viernes, 18 de septiembre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PRESONAJES


RAZÓN NÚMERO 52

Una colección: LOS ENVOLTORIOS DE LOS MANTECADOS Y POLVORONES


            Una de las actividades, aparte de las lúdicas y las obligatorias del aprendizaje, que más nos ocupaba el tiempo, cuando éramos unos críos, fue la del coleccionismo, cuyos objetos eran tan variados que se convertían al mismo tiempo en mercancías de nuestros juegos y el descubrimiento del encanto del trueque. Creo que a los niños actuales les pasa algo de lo mismo, con la única diferencia de la cantidad y calidad de las mismas.

         Era interminable el número de objetos que coleccionábamos desde muy tierna edad y no menos importante la actividad que generaba esta afición, la del citado trueque o cambio, donde éramos verdaderamente expertos. Había colecciones en donde invertíamos la mayor parte de los escasos recursos de que disponíamos; en tanto, que en otras su principal característica era la gratuidad y que despertaban nuestra imaginación para conseguir las piezas coleccionables. Unas tenían su valor en sí, en cambio otras carecían del más mínimo valor, como no fuera el de poseerlas. No era lo mismo coleccionar tebeos, por ejemplo, que huesos de albaricoque; mientras que en los primeros gastabas siendo un niño un pastón; para los segundos sólo tenías que guardar los huesos cuando en casa se comía este fruto, limpiándolos un poco y dejarlos secar. Y alguien se puede estar preguntando que para qué guardar estas semillas: por supuesto, que no era para sembrarlas, tarea más importante y propia de otros más adultos; sino para jugar al “Uñita, uñate y chocolate”, golpeando éstos con los dedos de la mano, para jugar en las bocas de las canaletas de las casas, dejando algunos en su interior y tratando de sacarlos de ellas a base de golpearlos con otros o para raspar su corteza al frotarla contra el rugoso, áspero y duro suelo con el fin de horadarla y poder luego utilizarlo como silbatos.


            Otra variante era que todos los niños no coleccionaban las mismas cosas. Coincidíamos la mayoría en ello, pero siempre te salía algún tipo raro que deseando convertirse ya en aprendiz de entomólogo, como lo era nuestro buen amigo Juan Capilla Caballero, pasaba todo su tiempo en la búsqueda de mariposas o escarabajos, que para el resto eran muy delicadas las primeras y que no se dejaban capturar con tanta facilidad como aparentaba su fragilidad y asquerosos y repugnantes los segundos, aunque el anteriormente citado fuera capaz de almacenarlos en su boca cuando por el campo iba a su caza y captura. O aquella otra, riquita ella, que coleccionaba muñecas y tenía su cuarto convertido en museo hasta el agobio y en donde de noche seguro que no se podría dormir al tener tantos ojos permanentemente observándola, a no ser que se entretuviera en ponerlas de cara a la pared.


            Hacíamos colecciones de tebeos. Había quien se inclinaba por los de Hazañas Bélicas, en tanto que otros dirigían su inclinación hacia Roberto Alcázar y Pedrín o El guerrero del antifaz. Muchos coleccionaban los de risa, el TBO o Jaimito.
        La colección que no faltaba nunca y que era la que más juego daba en el tema del cambio, porque siempre nos hacíamos con un montón de “repes” antes de completarla, era la de las estampas y además contando con una variedad riquísima. No sólo existían las de futbolistas, que sí es cierto que gozaban con enorme predilección entre los chicos, las había de películas exitosas y llamativas para la gente menuda, de animales clasificados en sus diferentes géneros o separándolos entre domésticos y salvajes, de flores y plantas, de artistas y actrices famosos, de los diferentes medios de transportes monográficos de coches, aviones, barcos, etc., de monumentos importantes de España y del mundo... Y todas ellas con el encanto de sus álbumes, donde las pegábamos, primero con el engrudo que nosotros mismos preparábamos en casa con harina y agua y luego con el pegamento Imedio.


