miércoles, 29 de abril de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
martes, 28 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
A la fuerza teníamos que atravesar la Avenida para llegar a ella, para encontrarnos en aquella pequeña plazoleta, donde a veces quedábamos como lugar de encuentro con otros amigos, y que se encontraba delante de la fachada principal de la iglesia.
Para los mayores la Avenida era la arteria principal
y la más importante vía comercial de la ciudad. Allí había excelentes tiendas
de ropa, tanto masculina como femenina, joyerías, establecimientos de artículos
de regalos, relojerías, bancos, tiendas de electrodomésticos, estanco,
sombrerería, cafeterías, un gran hotel, el Casino Español, ferretería,
papelerías y librerías, heladería y confitería... La verdad que todo se podía
comprar en comercios ilustres como
Cuando paseamos, razón obvia, vamos mirando hacia delante, a derecha o izquierda o al mismo suelo para evitar posibles obstáculos y rara vez nuestra mirada se dirige hacia arriba sin necesidad. Este último ejercicio visual debería ser obligatorio, perdónenme la exageración, en nuestra Avenida.
Qué de balconadas con figuras de animales en relieve y bien trabajado su hierro, qué cantidad de ventanales bellamente enmarcados y de una variedad notable, qué caprichosas arcadas con diseños atrevidos y remates en las azoteas, qué armonía de colores y no sé cuantas cosas más despiertan la admiración del visitante que jamás piensa poder encontrarse con tal cantidad de ejemplos de la arquitectura modernista en un espacio tan reducido.
Cuando vas cumpliendo los años acudes con otros intereses a la Avenida, sin olvidar las compras que ya no son principalmente para los mayores, pues cada cual empieza a tener edad para ellas también. Y entras a formar parte de lo que más de uno considerábamos como el “Tontódromo”. Me explico con ejemplos, si el canódromo es el lugar donde corren y se lucen los perros, si Lasarte cuenta con un hipódromo famoso en donde se hacen célebres los caballos que lo recorren, si el autódromo es el lugar de competición de los autos, si el aeródromo es el rincón destinado a los vehículos que vuelan, ¿cómo llamar al lugar donde todos van de arriba para abajo y de abajo para arriba, aún sin cuestas, tonteando?
Y es que la Avenida por aquellos años se quedaba sin tráfico rodado a una determinada hora y cedía el paso al tránsito de las personas dentro de unos límites y concentrado principalmente en las proximidades de la plaza del Sagrado Corazón. Era, como existían en la mayoría de pueblos y ciudades, el lugar de encuentros, donde en el atardecer y hasta que se cansaban los últimos, los pesados de siempre, se reunían los jóvenes y los menos jóvenes para pasear y otros menesteres, entre los que se encontraba, por ejemplo, el ligar. Cuántas parejas nacieron de aquellas idas y venidas sin ningún rumbo y que conducían a ninguna parte. Los que no estábamos emparejados formando grupos, los chicos por una parte y las chicas por otra, nos cruzábamos en el camino o perseguíamos los unos a las otras, surgiendo bromas, palabras más o menos agradables y acertadas, intercambiando miradas y sonrisas, ahogando grititos ellas a veces y galleando nosotros casi siempre; sin que faltaran empujones, roces y hasta atrevidos y disimulados toques, que a cambio podía traducirse en bofetón al autor o al inocente compañero que caminaba a su lado, que no salía de su sorpresa inmediatamente mientras le escocía el rostro, o en una retahíla de improperios o palabrotas que eran casi algo más que pecados veniales. Unos, los primerizos, paseaban para con el paso del tiempo ingresar en la nómina de los mayores, haciendo méritos para ello; en tanto que otros paseaban por el puro placer de pasear, conversando tranquilamente o gozando con los mismos silencios, que nunca faltaban. Había pequeños que correteaban entre los mayores, molestando a los paseantes y siendo invitados, sin éxito, a que se marcharan con sus juegos infantiles a otra parte. Muchos lo hacían por rutina, porque en algo había que ocupar el ocio, ya que no existía la televisión ni los ordenadores por entonces.
