jueves, 12 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

24.-   Un quiosco;  EL DE MARIA, que luego regentaría su sobrino   ( III )

        Ya que hablo de billetes, viene a mi memoria una anécdota que nos ocurrió con ella cuando ya andábamos por los quince añitos. Alguno puede creer que es una notable exageración, pero como aún conserva mi hermano la prueba del delito como importante reliquia, nadie podrá negarlo. Clemente desde muy pequeño, yo diría que con gran precocidad, demostró su dominio del dibujo; nació con esa cualidad y ya está. Por aquellas fechas copiaba las fotos de los artistas y las clavaba. Hasta se atrevió con realizar un curso de caricaturas por correspondencia en la que tuvo que poner  más edad de la que realmente tenía para poder hacerlo y un día se embarcó en la tarea de reproducir un billete de veinticinco pesetas, de aquellos moraditos, con todos sus avios. La verdad que hizo una obra de arte, teniendo en cuenta la edad con que lo dibujó. Hoy día, cuando con motivo de repasar algunas de las obras que conserva y te topas con él, te despierta la misma o quizás mayor admiración, porque lo enjuicias desde otras perspectivas que la meramente artística. Terminado el billete, sólo por una cara y mostrado a los amigos, estos quedaron boquiabiertos y dudaban que fuera realizado por él. A alguno se le ocurrió la feliz y divertida ocurrencia de gastar con el billete dibujado una broma a la buena de María. Mi hermano se negó en principio, por su  modestia, ya que pensaba que cualquiera se daría cuenta de que no era de verdad, sino un simple dibujo, ya que él lo veía con ojos de artista y no escapaban a los mismos las deficiencias que tenía, y porque no quería tampoco que después de tanto trabajo su obra corriera algún riesgo. La insistencia del proponente y de los demás, que se sumaron de inmediato a la iniciativa, terminaron por convencerle.


            Como había que inventar alguna excusa para tener tal botín e intentar gastarlo en chucherías, se pensó en que era el día de su cumpleaños y en la invitación por su parte a todos sus amigos. Llegamos al quiosco y contando también con que María más bien ya veía poco, por sus muchos años y por la misma oscuridad de su habitat permanente, Clemente le explicó lo de su onomástica y su deseo de invitar a sus compañeros, que iban a pedir por orden lo que quisieran hasta gastar el billete que puso en la parte interior del pequeño mostrador. María lo cogió y lo pulsó con los dedos de sus dos manos, exclamando al verlo tan nuevo: “Hijo, parece que está calentito, como si lo hubieran hecho esta misma noche”. La risa de Pacoli, afortunadamente la interpretó como fruto del nerviosismo por la invitación que por otra cuestión y María abrió el cajón y lo guardó en él con sumo cuidado. La gente comenzó a pedir, nada de orden, todos a la vez, embarulladamente. María se lo había tragado y Clemente tuvo miedo de aquello llegara a más; así que antes de que la buena mujer comenzara a servir lo que le pedían, Clemente le dijo: “María, ¿Se ha fijado usted bien en el billete que le he dado? 
Ella lo volvió a sacar del cajón, lo miró y no vio nada extraño.

            -         Dele usted la vuelta, María.-dijo mi hermano sonriendo.

        Cuando lo hizo y vio su reverso en blanco, no daba crédito a lo que estaba viendo. Para una mujer de tal edad aquello no era posible, lo miraba y remiraba por una y otra cara y no salía de su asombro.

      Hay que pensar que por aquellos años, de la década de los cincuenta, era impensable encontrarse con los actuales sistemas de fotocopias o de estampación y reproducción.

        Clemente le confesó que todo era una broma y para que viera el dibujo que había hecho, entre las risas de todos. Su estupor y desconcierto aumentó mucho más, llegando a la incredulidad, al no aceptar de ninguna de las maneras que aquello lo hubiera podido hacer uno de sus niños, a los que conocía desde que tenían que ponerse de puntillas y pedir con media lengua lo que querían.
 

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

414    .-   EL DIBUJO DE HOY PODEMOS ENTENDERLO COMO EL SILENTE Y AL MISMO TIEMPO DESGARRADOR GRITO QUE DEBE LANZAR LA HUMANIDAD ANTE LA SITUACIÓN REAL EN MUCHOS LUGARES DE NUESTRO MUNDO POR LA ESCLAVITUD DE LA MUJER Y EL DESEO DE QUE LA IGUALDAD NO SÓLO SEA UNA QUIMERA, ALGO INALCANZABLE, SINO ALGO QUE SE PUEDE CONSEGUIR, CON LA INTERVENCIÓN, NO SÓLO DE LAS MUJERES, SINO DE LOS HOMBRES. QUÉ TRISTEZA QUE TENGAN, NO POCAS DE ELLAS, QUE TAPAR SUS ROSTROS CON EL BURKA O VELOS CON LA INTENCIÓN DE HACERLAS INVISIBLES.

 
                                                    El Viso del Alcor, 12 de Marzo de 2026

miércoles, 11 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco:  EL DE MARÍA, que luego regentaría su sobrino   ( II )

        Como les ocurre a todos los niños, más que el placer de las mismas golosinas que allí obteníamos y de vida tan efímera, era la satisfacción del deseo de comprar, que si podía ser a todas horas, mucho mejor. “Mamá, anda dame un perra para ir al quiosco de María”, era una frase habitual y repetida y además satisfacíamos con ello otro deseo permanente, el de poder salir a la calle, que nos gustaba por igual.

