lunes, 12 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 61

            Un juguete de nuestra niñez:   LA ARQUITECTURA DE MADERA


        Lo lúdico y ya me parece haberlo señalado con anterioridad es algo consustancial al niño y cualquier elemento que participe de dicha actividad o la propicie nunca permanece indiferente a éste.

     El juguete era el objeto deseado en determinadas celebraciones, como los cumpleaños o las onomásticas; cuando se recibía a familiares lejanos en el espacio, que siempre traían algo para los pequeños de la casa; al tener éxito en alguna prueba o cuando te veías envuelto en la enfermedad. Y en especial, se convertía en leit motiv de la fiesta de los Reyes Magos. ¿Alguien se puede imaginar un seis de enero sin la visita en la noche de vísperas de Melchor, Gaspar y Baltasar o con sus manos vacías de juguetes? ¿Qué sería, por otro lado, de un Santa Clauss, Papá Noel o San Nicolás con sus sacos sin ningún juguete? Sería algo así tan impensable como ver a una criatura en su niñez, contando con salud y sin querer jugar.


            Es cierto que la vida ha evolucionado en demasía últimamente y además de forma acelerada, por lo que nos ha cogido en algunos aspectos como algo desprevenidos y el juguete no iba a escapar a estos cambios brutales, por lo que los niños de hoy no suelen jugar con los artefactos de antaño; ni los de mis tiempos podían imaginar en la existencia de esas maquinitas creadoras de “tics”, que te arrojan a una competitividad tremenda por conseguir no sé cuántos puntos, cuanto más mejor, o cuidar o dejar morir a un muñequito de poco más de dos milímetros que aparece en una pantallita y que tuvo su momento de moda, como fue el nominado como Tamagotchi.


            En nada se parece aquel aro obtenido de la llanta de una rueda vieja y ya en desuso de una bicicleta añeja sin radios ni nada más y conducido por una guía de hierro o de alambre del duro con la sofisticada Play station. Nada tienen que ver aquellos caballitos de cartón piedra o de madera recortada con su forma y pintados con esos patinetes movidos por baterías, que no tienen ni que impulsarlos con el pie, como los ejemplares de nuestro tiempo. Cómo comparar la sencillez y el candor de la Mariquita Pérez de las niñas de nuestro tiempo con la Barbie y su lujoso e inacabable vestuario, que hasta le buscaron novio o marido, vaya usted a saber y que presentan ejemplares que la muestran embarazada para que las niñas de ahora desde su más tierna infancia estén relacionados con estos estados tan naturales de la mujer.


VERSOS LANZADOS AL AIRE


            LAS CRISIS Y LOS MANGANTES

            Para tomos y más tomos,
para llenar mil estantes,
para ocultar cielo y tierra,
para cubrir viejos mares,
sobran palabras, palabras,
testarudas, malsonantes,
malnacidas, al amparo
de esta “roña” interminable,
de crisis de “mandan huevos”
y de lustrosos mangantes,
de crisis de “rompe y rasga”
y de cacos elegantes,
de crisis de “apaga y cierra”
y paraísos fiscales.

            Y… ¿Cómo acabar con ello,
con ellos y sus secuaces?
Sin justicia y sin honor,
sin caballeros andantes,
sin “darle leña a los monos”,
ni castigo a los culpables,
sin coser las mangas anchas,
ni tratar de igual o iguales,
al caminante de a pie
y al del rico carruaje.


P.D.
FALTAN 48 DÍAS
QUE NO NOS ENGAÑEN MÁS CON LO DEL GOBIERNO PROGRESISTA. ¿QUIÉNES HAN PROGRESADO CON ELLOS, SINO ELLOS MISMOS?...

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  19

            JUAN ÁLVAREZ MONTALBÁN   -    JUAN ÁLVAREZ,  MONTALBÁN Y PETENERAS

            


            Juan Álvarez, que firmará sus obras con su nombre y primer apellido o con Montalbán, su segundo, o con Peteneras, nació en Mazarrón (Murcia) en el año 1960. Es un dibujante de comics, también dibujante de animación e ilustrador, que fue el creador de los personajes conocidos como "Los Mendrugos" , "Lucía, gabinete de sexología" y otros como "Hera y sus cosas de bombera.

            Comenzó su andar en el mundo del cómic dibujando historietas inspiradas en El Teniente Blueberry y Tintin, en el pueblo murciano de Mula, donde residió en su infancia.