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
lunes, 27 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
La segunda razón era la de degustar los ricos helados de la Ibense, de mayor variedad y calidad, que así nos los parecían por entonces, que los que nos ofrecían en la heladería que teníamos más cercana a nuestro domicilio, en la calle Aizpuru, El Buen Gusto y que visitábamos con más frecuencia por esa misma razón y porque los dueños eran los padres de unos amigos nuestros. Al igual que los polos tenían que ser los de Morillas, comprándolos en la misma fábrica que tenían en la calle Marina o en los carrillos de mano que paseaban por todas las calles de la ciudad, con aquellos premios que salían grabados en los palos y que consistían en que te daban otro presentándolo en la “polería”, con tantos colores y sabores diferentes, que rechupeteábamos con lentitud para que no se gastaran inmediatamente, después de quitarles la funda de papel y que dejaban nuestra lengua y labios ligeramente pintados de los colorantes que aplicaban a cada sabor. A mí me encantaban y no sé el porqué, los verdes de menta y los de naranja, no tanto los de limón ni los de chocolate. Los buenos helados tenían que ser los de
Y la tercera razón era la de ser paso obligado para ir al Sagrado Corazón de Jesús, nuestra iglesia, donde me bautizaron e hice la Primera Comunión, donde iba a misa algunos domingos, no todos, porque desde niño no ejercí de cristiano practicante por diferentes circunstancias de mi vida y por qué no decirlo, por pereza y porque no comprendía muchas cuestiones y principalmente, porque no crecí en ese ambiente. Desde pequeño odiaba la rutina y siempre estaba envuelto en ella; no me gustaba el latín porque no entendía nada, era algo tímido y me daba vergüenza casi todo, hasta que me mirasen, lo que hacía subir el color a mis mejillas, con un gran sentido del ridículo por lo que temía equivocarme en los movimientos, gestos y rezos de la liturgia dominical; me aburrían también porque casi siempre todo giraba en torno al pecado y sus terribles consecuencias en los sermones que desde el púlpito nos lanzaba el ofertante de turno, por no decir que a veces me llenaban de inquietud y hasta de miedo aquellas regañinas a los que allí estábamos que casi éramos culpables de todo.
En tanto que los que no asistían no se enteraban de los innumerables riesgos que tenía la vida, de los peligros del mundo, del demonio y de la carne y seguro que dormían más tranquilos y encima no les reñía el cura porque no estaban presentes. Por todo ello, terminé por apuntarme a esta legión cada vez más numerosa de los cristianos de carné por el bautismo. Eso sí, cuando iba a misa siempre hacía enormes esfuerzos por seguirla con atención y de forma respetuosa, guardando silencio, porque aunque parezca contradicción, de verdad que creía que me encontraba en la casa del Señor, molestándome incluso la actitud de aquellos amigos, ya que nunca íbamos solos, que charlaban todo el rato, se reían, entraban y salían cuando les parecía y no esperaban nunca a que terminase y se marchara el cura del altar, seguido de sus fieles monaguillos.
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
domingo, 26 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Visitar Melilla y conocer su arteria principal es algo inevitable. En todas las ciudades hay una calle que se convierte en la más importante, no porque sea más o menos larga o ancha, por su estética o por su urbanismo, porque sea el centro comercial; sino porque así lo quieren sus habitantes, además de las razones anteriores.
¿Qué se puede decir de nuestra Avenida? Ya que así la conocíamos y no necesitaba de apellidos. Claro y aún sin ser monárquico, me quedo con los actuales, que hacen referencia al Rey Juan Carlos I; pues detesto los anteriores, los que me tocaron vivir en mi niñez y juventud, que hacían honor, dentro de la lógica de los tiempos, al Generalísimo.
