domingo, 12 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:  PEDRO MONTES RAYA, el hijo de los porteros del portal número 6

    Con los trompos era un artista, les quitaba las púas originales, cortitas y redondeadas, y las reemplazaba por otras más largas, que introducía, nos decía, para que se ajustaran mejor untándolas de excrementos de caballos y que iba pacientemente puliéndolas en su punta para que quedaran suaves al bailar sobre las palmas de las manos, a lo que nosotros atribuíamos la expresión de “estar pajitas”. Lógicamente, en el arte de bailarlos también destacaba y hasta se atrevía a tirarlo al aire y cogerlo con la mano, donde el trompo bailaba sin ninguna dificultad.


            Por el contrario no tenía paciencia para jugar al fútbol con los botones y menos aún a aquellas vueltas ciclistas que organizábamos con chapas, dándoles chiclazos con el dedo corazón suelto después de retenerlo con el pulgar y siguiendo rutas que presentaban toda clase de dificultades o trampas, dibujadas en el suelo de la plazoleta. Se aburría con estos juegos que él tenía por muy sedentarios y lentos; además de sujetos a demasiadas normas estúpidas, como la de si te salías, aunque fuera al final, tenías que empezar de nuevo o que no valiera cortar camino entre tanta curva dibujada en el suelo o tener que esperar un turno, que se hacía pesadísimo cuando eran muchos los jugadores, que era lo habitual. 
Aunque tenía la misma edad que nosotros en muchas de sus cosas parecía mayor y no sabría explicar el porqué; quizás porque era educado y serio en su trato con los mayores, lo que le habrían inculcado sus progenitores desde la portería y con relación a todos los vecinos del portal y que él trasladaba a todo el mundo que le rodeaba.

        Sin embargo, lo suyo era el circo. Soñaba con ser artista circense y con que su nombre algún día apareciera en cualquiera de aquellos grandes carteles que llenaban la ciudad cuando estos se desplazaban a Melilla.


            Y toda esta historia la empezó por los ejercicios físicos que hacía y que todos no podíamos llevar a cabo o estábamos expuestos a algún que otro batacazo si lo intentábamos. Empezando por aquel de colocarse en sentido vertical y cabeza abajo apoyándose en las palmas de las manos, lo que llamábamos el pino, sin necesidad de la pared, con cuya ayuda lo hacían algunos otros. Pero es que él llegaba a más, pues se permitía el caminar en esta postura durante un buen trecho. Siguieron a estos ejercicios sus “cangrejos” en sus dos vertientes. Daba una voltereta y sin levantarse al caer, con el cuerpo totalmente encorvado y mirando hacia arriba, caminaba como este animal, apoyando manos y pies o también, conseguía esta figura, echándose el cuerpo hacia atrás lentamente y curvándolo, flexionando sus piernas, hasta que con las manos tocaba el suelo. Nos parecía que estaba descoyuntado. Y por último vinieron sus mortales; primeramente uno sólo y después, con el paso del tiempo y cuando adquirió seguridad, varios.

            Nosotros alucinábamos con sus ejercicios y demostraciones. Los más atrevidos cuando lo imitaban se daban golpes de campeonato; por ello, todos le admirábamos y lo considerábamos algo distinto y raro. Es que no era normal que uno de tus amigos quisiera ser, así por las buenas, artista de circo y más aún, aprendiendo solo en el patio de la portería de un bloque de pisos.

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Entrega Nº 241

LA FAMILIA CHURUMBEL   ( II )

MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO  Biografía en la Entrega nº9

                En esta imagen falta el hijo mayor

La familia Churumbel está compuesta por los siguientes personajes:

El cabeza de familia es Mamué, hombre robusto y bigotudo, tocado con un bombín y que siempre fuma puros. Es muy alegre y muy valiente, poseyendo grandes dotes de líder y está dotado con un gran ingenio.

Su esposa es Rosariyo, de profesión ama de casa, dedicada a sus labores. Es una mujer muy sumisa y que admira un montón a su marido. Nunca le falta  su enorme pañuelo atado al cuello, donde reposa su hijo menor, el pequeño de la casa, un bebé que a pesar de contar con pocos meses ya aprendió el oficio de robar todo lo que se pone a su alcance. Es sin duda el más digno y prometedor continuador de la familia.

Después tenemos al abuelo, que es un vejete muy bajito, de enormes bigotes blancos y con un gorro cordobés que tapa casi su rostro, menos la nariz. Es el rey de los afanadores y capaz de llevar a cuestas gigantescos objetos.

Y nos falta el hijo mayor, el que no está en la imagen, porque es considerado como la “oveja negra” de la familia, ya que le encanta seguir estudios universitarios y el trabajo. Toda un terrible vergüenza para su padre, Manué. 

viernes, 10 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEGUNDA

32.-   Un circense:   PEDRO MONTES, el hijo de los porteros del número 6   ( I )

 

        Hay niños que desde su más tierna infancia saben lo que quieren ser de mayor y todos los pasos que van dando en su vida, que no son pocos, van encaminados a conseguir su meta; como aquellos que se pirran por las cerillas y los mecheros, por encender papeles y pajitas secas y que hasta que no terminan incendiando el bosque, convertidos en crueles pirómanos, no descansan en paz, o aquellos otros que van para cirujanos y desde su niñez cortan los rabos a las lagartijas para ver como estos siguen moviéndose, seccionan las ancas de las ranas capturadas en las charcas o abren el vientre de un camaleón después de emborracharlo con un cigarro introducido en su boca, para ver que hay en sus entrañas, cosiéndolo después con agujas e hilos corrientes como actividades lúdicas preferidas.