            A los 18 años, con una maleta y una carpeta de dibujos, viaja a Madrid, introduciéndose en el mundo de los dibujos animados, colaborando en series de la productora norteamericana Hanna Barbera y, más tarde, formando parte del equipo que realizó la serie infantil Don Quijote de la Mancha para TVE. Crea ilustraciones para el programa Vivir cada día de TVE y trabaja regularmente desde la capital para Diario de Murcia y La Quincena.

            La Editora Regional de Murcia le encarga, en 1982, una versión en cómic del Estatuto de Autonomía de la Región de Murcia. Al año siguiente, colabora en la revista cultural El Pregonero. En diciembre gana el premio del concurso de la revista "1984". En 1985 es premiado en el programa de TVE Tablón de Anuncios. Ese mismo año conoce a su colorista Jorge Juan Gómez, que le da una nueva dimensión cromática a sus historietas. En esta época, la obra de Juan Álvarez y Jorge G., que así era más conocido, pudo verse en las revistas TBO, Zona 84 y Totem. Tampoco abandona completamente el dibujo animado, realizando story boards para series alemanas (Benjamin Blünchen), canadienses (Babar) y estadounidenses. A finales de los 80, creó el personaje Frasco para la revista cultural Boca a boca y, poco después, junto a Vicente Tiburcio,el de Pacheco y los africanos en Esta Región.

            A mediados de los 90, crea el personaje Santi Boom, para el diario La Verdad, y Nacho Cubatas, para la revista de ocio Venga!. Desde entonces ha colaborado en publicaciones como Puta mili (con el personaje Capitana Diana), Crecer feliz, Penthouse, Interviú, Diario As, El Faro de Murcia (con el personaje Juanpa Tiño), Playboy (España), Dinero inteligente, Primera línea, DT y la versión italiana de Totem, entre otras.[] Publicó en Playboy (versión USA), El Jueves (su personaje Lucía, gabinete de sexología), L'Echo des Savanes Francia) y, desde el verano de 2007, en la revista italiana Blue, Penthouse Cómix y Amaníaco. En 1990, la revista semanal El Jueves comenzó a publicar su personaje M.M. el loco del claustro, que en aquella época aparecía en el periódico Campus de la Universidad de Murcia; también empieza a realizar tiras para Diario 16. Un poco más tarde, en agosto de ese mismo año, crea Los Mendrugos, con el color de Jorge G., cuya temática sigue las desventuras de cuatro estudiantes de Derecho en la Universidad de Murcia (M.M., el Gordo, Tete y Adolfo), centradas en el ambiente universitario, las fiestas, la picaresca para aprobar y las relaciones y obsesiones sexuales.

            En estos últimos años su actividad, junto a Jorge G., fue tremenda, fundan y son miembros de la Asociación de los Amigos los Tebeos, coordinadores de la Biblioteca Regional de Murcia, dan conferencias, propician encuentros internacionales en torno al Comic, director de la Empresa A2 Comunicación, realizan el Salón del Mangas, promueven conciertos, concursos, talleres, club de lectura, encuentros con autores y autoras...

 

domingo, 11 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO,  nuestra querida madre.    ( IV )


               La rotura de la cabeza del otro fémur la lleva de nuevo al reposo, ya no quiere ser intervenida quirúrgicamente y con éste se le llega a formar una callosidad que aún con el riesgo de romperse nuevamente, de momento le evita el hospital.

         Pepita ya no es la misma. Aquella extraordinaria mujer siempre erguida. muy derecha, de piel sedosa, tersa y blanca, sin apenas arrugas en su rostro a pesar de sus muchos años y de tanto sufrimiento y de su pelo cano, que jamás se tiñó y que le daba un cierto aire interesante, agraciada como siempre se mostró en fotos de su juventud y que llamaba la atención en su conjunto y en especial, como señalé anteriormente, por su piel y su caminar siempre tan derecha, ha cambiado muchísimo.

        Sin embargo y en una prueba más de su fortaleza en la debilidad natural y de su fuerza de voluntad, cuando ya todos creíamos que no iba a poder dejar la silla de ruedas para desplazarse de un lugar a otro, a la que dicho sea de paso detestaba, un día nos sorprende caminando de nuevo con dos muletas, que incluso llega a sustituir por una sola para poder moverse por su casa sin necesidad de nadie.