Menos mal que para nosotros era sólo la Avenida, con mayúsculas, para diferenciarla de todas las demás existentes en la ciudad, que se quedaron con el apelativo de calle, en aquellos años, sin atreverse a pujar con aquella.
Por qué la importancia de este lugar dentro de una ciudad vieja y moderna al mismo tiempo para pequeños como nosotros, pues por diferentes razones que paso a explicar a continuación.
La calle en general, cualquiera que fuera, lo que hoy entendemos por calzada, no presentaba antaño el riesgo de la actualidad, ya que el tráfico rodado era escaso, bastante reducido; a veces pasaban minutos y minutos sin que ningún vehículo la transitara y si lo hacía era a velocidad reducida; por lo que podíamos incluso gozar de nuestros juegos de correrías, como el “Pilla pilla”, por ejemplo, atravesándola con tranquilidad. Notable diferencia, ¿verdad? Sin embargo, no por ello no se tomaban las debidas precauciones, como echar algún ojillo para evitar posible susto, ya que a los vehículos se les veían venir y en especial, se les oía, pues sus motores eran infinitamente más ruidosos que casi los silenciosos de ahora.
Volviendo a la que me ocupa ahora puedo señalar que estaba también relativamente cercana a nuestra calle Teniente Coronel Seguí, ya que si cruzábamos el parque Hernández y dejando atrás las calles Marina y O´Donnell, nos dábamos con ella.
De niño la visitábamos por tres cuestiones fundamentales: porque cuando estábamos apunto de terminar las colecciones de estampas y ya no encontrábamos sobres en el quiosco de María, ni en el de la salida central del parque que daba a la calle Marina, a la que raramente dábamos el calificativo de General, seguro que los había en Casa Boix que se encontraba en el corazón de aquella importante arteria melillense; al igual que nos ocurría con los números que nos faltaban de los tebeos coleccionables, como El Guerrero del Antifaz o los de Hazañas Bélicas, por ejemplo. Porque allí nunca faltaban los recortables de soldados de todos los ejércitos, con los que nos inventábamos nuestras propias y particulares guerras una vez recortados y puestos en pie con su doblez de la base y matados a base de bolazos y grandes gritos y ruidos fabricados con la boca que imitaban toda clase de disparos. Los de construcciones tan variados: casas, palacios, castillos, aviones y barcos, entre otros.
Y en especial los de los Belenes cuando
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sábado, 25 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Hasta que llega un maldito día en que la felicidad
de aquel bendito hogar se ve truncada con el diagnóstico de una cruel
enfermedad en Tere. Luciano se derrumba y ella vuelve a ser la fuerte y con su
permanente carácter luchador le hace frente. ¡Qué entereza la suya! ¡Qué
ejemplo de fortaleza y amor a la vida que la enfermedad le quiere arrebatar!
Ella sabría el volumen de su calvario; ambos compartirían en estos amargos
momentos esperanzas y desilusiones. La intervienen y Tere también sabe de la
dureza de aquel posterior tratamiento que con sólo imaginarlo te quiebra el
alma; sin embargo, ella es fuerte, no se amedrenta y nunca pierde el ánimo,
hasta se permite el rol de animar a todos los suyos.
Nos encontramos de nuevo en El Viso del Alcor y por acercarse la Navidad nos traen un Nacimiento grabado en relieve en una pieza de cristal, que aún luce y lucirá siempre en la cómoda de nuestro dormitorio. Parece que afortunadamente todo se ha superado. Luciano vuelve a ser feliz. Tere es la misma de siempre. Las niñas, ya mayorcitas, han preferido quedarse en casa y recibimos de ellas una postal navideña encantadora, dedicada a sus queridos Pepe y Clim, que así bautizó Patri, la pequeña de sus hijas desde sus pocos años, a mi hermano Clemente.
