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Cuando ya habíamos visto la película o las dos, si
era de sesión doble, por el carácter continuo de las mismas, nos dedicábamos a
corretear, a subir y bajar, con la doble molestia para los que aún no las
habían podido ver, la de nuestras carreras y la del ruido que hacíamos al
correr sobre el suelo de madera. Estos llamaban en principio al acomodador o
guarda a voces con lo que se originaba un alboroto mayor y cuando llegaba éste
nos encontraba sentaditos, muy modosos y quietos como verdaderos angelitos o
emprendíamos el descenso de las escaleras para salir del cine antes de que nos
echaran.
Aquel suelo de madera también era ideal para patear sobre él, con el consiguiente jaleo que se producía, cuando, por ejemplo, aparecía Tarzán, el Jhonny Wesmuller de nuestros tiempos, que no sé si se escribirá así ni me voy a molestar en comprobarlo, para salvar a la guapa Ale y siempre siguiendo las indicaciones o llamadas de sus fieles amigos, los animales, y muy en especial de la sabia y simpática Chita o para corear a pleno pulmón la llegada de la Policía Montada del Canadá o la Brigada Ligera de Caballería en aquellos filmes en que aún desafortunadamente estábamos a favor de los yanquis en su lucha contra el pobre piel roja. Claro, que luego aparecería Jerónimo y otros cabecillas de los sioux, de los apaches y de otras tribus e irían cambiando nuestros afectos.
Allí, en su gallinero y a pesar de nuestros pocos años, descubrimos también algunas de las miserias del género humano. De vez en cuando y eso que estaba prohibido fumar en la sala, un olor penetrante de grifa o de kifi llegaba a nuestro olfato, destacándose del tabaco negro o picadura que se fumaba a hurtadillas, encerrando el cigarro entre las manos para que el vigilante no viera el rescoldo que aumentaba al dar una calada. A veces el aire se hacia irrespirable y nos producía picor en los ojos y en la garganta, sensación de ahogo y tosíamos con frecuencia, formando parte del coro de voces en tono bajo, de siseos y risas.
En él descubrimos la existencia de maricas y sátiros, más por vicio que por natural inclinación al otro sexo, que buscaban principalmente carne joven y que se te acercaban con disimulo para intentar toqueteos y que en ocasiones, a cambio de algunas perrillas, conseguían que algunos chavales o jovencitos se dejasen masturbar, con lo que otros sonidos, como el del jadeo, entraba a formar parte de aquel extraño concierto. Menos mal, que nosotros casi siempre íbamos en pandilla y conocíamos la manera de espantar a aquellos degenerados y depravados personajes, que como indicaba antes no tenían nada que ver con inclinaciones reales de homosexuales. No faltaban tampoco aquellas damas de trajes ajustados, faldas más cortas de los normal y provocativos escotes, con exceso de pintura en sus rostros, que convertían en casi máscaras, de enormes pelambreras y con olor a perfume barato que ejercían parte de su prostitución o encontraban allí pareja para su posterior ejercicio en cualquier recóndito rincón de la ciudad.
jueves, 14 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Dos grandes cines teníamos en la ciudad en nuestra
niñez, el Nacional y el Monumental y el haberme inclinado por el primero de
ellos viene justificado por las razones que a lo largo de este apartado
expondré.
Bien pude haberme inclinado por el que por sus características urbanísticas y su nombre, perfectamente escogido, el Monumental, ya que sólo había que verlo para que te impresionara por su grandeza y más desde la perspectiva de nuestra poca edad, que equivalía también a pequeña estatura. Nos decían que el mérito de esta obra era el armazón de hierro que la sostenía, que fue encargado y ejecutado por una empresa mundialmente famosa de Alemania, cuyo nombre no recuerdo; pues estéticamente no despertaba nuestro interés, porque quizás era demasiado monótono. Era mucho más interesante en su interior, por su extraordinaria altura y porque además de que su salón fuera enorme, no había ningún elemento que le estorbara, dejando todo diáfano. Desde sus butacas mirabas al techo y te perdías, tenías la sensación de ser aún más pequeñajo y si te sentabas en el extremo de una de las filas, para confirmar lo anteriormente dicho, veías demasiado lejos la otra pared. Claro que para nosotros la perspectiva más habitual era la que teníamos desde la platea o gallinero, desde donde también se podía comprobar su monumentalidad. Nada, que el nombre le venía pintiparado, como anillo al dedo.
