jueves, 19 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN, VIGÉSIMO SEXTA

26.-   Un cura:   EL PADRE OSÉS   ( II )

        Por el contrario, no me agradaban nada aquellos que nos impartían los Ejercicios Espirituales, a los que asistí en escasas ocasiones; pero sí en las suficientes como para poder opinar acerca de ellos. Posiblemente saldríamos de los mismos con el firme propósito de cambiar, de ser mejores, hasta con el convencimiento de encontrarnos bien por estar en gracia de Dios; pero con el miedo a la muerte metido en el cuerpo, con el pánico ante un terrible infierno de fuego eterno e incluso de un Purgatorio purificador y con la existencia de un Dios severísimo a la hora del Juicio Final con los pecadores. Con el complejo de serlo porque el Demonio era muy listo y sabía como tentarnos y con la creencia de que la felicidad, ni la más pequeña de un instante, estaba en la Tierra. Difícil de entender,  salíamos contentos, pero derrotados, con los ánimos por los suelos, casi con el deseo de abandonar todo por los peligros y riesgos que conllevaba lo cotidiano y dedicarnos a la vida contemplativa.


         ( Recuerdo de aquellos Ejercicios Espirituales que hicimos en el año 1960 en la Capilla del Hospital de la Cruz Roja )

         Menos mal, que como simples mortales, la vacuna no era demasiada duradera y pronto volvíamos a los nuestro, a ser cada cual como nos habían parido y a vivir cada cual su vida, a la espera de los siguientes Ejercicios, porque todos no teníamos la madera de su inventor, el santo Ignacio de Loyola.

              Por el contrario, siempre tuve admiración por los mendicantes y por los misioneros; por esos capuchinos del Pueblo, por ejemplo; algunos de los cuales no fueran aún ni sacerdotes, por su sencillez y austeridad, por la imagen que tenía de su permanente sonrisa, incluso al pedir, para sobrevivir y socorrer encima a los más desprotegidos, que en nuestra ciudad siempre los había; por la pobreza de sus atavíos y en especial de su calzado gastado de tanto callejear en demanda de caridad. De aquellos misioneros de los que guardo como fugaces recuerdos, que venían a la ciudad en épocas sin prefijar de antemano, para como los primitivos apóstoles, predicar la buena nueva y para despertar con los aldabonazos de sus palabras y experiencias nuestra solidaridad dormida para aquellos otros hombres, mujeres y en especial, niños de otros mundos, carentes de casi todo y con los que ellos compartían todo el tiempo de su vida.


            Y si en este apartado elegí al padre Osés fue porque me impactó algo de su ser cuando le conocí y tuve alguna relación con él, al ser el capellán de uno de los turnos de Campamentos que se celebraban en Rostrogordo y yo era un joven asistente al mismo. Mis hermanos mayores le conocían porque había casado a uno de ellos, a Domingo, nuestro primogénito. Pepe Vega y nuestro querido amigo de infancia “Tuli”, que eran los administradores de los Campamentos también le conocían bien y posiblemente fueran ellos los que le solicitaran que ejerciera como sacerdote en aquel turno, dado igualmente que el segundo de los citados también era administrativo en la Gota de Leche, ocupándose de la rifa que hacía esta Asociación General de Caridad, en donde el padre Osés era capellán.
    
                                                   (La Gota de Leche)
        Ante mi curiosidad, entre unos y otros me fueron aportando datos de aquel sacerdote de hablar pausado, moreno y de grandes ojeras, que transmitía paz y tranquilidad. Supe de su nacimiento en Málaga y de su posterior traslado, siendo casi un niño a Melilla, después de vivir una época en una de las Islas Chafarinas; de sus estudios en el Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de La Salle. De su vocación tardía para el sacerdocio; ya que no fue de aquellos pequeños que en el seno de familias numerosas y para aliviar las cargas se enviaban al Seminario para lo que Dios quisiera; pues tenía veintiocho años cuando emprendió su aventura religiosa, volviendo a su Málaga natal e ingresando en la Institución religiosa en el año 1949, para ordenarse como sacerdote en la mismísima catedral siete años después y celebrar su primera misa solemne en Melilla al casar a su propia hermana.

         Creo que era de los curas de a pie, de los tajos, más de las obras que de las palabras. Ingenioso, capaz de inventarse historias con otros que le seguían y apoyaban, aparentemente tan disparatadas y quijotescas, como la de la “Operación ladrillo”, que movilizó a gran parte de la sociedad melillense para aliviar el problema de la vivienda de algunos conciudadanos y que dio lugar a una barriada, la de la Santa Cruz, junto al barrio de Primo de Rivera. Estas casitas modestas, que fueron conocidas popularmente por su configuración como los “Conguitos”, porque el humor y el oportunismo no están reñidos con la necesidad y la solidaridad.

