jueves, 2 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO NOVENA

29.-   Un cacharrito de ferias:   LAS SILLAS VOLADORAS O LA RUEDA DE LAS "PATÁS"

        Después venía el capítulo de las novedades  y  te sorprendían cuando te encontrabas, por ejemplo, con unos enormes zapatones en donde se introducían sus usuarios y que cuando se ponían en marcha y tras un aumento progresivo de su balanceo se colocaban bocabajo durante unos segundos que a aquellos debían parecerle una eternidad y que congregaba a un número importante de mirones en su torno y a una chiquillería que no cesaba de gritar y reír nerviosamente. Me parece que se llamaba el Looping Star. O aquella en que se mezclaban el movimiento ondulante, como el de la ola, con el circular de una especie de tazones en donde iban los jóvenes que eran amantes de vivir esta suerte de experiencias y que al bajar las escaleras se veían obligados a sujetarse a las barandas de puro mareo.

                                             

            Y junto a todas las anteriores algunas en riesgo de extinción, que raramente se ven ya en las ferias, como aquel interesante apartado de las marionetas, algunas de las cuales eran reclamos en el exterior para pasar posteriormente a ver el espectáculo; sobre todo, las de hilos, que nos encandilaban por la perfección de sus movimientos y su gracia. Las casetas pequeñas de los adivinadores, los espejos que desdibujaban y caricaturizaban nuestras figuras, pasando de la flacura a la obesidad en un corto paso, a ser un retaco para encontrarte delante de otro convertido en gigante o cabezón y que nos hacían reír hasta llorar.
     

           Pero de todos estos cacharritos de feria he dejado para el final el de las sillitas voladoras, a las que también llamábamos como las “patás”, por el respeto que siempre me imponía. Existían unas pequeñitas para que le cogiéramos gusto a dicha atracción desde los pocos años y sin ningún riesgo. Eran unos asientos, como columpios, que giraban como cualquier tiovivo dando vueltas y más vueltas sin que pudieras hacer otra cosa que no fuera la de marearte. Luego estaba la de los mayores, que sí que era otra historia. En primer lugar su tamaño era mayor y obligaba a que no hubiera en sus inmediaciones, en un radio determinado que permitiera los giros de los asientos, otras atracciones. Sus asientos estaban sujetos con cuatro cadenas a la parte superior, especie de círculo cubierto como cualquier otra, que era el que giraba sobre un eje central. Cuando se aceleraba el movimiento de giro las voladoras, de ahí su nombre, iban todas ascendiendo por igual, inclinándose el cuerpo de sus usuarios, ya que perdían inmediatamente la verticalidad, alejándose del suelo en razón de la mencionada velocidad. No había riesgo en ello y hasta parecía divertido por los gritos que daban los que iban sentados en aquellos columpios. Era incluso agradable ver su funcionamiento, el contemplar como se iban abriendo e iniciaban un auténtico vuelo.


            Lo arriesgado llegaba cuando las normas no se respetaban y en tanto que algunos, queriendo seguir las del más difícil de los circos, inconscientemente se querían enfrentar a la gravedad y a las leyes físicas ya inventadas desde hacía muchísimo tiempo. Bien que había carteles prohibiendo lo que no se debía hacer; pero el hombre era demasiado frágil en su memoria o no sabía leer correctamente aquellos anuncios. Lo cierto es que algunos individuos para hacer alardes seguramente de su virilidad, de ser fiel y genuino ejemplar del macho ibérico en este caso o porque eran más brutos que un arado y que me perdonen estos útiles de labranza por la comparación, tenían  la mala costumbre de coger la silla del que le precedía, la acercaban a la propia con sus piernas flexionadas, como si estuvieran en cuclillas y con un movimiento brusco y violento extendían las piernas con lo que aquella salía disparada hacia las alturas, con el consiguiente susto, que nada podía hacer por evitarlo, del que tenía sus posaderas en ella y que se veía obligado a agarrarse con todas fuerzas en aquellas cadenas que parecían enloquecer en sus desordenados giros. Esto aún se agravaba más cuando antes de la patada, el que cogía al anterior se atrevía a darle encima varios giros sobre su eje, con lo que el caos era mucho mayor o cuando estas patadas se hacían en cadena, tomando parte en la brutalidad tres o cuatro energúmenos.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega  Nº 237

    PORREZ Y CIA   ( I )

    PEDRO ALFÉREZ GONZÁLEZ


Pedro  Alférez González, el autor de esta serie nace en Inca (Baleares) en el año 1925 y falleció en Barcelona el 26 de Noviembre de 1987. Fue además de dibujante,, guionista, Portadista, Prologuista, Historietista, Humorista Gráfico, Articulista, Ilustrador, Pintor y Divulgador.


          Aunque nace en las Islas Baleares siendo niño se traslada con sus padres a Barcelona en los años 30.

         Sus primeras publicaciones de cómics aparecen cuando cuenta con una quincena de años, allá por los años 40; entre ellas la serie de El Halcón de Acero. Y luego la de Conejín (1945) , El Rey de la Jungla (1948) y Mascarita (1949). Posteriormente se hace cargo de los Cuadernillos de El Inspector Dan. Y trabajó con la Editorial Bruguera con la colección de “Historias”, como la de Guillermo Tell o la de Los viajes de Gulliver, entre otras muchas.

         En 1946 fundó con su hermano Fernando la editorial “Éxito”, que paradójicamente tuvo una andadura muy breve.

         Pedro Alférez igualmente realizó trabajos publicitarios y se inició como pintor, formando parte del grupo de acuarelistas El Micalet.

