lunes, 20 de abril de 2026
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
domingo, 19 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Por otra parte, otro pasatiempo infantil en torno al
parque, que se convertía en auténtica competición, era el de recorrer todo su
cerramiento, subido en él y sujetado a su verja de hierro, sin tocar la acera,
salvo en las puertas grandes, ya que las pequeñas las cerrábamos y pasábamos
también sobre ellas. Tenía esta experiencia como grandes dificultades los
pilotes que de trecho en trecho existían entre las rejas, a los que no
alcanzábamos a rodear con nuestros brazos por sus dimensiones y que teníamos
que salvarlos sujetándonos con las manos en unas ranuras que presentaban a
diferentes alturas y apoyando los pies en un borde que no tendría más de cinco
centímetros. El resbalar y caer no tenía gran riesgo, pero sí te producía el
enfado correspondiente, ya que te veías obligado a volver al principio de la
ruta, lo que suponía además quedarte el último. Aunque ello tenía un único
consuelo, que las caídas por diferentes motivos eran frecuentes y no resultaba
demasiado complicado lo de dejar los puestos de cola, al igual que volverlos a
ocupar.
Y ya que hablo de su verja, viene a mi memoria la existencia de unas ramitas, de grosor como de un cigarrillo, prietas y que crecían como enredaderas, a las que llamábamos, sin tener nada que ver con la manzana y sin saber tampoco el porqué, sidra, que utilizábamos al igual que la matalahúva como anticipos de los primeros cigarros; cortándolas en trozos aproximadamente del mismo tamaños de éstos, lo encendíamos y en lugares recónditos y sin apenas luz, chupa que te chupa, dábamos nuestros primeros pasos en esto de sentirnos hombres antes de tiempo, identificando al tabaco y su consumo con la mayoría de edad y con el fruto prohibido.
Sin olvidar tampoco que éstos, salvo los que claramente pertenecían a los que llamaban por entonces de la acera de enfrente, los de la cáscara amarga, que no faltaban, los mariquitas azúcar para los pequeños o maricones para los adultos, que por aquellos años casi nadie estaba sensibilizado con el tema de la homosexualidad, sino todo lo contrario, aprovechaban esta estancia en el parque para intentar pegar la hebra con las que hacían el mismo servicio doméstico que ellos, pero en mujer, las chachas, las criadas, y con un sueldo que era también, salvo raras excepciones, escaso, por aquello del abuso ante la mucha oferta... Era corriente ver parejas de este tipo, incluso algo relajados en el cuido de los respectivos niños, que el amor tiene y tenía igualmente en antaño, entre otras cosas, lo de ser bastante absorbente y no dudo tampoco de que de aquellas relaciones, en principio pasajeras y coyunturales, pudieran surgir otras más estables, que alargaban la estancia del muchacho algo más o mucho más que la habitual de su servicio militar obligatorio con la patria y que les llevara a una mayor y distinta obligación de cuidar niños propios y no ajenos. Aunque esta especie entró en peligro de extinción con el paso de los años, casi llegando a su total desaparición, por lo menos para estos menesteres y otros, con la llegada de un Comandante General, que cambió muchas cosas cuando fue destinado a nuestra ciudad y que por ello fue un personaje controvertido, no sólo para los militares, sino también para la población civil y que se llamaba Gotarredona.
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
sábado, 18 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El espacio más frecuentado por nosotros era el relatado al principio, lo que no quería decir que nos fueran desconocidos los otros tres cuartos, que visitábamos también, pero que considerábamos como algo más lejanos. Precisamente a su derecha y nada más atravesar las pérgolas circulares, que existían al entrar por las dos puertas citadas, había una fuente de agua potable, que no sé por qué razón era la que preferíamos con relación a las otras que en el parque había, a la cual acudíamos para aliviar nuestra sed o para jugar con el agua y ponernos perdidos, si no estaba el guarda, una vez satisfecha la misma y por riguroso orden de jerarquía, privilegio que siempre tenían los mayores y más fuertes si íbamos en manada.