            No son como la mayoría, que un día quieren ser caballo para ganar en todas las carreras, bomberos para apagar los fuegos de los anteriores y ser al mismo tiempo usuario de ese coche rojo con escaleras enormes, mangueras larguísimas y una sirena que se oye por todas partes; futbolista para ganar mucho dinero, Rey Mago para trabajar un día al año, jilguero para volar o astronauta para viajar por el espacio y encontrarse con Flash Gordon o ETE y llegar al planeta rojo, para cada día cambiar de anhelos y de personajes, porque son realmente muy pequeños para fijar su futuro.

        Pedro Montes Raya, que vivía en la portería del número seis de la calle Teniente Coronel Seguí, del portal que daba a la plazoleta de nuestros juegos, no estaba entre estos últimos; más bien se acercaba a los primeros, a aquellos de ideas fijas y poco volubles. Además de cabezota era corajudo, atrevido, soñador en ocasiones y algo rarillo, distinto a la mayoría. Por ejemplo, no le gustaba el fútbol, pero cuando jugaba no quería acabar nunca, siempre pedía la revancha aunque su equipo perdiera por diez goles de diferencia; si jugaba de portero no le importaba volar para impedir un gol, golpearse duramente contra el suelo al caer y desollarse vivo y si lo hacía delante y tenía la fortuna de conseguir un gol lo festejaba dando volteretas. Desaparecía y aparecía en nuestros juegos como el río Guadiana. ¿Pero dónde se ha metido Pedrito?, nos preguntábamos con frecuencia. Al rato llegaba jadeante y sin decir palabra alguna se incorporaba a los  mismos. En el juego del “Salto la papa” era casi imposible doblegarlo, aunque más de uno saltara sobre sus espaldas. Se derrumbaban sus compañeros, pero él seguía erguido. En sus saltos, por el contrario, siempre escogía los más arriesgados y atrevidos, el menor número de medias y enteras para llegar al que hacía de burro; terminando en no pocos de ellos con sus huesos en el suelo o llevándose por delante al anterior mencionado, que después del golpe difícilmente aceptaba las disculpas del alocado Pedrito, que nunca se quejaba por nada.

        Su enorme timidez le llevaba a no querer jugar con las niñas. Decía, por ejemplo, que el juego de las prendas, en el que con las manos juntas dejábamos caer un objeto o piedrecita sobre las de cualquiera de los jugadores y que había que acertar al elegido, pues de lo contrario se veía uno en la obligación de dejar una prenda, que sólo se podía recuperar cuando se hacía lo que te mandaban los que dirigían el juego, era una mariconada y el que jugaba con las niñas era una mariquita azúcar. Cualquiera lo ponía a él a jugar a aquello de “Dónde está la llave, matarile, rile, rile...”, con el ir y venir de los grupos de una acera a la otra. Corría entonces y se escondía en la portería, porque le daba verdadera vergüenza.


            Las suyas eran otras historias, gateaba a los árboles como una ardilla y tenía su lecho en la parte más alta de la copa y seguro que en el lugar más cómodo, porque sabía escogerlo. Era constructor de todo tipo de artilugios. Mientras todos jugábamos con el sencillo aro de hierro y la guía de alambre duro, él aparecía con una base de madera hecha con varias tablas bien acopladas y clavadas a unos ejes, donde ponía cuatro ruedecitas de bolones, que ninguno de nosotros sabía de dónde las sacaba, y que arrastrada por una fuerte soga en forma de triángulo, se convertía en un carrito, que despertaba la envidia de todos. Menos mal que también era generoso y no le importaba prestar al resto sus inventos.

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    Entrega Nº 241

    LA FAMILIA CHURRUMBEL   ( I )

    MANUEL VÁQUEZ GALLEGO  Biografía Entrega nº 9


        Ya hablamos hace unos días de esta serie de historietas de humor creada por el Gran Vázquez  y hoy asomamos a nuestra ventana las aventuras y desventuras de La Familia Churumbel.

       Esta serie nace en 1960, apareciendo en el número 1 de la revista El Campeón de las historietas de la Editorial Bruguera. Cuando este Semanario cesa en su publicación en el año 1962, la serie pasa a publicarse  en la revista DDT de la misma Editorial hasta el año 1965.

         Curiosamente por tratarse de una historieta infantil o por eso mismo, fue censurada a principios de los años 70 por el franquismo debido a su contenido racista. Esto obliga a Bruguera a republicar episodios sueltos y desordenados en otras publicaciones hasta la década d los 80.

    La familia Churumbel está conformada por una familia gitana que vive en una casa de campo en las afueras de la ciudad y que sólo tiene como fuente de ingresos el hurto. Especializada principalmente en los animales de granjas; pero lo cierto es  que se dedican al robo de todo tipo de objetos, desde relojes de oro hasta locomotoras de ferrocarril, incluso elefantes o transatlánticos (Como aparece en la historieta que hoy aparece en nuestro blogs.