         Su inacabable inquietud por conocer otros mundos del cómic le llevará a Francia, donde estuvo unos diez años, realizando entre otros trabajos, la serie de “Brik, le Corsaire du Roi”, creada por Jean Cézard y dibujada anteriormente por Jacque Arbeau.

         Y en 1968 fue dibujante de la serie alemana “fix und Foxi”-

         En la década de los 70 fue miembro fundador del Club DHIN, incipiente asociación de historietistas e ilustradores que buscaban reivindicar y dignificar  su profesión.

         Este autor firmaba sus trabajos con PEDRO ALFÉREZ. P.Casio, P. Alférez y Peter.

miércoles, 1 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO NOVENA

29.-  Un cacharrito de feria:   LAS SILLAS VOLADORAS O LAS RUEDAS DE LAS "PATÁS"


        Como todo en la vida, mucho cambiaron los llamados por nosotros cacharritos de feria. Nada tienen que ver los sofisticados actuales, que vienen a demostrar el avance técnico con relación a su construcción, con aquellos tan primitivos de nuestros tiempos.

         El clásico tiovivo o los caballitos en su monótono girar, que lo que más permitía como aliciente añadido era ese sube y baja de algunos de los animales que lo componían, que sólo había corceles, no es nada comparable con esos aparatos de hoy, de descenso vertiginoso desde alturas considerables, que es un espectáculo verlo en su caída y que debe poner a sus usuarios el estómago en la boca cuando frenan sus asientos cerca del suelo.

                                

        Algunas de aquellas atracciones han dejado de existir, pasando a convertirse en piezas de museo para nuestro recuerdo. Otras fueron evolucionando y sobreviven con mejores materiales y por supuesto, ofreciendo más seguridad; no faltando las novedades de cada temporada, que igualmente las había en nuestros tiempos. Encontrándonos también con un número determinado de ellas que son consideradas, como les ocurre a ciertos ejemplares de la flora y fauna de nuestro planeta, en peligro de extinción.

       Una que nos gustaba mucho a los pequeños de aquellos años era el Látigo, que como su nombre indicaba después de que cada uno de sus habitáculos circulares, donde nos metíamos tres o cuatro chicos fuertemente sujetos a unas barras de acero, tuvieran una marcha normal al llegar a las curvas te pegaban un acelerón, como un latigazo, que te daba la impresión de que ibas a salir despedido; no dándote tiempo más que a reír los niños y gritar las niñas, pues de nuevo te encontrabas con la otra curva y su correspondiente aceleración y así hasta que la sirena daba la señal de su conclusión y salías con las manos sudorosas de asirte con fuerza a la mencionada barra o a los hombros de los compañeros de viaje.


            Aunque uno ya no tiene edad de disfrutar con estos aparatos y atracciones, lo puedo incluir dentro del capítulo primero, porque ya no se ven por las fiestas y ferias de los pueblos y ciudades, al igual que el que se movía como una ola y que por ello recibía dicho nombre  o aquella otra que nos mostraba como museo del mal gusto, pero que nos encantaba, a personas y animales extraños.

    Otras han sobrevivido sin apuros, mejorando considerablemente unas y manteniéndose algunas en sus condiciones iniciales. Entre las primeras se encuentra esa nómina bastante amplia integrada por las norias, las de los pequeños movidas antiguamente a mano y al son de bombos y platillos y las gigantes, algunas de las cuales te causan verdadera impresión, permitiéndote ver el suelo y todo lo que por él se mueve desde otra perspectiva, a vista de pájaro, e incluso a los humanos como hormiguitas. Los coches locos o de choque, que ya existen también en versión, espacio y con vehículos más reducidos, para la gente más menuda. Los mismos caballitos con su característico sube y baja y sus barras metálicas en forma de espiral. Aquellos diminutos vehículos de todo tipo de transportes: coches de todos los modelos, embarcaciones variadas, aviones, locomotoras, etc., en su continuo girar y girar y repletos de pequeñajos que no se cansan y que saludan sonrientes a sus padres cada vez que pasan por delante de ellos. El tren de los escobazos con su muerte canina en su interior, su caminar cansino y su repetido toque de campana al pasar por la estación, que es la cabina donde se obtienen los tiques para tan fantástico, monótono y pavoroso viaje; sólo para algunas, ya que la mayoría tiene como único objetivo, cosa que persiguen con verdadero ahínco, el quitarle la escoba al fantasma o monstruo que la usa en el interior del simulado túnel del terror. Encontrándonos con otras que no cambiaron aparentemente nada, como las barracas de tiro, con las mismas escopetas de aire comprimido para plomillos o tapones de corcho, con iguales fallas en sus puntos de mira, de ahí que siga diciéndose cuando alguien hace algo mal y repetidas veces que falla más que una escopeta de feria, con idénticos palillos de dientes o trozos de serpentinas de colores sujetadas en sentido vertical para romper y las botellitas de licores diferentes como trofeos; así como las tómbolas, con idénticas estructuras y ruidosas como ellas solas; la pesca de patitos con cañas en la improvisada y diminuta piscina o aquella otra atracción que consiste en golpear con una maza de madera el tope que hace subir una pieza que golpeaba una campana para saber el grado de tu fortaleza y que como dice el refrán, en muchas ocasiones, valía más la maña que la fuerza.



VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


       Una escapada cortita a Costa Ballena nos impidió entrar en el blog, A la vuelta el primero de abril al pueblo, nos permitió, aunque a horas avanzadas el reanudar la tarea 

    Entrega   Nº  236

    TETE COHETE   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA Biografía entrega nº 34


                  

Tete Cohete es un niño muy aficionado a la mecánica, a los coches y a los motores. Esto lo lleva a convertir cualquier objeto cotidiano n un vehículo a reacción, resultandos en sus series que las victimas suelen ser el director y el secretario de la escuela  a la que asiste. Y el problema es que con esta pasión que tiene el muchachote pone en riesgo a los que le rodean. Tiene la pinta de ser un niño algo gamberro, con su pelo largo y despeinado, su rostro lleno de pecas y dos dientes prominentes y su vestimenta habitual es la llevar pantalones vaqueros, chaqueta roja y zapatillas de deportes.

         Según el dibujante JAN, este personaje  y su serie aparece cuando le proponen a RAF, IBÁÑEZ  y a él mismo que crearan uno para la inminente aparición de la revista Pulgarcito. Ganó el mencionado Jan; pero el creado por Ibáñez, Tete Cohete, también apareció en el número 1º de dicha revista, dibujando solamente al personaje en sus siete primeros números. EL excesivo trabajo de este autor hizo que la Editorial Bruguera decidiera que un equipo de dibujantes de la misma de esta tarea, sobre todos, Ramón María Casanyes y Lurdes Martín Gimeno.

         Otros personajes de la serie serían: su padre, que se llama Fulgencio Ruipérez, su pobres abuelos, frecuentes victimas de sus inventos; don Severo, jefe de Fulgencio y Venancia, chica de la limpieza de la familia. Y con el paso del tiempo otros personajes recurrentes, como su amiga Loli Bujías creada por Ramón Mª Casanyes; así como varios cameos con Mortadelo y Filemón.

domingo, 29 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJESº


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una criada:   MAIMONA   ( IV )

     Cuando casi todos nos reuníamos en vacaciones la casa era otra. Mi madre no sabía como atendernos mejor en la creencia cierta de que como en la casa de uno no había nada y Maimona se esmeraba sobre todo a la hora de la comida.

     Marimel y José Ángel, terminados sus estudios, regresaron a Melilla y con el transcurrir del tiempo, al igual que nosotros con anterioridad, formamos nuestras respectivas familias. Las visitas nuestras a Melilla por motivos puntuales, alguna boda o bautizo, exposiciones pictóricas u otros acontecimientos, se fueron distanciando en el tiempo; pero cuando las hacíamos siempre nos encontramos con las mismas atenciones por parte de Maimona, que era la más servicial del mundo.

     Recuerdo aquel año que fuimos las tres parejas: la de mi hermano Clemente y Rosa, nuestros queridos Diego y Carmen y Adela y yo, en la que lo pasamos fenomenal y que nos encontramos con que la mujer de Diego, a la que conocíamos familiarmente y con cariño como la “Chata”, que no estaba habituada a los nombres de allí, sin ninguna intención y con toda la educación del mundo, cuando se dirigía a ella la llamaba “Mamona”, que originaba nuestras llamadas de atención de que era Maimona, con “i”, y que hacían reír a ella misma, que no se veía afectada por aquel error involuntario.


            Cuando mi madre dejó la casa para ingresar en una Residencia, donde estaba mejor atendida; aunque se acentuaba su soledad a pesar de estar rodeada de muchas más personas y le acompañaba la tristeza de abandonar el hogar de casi toda su vida, Maimona desapareció del mismo también y de nuestras vidas; pues aunque se hizo cargo de la portería del portal número 7, reemplazando a Luisa, la hija de Dolores, que fue la primera portera que conocimos y que nos quería a los “mellis” de locura, nunca más volvimos por allí ni la volvimos a ver, cosa que me hubiera agradado para darle un fuerte abrazo y mis gracias más sinceras y sentidas, no por lo que hacía por nosotros, sino por lo que hizo por mi bendita madre.

    Gracias, Maimona, porque fuiste para nosotros algo bien distinto a una criada o empleada del servicio doméstico.

                         

 



VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega     236

    TETE COHETE   ( I )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA Biografía entrega nº 34


Personaje creado por Francisco Ibáñez y que aparece por primera vez el año 1981 en la revista Mortadelo y Filemón y luego en Jaimito. En esta se presenta en formato de bolsillo y enfocada al público infantil en principio con historietas cortas de 6 a 8 minipáginas dibujadas por equipo apócrifos.

         En 1983 aparecen sus historietas en una página en el dario “Avui” y más  tarde en las revistas de Zipi y Zape y en Super Zipi y Zape; e incluso se hicieron historietas largas apócrifas en la revista Pulgarcito en formato clásico, donde Tete Cohete aparece como amigo del Botones Sacarino.

         También aparecen sus historietas en la revista Guai y fueron traducidas al catalán, por Domínguez Navarro. Llegando incluso sus historietas al mercado alemán, donde fue bautizada con el nombre de “Rudi Raquete”. E igualmente apareció en la revista Super Humor Olé.

sábado, 28 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una criada:   MAIMONA   ( III )


      Hablaba poco y sonreía siempre, la parquedad de su palabra iba acompañada de su peculiar uso del castellano, como le ocurre a la mayoría de los marroquíes cuando hablan nuestro idioma. El trato con todos nosotros era muy agradable y deseaba continuamente complacernos, sobre todo a la hora del yantar.