            Ahora es bien distinto, ya que vienen con el pegamento incorporado y sólo hay que quitar el papel protector. Pocas de estas estampas eran gratis, la mayoría había que adquirirlas en los quioscos, y venían en el interior de aquellos sobres que nerviosamente abríamos deseando que nos salieran las que aún no teníamos. ¡Cuántas alegrías y desilusiones! A lo que se añadía el hecho de saber cambiarlas, pujando a veces fuerte para conseguir alguna de las difíciles antes de que se la llevara otro. Con aquellas listas numéricas, que nosotros mismos preparábamos y en donde tachábamos los números que ya poseíamos y que siempre llevábamos en los bolsillos junto a las repetidas, porque cualquier lugar y hora podía ser buenos para el trueque, como los recreos, la tranquilidad de la merienda, el posterior momento a la compra de algunos sobres, el reposo que seguía a los interminables partidos de pelota, los caminos de ida y vuelta al colegio...

VERSOS EN TIEMPO DE CRISIS


             Poema en petición de tregua para el Levante español, con rincones en donde las puertas del Cielo no cesan de abrirse y además de par en par-

             INÚTIL PLEGARIA
    
            Agua, santa y bendita agua,
tú, que nos vienes del cielo,
olvídate de nosotros,
en otros tiempos, sedientos,
cierra tus grifos dorados,
aparca tu desenfreno,
que ya los daños celebran,
maldades de viejo record.


            Agua, clara y bendita agua,
tesoro, grato sustento,
aléjate de nosotros,
búscate mejores tiempos,
para saciar nuestra sed,
para olvidar los lamentos,
que, como preces malditas,
brotan de nuestros adentros.

jueves, 17 de septiembre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
            RAZÓN NÚMERO 51: Una heladería: EL BUEN GUSTO    ( II )

        Lo cierto es que fuimos y pronto estuvimos envueltos en aquella chiquillada. Nos pusieron en una lado a los chicos y a las chicas en otro. Bueno, a todas no, porque había dos o tres que nos dijeron que ya estaban "pilladas", que equivalía a decir que ya salían con otros jovencitos. Y continuó el gracioso disparate que consistía en que cada chico debía escoger una chica para salir con ella. Hasta parecía divertido el juego, ¿verdad? Cuando me llegó el turno, con la crudeza propia de los pocos años, dije que no me gustaba ninguna de las que quedaban y que desde que llegué, la única que llamó mi atención fue una de las “pilladas” y bueno era yo para cambiar de parecer. Me llamaron otra vez loco y algunas cosas más por no acatar las normas del entretenimiento; pero cuál sería la sorpresa de todas y la mía también, cuando la niña elegida por mí me aceptó. Marisa se llamaba y tengo que confesar que me gustó un montón. Como yo además de constante y cabezota era de los formalitos, nos enrollamos y empezamos a salir juntos. De las demás parejas me parece recordar que no cuajó ninguna. A los pocos días todos los demás estaban subidos de nuevo en los árboles y la osadía de las despreciadas niñas era de tal calibre que volvieron a nuestra plazoleta y desde abajo les llamaron “maricas” y otros apelativos no tan suaves. Yo, por el contrario, en esta ocasión me libré de ellos, seguí saliendo con Marisa durante algunos años, hasta que un día, como ella había crecido como mujer antes que yo como hombre y necesitó un ejemplar de este género en lugar de un chaval como lo era yo, todo se acabó.

         En aquel tiempo frecuenté las cercanías de su casa, pues vivía enfrente del solar donde jugábamos a la pelota, en una gran casa que hasta contaba con una pequeña piscina, cosa inusual por aquellos años y me parece recordar que su familia era la propietaria de una sastrería o una zapatería, muy conocida en Melilla, cerca de la Avenida, que se llamaba Lozano o algo parecido. Era una chica vistosa, bastante calladita y para mí, por supuesto, encantadora, que luego se casó con un antiguo compañero que se hizo militar.