    A pesar de tener para el exterior muestras de humildad, en su casa tienen cantidades ingentes de dinero y enormes libros contables donde se pormenorizan los incontables ingresos.

jueves, 9 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
RAZÓN TRIGÉSIMO PRIMERA

31.-  Una enfermedad infantil: EL SARAMPIÓN   ( III )

        Curiosamente, yo padecí en algunas temporadas unos trastornos que debieron de ser de tipo alérgico, cuestión que por aquellos tiempos no estaba tan atendida como en la actualidad y que  me desaparecieron como llegaron, sin darme cuenta. Era verdaderamente sorprendente, sobre todo me ocurría por las tardes, después de comer y de la correspondiente siesta sobre una manta extendida sobre el duro suelo, con almohada incluida, y salía a la calle. Nada más darme el aire, un picor me acompañaba por todo el cuerpo y tenía la impresión de que me ponía colorado como un tomate en todo el mismo. Regresaba alarmado a casa y ya en el largo pasillo del portal encontraba alivio, llamaba al timbre y en tanto que me abrían la puerta y andaba posteriormente el de mi hogar para llegar al taller donde se encontraba mi madre para enseñarle las manchas rojizas de mi piel, éstas habían desaparecido misteriosamente, tomándoselo ellas, mi madre y las chicas del taller, a broma y quedándome yo todo cariacontecido. Ya no me atrevía a salir durante un buen rato y cuando lo hacía de nuevo no me volvía a suceder, con lo que estaba hecho un verdadero lío. Me sucedía en temporadas y no debía de ser nada grave; pues un día dejó de pasarme aquello y hasta la fecha sólo guardo su recuerdo.

                                 

        El elegir el sarampión para este apartado es que para nosotros fue como una enfermedad llena de curiosidades, que además pasamos los mellizos juntos, no como en otras enfermedades también contagiosas en que el primero que la cogía se la pegaba al otro. Tendríamos unos ocho o nueve añitos porque aún íbamos a la Academia de don Antonio Martín. Un día aparecimos ante mi madre, por separado, para enseñarle unos granitos que nos habían salido y que nos picaban como condenados. De ella sólo recibimos una exclamación de ¡Uy, uy!, que a nosotros no nos dijo gran cosa, nos echó polvos talcos en los que vio y nos recomendó que no nos rascásemos. El encuentro de los hijos con las madres y las palabras de éstas, en general, debe ser un fenómeno algo relajante; lo cierto es que volvimos a la calle a seguir con nuestros juegos, que se vieron interrumpidos por la aparición de otros puntitos rojos y por la vuelta del picor en las zonas donde brotaban, con algunos ya hasta en la cara. En esta ocasión acudimos a nuestra madre, juntos. Al vernos y levantarnos la camisa y con cierto rubor por nuestra parte, porque estaban presente las mujeres del taller y hasta las aprendizas, ya que igualmente nos bajaron los pantalones para mirarnos las nalgas, el “¡Uy!” anterior se transformó en un “Está claro, hasta para esto van a ser iguales, los dos han cogido el sarampión a la vez”. Mi madre, sin estudios de ninguna clase, había nacido para mandar, para dirigir cotarros y para salir airosa, por lo menos así me lo parecía a mí, de cualquier situación. ¡Cómo se iba a comparar lo de su viudez, por ejemplo, con la nimiedad del sarampión de dos de sus hijos!


        Lo primero que hizo fue preguntar a todas las mujeres que allí había, en el taller de costura, si había alguna que no lo hubiera pasado todavía. Como eran mayores que nosotros, todas lo habían padecido y no tuvo que obligar a ninguna a que se marchara a su casa, por si las moscas; además de que decían que el contagio a personas mayores podía ser mucho más peligroso.

            Lo segundo fue mandar a una de las pequeñas a que fuera a comprar a la papelería un par de pliegos de papel de seda de color rojo, lo que nos sorprendió sobremanera de momento y del que más tarde supimos cual sería su destino. Desmanteló el taller en un instante, dejando allí sólo las dos máquinas de coser Singer que había y se lo llevó al comedor, abriendo dos camas plegables que había en el pequeño pasillo que existía entre ambas habitaciones. Nosotros estábamos alucinados, no sabíamos a que respondía tanto trasiego y sentados en unas sillas bajas no salíamos de nuestro asombro.             A mi tía Carmen la mandó por nuestros pijamas, que nos pusimos a todo volar, en un momento en que todas las mujeres estaban en el otro cuarto, lo que suponía que la calle se nos acababa por una temporada, y lo que ya terminó por maravillarnos fue cuando nos dijo: “Este va a ser vuestro cuarto hasta que se os pase el sarampión”.
                       