     Cuando después de comer y porque teníamos aquella costumbre de llevar los útiles y objetos de la comida desde el comedor a la cocina antes de que ella llegara a casa, lo mismo que la faena de poner la mesa, hacíamos intento de levantarnos, nos indicaba que la dejáramos y que ella lo haría sola. Por supuesto que no atendíamos sus deseos y le ayudábamos en el transporte de aquella liviana mercancía; convenciéndola incluso a veces de que se quedara en la cocina y nosotros le llevábamos los trastos para que ella los fuera limpiando.

     Mujer limpia como la que más. Sólo había que ver su cuidada ropa, que antes de empezar la faena colgaba en la percha que había detrás de la puerta de los aseos y sustituía por una bata que le llegaba casi a los pies de vivos colores y dibujos que ajustaba a su cintura con un cinturón estrecho, cambiando igualmente su calzado de calle por unas cómodas babuchas, cuyas suelas arrastraba al caminar por tener esta costumbre. Antes de marcharse dejaba todo limpio y bien recogido. Desde siempre también llamaron nuestra atención sus manos, que las tenía como manchadas, al igual que partes de su rostro y su pelo brillante, siempre cubierto por pañuelo grande perfectamente anudado. Aquel material rojizo debía de ser fuerte, porque no se quitaba con agua, con la que trabajaba continuamente. Pronto supimos que se llamaba “hanna” y que tenía mucho de costumbre, de tradición, de cultura y hasta de religiosidad.

     Pero donde había que ver a Maimona era a la hora de limpiar el suelo, cuando aún no existían las fregonas o porque ella estaba reñida con aquel invento cuando apareció y nadie le cambió su sistema. Flexionaba su cuerpo por la cintura, convirtiéndolo en un “U” invertida e iba, después de mojar el suelo, recogiendo el agua en un movimiento de zig-zag sorprendente. Casi sin doblar las rodillas, con el trabajo que nos costaba a nosotros este ejercicio en las clases de Educación Física, se recorría todo el pasillo, llegando hasta con las palmas de las manos; dándonos la impresión, aunque estaba rellenita, que estaba como los artistas circenses, algo descoyuntada; ya que se movía con una enorme agilidad a pesar de su robustez. Con el paso de los años nuestro hogar se fue quedando casi solo; mis hermanos mayores formaron sus respectivas familias; José Ángel y Marimel se vinieron a estudiar a la Península y curiosamente a Sevilla, en vez de Granada o quizás por tener familiares del padre afincados en dicha ciudad; nosotros también fuimos destinados como maestros fuera de Melilla; así que mi madre se vio sola y con la única compañía de Maimona.

     Las sucesivas roturas y operaciones fueron quitando movilidad a mi madre. Primero fue la rótula de la pierna derecha. Yo estaba en Galicia cuando le ocurrió tal percance  y tuvo que ocuparse de ella mi hermano Clemente, que si pasaba las vacaciones en Melilla. Después se rompió la cabeza del fémur al caerse en casa de mi otro hermano, Ángel, cuando residía en Málaga; siendo intervenida en Sevilla, donde le pusieron una prótesis que con el tiempo rechazó y a la que tuvieron que reemplazar por otra de iridio y platino que le duró toda su vida y no presentó ningún problema. Más tarde vino la rotura de la otra pierna, de la que no se operó y que con el reposo le formó una callosidad. Se tuvo que valer entonces de las muletas al principio y de una de ellas con el paso de los meses, terminando al final en una silla de ruedas, lo que le afectaba un montón, porque si algo tuvo mi madre, entre otros atractivos físicos y morales, fue el de su caminar erguido que aún a sus muchos años llamaba la atención y despertaba comentarios de admiración entre las que la conocían. Entre toda esta historia y la pérdida progresiva de la visión, como consecuencia de la dichosa diabetes, que le acompañó durante gran parte de su vida y que controlaba magníficamente, con una voluntad de hierro y privándose de lo que fuera, hicieron que Maimona se convirtiera en sus pies y en sus manos.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA    235

    ROMPETECHOS   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA  Biografía Entrega Nº 34


Rompetechos es el protagonista absoluto de esta serie y para su autor, Paco Ibáñez fue uno de sus favoritos.

Rompetechos es bajito, miope, cabezón y muy despistado. El nombre que lleva es irónicamente puesto por su baja estatura.

Sus historietas son de 1 a 4 páginas y las más modernas llegan hasta  6.

En general el personaje tiene la necesidad de hacer o comprar algo, por lo que siempre va de un lado a otro provocando multitud de desastres por su falta de visión que le hace confundirlo todo ( por ejemplo, confunde a un joven melenudo con una margarita y procede a arrancarle sus hojas, o a un hombre disfrazado de vikingo con un ciervo e intenta cazarlo); y en sus compras leerá mal todos los carteles (Por ejemplo, confunde “cabañas usadas” con  “castañas asadas”) Y luego tendrá un diálogo surrealista con el empleado que le atiende y usualmente agrede verbalmente a aquellos que él cree que le están tomando el pelo, terminando todo en situaciones insostenibles, acabando de forma violenta la escena, cuando el tendero lo expulsa dándole un patada o llama a los loqueros o a la policía para que se lo lleven o lo detengan.

Otro hecho que ocurre con esta serie es que a veces la critican por entender que hace burla a los miopes, declarando Ibáñez, que de ninguna manera es su pretensión, pues desde bien joven él es miope y que en todo sería burlarse de sí mismo; pero que los hechos sólo tienen como objeto provocar la risa del lector mediante un arquetipo reconocible y de ninguna de las maneras burlarse de esta tara física en sí.

viernes, 27 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-  Una criada:  MAIMONA

        Mi tía envejeció de pronto; aunque yo siempre tuve la sensación de verla siempre así, mayor, con su luto fiel y permanente a su marido, mi tío Salvador, al que no llegué a conocer y llegó ese día en que hubo que recurrir a una ayuda para ella en casa. Ya no podía con toda la faena de la misma porque cayó enferma y hasta se vio obligada a marcharse a otra casa, a la de una sobrina que tenía tiempo para cuidarla, ya que mi madre con su tarea era imposible que lo hiciera y apareció Maimona en nuestro hogar.

