domingo, 27 de septiembre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO 5

            JOSÉ LUIS AGREDA YÉCORA   -   AGREDA

    
            El dibujante Agreda nació en Sevilla el 21 de marzo de de 1971, contando en la actualidad con 55 años. Además de dibujante es historietista, ilustrador y director artístico, diseñador de producción y realizador.

            Cuando tenía 4 años su familia se trasladó con su familia a Bilbao, donde estuvo viviendo hasta 1989.[]] Comenzó a dibujar por influencia de su hermano,[] y con el tiempo se inició en la historieta a través de publicaciones en distintos fanzines como Metacrilato (1982).[] Tras fallecer su padre, regresó con la familia a su ciudad natal y estudió Arquitectura en la Escuela Superior Técnica de Sevilla.[]]

            Después de ganar un concurso de cómic en Bilbao, Natxo Allende le invitó a participar en La Comictiva, donde publica series como la inacabada Los años conjurados (1994) y Barrabás (1996).[] Después editó con Under Cómic su primer álbum recopilatorio en blanco y negro, llamado ¡Eh, tú chaval! (1997).[ Ese mismo año su obra fue reseñada dentro de un número especial de la revista El Víbora dedicado al cómic underground.

            Empezó a trabajar como autor profesional en 1998, principalmente como ilustrador en El País de las Tentaciones y en El Víbora. Ese mismo año inició una serie regular en El Jueves, Los Chapas (1998-2000), junto con Bernardo Vergara, con quien luego volvió a trabajar en Jaula magna (2003).[] En esos años también llevó la serie Zoé en el País de las Hadas, para la revista infantil ¡Dibus!, y el dibujo de Raúl y Andrea: a la fuerza ahorcan (2000), guionizado por Gomaespuma.[]

             En 2001 se consolidó dentro de la historieta española con Cosecha Rosa, editado por Under Cómic, que obtuvo el premio a la «mejor obra» en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 2002.] En 2003 lanzó Cosecha CMYK, una recopilación de ilustraciones editada por Astiberri.[]

            Entre los años 2004 y 2006 estuvo publicando la serie regular Olga y Héctor en la revista infantil Mister K. También colaboró en El Manglar y en Usted está aquí, ambas editadas por Dibbuks. En 2014 fue uno de los autores que abandonó El Jueves para poner en marcha la revista digital Orgullo y satisfacción, que existió hasta 2017. En todo ese tiempo ha mantenido sus colaboraciones como ilustrador en distintas publicaciones, tanto de prensa como editoriales.[]

            En 2017 trabajó como director artístico en la película Buñuel en el laberinto de las tortugas (2018), dirigida por Salvador Simó y basada en un cómic de Fermín Solís. Esta cinta fue galardonada en 2020 con el Premio Goya en la categoría de mejor película de animación.[] En 2022 trabajó con Pablo Berger en la película Robot Dreams (2023), también basada en una adaptación de cómic.[] Robot Dreams obtuvo dos Premios Goya —mejor guion adaptado y mejor película de animación— y estuvo nominada en los Premios Óscar en la categoría de mejor película de animación.


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BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  55

            Dos purgantes: EL ACEITE DE RICINO Y EL AGUA DE CARABAÑA   ( III )

        Además aquella medicina ejercía también un cierto poder persuasivo. Cómo éramos chicos normales, teníamos días en que no nos gustaba o no teníamos ganas de ir al cole o al Instituto y poníamos múltiples excusas: que nos dolía la cabeza y aparecían las aspirinas; inventábamos toses y nos daban una cucharadita del jarabe que siempre había a mano y que menos mal que casi todos estaban dulzones; dábamos vueltas y vueltas y decíamos que estábamos un poco mareados o señalábamos, tocándonos la frente, que teníamos algo de fiebre y nos ponían el termómetro, descubriéndose inmediatamente que no era cierto porque la fiebre no se podía inventar; nos encogíamos simulando dolor de vientre y gemíamos lastimosamente y aparecía la frase mágica que curaba todos los males inventados, al niño hay que purgarlo. Entonces teníamos dos caminos, el de tragarnos la purga con todas sus consecuencias, cosa que no hicimos nunca, que yo recuerde, pues indudablemente ésta era peor que tragarse todas las horas del colegio, incluso que te preguntaran sin haber estudiado la lección en el Instituto o el acudir a lo más lógico y razonable, no de golpe para que no se te viera el plumero, poquito a poco, de indicar que los males iban desapareciendo, coger la cartera y marcharte a cumplir con tu obligación de colegial. Claro que, con estas tretas podías coger en alguna ocasión, las menos, a los adultos en esos días tontos de los que nadie se libra o en su punto débil y beneficiarte de que te acostaran de nuevo, con la única advertencia de que en ese día uno no se iba a encontrar con la calle como no fuera a través de los cristales de la ventana.