( CINE MONUMENTAL)
Sin embargo, siempre tuvimos una cierta predilección por el Teatro Cine Nacional y ello sería por diferentes causas que influirían en mayor manera entre los niños. La primera de todas, sin duda, eran aquellas matinales de los domingos y festivos, en las que el público infantil se convertía en protagonista.
miércoles, 13 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Decían algunos que hasta entregaba fotografías suyas, como si de artista se tratara, a aquellos soldados que solicitaban su audiencia y que si no las firmaba era por verdadero pudor.
martes, 12 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Pero lo que más caló en la población civil, a pesar
de que él era militar, fue su decisión de retirar la alambrada de la playa de
la Hípica que impedía a los que no eran socios de aquella entidad el
utilizarla, al igual que el dique sur. Aquello trajo alguna cola y despertó
todo tipo de comentarios por las partes afectadas y por los que no daban
crédito a lo que estaban viendo.
Muchos abusos desaparecieron con su llegada y que fue un hombre controvertido, como señalaba al principio, lo demuestra el que a pesar de todo, la Guarnición de Melilla, como prueba de admiración, de respeto como eufemismo de miedo, diría yo, y cariño hacia su persona, le imponía en nuestra ciudad el fajín de Teniente General, aunque algún malpensado pudiera decir o pensar que tal solemne acto se le ofrecía el 13 de octubre de 1961,cuando ya se sabía su destino a la Capitanía General de Canarias. Reafirmando lo anteriormente señalado con el hecho de que el 23 de mismo mes y año, el Excelentísimo Ayuntamiento de Melilla le concedía
La primera fue que durante un permiso oficial que
gozamos como cualquiera en el transcurso de nuestra mili, nos desplazamos a
lunes, 11 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Una vez en Melilla con él vinieron los cambios y por qué no decirlo, la leyenda, porque no dudo que hubo verdades en su torno y otras cuestiones se inventaron o exageraron, apareció en su torno.
En principio, si algunos oficiales y jefes se habían relajados en su cuidado físico, tuvieron que volver a buscar la forma, porque raramente se libraba alguno de subir a Rostrogordo andando para celebrar aquellas paradas militares que se hacían diariamente en aquella enorme explanada que se preparó allí, junto a los pinares, para tal fin.
Otra cuestión que se comentaba en la ciudad es que ningún jefe de los distintos cuarteles de la ciudad estaba tranquilo desde que llegó, pues siempre había que estar preparado, en perfecto estado de revista, para posible visita a su acuartelamiento, ya que nunca avisaba; teniendo incluso la perversa costumbre, se decía, de salir para uno determinado y sobre la marcha y sin previo aviso, cambiar de parecer y dirigir sus pasos a otro, sin que nadie pudiera avisarles a estos últimos con tiempo suficiente. Vamos, pienso yo, que tenía a todo su personal de altura desconcertado y como consecuencia, a la tropa siempre en perfecto estado de revista como señalé anteriormente.
Esta forma de actuar y su fuerte espíritu castrense trajo consigo una férrea disciplina, que se puso de manifiesto en diferentes cuestiones, que padecían también los soldados y que veíamos los civiles, que nada teníamos que ver de momento con lo militar.
Se implantó, por ejemplo, un pelado característico para los soldados, aquel de usar la maquinilla en el cero para toda la parte de la cabeza que quedaba fuera del gorro militar y algo más de pelo, no mucho, en la parte cubierta. Cosa que se hacía extensiva a toda la tropa sin distinción, tuvieran o no permiso para incluso vestir de paisano y que así se sabía quienes estaban cumpliendo con su obligación con la patria.
Se hablaba en la ciudad que había puesto en riesgo de extinción aquella figura de siempre del asistente para todo. Incluso se contaban historias como la de haberse presentado en el parque Hernández, identificando a algunos de estos por su pelaje, que estaban cuidando a pequeños en tal recinto, obligándoles a que se incorporaran inmediatamente a sus respectivos cuarteles y avisando a las respectivas familias de los chicos para que vinieran a buscarlos si no se los querían encontrar solos.
