martes, 29 de septiembre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO  7

            JOSÉ FRANCISCO AGUIRRE RUIZ

               Nace en Murcia el 4 de octubre de 1921 y muere en Madrid el 11 de marzo de 1984. Artista polifacético, desde muy temprana edad manifiesta una gran habilidad para el dibujo y la ilustración. Al igual que su hermano Antonio, con quien comparte una gran vocación artística. Cursó sus primeros estudios en el colegio de los Hermanos Maristas de Murcia.

            En la década de los años 40 se traslada a Madrid donde comienza su carrera profesional en el mundo de la ilustración y, posteriormente, del periodismo artístico. Sus primeras obras se encuentran en publicaciones como Primer Plano, Revista para la Mujer o Mundo Hispánico. En algunas de estas publicaciones José Francisco Aguirre coincide con autores de la talla de Goñi, Picó y Serny, entre otros, grupo que está considerado como uno de los más relevantes del mundo de la ilustración española del siglo XX.
            Su nombre también está asociado, de manera imborrable, a ABC y Blanco y Negro. Primero como ilustrador, donde llegó a publicar 239 obras entre 1955 y 1969. Y posteriormente como Jefe de Confección de Blanco y Negro, donde trabajó durante casi un cuarto de siglo.
            Pintor, cartelista, escenógrafo teatral, diseñador, muralista, ilustrador de publicaciones juveniles… la obra de José Francisco Aguirre abarca casi todos los géneros artísticos, poniendo su talento, sensibilidad y habilidad pictórica al servicio de un público muy heterogéneo.
J            José Francisco Aguirre fue el decorador y figurinista de cabecera de Celia Gámez. Trabajó con la actriz, de manera ininterrumpida desde 1942 a 1954. Asimismo, fue el encargado de la escenografía de El Canastillo de Fresas, obra póstuma del maestro Jacinto Guerrero, estrenada el 16 de noviembre de 1951 en el Teatro Albéniz de Madrid.
            Como ilustrador, José Francisco Aguirre tuvo una trayectoria de notable éxito gracias a sus colaboraciones en ABC y Blanco y Negro, donde realizó portadas, dibujos para relatos, etc. Y también José Francisco Aguirre mantuvo una estrecha relación con la prestigiosa editorial Aguilar. Ilustró una serie de libros para la colección El Globo de Colores y en 1958 consiguió el Premio Nacional Lazarillo de Ilustradores con la obra El Libro del Desierto, de José Luis Herrera.
            En 1956 José Francisco Aguirre fue seleccionado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Murcia para dibujar el cartel oficial de las Fiestas de Primavera.
            En el terreno pictórico, la obra de José Francisco Aguirre compagina diferentes estilos, temáticas y técnicas, lo que otorga a su obra una gran y variada riqueza artística. Aguirre realizó retratos, paisajes, estampas de campo, verbenas, arlequines, bodegones… Y celebró numerosas exposiciones en Madrid, Murcia, Yecla, Alcoy, Benicasim… Es la de José Francisco Aguirre una pintura figurativa muy particular, fiel reflejo de una concepción de la vida muy teatral, como si cada obra fuera una escena captada en la inmensidad de un gran decorado. Su obra no obedece a ningún patrón predeterminado sino que condensa, bajo un particular estilo sobrio y original, una combinación perfecta entre pintura e ilustración.

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA,, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  56

            Un hebreo importante y reconocido:  YAMÍN BENARROCH    ( II )

        Otro hebreo que recuerdo de aquella época es a Benguigui. Jugábamos muchas veces juntos a baloncesto y voleibol en el campo de Bandera de Marruecos y formaba parte del equipo del Instituto de básquet. Su familia tenía una tienda de artículos de regalos y relojes y desde muy pequeño tomaba parte en el comercio. Por cuestiones deportivas nos desplazamos a la Península en varias ocasiones y recuerdo que cuando llegábamos al lugar de la competición, en el mismo albergue o residencia donde nos concentraban a los participantes, abría su personal “Mantelete” y continuaba con su negocio, que además era lo que llevaba en la sangre, obteniendo buenos beneficios a pesar de ser todavía un chaval. Convirtiéndonos incluso nosotros en estupendos colaboradores del mismo, buscándole clientes y pregonando las excelencias de sus artículos en calidad y baratura, a cambio de nada, y sólo por el hecho de ser nuestro amigo y compañero de viaje.