          En él comprábamos los artículos más variados, chucherías y otros que no lo eran. Entre las primeras se encontraban los distintos tipos de caramelos, los trozos de “paloduz” que masticábamos hasta extraerle todo su dulzor y que nos parecía que nos convertíamos con estos palitos en aquellos aventureros del oeste americano que veíamos en las películas mascando el tabaco, que hasta escupíamos como ellos; las barritas de regaliz y las pastillas juanolas, los paquetitos que ella misma preparaba con papel de estraza o de periódicos si era necesario de pipas, altramuces, chufas o garbanzos tostados, las garrapiñadas y los palotes, los chicles “bazooka”, por señalar algunas.


            Entre los que no eran de comer, el abanico se abría aún más. Allí había de todo como en botica, pero en menor cantidad. Por ejemplo, cada semana llegaban los tebeos, pero en tan escasos números que sólo los conseguían los primeros que llegaban, teniendo que acudir los rezagados al quiosco más grande de la salida del parque Hernández que daba a la calle Marina o a Casa Boix. Con puntualidad también llegaban las estampas de las diferentes colecciones, pero con otro inconveniente, que cuando nos faltaban pocas para concluirlas y pegarlas en los álbumes correspondientes las dejaba de traer, porque casi todos los sobres contenían las “repes” y dejaba de vender. En él mismo comprábamos las canicas, a las que siempre llamamos bolas, en sus diferentes versiones: las de barro que se rompían con sólo mirarlas y por los golpes más insignificantes, las de cristal lisas y las alistadas en su interior con variados colores y los bolones que eran de metal.

            Vendía trompos, a los que reemplazábamos su pequeña púa casi roma por otra más larga y la cuerda para bailarlos, a la que poníamos en uno de sus extremos, después de hacerle un agujero en el centro y aplastarla a base de golpes o colocándolas en la vía del tren antes de que pasara éste, una chapa, que era la que situábamos entre el índice y el anular para que no se escapara al lanzarlo.

        Algunos recortables los encontrábamos allí, pero con escaso surtido; así como las calcomanías y los cromos para las niñas, con los que jugaban a golpearlos con la palma de la mano ahuecada, estando estos bocabajo, para ganarlos dándoles la vuelta y que almacenaban en cajitas de lata de diferentes tamaños y procedencias, ricamente decoradas.

                                 

        Los adultos encontraban en el quiosco de María el tabaco y las cerillas, las cajetillas de papel para liar la picadura suelta y las novelas, entre otras, las del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y las otras rosas o de amor de Corín Tellado.



            Otro pequeño negocio de María era el de los alquileres, tanto para la gente menuda como para los mayores. Aquellos tebeos que no vendía ni devolvía, que amarilleaban de su presencia continua al sol de un día tras otro, detrás de los cristales o colgados en cordeles y sujetos con palillos de la ropa, nos lo alquilaba por una perra chica y en tiempos de descanso entre los juegos, sentados en el banco de piedra que había detrás del quiosco o en cualquier escalón o bordillo de la acera, como los que había en la esquina donde vivían los Linares, en el local de la Tabacalera, que casi siempre estaba cerrado en la mayoría de sus puertas, nos entreteníamos con las locuras de Carioco, el hambre de Carpanta, las travesuras de Zipi y Zape o con las aventuras del Capitán Trueno. Los adultos ejercían el alquiler de otra manera, pues tenían que dejar como depósito una novela similar a la que se llevaban, con lo que la biblioteca que se originaba con este procedimiento ganaba en variedad. Creo que costaba diez céntimos cada alquiler y te podías llevar la obra a tu casa todo el tiempo que necesitaras para leerla y hasta que te acordaras o fueras a cambiarla por otra.

        Era lugar de cambio también. Cuando hacía falta convertir un billete en monedas más pequeñas, que era el material que ella más usaba, acudíamos a María, que aliviaba así el problema de nuestros mayores, porque nosotros los billetes los usábamos poco, ya que lo nuestro era lo que llamábamos la calderilla, los céntimos.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

413   .-   EL DIBUJO DE HOY ES UN TEMA HABITUAL PARA NOSOTROS CON MUCHOS RECUERDOS DE ESTA ESCENA, DONDE EL HOMBRE MAYOR SE ACERCABA A LA TASCA A TOMARSE SU CHATITO DE VINO PELEÓN EN SU TIEMPO DE OCIO Y TERMINADA SU FAENA Y QUE PODÍA  COSTARLE ALGO MENOS DE UNA PESETA DE LAS ANTIGUAS. DIBUJO DONDE NO PODÍA FALTAR EL PAÑO COLGADO PARA LIMPIAR DE VEZ EN CUANDO LA PEQUEÑA BARRA NI EL ALMANAQUE EN LA PARED CON UNA DESPAMPANANTE MUJER LIGERA DE ROPA. Y QUE POR AQUELLOS TIEMPOS, DONDE EL MACHISMO PREDOMINABA, NO ERA LUGAR APROPIADO PARA ELLAS. REALIZADO EN ESE VERANO DE 2021, DONDE LA INSPIRACIÓN NOS ACOMPAÑÓ Y ENTRE OTRAS OCUPACIONES ESTUVO EL ACUDIR A LOS LÁPICES CON FRECUENCIA, EN LA TRANQUILIDAD DE VIVIR JUNTO A LA PLAYA DE LA BALLENA.