Junto a ésta o quizás sea más correcto señalar que ella se encontraba en las proximidades de otro bar, que como el de Las Flores, en el verano melillense, también contaba con orquestas para atraer y animar al público amante del baile o sencillamente de pasarlo bien oyendo música, conversando y haciendo más llevaderas las calurosas noches de la temporada estival de nuestra ciudad, que siempre en el parque, entre tanto verde, mejores sombras durante el día y los oportunos riegos, se hacían más soportables. Y la prueba más evidente de esto último era la costumbre que existía por aquellos años, en su cercanía y en el paseo central, de pagar una cantidad módica por el alquiler de las sillas, que eran de
Y en este último juego entrábamos nosotros, no sólo porque carecíamos de la cantidad necesaria para el alquiler de las mismas, sino porque considerábamos aquel gasto como superfluo; ya que las pocas perras, chicas y gordas, que teníamos había que guardarlas para las chucherías del carrillo de María, para los polos de Morillas para ver además si salía la palabra regalo en el palito o para los helados de El Buen Gusto, para los tebeos de El Guerrero del Antifaz, de cuyo dibujante, M. Gago, nos decían que había iniciado aquellas aventuras cuando se recuperaba en el hospital de su tuberculosis, con lo que ganaba puntos para nosotros, amantes de lo morboso, o los de Hazañas Bélicas y otros; pero no para sentarse y menos aún habiendo bordillos y bancos gratuitos. A nosotros todavía, por los pocos años, no nos preocupaba la vida social, aunque la hacíamos inconscientemente y si íbamos allí era por mimetismo, porque otros iban, porque nos divertíamos agudizando también nuestro ingenio. Aparecíamos, no a primera hora, que para ese tiempo teníamos otras ocupaciones lúdicas, por supuesto; sino algo más tarde, cuando algunos comenzaban su retirada, dejando sillas libres que nos apresurábamos a coger, unas veces pidiéndoles el tique con el mayor descaro si no los conocíamos o por favor, si queríamos demostrar lo educadito que éramos. Si no obteníamos el favor no había problema, a disimular y a gozar del privilegio hasta que llegara el encargado y se llevara las sillas al comprobar que no teníamos el oportuno tique; resultando hasta divertido este pasatiempo, no ya el de sentarte, sino el de ver lo que durábamos hasta que nos dejaban sin asiento y volver a empezar en otro rincón, que el espacio era grande y contaba con bastantes recovecos. Curiosamente, pasábamos veladas en las que nadie nos molestaba y otras sin posibilidad alguna de poder sentarte, que todo dependía de la leche del encargado de turno, que no siempre era el mismo.
Algo a destacar del Parque de antaño era el
aristocrático templete de música que existía junto a la fuente central y más
próximo a la salida de la calle Marina, donde las diferentes bandas de Melilla,
que las había en cantidad y buenas, pero principalmente
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viernes, 17 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
El bar Las Flores era en muchas ocasiones otro lugar de paso, pero con el inconveniente de que cuando abusábamos en su uso, su dueño de turno, que los hubo muchos y de diferentes caracteres, se enfadaba y ponía fin al tránsito infantil por allí, que para eso era su establecimiento y nosotros, los pequeños, no le consumíamos nada.
Era un pequeño bar que sin embargo, contaba con un agradable espacio en el interior del parque que utilizaba como terraza con numerosos veladores y sillas, cuya cantidad dependía del ambiente que tuviera en cada momento y que cuando llegaba el verano, lo más lejano que recuerdo en el tiempo, se convertía en recinto musical de gran éxito y que daba también a la calle Teniente Coronel Seguí. Era lo que nosotros llamábamos por aquellos años cincuenta o sesenta el “Dancing”, donde una orquesta, de aquellas principalmente de instrumentos de viento y con vocalista, animaba las veladas con los ritmos y canciones de moda, como aquellas de “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”, “La casita de papel”, ”Tengo una vaca lechera” o “La cucaracha” y que como ocurre en la actualidad, cada estío ponía en moda alguna de ellas, que repetían hasta la saciedad, por lo que terminábamos, tan sólo de oírlas, pues nosotros todavía no teníamos edad para acudir a tales veladas, por aprenderlas como todo el mundo.
Las canciones de José Guardiola, Bonet de Sanpedro, Gloria Lasso, Machín y otros muchos más, por señalar a algunos, no faltaban en el repertorio de estas orquestas.