                            

            Con el paso de los años este asentamiento llegó a recibir el nombre de Barriada del Padre Osés, en reconocimiento a su labor.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


            Dejando aparcado el Capítulo de nuestras Criaturas de momento, abrimos de nuevo la ventana dedicada a los amigos de los tebeos, que la cerramos el 27 de Junio del año pasado con PETRA, personaje del conocido dibujante JOSÉ ESCOBAR SALIENTE, uno de los grandes de la Editorial Bruguera; para iniciar esta reapertura con unos cuantos personajes  de otro de los autores de historietas de Humor más importantes de nuestro país, como fue FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA.

Entrega  nº  231

13, RUE DEL PERCEBE   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA    Biografía en la Entrega nº 34


        Serie de historietas que aparecerá por primera vez en la segunda época de la revista TIO VIVO el 6 de marzo de 1961 y que muy pronto ganó popularidad.

         En los años 80, en pleno conflicto de Ibáñez con la Editorial Bruguera, al perder todos sus derechos de todas sus series, este creó un “spin-off” de la misma con el título de  “7, Rebolling Street”.

         Ibáñez publicó 314 páginas de la serie hasta 1967, aunque fue sustituido por el dibujante Juan Bernet Toledano en algo menos de dos meses. El 1968 Francisco Ibáñez vuelve a tomar las riendas de la historieta realizando 27 páginas hasta que la deja de nuevo a Bernet Toledano, que la continuó  con 57 entregas hasta el 26 de  enero de 1970 y has el cierre de TIO VIVO en 1981 se siguió publicando, pero cambiando viñetas de unas páginas a otras.

         En 1971 y 1972 se publican recopilaciones en la Colección Olé  de la Editorial Bruguera y a partir de 1990 Ediciones B, que se había quedado con el fondo de la anterior edita nuevos álbumes de estas series. Otras recopilaciones aparecen en la Colección Magos del Humor y Superhumor a partir de  1975.

         La recopilación más completa se realiza en la República Federal de Alemania en 1981 y 1983 con 9 álbumes con el título de “Ausgeflippi-Feschstrasse 13”, donde se publican 5 álbumes realizados por dibujantes desconocidos. Este éxito hace que Editorial Bruguera  vuelva a retomar la serie con 36 nuevas historietas que conforman su décimo álbum recopilatorio.

         En 2016 Ediciones B publica una edición completa de esta serie con tapas duras y gran tamaño y una semana después editaría su segunda edición, coincidiendo con el 80 cumpleaños de su autor.    

miércoles, 18 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SEXTA

Un cura:   EL  PADRE OSÉS   ( I )

        En primer lugar tengo que confesar que por diferentes circunstancias no fui una persona muy religiosa. Sin embargo, siempre sentí un gran respeto por el hecho religioso. Nací en el seno de una familia cristiana que se vio imposibilitada de una práctica religiosa cotidiana por tener que dedicarse en principio y por entero a eso que se conoce como la supervivencia y bien que lo consiguió. Huérfano de padre a los dos años, mi madre no tuvo más remedio que armarse de valor y tirar para adelante a base de trabajo y trabajo, lo que le impedía dedicarse a otras cuestiones que para ella eran secundarias. Para mi madre no existían domingos ni fiestas de guardar, sí cinco bocas que alimentar, cinco criaturas que vestir, a las que había que darles también una formación adecuada para que en un futuro salieran adelante y también lo logró. Todo ello, por supuesto, casi a base de un enclaustramiento en su propio hogar, del que quedaban al margen incluso las salidas dominicales a la iglesia para oír la santa misa.

        Hice mi Primera Comunión como tantos otros chicos de mi edad, sin complejos de ninguna clase, porque mi madre se preocupó de que no nos faltara nada, no destacando ni por exceso ni por defecto, y con la misma ilusión, felicidad y nerviosismos que la mayoría de los compañeros.


          Nunca fui a las clases de catequesis, la preparación para tan magno acontecimiento la recibí en el colegio y posiblemente mi primer contacto serio con un sacerdote fue en víspera del mismo cuando tuvimos que ir a confesar a nuestra parroquia, al Sagrado Corazón de Jesús. Ahora que han pasado tantos años me pregunto de qué pecados me podría confesar con mis sólo diez años y qué propósito de enmienda o arrepentimiento me acompañaría por los mismos. No lo veo claro, como no fueran algunas mentirijillas y desobediencias, algunas riñas con mi hermano mellizo, alguna que otra palabra altisonante en momentos de enfados, la lógica pereza infantil y pare usted de contar; ya que con esa edad, en donde uno sólo pensaba en el juego, qué mal se podía hacer o que conciencia de éste se poseía. Con los años sí que la misma vida te va enseñando.