                                                     El Viso del Alcor, 11 de Marzo de 2026

martes, 10 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco:   el de MARÍA, que luego regentó su sobrino


        Todos creíamos que María había nacido y crecido en su quiosco. Siempre estaba en aquel pequeño habitáculo que no tendría más de cuatro metros cúbicos. Siempre presentaba el mismo aspecto, el de mujer mayor, peinada con moño recogido atrás y con vestido de luto permanente; de baja estatura y caminar lento, con los pies hinchados de tantas horas sentadas en el interior del negocio, en donde apenas se podía mover con cierta libertad por la gran cantidad de artículos que allí había, usando siempre zapatillas oscuras de loneta y suelas de esparto, con calcetines de invierno y mostrando sus varices cuando llegaban las calores.

        Agradable en el trato con la gente menuda, pues de ella vivía principalmente; paciente en su vender, que con negocio de este tipo no se podía despedir a la clientela por tardar más o menos en el elegir y con ojitos brillantes cuando le hacíamos buenas compras, porque tampoco sabía disimular. Nos conocía bien y sabía la leche que gastaba cada niño, por muy mocosos que pareciéramos y con la sabiduría popular que dan los años y el continuo roce con el género humano, sabía colocar a cada cual en su sitio, estableciendo claramente sus normas entre el chavalerío, no tratando a todos de la misma manera, lo que le reportaba algunos quebraderos de cabeza, en especial, por parte de los que se veían y sentían agraviados, pues usaban el mismo modelo de dinero.


            Su buen genio se transformaba cuando la molestaban; sobre todo, cuando golpeaban por detrás la pequeña puerta del quiosco con evidente intención de fastidiarla. No se molestaba en abrir la portezuela, porque sabía que los chicos iban a desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, como las ratas, pero comenzaba a largar por su pequeña y desdentada boca una retahíla de improperios y palabrotas que no nos asustaban porque ya estábamos acostumbrados a ellos y porque de muchos de los mismos ni siquiera conocíamos el alcance de sus significados; repasando de corrido a todos los familiares más directos de los autores de aquellas travesuras, vivos y difuntos, con palabras malsonantes, de las que los curas consideraban algo más que pecados veniales y de las que no se libraba ni el mismo Dios, la Virgen y algún que otro Santo u objeto religioso. Menos mal que se le pasaba pronto; bastaba con que alguien acudiera a comprarle para volver a su humor habitual. Es más, a veces, como vieja bruja que parecía y aún dándose cuenta que el que pedía alguna golosina podía haber sido el autor de los golpes, se hacía la “longui” y con gesto de complicidad, le servía, porque el negocio era lo primero; aunque cuando se retiraba, mascullando, le soltaba algún recuerdo, para que el niño viera que de tonta no tenía ni un pelo. El pequeño entonces, con el mismo gesto de complicidad le sonreía y también en voz baja le farfullaba aquello de “Los tuyos, por si las moscas”.

        En el fondo era buena gente. ¿Qué hubiera sido de María sin los niños? Aunque tenía clientes ya adultos, no era lo mismo, porque muchas veces, aun sin comprarle nada permanecíamos por los alrededores de su negocio, mirando la mercancía, sin molestar, dándole conversación y compañía a su soledad. ¿Y qué hubiera sido de nosotros, por qué no decirlo, en aquellos años, sin el quiosco de María? ¿Hay cosa que le guste más a un niño que un quiosco? Cómo no sean las botas de agua para meterse en un charco...


            Su quiosco estaba emplazado a la entrada del paseo central que había en la calle General Mola, en su esquina izquierda; junto al cual colocaban cuando llegaba su época, aquellos monumentales puestos de melones y sandías que nos llamaban tanto la atención; aunque nos estropeaban uno de los bancos de piedra en donde jugábamos partidos de fútbol con botones y chapas.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

412   .-    EL DIBUJO DE HOY, SIEMPRE COMO LOS ANTERIORES LLENO DE SENCILLEZ, TRATA DE OTROS DOS PERSONAJES DE NUESTRA LITERATURA UNIVERSAL, REALIZADO EN EL VERANO DEL AÑO 2021 GOZANDO DE LAS BONDADES DE COSTA BALLENA (ROTA). EL TÍTULO ES ADECUADO A LA ESCENA DEL LIBRO EN QUE EL ACUERDO ES ROTO POR AMBAS PARTES. ESTE CONSISTÍA, DADO QUE EL CIEGO NO VEÍA, EN COMER DEL RACIMO UNA UVA. EL CIEGO LLEGA UN INSTANTE EN QUE NO LO RESPETA Y TOMA UN PAR DE ELLAS Y LE SORPRENDE QUE SU LAZARILLO GUARDE SILENCIO SIN PROTESTAR. LA VEDA SE HA ABIERTO Y EL PEQUEÑO SE ATREVE A TOMAR TRES. DESCUBRIENDO EL SAGAZ ANCIANO QUE SEGURO QUE EL PEQUEÑO PILLO CALLA PORQUE SUPERÓ EL PAR, DÁNDOLE EL ESPERADO CASTIGO POR SU PILLERÍA. LA SENCILLEZ DEL DIBUJO Y SU TÍTULO "DESACUERDO" LO EXPLICA TODO.