Dos avenidas o paseos cruzados dividían al parque,
con planta más o menos trapezoidal, en cuatro zonas con diferentes
características, perfectamente diferenciadas para nuestras mismas actividades;
teniendo su puerta principal, que no la más transitada, en su fachada de la
plaza de España, que siendo la de menor longitud, contaba con sus dos torres,
con la figura de Guzmán el Bueno, arrojando su puñal para que los sarracenos
sacrificaran con él a su hijo antes de entregar la plaza de Tarifa al invasor,
que así nos lo contaban en la escuela, y con el escudo de la ciudad. La otra
puerta grande daba a la calle Carlos de Arellano, frente a la pista
polideportiva de Bandera de Marruecos o al solar donde se instalaban los circos
cuando venían a la ciudad. En este fondo existían otras dos puertas más pequeñas, la citada que nos servía de
huida para nuestras aventuras datileras y la que se encontraba enfrente de
Esta avenida con importante arboleda a los lados y también variada, en ocasiones se vio interrumpida de forma amable por diferentes fuentes, entre las que destacaría aquella que de pequeño llamábamos de las “luces”, porque fue una novedad para nosotros los variados colores, así como los dibujos que el agua hacía, variando sus surtidores, modestos y no comparables con los de la fuente de la Plaza de Cataluña barcelonesa, por supuesto; pero muy interesantes para nuestros pocos años, los juegos de agua y luz que desarrollaba y que un día, por mor de cambios políticos y abundancia o derroche de caudales públicos, digo yo, desapareció a cambio de nada o de otras imitaciones que nunca alcanzaron el éxito de aquella.
El paseo más corto de aquella encrucijada era el que unía las calles Teniente Coronel Seguí y General Marina, desde enfrente de
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jueves, 16 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Subiéndonos en el cerramiento de fuera veíamos a los patos con su caminar tan característico y “patoso”, gracioso para la menudencia en general, uno detrás de otro y acudiendo, tanto en tierra como en el agua, a las migas de pan que les arrojábamos o a las cáscaras o piel de los altramuces después de habernos comido su semilla interior. Desde el interior del parque el espectáculo era el mismo, aunque podíamos ver unas casitas, como las de los perros con tejados inclinados, en donde se refugiaban de noche o al atardecer si es que los dejábamos tranquilos o buscando esa misma tranquilidad.
Junto a este estanque existía una pista multiuso que en épocas llegó a tener una baranda de tubos metálicos, en donde se podía jugar a todo, desde patinar hasta dar patadas a una pelota -siendo ésta como una antesala de las actuales dedicadas al fútbol sala- o corretear al “Tú la llevas”, etc., y alrededor de la cual se ponían los palcos durantes las fiestas de septiembre, usándose entonces como pista de baile y lugar de juegos con los payasos; sin olvidar a una gran palmera de hermosos y dulces dátiles en una de sus esquinas.
Siguiendo las teorías pedagógicas del Padre Manjón, a alguna autoridad se le había ocurrido construir un mapa en relieve de España en su cercanía, en el mismo suelo, rodeado de una pequeña vallita, que causaba nuestra mayor admiración y que tuvo una vida efímera como otras tantas cosas dependientes de los políticos cambiantes; claro, que peor sería que no cambiaran estos nunca.
Volviendo a la palmera, uno de los elementos más y mejor recordado, contaba en su torno con uno de nuestros pasatiempos divertidos, el de arrojarle piedras a sus dátiles, que nos sabían a gloria, cuando los recogíamos del suelo después de atinar en sus racimos y que sólo entrañaba el peligro de que el guarda del parque rondara por allí para que suspendiéramos momentáneamente esta tarea o que se presentara por sorpresa en lo más álgido del proceso y tuviéramos que poner tierra por medio; contando para esto último como ventajas el tener una puerta pequeña de entrada en su proximidad, en estos casos mejor escrito, de salida, justo enfrente de la Vinícola, y la de correr como liebres.
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miércoles, 15 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Escribe Saro Garandillas en su libro “Estudios melillenses. Notas sobre urbanismo, historia y sociedad en Melilla” un corto e interesantísimo apartado acerca de este parque nuestro, de sus orígenes y características, con un último párrafo que me atrevo a copiar y que comparto plenamente con él y que dice así:
“Podemos creer que en el futuro tanto como ahora el parque, admirado por extraños más que por propios, seguirá siendo el pulmón de Melilla, y que nuestros sucesores estarán persuadidos de la necesidad de su permanencia con el convencimiento de que solamente con él Melilla seguirá siendo Melilla
¡Qué de recuerdos!
Ahora que uno reside fuera de Melilla y sin ánimo de hacer comparaciones, por aquello de lo odiosas que resultan éstas, es normal que sienta nostalgia de este rincón donde posiblemente transcurrieron, por la proximidad a nuestro hogar, muchísimos momentos de nuestra infancia, señal evidente de que uno se va haciendo viejo.