     Fue el padre Fernández el que nos confesó y nos dio la Primera Comunión. De este sacerdote, aunque de manera difusa, guardo un grato recuerdo; no sé si por lo anterior o porque fue el que nos dio Religión en los primeros cursos del bachillerato en el Instituto. Tenía un trato agradable con todos nosotros y jamás tuvimos problemas con él. Creo que inspiraba confianza; todo lo contrario de lo que nos despertaba aquel otro sacerdote tan distinto en su fisonomía, grandote y fornido frente a la delgadez del padre Fernández, y en su carácter, casi siempre agriado para los pequeños, como lo era el padre Manresa, que nos imponía un gran respeto, eufemismo de miedo, por tratarse de un cura.

                          

        Eran todavía curas de sotanas, sobrecuello blanco y tonsuras, a los que los críos acudían cuando se cruzaban con ellos por la calle para besarles la mano. Yo era en esto un poco rebelde y probablemente más por timidez que por llevar la contra y destacar y los evitaba; no entendía muy bien por otra parte eso de tener que interrumpir un siempre interesante juego para “pelotear” a alguien, aunque se tratara de un sacerdote, ni lo de tener que cruzar toda la calzada si ellos marchaban por la otra acera para ejercicio que entendía algo servil. Yo sabía que la mayoría lo hacía de forma rutinaria, sin darse cuenta y sin necesidad de esfuerzo alguno; pero yo no lo comprendía y seguía en mi juego o disimulaba, por aquello de guardar las formas, haciéndome el distraído.

     Distinto era nuestro comportamiento al paso de una pareja de monjas que siempre iban de dos en dos, nunca solas, que hasta dejábamos de jugar por curiosidad, por ver aquellas tocas que cubrían sus cabezas en forma de alas de palomas y que nos daba la impresión a los niños de que en cualquier momento podían echar a volar sus pequeñas cabecitas, que las teníamos como tales por el diminuto rostro que dejaban asomar.


            Otro sacerdote con el que tuvimos alguna relación fue con el padre Martín, también perteneciente al Sagrado Corazón, vasco de nacimiento, no de apariencia física, pues era bajito y delgado como el que más de nosotros. Aunque de una vitalidad extraordinaria, puro nervio, no paraba quieto en ningún momento y era amante de la actividad deportiva. Me lo imagino golpeando, sin quitarse la sotana, la pelota contra el frontón o remangándosela para jugar al fútbol con sus alumnos o con los componentes de Acción Católica, en su sección juvenil, a la que le dio un gran impulso. Tampoco pertenecí a esta asociación, pero me consta lo anterior porque en diversas competiciones deportivas nos enfrentábamos contra ella, en especial, en tenis de mesa, juego que le encantaba y que no lo hacía nada mal. Destacaban en su equipo los hermanos Guirado, uno de los cuales me dijeron que con una vocación tardía había seguido sus pasos, convirtiéndose en sacerdote.

NUESTRAS CRIATURAS

 
CAPÍTULO DE DIBUJOS A LÁPIZ

420   .-   ÚLTIMO DIBUJO REALIZADO EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA. UN TRABAJO MUCHO MÁS PACIENTE, TENIENDO COMO MODELO UNA FOTO DE UNO DE LOS CABALLOS DE UN FAMILIAR EN EL QUE MI HERMANO TUVO QUE ECHARLE IMAGINACIÓN PARA CONCLUIRLO DADA LA PEQUEÑEZ DEL ANIMAL EN LA IMAGEN QUE LE SIRVIÓ.


                                                El Viso del Alcor, 18 de Marzo de 2026

martes, 17 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI   ( IV )

        Creció el joven y se hizo un mocetón fornido, se ensanchó su capacidad torácica y el volumen de su cuerpo en general. Dejó crecer su barba y se transformó en otro hombre, más de acorde con sus aspiraciones, por lo menos para nosotros, que teníamos la creencia que para ser tenor había que ser doble de grande.

      Sus estudios se fueron realizando en esa interminable carrera que supone cualquier faceta musical y como un paso más llegó a formar parte del coro en esas compañías de zarzuelas que recorrían toda la geografía española. Y como Melilla formaba parte de ella, también era incluida en las giras y en varias ocasiones visitaría su ciudad, que también era la nuestra, formando parte de ellas, como artista de segunda o tercera fila, pero incluido en la nómina, hasta llegando a aparecer su nombre en los programas de mano.


            ¡Quién le iba a decir a los suyos que no sólo no se aburriría pronto, sino que iba a convertirse en integrante de esa troupe de artistas que marchaban de un lugar a otro, utilizando diferentes medios de transporte y usando camas con tantas distintas vestiduras! Claro que él, cuando venía a su Melilla, dormía en su casa, en la que siempre sería la suya y así no necesitaba habitación en ningún hotel de nuestra Avenida, de sus cercanías, ni del Parador Nacional de Turismo “Pedro de Estopiñán”.