            Algunas veces acudíamos, porque estaba muy cerca de su hogar, a la heladería El Buen Gusto a tomar algunos de sus exquisitos helados y nos atendía un chavalote, más o menos de nuestra edad o quizás más pequeño, que ya conocíamos de antes, porque coincidíamos algunas veces en el Hogar de la Falange, al igual que con su hermano mayor, con el que aún teníamos más contacto. Este chaval tenía un gran inconveniente por aquellos tiempos y era el de haber nacido niña en un cuerpo de niño y aunque a veces quería evitarlo porque en su casa no lo entendían, ello era imposible. Un chico agradable cien por cien, que además contaba con otro riesgo, que el que se juntaba con aquella criatura, por sus innumerables encantos, trato acogedor y siempre educado y un poder de persuasión notable, caía en sus redes y se convertía en algo igual que él. Claro que también podría ser que sólo se juntaran con él los que eran sus semejantes. Los enfados que cogía su hermano mayor, primero de alférez, pues eligió como otros tantos jóvenes de nuestra ciudad la carrera militar ingresando en la Academia de Zaragoza, y luego de teniente, eran mayúsculos y hasta se comentaba que hasta llegó a zurrarle de lo lindo en algunas ocasiones, porque no podía consentir aquella deshonra en su hogar y es que los tiempos eran otros. Hay que tener en cuenta que por entonces esta circunstancia o asunto era uno de los tabúes más claros y que los mariquitas azúcar, como les llamábamos los niños pequeños, tenían muy mala prensa. Sin que ellos, en muchos casos, tuvieran la menor de las culpas.

         Con el tiempo todo cambiaría y no tendrían más remedio que aceptarlo como era o quizás, por la misma presión familiar o de la sociedad en la que le tocó vivir, se viera obligado a huir como les ocurrió a tantos otros.

        Todo ello no quita que aquella heladería fuera una de las mejores de nuestra ciudad y en donde yo degustaba cuando podía y con verdadero deleite sus helados de mantecado, sobre todos, y la horchata de chufa, que me encantaba hasta reventar.


VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS


            SEGUIMOS ACORDÁNDONOS DE CEUTA

            PALABRAS

            Las palabras se resisten
a ser simples mensajeros,
a anunciar datos fatídicos,
a proclamar malos vientos,
a reseñar desventuras,
a describir los tormentos,
que la inmarcesible crisis,
esparce sobre los pueblos,
rociando de insalubre lodo,
mente, razón, sentimientos.


            Las palabras ya están hartas,
de tan fiero desencuentro,
de tanta palabrería,
de pueriles parlamentos,
quiere sentarse a la mesa,
a gozar de un nuevo verbo
y beber de un solo trago,
vinos de otros buenos tiempos,
la esencia de sabor grato,
de un cálido renacimiento.


            Las palabras, bien nacidas,
sueñan nuevos derroteros,
itinerarios de dichas
y venturosos senderos,
para declamar, gozosas,
nuevas horas, nuevos versos,
clamores de ideas lúcidas,
tantanes de aires frescos,
regeneradores pródigos
del longevo pensamiento.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


            Volviendo a la rutina, pues el verano ya se nos va y vuelto a casa, retomamos nuestro libro no publicado y que ya estamos haciendo poco a poco, caminando por su mitad, en este nuestro blog, sobre la ciudad de Melilla, donde nacimos y transcurrió nuestra infancia y juventud, hasta que por motivos profesionales, y sin perder nuestra nostalgia al recordarla, nos trasladamos a la península.
            Empezando esta nueva andadura con la Razón 51

            RAZÓN NÚMERO  51: Una heladería: EL BUEN GUSTO    ( I )