Poco tiempo después perdemos el contacto con ellos, en
La vida sigue y Luciano se refugia en sus hijas, en donde encuentra su mayor apoyo, en su trabajo serio y lleno de complejidades en pro de la cultura, siendo uno de los mayores valedores en la defensa y recuperación de nuestra ciudad vieja y en la conservación de los numerosos edificios que son señas de identidad de la Melilla modernista, peleando contra el efecto demoledor del actual urbanismo económico, donde casi todo vale; sin olvidar, una de sus mayores habilidades, la de la escritura, colaborando con sus escritos en los diarios de la localidad y hasta me atrevería a decir que, por su modestia y timidez, almacenándolos en su particular archivo, esperando pacientemente a que algún loco le proponga algún día su publicación, que estoy convencido que serán puro deleite para sus lectores.
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viernes, 24 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Ellos también nos visitaban al pueblo y a nuestras
casas; la de Clemente y la mía, eran las suyas. Recuerdo aquellos veranos, creo
que fueron dos o tres, en que nos visitaron unas veces con las niñas y otras
sólo la pareja, casi de paso, pero incluyendo casi siempre El Viso del Alcor en
su ruta a tierras gallegas o de regreso de cualquier rincón de España, que a
los dos les encantaba viajar. Coincidiendo por ser verano en nuestra estancia
en una pequeña finca que nos dejaba don Manuel de los Santos, el médico del
pueblo, a la que llamábamos el “Campito”, por sus dimensiones y en donde la
gente menuda lo pasaba bomba, estando el mayor tiempo posible metidos en la
piscina para mitigar el calor, jugando en el césped que la rodeaba o dormitando
bajo la monumental higuera que ocupaba uno de sus rincones; en tanto que los
mayores, además de refrescarnos también en la piscina y con las bebidas propias
del estío sevillano, lo hacíamos fenomenal a la hora de yantar. Luciano y Tere
en cada posterior encuentro siempre nos preguntaban si seguíamos disfrutando de
aquel campo, porque en él pasaron con nosotros veladas muy divertidas y
agradables; llamándole la atención aquel señor que guardaba la finca, producto
típico del agro andaluz, portadores de la sabiduría popular de esta bendita
tierra, sin haber pisado en su vida una escuela que no fuera la de su vida, por
dos repetidas frases, la de “Eso ni se sabe” y la de que “Comíamos como
buitres” y al que conocíamos como el “Pezcue”.
Otra de las virtudes de Luciano es la de su agradable y fluida escritura. Aún guardo entre mis papeles postales de algunos de sus viajes, como aquel que hicieron a México, en unión de los suyos, cuando todavía este país no era destino casi obligado de muchas parejas de recién casados como ocurre en la actualidad y sí ruta de curiosos y aventureros como lo eran ambos. O aquella otra carta que recibí con motivo de, por el azar de la vida, ser elegido como alcalde en mi pueblo de residencia, llena de sabios consejos, de sentidos deseos de éxito en la gestión y con el encanto que caracterizaban a todos sus escritos.
Fueron Luciano y Tere permanentes animadores para
que expusiéramos nuestras obras en Melilla; especialmente en aquella del año
1979 en la Sala de Arte de la Delegación de Cultura, donde ya trabajaba él
realizando una labor encomiable en la defensa y recuperación del patrimonio
histórico de nuestra ciudad, sita en la calle General Bertomeu y en la que
expusimos óleos, témperas y plumillas o en la del verano siguiente, en vista de
la acogida extraordinaria que tuvimos en la anterior por parte de nuestros
paisanos y como gratitud a ello, ya que sólo había pasado poco más de medio
año, ocho meses en concreto. Pero es que Luciano no sólo propiciaba éstas, sino
que luego retrataba desde su perspectiva el contenido de las mismas a través de
dos artículos llenos de interés para nosotros, advirtiendo de antemano que
estaban al margen de la crítica y que tituló con “Reencuentro con la pintura de
los Hermanos Calabuig” y “Los Hermanos Calabuig, notarios del pasado”, poniendo
de manifiesto el conocimiento que tenía más de nuestras personas que de
nuestras obras y su saber en torno a nuestra común Melilla
Hombre culto y sin renunciar nunca a sus raíces, Luciano, ya en el año 1970 y con motivo de nuestra exposición en la Coruña, en una carta respuesta en la que nosotros le exponíamos nuestros proyectos por su tierra y deseábamos, entre otras cosas, información acerca del aumento del número de integrantes de su familia, nos hablaba de su Rosalía de Castro, de aquella universal gallega de las letras y refiriéndose en alusión directa a su obligada emigración nos señalaba aquellos versos llenos de auténtica y sentida morriña de:
O nos recordaba a Curros Enríquez, lleno de nostalgia, diciéndole a las golondrinas:
“Quén pudera dar volta...,,quén pudera con vosco voar!”