            Y como en todas las historias siguió pasando el tiempo, el suyo, el nuestro, el de todos los mortales y que yo recuerde, llegó un día en que no vino solo, sino con pareja, que además era lo habitual. Comentándose que su acompañante, mujer bella y atractiva, también formaba parte del elenco de artistas y que además era hija de persona influyente en la compañía, con lo que la gente perversa y malintencionada pudo pensar que había pegado un buen braguetazo, que garantizaría su permanencia en la misma e incluso su ascenso, para dejar el coro y pasar a realizar, aunque papeles secundarios, trabajos más interesantes.

       Sin embargo, esta historia envuelta en la leyenda, en la imaginación, no tiene final. Nosotros nos marchamos a la Península, dejamos de morar en aquella casa donde habíamos nacido, con lo que perdimos el contacto con aquel patio tan particular, para nosotros por lo menos y que nadie podrá negar que continuará mojándose cuando llueva como los demás, y Giussepe Baroni Quiqui desapareció de nuestras vidas. Ni preguntamos, ni nadie nos dio datos acerca de su existencia. A lo mejor, si le hubiera cogido su juventud en estos días, podría haber hecho un casting para Operación Triunfo, ser seleccionado, trabajar para posteriormente conseguir el éxito más rápidamente; aunque no me cabe la menor duda de que los suyos seguirían pensando que aquello no era lo mejor para él y yo me hubiera quedado sin mi querido y apreciado Giussepe Baroni Quiqui.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

419.-  ESTE ES EL PENÚLTIMO DIBUJO REALIZADO EN COSTA BALLENA EN EL ESTÍO DEL AÑO 2021 , EN EL QUE NO CESÓ LA ACTIVIDAD ARTÍSTICA A PESAR DE LOS MUCHOS AÑOS QUE YA VIVIMOS. SE TRATA DE UNA DE LAS FIGURAS MÁS IMPORTANTES EN DETERMINADOS JUEGOS DE CARTAS. NADIE PODRÁ NEGAR ESTA ASEVERACIÓN PARA LOS AFICIONADOS DE ESTE ENTRETENIMIENTO. SE TRATA DE LOS REYES, DIBUJÁNDOLO CON LOS PALOS DE LA MISMA EN LAS CARTAS ESPAÑOLAS, CON EL ORO, LA COPA, LA ESPADA Y EL BASTO, SÍMBOLOS QUE PUEDEN ACOMPAÑARLO
SEPARADAMENTE.

                            

                                                        El Viso del Alcor, 17 de Marzo de 2026

lunes, 16 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD EN QUE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI


            Desde entonces y no exagero, algo cambia en los estíos nuestros cuando estamos ya de vacaciones y él también. A los ruidos habituales del patio de nuestra casa, que no es particular, porque se llueve y se moja como los demás, se incorpora uno nuevo. Las conversaciones entre vecinos, las internas que se producen en las habitaciones que dan al mismo, pues las ventanas en verano hay que tenerlas abiertas, el ruido del motor que hace subir el agua a los depósitos de la azotea, el de los electrodomésticos que ya empiezan a aliviar las tareas de las amas de casa, las voces de los niños y los llantos de los bebés que en nuestro bloque también los había, el chirrido de las garruchas por donde pasaban los cordeles que servían para tender la ropa, el golpear de alguna ventana o puerta al cerrarse, la radio con las canciones de Antonio Molina o Bonet de Sanpedro, por señalar algunos de los discos dedicados de entonces, los comunicados a viva voz de Luisa, la portera, el canto de algún atrevido grillo o de los pájaros enjaulados, que entre otros daban vida a nuestro patio o que ponían en evidencia la existencia de ella, se vieron incrementados de manera notable por las escalas que hacía con su voz nuestro sorprendente Giussepe Baroni Quiqui, por sus ejercicios repetidos con machaconería hasta casi el aburrimiento y por sus pinitos con alguna aria o romanza cantadas en italiano que nos sonaban poco o casi nada.


            La habitual siesta que echábamos en el probador de casa, habitación bastante fresquita que daba al patio y con la ventana entreabierta por ser verano y para evitar la flama, tendidos en el duro suelo sobre una manta, ligeros de ropa y buscando el frescor del mismo, a veces en su última fase se veía interrumpida por sus ejercicios que llegaban a nuestros oídos en un estado de modorra y sopor, propios de la época y el momento. Nuestra somnolencia no desaparecía del todo; aquellos sonidos nos obligaban a cambiar de postura, a poner otra oreja sobre la almohada y a pensar que no eran horas para ejercitar la voz.

     Distinto era cuando estos ejercicios los hacía por la mañana, pues dedicaba muchas horas a ellos, sin presentar síntomas de fatiga, porque el chico se lo había tomado verdaderamente en serio, y nos permitía prestarle alguna mayor atención; aunque sólo fuera por unos instantes, ya que nosotros teníamos que hacer nuestras cosas, que en el verano casi siempre se reducían a lo lúdico y a ocupar el ocio de la forma más ingeniosa y divertida, sin que tampoco faltara el aburrimiento, que cuando llegaba, mi tía Carmen, con el gracejo que siempre le caracterizó, nos decía que pusiéramos en práctica su forma irrealizable de meter el trasero en agua; aunque ella no era tan fina y hablaba de culo, no empleando mi ridículo eufemismo.