        Era Maimona una mujerona musulmana, algo rellenita, pero que se movía con la agilidad impropia de su figura y de la edad que aparentaba, la que nunca curiosamente supimos y que tenía como todo el mundo su propia historia. Había enviudado hacía pocos años por fortuna para ella, nos contaba; pues su marido, en vida, bebía a pesar de la prohibición de su religión y la maltrataba continuamente, hecho que no era tan mal visto como lo anterior. Así que no era raro que se alegrara de su marcha al otro mundo. Por no tener descendencia y por aquello de que al que Dios o Alá en este caso, no le da hijos, le da sobrinos, la situación también dramática de una de sus hermanas que sí que los tenía, la obligó a hacerse cargo de ella y de su numerosa prole y tener que trabajar en lo que fuera, que además era lo que había hecho casi desde que nació.

      Maimona trabajaba como una mula, porque después de realizar las faenas de casa que terminaba por la tarde, se marchaba a otro hogar para seguir en la briega y antes de llegar a casa, a eso de las diez de la mañana, ya había limpiado el portal, las escaleras y rellanos del bloque donde vivíamos, que tenía cuatro plantas.

     En casa se encargaba de la compra, siguiendo las indicaciones de mi madre, en las tiendas de ultramarinos que había en las cercanías de ella, especialmente en una tiendecita que se encontraba en la calle que daba a la plaza de toros, que nos era muy familiar, pero que ahora no recuerdo su nombre, a la que nosotros también acudíamos puntualmente cuando se necesitaba algo. Cocinaba igualmente y aunque su repertorio no era extenso, lo hacía estupendamente.

     Había  cosas en sus costumbres que nos llamaban la atención, como la de negarse a comer pollo, que a nosotros nos encantaba frito y con ajillos y con abundancia de patatas fritas, porque los compraba en la tienda ya muertos y ella para poder comerlo, nos decía, tenía que matarlo o que alguno de los suyos y siguiendo sus normas lo hiciera. Cuestión difícil de entender para unos jovencitos como nosotros que hacíamos como sinónimos lo de muerte y matar. Era amante de las especias y daba a sus guisos un sabor especial, distinto, sin pasarse en las anteriores porque mi madre se lo impedía. El “jalufo” le estaba prohibido como a la mayoría de los de su religión y pasaba del mismo sin problema; aunque sí aparecía la carne de cerdo algunas veces en nuestro menú. De todas formas, en casa es que éramos más del pescado y de los mariscos que de la carne, gracias a que nuestros sobrinos José Ángel y Marimel vivían con nosotros en ella desde la triste desaparición de nuestra querida hermana Cuqui en plena juventud, y al cuido de mi cuñado Pepe de que no nos faltara ningún día ese material desde hora muy temprana y que llegaba a casa por medio de cualquiera de los marineros que se pasaban puntualmente por allí, siguiendo sus indicaciones, para dejar la carga de pescado fresco y variado, así como del marisco cuando llegaba a puerto y era subastado por él.

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una  mujer de Servicio o criada: MAIMONA


            En el hogar de mi niñez pensar en tener una criada era pura y dura utopía. En primer lugar por los ingresos que no daban para ello y porque mientras mi madre se ocupaba de obtenerlos, nuestra tía Carmen, viuda también y sin descendencia, se vino a vivir a nuestra casa y se ocupaba de las faenas de la misma.

        Por muchos que éramos, ella se manejaba bien y tenía tiempo para todo, hasta para escuchar todos los días en la radio el serial de Ama Rosa y llevar para adelante la vida y peripecias de sus infinitos personajes e innumerables y casi eternos capítulos, aunque terminaba rendida. Contando además de que nos enseñaron desde pequeños a arrimar el hombro y que no éramos demasiado desordenados.


            Ella se ocupaba de la compra, dejando para cuando estábamos en casa, que era el menor tiempo posible, por razones lógicas del cumplimiento con las obligaciones escolares y por las que nosotros mismos nos echábamos con relación a lo lúdico, los pequeños recados o mandados que respondían a urgencias o a olvidos. Era también tarea suya la comida, que realizaba en aquellas cocinas aún de carbón que encendía con una habilidad y celeridad terribles y a la que costó la propia vida que se acostumbrara al butano. 
Hacía igualmente la cocina y era labor suya el lavado, en aquella pila que existía en el patio junto a la ventana del servicio, porque en aquellos años de nuestra niñez de lavadoras nada; todo era a base de restregar y a mano, con jabón que me parece recordar que se llamaba Lagarto, de color verde, y luego a tender en los alambres que cruzaban el mismo, sujetando la ropa con palillos de madera; aquellos que separando sus dos partes y poniéndole la pieza metálica que los unía en una posición especial, aprovechando sus ranuras, convertíamos en tiradores de objetos pequeños como piedrecitas o garbanzos, que eran una delicia para nuestros juegos y para molestar en ocasiones a determinado personal. También entraba entre sus quehaceres la limpieza de la casa, que no era tarea fácil por aquel enorme y largo pasillo en forma de L, que permitía el acceso a las habitaciones, cocina y servicio.