         Te acostabas calentito y feliz en la cama y como no tenías sueño, ya que habías dormido bien y el problema era otro bien diferente, te dedicabas a urdir la estrategia una vez pasado el horario escolar, para lograr convencer a tus mayores acerca de que necesitabas salir a la calle para cualquier fin; incluso, lo que nunca se hacía de buen grado, la solución podía estar en ofrecerte a ir a comprar alfileres u otros artículos a Casa de la Callera, donde seguro que te encontrarías con algún amigo en el camino, que les faltaran a mi madre o a mi tía Carmen.

        Lo curioso es que un día desaparece de nuestras vidas el aceite de ricino, aunque no los empachos ni las purgas. Ello ocurre como prueba evidente de que empezamos a ser mayores y el mencionado aceite ya no nos sirve para nada, según nuestros mayores. Y entonces el contenido de una cuchara sopera es reemplazado por el de todo un vaso del nuevo  purgante, que ya no entraba en el capítulo de las grasas, sino en el del agua, pues se trataba de la que era conocida como de Carabaña, que debía de proceder de algún manantial o preparada en pueblo o zona llamada así y que sabía igual de mal o peor que el ricino.


            Claro que por aquel prurito de sentirnos mayores, cosa que considerábamos como una cierta distinción, no poníamos tantas trabas a la hora de tomarla, ni inventábamos historias; ya que cuando acudíamos a ella es que no estábamos bien y queríamos salir de aquel atolladero y curarnos cuanto antes. De tal manera que incluso nosotros íbamos a coger aquella botella de Carabaña que se guardaba en la parte alta de un armario que teníamos en el comedor, para no dejar esta faena a mi tía, que cada día lógicamente se encontraba más achacosa; aunque ella sí se encargaba de establecer la dosis, que a pesar de sus años para estas cuestiones todavía no le temblaba el pulso.


            Su efecto era el mismo, pero no tan inmediato ni exigente a la hora de la asistencia al excusado, que así también llamaban algunos al retrete, como el anterior. Su sabor era desagradable, pero más llevadero a la hora de tomarla por tratarse de un agua y carecer de la viscosidad propia de los aceites, que te daban la impresión de que se te quedaban pegados a la garganta.

     Después del agua de Carabaña ya no tomábamos la malta ni los caramelos, nos conformábamos con enjuagarnos bien la boca para quitarnos el sabor de ella, ya que el olor no nos molestaba e ingerir posteriormente agua de Yasinem o de Trara, según la época, que nos sabía a gloria.


            El médico seguía sin venir a casa para estos males pasajeros y creo que todos los niños de aquellos años estuvimos familiarizados con las purgas y con los purgantes, especialmente con el aceite de ricino.
          

VERSOS EN REBELIÓN


            REBELIÓN

            ¿Quién podrá negarnos que nos alistemos voluntarios y conscientes a la denostada rebelión de la palabra y de los sentimientos?
¿Quién nos negará el derecho a la rebeldía, cuando los ejércitos de la mediocridad no dejan de parir mediocres y mediocridades?
¿Quién osará recluirnos en el manicomio de los cuerdos?
¿Quién?

            Tomamos la palabra.
La tomamos a nuestro antojo y hacemos con ella lo que nos place.
La tomamos, la amamos y la odiamos, la quebramos y la inventamos, la gritamos y la susurramos y muchos más la… y la…
Jugamos con ella, le hacemos trampas, la veneramos y la olvidamos,
Pensamos con y en ella. En los sueños, morimos sin ella y, al despertar, vivimos por ella,
La sentimos, la padecemos, la disfrutamos, la extrañamos y, en ocasiones, la matamos, para, después, emulando a Dios, resucitarla y gozarla.