                                    (En el segundo piso vivia Baroni Quiqui)
            
        Sabíamos de su llegada en vacaciones a Melilla, aunque lo veíamos poco porque no debía salir apenas o porque estábamos en historias diferentes que no propiciaban la casualidad de los encuentros, por la aparición de sus ejercicios y por aquel vozarrón de aprendiz de tenor que nos llegaba a través de ese espacio común que era nuestro patio de vecinos.

            Notábamos, aunque éramos profanos en la materia, su progreso en el arte del bel canto, sus ejercicios con el tiempo se hacían más variados y se atrevía con el paso de los días con piezas que nos resultaban más conocidas; eso sí, interpretadas parcialmente y de forma repetida; seguramente para alcanzar las modulaciones más adecuadas y deseadas.

    Ya ha venido Giussepe Baroni, nos decíamos sonrientes cuando oíamos sus primeras voces y es que cualquiera no tenía en su bloque un tenor. Los había que tenían aficionados al piano, otros que se encontraban con aprendices de saxofonistas o amigos del clarinete, algunos que tenían que soportar estoicamente a los que andaban a mamporros con la batería, existían los que cantaban en el cuarto de baño cuando se afeitaban o las que imitaban a Juanita Reina haciendo la cocina; pero eso de tener un tenor de verdad en el tercer piso, contando el principal, era poco frecuente.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

418   .-   EL DIBUJO DE HOY ES EL DE UNA MUJER AL ESTILO DEL PINTOR, ESCULTOR Y DIBUJANTE COLOMBIANO FERNANDO BOTERO, CREADOR DEL "BOTERISMO", QUE DESARROLLA UNA ESTÉTICA PROPIA CENTRADA EN LA VOLUMETRÍA Y NO EN LA GORDURA, COMO EL MISMO DECLARA. DIBUJOS QUE EXALTAN LOS VOLÚMENES Y LAS FORMAS VOLUPTUOSAS Y REDONDEADAS EN FIGURAS HUMANAS, DE ANIMALES Y OBJETOS, REINTERPRETANDO LA REALIDAD CON UN TOQUE DE HUMOR Y UNA CRÍTICA SOCIAL. REALIZADO EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA (ROTA). Y QUE TIENE COMO CONTRAPUNTO EL QUE SU SOMBRA ES EXAGERADAMENTE ESTILIZADA.


                                                    El Viso del Alcor, 16 de Marzo de 2026

domingo, 15 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI   ( II )


        Y un día dijo a su familia, dejándolos boquiabiertos, yo quiero ser cantante de los serios, de los clásicos. Nada de copla, nada del folklore, nada del rock moderno, nada de boleros ni de baladas, yo quiero ser cantante de ópera, yo quiero cantar a Verdi, a Mozart, a Rossini, a Puccini... Yo deseo interpretar Orfeo, Las bodas de Fígaro, La Cavalleria rusticana, Carmen... Yo quiero ser como Alfredo Kraus.


            Ambicioso que era el chico, eso nadie se lo podía negar y origina un conflicto en la familia, que por lo inesperado de la elección no sabe en principio qué hacer. En los primeros días no le dan gran importancia. Aunque eso de ser artista en el seno de una familia como la suya, de las antiguas, en que todo lo relacionado con las tablas no era bien visto, tenía su miaja de guasa; no perdiendo la esperanza de que sólo fuera una nube de verano o el resultado de una influencia extraña, malévola y que ellos deseaban que fuera también pasajera.

       Al chico hay que distraerlo y le marcan otras direcciones que nada tienen que ver con el bel canto; hacen probaturas con él en diferentes empleos que no conducen al éxito, porque si algo tiene el mozalbete aparentemente mimado por su ambiente, es su tozudez y sigue con su erre que erre de querer ser tenor.

      Y eso dónde se aprende, preguntaría algunas de sus queridas tías, en sus tertulias diarias en torno al café o té con pastas de las seis de la tarde. El silencio sería rotundo, pues quién iba a saberlo allí; hasta que la lógica de la vida da con la respuesta a este primer interrogante importante... Tendrá que marchar a Madrid o a Barcelona, donde todo es posible y no se equivocaron.


            La mayoría de estudiantes melillense que salían a estudiar iban a Granada, a cuyo distrito universitario pertenecía nuestra ciudad. Otros, por razón de cercanía y si podía recibir los estudios deseados, se quedaban en la misma Málaga. Los aspirantes a marinos se marchaban a Cádiz e incluso algunos volaban hasta La Coruña, que así llamábamos a esta ciudad cuando todavía no había cambiado su artículo del castellano al gallego, igual que la a la actual Lleida todo el mundo la conocía como Lérida. Los que escogían la carrera militar se desplazaban a Zaragoza, los aspirantes a arquitectos iban a Sevilla y los que soñaban con ser ingenieros, sobre todo de Puentes, Caminos y Canales buscaban la capital, a Madrid de cabeza. ¡Ah!, y un montón de no universitarios a las distintas Universidades Laborales que proliferaban por todo el país.