            Muchos de aquellos hebreos, más compañeros de estudio que amigos, desaparecieron de nuestra ciudad cuando se marcharon en familia a repoblar Israel, a empezar una nueva vida llena de incertidumbres y esperanzas. Algunos, recién terminados sus estudios universitarios, emprendieron la aventura de establecerse en los quibús, sus comunas, porque en aquel país casi todo estaba por hacer. A los Chocrón, Belilty, Thruman, Benguigui, Benarroch, Salama, etc., se les presentó la oportunidad de dejar de ser, como pueblo, apátridas. Unos siguieron aquella especial llamada, dejando todo lo que tenían para comenzar vidas nuevas; en tanto que otros, habían encontrado su hogar en nuestra Melilla y en ella pasarían el resto de su existencia, sin renunciar a nada; ya que en Melilla tenían todo lo que necesitaban para llegado el tiempo de su último viaje alcanzar su paraíso.

         Hebreas también eran dos hermanas que fueron mis profesoras en un verano aciago en el que tuve que prepararme mejor para superar los cates de junio, de las que guardo un gratísimo recuerdo y de las que curiosamente conservo en mi memoria perfectamente sus rostros, su afabilidad, su saber enseñar, despertando en tan poco tiempo en mí verdaderas inquietudes en torno al estudio y sin embargo, no sus nombres.

        Existían diferentes hechos que demostraban la peculiaridad de esta comunidad en nuestra ciudad. Aunque era cierto y me reafirmo de que nuestra relación con los miembros de la misma era igual que si no lo hubieran sido, tampoco puedo negar la existencia de grupos que sólo buscaban relacionarse entre ellos y que hasta escogían para sus juegos lugares distintos, como la acera grande del Parque Hernández, desde su entrada principal, enfrente de la Agencia Minerva, hacia la Plaza de España, en la calle Teniente Coronel Seguí.


            Otras de estas diferencias consistían en la no existencia de relaciones de noviazgo con miembros de otras religiones; así como el respeto a su sábado y a sus grandes fiestas, a esos días en que no podían ni encender las luces, ni cocinar, ni realizar ningún tipo de trabajo manual o aquellos otros en que sentaban en su mesa a algún pobre o desheredado, tarea que resultaría en ocasiones difícil de conseguir porque entre ellos no reinaba precisamente la pobreza. Eran escrupulosos en el cumplimiento de su liturgia, celebrada en sus sinagogas y llamaba nuestra atención la vestimenta, siempre de negro,  y el aspecto de sus rabinos. Y todo lo anterior con el soporte educativo de un colegio propio, situado en la calle General Mola, pasada la Cruz de los Caídos, en las cercanías de los lugares habituales de nuestros juegos y al que siempre lo vimos encerrado en el misterio, porque nunca llegamos a penetrar en él; ignorando si es que estaba prohibida la entrada a los cristianos o porque el edificio, sin ningún atractivo, no despertaba nuestro interés ni la más mínima curiosidad. Aquel colegio hispano-israelí, que se llamaba “Talmud Torá”, sí que nos parecía algo siniestro, en el sentido de que no veíamos en él la algarabía y bullicio propios de todos los centros infantiles; aunque pudieran éstos existir en su patio interior en horas que no coincidían con las que nosotros nos encontrábamos en sus cercanía. Las entradas y salidas no eran tampoco masivas, a pesar de que la comunidad hebrea contaba con un importante número, que superaba con creces el millar de individuos. Además de que muchos de los chavales hebreos asistían a los distintos centros de la ciudad y especialmente a La Salle y al Instituto. Posiblemente fuera más un centro donde podían reunirse en horario extraescolar y dedicado a su formación espiritual y para el ocio, para mantener sus costumbres y tradiciones.


VERSOS DE REBELIÓN

 

            ¡YA ES HORA!

            Ya es llegada la gran hora,
de levantar liebres falsas,
de decirle pan, al pan,
de acabar con tanta guasa.