            Lo que encuentres, a partir de este instante, durante unos pocos días, es rebelión, desobediencia, insumisión, sedición, indisciplina, insubordinación, insurrección, indocilidad y, sobre todo, tardía e inútil rebeldía de unos hombres, hastiados de ser borregos.


            ¡RENIEGO!

            A la una, en buenísima hora,
a la prima, de este cuento,
renegaré de los hombres,
de sus obras, de sus hechos,
de sus ínfulas baratas,
de sus frecuentes desprecios,
de sus cantos de sirena,
de sus asuntos infectos,
de sus malas intenciones,
de sus endiosados vuelos,
de sus flagrantes olvidos,
de sus falsos juramentos
y de todo lo que lleve,
estigma de hombre hueco,
sentado en dorado trono
o amo de un estercolero.


sábado, 26 de septiembre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  4

            ANGNÈS PINSARD, conocida como  AGNÈS ROSENSTIEHL desde que contrajera matrimonio con el matemático PIERRE ROSENSTHIEHL, y que también uso el seudónimo de AGNÈS GAY, es una ilustradora y escritora de libros para niños, que nació en Paris el 4 de diciembre de 1941.



            Nacida en una familia de artistas, estudió música en el Conservatorio Nacional de Música y Danza de París y obtuvo el primer premio de armonía en 1966 con el nombre de Agnès Gay.. Es más conocida por una serie de libros infantiles que narran la vida de Mimi-Cracra , más conocida en inglés como 'Silly Lilly', y su libro "Paris-Pékin par le Transsibérien", que ilustró y coescribió con su esposo, Pierre Rosenstiehl, después de un inspirador viaje familiar.

            Como madre, comenzó a crear libros para niños y colaboró ​​con muchas editoriales, desde las más famosas hasta las más pequeñas y emergentes. Dice estar fascinada por la antigüedad egipcia, lo que la lleva a dibujar a sus personajes siempre de perfil, a usar colores sólidos, a integrar escritura y dibujo. 

            Muestra un interés constante por la lengua francesa, tema que explora en muchos libros, como sus Alfabetos, o el Libro de la lengua francesa (ilustrado por Pierre Gay). Su producción no se ha detenido desde 1968.

            En 1983, obtuvo la "Mención" del Premio Gráfico Fiera di Bologna para el Gioventù de la Feria del Libro Juvenil de Bolonia (Italia) por sus ilustraciones de canciones elegidas por Apple of Api, 66 canciones, 6 cañones, 6 navidad. 

            En 1995, Agnes Rosenstiehl recibió el gran premio de la Société des gens de lettres (SGDL) del libro juvenil por Les Adverbes.  Sus archivos están confiados al Instituto de la Memoria Contemporánea (IMEC) en Saint-Germain-la-Blanche-Herbe . 

            En 2000, recibió una «Mención» por Introducing Art to Children en la Feria del Libro Infantil de Bolonia  por la colección que dirigió: «Collection de Peinture», publicada por Éditions Autrement. 

            Está casada con el matemático Pierre Rosenstiehl.

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGRES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO 55

            Dos purgantes:  EL ACEITE DE RICINO Y EL AGUA DE CARABAÑA

        Lógicamente, aquella planta arborescente de grandes hojas por culpa de sus semillas, que eran las que se usaban como purgante, tenía muy mala prensa entre la gente menuda glotona y sin embargo, era estupenda para los adultos que la recomendaban y aplicaban en nosotros y que nunca la probaban, en razón y estos eran sus argumentos fundamentales, de que nos dejaban como nuevos y muy limpios por dentro.

        Esa noche no dormíamos, más que por el empacho, porque al amanecer nos íbamos a encontrar con mi tía Carmen inapelablemente y con aquel botecito que contenía el aceite de ricino en una mano y con una cuchara sopera, de las grandes, en la otra.

          La liturgia del acto era harto complicada. Allí no valía aquello de llegar y topar, que  hubiera sido lo más natural y menos penoso; sino que comenzaba por nuestra parte la ceremonia del tira y afloja. La frase más repetida y acompañada de nuestras manos en señal del stop, era: ¡Espera un momento, tía! Y de nada servían aquellos parones, pues a ella no la cansaba nadie, porque sabía mejor que nosotros que todo era cuestión de tiempo.