                                                     El Viso del Alcor, 10 de Marzo de 2026

lunes, 9 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.-   Un comercio:   PAPELERIA Y LIBRERÍA "CASA BOIX"   ( III )

        Casa Boix nos surtía periódicamente de un material insustituible para la niñez de nuestro tiempo, como lo eran los elementos de nuestros coleccionables, principalmente de los tebeos y de las estampas o cromos. Los tebeos que se agotaban inmediatamente en los quioscos los encontrábamos en esa tienda de la Avenida; los de El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Jaimito, el TBO, Roberto Alcázar y Pedrín, Flash Gordon o Hazañas Bélicas siempre estaban allí y los primeros sobres de estampas de películas famosas como El halcón y la flecha de Burt Lancaster, de Blancanieves y los siete enanitos, de Dumbo, aparecían en su escaparate con el álbum correspondiente; así como la de los futbolistas de todos los equipos al comenzar cada temporada. Recuerdo de entre éstas una colección en que las estampas reproducían partes de los futbolistas más destacados de cada equipo y que completadas, como si de un puzzle se tratara, formaban un póster de cada uno de ellos, Y se daba algo muy curioso, que era tal el vicio que teníamos, que llegábamos a conocer al futbolista que pertenecía cada media o bota, cada brazo o pierna, el campo que le servía de fondo o el cielo con un trozo de cabello del mismo.



Casa Boix nos suministraba el papel marrón de envolver para hacer las montañas, después de arrugarlo bien, del Belén; el papel azul para conformar el cielo, el plateado para construir las estrellas, la que guió a los Reyes Magos en especial, la Luna y el curso de los ríos, sobre los que colocábamos los patitos; la anilina marrón y verde, para una vez preparada, pulverizar las montañas con un aparato de los que se usaban con ZZ para matar a los insectos o para manchar el serrín de dichos colores y repartirlo por todo el Nacimiento. Con el paso de los años también comprábamos aquellos fondos de cielo y tierra, ya dibujados, con nubes, con casitas, palmerales, montañas y castillos.

        A Casa Boix íbamos a comprar el papel de seda de distintos colores para fabricar nuestras primeras cometas, aquellas que construíamos el armazón  o su estructura con cañas y que pegábamos el papel con engrudo, mezcla de harina y agua. Allí encontrábamos las divertidas calcamonías o calcomanías, que estampábamos humedeciéndolas y quitándole el papel que las protegía en nuestros libros y cuadernos o en los mismos brazos, como si de tatuajes se trataran y que vuelven a utilizar los pequeños de ahora después de muchos años de estar desaparecidas o por la utilización de otros medios de estampación más modernos.


            En Casa Boix encontrábamos igualmente cuentos, normales y troquelados, libros; toda clase de juegos de mesa, como el parchís y por detrás la oca, el ajedrez, los dominós, los de reconstrucción con piezas en forma de cubos que te permitían componer láminas, los puzzles; los mecanos y los juegos de arquitectura...



            ¡Qué no habría en aquel almacén del fondo!

       Aún recuerdo cuando íbamos a Casa Boix, con tan pocos años, que el mostrador era demasiado alto para nosotros y teníamos casi que empinarnos para que los empleados nos vieran. Pasaron los años y el mostrador se nos fue empequeñeciendo y seguimos visitando aquel lugar para comprar otros artículos, ya no de niños, y del que guardamos gratos recuerdos y lo que es más curioso, es que allí nadie nos podía conocer, porque éramos tantos los pequeños que pasábamos por él a lo largo de cada jornada y de todos los días, que era imposible quedarse con la fisonomía de clientes tan menudos como nosotros cuando empezamos a frecuentarlo.

      No sé qué habrá sido de aquel establecimiento, posiblemente con todo lo que ha cambiado el mundo nuestro de cada día, a él le habrá ocurrido lo mismo; quizás los niños ya no lo frecuenten tanto, puede que de aquellos dependientes de entonces la mayoría se hayan jubilado, que el comercio sea dirigido por nuevas generaciones de la familia Boix, que haya envejecido y se dedique a la venta de otros artículos bien diferentes a los de aquellos tiempos nuestros...; pero de lo que sí estoy seguro es de que fue un establecimiento, como otros tantos,  emblemático en nuestra ciudad.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

411   .-   DIBUJO DEL MARINERO QUE MIRANDO EL HORIZONTE SIENTE LA NOSTALGIA DE NO ESTAR EN EL MAR DE SU VIDA, DIBUJO DE GRAN SENCILLEZ Y CON TRAZO FIRME QUE DEMUESTRA SU ENORME TRANQUILIDAD. REALIZADO EN COSTA BALLENA DURANTE EL ESTÍO DEL AÑO 2021.

    
                                                        El Viso del Alcor, 9 de Marzo de 2026

domingo, 8 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.-  Un comercio:  LA LIBRERIA Y PAPELERÍA "CASA BOIX"

        No sólo eran los libros de textos los que conseguíamos en Casa Boix, sino ese continuo e inacabable chorreo que conformaba el material escolar: lápices, gomas de borrar Milán, colores Alpinos, el papel Guarro para los dibujos, las cartulinas blancas y de colores para algunos trabajos manuales, el pegamento Imedio, los palilleros y plumas, el papel secante, la tinta normal y china, algunos botes de témpera, la escuadra, el cartabón y la regla, el semicírculo graduado y el compás, los señalados mapas mudos sueltos y para cada ocasión, el papel de seda y el de envolver para forrar los libros...


            De las sandalias, que era el calzado más usado, decía mi tía Carmen, que gastábamos bien sus suelas, al comienzo de cada curso, en este ir y venir desde nuestra casa a aquella tienda; al igual que los demás alumnos, con los que nos encontrábamos allí en muchas ocasiones.