       Y termina sus últimos años de vida, porque su única hija, su querida Cuqui, ya no vivía y porque así lo quiso ella para no molestar a ninguna de sus nueras, en una Residencia, en donde la pueden atender de sus dolencias mejor que en cualquiera de nuestras casas; pero faltándole también el calor de unos hijos y nietos por los que había empeñado toda su vida, entregada de tal manera en esta tarea que no pudo gozar de casi ninguno de los alicientes que tiene este efímero paso de los mortales por esta bendita tierra de Dios.

      Muchas de aquellas clientas, como la familia Montes o aquellas otras que nosotros llamábamos de Nador, porque venían de dicha población y habían vivido también en Venezuela, la de Estrella o la de Morales, o la dueña del Cine Nacional, por citar a algunas, seguro que recordarán a Pepita como una extraordinaria modista y una excelente persona.

      Para nosotros fue un símbolo, una bendita persona que aún sin frecuentar la iglesia ni participar en su liturgia con asiduidad, si existe el cielo, por su bondad y la vida que le correspondió interpretar aquí en la Tierra, seguro que ella tendrá una parcela en el mismo. Por nuestra parte, Josefa Fernández Hurtado, Pepita la modista, es merecedora de algo más que este sentido y sencillo recuerdo. Yo, por ingenuidad o por lo que sea, desde que se me fue la recuerdo en muchas y ocasiones y en especial antes de dormirme cada noche me encuentro con ella en el pensamiento, como en un ejercicio sencillo de gratitud, pidiendo al Señor por ella, y a ella para que interceda ante Él por todos nosotros.

         ¡Gracias, mama!

VERSOS LANZADOS AL AIRE

SÓLO LOS SILENCIOS

            Sólo los silencios saben
donde duermen las palabras,
donde moran los suspiros,
donde los sueños descansan.
¡Sólo los silencios!

            Sólo los silencios saben
donde se oculta la nada,
donde nacen los amores,
donde se inventan las almas.
¡Sólo los silencios!

            Sólo los silencios saben
donde el dolor se agiganta,
donde se esconden los tiempos,
donde la vida se acaba.
¡Sólo los silencios!

            Sólo los silencios saben
saberes de horas pasadas,
decires de fantasías,
envueltos en fina paja.
¡Sólo los silencios!

P.D.
FALTAN 49 DÍAS
¿SABREMOS ALGÚN DÍA EL "PORQUÉ" DE TANTO SILENCIO POR PARTE DELGOBIERNO Y DEFENSA DE MARRUECOS Y DE LA INVASIÓN DE CEUTA?

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  18

            JUAN RAMÓN ALONSO DÍAZ-TOLEDO   -    JRA, JUAN RAMÓN ALONSO


            Juan Ramón Alonso es un dibujante, portadista de libros para adultos, ilustrador de literatura infantil y juvenil, pintor y profesor de dibujo nacido en Madrid en el año 1951 y que falleció en Collado Villalba (Madrid) el 18 de agosto de 2025.

            Juan Ramón Alonso estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Academia de San Fernando, donde se especializó en Pintura. Durante más de dos décadas, compaginó su labor como profesor de dibujo con la ilustración editorial. Su estilo, caracterizado por una mezcla de realismo poético y fantasía contenida, logró capturar la esencia de los relatos que ilustraba, dotándolos de una dimensión visual que enriquecía la experiencia lectora.

            Uno de sus primeros trabajos destacados fue la ilustración de Tom Sawyer detective, de Mark Twain, publicado en la colección Austral Juvenil de Espasa Calpe a principios de los ochenta.

 


            Desde entonces, colaboró con numerosas editoriales nacionales y extranjeras, en calidad de ilustrador de literatura infantil y juvenil y también como portadista de colecciones de literatura para adultos. 

          Trabajó con numerosas editoriales nacionales e internacionales, como Lóguez Ediciones, Bruño, SM, entre otras y colaboró en publicaciones y prensa como El País, Triunfo o Cuadernos para el diálogo. 