Este apacible lugar, bello como pocos otros de la ciudad, permanentemente vivo por sus continuas transformaciones y por ser sitio de encuentros, de juegos para niños, de solaz para los que dejaron de serlo hace bastantes años; propicio para incipientes enamoramientos, para el simple paseo o la conversación sin prisas, dejó infinitas huellas en nosotros; de ahí que no sea extraño el afecto que le tenemos, aumentado en el tiempo y en razón de nuestra diáspora.
¡Qué de recuerdos!
Los Patos, el bar Las Flores, la pista de patinaje, el “Dancing”, las palmeras, sus fuentes con la central que aparecía y desaparecía como el río Guadiana según el gobierno de turno, la Caseta Municipal en las fiestas, sus paseos, las sillas, el templete de la música, las pérgolas, sus múltiples entradas...
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martes, 14 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Después sustituyó la botella por un trozo de tubo de
la misma longitud del ancho de la tabla y se balanceaba como quería,
recurriendo también a las anillas que hacía girar en sus brazos en cruz o a los
juegos malabares con las pelotitas o las mazas e incluso hasta con un palillo y
su correspondiente plato girando en cada una de sus manos. No exagero, era un
auténtico artista para cualquiera que lo viera; pero para la gente menuda era
algo más, un verdadero monstruo. Si hasta llegó a usar varios rulos y tablas a
la vez, siguiendo la máxima circense del más difícil todavía.
Lo que llamaba la atención en Pedrito no eran sus ejercicios en sí, ya que no eran los números de mayor dificultad de los circos, ni los que gozaban de la mayor admiración pública; sino su fuerza de voluntad para conseguir lo que quería, siguiendo al pie de la letra aquella máxima muy frecuente por aquellos días entre nosotros y por supuesto, señalada siempre por los mayores, de “querer es poder” y que además era un auténtico autodidacta; pues jamás nadie y menos un chino, le llegó a enseñar lo más mínimo.
Pedro Montes Raya había nacido, sin saber nadie el porqué, tan sólo él, para ser artista de circo. Pero sólo tuvo un lunar, el de faltarle el valor necesario para enrolarse en cualquiera de los muchos circos que visitaban nuestra ciudad, haber aprendido en serio este trabajo y vivir de verdad su aventura.
No sé lo que hizo Pedro de mayor. Posiblemente terminó en los albañiles subiéndose, sin nada de vértigo, a poner los ladrillos de las fachadas de los pisos más altos o aprendería el oficio de limpiar los cristales de los ventanales de los rascacielos, colgado de un cable desde la azotea. Podría ser bombero en Barcelona, barrenero o picador en cualquier mina asturiana o alpinista en sus ratos libres, que sé yo; pero lo que no me imagino a Pedrito, por mucho esfuerzo que haga, es verlo sentado en una silla y ante una mesa llena de papeles, de administrativo, justificando su horario laboral y cumplimentando cuestionarios.
o
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
ENTREGA
Nº 242
EL
TÍO PENCHO ( II )
MANUEL
SÁNCHEZ BAENA - MAN
MAN fue un historietista de humor gráfico que recibió muchos homenajes
y reconocimientos, de los que hablamos a continuación.
Fue
condecorado en los premios “Los Mejores de 2005” del diario La Verdad. La
Federación de Asociaciones de Vecinos de Murcia lo premió como Vecino murciano.
El mismo año de su muerte, 2020, fue nombrado a título
póstumo como Hijo Adoptivo de Murcia por el Ayuntamiento.
Se consideró como el reivindicador de las tradiciones y raíces de Murcia.
Venancio Agudo, director de la Verdad, le encargó el trabajo de darle vida al Tío Pencho durante un año y llegó con este personaje a vivir de forma continuada casi medio siglo. Sus tiras fueron un claro reflejo de la calle misma y de lugares corrientes, por lo que llegaban tanto a los niños como a los adultos.
Otros personajes más destacados que acompañaron al Tío
Pencho fueron: el Pifanio, la Josefa, el tío Facorro y el Colasico. Y su
preferido fue el primero de los citados, señalaba el autor, porque era más
real, más buena persona y hasta mucho más simpático; pero que con el que soñaba
incluso bastante noches fue el Tío Pencho, y por ello no le dio más cancha al
Pifanio.