                                            
    
            Aunque la jornada no se había terminado en su capítulo de sorpresas. Con tanto trajín la tarde había llegado a su ocaso e hizo falta encender la luz y cuando alguien lo hizo la claridad de ésta nos molestó algo en los ojos y pedimos que la apagaran. También dio tiempo a que la aprendiza trajera el papel rojo, que fue puesto por Matilde, que era la oficiala más alta, subiéndose en una silla, alrededor de la bombilla de la lámpara que colgaba en medio de la habitación. Siendo el otro pliego destinado para rodear la que existía en una lámpara de pie que había encima del mueble cama del rincón. Encendieron las luces y aquello parecía el infierno de las películas. ¡Qué sensación más rara, divertida y llena de incógnitas. Cada cual dio su versión acerca de este remedio, pues además de molestar menos esta luz, decían que ayudaba a que brotara cuanto antes el sarampión, cuestión de mimetismo cromático y de misterio. Lo cierto es que aún soportando las molestias lógicas de la enfermedad, pasamos unos días en un micromundo diferente gracias a un simple papel de seda de color y a cuerpo de rey, porque todo nos lo traían al taller, convertido en improvisado dormitorio nuestro. De verdad que fue divertida nuestra experiencia con esta enfermedad contagiosa del sarampión.

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    Entrega Nº 240

    DON ÓPTIMO Y  DON PÉSIMO   ( II )

    JOSÉ ESCOBAR SALIENTE   Biografía Entrega nº 56


    Don Öptimo es el titular de la serie en su primera época. Es un hombre bajo, obeso y con bigote, que viste siempre con una pequeña y llamativa chaqueta roja y un sombrero a juego con su pajarita. Es un ser alegre, jovial y lleno de vitalidad y energía.

Tiene cierta semejanza con el personaje Feliciano de Vázquez, porque la suerte parece estar siempre a su lado, pues todo lo que le rodea hace que su vida sea muy agradable.

En esta primera época Don Óptimo vive con su tía, que es una mujer de mediana edad, también gordita, como su sobrino. Ella es una mujer muy agradable y su relación con Don Óptimo es idílica.

Don Pésimo coprotagoniza  con el anterior en la segunda época de la seri; aunque ya había aparecido esporádicamente en ella, siendo en principio un personaje todavía no definido, y era el conductor de un camión. A raíz de estas primeras apaciones, quizás Escobar pensó que podía ser el contrapunto de Don Óptimo y pienso que no se equivocó, siendo el personaje que desplaza a su feliz tía como compañero de sus desventuras.

Es un personaje más alto que Don Óptimo, de aspecto gris siempre o negro, entristecido y a veces de muy malos modos, lo que  puede catalogarse como un cenizo.

Por el contrario de su compañero este atrae a la mala suerte, cosa que generalmente beneficia a Don Óptimo de alguna manera. De tal modo , para desgracia y tristeza y por su manera de ser nunca puede compartir la dicha de su amigo.

Curiosas eran algunas de las máximas de Don Óptimo, como aquella de que “No hay mal que por bien no venga” o la otra de “La vida es bella”. Era capar de fregar cientos de platos, sin queja alguna, porque sus manos quedaban limpias y muy finas.

miércoles, 8 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO PRIMERA 

30.-   Una enfermedad: EL SARAMPIÓN


            Otro día o cualquier noche aparecías con fiebre sin saber de qué, te tocaban la frente primero y si dabas calor, que tú eras el que lo notabas mejor, te ponían el termómetro en las axilas, obligándote a que no movieras el brazo donde lo tenías puesto durante por lo menos cinco minutos, sin exagerar, y que se te hacían interminables, preguntando a cada momento cuánto faltaba. Podía ser el inicio de un ligero resfriado o unas anginas, de tanto correr decían los mayores y de beber agua fría o de tomar los polos de Morilla; luego venía la abundante mucosidad, las toses, los estornudos, los dolores de cabeza, los escalofríos y terminabas en la cama después de hacerte ingerir una media aspirina y un tazón de leche caliente, lo que te hacía sudar como un cochino, empapando toda la ropa tuya y de la cama entera. Si venía acompañado de tos te daban aquellos jarabes, que por lo menos existían algunos que estaban malos pero algo azucarados y si te costaba respirar te untaban el “Vicks VapoRub” en el pecho, dejando impregnada toda la habitación de su fuerte y penetrante olor.

                               
            Cuando el enfriamiento se agravaba, que ni la fiebre bajaba y la tos no te dejaba pegar un ojo durante toda la noche, ni a ti ni a los que estaban pendientes de tu enfermedad, entonces el médico acudía a la recién descubierta penicilina, que venía en aquellos botecitos con tapón de goma anaranjado y cubierta alrededor metálica. Unas cuantas inyecciones, que dolían muchísimo, en el trasero acababan con aquél; pero salías molido. Cómo no acordarme de aquella figura tan importante y poco deseada del Practicante, de su equipo de trabajo y de su ceremonial. Nada más entrar en casa con su puntualidad característica se le preparaba la inyección, un plato con un vaso con agua, el bote del alcohol y el rollo de algodón. Él extraía de su cartera de cuero el recipiente metálico en donde guardaba la jeringa y las agujas. En la tapadera vertía un poco de alcohol y en la mayor, después de echarle agua, introducía la jeringa y la aguja; hacía arder el combustible y la colocaba encima, hirviendo rápidamente el agua para la desinfección de sus herramientas de trabajo;  ya que por aquellos tiempos no existía en estos artículos el lujo actual de usar y tirar. Todo tenía su tiempo y una vez que se enfriaba algo procedía a su preparación, que la mayoría no queríamos ni ver cuando éramos los dolientes.