            Ya no existe vuelta atrás,
ni el dejar para mañana,
hay que acabar de una vez,
con todas las bufonadas,
las del inepto político,
las de los hombres de paja,
las de los grandes banqueros
las de sus cuadrillas santas,
las de las públicas teles,
las de los que mucho mandan,
las de la niña bombón,
las de los artistas fachas,
las de los necios sabiondos,
las de los finos mandangas,
las de los ricos podridos,
las de los que mucho tragan,
las de los “guays” del momento,
las de los que venden armas,
las de los curas infectos,
las de las sectas sagradas,
las de los grandes famosos,
las del niñato o niñata,
y una interminable lista
de sonoras payasadas,
que nos colocan a todos,
al filo de la navaja,
de ser endiosados monos
o monos de rompe y rasga.


lunes, 28 de septiembre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO  6

            ANTONIO AGUDO TERCERO   -   ANTONIO AGUDO

 

           Antonio Agudo es un artista sevillano nacido en la capital, Sevilla, en el año 1940 y que falleció el 12 de septiembre de 2025. Ilustrador, pintor y profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, donde estudió e hizo la carrera.

            Inició sus estudios artísticos a los 12 años en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla y mientras estudia el bachillerato superior se inicia en el dibujo comercial de fotograbado en una empresa familiar. viaja a Madrid en 1961 asiste a clases de dibujo a la vez que trabaja en un estudio de publicidad; posteriormente ingresó como alumno en la Escuela Superior de Bellas Artes de su ciudad y no deja de trabajar para una agencia de publicidad, ni sus estudios de grabados; llegando incluso a crear un estudio grafista propio.

            Al terminar sus estudios universitarios, año 1961, viaja con dos amigos a París, conde conoce por primera vez a Picasso en la magna exposición realizada en el Grand y Petit Palais y en la Biblioteque National y donde continuará hasta 1971, alternando su actividad grafista con la de pintor, hasta que se incorpora a lo docencia. 

            A lo largo de su vida ha compatibilizado la enseñanza con su obra pictórica y ha realizado numerosas exposiciones de grabado, dibujo y pintura en varias ciudades de España y América, entre ellas Washington , Madrid, Quito, Cádiz y Sevilla. 

            Entre 1971 y 1977 impartió la asignatura de Dibujo y Grabado en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla al cargo de "Dibujo Antiguo y Ropaje" y desde 1987 hasta su jubilación las de Bodegones y Figura humana. 

            Su estilo puede encuadrarse dentro del realismo abstracto y figurativo, dedicando especial atención a la representación de la figura humana.

             Algunas de sus obras más conocidas son los retratos del rey Juan Carlos I que se encuentran en el Palacio de la Zarzuela, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y la Universidad de Sevilla y también el retrato de José Manuel Romay Beccaría presidente del Consejo de Estado español. Siendo también muy notable el trabajo de su Vía Crucis, encargado por la Hermandad Del Gran Poder para su Basílica Mayor.

    BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


                RAZÓN  NÚMERO  56

                Un hebreo muy reconocido e importante: YAMÍN BENARROCH


                Otros niños no tuvieron la suerte de vivir en una ciudad como la nuestra, que te permitía el contar entre tus amigos con personas de otras creencias religiosas, lo que te daba la posibilidad de crecer en esta cuestión tan compleja como es la fe con una visión más amplia, que podía generar hasta inconscientemente una mayor apertura de tu mente en este tema y que la naturalidad acompañara a todo este tipo de relaciones.
                Ya reflejé en otros apartados ese afán nuestro de evangelizar con nuestros escasos años y cortas luces, a varios musulmanes; por supuesto, sin éxito alguno. Sin embargo, con los hebreos nunca lo intentamos, porque ellos tenían muy claras sus cosas y curiosamente, a pesar de ser niños, nosotros también.
                Tuvimos muy buenos amigos hebreos, de los que hablaré a continuación; pero su comunidad, dentro de nuestra ciudad, fue de las más cerradas; sobre todo, en el aspecto de conservación con excesiva fidelidad sus costumbres y tradiciones y no me refiero a sus relaciones sociales, que generalmente fueron cordiales siempre con el resto de la población melillense; entre otras cosas, porque eran los que manejaban por aquellos años la mayoría del comercio de nuestra Melilla y vivían de ese público.