       Pero es que no sólo acudíamos allí exclusivamente para lo relacionado con la tarea escolar, otros alicientes nos llevaban a casa Boix y muy variados. Este segundo motivo respondía o entraba en el capítulo de lo divertido, tenía mucho que ver con nuestros pasatiempos, pues los mejores recortables los encontrábamos en ese establecimiento y con un surtido variadísimo. Por una lado estaban los que hacía referencia a ese héroe importantísimo de nuestros tebeos como era Flash Gordon y de los representantes de todos los pueblos imaginarios que moraban en el espacio infinito, engrosando los capítulos de los amigos y enemigos del mismo. Algunos, por no decir todos, seres extraños que eran fruto de la imaginación de sus creadores y que llegaban a formar parte de la realidad de nuestros juegos, a los que nunca faltaron buenas dosis de ella. Por otro lado estaban los que representaban a los diferentes ejércitos; allí no faltaban los infantes, los artilleros, los regulares y legionarios, los marinos y los de aviación; soldados de los tres ejércitos, tierra, mar y aire, que nos llevaban horas y horas en su recorte y sujetos por aquellas solapas que se doblaban en su base y que eran protagonistas de nuestras inventadas batallas incruentas siempre; en tanto que las niñas se entretenían con los suyos, con lindas muñecas dibujadas a las que había que vestir con toda clase de modelitos y complementos, como sombreros, cinturones, calcetines y calzados que se sujetaban con distintos cuadritos que se doblaban para tal fin.                                                          

                                                  

 
                

        Volviendo a nuestros soldados, existían los que iban acompañados de sus materiales de guerra, los carros de combate, que para  nosotros antes de ir al servicio militar eran tanques, las ametralladoras, las ambulancias con la cruz roja, los muy variados cañones, los jeeps...

         La gama de recortables igualmente era completísima en su relación con el Belén. La Virgen María y San José, el Niño en la cuna o pesebre, el buey y la mula recostados, los pastores y los Reyes Magos, el rey Herodes y la soldadesca romana nunca faltaban entre la chiquillería cristiana; así como todos los elementos de tan fausto acontecimiento, como el Portal, el pozo, las casitas, el castillo, los puentes y sin olvidar tampoco la flora y la fauna típica de los Nacimientos, como los patos, las cabras, los camellos y las palmeras.


            Estos recortables se complicaban en cuanto a su ejecución con el paso de los años; así se convertían en objetos de nuestra preferencia los que reproducían determinados y conocidos edificios, castillos con todos sus detalles y en volumen, que nada tenían ya que ver con los que eran planos, los de diferentes embarcaciones y aviones, por supuesto, todos ellos más complicados, pues eran recortables que exigían también su construcción y el uso del pegamento.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

410   .-   UN PERSONAJE QUE APARECE EN NUESTROS TRABAJOS CON FRECUENCIA. EL PAYASO, QUE TANTO NOS ENCANTABA DESDE LA INFANCIA Y LA NIÑEZ JAMÁS DEJÓ DE SER ADMIRADO A LO LARGO DE TODA NUESTRA VIDA POR EL BIEN QUE NOS PROPORCIONABA. EL DESPERTAR LA RISA EN LOS HUMANOS, GRANDES Y PEQUEÑOS, Y A VECES SÓLO LA SONRISA, ES MÉRITO MÁS QUE SUFICIENTE PARA QUE MEREZCA NUESTRO AGRADECIMIENTO Y GRATITUD Y QUE NO LO OLVIDEMOS NUNCA.
BOCETO COMO TODOS LOS ANTERIORES REALIZADOS EN COSTA BALLENA (ROTA) EN EL VERANO DE 2021.


                                                        El Viso del Alcor, 8 de Marzo d 2026

sábado, 7 de marzo de 2026


BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES,COSAS Y PERSONAJES

RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.- Un comercio:   LIBRERÍA Y PAPELERÍA "CASA BOIX


                                                 ( Dibujo de Francisco Alcaraz Betoret )

         Vivir en Melilla y no conocer Casa Boix en nuestros años y juventud, parecería cuestión imposible; aunque esta afirmación no faltará quien la pueda considerar como algo pretenciosa o carente de realidad o hasta de sentido común. Cuando señalo esto lo hago como una expresión común más, como una forma de hablar similar a esa otra, por ejemplo, en la que varias personas te indican algo en lo que coinciden contigo y tú para avalarlo indicas con la mayor tranquilidad del mundo, que lo dice toda la gente, sin pasar de la media docena de personas.

         Me refiero principalmente a todos los que vivíamos en sus inmediaciones, ya que su ubicación en la parte central de nuestra Avenida, era lugar obligado para comprar algunos artículos; además de sitio de paso para otros rincones tan señalados como nuestra parroquia, la del Sagrado Corazón de Jesús, o por encontrarse cuando ya fuimos cumpliendo los años, en el paseo o "tontódromo" más importante y concurrido de la ciudad.


            Hace muchos años que no visito dicho establecimiento y quizás el recuerdo que guardo del mismo no coincida en casi nada con la realidad actual del mismo. Tengo la sensación de encontrarme con un espacio alargado, con un mostrador de atención al cliente en su parte derecha y pasado éste una especie de almacén donde se guardaba todo el material de papelería. Contaba también en su parte derecha y nada más entrar con un pequeño escaparate, poco llamativo, donde podían presentarse y esa es mi impresión, las posibles novedades, pero seguro que no estaban expuestas por un experto escaparatista.