        Si te veían desganado, que en el caso nuestro era síntoma evidente de que algo no funcionaba bien en nuestro organismo, o algo más ligero de peso, acudían a los reconstituyentes, porque la medicina tenía mucho de casera, de tener en cuentas las experiencias ya vividas y al médico sólo se acudía cuando la cosa se veía seria. Entre estos estaban unos complejos vitamínicos que venían en botes de lata que parecían como gusanitos y del color actual del cola-cao; las cucharadas de calcio, líquido blanco y pastoso, muy bueno para los huesos y para el crecimiento, nos decían, y los que nosotros llamábamos “ponches” caseros, que nos costaban la propia vida tomarlo y que estaban conformados por un cuarto de vaso de vino dulce y un huevo crudo, yema y clara sin batir, que había que beberlo de un tirón. Todo iba bien hasta que te llegaba la hora de tragar la yema. Sin olvidar a la quina Santa Catalina, que no estaba mal y al aceite de hígado de bacalao, que sabía a perros muertos, aunque nunca habíamos tomado dicho animal ni vivo ni difunto.

                                                       


        Luego, otro día comprobaban que estabas más gordito de cara, que te molestaba al tragar y que te daba fiebre; miraban tu garganta y no la tenías ni inflamada ni rojiza; pero la cara se te seguía hinchando más y más, como un pepón. Llamaban entonces al médico y su diagnóstico era inmediato, el niño tiene las glándulas parótidas inflamadas, que dicho en cristiano quería decir que tenía paperas; así que no salga a la calle y por su carácter infeccioso que se le retire de otros pequeños que no la hayan pasado. En mi caso esto era imposible, pues cualquiera de los dos que se veía afectado por algo infeccioso se lo traspasaba al otro, casi con sólo mirarlo; lo que equivalía a que aquellas paperas no las padecí solo, que mi hermano mellizo me acompañó con las suyas. Por lo menos ésta tenía una ventaja por aquello del posible contagio a otros pequeños, como era la de no tener que ir al cole durante unos pocos de días.

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Entrega Nº 240

DON ÓPTIMO Y DON PÉSIMO   ( I )

JOSÉ ESCOBAR SALIENTE   Biografía Entrega nº 56 

    Estos dos personajes fueron creados por José ESCOBAR, otro de los grandes de Bruguera y que aparecen por primera vez en la revista TIO VIVO en el año 1964.

     Su serie además de aparecer en la revista ya mencionada, también lo hacen en otras , como Mortadelo, Especial Bruguelandia, y Super Tio Vivo.

    Su presencia se extiende, incluidas reimpresiones, hasta finales de los años 70, cuando desaparecen para que Escobar se dedicara exclusivamente a una de las series inolvidables de este autor, como fue la dedicada a los gemelos Zipi y Zape.

     Casi siempre la serie de Don Óptimo se publicaba en una página, salvo en algunas ocasiones que aparecen en dos.

    Y en su viñeta última siempre se encontraba un final feliz, con inesperadas recompensas por sus disparatas acciones  o recibiendo premios y obsequios de todo tipo, o comidas gratis…

martes, 7 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO PRIMERA 

31.-  Una enfermedad infantil:   EL SARAMPIÓN



    Hablar de enfermedad cuando apenas se acaba de llegar a la vida parece un contrasentido, ¿verdad?; pero sólo me voy a referir a aquellos males que nos acompañaron en la época de los pocos años, habituales por otra parte, que produjeron que nuestro organismo no funcionara bien por poco tiempo y que el daño fuera mínimo, principalmente por la atención inmediata recibida y por la sabia reacción de nuestro propio ser contra aquellos.

     Nada de enfermedades graves, a las que afortunadamente con nuestros escasos años permanecíamos casi ajenos. ¿Qué conciencia podía tener yo, por ejemplo, cuando unas fiebres tifoideas acabaron con la vida de mi padre, joven, atlético y fortachón, según me contaron, si tan sólo contaba con dos añitos? ¿Acaso iban a acabarse nuestros juegos al saber de la muerte de un hermano de Hamed, el limpiabotas amigo nuestro, por causa del tétanos al hacerse una herida profunda con una lata oxidada buscando algo entre las basuras de la ciudad?

        Prefiero hablar de aquellos males pasajeros de los que no nos vimos libres en nuestra infancia casi ninguno de nosotros. Yo, como fui bastante comilón, entrando en competición permanente con mi otro mellizo para ver cuál de los dos era el que dejaba el plato más limpio, tuve que padecer y sufrir las consecuencias lógicas de tantas harturas, convertidas en empachos que te llevaban a los dolores de tripa, a la reprimenda por parte de los mayores, a las vomiteras y a los purgantes mágicos para lavarte el estómago, cosa que no entendíamos bien; pues no nos podíamos creer que aquello tan malo como era el aceite de ricino o el agua de carabaña pudieran servir para limpiar nada. Y no digamos cuando por igual motivo te veías obligado a soportar los efectos de la irrigación o lavativa que te introducían por vía anal con aquella especie de pera de color naranja que con sólo verla te producía pánico.