            Repasábamos si estaban todos los preparativos sobre la mesa unas veces. Allí estaba el tazón de malta y los terrones de azúcar para endulzarla, al igual que aquellos caramelos en forma de gajos de naranja para tomarlos después y con ellos quitarnos el mal sabor de boca, al que atribuíamos el apelativo de asqueroso y que te duraba todo el día. Ensayábamos el taparnos la nariz varias veces para que su nauseabundo olor y tan penetrante no se introdujera en ella; pero es que el maldito estaba ya metido en nuestro cerebro desde la primera vez que oíamos su nombre. 

                                          
            Al final, nos armábamos de valor, nos tapábamos la nariz, cerrábamos los ojos, abríamos la boca con gran dificultad y esperábamos, con la paciencia del niño Isaac cuando era conducido por su padre al mismísimo altar de su sacrificio, a que nuestra tía Carmen introdujera en ella aquel cochino brebaje con su habilidad característica, pues no se le caía ni una gota. Después, en una reacción rápida ingeríamos de una vez y sin parar, casi sin respirar, el negruzco líquido, sucedáneo del café, que nos sabía entonces a gloria, para coger inmediatamente el caramelito y chuparlo para extraerle al máximo el jugo que contrarrestara el del purgante, pero que no era capaz de vencerlo.

         El resultado de la repugnante pócima era inmediato y al rato estábamos evacuando toda la causa de nuestra dolencia. Lo peor es que durante todo el día no podíamos estar muy lejanos del retrete, ya que las ganas aparecían de forma continua y repetida; además de que en aquella jornada estabas en ayunas, sin probar bocado alguno. Con tanto desaguar, porque todo lo que echábamos era un pestilente líquido, claro que te quedabas limpio.

           Y en los días siguientes atados a lo que los mayores y doctores llamaban dietas blandas, pasando más hambre, como dice mi amigo Alfonso el de la botica, que un caracol en una pita. Un arroz en blanco, por ejemplo, para estreñir y una pescada hervida que no sabía a nada y mientras tanto, nosotros acordándonos de los cocidos con sus correspondientes “pringás” e incluso de aquellos chuscos y el chocolate arenoso de la merienda. Menos mal que el tiempo pasaba rápido y se volvía pronto a la normalidad y se te olvidaba la purga y el ricino, ya que existían otros alicientes en la vida.

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS

            PESIMISMO

            En este mundo de locos,
de miserias y derroches,
de pregonada pobreza
y exceso de ricachones,
nadie se culpa de nada,
sobran dolos y reproches,
todo es salmo miserere,
nada es todo, para el pobre,
y a la sombra de los cuentos,
y en los tiemblos de las noches,
se reparten dividendos,
se agigantan los dolores,
mientras la vida y la muerte
intercambian sus sermones.


viernes, 25 de septiembre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO   3

            MIGUEL ACQUARONI BONMATI   -    M. ACQUARONI

            Este dibujante destacó en la ilustración gráfica, tanto de libros como de periódicos; pero sobre todo en la pintura. Nace en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, el 20 de febrero de 1925 y falleció el 19 de junio de 1988 en Madrid.


            Nacido en 1925 y era el hermano menor del escritor José Luis Acquaroni, Miguel desarrolló una temprana vocación por la pintura, la cual encontró un cauce provechoso en Madrid, ciudad a la que se trasladó en 1945.[] Su labor artística estuvo influenciada por la obra de Daniel Vázquez Díaz, con quien descubrió un mundo de nuevas geometrías y se adscribió a la llamada Escuela de Madrid] Fue compañero de Benjamín Palencia y Rafael Zabaleta y amigo de poetas como José Hierro o Luis Rosales[1]

              Como pintor, contribuyó al panorama artístico español en un momento en que el arte buscaba nuevas formas de expresión y narrativa visual. Su obra participó en numerosas exposiciones a lo largo de España, incluyendo la Bienal de Arte Hispanoamericano en 1951,] e internacionalmente fue comisariada por la Galería Neikrug de Nueva York.

           Pero la obra de Acquaroni capturó la esencia de la posguerra española no solo a través de sus pinturas, sino también mediante ilustraciones que acompañaban textos y artículos de la época, ya que colaboró como ilustrador en diferentes revistas y diarios, incluyendo el periódico ABC[] y la revista Blanco y Negro.