(El tío Pencho y su Josefa, bailando delante de la Catedral de Murcia)
lunes, 13 de abril de 2026
BIOGRAFÍA N0STÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
De los ejercicios físicos pasó a los malabarismos. Posiblemente llegó a nuestra ciudad cualquier circo con artistas que hacían juegos malabares o el mismo Teatro Circo de Manolita Chen, que se instaló en algunas ocasiones en el triángulo que había enfrente de la puerta principal de la plaza de toros, bastante cerca de donde vivíamos y él también lo vio y quedó prendido de aquellos ejercicios. Su tesón era inmenso y su habilidad igualmente debió de ser grande; pues a los pocos días jugaba con las pelotitas y las improvisadas mazas como si lo hubiera estado haciendo durante toda su vida. Los tres objetos del principio que volaban entre sus manos, con el paso de los días fueron dando paso a cuatro y después a uno más, dejándonos nuevamente maravillados. Por más que nosotros lo intentábamos con piedras, con pelotas de trapos, con trozos de madera de aquellos juegos de arquitectura de nuestros tiempos, hasta con naranjas u otras frutas y a escondidas en casa, porque se nos caían y con los golpes se ponían pochas, nunca nos acompañaba el éxito, en tanto que él lo veía facilísimo.
Apareciendo otro día, porque él practicaba en su casa y hasta que no dominaba el juego no aparecía, con una caña fina, resistente y flexible sobre la que hacía girar un plato, como hacían los chinos. Y nada, que no se le caía en todo el rato, hasta que dejaba de girar la caña, le daba un empujoncito y caía en sus manos, ganándose el aplauso de todos lo que le rodeábamos boquiabiertos y no dando crédito a los que estábamos viendo.
Era, sin duda, un artista o por lo menos, quería serlo. Cuántos platos tuvo que romper, podrá pensar cualquiera. En su casa no estaban para tirar cohetes; así que ya buscaría él el medio de no acabar con la vajilla propia, por muchos que rompieran los payasos en el circo algunas veces. Luego nos contaba que al principio ensayaba en su cuarto y que no le salía demasiado bien porque estaba más pendiente de que los platos no cayeran que en el propio juego malabar; que seguidamente lo hacía juntando las camas, la suya y la de su hermano mayor, que siempre le decía que estaba loco con aquellas cosas tan raras que inventaba, y sobre éstas para evitar, si cayera el plato, que se rompiera al golpear contra el colchón. Para al final decidirse por algo más práctico, por el uso de platos metálicos, que el único destrozo que podían sufrir es que si estaban pintados se descascarillaran.
Lo de los platillos le duró una temporada. La ausencia de riesgos y lo monótono del ejercicio le llevaron por otro derrotero, que volvía a sorprendernos; pasando desde entonces al equilibrio, no sobre la cuerda ni sobre el cable, como los funámbulos, sino sobre el rulo. Un día colocó una tabla sobre una botella, apoyándola en uno de los extremos en el suelo, se subió a ella y se balanceó una o dos veces hasta que la tabla se marchó para uno de los lados y la botella para el contrario, dándose él un costalazo de padre y muy señor mío. Pero ya he dicho antes que era cabezota como el que más, que no se arredraba a las primeras de cambio, que una caída no lo iba a acoquinar, que era de los de erre que erre y siguió subiéndose y dándose golpes hasta que dominó a aquel rulo, que seguía siendo en principio una botella, y a la tabla, subiéndose y bajándose en ésta, balanceándose después, con la misma facilidad con que nosotros subíamos y bajábamos cualquier escalón.
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Entrega Nº 242
EL TÍO PENCHO ( I )
MANUEL SÁNCHEZ BAENA - MAN
Humorista gráfico nacido en Melilla en el año 1934 y que falleció en Murcia el 10 de septiembre de 2020
Manuel Sánchez Baena
ejerció la Medicina con la especialidad de Cardiólogo en la Residencia
Sanitaria Virgen de Arrixaca en su inauguración en el año 1968, ejerciendo la
dirección de la misma y que actualmente es conocida como Hospital General
Universitario Morales Messeguer.
Además de humorista gráfico trabajó en publicidad, ilustró
artículos en diferentes medios y publicaciones, presentó varias exposiciones
pictóricas con obras a plumilla y
acuarelas, decoró piezas de cerámica que él mismo cocía.