            Para pastelería que nos atraía en nuestro entorno la de la esquina entre General Mola y General Aizpuru, donde sentíamos una verdadera predilección por aquellas macetas con merengue y para heladería la de El Buen Gusto que se encontraba al final de la última calle citada.
     Eran épocas distintas a las actuales, en las que los carritos de los polos y helados callejeaban por la ciudad en busca de clientela ávida de refrescarse y combatir el calor y la sed con estos artículos. Por un lado los carros con polos de Morillas de diferentes colores y sabores, envueltos en papeles semitransparentes, que nos sabían a gloria y que degustábamos con mimo, poco a poco, para que no se acabasen demasiado pronto, hasta que te quedabas con el palo que llegabas a rechupetear para exprimir todo sus sabor y que deseabas, en ciertas temporadas, que te saliera el indicativo correspondiente o la palabra regalo, para que te dieran otro gratis y así acostumbrarte cada vez más a su consumo. Los que más me gustaban eran los de naranja y los de menta, que te dejaban los labios y las comisuras de estos manchadas de naranja y verde por causa de los colorantes que usaban en su fabricación. Por otro lado, los de helados, de un par de ruedas y las andas largas o de cuatro ruedas, más grandes y con andas más cortas para empujar. Con escaso surtido, pero suficiente; eso sí, los de más agrado del consumidor; portadores de aquellos cilindros donde se almacenaba el rico helado de mantecado, vainilla, chocolate o fresa, que pregonaba con melódica y repetida voz el heladero, tapados con semiesfera metálica con bola en la parte superior que servía para asirla y usando aquel artilugio en forma de tijera con otra concavidad en uno de sus extremos, que servía para extraer el helado en su justeza o que alisaba con el borde del cilindro y contando también con un dispositivo para dejar la bola de helado libre sobre el cucurucho de galleta, que los había de distintos tamaños y por consiguiente, de diferentes precios en razón de su volumen y dimensión del soporte. Todo, eso sí, llevado con pulcritud y limpieza, pues hasta algunos de estos heladeros vestían con babis blancos, e incluso con gorritos de igual color. Carritos que portaban también una urna de cristal para guardar los cucuruchos y herramientas de trabajo y que en sus laterales soportaba la publicidad de la heladería de donde procedían.


            Claro que no era lo mismo o por lo menos no nos lo parecía, tomarse un helado de un carrito, quizás por eso de callejear con la mercancía desde que salían de la fábrica hasta que se agotaba el material o llegaba la hora de recogida, soportando el rigor de las temperaturas veraniegas de nuestra ciudad, que degustarlos en la misma heladería, donde además de encontrarte con un surtido más variado, podías encontrar otros alicientes como las granizadas y las horchatas de chufa, que siempre me encantaron.
        

            La heladería de El Buen Gusto la frecuentábamos porque estaba en una zona relativamente cercana a nuestra casa, ya que siguiendo la calle General Mola, a la altura de la Cruz de los Caídos y girando a la izquierda te adentrabas en la calle Aizpuru, calzada con circulación en doble sentido con un paseo en medio, que sufría continuos cambios. Y en la acera de la derecha se encontraba la misma. Esta zona la visitábamos mucho por diferentes razones. La primera de todas era que en el solar donde se construyó el Cine Avenida existía una explanada que fue ideal para nuestros encuentros de fútbol, sin importarnos en absoluto la cercanía del Hospital de la Cruz Roja, con los enfermos de pulmón, los tuberculosos, asomándose en las azoteas para ver nuestras correrías detrás de la pelota, ni los gritos de los locos que se encontraban encerrados en sus sótanos, como aquel moro que quiso ser matador de toros y gritaba a todas horas pidiendo su libertad y que le dieran una oportunidad. Muchas alpargatas rompimos allí, a demasiadas suelas de zapatos agujereadas por el uso y el abuso tuvieron que reemplazarlas, qué de pelotas fueron declaradas inservibles por tantas refriegas y contiendas deportivas y qué cantidad de heridas en piernas y brazos, especialmente en rodillas y codos, nos hicimos como consecuencia de las múltiples caídas y tropezones que nos dimos. Menos mal que la salivita lo curaba todo; aunque a veces teníamos más mataduras y postillas que los burros viejos de carga.