           Su obra se caracteriza por el uso de técnicas mixtas (como acuarela y lápices de colores) y un estilo de realismo poético y fantasía contenida.

sábado, 10 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre.   ( III  )

          Pepita dormía poco, se levantaba la primera y se acostaba la última, para en su soledad tirar trabajo fuera y preparar más, para que durante la jornada laboral no les faltara el mismo a las oficialas, a Matilde, a Lina, a Loli y Toñi, entre otras, a las que recuerdo con especial agrado. A toda aquellas mozas y ya menos jóvenes, siempre alegres, gastándose bromas y entre risas, contando chismes de fulanita o de menganita, canturreándose alguna cancioncilla o copla, algunas hasta picantonas, que cesaban cuando aparecía Pepita y se volvía a la aparente seriedad y formalidad.

         Cando la sombra de su viudez casi ha desaparecido, porque el excesivo trabajo no le deja pensar en la tristeza de la ausencia de su marido, mi padre, otra desgracia la sacude sin piedad. Su ojito derecho, la única mujer de los cinco hermanos, la mejor de todos por sus extraordinarias cualidades humanas, la dulzura y sencillez personificadas, su angelical Cuqui y adorada hermana nuestra, fallece cuando acaba de cumplir los veintiséis años. ¡Cómo recuerdo aquella foto suya con traje de noche largo que le había hecho su madre, Pepita la modista, para algún baile de fin de año y que nunca faltó del probador de nuestra casa!


            ¡Qué cierto aquello de que nadie muere de pena! No tiene tiempo de llorar, tiene que seguir peleando por sacarnos adelante a todos nosotros, a los que ahora se suman dos encantadoras criaturas de dos y cuatro años, sus retoños, que se vienen a vivir a nuestro hogar. La realidad de la vida le quita con brutalidad a la que más quería; pero la consuela entregándole a sus dos hijos, Marimel y José Ángel, que le dan motivos y fuerzas para seguir adelante.

        Con el paso de los años su taller se va reduciendo, sin que ella deje de trabajar por ello. Cada uno de nosotros inicia su propia vida por separado y se le viene encima, poco a poco, su soledad. Aparece el capítulo de sus males personales; ya habían descubierto en ella los médicos su diabetes y convive con ella sin grandes traumas, desde entonces su existencia camina inseparablemente de la insulina. Era tal su fuerza de voluntad, que las tartas y dulces no faltaban en casa en fechas señaladas de celebraciones, encargados por ella porque sabe que son de nuestro agrado en tales días y ni las prueba, aunque se le van los ojos detrás de ellos, porque en su mocedad también fue golosa. El régimen de comida lo lleva a rajatabla y sólo se permite pequeñísimos excesos y en casos muy puntuales. Luego vendría la rotura de una de sus rótulas y la tienen que intervenir y que era como el preludio de roturas posteriores más graves, como lo fueron las de las dos cabezas del fémur. Lo de la rótula lo supera inmediatamente, aunque ya tiene años encima y la mejor rehabilitación la realiza en casa, utilizando sin descanso el pie de sus máquinas de coser.


            Cada vez trabaja menos para la calle, sólo se queda con sus clientas de toda la vida, escogidas y que no se resisten a buscar otras modistas. Son grandes señoras, cuyos cuerpos y su evolución conoce perfectamente Pepita. Ya no tiene que soportar la carga de una gran casa. Eso sí, tiene una debilidad, su nieta, que cuenta, aunque ella diga que no tiene nada que ponerse nunca, con un vestuario extraordinario, difícil de igualar y ejecutado principalmente por ella. De pronto se ve sola, con Maimona y hasta en cortas temporadas vive con algunos de nosotros. Estando con Ángel en Málaga, al levantarse de la cama se cae y se rompe la cabeza del fémur o se cae porque ya se ha roto su apófisis. La intervienen en Sevilla y comienza para ella otro calvario que sin embargo y como era algo habitual, lo lleva con una paciencia ejemplar. Le implantan una prótesis y se ve obligada a llevar muletas; pasa el tiempo y la rechaza, por lo que tienen que volver a intervenirla y cambiarla por otra, según nos dijeron, de iridio y platino. Vuelve de nuevo a las muletas y curiosamente no deja su actividad, sigue cosiendo ahora con la ayuda de motor en sus máquinas. Cada vez se acentúa más su independencia, ya que no quiere ser una carga para nadie y menos para ninguno de nosotros y sigue viviendo en su domicilio de siempre de la calle Teniente Coronel Seguí.