                Uno de nuestros mejores amigos de la infancia fue Moisés, al que llamábamos para abreviar “Mosi” y que vivía en el último piso de nuestro portal. Con él compartíamos juegos y hasta meriendas. Posiblemente, bajaría más a nuestra casa, por estar en la planta baja, que nosotros subiríamos a la suya, ya que aquello de su cuarto piso, sin ascensor, y en inmuebles de techos tan altos, constituía una auténtica escalada; que dicho sea de paso, tampoco nos resultaba problemática, porque éramos chavales y nos sobraban energías para regalar. La prueba más evidente de esto último era el hecho de que nos encantase subir hasta un poco más arriba, sin permiso de nuestros mayores ni de la portera, a la azotea para corretear en ella, molestando a los inquilinos de la última planta, en donde él vivía, y para divisar panorámicas extraordinarias del Parque Hernández, la calle General Mola, del barrio Obrero, de la Plaza de Toros y los bloques Orgaz, del campo de deportes de la Bandera de Marruecos, aguantándonos el vértigo de tanta altura al mirar para abajo; para saltar las pequeñas tapias que separaban las distintas azoteas y poder bajar, si encontrábamos las puertas abiertas de ellas, por otros portales y muy en especial por la del número ocho, donde vivían los Soler, Moncada, Isidorín, Esteban, Pedro y Jóver, pero por su trasera, que era el único bloque que tenía esta cualidad y por qué no señalarlo, para a hurtadillas, escondiéndonos en los lavaderos, fumar nuestros primeros cigarros o atrevernos con alguna que otra desaparecida cachimba, que de tanto chupar y chupar para encenderla, cosa que no sabíamos, terminábamos con una tranca de campeonato.
                Con Mosi intercambiamos, llegadas nuestras fiestas principales, las de ambas religiones, productos característicos de ellas. Nosotros aportábamos las monas de Pascua o los polvorones y mazapanes de Navidad y él nos deleitaba con sus galletas aplastadas, ácimas porque no usaban levadura y también sin sal, grandes y con agujeritos, muy parecidas a las “regañás” nuestras.


            Con este buen amigo me ocurrieron dos anécdotas, ya de mayor, bastante divertidas. Mosi, con toda su familia y para seguir con ese sino de su pueblo, un día hacen sus maletas y buscan otras tierras donde asentarse. Ellos no dirigen sus pasos al naciente Israel, como hace una gran parte de los judíos de nuestra ciudad, sino que emprenden su marcha hacia Francia, instalándose en París. Tendría más o menos unos catorce o quince años cuando se marcharon, pasan los años y dejamos de tener noticias de él.
                Un atardecer, cercano ya a la noche, cuando las farolas de la calle están recién encendidas, cuando ya han pasado muchos años, una pareja se acerca a nuestro ventanal, que está abierto y con las persianas bajadas casi en su mitad, costumbre que teníamos cuando se aproximaba el buen tiempo y con el fin de gozar de la calle desde dentro y el varón pregunta si le conocemos. La cara de mi hermano es de perplejidad porque no  reconoce a aquella persona. Sin embargo, yo, como si se hubiera producido una comunicación mental o porque aquel rostro a pesar del cambio sufrido por el paso del tiempo me resultara fácil de reconocer, con la mayor naturalidad del mundo, como si del día anterior de su marcha se tratara, le digo: “Tú eres Mosi”. Y la sorpresa se la lleva él y su acompañante, que era su esposa; ya que jugando con ventaja quiso sorprendernos y con mi rápida respuesta la impresión se la llevaron ellos.


                Unos treinta años más tarde, donde los cambios se acentúan mucho más, lógicamente, en viaje a Málaga para recoger a uno de mis hijos y a dos sobrinos, hijos de mi hermano mellizo, que han pasado unos días en Melilla, decidimos acercarnos a La Carihuela a comer. Al terminar y deseando emprender la marcha hacia Sevilla, en la misma puerta del restaurante, una persona se levanta de una de las mesas del exterior y me detiene con su brazo en alto y me pregunta con descaro: ¿Tú eres Pepe o Clemente? Señal inequívoca de que nos conoce y bien a ambos, aunque no nos distingue por aquello de ser mellizos. Mientras los demás siguen caminando hacia los coches por el paseo marítimo, aquel desconocido me interroga, dándome pistas al mismo tiempo de sus conocimientos hacia mi persona y me habla sin perder su sonrisa y con la complicidad de una señora que le acompaña y que permanece sentada en torno a la mesa donde han degustado las exquisiteces del lugar, de Melilla, del Parque Hernández, de la calle Teniente Coronel Seguí, cerrándome cada vez más el círculo, y continúa con la plazoleta, con el portal siete, con la planta baja... Y de pronto, otro fogonazo y me encuentro por segunda vez con Mosi. Con las lágrimas a punto de brotar en mis ojos le abrazo ante la mirada atónita de mis acompañantes, que esperan en la lejanía y que han visto como después de conversar con un extraño he terminado abrazándolo y besando a su mujer que le acompañaba. Hago gestos, especialmente a Clemente, para que se acerque y goce también del imprevisto encuentro. Residían en sus vacaciones en Benalmádena y aquel día fueron a comer como nosotros a La Carihuela. El destino nos había facilitado este nuevo encuentro y tan efímero como el anterior, pero curioso.