      Pero eso de estudiar canto, enseñanza por entonces no reglada, tenía sus grandes inconvenientes. Había que desplazarse a la capital, buscar un alojamiento adecuado y encontrar al oportuno profesor; gestiones obligadas además para personas que no tenían confianza alguna en que aquella loca aventura terminara exitosamente. Convencido estoy de que la mayoría de sus familiares pensaron que esta locura terminaría pronto y que pasado un corto tiempo lo tendrían de nuevo en casa; pero se equivocaron de pe a pa.

     Era curioso comprobar cuando se les preguntaba que dónde estaba el chico, que todas contestaban que se había marchado a estudiar a Madrid, sin decir a qué y que padecían un cierto sonrojo cuando ante la insistencia de los interrogantes, éstas confesaban que quería aprender canto; lo que, por el contrario, la mayoría veía con absoluta normalidad, en especial, porque estaba haciendo lo que a él le encantaba. Efectivamente, a Enrique aquello era lo que le gustaba y sabía que su aventura no era cuestión de días, ni de pocos años siquiera, y armado de paciencia comenzó en Madrid sus estudios de canto.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

417   .-    PERFIL DE UN ADOLESCENTE QUE EN SU INFANCIA, JUVENTUD Y ADOLESCENCIA. CONVIVIÓ CON PERSONAJES DE LOS TEBEOS GOZANDO CON SUS AVENTURAS, CON SUS HISTORIETAS, Y QUE LE LLEVARON POSTERIORMENTE A LECTURAS MÁS PROFUNDAS E IMPORTANTES. DIBUJO REALIZADO EN COSTA BALLENA (ROTA) EN EL VERANO DE 2021. EN EL QUE PODEMOS VER ROSTROS INOLVIDABLES COMO EL GUERRERO DEL ANTIFAZ O DEL CAPITÁN TRUENO, MÁS SERIOS, O DE OTROS TANTOS QUE DESPERTABAN NUESTRAS SONRISAS O RISAS, COMO DOÑA URRACA, EL BOTONES SACARINO, EL INSACIABLE COMILÓ QUE ERA CARPANTA, ROMPETECHOS, LOS TERRIBLES ZIPI Y ZAPE, TINTIN, SUPERLÓPEZ, O NOS HACÍAN PENSAR CON SUS REFLEXIONES Y MENSAJES COMO LA PEQUEÑA MAFALDA...


                                                     El Viso del Alcor, 15 de Marzo de 2026

sábado, 14 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

Un aspìrante a Tenor: GIUSSEPE BARONI QUIQUI

        Giussepe fue para nosotros un personaje de leyenda, más fruto de la imaginación infantil que de otra cosa. ¿Cómo íbamos a encontrar en nuestra ciudad un individuo que respondiera a tal nominación? Era algo así como un personaje de ficción; aunque no exento de algunas briznas de realidad.

       Nos lo imaginábamos viviendo en el mismo bloque donde morábamos e incluso hasta en el mismo portal; lo que quería decir que en algunas ocasiones nos cruzábamos con él y llegábamos a intercambiar algo más que saludos corteses, alguna conversación intranscendente. Algo mayor que nosotros, no mucho; podría tener la edad de cualquiera de mis otros dos hermanos mayores, posiblemente la de Ángel, que no era el primogénito, sino el que hacía de jueves en nuestra familia, ya que estaba en medio de los cinco.

        El Giussepe nuestro, por supuesto, no se llamaba Giussepe. Lo de Baroni fue otro invento infantil y sólo lo de Quiqui respondía a algo de verdad, pues podía bien llamarse Enrique, con el diminutivo de Quique, que nosotros italianizábamos macarrónicamente cambiando la e por la i, por aquello de ser muy frecuente esta vocal y hasta más propia en el idioma del país con forma de bota en la que la isla de Sicilia podía jugar el papel de pelota.

       Niño poco delicado, más bien algo brutote; crece robusto en medio de una familia donde sólo hay mujeres, lo que parece algo extraño. Nada de amaneramiento como lógico fruto del exceso del mimo femenino; sino todo lo contrario, varonil en su voz y en su porte y sin despertar la mínima duda entre sus compañeros de juego. Hasta se podría decir de él que era lo suficientemente habilidoso para conseguir de lo anterior lo que otros niños de su edad no eran capaces de obtener; estando siempre sobrado de todo, porque eran también muchas las tías solteras que le rodeaban, trabajando casi todas en época en que la mujer no estaba incorporada al mundo laboral y de las que conseguía caprichos propios de la edad, con los que los demás no podíamos contar.