        Otra de las enfermedades del aparato digestivo también frecuente entre la gente menuda era la que iba acompañada de las diarreas, que nos obligaba a evacuaciones frecuentes de excrementos líquidos o semilíquidos y que no siempre nos avisaba con tiempo como para poder llegar al retrete con éxito, lo que tenía como consecuencia el manchar los calzoncillos y algo más que a éstos, acompañado de un fuerte y desagradable olor que te llevaba al lavado inmediato de tu cuerpo y al cambio automático y casi por completo de la ropa. Supongo que a las niñas les ocurriría lo mismo y estoy convencido de que aún lo pasarían peor que nosotros, ya que por aquellos años, en general, eran mucho más vergonzosas. En nuestro hogar, seguro que al igual que en todos, se arreglaba este desaguisado con una dieta blanda, pasando más hambre, como decían algunos, que un mono en un alambre, a base principalmente de alimentos astringentes como arroz en blanco, que se te ponían hasta los ojitos como los chinos de tanto ingerirlo y pescada hervida, que no nos sabía a nada.


        Luego te veías con el problema contrario, pues te venía el estreñimiento y te arreglaban con laxantes y vueltas a las purgas. Lo mejor era no preocuparse en demasía por estas cuestiones superficiales y pasajeras, echarles poca cuenta y seguir siempre los consejos de los mayores que siempre querían lo mejor para nosotros; aunque no faltaran momentos en que ello lo poníamos en tela de juicio.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


Entrega Nº 239

ANGELITO   ( II )

MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO   Biografía Entrega nº 9


      Angelito es un bebé que se desplaza dando botes con su canastilla, siendo un personaje más que curioso que posee una especial mala leche o uva y que no duda en practicar el arte del gamberrismo.

    En sus primeras historietas Angelito era un gamberro que iba provocando el caos allá por donde iba; sin embargo, la censura franquista con respecto a las historietas infantiles también le llegó en el año 1987, dulcificándolo, y desde entonces sus principales víctimas fueron los personajes que se portaban de forma incívica o de los maleantes que trataban de hacerle  algún daño.

      Angelito es un niño casi calvo, sólo tiene unos pocos pelos, un bebé con dos dientes y su aspecto físico puede hacernos recordar al hijo de Popeye, Cocoliso, y que suele llevar casi siempre su chupete colgado de un retorcido hilo.

      El dibujante Ibáñez fue un admirador de Angelito y comento en cierta ocasión  que este personaje era ideal para la animación, impresionándose de su colega Vázquez porque siempre encontraba ideas sorprendentes para este pequeño personaje. Su previsión se cumplió en 1982, en que con la productora EQUIP, bajo la dirección de Jordi Amorós y con la intervención del mismo Vázquez pasa al cine con un cortometraje que obtuvo el primer premio de cine infantil en la Generalidad de Cataluña; aunque  la lástima fue que no tuvo continuidad.

      Justo señalar que la aparición de Angelito en una escena de la película “El Gran Vázquez, realizada por Philip Valientin para la empresa Espresso Animation en el año 2010.

        En definitiva, a pesar de su aspecto “angelical”, era un auténtico “Terremoto”, creado, sobre  todo en sus orígenes, con la intención de hacer daño y causar el caos en sus historietas.

lunes, 6 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMA

30.-   Un dibujante precoz:   MANUEL SÁNCHEZ BAENA. Para nosotros MANOLO "MINERVA"  ( III )

         Manolo también fue el que en tarde torera, cuando nos colábamos en la plaza de toros por las taquillas y convertíamos la Mezquita del toreo, que así llaman a nuestra plaza, en lugar de nuestros juegos, nos secó nuestras bocas cuando en complicidad con el hijo del guarda de dicho lugar y ante la  mirada atónita de todos tuvo el atrevimiento o la osadía de subirse a lomos de un toro que parecía un tren de grande, en tanto que nosotros le mirábamos desde lo alto de los chiqueros. Luego pudimos comprobar que era más manso que un cordero, pero el susto sí que nos lo metió en el cuerpo y de qué manera.


            No le he vuelto a ver, como dije antes, desde aquellos años de infancia y juventud y alguien me indicó en alguna de mis visitas a Melilla, que a pesar de su cargo en el hospital y de su ejercicio de la medicina, no se olvidó de su afición y que aparecen en el diario de Murcia, de vez en cuando o con cierta asiduidad, viñetas de humor firmadas por él.
    
                           ( MAN con una de sus viñetas de Pencho enmarcada) 

            Mucho me agradaría tener alguna prueba de su arte y saber de él, como de tantos otros amigos que se perdieron de nuestras vidas y de los que guardamos afortunadamente puntuales recuerdo que con los muchos años, curiosamente y en aparente contradicción, afloran con meridiana claridad. Nunca se borró de mi mente aquella imagen de un grupo de críos en su torno, en aquellos escalones de los bajos, en donde había oficinas que casi siempre estaban cerradas, de la esquina que daba a la plazoleta entre los bloques 6, donde vivía Pedro y 7, donde se encontraba nuestra casa. Ávidos de ver como en aquel papel blanco aparecían nuestros héroes de niñez, que no eran otros que los múltiples personajes de los variados tebeos que nos acompañaron durante todos aquellos encantadores años.