Y me enviaba un escrito sobre las vísperas de San
Juan, en donde en Galicia el fuego también se hace magia, como en ningún otro
lugar de
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jueves, 23 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El otro, nuestro querido y apreciado al máximo
Luciano, gallego de pro y melillense de adopción y por corazón, dedicó más sus
pasos hacia lo político-social y lo cultural, sin olvidar en principio, por
exigencia del propio guión lo físico. Era y sigue siéndolo, con los muchos años
mucho más, un extraordinario y ameno conversador y hombre de fácil pluma, que
permaneció para siempre en nuestra ciudad.
Coincidimos con ambos en el tiempo, en sus innumerables proyectos de cambio y fuimos permanentes colaboradores de los mismos en los años en que estuvimos en Melilla; hasta tal punto que lo acompañé como profesor de voleibol, junto a Clemente y Rafael Imbroda, nuestro querido Falo, en el curso que el primero dirigió en la Universidad Deportiva de Verano de la OJE en Gijón y al año siguiente me dejó la responsabilidad del mencionado curso, porque él tuvo que ocupar un cargo superior, en la celebrada en La Coruña.
Impulsaron el deporte de base en nuestra ciudad, que entonces estaba canalizado a través del Frente de Juventudes y de las competiciones escolares y Melilla comenzó a sonar, primero en los sectores andaluces y posteriormente a nivel nacional, en algunos deportes, entre los que destacó el voleibol, que dejó de ser en nuestra ciudad el “maricavolea” para convertirse en un deporte lleno de atractivos, que congregaba en el campo de Bandera de Marruecos un buen número de practicantes a modo oficial y reglamentado, así como apuesta interesante de diversión y entretenimiento.
Ejercieron su docencia en los diferentes centros oficiales de nuestra Melilla y se notó su labor de forma notable por aquellos años.
Luciano, que se afincó definitivamente en Melilla y con el que siempre hemos mantenido contactos puntuales, es para nosotros como algo familiar y ello lo demuestra el hecho de que cuando hemos vuelto a Melilla, después del primer contacto con la familia, nuestra primera llamada telefónica era para Luciano y los suyos y la primera visita, salvada la familia, era a su hogar o a la Delegación de Cultura para darle un fuerte abrazo, que siempre fue correspondido con el mismo afecto y sinceridad.
Aquel gallego divertido y afable siempre con sus amigos, algo más reservado y tímido con los ejemplares del sexo opuesto, siempre sonriente en el trato con sus compañeros, excelente conversador como señalé anteriormente y que no perdió del todo su acento, un día encontró por las mismas casualidades de la vida a una encantadora melillense, que le sorbió el seso; aunque él como buen gallego no tratara de manifestarlo en exceso, por aquello de que no se notara mucho su enamoramiento y formó un hogar en Melilla, el de Luciano y Tere, que pronto se vio felizmente engrandecido por tres adorables hijas, María del Mar, Alejandra y la pequeñita y encantadora Yolanda Patricia, a las que vimos nacer y crecer y por las que sentíamos el mismo afecto que por sus padres y pienso que hasta era mutuo, ya que en su niñez nos apreciaron infinito, bastando para comprobarlo la alegría que les daba cuando nos encontrábamos.