 No llegué a saber si el personal que nos atendía era alguno de la familia de los Boix, posiblemente oriundos de Cataluña por el apellido o del levante valenciano, pero pienso que bien pudieran ser los que se ocupaban de la caja y es que en los comercios de aquella época los dueños de los mismos se mezclaban en el trabajo con los empleados y a veces resultaba difícil distinguir a unos de los otros. Con el paso de los años serían sus hijos los que se ocuparían del negocio.

         El porqué de elegir esta tienda como algo especial para nosotros tiene una fácil explicación. En primer lugar, porque nada más cumplir los diez añitos y entrar en el bachillerato, después del oportuno y temido examen de ingreso en el mismo, era el lugar casi exclusivo donde comprar nuestros primeros libros de textos, ya que las Enciclopedias quedaban aparcadas para los alumnos de Primaria. ¡Vaya si era importante la cuestión! Ya nos exigían un libro para cada materia, entre cuyos materiales también había que incluir el cuaderno para el dibujo con su colección de láminas para reproducirlas, el diccionario y el atlas con su correspondiente carpeta de mapas mudos, que también se podían adquirir sueltos, para los ejercicios de clase.


            Nosotros como éramos dos, salvo el material que se entendía como fungible, lógicamente en lo referente a los libros de textos, con la comprensible anuencia del profesorado, sólo comprábamos un ejemplar y nos apañábamos como podíamos. Tampoco engrosábamos el capítulo de los alumnos extraordinarios para pelearnos por ellos; aunque había momentos en que más por fastidiarnos que por interés pedagógico, queríamos cualquiera de ellos al mismo tiempo; llegando incluso a ponernos juntos a leerlos, cosa harto complicada en razón de la distinta velocidad  lectora y comprensión, por lo que alguno terminaba por retirarse y dedicarse a otras historias, para cogerlo cuando lo abandonara el otro; si no terminaba la situación en un pequeño conflicto sin que llegará la sangre al río. 
Sólo en épocas de vísperas de exámenes, porque como casi la totalidad de los estudiantes lo dejábamos todo para el final, el problema se acuciaba de verdad; eso sí, como señalaba antes, sin que llegara la sangre al río; aunque no faltaban algunos empeñotes, alguna que otra palabra o frase hiriente, que mi madre zanjaba inmediatamente con sólo indicarnos que nos iba a mostrar las zapatillas y que curiosamente nunca nos la enseñó en su larga vida.

        Llegado el comienzo del curso escolar comenzaba el peregrinaje a Casa Boix, porque la mayoría de los libros no llegaban al mismo tiempo y porque la economía familiar no era tan boyante como para adquirirlos todos de una vez. Ya se sabe cual era la postura de los alumnos de esas edades con relación a esta cuestión, la exigencia de tenerlos todos cuanto antes y nosotros no íbamos a ser una excepción. Claro que para eso también estaban los adultos, nuestros mayores, que llegaban hasta cuanto podían y un poquito más, a lo mejor, hasta quitándolo de otros menesteres, y la verdad es que nosotros fuimos bastante comprensivos y fáciles de conformar con razonamientos. Eso sí, como en Casa Boix no traían todos los libros para todos los alumnos de una vez, que sus pedidos debían de ser en número aproximado de estos y más bien a la baja por no andar luego envueltos en problemas de devoluciones, a veces y cuando algunos de aquellos libros no llegábamos a adquirirlos entre los primeros días, nos veíamos obligados a realizar varios viajes para conseguirlos; encontrándonos siempre, que para eso eran tan excelentes vendedores, con sus palabras de que seguro y sin falta que llegarían en el Correo del día siguiente.


(En el mismo número de la Avenida, el 23, actualmente se encuentra otra Papelería sin saber si pertenecen a los herederos de de Casa Boix) 

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE DIBUJOS ORIGINALES Y DE ENORME SENCILLEZ

409   .-    EN ESTE CASO DOS MUESTRAS PLENAS DE SIMPLICIDAD Y DE CIERTA HABILIDAD PARA MOSTRARNOS CON DOS O TRES LÍNEAS Y LOS MISMOS PUNTOS CONSEGUIR EL ROSTRO DE UNA DAMA Y UN CABALLERO. EL INTENTO VALIÓ LA PENA POR LA IMAGINACIÓN QUE MUESTRAN.


                                                         El Viso del Alcor, 7 de Marzo de 2026

viernes, 6 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SEGUNDA

22.-   Un vehículo:   EL OPEL CARAVAN, FURGONETA


            La verdad y tengo que confesar con un cierto sonrojo, que yo nunca fui un experto conductor y por ello, viene a mi memoria una anécdota que me ocurrió un atardecer. Intentando aparcar el coche en la Plaza de Vigo, ante  un bordillo bastante elevado le di un golpe y sentí el ruido de un objeto al caer al suelo, me bajé y vi con el correspondiente enfado que faltaba el cristal del faro derecho. Pensé que del golpe se habría roto y era tal mi enfado que no reparé en comprobar donde habían quedado los restos del mismo y regresé al lugar donde ellos se encontraban para contarles lo que me había ocurrido, como si ello fuera un desastre imperdonable y juramentando una y muchas veces más que no volvería a coger el coche.