Todos estos aconteceres eran bien vistos en general por la ciudadanía; aunque no creo que serían bien celebrados por los que cada día perdían algún privilegio, por nimio que fuera.
Era muy difícil ver en sus paseos a algún soldado con los botones de su uniforme desabrochados por razón del calor o descubierto, sin gorro, en medio de la calle o con las botas sin abrillantar.
Esta dureza disciplinaria el soldado la veía compensada por otros beneficios, porque se comía mejor, porque comenzaron a desaparecer injusticias que eran consideradas como normales o habituales; ya que el soldado que se sentía dañado en sus derechos tenía acceso directo a él, saltándose todo el proceso reglamentario que existía dentro del régimen militar. Este egocentrismo del General, beneficioso para la soldadesca, que a veces hasta encontraba en aquellas visitas permisos especiales, lógicamente no sería bien apreciado por jefes y oficiales, y aquí incluyo también a los suboficiales y otros cargos menores, pues en cualquier momento podían verse en entredicho y porque además obligaba a algunos a importantes cambios de conducta, en especial, en los grupos de los últimamente citados.
Decían también algunas malas lenguas que jugaba a soldaditos y con reproducciones de distintos armamentos pesados en miniatura a la guerra en su gran despacho, a montar estrategias bélicas sobre una enorme mesa que había en el mismo.
domingo, 10 de mayo de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Todo esto, en una ciudad tan eminentemente castrense
como la nuestra se veía hasta con absoluta normalidad, no despertando ni
siquiera envidias; era algo así como si todos estos privilegios y algunos más
fueran consustanciales al hecho militar y en especial al capítulo de jefes y
oficiales del Ejército.
No quiero tampoco generalizar, pues no dudo de la existencia de algunos que podían hacer un uso correcto de estas prebendas que se encontraban graciosamente por razón de su ser o profesión; pero sí señalar que era evidente la existencia de un elevado porcentaje que abusaba o no hacía un uso correcto de los mismos.
¿Qué se puede decir, por ejemplo, del hecho de que un compañero nuestro, él con sus quince años ya cumplidos, nosotros con algunos más, empezando los estudios de magisterio, tuviera un asistente que lo acompañara hasta la Escuela Normal, pasados los depósitos de la Shell, y llevándole incluso la cartera de los libros?
Los ejemplos resultan en muchas ocasiones más
ilustrativos que los múltiples razonamientos.
¿Cómo podía verse, por ejemplo, a una consorte de militar o a su hija, desplazándose por la ciudad para hacer sus compras en el coche con matrícula ET?
¿Qué podría decir un civil, cuando la playa que él tenía que usar, la de San Lorenzo, carecía de servicios adecuados, porque a lo mejor o peor, vaya usted a saber, el Ayuntamiento por entonces no contaba con los recursos suficientes para ello y tenía que atender otras urgencias, por ejemplo, y veía que la acotada Hípica, contaba con todos ellos y especialmente con los recursos humanos gratuitos para dicha entidad, pues eran atendidos por personal de tropa en su mayoría y que se podía suponer que para eso no habían venido a Melilla?, aunque muchos prefiriesen estar allí que cumpliendo con sus obligaciones militares reales.
Por supuesto que era mejor para ellos cuidar pequeños, arreglar un grifo, pintar un piso o llevar la cartera a un ya estudiante de magisterio que hacer guardias, la instrucción diaria y estar uniformado todo el día.
Pero mira por donde un 22 de abril de 1957 llega a nuestra ciudad como Comandante General un personaje en cierto modo muy controvertido y especial, tanto para el cuerpo militar como para la población civil de Melilla, don Ramón Gotarredona Prats, del que puede decirse, sin ningún género de dudas, que cambia en muchos aspectos la vida militar de la ciudad. Esa es mi sincera apreciación, que nada tiene que ver con que sea acertada o no, cuando sólo cuento con dieciocho años y pronto me voy a ver obligado a cumplir mi servicio militar.
En pocas ocasiones lo vi personalmente y sin embargo, me quedé con la impresión de un hombre alto, serio y de gesto duro y con grandes gafas. Supe que fue profesor de
sábado, 9 de mayo de 2026
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viernes, 8 de mayo de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
39. Un militar: DON RAMÓN GOTARREDONA PRATS
En principio tengo que confesar que en mi familia no hubo militares, lo que me va a permitir tratar este apartado sin ninguna posible influencia y con la objetividad, o por lo menos ese será mi intento, necesaria para que nadie se pueda incomodar; además desde la perspectiva de un joven que contaría entre dieciocho y veintidós años cuando el militar al que me voy a referir ocupó en nuestra ciudad el cargo importantísimo de Comandante General.