VERSOS LANZADOS AL AIRE

            SE ME FUERON

            (En memoria de tantos amigos queridos, el último Camilo)

            Se me fueron poco a poco,
en silente desbandada,
bien ligeros de equipaje,
buscando nuevas mañanas.
Se me fueron sin quererlo,
como furtivas barcazas
que, huyendo de tempestades,
buscan puertos de esperanzas.
Se me fueron, se me fueron,
a hurtadilla, rota el alma,
se me fueron, se me fueron,
cuando menos lo esperaba,
dejándome con las hieles
que resuman las distancias.

            Se me fueron no sé a dónde,
a iniciar dura batalla,
donde los soles benditos
brillan ausencias del alma.

            Se me fueron, se me fueron,
su vuelta es negra esperanza.


P.D.
FALTAN 50 DÍAS
SI SE HAN PRODUCIDOS MAS DOSCIENTAS MIL DESAHUCIOS EN OCHO AÑOS SIN HACER NADA POR EVITARLOS, QUE NO NOS ENGAÑEN CON ACAMPADAS ORQUESTADAS POR LOS "BUENOS".


HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  17

            SANTIAGO ALMAZAR CABALLERO    -    S. ALMAZAR

              

               S. Almarza nace en Santa Cruz de Zazar, Toledo, en 29 de abril de 1931 y falleció el 19 de abril de 2020 en Madrid. Fue humorista gráfico, dibujante y caricaturista, que trabajó en dibujos animados, publicidad e ilustración.

        Tardó en decidirse a emprender enteramente una carrera profesional basada en el dibujo; pero al final lo hizo, acudiendo a los estudios moro, de Madrid para trabajar en la animación. Alternando este trabajo con encargos de agencias publicitarias y con obras para el sello SARPE durante los años 60, publicando en la revista  CHÍO, destacando entre sus series la de Anacleto, detective fracasado.

        En el campo del humor gráfico comienza en 1955 en las páginas de la revista Don José, suplemento del diario España que en aquellos tiempos dirigía Mingote; para luego saltar a diferentes periódicos, tales como Pueblo, La Actualidad, El Imparcial, Ya, Marca y Sábado Gráfico. Fue destacable también su aportación al ABC, concretamente en su suplemento Al Loro.

        En revistas satíricas publicó en La Codorniz, El Cochinito Feroz y en la Golondriz; en Diez Minutos y en la nueva revista Balalaika

        En 1989 publicó su libro Mis primeros versos, junto a Ángel Cámara y editado por el Ayuntamiento de su pueblo. Y en 1993 ilustró el libro Diccionario en clave de humor de Rafael Escamilla. Éxito notable consiguió con “Los chistes de Morán”, con gags dedicados al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, socialista, entre los años 1982 y 1985.

        Terminada su trayectoria de humor gráfico se dedicó a la pintura, concretamente a la acuarela.

        Recibió el Premio Paleta de Agromán, en los años 1983 y 1987. Ganó el Certamen de Humor de la Villa de Madrid en el  2000. Fue Premio Notario de Humor en 2004 y Profesor Honorario de Humor concedido por la Universidad de Alcalá de Henares.

        Su estilo, en esencia, fue de un dibujo expresivo y de trazo suelto, con una enorme facilidad para la caricatura. Su humor fue siempre muy elaborado y al mismo tiempo muy fresco.  


viernes, 9 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  60

            Una modista: PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre.   ( II )


     Sin apenas saber escribir bien, en pequeños cuadernitos anota las medidas básicas tomadas sobre el cuerpo de su clienta, acompañada de su nombre o apellidos y hay que verla cortar el tejido, colocado sobre la mesa, trasladando sus medidas a él con aquellos metros amarillos que se enrollaban a mano, señalando la forma con aquella especie de pastilla de jabón pequeña y dura que servía para marcar y sin jamás usar patrones. Se gozaba, aunque éramos unos críos, viéndola reproducir los vestidos elegidos de los figurines sobre el maniquí de turno; como con la ayuda de los alfileres que había en unas almohadillas o sin sacar aún del papel en donde venían clavados en perfecto orden, daba forma al cuerpo, cortando por aquí y por allá, uniendo las diferentes partes con costuras sueltas que sólo servían para apuntalar el vestido. Luego venía la primera prueba, que llevaba a cabo en la habitación primera de la casa, la más cercana a la puerta, donde además de dos tresillos, un armario y una mesita pequeña y redonda, existía un gran espejo donde poder mirarse con comodidad la señora o señorita, que de todo había, y que nosotros llamábamos el probador, en donde con alfileres se afinaban las medidas sobre el mismo cuerpo de la clienta o se señalaban con puntadas los reajustes. Más tarde el vestido era marcado por pespuntes largos que iban reemplazando a los alfileres, para pasar a continuación a manos de las oficialas, que siguiendo las indicaciones anteriores lo iban cosiendo a máquina con el fin de prepararlo para una segunda prueba. En tanto que las aprendizas, como su nombre indicaba, se instruían en esta tarea, sobrehilando, poniendo botones, aprendiendo a hacer ojales y a echar dobladillos, pespunteando y con una tarea añadida que les venía divinamente, como era la entrega de los vestidos ya concluidos en los domicilios de las propietarias, en donde en la mayoría de los casos recibían las correspondientes propinas, amén de que se escapaban del taller para tal menester  y disfrutaban de la calle, en donde no faltaban alicientes de todo tipo.


