Dos grandes relojes situados en dos edificios nobles
de nuestra ciudad merecen ser recogidos en estos apuntes, el de la Iglesia
Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, nuestra iglesia, ya que en ella fuimos
bautizados y recibimos la Primera Comunión y el del Ayuntamiento. El primero
nos servía para saber la hora exacta al pasear por
En cuanto al del Ayuntamiento de nuestra ciudad, cuya fecha de su puesta en marcha corresponde al 6 de enero de 1967, bajo la alcaldía de Francisco Mir Berlanga, notable historiador y cronista oficial de nuestra Melilla y bendecido por el Vicario-Arciprestal Antonio Segovia, contaba con otro encanto añadido y que nosotros teníamos el privilegio de oírlo con frecuencia, ya que era un reloj-carillón, por vivir en sus proximidades. También nos avisaba cuando aún no tenía música si jugábamos en las pérgolas referidas anteriormente de sus inmediaciones y que ya no existen, cuando íbamos a ver cómo se instalaban las atracciones de la feria o al regresar de aquellas excursiones vespertinas al Puerto y que nos llevaban sin darnos cuenta a la noche cerrada. Pero lo que realmente nos atraía, lo mismo que a cualquier visitante que llegaba a nuestra ciudad y se encontraba en sus cercanías, que para eso era casi paso obligado, eran aquellos fragmentos de melodías muy conocidas, entre las que me parece recordar el “Soldadito Español” o por estar en Melilla, el trozo correspondiente del Himno de
Reloj-carillón que fue fabricado según he sabido después por una empresa donostiarra y que es del mismo tipo que el instalado en el Palacio de Comunicaciones de Madrid y que como todos los relojes, enferma a veces y se enfrenta a largos periodos de mutismo, porque en nuestra ciudad, al igual que en la mayoría de ellas, siempre hay por parte del Municipio otras cuestiones más urgentes e importantes que lo de arreglar un reloj que se avería, porque además pocos profesionales entiende verdaderamente de esta materia y porque también todo el mundo prefiere mirar a su muñeca o al que se convierte ya en inseparable compañero de viaje, como es el móvil de los tiempos modernos, que alzar la vista para detenerla en el reloj del Ayuntamiento.




