            La segunda razón y que puede resultar hasta largo y complicado su relato, es porque nuestros primeros escarceos amorosos los tuvimos, en pandilla, con niñas de aquella zona, donde existía un buen y agraciado plantel de jovencitas a las que nos veíamos obligados a visitar. 
Andábamos nosotros por entonces más pendientes de juegos de otro tipo que en el de Cupido, corriendo al coger o al Pilla-pilla, saltando a La una la mula, pegándole patadas a una pelota o subiéndonos en los árboles, donde en algunos teníamos hasta nuestro más interesante habitat, como si de simios nos tratáramos, cuando se presentan en nuestro terreno unas chicas de la calle Aizpuru en demanda de coloquio formal, capitaneadas por Angelines, la hermana pequeña de nuestro cuñado Pepe y a la que conocíamos estupendamente, pues habíamos hecho hasta la Primera Comunión juntos. La situación parecía curiosa e insólita por aquellos años y era como un anticipo o preludio de tiempos actuales; pues era casi inimaginable el ver a un grupo de chicas en busca de chicos. Una de dos, o tenían en su zona carencias evidentes de chicos o eran demasiado atrevidas y osadas, buscando compañías de otro sexo en zonas cercanas a la suya. De verdad que alucinábamos. Mientras algunos acudimos a parlamentar, otros permanecieron escondidos en la copa del árbol elegido por la mayoría como el mejor y consiguieron de los que estábamos en tierra el compromiso de devolverles la visita en su barrio y en fecha próxima.

         Cuando se retiraron, contentas ellas con el resultado conseguido y confiadas en nuestra promesa, todos bajaron del árbol y hubo conclave con opiniones de todos los gustos. Los que habíamos dicho que iríamos estábamos dispuestos a cumplir con nuestra palabra, porque nos empezaban a gustar las chicas para otras cosas que no sólo fuera jugar con ellas con la más absoluta naturalidad del mundo y porque pensábamos que no estaban lejos y no perdíamos nada con el paseo. Otros pensaban que estábamos locos si acudíamos, que era muy extraño que vinieran las chicas a buscarnos, que efectivamente lo era, que nosotros estábamos estupendamente con nuestros amigos y amigas y con nuestros lugares habituales de juego para tener que buscar otros distintos y no faltó quien acusó a nuestras visitantes como “calentonas”, y alguna niña de la reunión, al enterarse del “affaire”, las consideró como desvergonzadas, añadiendo que cualquier día ellas iban a hacer algo igual; aunque no dudo que a alguna le hubiera encantado vivir una aventurilla como aquella.

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS


           Poema de repulsa contra aquellos que no estuvieron donde tenían que estar cuando se invadió CEUTA. 



            ¡A BUENA HORA!

            ¿Dónde estuvisteis ayer,
que mis ojos no os vieron,
dónde estuvisteis ayer,
que mis oídos, despiertos,
no escucharon la voz rota,
ni el quejío lastimero,
de los viejos luchadores,
de la utopía y los sueños?
            
            ¿Dónde estuvisteis ayer,
que casi nadie os vio el pelo,
dónde estuvisteis ayer,
que mis oídos, ya viejos,
se quedaron esperando,
el grito del compañero,
el brioso aldabonazo
de la utopía y los sueños?
            
            ¿Dónde estuvisteis ayer,
cuando echaron a los nuestros,
dónde estuvisteis ayer,
cómplices de los silencios,
mientras el hombre penaba,
penoso y triste destierro,
descalzo de compañía,
de utopía y de sueños?

martes, 15 de septiembre de 2026

CARICATURISTAS Y SUS CRIATURAS

 
CARICATURA REALIZADA POR CARLOS KILLIAN PLUNKETT

DE JORGE MARIO PEDRO VARGAS LLOSA

                                     

            Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nace en Arequipa (Peru) el 28 de marzo de 1936 y falleció en Lima, el 13 de abril de 2025. Fue un escritor peruano con nacionalidad española desde 1993 y nacionalidad dominicana desde junio de 2022.[] Considerado como uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos. Sus obras han obtenido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Nobel de Literatura 2010, el Premio Cervantes 1994 —considerado como el más importante en la lengua española—, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1986, el Premio Biblioteca Breve 1962, el Premio Rómulo Gallegos 1967 y el Premio Planeta 1993, entre otros. Junto a Gabriel García MárquezJulio Cortázar y Carlos Fuentes, es uno de los exponentes centrales del boom latinoamericano.