Existía en su ambiente una figura que aliviaba considerablemente a la familia militar, como era la del asistente, que servía por el uso y el abuso casi para todo; ya que niños pequeños y siguiendo fielmente con el significado del nombre que se le asignaba, eran asistidos por ellos. Encargándose éstos también de llevarlos y traerlos del colegio, de acompañarlos al parque y vigilarlos en sus juegos desde una tierna edad o incluso de estar con los pequeños en tanto que los padres cumplían con sus obligaciones sociales o de ocupación de su tiempo libre cada cual como le apeteciera.
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jueves, 7 de mayo de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El Cargadero daba al principio de su costado
derecho, una vez salvada la calzada, con uno de los accesos a la playa que
concluía en unos bloques en la misma orilla del mar, que cuando venía el buen
tiempo visitábamos con frecuencia, sin que necesariamente tuviera que ser
verano. La parte anterior debió ser conformada con relleno de escombros, pues
presentaba una altura mayor a la de la superficie de arena fina. En ella había
también muchas conchas y crecían jaramagos y otras plantas silvestres por
doquier; presentando algunos tramos más regulares de tanto hollarlos nosotros
al darle patadas a la pelota y echar nuestros partidillos. Desde allí veíamos
los distintos departamentos del Cargadero, en donde los vagones al volcarse
lateralmente depositaban el mineral de hierro, formándose laderas de dicho
mineral que se podían ver desde el exterior, ya que estaban al aire libre.
Como señalaba antes, al final había una pequeña
playita, si se le podía llamar así por la existencia de fina arena y que ningún
bañista se atrevía a utilizar, con unos grandes bloques colocados
irregularmente, lo que nos permitía jugar entre ellos, escondernos, aparecer
por detrás de cualquiera de ellos y hasta capturar cangrejos. Lo de bañarnos
no, porque los restos de mineral que caían, la grasa de los barcos y los
objetos flotantes más insospechados que las mareas acumulaban en aquel rincón,
no nos invitaban a ello. Eso sí, mojarnos al corretear entre ellos, al salpicar
el agua que batía sobre los bloques, estaba garantizado; hasta tal punto que
terminábamos por quitarnos la ropa y quedarnos sólo en calzoncillos blancos y
algunos, los más atrevidos y desvergonzados que nunca faltaban, en cueros
vivos.
Llamativos también esos días en que el mar batía con algo mayor de fuerza contra los bloques y un chorro de agua, como sorprendentes surtidores, brotaba por los orificios circulares que tenían y que si nos encontrábamos en sus inmediaciones y soplaba aire hacia el interior suponía una ligera ducha de agua salada con el sabor lógico del salitre si llegaba a nuestros labios.
Por el otro costado del Cargadero y al no ser socio del Club Marítimo, nuestras aventuras sólo consistían en colarnos en aquel trocito que existía entre ambos, en aquella playita, si se lo podía considerar como tal y no frecuentada nada más que por nosotros, de tierra ennegrecida y rojiza de la acumulación del mineral y de las grasas y otros desperdicios soltados por los grandes navíos que junto a ella atracaban, para coger raquíticos y veloces cangrejos y para dar la lata al guarda del Club, que con su presencia, voces y amenazas producía la desbandada de la osada pandilla, ya que nunca íbamos solos.
( ANTIGUO PUENTE DEL CARGADERO DE MINERAL )
Aunque voy a Melilla con relativa frecuencia no he visitado estos lugares; no sé si seguirá envejecido aquel camino de hierro o si los raíles y traviesas del tren han sido arrancados, si seguirán o no en pie las ruinas de aquel pequeño fortín, para nosotros, y que seguro que no pasaría de ser un mero lugar de almacenamiento. Sé que con el desmonte de San Lorenzo se consiguió un solar para ubicar unas modernas instalaciones deportivas, concretamente un pabellón cubierto, muy interesantes para la ciudad y hasta me contaron que al Cargadero de mineral, con las reformas oportunas se le ha dado un variadísimo uso y que nada tiene que ver con lo que fue. Todo esto, me obliga a que en próxima visita a la ciudad de mis amores, Melilla, me vea en la obligación de hacer una escapada por ese entorno y compruebe cómo se encuentran estos rincones que tanto influyeron en mi niñez y que afloran con extrema facilidad del arcón de mis recuerdos.