                                                     --o--

        Hace unos años encontré en el diario La Razón la noticia de la muerte del dibujante MAN cuando ya había cumplido los 86, en el tiempo en que se estaba tramitando el expediente por parte del Ayuntamiento de la ciudad donde residía para nombrarlo Hijo Adoptivo de Murcia.

            Sus viñetas, las de su personaje Pencho estuvieron diariamente y durante 49 años en el Diario La Verdad de Murcia.

            Y en el País aparecía publicada la última viñeta de Pencho acompañado de su gente en el entierro de su creador, MAN, nuestro querido y admirado Manolo "Minerva", amigo de la infancia.

            Esta fue la viñeta:

                                              (Descansa en paz, buen amigo)

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


Entrega Nº 239

ANGELITO   ( I )

MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO  Biografía  nº 9


Angelito, también conocido como Gu-Gú, es el protagonista de una serie de historietas de humor creada por otro de los grandes de Editorial Bruguera, Manuel Vázquez Gallego, en el año 1964 y que como algunos de ellos, superó el mundo del tebeo para aparecer en el de los dibujos animados.

Comenzó a publicarse en el número 170 de la revista Tío Vivo, en la que el dibujante Vázquez ya tenía otras series, entre, como la de “La familia Churumbel”, de la que nos ocuparemos dentro de unos días.

Angelito apareció igualmente  en el DDT, en Pulgarcito, en Super Tío Vivo y en Mortadelo.

A principios de los años 70 Vázquez abandona esta serie para dedicarse a otra de sus creaciones anteriores, como las de Don Pollito, Los cuentos del Tío Vázquez, La Abuelita Paz y Anacleto, agente screto, de las cuales las dos últimas citadas ya aparecieron en nuestro blogs. A pesar de su abandono las historietas de Angelito siguieron editándose en muchas cabeceras de la Editorial Bruguera.

Y también protagonizó este personaje el álbum 54 de la Colección Olé en el año 1972.

En los años 80 Vázquez retomo este personaje para la revista Bichos (1986-87), pero cambiando su nombre por el de Gu-Gú, para evitar problemas con la Editorial Bruguera. Y desaparecida esta Editorial, pasando todo su fondo editorial a Ediciones B, mantiene su nombre y al mismo tiempo publica las historietas de un nuevo personaje llamado Bip Bip, bebé interplanetario en la revista Supr Zipi y Zape, siendo esta una versión de Angelito con aspecto extraterrestre que viaja en un platillo volante en lugar de su capacho y que posee una pistola capaz de transformar los objetos.

En el año 1988 se publica una recopilación de muchas de sus obras en la Colección Olé y otra en Clásicos del Humor en el año 2009.

Sus historietas cuentan habitualmente  con 2 ó 4 páginas.

domingo, 5 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMA

30.-   Un dibujante precoz:   MANUEL SÁNCHEZ BAENA, para nosotros MANOLO "MINERVA"    


        El concepto peyorativo de niño “litri” era sinónimo de débil, señorito, cobarde, endomingado y de otros apelativos por el estilo; así que jugábamos en apariencia con desventaja. Aunque la verdad sea dicha, no sabían dónde se metían, por aquellos años, los que así lo creyeran; pues recuerdo a algunos ejemplares de nuestra pandilla que eran de armas tomar.

       Precisamente, Manolo no era de estos últimos, más bien corto y conciliador, poco amante de la bulla, ordenado en sus cosas y hasta con apariencia de ser una chaval algo mayor de la edad que realmente tenía por ser responsable en sus actitudes; pero que no se dejaba y también hay que señalarlo, eso sí, mojar la orejilla por nadie y menos aún por foráneos de su reducto.

                                                        
                                           BARRIO DE ATAQUE SECO

        Un día bajó hacia nuestro barrio un grupo de chavales de Ataque Seco con ánimos de bronca; creando en nosotros, por qué no reconocerlo, por sus apariencias y hasta por sus estaturas, pues parecían mayores que nosotros, una cierta inquietud. Todo marchaba con sólo cruces de palabras, con risas nerviosas, con algunos que otros empeñones sin consecuencia, con comentarios jocosos más o menos acertados por ambas partes, hasta que uno de ellos, posiblemente su cabecilla, tuvo la infeliz y desafortunada idea de meterse con la hermana de Manolo, que permanecía casi al margen de aquella historia. Incluso en su atrevimiento y a pesar de la advertencia de que dejara tranquila a su hermana, el bravucón quiso tocarle la cara. Sin apenas mediar palabra, de la aparente tranquilidad y calma pasó a la acción, ante la sorpresa de todos y en especial del “chavea” de Ataque Seco. Se lanzó hacia él con todas sus fuerzas y le propinó un terrible cabezazo en la nariz, rompiéndosela y haciéndole caer de espaldas al suelo, originándole una hemorragia que a todos nos asustó tremendamente. Gritos, confusión y momento mágico que nos hizo desaparecer momentáneamente a la mayoría, tanto de un bando como del otro. Luego vimos como fue el mismo Manolo el que, ante el estupor de propios y extraños, sugería a los compañeros del herido, que le taponaran la herida con lo que fuera y que lo llevaran al puesto de Socorro, que afortunadamente se encontraba a unos cien metros del lugar y que todos conocían.