            Entonces me preguntaron, no sé quién, que qué había hecho con el cristal y yo les respondí que lo había dejado allí, que estaría hecho trizas. La tozudez de mi hermano, que siempre fue un cabezota, nos llevó de nuevo al lugar del golpe y cosa curiosa, lo que aumentó aún más mi enfado; 
éste se agachó y cogiendo algo del suelo, me mostró sonriendo el cristal e intacto, ya que sólo se había soltado con el golpe. Por la mañana y con la luz solar fue repuesto en su lugar y todo sirvió para demostrar que soy un trasto para los coches.

       Yo me quedé en Galicia y ellos regresaron, pasando antes por Castejón de Henares, para que los míos conocieran el pueblo donde estuvo destinado Clemente.


            A pesar de que lo tuvimos poco tiempo tuvo sus historietas y algunas de ellas nada agradables, pero que se pueden contar afortunadamente. En aquel viaje de regreso a Melilla, pasada La Roda de Andalucía, último pueblo de la provincia de Sevilla para adentrarse en la de Málaga, lloviznaba y el coche le hizo un trompo a Clemente, con la doble fortuna de que el vehículo quedara en la misma calzada y en el mismo sentido de la circulación, no viniendo ningún otro ni por detrás ni en sentido contrario, con lo que todo quedó en un tremendo susto y despertó la necesidad de beber mucha agua para acabar con la tremenda sequedad de sus bocas.


            En otra ocasión y en vísperas de la Navidad, cuando pensábamos dirigirnos a Melilla para pasarla con la familia, había que cumplir con el requisito habitual de llevar algunos juguetes para los pequeñines y para ello la compra de éstos se hizo en unos grandes almacenes de Sevilla. De regreso al pueblo y una vez en éste, en lugar de aparcar el coche en la puerta de casa se hizo en una plazoleta que daba acceso a la calle que conducía a ella y que además siempre estaba muy concurrida. No sabemos si fueron aquellas iniciales de ML que lucían en las matrículas o la hermosura del vehículo, las que invitaron a algún caco a hacer su fechoría; pero cuando ya de noche se acudió al mismo para recoger los regalos para guardarlos en casa, estos habían desaparecido y además sin ninguna señal de violencia. Nunca mejor dicho, en tal circunstancia alguien hizo los Reyes a nuestra costa.
        Clemente ya casado, yo destinado en otro pueblo, el mismo inconveniente de sólo poderlo tener con nosotros una temporada y el resto parado allí en Melilla, fueron suficientes razones para venderlo y así fue, encargándose de este menester mis hermanos mayores. Clemente se compró un Renault en Sevilla y curiosamente, yo pasé del coche más grande de mi vida a la versión creo más diminuta que se fabricaba en coche, aparte de los conocidos “biscuter” y “seíta”; pues me incliné por el modelo Mini, que dicho sea de paso, me costaba infinitamente menos trabajo el aparcarlo y que andaba también de locura.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPÌZ PARA OBRAS POSTERIORES

408   .-   EL TEXTO DEL DIBUJO DE HOY ENCIERRA UN INTERROGANTE REFERIDO
A LA DUDA DEL PAPEL QUE JUEGAN LA MARIONETA Y EL QUE LA MANEJA.


                                                   El Viso del Alcor, 6 de Marzo de 2026

jueves, 5 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
RAZÓN VIGÉSIMO SEGUNDA

22.-   Un vehículo:   EL OPEL CARAVAN, FURGONETA


        Ya estábamos destinados en la Península para ejercer el magisterio. Terminado el curso escolar de nuestro primer destino en la bella ciudad del Tajo, en Ronda, nos desterraron a los dos a pueblecitos de Guadalajara de menos de trescientos habitantes, de ahí que hable casi de destierro y no de destino definitivo. Clemente fue a Castejón de Henares y yo a Peralveche y al terminar aquellos dos años obligatorios y sabiendo que nuestro destino estaba más cercano a casa, ya en la provincia de Sevilla, en El Viso del Alcor y Tocina respectivamente, decidimos comprarnos aquel vehículo, el Opel Caravan, aparentemente muy grande para los dos y aún sabiendo que sólo podríamos gozar de él en la Península como turistas durante seis meses cada año.

                                    

                                                     ( PERALVECHE )


                                                           ( CASTEJÓN DE HENARES )

        Durante el verano nos movimos por la ciudad con el nuevo coche e incluso nos permitió hacer alguna excursión a Marruecos en las que nos acompañó nuestra querida madre, cosa casi impensable para ella, al igual que algunas escapadas a la playa de la Mar Chica en compañía de mis otros dos hermanos mayores, Domingo y Ángel y sus respectivas familias.

        El primer curso que vivimos en la provincia de Sevilla, Clemente, que era el que mejor conducía, se trajo el coche a El Viso del Alcor y disfrutó de él mucho más que yo, haciéndome algunas visitas a Tocina acompañado de su ya novia formal, Rosa, de su madre y de una prima de ésta, que fue casi de nuestra familia con el transcurrir de los años por razones de afecto mutuo. Llegadas las vacaciones de Navidad y Semana Santa nos veíamos obligados a llevar el coche a Melilla y era éste, lógicamente, el vehículo que usábamos en nuestros desplazamientos hasta Málaga, donde lo embarcábamos. Y así andábamos, llevando y trayendo el Opel durante épocas.