            Entre sus obras más destacadas se encuentra "Joven" (1952), “Niñeras” (1955) o "En el balcón" (1974). Está listado en el léxico general de artistas de Saur Los artistas visuales de todos los tiempos y pueblos y en el Diccionario crítico de arte español contemporáneo.

            Miguel Acquaroni falleció en Madrid en 1988.


SENCILLO AUTORRETRATO DE M. ACQUARONI

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  55

            Dos purgantes:  EL ACEITE DE RICINO Y EL AGUA DE CARABAÑA   ( I )

        Siendo un niño algo tragoncete, que jugaba con mi hermano mellizo al rebañeo para ver quien de los dos dejaba los platos más limpios, que hasta mi tía Carmen decía que ya no era necesario lavarlos, parece lógico y normal que no me viese privado de algún que otro empacho, que iba acompañado de vomiteras, de dolores de tripa, de mal sabor en la boca y hasta de verdaderas ansias de comer más y a todas horas.

       Era también de aquellos niños que originaba frases por parte de mi madre, tales como: ¡Siempre llenas el ojo antes que la tripa! Porque tenía la costumbre de todo parecerme poco. Luego, cuando ya no podía más y quedaba algo de comida en el plato o en la fuente, me apostillaban y con razón: ¡No te lo decíamos! Y yo tenía que reconocer que me habían echado demasiado y que estaba lleno.

     Igualmente era de los que entraba de vez en cuando en el apartado de las repeticiones. Cuando algún guiso me gustaba en calidad, le aplicaba en el mismo trato anterior de la cantidad y preguntaba con descaro si se podía repetir. Como tengo que confesar que a la hora de comer en casa no había miserias pasados aquellos primeros años de la cercanía a la guerra en el sentido de la abundancia de los guisos que se preparaban, dentro de la modestia de nuestra situación económica, que también decían nuestros mayores para justificar lo anterior que más valía gastar en comida que en medicina, sí que se podía repetir; al igual que cuando algo no nos agradaba, que pocas cosas entraban en este capítulo porque teníamos buen jamar, nos hacíamos los remolones, le dábamos muchas vueltas y terminábamos con los achaques de que ese día no teníamos demasiadas ganas o nos empezaba a doler el vientre de momento. Aunque, si lo que seguía era de nuestro gusto, desaparecían las inapetencias y los dolores de tripa por arte de magia.


            Si a todo lo anterior unimos que al médico no se acudía con la facilidad de ahora, que uno tenía que estar muy apretadillo para llamarlo o ser llevado a su consulta y lo mismo que nuestras madres daban a luz en las casas, si no existía complicación grave, daba la impresión en ellas de que estaban preparadas para solucionar de forma casera estos problemas culinarios que se presentaban con cierta frecuencia y que tenían distintas motivaciones, muchas de ellas ajenas incluso a la realidad patológica. Como además, las medidas empleadas, aún no siendo necesarias en realidad, tampoco eran dañinas, pues adelante con ellas; que una limpieza del aparato digestivo, como la revisión rutinaria que se hace a los vehículos cada equis kilómetros o cuando vas a emprender un viaje, nunca venía mal y menos a jovencitos, como yo, que a la hora de comer pecaba más de exceso que por defecto.

         El remedio casero y habitual para los niños de mi tiempo era el de la purga. Vamos, que cuando empezabas a quejarte, porque de verdad te dolía la tripa y oías que mi tía Carmen le decía a mi madre, sin miramientos ni reservas, que al niño había que purgarlo, se te ponían las orejas tiesas y señalabas inmediatamente que ya estabas un poquito mejor, sólo un poquito. Pero como de verdad te molestaba y se te cambiaba el color del rostro y sentías retortijones en el estómago o en el abdomen y mi tía sabía de estos síntomas y de enfermedades de este tipo tanto como el médico, llegado el caso no te libraban de la purga ni las Hermanitas de la Caridad.

            Y comenzaba el martirio para criaturas tan pequeñas, que así lo entendíamos nosotros. Porque su aplicación no era inmediata, ya que se esperaba a la mañana siguiente, con el fin de estar en ayunas, nos decían, que así hacía más y mejor efecto. Con lo que la vigilia se hacía más larga y penosa; aunque siempre se contaba con el milagro de que durante la noche se aliviaran o desaparecieran de verdad las molestias. Cosa que nunca ocurría porque el mal estaba allí y había que combatirlo con lo que fuera y parecía que el único remedio en el caso de los pequeños se encontraba en el aceite de ricino.