    VERSOS DE REBELIÓN

                ¡PORQUE QUIERO!

                Soy dueño de mi palabra,
    de mis rimas y mis versos,
    y a esta altura de la vida,
    tengo perdido el respeto,
    al crítico petulante,
    al lector insatisfecho,
    a los “progres” y entendidos,
    al fracaso y a los miedos,
    y no me importa gritar,
    soy poeta, porque quiero,
    poeta de la osadía,
    de los utópicos sueños,
    de verdades, de mentiras
    de los tornadizos vientos,
    de las fontanas heridas
    y del hondo sentimiento.
                Soy dueño de mi palabra,
    de mis rimas y mis versos,
    y los planto, complacido,
    en las tierras de mi huerto,
    en los mares de mis días,
    en el orillar del cielo,
    sin importarme la gloria,
    sin esperar ningún premio,
    efímeras criaturitas,
    en este mundo de ciegos,
    de empalagosos vecinos,
    de zarrapastrosos necios,
    de falsos intelectuales,
    de patanes y mostrencos.

                Soy dueño de mi palabra,
    de mis rimas y mis versos,
    soy vate, bardo, juglar,
    soy poeta, porque quiero,
    y si alguno no lo admite,
    que se vaya a los infiernos,
    donde, con seguridad,
    allí, pronto, nos veremos.

    domingo, 27 de septiembre de 2026

    HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


                ENTREGA  NÚMERO 5

                JOSÉ LUIS AGREDA YÉCORA   -   AGREDA

        
                El dibujante Agreda nació en Sevilla el 21 de marzo de de 1971, contando en la actualidad con 55 años. Además de dibujante es historietista, ilustrador y director artístico, diseñador de producción y realizador.

                Cuando tenía 4 años su familia se trasladó con su familia a Bilbao, donde estuvo viviendo hasta 1989.[]] Comenzó a dibujar por influencia de su hermano,[] y con el tiempo se inició en la historieta a través de publicaciones en distintos fanzines como Metacrilato (1982).[] Tras fallecer su padre, regresó con la familia a su ciudad natal y estudió Arquitectura en la Escuela Superior Técnica de Sevilla.[]]

                Después de ganar un concurso de cómic en Bilbao, Natxo Allende le invitó a participar en La Comictiva, donde publica series como la inacabada Los años conjurados (1994) y Barrabás (1996).[] Después editó con Under Cómic su primer álbum recopilatorio en blanco y negro, llamado ¡Eh, tú chaval! (1997).[ Ese mismo año su obra fue reseñada dentro de un número especial de la revista El Víbora dedicado al cómic underground.

                Empezó a trabajar como autor profesional en 1998, principalmente como ilustrador en El País de las Tentaciones y en El Víbora. Ese mismo año inició una serie regular en El Jueves, Los Chapas (1998-2000), junto con Bernardo Vergara, con quien luego volvió a trabajar en Jaula magna (2003).[] En esos años también llevó la serie Zoé en el País de las Hadas, para la revista infantil ¡Dibus!, y el dibujo de Raúl y Andrea: a la fuerza ahorcan (2000), guionizado por Gomaespuma.[]

                 En 2001 se consolidó dentro de la historieta española con Cosecha Rosa, editado por Under Cómic, que obtuvo el premio a la «mejor obra» en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 2002.] En 2003 lanzó Cosecha CMYK, una recopilación de ilustraciones editada por Astiberri.[]

                Entre los años 2004 y 2006 estuvo publicando la serie regular Olga y Héctor en la revista infantil Mister K. También colaboró en El Manglar y en Usted está aquí, ambas editadas por Dibbuks. En 2014 fue uno de los autores que abandonó El Jueves para poner en marcha la revista digital Orgullo y satisfacción, que existió hasta 2017. En todo ese tiempo ha mantenido sus colaboraciones como ilustrador en distintas publicaciones, tanto de prensa como editoriales.[]