 


Desde entonces ya no vinieron a molestarnos más aquellos chavales y también nosotros, por nuestra parte, dejamos de hacer cruzadas durante una temporada por los alrededores de parque Lobera; se estaba más tranquilo jugando al “Perico correcalles”, a “La una la mula” o al “Salto la papa”...

 

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA Nº 238

     EL INSPECTOR O´JAL   ( II )

     MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO   Biografía Entrega nº 9


         ¿Y cómo es el Inspector O´Jal?

         Este detective, como puede verse en el dibujo es un hombre siempre vestido con traje negro, portando sombrero con cinta roja y corbatín, que luce un bigote negro y que lleva siempre un cigarro humeante en su boca

         Hombre de una agudeza visual increíble, que algunos pueden recordar con cierta semejanza al hiperfamoso detective Colombo del cine o de la televisión.

         Aunque su apellido parece esconder un origen irlandés, sus métodos rivalizan con el más conocido detective británico Sherlock  Holmes; aunque sus casos y sobre todo sus clientes suelen ser más mundanos.

sábado, 4 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMA

30.-  Un dibujante precoz:   MANUEL SÁNCHEZ BAENA, para nosotros MANOLO "MINERVA"
        ( I )

 

                                                    Creador del personaje PENCHO

        Manolo tenía una habilidad especial para embobarnos a todos los miembros de la pandilla. Era unos años mayor que nosotros, pocos, pero la calle era de todos y nadie desentonaba por unos años de más o de menos, todos cabíamos en ella.

         Su habilidad, entre otras que tendría, era la de su afición al dibujo, a los tebeos y la facilidad con que reproducía a sus personajes. Dibujos que hacía además de memoria, sin fijarse.

        Pronto, cuando cogía el lápiz y se sentaba en cualquier escalón o poyete, el corro se formaba alrededor; algunos, mirando por encima de sus hombros, que así se veía mejor su obra, otros acercándose por los lados, que con tanto apretujón casi le impedían realizar su tarea; sin embargo, él los hacía sin preocuparse de nadie ni de nada.

      Tan pronto aparecía Carpanta, despertando alguna risa, como Gordito Relleno o las Hermanas Gilda.

    Se establecía entonces entre los pequeños algunos empujones para intentar descubrir cuanto antes el personaje que dibujaba y una pequeña competición, que a veces tenía como desproporcionada recompensa la de llevarse en propiedad el dibujo, que era más extraordinaria aún, cuando cualquiera de nosotros conseguía una hoja completa con una docena de nuestros héroes infantiles y sobre todo, si no faltaban ni Zipi y Zape.


              Su padre tenía una agencia conocidísima en nuestra misma calle, la Agencia Minerva; aunque ellos vivían en las traseras de la calle Teniente Coronel Seguí, en el barrio Obrero, nombre que en nuestra niñez no nos despertaba ninguna curiosidad, pues eran viviendas de dos plantas como en muchos otros barrios de la ciudad y en donde vivían la mayoría de nuestros amigos y compañeros de juego.

      Manolo Minerva estudio en el colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de la Salle y al terminar el bachillerato se marchó a Granada como la mayoría de los chicos, cuyos padres tenían posibles, equivalencia a medios económicos, para estudiar una carrera universitaria, eligiendo él la de Medicina.


                                        Antigua Facultad de Medicina de Granada

        Desde entonces no le he vuelto a ver; pero tengo la lejana idea y la verdad no sé quién me lo contó, que estuvo o está de Director del Hospital de Murcia.


            Era un tipo bragado, tirado para adelante; pero no precisamente y aunque pueda parecer una contradicción, de los que buscaba el jaleo o la pelea.

        Recuerdo que en aquellos tiempos, lo mismo en Melilla que en la mayoría de los pueblos y ciudades del país, como casi siempre estábamos en la calle, pues en las casas respectivas pocas cosas nos retenían que no fuera el mandato de nuestros padres a permanecer en ella y en horas determinadas y de casi obligado cumplimiento, se organizaban para variar y en busca de aventuras, salidas a otros barrios en pandillas, al igual que se recibían a otras en el propio y la mayoría de la veces en claras actitudes bélicas; sobre todo, cuando había chicas por medio, a las que había que proteger de los invasores o intrusos o enamorarlas en las salidas, que tampoco casi nadie era profeta en su barrio.

     Como el nuestro prácticamente estaba en el centro de la ciudad moderna, en cierto modo nos tenían por niños “litris”, lo que equivaldría hoy a “hijos de papá” o “pijos”, nada más lejos de la realidad, pues puedo señalar sin ánimo ni necesidad de justificación, que de verdad y salvo raras excepciones, no lo éramos y ni siquiera teníamos ese sentimiento.


            En más de una ocasión nos vimos obligados a regresar a nuestro redil, tomando las de Villadiego o dándonos, como se decía entonces, patadas en el trasero y con el rabo entre las piernas, con algún que otro escalabrado fruto de aquellas contiendas con lanzamientos de piedras, que al llegar a su casa se vería obligado a inventarse cualquier historia que justificase la herida en la cabeza y que en el fondo sabíamos que no sería creída por nadie de su familia.