        Que conste que no era nuestra criada a pesar de tanta faena; pues nunca la vimos quejarse de nada. Era nuestra tía Carmen, a la que queríamos mucho, a pesar de que nos reñía infinito y que consideró siempre aquel hogar y a su gente como muy suyo. La verdad que pensándolo bien para qué nos iba a servir a nosotros una criada. Como no fuera para su comodidad; pero no, no era ella persona de sentarse y mandar. Su carácter fuerte e inquieto seguro que no le hubiera permitido tener a alguien a su lado haciendo las faenas y ella permanecer entre tanto con los brazos cruzados y mirando lo que hacía. Imposible por su parte y mejor para la otra.

        Creo que el éxito de nuestro hogar estuvo en que mientras mi madre se dedicaba a ganar el sustento con su taller de modista, ella se ocupaba de la casa, sin meterse ninguna de las dos en el terreno de la otra, entendiéndose a las mil maravillas, aun siendo totalmente distintas.

                          
            Mi tía sabía más que los ratones colorados y eso que nunca había ido a la escuela; contaba con la sabiduría que da la vida y sobre todo, cuando ésta no era regalada; esa vida que no se había portado bien con ella desde tierna edad. No sé cómo se las arreglaba, pero en las colas de racionamiento duraba poco, trayéndose los artículos sin estar mucho tiempo en ellas. No conozco las historias que contaría o acaso que era mucho su descaro y se colaba simple y llanamente sin importarle nada los improperios que recibía, haciéndose posiblemente y en más de una ocasión la sorda. Sin saber de números, cualquiera la engañaba en la compra. Sabía organizarse y crecimos sin notar importantes desajustes en nuestro hogar en lo referente a la comida y eso que éramos tragones, ni tampoco en lo tocante a la limpieza en todos sus aspectos. Siempre íbamos muy arregladitos, como se decía por entonces y dentro de la  modestia propia de nuestra situación económica, y el aspecto de casa era impecable, porque además eran muchas las personas que la visitaban por el trabajo de mi madre y buena era ella para que presentara un aire que no fuera de su gusto.
 

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA  Nº 235

    ROMPETECHOS   ( I )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34


Serie creada por Ibáñez en 1964 y publicada por primera vez en la revista TIO VIVO de la Editorial Bruguera; personaje  muy bajito que por su mala visión genera numerosas situaciones cómica.

    Existen dos versiones acerca del origen de Rompetechos. La primera, según el propio Ibáñez, es que su Jefe , Francisco Bruguera tenía una gran afición por un personaje de los comienzos del cine llamado Rompetechos; por lo que pidió a Ibáñez que dibujara un personaje con el mismo nombre y este le dio la vuelta a la tortilla creando uno que era bajito y miope. Por otra parte existe un precedente con el mismo nombre, el de Rompetechos de varios años antes publicado en la revista Jaimito de la Editorial Valenciana, que se trata de un piloto muy despistado cuyas aventuras fueron dibujadas por Castillo.

    La segunda versión es la del periodista y escritor Vicente Palomares, que fue director de la revista Mortadelo y Filemón durante la mitad de los años 70, que el personaje estaba físicamente basado en un miembro de la redacción llamado Ernesto Pérez Más.

    Lo cierto es que Ibáñez dibujo 8 posibles personajes, todos ellos bajitos y cabezudos, de los que ganó el séptimo, que supuso la figura definitiva de Rompetechos y que ya no varió nunca.

    En el año 1968 es una de las figuras más visibles de la revista Din Dan  y que aparece tanto en la portada como en el  título de la misma. En un número especial de ella, cosa original y curiosa, Rompetechos llega a colarse en historietas de otros personajes debido a que no logra encontrar su página y termina echándole la bronca a su dibujante, al propio Ibáñez.

    Rompetechos también tuvo sus propias revistas, llamadas Super Rompetechos y Extra Rompetechos des finales de los 70.

    En 2003 recuperó Ibáñez al personaje con historias nuevas para la revista Top-Comic.

    Una recopilación de esta serie aparece en la Colección Olé, tanto en la época de la Editorial Bruguera, como en Ediciones B.

    Y en 2018 se hizo una edición integral de toda su obra.

jueves, 26 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN    ( VI )

        Y para concluir, que casi se me olvida, señalar lo que le ocurrió  un año a nuestro buen amigo Pedrito, cuando bastante pequeños aún, formábamos parte de esta colosal aventura. Todos presumíamos llegado el día de aportar algo a nuestra hoguera procedente de nuestra propia casa: algún objeto de madera ya inútil que guardábamos para tan señalada ocasión, dando la carga, por otra parte, a aquellos de la reunión que no se mojaban. Pedrito era tímido y callado como el que más; pero de un amor propio a prueba de bomba. Cualquier día se iba él a quedar el último en aquellas improvisadas y repentinas carreras, por ejemplo. A lo largo de todo el día vio como unos y otros llevábamos muebles o restos de éstos, ya viejos, a la hoguera y el pequeño Pedro aguantando la carga en silencio y cada vez con peor cara; hasta que no pudo aguantar más y sin decir ni mus salió corriendo para su casa. La actividad continuaba porque entre niños estas ausencias temporales y por múltiples motivos eran normales y además, quién se iba a preocupar por el hecho de que uno de los más pequeños desapareciera.

                                            

        Pero eso sí, lo que verdaderamente llamó nuestra atención y de qué manera, fue su repentina aparición al rato,  ya que era de los que vivía cerca. Llevaba una impecable silla de comedor ricamente tapizada a cuestas y su madre caminaba detrás a buen paso, gritándole: ¡Por Dios, Pedrito, adónde vas con esa silla! ¡Esa no, Pedrito de mi vida! ¡Esa no!