VERSOS EN TIEMPOS DE CRISIS

            CANSANCIO

            ¡Qué trabajito, Señor,
cuesta cambiar malos vientos,
cuando las mentes se pliegan
al conformismo funesto,
a aquel que, nubla razón,
nos vuelve manso borrego
de un provinciano rebaño,
tropilla de rango cero!

            ¡Qué trabajito, Señor,
cuesta desnudar a un santo,
cuando en los altares viven,
soberbios y mentecatos,
que creen, que las poltronas
son los eternos regalos
que el pueblos les concedió,
por ser listillos y guapos!

            ¡Qué trabajito, Señor,
cuesta cambiar las barajas,
cuando los truhanes juegan
con cartitas bien marcadas,
sobre tapetes de seda
y oscuridades macabras,
para llenar sus bolsillos
y dejarnos las migajas!

            ¡Qué trabajito, Señor,
ser honrado, en esta fiesta,
de mediocres convertidos
en reyezuelos de mierda,
donde el más lerdo de todos,
hace relojes de piedra,
para convencer al mundo,
de su pericia y destreza.

jueves, 24 de septiembre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  54 

            Otro moro muy grande:  MUSTAFA

        Aunque éramos pequeños, cuando hablábamos de Mustafa, los que conocían algo de su historia, nos decían que este pintoresco personaje no nació en el seno de una familia adinerada, sino todo lo contrario, que pasó una niñez y juventud llena de miserias como la mayoría de los moros que vivían en las cábilas próximas a Melilla. En definitiva, que no siempre había sido rico como lo era en aquellos años. Nos contaban también que siendo persona astuta, despierta y sin escrúpulos para los negocios, que el hambre enseña mucho y pronto, supo aprovechar la expansión y el crecimiento continuo de la Melilla de más allá de los muros de la ciudad vieja, con el establecimiento de campamentos para la tropa, buscando espacios más amplios para sus asentamientos y para al mismo tiempo dar seguridad a la población civil que crecía a su amparo, para iniciar su actividad comercial desde los escalones más inferiores.

                                      


        Que comenzó como buhonero, con su cesta a cuestas llena de quincallas, baratijas u otros artículos de escaso valor que atraían a la soldadesca; para pasar posteriormente al suministro de productos de primera necesidad, que se los quitarían de las manos y que cobraría a un precio desorbitado. Aquel moro grande se haría conocido en el extramuros y su negocio se acrecentaría como los días cuando llega el equinoccio de primavera, imponiendo el respeto de su monumental figura entre la tropa. Más tardes sus negocios ascenderían de categoría, dejando de ser un mercachifle para convertirse en comerciante y dejando a la soldadesca para entrar en contacto con la oficialidad. No sería el primero ni el último, que en años de escasez, se dedicase al contrabando; introduciendo o sacando con el beneplácito de los que mandaban, artículos, productos y mercancías a un coste elevado en el primero de los casos o vendiéndolos en el exterior al precio convenido, que también supusiera ganancias, en el segundo caso. El contrabando hizo rico a tanta gente y él sería uno más. Así que, de vender bocadillos y refrescos a la tropa, pasó a hacer negocios con la vestimenta y el calzado de ésta al por mayor y con la alimentación de la misma a gran escala, manteniendo una relación siempre cordial con el Ejército, algunos de cuyos componentes, no todos afortunadamente, verían en este hombre y su actividad un medio de conseguir algunos ingresos económicos extraordinarios, pensando posiblemente que el riesgo que corrían en lugar siempre tan inseguro debía ser recompensado por este tipo de gratificaciones, lo que no dejaba de ser un fraude o una inmoralidad.


            Como a tantas personas del entorno, a Mustafa le perdimos la vista un día, no sabiendo si es que se fue para siempre para seguir mercando en su paraíso o porque encontró otra esposa que le llevó a vivir a otro de sus muchos inmuebles. Los hijos e hijas de Fátima fueron creciendo y seguro de que llegado el caso, casaría a algunas de ellas con el que ofreciera mayor dote; entre otras cosas, porque la decisión la volvería a tomar el cabeza de familia y ella pintaría poco, porque esas eran y siguen siendo sus costumbres en la mayoría de los casos.