            Nació en el seno de una familia de clase media y se crió en Cochabanba, Bolivía, con su madre, Doña Llosa Urena y con su abuelo paterno, cuando este fue nombrado prefecto del departamento de la ciudad peruana de Piura, entrando en el curso cuarto de primaria en el año 1943. Dos años después, tras casi diez años creyendo que era huérfano de padre, su madre le cuenta que su padre no falleció, que se separó de ella meses antes de su nacimiento; lo que le marcó mucho. En 1950 sus padres se reconcilian y se mudan a Lima, pero la relación con su padre sigue siendo muy tensa, sobre todo por autoritarismo, A los 14 años ingresa en la Academia Militar Leoncio Prado, que abandonará pronto por no encajar en ella.   

            Alcanzó la fama en la década de 1960 con novelas como La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966) y Conversación en La Catedral (1969). Continuó cultivando prolíficamente varios géneros literarios, como el ensayo, el artículo y el teatro. Varias de sus obras han sido adaptadas al cine y a la televisión. La mayoría de sus novelas están ambientadas en Perú y exploran su concepción sobre la sociedad peruana; en cambio, en La guerra del fin del mundo (1981), La fiesta del Chivo (2000), El sueño del celta (2010) y Tiempos recios (2019) ubica sus tramas en otros países.

Como otros autores hispanoamericanos, participó en política. Tras simpatizar con el comunismo en su juventud, a partir de la década de 1980 se adscribió al liberalismo. Fue candidato a la presidencia del Perú en las elecciones de 1990 por la coalición política de centroderecha Frente Democrático. Perdió la elección en segunda vuelta frente al candidato de Cambio 90Alberto Fujimori.



            En 1999 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, siendo este año Premio Cervantes de las Letras. 

            En 2011 fue nombrado primer marqués de Vargas Llosa por el rey Juan Carlos I de España. Y en 2015 aparece en la revista ¡Hola! con Isabel Preisler, confirmando su separación con su prima Patricia Llosa, con la que se divorció ese mismo año.

En 2021 fue elegido miembro de la Academia Francesa para ocupar el asiento número 18 de esa institución, de la que fue el primer miembro que no había escrito obras en lengua francesa, a pesar de que la hablaba con fluidez. Favoreció tal elección el que Vargas Llosa fuera el primer escritor de lengua no francesa al que la prestigiosa colección La Pléiade de Gallimard le había publicado su obra en vida. Fue el segundo latinoamericano que llegó a la Academia después del argentino Héctor Bianciotti.[6]

            En 2022 ingresó en una clínica de Madrid por el COVID-19 y parece que se recupera. Un año más tarde se retira de la literatura-ficción con su novela Le dedico mi silencio; así como publica su última columna en el Diario El País de España, retirándose del periodismo.

            Aunque desde 1990 residió en Madrid, solía viajar a Peru por razón de sus eventos o por sus estar con sus familiares, hasta que dice establecer su residencia en el distrito de Baranco (Lima) y fallece en ella a los 89 años por causa de una neumonía, y según su familia como consecuencia directa del COVID-19.  

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS


            JAURÍAS DE VERSOS

            En las praderas del alma,
unas jaurías de versos,
proclamas de tiempo perdido,
se resisten al silencio,
buscan, en su desvarío,
atajos, nuevos senderos,
clamores de redención,
ser apasionado verbo,
para romper conformismos,
para acallar los lamentos,
para demoler los muros
que levanta el craso miedo.



            En las praderas del alma,
los versos buscan pretextos,
ácidos subterfugios,
para ser luz y destello,
para devolver al hombre,
la esencia de un ente nuevo,
capaz de darle a la vida,
sentido, razón, respeto,
y ahuyentar, en su vivir,
mil caducos argumentos.