     La madre lo detuvo a tiempo y alguno de los mayores de la reunión tuvo que convencerlo de que no debía de preocuparse, que allí no se admitían por norma muebles nuevos.


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega Nº 234

    EL BOTONES SACARINO   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34



  Los personajes de la serie son Sacarino, el Director y el Presidente; estos último conocidos como el Dire y el Presi.

SACARINO es un joven ingenuo y algo torpe que trabaja en un periódico que se llama “El aullido vespertino” y luego pasa a ser botones de la revista DDT. Sus tareas son múltiples: limpia y ordenar los despachos, rellenar con tinta los tinteros, hacer todos los recados, etc; y por culpa de sus juegos suele provocar líos, confusiones y jaleos en las oficinas, las cuales molestan o perjudican al director o al presidente . No tiene conciencia de sus errores, de lo que hace mal y cuando se equivoca en lugar de afrontarlo se esconde.

El DIRECTOR, al que siempre llama Dire, es un hombre que siempre está enfadado, que viste de negro y que se preocupa mucho por agradar al Presidente. Siempre intenta pillar a Sacarino en sus fallos in fraganti y lo único que consigue es que el Presidente crea que el culpable de todos ellos es él, llevándose todos los golpes por culpa de los errores de Sacarino.

El PRESIDENTE, al que llaman todos Presi, es el gerente de la empresa  editora del periódico, que sólo está por debajo de los Accionistas. Tiene un temperamento colérico e irascible, aunque es fácil impresionarlo. Suele ser víctima de los líos, confusiones y jaleos de Sacarino, y siempre culpa de ellos al Director en vez de a Sacarino.

Curiosidad de esta serie  es que el autor y creador de la misma aparece caricaturizado en algunas de las historietas; pero los dibujos no los hace él, y que son realizados por miembros del equipo de colaboradores, que en la mayoría de los casos son identificables por la firma de ellos que aparece arriba y en la derecha cuando esto ocurre.

miércoles, 25 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-  Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN 

        Nunca queríamos que se acabara la noche; por eso sentíamos pena al tener que recogernos. Algunos, entonces, provistos de cubos recogían aquellas ascuas todavía encendidas para cubrir necesidades del día siguiente o apagaban sus últimos rescoldos para llevarse en recipientes metálicos los restos de maderas convertidos en carbón y su uso en jornadas venideras. Aquello sí que era el fin.


            Recuerdo que un año un grupo de estos y para no tener que hacer esta faena a horas demasiado avanzadas de la noche, se empeñaron en prender nuestra hoguera casi de día. Eran adultos y tenían la razón de su fuerza; pero nosotros no estábamos dispuestos a atender a sus razones y primero tratamos de evitarlo con palabras, con nuestras sinceras y legítimas quejas, pues aquella era principalmente nuestra obra. En vista de que el interés de aquellas personas estaba por encina de nuestras ilusiones y que pasaron a los hechos, nosotros también lo hicimos y por todos los medios que estaban a nuestro alcance tratamos de apagar lo que ellos encendían a base de echar tierra encima, con cubos de agua que nadie sabía de dónde salían, con pisotones, golpeando con ramas y con el riesgo de quemar nuestro calzado o la misma piel, hasta orinándonos con gran descaro encima de la incipiente candela. Menos mal que acudieron otros adultos y que nada tenían que ver con aquellos y sí con nuestras ilusiones y evitaron que prosiguieran en su intento, encendiéndose nuestra hoguera cuando se tenía que encender.

        Con el paso de los años, también entramos en lo que culminaba esta jornada, que de niños nos estaba vedado, que no era otra cosa que la visita a la cercana playa de San Lorenzo. Decían que para encontrarnos con otro elemento purificador, el agua, o para que se cumplieran, como en noche mágica que era, deseos solicitados en silencio y entre las tinieblas, con la complicidad de la luna si la había y el monótono ruido de las aguas en su ir y venir en sus orillas.

        De niño veíamos como grupos de melillenses, principalmente jóvenes de ambos sexos, ruidosamente, hablando en voz alta con acompañamiento de grandes risotadas y gastándose toda clase de bromas, procedentes de otros rincones de la ciudad, pasaban por delante de nuestra hoguera, ya decadente, camino de la playa de San Lorenzo para pasar o terminar una velada divertida realizando juegos que nada tenían que ver con el efecto purificador de las aguas y sí con los deseos más variados.

       No faltaban mayores que no deseaban apartarse de aquellas tradiciones, ni pequeños que les acompañaban. Existían los que se bañaban, con el agrado que supone el entrar en contacto con el agua en noche normalmente calurosa, ni los que gozaban con sólo mojarse los pies en la orilla. Era la costumbre. 

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


             Entrega  nº  234  

     EL BOTONES SACARINO   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía  Entrega nº 34


Esta serie de Ibáñez fue creada en mayo de 1963 para la revista DDT. Su personaje está claramente basado en el franco-belga llamado Gastón Lagaffe, conocido en España como Tomás el Gafe, creado por André Franquin en 1957. En la serie, en 1966, se introduce un nuevo personaje la figura de un nuevo director, ya que el que existía al principio es ascendido a Presidente y al que siempre llaman el Dire .

En la tercera época de el DDT (1957-1977) se publica en doble página central y a todo color debido a su mayor popularidad entre  sus lectores. En 1973 y aprovechando este éxito s l asocia a la cabecera de su revista y dos años después aparecerían las revistas Sacarino y Super Sacarino, ambas de breve vida.