                En 2017 trabajó como director artístico en la película Buñuel en el laberinto de las tortugas (2018), dirigida por Salvador Simó y basada en un cómic de Fermín Solís. Esta cinta fue galardonada en 2020 con el Premio Goya en la categoría de mejor película de animación.[] En 2022 trabajó con Pablo Berger en la película Robot Dreams (2023), también basada en una adaptación de cómic.[] Robot Dreams obtuvo dos Premios Goya —mejor guion adaptado y mejor película de animación— y estuvo nominada en los Premios Óscar en la categoría de mejor película de animación.


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                RAZÓN  NÚMERO  55

                Dos purgantes: EL ACEITE DE RICINO Y EL AGUA DE CARABAÑA   ( III )

            Además aquella medicina ejercía también un cierto poder persuasivo. Cómo éramos chicos normales, teníamos días en que no nos gustaba o no teníamos ganas de ir al cole o al Instituto y poníamos múltiples excusas: que nos dolía la cabeza y aparecían las aspirinas; inventábamos toses y nos daban una cucharadita del jarabe que siempre había a mano y que menos mal que casi todos estaban dulzones; dábamos vueltas y vueltas y decíamos que estábamos un poco mareados o señalábamos, tocándonos la frente, que teníamos algo de fiebre y nos ponían el termómetro, descubriéndose inmediatamente que no era cierto porque la fiebre no se podía inventar; nos encogíamos simulando dolor de vientre y gemíamos lastimosamente y aparecía la frase mágica que curaba todos los males inventados, al niño hay que purgarlo. Entonces teníamos dos caminos, el de tragarnos la purga con todas sus consecuencias, cosa que no hicimos nunca, que yo recuerde, pues indudablemente ésta era peor que tragarse todas las horas del colegio, incluso que te preguntaran sin haber estudiado la lección en el Instituto o el acudir a lo más lógico y razonable, no de golpe para que no se te viera el plumero, poquito a poco, de indicar que los males iban desapareciendo, coger la cartera y marcharte a cumplir con tu obligación de colegial. Claro que, con estas tretas podías coger en alguna ocasión, las menos, a los adultos en esos días tontos de los que nadie se libra o en su punto débil y beneficiarte de que te acostaran de nuevo, con la única advertencia de que en ese día uno no se iba a encontrar con la calle como no fuera a través de los cristales de la ventana.

             Te acostabas calentito y feliz en la cama y como no tenías sueño, ya que habías dormido bien y el problema era otro bien diferente, te dedicabas a urdir la estrategia una vez pasado el horario escolar, para lograr convencer a tus mayores acerca de que necesitabas salir a la calle para cualquier fin; incluso, lo que nunca se hacía de buen grado, la solución podía estar en ofrecerte a ir a comprar alfileres u otros artículos a Casa de la Callera, donde seguro que te encontrarías con algún amigo en el camino, que les faltaran a mi madre o a mi tía Carmen.

            Lo curioso es que un día desaparece de nuestras vidas el aceite de ricino, aunque no los empachos ni las purgas. Ello ocurre como prueba evidente de que empezamos a ser mayores y el mencionado aceite ya no nos sirve para nada, según nuestros mayores. Y entonces el contenido de una cuchara sopera es reemplazado por el de todo un vaso del nuevo  purgante, que ya no entraba en el capítulo de las grasas, sino en el del agua, pues se trataba de la que era conocida como de Carabaña, que debía de proceder de algún manantial o preparada en pueblo o zona llamada así y que sabía igual de mal o peor que el ricino.


                Claro que por aquel prurito de sentirnos mayores, cosa que considerábamos como una cierta distinción, no poníamos tantas trabas a la hora de tomarla, ni inventábamos historias; ya que cuando acudíamos a ella es que no estábamos bien y queríamos salir de aquel atolladero y curarnos cuanto antes. De tal manera que incluso nosotros íbamos a coger aquella botella de Carabaña que se guardaba en la parte alta de un armario que teníamos en el comedor, para no dejar esta faena a mi tía, que cada día lógicamente se encontraba más achacosa; aunque ella sí se encargaba de establecer la dosis, que a pesar de sus años para estas cuestiones todavía no le temblaba el pulso.