Aún siendo niños y sin tener inclinaciones al otro sexo, por supuesto, estábamos familiarizados con la terminología propia de la costura, del corte y confección, porque crecimos entre ella. Es más, a veces nos veíamos obligados a hacer algunos recados con relación a la misma; que en honor a la verdad no nos agradaba en absoluto y daba generalmente origen a gestos fruncidos como evidentes muestras de enfado, pues entendíamos que este tipo de compras eran más bien propias de las niñas. Teníamos que ir principalmente a Casa de la Callera, establecimiento de todo tipo de artículos, a comprar hilos: blancos de sobrehilar o de coser más tupido, negro o de colores, que se ofrecían en unos muestrarios perfectamente ordenados y que pertenecían en su mayoría a la fábrica de Fabra y Coats, ubicada en Cataluña, pues no podía ser en otro lugar del país tratándose de algo relacionado con lo textil, llevando una muestra de la tela para escoger el más parecido a la misma; alfileres, cintas, elásticos, corchetes, etc. 


            Y preparábamos también a mano las facturas, porque teníamos mejor letra. Cuántas veces mi hermano Clemente se lamentó de no habernos cogido a los mellis con unos cuantos de años más con el fin de poder apoyar el negocio de mi madre, para traer telas y sobre todo, contando con su habilidad para el dibujo y su creatividad, para dedicarse al diseño de moda por el que tenía una cierta atracción, pensando que podía haber llegado a realizar cosas interesantes. Prueba de lo anterior y es que a pesar de los pocos años, en más de una ocasión, cuando mi madre tenía alguna dificultad para interpretar alguna de las fotos que aparecían en los figurines le pedía a mi hermano que se las dibujara en un papel en blanco o cuando tenía alguna idea propia de cómo resolver alguna situación comprometida o porque le encantaba una forma determinada, también recurría a él y dándole las explicaciones pertinentes terminaba el vestido reflejado en el papel.

VERSAS LANZADOS AL AIRE

            A LO MEJOR

            A lo mejor, sin saberlo,
alguien encuentra estos versos
y, por la curiosidad,
le da, a éste, por leerlos.

            Y a lo mejor, sin saberlo,
piensa en su anónimo dueño,
aquel que, al naciente otoño,
prólogo de frío invierno,
le compuso este poema,
de existir, bastante incierto.


            Y a lo mejor, sin saberlo,
piensa en él, en otro tiempo,
y, sin saber, lo recuerda,
propiciando un nuevo encuentro,
para darle vida nueva,
entre tanto verso muerto.

            Y a lo mejor, sin saberlo,
el otoño de estos predios,
deja caer miles hojas,
caducidades de estreno,
para recordar al alguien,
que leyó estos pobres versos


P.D.
FALTAN 51 DÍAS
Y A LO MEJOR LA GENTE NO SE DEJA ENGAÑAR POR LOS SILENCIOSOS SINDICATOS COMPRADOS POR EL PODER, UGT Y CCOO, CALLADOS COMO P... DURANTE OCHO AÑOS CON EL TEMA DE LA VIVIENDA, AHORA CONVOQUEN UNA HUELGA GENERAL Y POLÍTICA CONTRA LA OPOSICIÓN. 

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO 16

            ALFREDO GONZÁLEZ SÁNCHEZ   -   ALFREDO


            El dibujante Alfredo nace en Agüeira, Aller (Asturias) el día el 13 de abril de 1933 y falleció en Madrid el día 3 de agosto de 2024. Además de dibujante fue ilustrador, himorista gráfico, pintor y publicista.