Tere ya demostró su entereza y fortaleza, el amor que sentía por su pareja, cuando le acompañó fielmente durante algunos meses en que nuestro querido Luciano se vio obligado a recluirse para superar una crisis en forma de enfermedad en los aires sanos de San Lorenzo de El Escorial.
Cuando por diferentes motivos volvíamos a Melilla, unas veces solos porque aún no habíamos roto nuestro celibato o acompañados, cuando ya nos incluyeron, eso sí, por propia voluntad, en el capítulo de los casados, como señalé antes, una visita obligada o las que fueran menester, era a su hogar, para compartir nuestras vivencias que caminaban por derroteros diferentes, para intercambiarnos sentidos afectos, para gozar de su acogedora residencia, para participar en ágapes sobre el mismo mantel, para recrearnos con sus caprichos siempre demostrativos de un buen y delicado gusto, para disfrutar de las pinturas colgadas en sus paredes, en donde nunca faltaron modestas plumillas de los hermanos Calabuig, para vernos abrumados por las atenciones y detalles de ambos y para deleitarnos con la gracia y el encanto de sus tres pequeñas criaturas.
(Luciano con los mellis en el Albergue de Ataque Seco en Semana Santa)
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
miércoles, 22 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
(Luciano Tejedor, el de la derecha, con la compañía de Antonio de Antonio Campoy, con un equipo del Instituto en la cancha de la Hípica)
El nombre de María se nos presenta con diferentes significados, es por tanto polisémica, y de esta palabra hacemos usos que la engrandecen y otros con un sentido algo peyorativo.
María fue la madre de ese Niño tan especial cuyo nacimiento marcó el comienzo de toda una era, la del mundo cristiano y que puede considerarse como el acontecimiento más importante de la Humanidad para los que compartimos esa fe.
María se llamaba mi querida hermana, virtuosa y encantadora mujer, que cuando se nos fue de este mundo en plena juventud nos dejó un vacío difícil de ocupar.
Pero con María también se suele nombrar a la mujer sencilla y de poco nivel cultural, en un tono evidentemente despectivo.
Y por último, a aquellas asignaturas de los estudios
que se aprueban con excesiva facilidad o que carecen de importancia para la
mayoría, reciben el nombre de Marías, en plural.
Entre éstas últimas y en los años de nuestra niñez y adolescencia, encontrábamos principalmente a tres: la Religión, la Educación Física y la Formación Política o del Espíritu Nacional, a pesar de tener nombre tan rimbombante.
La Religión no entendíamos por qué era una
asignatura y seguimos a pesar de los muchos años vividos sin entenderlo.
Pero un día desembarcan en nuestra ciudad dos
jóvenes “Oficiales Instructores” de la nueva hornada, con evidencia de su mejor
preparación académica y bastante cambia el panorama de estas asignaturas en
donde ellos ejercen su docencia; principalmente en Educación Física, dándole otro
aire y preocupándose por el fomento de la actividad deportiva, no tanto por la
Formación Política, ya que era muy difícil transformar el carácter de la misma.
No obstante, pelearon con empeño para que también fuera otra historia, que en
nada se parecía a la recibida en años anteriores. Estos dos jóvenes fueron
Antonio de Antonio Campoy y Luciano Tejedor Mata, de gratos recuerdos en la
ciudad. El primero, después de ejercer durante bastantes años su docencia en
Melilla y principalmente en torno a
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martes, 21 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Qué malo tenía el jugar a la pelota en el parque o
que le diéramos, eso sí, sin querer, un pelotazo a una buena señora que pasaba
por allí. De verdad que no entendíamos el porqué de ponerse en medio de nuestro
improvisado campo de fútbol, en lugar de pasar por otro lugar, que el parque
era grandísimo.
