RAZÓN DOCE
12 .- Dos Santos: SAN JOSÉ Y SAN CLEMENTE ( III )
Es cierto y cambiando de tercio, que el día de San
José ya no es lo mismo que antes, salvo en la Comunidad Valenciana, donde con
las Fallas no hay quien pueda, ni por lo visto últimamente con su alcaldesa
Rita Barberá. Llegaron los socialistas al poder, al gobierno de España en
Madrid y acabaron con muchas festividades y la verdad es que había demasiadas,
y de esta criba no escapó la del santo varón San José. El día se hizo laborable
para los trabajadores, otros santos tuvieron más suerte o mejor tratamiento, y lectivo
para los estudiantes. Es como si al Santo José lo hubieran descendido de
categoría, ya no hay tantas celebraciones, ni los que llevamos este nombre
recibimos tantas felicitaciones como antes. Además se le ha generalizado tanto
por parte del consumismo, con el beneplácito de la Iglesia, que casi nunca
estuvo ajena, menos en sus orígenes o en el habitat de los desheredados, a la
riqueza y el poder, que ya no sólo es el día de los José, sino también de todos
los padres, sin que dejen de recordarnos tal hecho con auténtico bombardeo y de
forma reiterativa los medios de comunicación y en especial, por encargo de unos
grandes almacenes cuyo nombre no es necesario señalar y que curiosamente
siempre su director tiene la delicadeza de felicitarnos.

Pero la anécdota más señalada con relación al nombre
de mi hermano es la que relato a continuación.
Tenemos en Melilla una sobrina a la que queremos con
locura porque fue como una hermanita pequeña para nosotros desde el momento en
que el destino cruel hizo que nuestra hermana mayor, su madre, se nos fuera de
esta vida en plena juventud y aquella criatura con su hermano pequeñín, José
Ángel, se vinieron a vivir a nuestro hogar. Pues bien, esta sobrina nuestra se
llama Melchora, como para no tirar cohetes, ¿verdad? Decía su abuela por parte
de padre, que se llamaba igual que ella, cuando se le recriminaba por esto, que
había sido un capricho de su padre el ponerle aquel nombrecito, que a ella que
lo había padecido durante toda su vida no le gustaba en absoluto, pero que su
hijo era tan cabezota que no había forma de hacerle variar de opinión y que si
se le hubiera metido en su testa el ponerle a su pequeña “Cagarruta” su nieta
se llamaría así. Menos mal que se quedó en lo del femenino del rey Mago.
Para disfrazar el entuerto desde muy pequeña la
empezamos a llamar Marimel, que hasta es sonoro y por este eufemismo la conocía
todo el mundo. Era tal su desazón a veces, que cuando en la facultad sevillana,
donde realizó sus estudios universitarios para licenciarse en Historia del
Arte, pasaban algunas veces lista o nombraban a los alumnos de su curso por o
para algo, a ella aún estando presente siempre le ponían falta, porque su
silencio era sepulcral y miraba para otro lado.
Sin embargo, le ocurría lo de la paja en el ojo ajeno
y de vez en cuando le daba la carga a su tío Clemente y a aquellos que habían
tenido la ideíta de nominarlo así, porque consideraba a aquel nombre como una
carga nada agradable para toda una vida.
Clemente asumía aquellos reproches con la paciencia del
viejo sabio, entre otras cosas porque se sentía a bien con él y más, cuando ya
sabía de verdad el significado del mismo, que tenía más de virtud que de
pesadez.
El tiempo pasa, Marimel se casa con un hombre
extraordinario, Alejandro, y la felicidad aumenta en su casa con el nacimiento
de una preciosa niña, a la que hay que bautizarla y ponerle un nombre como Dios
manda. Por supuesto, de Melchora nada, que no se hable de ello ni en broma. Son
padres nuevos, modernos, liberales, así que no tienen ninguna atadura en este
campo. ¡ Ay ¡, pero el destino a veces juega malas pasadas, en este caso en
forma del triste fallecimiento de su suegra, otra extraordinaria mujer, muy
querida por todos, por sus hijos y por su misma nuera, dada su condición y
calidad humana; pero esta excelente señora se llamaba Clementina.
En homenaje y recuerdo a ella, a la recién nacida se
le pone el nombre de su abuela, disfrazándolo en esta ocasión desde su bautismo
con el de Tina, que hasta suena bien y es sonoro.
Mi hermano Clemente cuando lo supo, con la frialdad
y laconismo que siempre le han caracterizado, sólo le dijo una vez: Marimel,
mejor callar, porque al final todo cae encima.
Cuando la pequeña estudiaba seguro que si le
hubieran preguntado por el significado de su nombre la habrían puesto en un
grave aprieto. Estoy convencido que no hacía referencia a cada una de las
constituciones compuestas por el Papa Clemente V y que se incorporaron al
Derecho Canónico, las cuales recibieron este nombre por su autor; ni siquiera a
una variedad de mandarina, ni aún al hecho de tener clemencia. Tampoco sé
si celebrará su onomástica el 23 de
noviembre como mi hermano. Lo que sí puedo decir es que, aun siendo tan
distintos estos Santos, me quedo con ellos y estoy seguro de que a ninguno de
los “Clementes” se les olvidará felicitar a su hermano mellizo en fechas y
fiestas para ellos tan señaladas, a pesar de los socialistas, por quitar una
fiesta tan importante para los “Pepes” e ignorar seguramente la de los que se
llaman Clemente, porque ellos con los Papas parece ser que tampoco hacen buenas
migas.