            Alfredo González Sánchez, que firmaba sus trabajos artísticos como Alfredo y que en ocasiones utilizó el sobrenombre de "Cafarini", nació en el pueblo de Agüeria, en el concejo de Aller, en Asturias, en 1933. A los trece años abandonó su pueblo natal para ingresar en el colegio para niños con vocación religiosa que los Dominicos mantenían en Villava (Navarra), del que saldría trece años después.

            En 1959 emigró a Madrid para ganarse la vida. Su trabajo, que tuvo algunos intentos artísticos (se convirtió en galerista del Grupo El Paso), se dirigió más por la rama publicitaria, trabajando en la Agencia Clarín y para L'Oréal, H. G. Morrison, Extensa Publicidad y McCann Erickson.[2]

           Después de casarse  en 1965, en el año 1971 se fue con su familia a Caracas (Venezuela) con un contrato de una agencia publicitaria, permaneciendo allí cinco años. Durante este tiempo realizó también diversas exposiciones de pintura. Regresó a Barcelona en 1976 y emprendió una nueva fase en su carrera que mantendría hasta el final de su vida laboral como publicista e ilustrador "freelance". Además de la publicidad, durante su estancia en Barcelona colaboró con las revistas satíricas "El Papus" y "El Jueves" en los primeros años de la democracia.[]

            Instalado definitivamente en Madrid en 1977, comenzó entonces sus colaboraciones en periódicos y revistas como "Pueblo", "El País", "Diario 16", "Cambio 16", "ABC", "El Independiente", "Actualidad Económica", "Interviú" y "El Mundo", además de innumerables agencias de publicidad.

            Realizó asimismo numerosas exposiciones, entre las que destacaron La Publicidad y Los Publicitarios, Moscú Nueva York, El Camino de Santiago, trabajo que realizó a raíz de su experiencia como peregrino, y más recientemente La Ventana de Atrás, Desmemorias de un Dibujante.

        En los comienzos de los años ochenta sus dibujos le consagran como dibujante de ciudades, con un dibujo acelerado y caricaturesco. Otra gran faceta de su trabajo fue como ilustrador de libros, ya fuera en colaboración con otros autores como Francisco Umbral en Teoría de Madrid (1981), Rosa Y Azul de Jorge Luis Borges (1977) o con sus propios textos, como sus recientes memorias La Ventana de Atrás, Desmemorias de un Dibujante (2017).

            Falleció a los 91 años el 3 de agosto de 2024.

          Entre otros premios fue reconocido con el Premio Nacional de Dibujo Penagos-Mapfre (2003), el premio "Asturiano del Mes" [] y el Premio Nacional de Ilustración (2017).

jueves, 8 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre   ( I )


            Tarea bastante difícil la de hablar uno de su madre sin caer en la tentación de ponerla por las nubes; principalmente, porque este pobre mortal le debe algo tan importante como es la propia vida.

         Mujer bragada como la que más, pues jamás se hundió ante las numerosas adversidades que jalonaron su larga vida. ¡Qué verdad esa que señala que cuando en una casa falta el hombre, la mujer coge el timón y sale a flote; en tanto que, cuando es ella la que falta, el varón lo tiene muy difícil y se convierte en un barco que potencialmente y salvo raras y contadas excepciones tiende a irse a pique!

         Nuestra madre enviuda cuando nosotros, los mellis, tenemos sólo dos añitos y en época en que eso de la Seguridad Social era una utopía. Por mi padre, trabajador de la Tabacalera, que fallece en plena juventud, no recibe ninguna paga, tan sólo la promesa de que cuando alguno de sus hijos alcanzara la mayoría de edad para trabajar, se estudiaría la posibilidad de que entrase en la empresa; cuestión que sólo quedó en promesa y en buenas intenciones cuando mi madre lloraba tan notable ausencia.


            Aquella mujer de San Pedro del Pinatar, murciana de origen, que se traslada en unión de su familia a nuestra Melilla siendo una jovencita, porque sus progenitores son hombres de mar y parece ser que en nuestra ciudad pueden forjarse un futuro mejor, aprende a coser y es lo que hará toda su vida, hasta que las fuerzas y la dichosa vista le faltan; las primeras por todos esos años de lucha y sufrimientos y la segunda, por esa dichosa diabetes que la acompañó como su sombra durante casi toda la vida, a la que también ella le presentó siempre batalla, llevándola con resignación y perfecto control, pero que termina por arrebatarle un sentido que fue fundamental para ella, el de ver y de qué manera.