Qué daño hacíamos refrescándonos, después de tanto correr y correr, dirigiendo el chorro de la fuente de beber para que el agua llegara a todos, incluso a los que no la querían o no participaban a veces en nuestros juegos; acaso esto no era hasta divertido.
Por qué interpretaban como algo malo, que además lo habíamos aprendido hasta en la escuela, aquello de que el camino más corto era el recto y su aplicación en la vida real cruzando por medio de un jardín o teniendo que atravesar un seto para evitar ser cogido o sencillamente para llegar antes o el primero. Es más, las competiciones no las habíamos inventado nosotros, que nos las enseñaba continuamente la vida misma y en cada instante.
Quién se atreve a decir que los dátiles no estaban ricos e incluso que nos ponían tan altos los frutos de las palmeras que nos obligaban a coger tan delicioso manjar tirándoles piedras.
Por qué no entendían que molestásemos a las parejas de enamorados que había en los bancos y en la oscuridad, ambos demasiado juntitos, cuando el mismísimo cura, al que por entonces besábamos su mano cuando lo veíamos por la calle, nos decía que allí estaban pecando y hasta, pensaban algunos, que podríamos salvarlos así, con nuestras intervenciones, del fuego eterno, del mismo infierno. Aunque algo no debía de funcionar bien en todo esto, pues nuestras molestias no servían para que dejaran de pecar y sí para que se acordaran de nuestros progenitores y difuntos.
Por qué nos obligaban a saltar o a meter nuestra cabeza, que cuando pasaba ésta pasaba todo el cuerpo, salvo en raras ocasiones, entre los barrotes de la verja para entrar o salir del parque en lugar de tener que ir hasta las puertas, algunas de las cuales a veces permanecían cerradas.
Qué malo había en el querer entrar a algún espectáculo sin pasar ni por la taquilla ni por la puerta, colándonos, si en la mayoría de las veces no teníamos ni siquiera una perra gorda, de aquellas que llamaban “barbúas”.
No les agradaba ni que corriésemos, así no podíamos tener campeones olímpicos, ya que a todos los niños españoles en todos los parques de España, pensábamos que les ocurría lo mismo que a nosotros; hasta tal punto que cuando lo hacíamos y nos dábamos de cara con ellos, parábamos en seco, disimulábamos durante unos segundos y reanudábamos de nuevo la carrera a los pocos pasos. Pues anda que no te fastidiaba un montón el que encima del frenazo obligado te cogieran jugando a un “pilla-pilla” por culpa de un guarda.
Con lo bien que se podía uno esconder entre tanto follaje; pues ni esto nos dejaban hacer. Menos mal que el parque era muy grande y ellos escasos.
¿Tendrían hijos ellos? Pues claro, pero tampoco los dejarían jugar en el parque.
Qué mal hacía, entre miles de flores, que cogiéramos un día, no todos, unas pocas para regalársela a la niña nueva que había llegado al barrio y que nos enamoraba de pronto y en principio a todos porque hablaba muy fino y a la que había que causarle una grata y delicada impresión.
Sin embargo, a los perros que iban haciendo todas sus necesidades por todas partes no les decían ni hacían nada y menos aún cuando iban con sus dueños, que hasta los saludaban sonriendo. Con el asco que nos daba cuando pisábamos alguna “catalina” y lo que teníamos que aguantar, de bromas, por parte de los compañeros.
Muchas razones para no llevarnos bien con ellos, para no entendernos, ¿verdad?
Claro que, un parque sin guardas también debía de ser demasiado aburrido.
Y desde nuestro mirador, desde aquellos dos ventanales enormes de nuestra casa, veíamos cimbrearse por mor del viento, como meciéndose, las altas palmeras, que como vigías y voceros permanentes pregonaban la grandeza de este parque Hernández, orgullo de todos los melillenses.