            En las praderas del alma,
los versos esperan prestos,
que los poetas del mundo
den la voz de: ¡Es el momento!

lunes, 14 de septiembre de 2026

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS


¿CÓMO…?

            ¿Cómo se borran las huellas
que dejan los miserables?
            ¿Cómo curar las heridas
que producen los cobardes?
            ¿Cómo lavar la deshonra,
de la lengua abominable?
            ¿Cómo romper ataduras,
cómo arreglar tanto bache,
cómo sentir en el alma,
que la vida es agradable,
que los caminos se hicieron,
con lágrimas, sudor, sangre,
para asemejar los tránsitos
a todos los caminantes?
        ¿Cómo limpiar las conciencias,
criadas en los lodazales?



domingo, 13 de septiembre de 2026

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS


            LOS CRISTALITOS DE VER

            Y son de muchos colores,
los cristalitos de ver,
y que nadie se sorprenda,
de ver el mundo al revés,
lo blanco, de negro luto,
lo negro, blanco papel,
y los extremos mirándose
de la cabeza a los pies,
y ya lo dijo Don Dicho,
que, aquel que no quiere ver,
aunque use buenas lentes,
se enreda en su pobre red,
una red que no le deja,
ver el mundo como es.



            Y son de muchos colores,
los cristalitos de ver,
y que nadie se pregunte,
donde está la sensatez,
que lo que dictan sus dueños,
es lo que los ojos ven,
y ya lo dijo Don Trecho,
mucho antes de nacer,
que no hallaréis peor ciego,
que aquel que no quiere ver.

sábado, 12 de septiembre de 2026

UN DÍA GRANDE EN EL VISO DEL ALCOR


EL DÍA DE SANTA MARÍA DEL ALCOR CORONADA, EL DÍA DE SU PATRONA.

            CARTA DE SANTA MARÍA DEL ALCOR A LOS VISUEÑOS

            En mis cuerdos desvaríos,
buscando sonoros versos, 
entre mis sueños hallé,
carta venida del cielo.
            Reconocí yo su origen
por su sacro matasellos, 
inmaculada paloma,
mensajera de altos vuelos,
colombina coronada,
áurea de albos destellos.
            La misiva, en mis manos,
despertó ciertos recelos,
temores de pecador
se agruparon en mi pecho.
La dicha y la desazón, 
en mi corazón urdieron,
latidos de ritmos locos, 
en aquel dulce momento.
            Mis temblores se hermanaron,
como la  vida y los sueños,
con lágrimas de cristal
que, entre mis miedos, nacieron,
cubriendo cansados ojos
con unos salinos velos, 
que me impidieron leer
aquel bello parlamento.
            Una letra firme y clara
con trazos de amor eterno,
un papel, leve soporte,
reciclado por los vientos,
blanco de pureza y cal,
con ribetes de azul cielo, 
flotaban con levedad
sobre mis frágiles dedos.
            Sequé mis húmedos ojos,
con la mente fui leyendo.
Cada palabra leída,
como las aguas, los fuegos,
como los aires, las nubes,
se expandía por los cielos,
de este mi querido Alcor,
buscando oídos despiertos,
queriendo entrar en las almas
de los fieles alcoreños.
Altavoces de ecos dulces
lanzan a los cuatro vientos, 
esencia de aquella carta
encontrada entre mis sueños.

A su llegada a El Viso del Alcor

            "La gratitud heredada
del Hijo que llevé dentro,
sangre y carne de mi vientre, 
de mi gran amor, wsu dueño, 
me invita a manifestar
mi enorme agradecimiento,
a todos los moradores
de aqueste singular pueblo,
nacido sobre un Alcor,
para ver más cerca el cielo,
por haberme regalado,
entre canciones y rezos, 
honor y bendita gloria
de ser su mejor consuelo, 
Patrona y Madre escogida,
Alcora, entre los visueños.
            El breve vuelo de un año,
con impaciencia , yo espero,
para verme coronada,
Reina de los alcoreños.
Cuando el campanillo cante
feliz acontecimiento,
las lágrimas derramadas,
los rezos de amor eterno,
los vítores y canciones,
me sabrán a dulces besos
y en vuestra grata presencia,
gritaré a los cuatro vientos,
que aquí me llamáis Alcora, 
Patrona de los visueños."