         Concentra todos sus esfuerzos en la costura y porque tenía un don especial para ella, como si hubiera nacido para la moda con una gran dosis de intuición y creatividad, que nunca faltó en algunos miembros de nuestra familia, como si esto lo llevaran en los genes, se hace con un modesto nombre en nuestra ciudad. Pepita, con sus treinta y pico de años aproximadamente, mujer todavía joven, con un tesón envidiable porque tiene que sacar adelante a sus cinco criaturas, a la muerte de nuestro padre, sin ayuda de nadie y porque también le gusta lo que está haciendo, se toma en serio lo del taller de costura y tira para adelante sin complejos y con la seguridad de que aquello le va a funcionar. Tiene además la fortuna, dentro de la desgracia de perder a su ser más querido, de formar un tándem con otra viuda en soledad, esposa de uno de sus hermanos, mi tía Carmen, en el que mientras una labora con el fin de obtener los ingresos suficientes para vivir con dignidad, la otra se ocupa de la faena doméstica completa de la casa.


            Pepita es buena en su trabajo, lo que viene a ser avalado por el continuo aumento de su clientela; hasta tal punto de que hay que solicitar sus servicios con bastante tiempo de antelación, que hay que ser previsora con ella. Es además seria y muy exigente en el mismo, amante de las cosas bien hechas. Ella toma medidas, corta en la gran mesa cuadrada del comedor y monta en aquellos maniquíes que nunca faltaron en mi casa, como testigos mudos de todos sus trajes, faldas, blusas, vestidos y abrigos. Las oficialas y aprendizas, en buen número, laboran en el cuarto de al lado, donde se encuentran las dos o tres máquinas de coser de las marcas Singer o Alfa. Sabe escuchar y atiende las indicaciones de sus clientas; pero sin privarse de aconsejar a éstas lo que le va mejor a su cuerpo, a su hechura, en razón del tejido escogido y a la moda que se refleja en las revistas de moda de cada época, que también abundaban en nuestra casa, como el Marie Claire, el Hogar y la Moda o el Burda, por poner algunos ejemplos.


            Sin apenas saber escribir bien, en pequeños cuadernitos anota las medidas básicas tomadas sobre el cuerpo de su clienta, acompañada de su nombre o apellidos y hay que verla cortar el tejido, colocado sobre la mesa, trasladando sus medidas a él con aquellos metros amarillos que se enrollaban a mano, señalando la forma con aquella especie de pastilla de jabón pequeña y dura que servía para marcar y sin jamás usar patrones. Se gozaba, aunque éramos unos críos, viéndola reproducir los vestidos elegidos de los figurines sobre el maniquí de turno; como con la ayuda de los alfileres que había en unas almohadillas o sin sacar aún del papel en donde venían clavados en perfecto orden, daba forma al cuerpo, cortando por aquí y por allá, uniendo las diferentes partes con costuras sueltas que sólo servían para apuntalar el vestido. Luego venía la primera prueba, que llevaba a cabo en la habitación primera de la casa, la más cercana a la puerta, donde además de dos tresillos, un armario y una mesita pequeña y redonda, existía un gran espejo donde poder mirarse con comodidad la señora o señorita, que de todo había, y que nosotros llamábamos el probador, en donde con alfileres se afinaban las medidas sobre el mismo cuerpo de la clienta o se señalaban con puntadas los reajustes. Más tarde el vestido era marcado por pespuntes largos que iban reemplazando a los alfileres, para pasar a continuación a manos de las oficialas, que siguiendo las indicaciones anteriores lo iban cosiendo a máquina con el fin de prepararlo para una segunda prueba. En tanto que las aprendizas, como su nombre indicaba, se instruían en esta tarea, sobrehilando, poniendo botones, aprendiendo a hacer ojales y a echar dobladillos, pespunteando y con una tarea añadida que les venía divinamente, como era la entrega de los vestidos ya concluidos en los domicilios de las propietarias, en donde en la mayoría de los casos recibían las correspondientes propinas, amén de que se escapaban del taller para tal menester  y disfrutaban de la calle, en donde no faltaban alicientes de todo tipo.