HUMORISTAS GRÁFICOS E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO  2

            ALFONSO PEDRO ABELENDA ESCUDERO   -   ABELENDA


                El dibujante y pintor Abelenda nació en A coruña el 5 de octubre de 1931 y falleció en su ciudad natal el 21 de marzo de 2015.

            Nació en la Calle del Socorro de La Coruña el 5 de octubre de 1931, hijo de Pilar Escudero Ferro[2] y Alfonso Abelenda Rodríguez. Desde joven demostró talento para las artes plásticas, su abuelo Saturnino y su madre le alentaron y aconsejaron en sus primeros pasos. Estudió primaria y comenzó el Bachillerato en los Maristas de La Coruña, terminando éste en el Colegio Academia Galicia, donde empezó a conocer el arte contemporáneo de la mano de Miguel González Garcés.[ Aficionado al atletismo, ganó los 110 metros vallas del campeonato júnior de España en 1949.[4] Viajó a Madrid para entrar en la Escuela de Arquitectura después de haber cursado dos años de Ciencias Exactas en Santiago como preparación para la carrera. Allí, tomó clases de dibujo para preparar el ingreso conociendo además a otros artistas y el entorno artístico del Madrid de los cincuenta, comenzó a colaborar en revistas de humor como Don José y expuso en diversas exposiciones colectivas.

            En 1954 expuso individualmente en la galería Lino Pérez de La Coruña. Viajó a Francia con las ganancias y volvió a exponer en 1955 una colectiva junto a José María Labra, Antonio Tenreiro, Lago Rivera, Tomás Pereira y Alejandro G. Pascual, a raíz de la cual pasaron a ser llamados por José Luis Bugallal la "generación de los insurgentes", o "Grupo de Escisión" según Fernando Mon.[] De vuelta en Madrid complementó sus ingresos con "papeles de reacción" y como caballista en películas como Alejando Magno. Continuó sus estudios en Madrid y en 1956 pasó la prueba de dibujo, al mismo tiempo fue llamado para cumplir el servicio militar y fue destinado a Marruecos. Siguió colaborando para Don José y comenzó a colaborar en "El Día" (diario bilingüe de Tetuán) y "Diario África". Aprovechó sus permisos y rebajes para visitar ciudades cercanas a sus destinos en el Rif como Xauen o Bab Tazza, investigando nuevos paisajes pictóricos. En Tetuán alternó con otros artistas como Dora Bacaicoa, Pío Gómez Nisa o Mohamed Sabah. Tras dos años de servicio militar se licenció y tras una estancia en Cádiz regresó a Galicia, estudió dos años de Ciencias Exactas, que abandonó para dedicarse ya por completo a la plástica. En 1958 realizó un tapiz para una selección de doce artistas españoles contemporáneos[] para la exposición "Tapices modernos españoles del Ateneo",[] colaboró en los diseños del Pabellón de España en la feria mundial de Nueva York de 1964.

            Entre 1960 y 1990, viajó una temporada a Londres, expuso en la Upper Grosvenor Galleries. Entre 1960 y 1970 alternó estancias en París, donde trabajaba para la Expo francesa en Moscú y para Petrus Bride, y en Madrid comenzó a colaborar en La Codorniz, Ya, Semana y otras publicaciones mientras absorbía el ambiente de ambas ciudades. Expuso en Richelieu, trabajó para Bidasoa, en 1967 ganó la "Paleta Agromán" de humor.[] En 1968 recibió la primera medalla del "II SALÓN NACIONAL DE HUMORISTAS".[] En 1974 se trasladó a La Coruña, aunque seguía teniendo estudio en Madrid. Comenzó a colaborar con Cambio 16. Viajó a diversos países de América en colaboración con la galería "Arabesque" y la Casa de Galicia, exponiendo en Buenos Aires, México y Caracas. A finales de la década estaba prácticamente concentrado en la pintura, haciendo humor gráfico sólo de forma ocasional.

            Y se estableció definitivamente en La Coruña, expuso en distintas ciudades. Colaboró ocasionalmente con El Ideal Gallego y La Opinión A Coruña. En 1999 se celebró en el Kiosko Alfonso una exposición retrospectiva sobre su obra. En 2005 ingresó como miembro numerario en la Real Academia Gallega de Bellas Artes.

            Falleciendo el 21 de marzo de 2019 a los 87 años, en La Coruña tras una operación complicada de peritonitis.