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
miércoles, 6 de mayo de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Este cargadero en donde además de cargar aquellos
barcos negros y rojos el mineral, servía de almacén para muchos miles de
toneladas que permanentemente eran depositadas en él, por medio de los
múltiples viajes que hacía aquel tren que nos cautivaba por igual, con sus
innumerables vagones cargados hasta los topes, que hacía temblar el suelo
próximo a los raíles por donde se deslizaban y con los que estábamos
familiarizados; ya que el monte San Lorenzo, por donde transitaba el ferrocarril,
en su última fase, antes de cruzar el puente voladizo de estructura metálica
que le llevaba al cargadero propiamente dicho, era uno de los lugares más
encantadores y buscados para nuestros juegos, especialmente, los que estaban
relacionados con el oeste americano que veíamos en las películas.
Los sonidos emitidos por la locomotora desde que entraba en la población, casi de forma permanente, y el fuerte traqueteo de los vagones sobre los raíles, eran avisos para que suspendiéramos momentáneamente los juegos si estábamos en el monte, esperando que aquel apareciera por el otro puente, el de la Gota de Leche, su posterior paso hacia el cargadero, para dedicarnos con todas las precauciones del mundo a una de las tareas más divertidas para nosotros, la de buscar entre los restos que se iban desprendiendo de los cargados vagones, trozos de dorada y brillante pirita; aquel mineral duro y pesado, de color amarillo metálico, que era una importante mena del hierro y que se convertía en nuestro tesoro: que guardábamos celosamente en cajas de cerillas o botes de penicilina a los que habíamos previamente quitado la chapita que rodeaba su boca y lavado porque era de un medicamento.
Como teníamos cogida la hora de algunos viajes de este tren del Rif, a veces jugábamos, como veíamos en las películas de indios y americanos, a poner nuestro oído sobre los raíles para escuchar el traqueteo característico de su caminar desde la lejanía y avisar con voz en grito a los compañeros de juego que ya se acercaba. Otras veces no se oía nada, pero para quedar bien, como experto auditor, se gritaba y daba la alarma y el tren no aparecía de ninguna de las maneras, descubriéndose inmediatamente su fallo o su mentira y recibiendo por ello improperios que pronto se olvidaban.Otro quehacer nuestro era el de poner chapas que eran tapas de botellas sobre el raíl para que el paso de tantos vehículos pesados las aplastaran y que luego las colocábamos, haciéndole un agujero en el centro, en uno de los extremos del cordel que servía para lanzar el trompo.
Y un pasatiempo divertido y que se convertía en auténtica competición, era el de caminar por encima de los raíles, guardando el equilibrio y ver quién conseguían el tramo más largo; así como el recorrer a pasito corto pisando las traviesas de las vías y sin olvidarse de ninguna.
Aprovecho para recordar que en el montículo por
donde pasaba el tren, en la ladera que daba a los bloques Orgaz y la plaza de
toros, nos permitía extraerle el asperón con que fabricábamos con mucha
paciencia, frotando y frotando contra otra superficie más dura, que podía ser
el mismo suelo y ayudados con el agua o la misma saliva si faltaba ésta, los
objetos más variados. Mientras que la otra ladera, la que daba a la calle Actor
Tallaví y por consiguiente a la playa de San Lorenzo, sólo la usábamos por
diferentes y estrechas bajadas para cortar camino en nuestros desplazamientos.
El Fuerte que había en el monte de San Lorenzo, para nosotros siempre estuvo envuelto en misterios y nos despertaban tal miedo las historias que nos contaban que no nos atrevíamos a acercarnos al mismo. Hubo épocas en que algún destacamento de soldados vivió allí y entonces no nos producía tal pavor. Cuando se ausentaron y se fue deteriorando es cuando nuestra imaginación se desató y de verdad que se acrecentaron nuestros recelos hacia el lugar; que no encerraba más que la miseria y la degradación propia de cualquier edificio abandonado y en ruinas.