        Nos había costado el vehículo y lo recuerdo bien porque fue nuestro primer coche, unas ciento catorce mil pesetas, de las de entonces, pagadas en cómodos plazos y no faltaban en el pueblo quienes nos tentaban con comprárnoslo por cantidades que duplicaban el coste en Melilla. Cosa que no pensábamos hacer por aquellos años, amén de que tampoco podíamos hacerlo sin pagar los oportunos y reglamentarios impuestos.

(Parada para desayunar en Écija, al iniciar viaje a La Coruña)

                Yo llevaba enrollado uno o dos años con una galleguita que conocí en la misma A Coruña, llamada Ana María, cuando estuve de profesor de voleibol en una de las Universidades de Verano de la OJE, que cada verano organizaba en diferentes ciudades y especialmente por el norte de nuestro país. Ya había estado, por ejemplo, el verano anterior en Gijón, en su suntuosa Universidad Laboral, junto a Clemente y Falo y siempre bajo la dirección de nuestro apreciado amigo Antonio de Antonio Campoy. Esta circunstancia animó a los míos a hacer una excursión a tierras gallegas y aprovechar el desplazamiento de mi madre para plantear el traje de novia de su hermana, Mª Ángeles que se iba a casar en fechas próximas.

           Fue una experiencia extraordinaria aquella del viaje a Galicia. Yo, como estaba de vacaciones, me fui antes y con toda la impaciencia del mundo esperé la llegada de mi gente. Vinieron hasta Coruña mi madre, mi hermano Clemente, su novia Rosa y mis dos sobrinos, Marimel y José Ángel y estuvieron en ella unos cuantos días conociendo la ciudad y sus alrededores.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

407   .-    DIBUJO DE HOY QUE REFLEJAN LOS SUEÑOS DE ESTOS DOS ILUSTRES PERSONAJES DE NUESTRA LITERATURA DE ALTURA MUNDIAL. MIENTRAS EL HIDALGO CABALLERO DE LA MANCHA EN UN ALTO DE SU LECTURA DE LOS LIBROS DE CABALLERÍA SU SESO PIENSA EN SU IDOLATRADA DULCINEA DEL TOBOSO, SU MÁS QUE BUEN Y FIEL ESCUDERO, SANCHO PANZA, PIENSA EN LLENAR ESTA CON DELICIOSOS MANJARES, SIN OLVIDARSE DE LA PROMETIDA INSULA DE BARATARIA.

 

                                                   El Viso del Alcor, 5 de Marzo de 2026

miércoles, 4 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SEGUNDA

22.-   Un vehículo:  EL OPEL CARAVAN, FURGONETA   ( I )


        Tener un buen coche en Melilla no es nada anormal; baste para el visitante poder comprobar que todos los taxis de la ciudad son Mercedes Benz, por ejemplo.


            El hecho de contar la ciudad con la condición de puerto franco y no tener que pagarse el correspondiente impuesto de lujo a la hora de comprar un vehículo, que puede ser importado de cualquier rincón del mundo, especialmente de Europa y concretamente de Alemania, Francia, Italia e Inglaterra y de algunos países del Este; así como el que los sueldos eran más altos que en la Península, ya que se cobraba ese plus de residencia que casi duplicaba el salario de los funcionarios, que era la mayoría de la población, propiciaba que se pudiera contar con un buen coche en nuestra ciudad; sin olvidar las facilidades de pago que existían, dada la monumental competencia que había entre los múltiples concesionarios de cada marca. Un ejemplo puede ser ilustrativo de estas afirmaciones, pues el conocido industrial melillense del automóvil y de otros artículos, Juan Lucas, vendía a plazos el duro Sköda checoeslovaco, por mil pesetas al mes; claro que, mil pesetas de entonces eran muchas pesetas.


            Todas las marcas tenían clientes en Melilla, siendo paradójicamente la SEAT, de fabricación española, la que menos éxito tenía. Poseer en Melilla un buen coche, importado del extranjero, no suponía síntoma de distinción; Wolwagen, Mercedes, Renault, Citroën, Fiat, Mini, Opel, BMV, Volvo, Sköda y otras marcas recorrían nuestra ciudad y con el aliciente añadido de que el combustible también contaba con un precio más reducido que en la Península. ¿Se podía pedir más en este aspecto?

        De ahí los negocios que se montaron en nuestra ciudad en torno a los automóviles y su paso a la Península, al igual que otros artículos importados, como ocurría con la variada gama de electrodomésticos. Cualquier traslado de funcionario, entre los que se incluían los dedicados a la vida castrense, a la Península suponía en ocasiones pingües beneficios si te llevabas tus propiedades a cuestas. Algunas de estas operaciones hasta eran preparadas con extremada y cuidada temporalidad, constituyendo un ir y venir que a la larga no sé si compensaría..

         Incluso pagando los impuestos correspondientes y después de tener vehículos guardados celosamente en garajes durante un determinado tiempo, también se conseguían beneficios importantes al trasladarlos y posteriormente venderlos en ella.

         O por qué no contar aquel sonado rumor acerca del fraude de nuestro equipo de fútbol en una temporada que consiguió la oportuna autorización para pasear por España un Mercedes, que se ofrecía como premio de una rifa para sostener el club y que decían las malas lenguas y los exagerados que realmente habían pasado un centenar de vehículos para tratar de colocarlos allí.

         Sin embargo, no es este el motivo de haber elegido el Opel como  coche favorito de mis años mozos, de mi época de soltería; sino lo que me permitió disfrutar y que bien pudo ser otro cualquiera.