Ibáñez realizó esta serie entre los años 60 y principios de los 80, dejando de dibujarlos en la temporada 81-82, para dedicarse exclusivamente a Mortadelo y Filemón. Los restantes años Sacarino es realizado por un equipo de Bruguera, (es decir, son apócrifos).

Ibáñez la recuperaría en 1984 en sus historietas de Mortadelo y Filemón.

martes, 24 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN   ( IV )

        Y volviendo al tema, llegado este día de vísperas, desde hora bien temprana todo era un ir y venir recogiendo objetos inservibles y apilándolos en el lugar escogido para la hoguera. Cuando alguno aparecía con algo voluminoso era aplaudido y vitoreado. A veces alguien venía a reclamar ayuda porque sólo no podía con el trasto. Lo almacenado y seguro lo dejábamos para el final. Algunas mujeres, que también participaban los adultos en esta fiesta, una vez realizada las faenas de casa, confeccionaban entre risas el muñeco de trapo que servía para coronar nuestra fogata. Otros conformaban el armazón de la misma con los troncos y maderos más largos. La ilusión era tremenda y la actividad febril, no se paraba ni un instante y nuestros ojos brillaban de emoción al verla crecer, la competición consistía para nosotros en mejorar a la del año anterior.

         Cuando llegaba el mediodía había que tomarse un descanso que coincidía con la hora del almuerzo, que aquel día era más frugal o que se ingería con mayor rapidez, deglutiendo los alimentos casi sin masticar. Y sin olvidar de dejar un retén que velaba por la seguridad de nuestro preciado tesoro. Se establecían los oportunos turnos integrados por grupos de chavales que armados con palos vigilaban nuestra singular pira donde ardería en la noche el monigote de trapo.


            Después de comer volvía la actividad. No importaba el calor en aquella jornada ni la digestión, el sudor por aquél y por el esfuerzo realizado te confortaba. Aquello crecía desmesuradamente; sobre todo, en comparación con nuestra propia estatura, pues había troncos y palos que buenamente la triplicaban. Hasta dónde llegarían las llamas este año, pensábamos, y las chispas o pavesas que la fuerza del fuego y el aire las lanzaban al cielo por encima de nuestras cabezas. Menos mal que por allí no había cables de la luz.

     Con tanto trajín la ropa se ennegrecía o manchaba, cosa que no nos preocupaba en absoluto tal día; algún siete aparecía como fruto de cualquier enganchón; golpes con los consiguientes moratones y heridas eran inevitables; para los arañazos, que abundaban con tanto trasiego, lo mejor era la salivita, que lo aliviaba todo.

     La noche se nos venía encima sin apenas darnos cuenta por la misma tarea frenética y se acercaba uno de los momentos críticos, el del encendido, en cuya hora de llevarlo a la práctica nunca nos poníamos de acuerdo; en especial, porque queríamos hacerlo siempre lo más tarde posible por dos razones: por ganarle horas a la noche y porque la nuestra luciera cuando las restantes agonizaban.

     Como para esto ya estaban los mayores, que por tener que manejar cerillas, encendedores y hasta combustibles líquidos, con los que rociaban partes claves de la misma, a ellos correspondía tal función; aunque cada chico hacía lo que le parecía y cualquiera nos impedía meter alguna baza en nuestra candela.

     La expectación era extraordinaria, centenares de personas de todas las edades se congregaban en torno a la misma, procedentes principalmente del Barrio Obrero y sus alrededores. El cielo de la ciudad empezaba a enrojecer por todos sus rincones, columnas de humo ascendían convirtiéndose en indicadores de encuentros alrededor del fuego.


            Éste devoraba todo lo que encontraba apilado allí. Su magia nos atraía y enganchaba nuestras miradas a sus colores y formas continuamente cambiantes. Gritábamos, cantábamos y danzábamos a su alrededor cuando comenzaba a arder; luego el fuerte calor nos iba obligando a retirarnos. Algunas mangueras caseras conectadas a grifos de las casas cercanas se preparaban por si las moscas. El fuego seguía su marcha y cada vez se hacía más grande, ascendiendo en múltiples lenguas hacia las alturas; pronto éstas superaban la segunda planta de las traseras de los bloques de Teniente Coronel Seguí. En el humo blanco flotaban las cenizas y chispas y los pequeños estallidos y el chisporroteo se mezclaban con nuestras voces. El asombro no cesaba.

     Como la misma vida, pasados los momentos de esplendor del fuego desembocaban o daban lugar a su debilidad, su altura iba disminuyendo al igual que su potencia y los jóvenes le ganábamos terreno a sus alrededores. En razón de su progresivo decaimiento la gente se atrevía a hacer ruedas en su torno, cogidos de las manos, y cantaban en este improvisado juego canciones tradicionales de corros, en donde participábamos chicos y mayores y sin distinción de sexos. Y cuando casi se agotaba, cuando las llamas eran mínimas y las ascuas marcaban el círculo de la hoguera, los mayores y más atrevidos, comenzaban a realizar sus saltos, nunca exentos de riesgos por quedarse cortos o por el peligro entre tanto desorden y algarabía de saltar en los dos sentidos a la vez. Algunos movidos por su inconsciencia, arriesgaban en ellos y terminaban por pisotear las ascuas, llevándose el correspondiente susto. Nunca la sangre llegaba al río y todo quedaba reducido a sobresaltos y a recomendaciones que raramente eran atendidas.