Pero por lo que más querido y admirado en toda Murcia fue por
ser el dibujante creador de las tiras de prensa del Tio Pencho, publicándolas
diariamente durante 49 años en el Diario de Murcia “La Verdad” desde el año
1971 hasta su muerte. Diario que el siguiente día de su fallecimiento publicó
la última tira del Tio Pencho, dibujado por el mismo MAN, y que recoge la
asistencia de su personaje con todos los suyos
al cementerio el día de su entierro.
domingo, 12 de abril de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES
Con los trompos era un artista, les quitaba las púas
originales, cortitas y redondeadas, y las reemplazaba por otras más largas, que
introducía, nos decía, para que se ajustaran mejor untándolas de excrementos de
caballos y que iba pacientemente puliéndolas en su punta para que quedaran
suaves al bailar sobre las palmas de las manos, a lo que nosotros atribuíamos la
expresión de “estar pajitas”. Lógicamente, en el arte de bailarlos también
destacaba y hasta se atrevía a tirarlo al aire y cogerlo con la mano, donde el
trompo bailaba sin ninguna dificultad.
Por el contrario no tenía paciencia para jugar al fútbol con los botones y menos aún a aquellas vueltas ciclistas que organizábamos con chapas, dándoles chiclazos con el dedo corazón suelto después de retenerlo con el pulgar y siguiendo rutas que presentaban toda clase de dificultades o trampas, dibujadas en el suelo de la plazoleta. Se aburría con estos juegos que él tenía por muy sedentarios y lentos; además de sujetos a demasiadas normas estúpidas, como la de si te salías, aunque fuera al final, tenías que empezar de nuevo o que no valiera cortar camino entre tanta curva dibujada en el suelo o tener que esperar un turno, que se hacía pesadísimo cuando eran muchos los jugadores, que era lo habitual. Aunque tenía la misma edad que nosotros en muchas de sus cosas parecía mayor y no sabría explicar el porqué; quizás porque era educado y serio en su trato con los mayores, lo que le habrían inculcado sus progenitores desde la portería y con relación a todos los vecinos del portal y que él trasladaba a todo el mundo que le rodeaba.
Sin embargo, lo suyo era el circo. Soñaba con ser artista circense y con que su nombre algún día apareciera en cualquiera de aquellos grandes carteles que llenaban la ciudad cuando estos se desplazaban a Melilla.
Y toda esta historia la empezó por los ejercicios físicos que hacía y que todos no podíamos llevar a cabo o estábamos expuestos a algún que otro batacazo si lo intentábamos. Empezando por aquel de colocarse en sentido vertical y cabeza abajo apoyándose en las palmas de las manos, lo que llamábamos el pino, sin necesidad de la pared, con cuya ayuda lo hacían algunos otros. Pero es que él llegaba a más, pues se permitía el caminar en esta postura durante un buen trecho. Siguieron a estos ejercicios sus “cangrejos” en sus dos vertientes. Daba una voltereta y sin levantarse al caer, con el cuerpo totalmente encorvado y mirando hacia arriba, caminaba como este animal, apoyando manos y pies o también, conseguía esta figura, echándose el cuerpo hacia atrás lentamente y curvándolo, flexionando sus piernas, hasta que con las manos tocaba el suelo. Nos parecía que estaba descoyuntado. Y por último vinieron sus mortales; primeramente uno sólo y después, con el paso del tiempo y cuando adquirió seguridad, varios.
VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS
Entrega Nº 241
LA FAMILIA CHURUMBEL ( II )
MANUEL VÁZQUEZ GALLEGO Biografía en la Entrega nº9
En esta imagen falta el hijo mayor
La
familia Churumbel está compuesta por los siguientes personajes:
El
cabeza de familia es Mamué, hombre
robusto y bigotudo, tocado con un bombín y que siempre fuma puros. Es muy
alegre y muy valiente, poseyendo grandes dotes de líder y está dotado con un
gran ingenio.
Su
esposa es Rosariyo, de profesión ama
de casa, dedicada a sus labores. Es una mujer muy sumisa y que admira un montón
a su marido. Nunca le falta su enorme
pañuelo atado al cuello, donde reposa su hijo
menor, el pequeño de la casa, un bebé que a pesar de contar con pocos meses
ya aprendió el oficio de robar todo lo que se pone a su alcance. Es sin duda el
más digno y prometedor continuador de la familia.
Después
tenemos al abuelo, que es un vejete
muy bajito, de enormes bigotes blancos y con un gorro cordobés que tapa casi su
rostro, menos la nariz. Es el rey de los afanadores y capaz de llevar a cuestas
gigantescos objetos.
Y nos falta el hijo mayor, el que no está en la imagen, porque es considerado como la “oveja negra” de la familia, ya que le encanta seguir estudios universitarios y el trabajo. Toda un terrible vergüenza para su padre, Manué.