                                    Poema escrito por mi hermano Clemente un año antes de que Santa María del Alcor fuera Coronada.

viernes, 11 de septiembre de 2026

CARICATURISTAS Y SUS CRIATURAS

 
CARICATURA REALIZADA POR CARLOS KILLIAN PLUNKETT

DE ESPERANZA FUENCISLA  AGUIRRE y GIL DE BIEDMA


            Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma que nació en Madrid el 3 de enero de 1952. Es una política españolaministra de Educación y Cultura entre 1996 y 1999, presidenta del Senado entre 1999 y 2002, y de la Comunidad de Madrid entre 2003 y 2012. También ejerció de presidenta del Partido Popular de la Comunidad de Madrid entre 2004 y 2016.

             Esperanza Aguirre es nieta por línea materna de José Gil de Biedma y Becerril Oñate y García, tercer conde de Sepúlveda y tercer vizconde de la Nava de La Asunción, diputado en las Cortes Generales, y hermana de la agente inmobiliaria y política Rocío Aguirre Gil de Biedma.

            Proviene de una familia de la alta sociedad madrileña; es la mayor de los ocho hijos del abogado de la alta burguesía José Luis Aguirre Borrell (1923-2002) y de su esposa, la aristócrata Piedad Gil de Biedma y Vega de Seoane (1930), tercera hija de los condes de Sepúlveda. Fue bautizada como Esperanza Fuencisla, en honor a la Virgen de la Fuencisla, patrona de Segovia, por las raíces de los Gil de Biedma.[14] Esperanza es, por tanto, sobrina segunda de Jaime Gil de Biedma, poeta de la Generación del 50, y prima segunda de la fotógrafa de la movida madrileña Ouka Leele (Bárbara Allende y Gil de Biedma).[15] Sus abuelos paternos fueron José Luis Aguirre Martosprocurador en Cortes por el tercio sindical durante siete legislaturas como empresario del Sindicato Nacional de Combustible[16] y Esperanza Borrell y García-Lastra. Es prima carnal de Fernando Puig de la Bellacasa y Aguirre.

            Realizó estudios en los colegios de la Asunción y en el Instituto Británico de Madrid. Cursó estudios universitarios, obteniendo la licenciatura de Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 1974.

            Es técnica de Información y Turismo del Estado. Fue la primera mujer en desempeñar la Presidencia del Senado. Encabezó la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de Madrid en las elecciones municipales de 2015.[7] Sin embargo, a pesar de ser la candidatura más votada, no logró ser investida de alcaldesa por carecer de apoyos suficientes, perdiendo el Partido Popular la alcaldía de Madrid tras 26 años. Entonces ocupó el cargo de portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento. El 14 de febrero de 2016, tres días después de que la Guardia Civil registrara la sede regional del partido por presunta financiación ilegal, Esperanza Aguirre dimitió de su cargo como presidenta regional del Partido Popular por la responsabilidad en el nombramiento de Francisco Granados y otros presuntos responsables de irregularidades, aunque ella no fue imputada ni investigada en ninguno de ellos.[8][9][10] El 24 de abril de 2017, presentó su dimisión como concejala del Ayuntamiento de Madrid tras el ingreso en prisión de su mano derecha, Ignacio González González, por su implicación en el caso de desvío de fondos públicos en la Operación Lezo.[11][12]

                            En las elecciones generales de 1996 fue candidata del Partido Popular al Senado por Madrid. Aguirre, que había sido designada como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del partido, resultó elegida senadora. El nuevo presidente del Gobierno, José María Aznar, le confió la cartera Educación y Cultura. Desempeñó el cargo de ministra hasta 1999, cuando fue sucedida por Mariano Rajoy.