                Su efecto era el mismo, pero no tan inmediato ni exigente a la hora de la asistencia al excusado, que así también llamaban algunos al retrete, como el anterior. Su sabor era desagradable, pero más llevadero a la hora de tomarla por tratarse de un agua y carecer de la viscosidad propia de los aceites, que te daban la impresión de que se te quedaban pegados a la garganta.

         Después del agua de Carabaña ya no tomábamos la malta ni los caramelos, nos conformábamos con enjuagarnos bien la boca para quitarnos el sabor de ella, ya que el olor no nos molestaba e ingerir posteriormente agua de Yasinem o de Trara, según la época, que nos sabía a gloria.


                El médico seguía sin venir a casa para estos males pasajeros y creo que todos los niños de aquellos años estuvimos familiarizados con las purgas y con los purgantes, especialmente con el aceite de ricino.
              

    VERSOS EN REBELIÓN


                REBELIÓN

                ¿Quién podrá negarnos que nos alistemos voluntarios y conscientes a la denostada rebelión de la palabra y de los sentimientos?
    ¿Quién nos negará el derecho a la rebeldía, cuando los ejércitos de la mediocridad no dejan de parir mediocres y mediocridades?
    ¿Quién osará recluirnos en el manicomio de los cuerdos?
    ¿Quién?

                Tomamos la palabra.
    La tomamos a nuestro antojo y hacemos con ella lo que nos place.
    La tomamos, la amamos y la odiamos, la quebramos y la inventamos, la gritamos y la susurramos y muchos más la… y la…
    Jugamos con ella, le hacemos trampas, la veneramos y la olvidamos,
    Pensamos con y en ella. En los sueños, morimos sin ella y, al despertar, vivimos por ella,
    La sentimos, la padecemos, la disfrutamos, la extrañamos y, en ocasiones, la matamos, para, después, emulando a Dios, resucitarla y gozarla.

                Lo que encuentres, a partir de este instante, durante unos pocos días, es rebelión, desobediencia, insumisión, sedición, indisciplina, insubordinación, insurrección, indocilidad y, sobre todo, tardía e inútil rebeldía de unos hombres, hastiados de ser borregos.


                ¡RENIEGO!

                A la una, en buenísima hora,
    a la prima, de este cuento,
    renegaré de los hombres,
    de sus obras, de sus hechos,
    de sus ínfulas baratas,
    de sus frecuentes desprecios,
    de sus cantos de sirena,
    de sus asuntos infectos,
    de sus malas intenciones,
    de sus endiosados vuelos,
    de sus flagrantes olvidos,
    de sus falsos juramentos
    y de todo lo que lleve,
    estigma de hombre hueco,
    sentado en dorado trono
    o amo de un estercolero.


    sábado, 26 de septiembre de 2026

    HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

     
                ENTREGA  NÚMERO  4

                ANGNÈS PINSARD, conocida como  AGNÈS ROSENSTIEHL desde que contrajera matrimonio con el matemático PIERRE ROSENSTHIEHL, y que también uso el seudónimo de AGNÈS GAY, es una ilustradora y escritora de libros para niños, que nació en Paris el 4 de diciembre de 1941.



                Nacida en una familia de artistas, estudió música en el Conservatorio Nacional de Música y Danza de París y obtuvo el primer premio de armonía en 1966 con el nombre de Agnès Gay.. Es más conocida por una serie de libros infantiles que narran la vida de Mimi-Cracra , más conocida en inglés como 'Silly Lilly', y su libro "Paris-Pékin par le Transsibérien", que ilustró y coescribió con su esposo, Pierre Rosenstiehl, después de un inspirador viaje familiar.

                Como madre, comenzó a crear libros para niños y colaboró ​​con muchas editoriales, desde las más famosas hasta las más pequeñas y emergentes. Dice estar fascinada por la antigüedad egipcia, lo que la lleva a dibujar a sus personajes siempre de perfil, a usar colores sólidos, a integrar escritura y dibujo. 

                Muestra un interés constante por la lengua francesa, tema que explora en muchos libros, como sus Alfabetos, o el Libro de la lengua francesa (ilustrado por Pierre Gay). Su producción no se ha detenido desde 1968.