         A pesar de lo dicho, pudo ser un niño normal integrado en una familia de clase media alta, de cualquier calle de la Melilla moderna y que me pega más que estudió el bachiller hasta donde llegara en el colegio de La Salle antes que en el Instituto de Enseñanza Media que existía en la ciudad pasado el Buen Consejo, cerca de la Mezquita.


            No es por nada, pues dado el abolengo de la familia, cuya cabecera perteneció al mundo castrense, a su oficialidad y jefatura, relacionada con la mar, pudo ser considerado por algunos de nosotros como algo “litri”, equivalencia al “pijo” de ahora; aunque al parecer no ejercía como tal, ya que a la hora de merendar se apuntaba al chusco con chocolate arenoso, se manchaba como todos los niños, se apedreaba con los pequeños de otras barriadas y en su vocabulario estaban incluidas palabrotas que algunos curas consideraban como pecados.


            Eso sí, también algo independiente y con menos relación con los chicos de su edad que otros y quizás esto fuera debido a un exceso de protección por parte de tanta mujer que le rodeaba y de las que seguro era difícil zafarse.

       Pudo haberse preparado en cualquier academia de la ciudad para ingresar, por ejemplo, en la militar de Zaragoza y venir con el paso de los años, después de aprobar el duro ingreso, que eso es lo que decían los aspirantes a ella, luciéndose con los distintivos, primero de alférez y luego de teniente, por la ciudad, ya que en su familia había importantes precedentes y hubiera sido del total agrado de todas.

                             
         Pudo igualmente una vez terminado el bachillerato y el examen de Estado, trasladarse a Granada para realizar estudios universitarios de cualquiera de las carreras que allí se podían seguir, porque posibles económicos tenían en su familia para ello.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

416   .-   EL JOKER, PERSONAJE QUE A VECES ES TRADUCIDO SU NOMBRE COMO GUASÓN O COMODÍN, QUE PERTENECE A DC COMICS Y CREADO EN 1940 POR BILL FINGER, BOB KANE Y JARRY ROBINSON, COMO SUPERVILLANO Y ENEMIGO PRINCIPAL DE BATMAN. INTERPRETACIÓN REALIZADA EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA ( ROTA )


                                                    El Viso del Alcor, 14 de Marzo de 2026
 

viernes, 13 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco: EL DE MARÍA, que luego regentó su sobrino   ( IV )


        Un día María desapareció del quiosco y encontramos dentro de él a un chico, más o menos de nuestra misma edad. Y supimos por éste que había caído enferma y ya no la volvimos a ver más. Comenzó entonces un tiempo de conocimiento, que con el paso de los días se convirtió en amistad, de aquel joven que heredó el quiosco; aunque luego pudimos comprobar que también emigraría, con lo que se cerró para siempre el mismo; dando paso a otro más moderno, que también incluyó entre sus artículos la prensa diaria y semanal y que se situó en la esquina opuesta del anterior.

        Aquel chaval, cuyo nombre no recuerdo, pronto se adaptó al quiosco y lo llevaba francamente bien, igual que su tía María, por lo que mantuvo la clientela sin hacer cambio alguno, a pesar de la gran diferencia de edad entre una y otro, porque tenía muy claro desde el principio que lo suyo no era estar enclaustrado en recinto tan diminuto para toda su vida.

        Desde el primer día nos demostró su verdadera afición, la de hacerse dibujante y estando en un quiosco hasta parecía normal y lógico que lo fuera de tebeos.


            Abría el quiosco más temprano que María y no era precisamente para vender más a clientes madrugadores como él; sino para hacer con la mayor tranquilidad y sin que nadie le interrumpiera al comprar lo que realmente le gustaba, dibujar y dibujar a todas horas. No sé cómo habría nacido en él aquella inclinación por el dibujo del comic; como no fuera porque su tía desde la más tierna edad le llevara tebeos a su casa para que se entretuviera con ellos, no tenía otra explicación. Lo cierto es que lo conocimos en una fase en que se dedicaba a copiar los que había en el quiosco en un bloc de dibujo que tenía para tal fin, apoyándose en la parte interior del mostrador, en un espacio justo para la dimensión de la hojas, con unas estrecheces e incomodidades de miedo.

         Siempre estaba ocupado en esta tarea y cuando llegaban los clientes los atendía con celeridad y agrado para volver inmediatamente y sin apenas perder tiempo a su labor. Luego pasó al empleo de la pluma y la tinta china, dedicándose a reproducir dibujos de comic de aventuras existentes en el mercado y a alternarlos con algunos ya de producción propia. Poseía una voluntad de hierro y nos daba la impresión de que quería hacer de esto su medio de vida.


        A pesar de que sus dibujos carecían de la calidad suficiente para ello, no desanimaba y teníamos la sensación de que estaba obsesionado con conseguir alcanzar su meta. 
Pasábamos buenos ratos charlando con él, mientras no cesaba de dibujar: es más, estaba convencido de que lo hacía fenomenal.