                En 1983, obtuvo la "Mención" del Premio Gráfico Fiera di Bologna para el Gioventù de la Feria del Libro Juvenil de Bolonia (Italia) por sus ilustraciones de canciones elegidas por Apple of Api, 66 canciones, 6 cañones, 6 navidad. 

                En 1995, Agnes Rosenstiehl recibió el gran premio de la Société des gens de lettres (SGDL) del libro juvenil por Les Adverbes.  Sus archivos están confiados al Instituto de la Memoria Contemporánea (IMEC) en Saint-Germain-la-Blanche-Herbe . 

                En 2000, recibió una «Mención» por Introducing Art to Children en la Feria del Libro Infantil de Bolonia  por la colección que dirigió: «Collection de Peinture», publicada por Éditions Autrement. 

                Está casada con el matemático Pierre Rosenstiehl.

    BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGRES, COSAS, PERSONAJES

     
                RAZÓN  NÚMERO 55

                Dos purgantes:  EL ACEITE DE RICINO Y EL AGUA DE CARABAÑA

            Lógicamente, aquella planta arborescente de grandes hojas por culpa de sus semillas, que eran las que se usaban como purgante, tenía muy mala prensa entre la gente menuda glotona y sin embargo, era estupenda para los adultos que la recomendaban y aplicaban en nosotros y que nunca la probaban, en razón y estos eran sus argumentos fundamentales, de que nos dejaban como nuevos y muy limpios por dentro.

            Esa noche no dormíamos, más que por el empacho, porque al amanecer nos íbamos a encontrar con mi tía Carmen inapelablemente y con aquel botecito que contenía el aceite de ricino en una mano y con una cuchara sopera, de las grandes, en la otra.

              La liturgia del acto era harto complicada. Allí no valía aquello de llegar y topar, que  hubiera sido lo más natural y menos penoso; sino que comenzaba por nuestra parte la ceremonia del tira y afloja. La frase más repetida y acompañada de nuestras manos en señal del stop, era: ¡Espera un momento, tía! Y de nada servían aquellos parones, pues a ella no la cansaba nadie, porque sabía mejor que nosotros que todo era cuestión de tiempo.


                Repasábamos si estaban todos los preparativos sobre la mesa unas veces. Allí estaba el tazón de malta y los terrones de azúcar para endulzarla, al igual que aquellos caramelos en forma de gajos de naranja para tomarlos después y con ellos quitarnos el mal sabor de boca, al que atribuíamos el apelativo de asqueroso y que te duraba todo el día. Ensayábamos el taparnos la nariz varias veces para que su nauseabundo olor y tan penetrante no se introdujera en ella; pero es que el maldito estaba ya metido en nuestro cerebro desde la primera vez que oíamos su nombre. 

                                              
                Al final, nos armábamos de valor, nos tapábamos la nariz, cerrábamos los ojos, abríamos la boca con gran dificultad y esperábamos, con la paciencia del niño Isaac cuando era conducido por su padre al mismísimo altar de su sacrificio, a que nuestra tía Carmen introdujera en ella aquel cochino brebaje con su habilidad característica, pues no se le caía ni una gota. Después, en una reacción rápida ingeríamos de una vez y sin parar, casi sin respirar, el negruzco líquido, sucedáneo del café, que nos sabía entonces a gloria, para coger inmediatamente el caramelito y chuparlo para extraerle al máximo el jugo que contrarrestara el del purgante, pero que no era capaz de vencerlo.

             El resultado de la repugnante pócima era inmediato y al rato estábamos evacuando toda la causa de nuestra dolencia. Lo peor es que durante todo el día no podíamos estar muy lejanos del retrete, ya que las ganas aparecían de forma continua y repetida; además de que en aquella jornada estabas en ayunas, sin probar bocado alguno. Con tanto desaguar, porque todo lo que echábamos era un pestilente líquido, claro que te quedabas limpio.

               Y en los días siguientes atados a lo que los mayores y doctores llamaban dietas blandas, pasando más hambre, como dice mi amigo Alfonso el de la botica, que un caracol en una pita. Un arroz en blanco, por ejemplo, para estreñir y una pescada hervida que no sabía a nada y mientras tanto, nosotros acordándonos de los cocidos con sus correspondientes “pringás” e incluso de aquellos chuscos y el chocolate arenoso de la merienda. Menos mal que el tiempo pasaba rápido y se volvía pronto a la normalidad y se te olvidaba la purga y el ricino, ya que existían otros alicientes en la vida.