         Al año aproximado de hacerse cargo del quiosco de su tía María, nos sorprendió con el anuncio de que recibía encargos de una editorial barcelonesa para reproducir lo más fielmente que pudiera viñetas de tebeos que venían del extranjero, principalmente de países sudamericanos y de los Estados Unidos. Nunca llegamos a saber cómo consiguió aquello; aunque también nos indicaba que no cobraba todavía por aquellos trabajos, sino que lo tenían a prueba.

        Como tantas otras historias vividas en nuestra ciudad, que con nuestra obligada marcha a la Península quedaron inconclusas, a ésta le ocurrió lo mismo. Volvimos en uno de nuestros viajes vacacionales a Melilla y el quiosco había desaparecido. Preguntamos por él a algunos de los amigos y nos indicaron que se había marchado a Barcelona y que se dedicaba a lo que había hecho durante toda su juventud a copiar tebeos como profesional y que le iba bastante bien.


            Lo mismo que a María le perdimos la pista un día y sólo permanecen, como otras tantas personas, en nuestro recuerdo.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

415   .-   DIBUJO REALIZADO, YA QUEDAN POCOS EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA. EL DE HOY INSPIRADO EN RECUERDO DE NUESTRO MAYORES CUANDO ÉRAMOS PÈQUEÑOS, NO TENÍAMOS TELE, ERAN LOS COMIENZOS DE LA RADIO, Y NUESTRAS ABUELAS OCUPABAN PARTE DE TIEMPO EN EL TEJER, ERAN TIEMPOS EN QUE LAS MUJERES HACÍAN ENCAJES DE BOLILLOS O BORDABAN, Y LAS ANCIANAS SE ENTRETENÍAN HACIENDO CROCHET O PRENDAS DE LANA PARA SUS NIETOS O TOQUILLAS O GUANTES PARA PALIAR EL FRÍO, CONVERTIDAS EN VERDADERAS ARTESANAS CON SUS YA CASI MANOS TEMBLOROSAS Y ARRUGADAS.


                                                        El Viso del Alcor, 13 de Marzo de 2026

jueves, 12 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

24.-   Un quiosco;  EL DE MARIA, que luego regentaría su sobrino   ( III )

        Ya que hablo de billetes, viene a mi memoria una anécdota que nos ocurrió con ella cuando ya andábamos por los quince añitos. Alguno puede creer que es una notable exageración, pero como aún conserva mi hermano la prueba del delito como importante reliquia, nadie podrá negarlo. Clemente desde muy pequeño, yo diría que con gran precocidad, demostró su dominio del dibujo; nació con esa cualidad y ya está. Por aquellas fechas copiaba las fotos de los artistas y las clavaba. Hasta se atrevió con realizar un curso de caricaturas por correspondencia en la que tuvo que poner  más edad de la que realmente tenía para poder hacerlo y un día se embarcó en la tarea de reproducir un billete de veinticinco pesetas, de aquellos moraditos, con todos sus avios. La verdad que hizo una obra de arte, teniendo en cuenta la edad con que lo dibujó. Hoy día, cuando con motivo de repasar algunas de las obras que conserva y te topas con él, te despierta la misma o quizás mayor admiración, porque lo enjuicias desde otras perspectivas que la meramente artística. Terminado el billete, sólo por una cara y mostrado a los amigos, estos quedaron boquiabiertos y dudaban que fuera realizado por él. A alguno se le ocurrió la feliz y divertida ocurrencia de gastar con el billete dibujado una broma a la buena de María. Mi hermano se negó en principio, por su  modestia, ya que pensaba que cualquiera se daría cuenta de que no era de verdad, sino un simple dibujo, ya que él lo veía con ojos de artista y no escapaban a los mismos las deficiencias que tenía, y porque no quería tampoco que después de tanto trabajo su obra corriera algún riesgo. La insistencia del proponente y de los demás, que se sumaron de inmediato a la iniciativa, terminaron por convencerle.


            Como había que inventar alguna excusa para tener tal botín e intentar gastarlo en chucherías, se pensó en que era el día de su cumpleaños y en la invitación por su parte a todos sus amigos. Llegamos al quiosco y contando también con que María más bien ya veía poco, por sus muchos años y por la misma oscuridad de su habitat permanente, Clemente le explicó lo de su onomástica y su deseo de invitar a sus compañeros, que iban a pedir por orden lo que quisieran hasta gastar el billete que puso en la parte interior del pequeño mostrador. María lo cogió y lo pulsó con los dedos de sus dos manos, exclamando al verlo tan nuevo: “Hijo, parece que está calentito, como si lo hubieran hecho esta misma noche”. La risa de Pacoli, afortunadamente la interpretó como fruto del nerviosismo por la invitación que por otra cuestión y María abrió el cajón y lo guardó en él con sumo cuidado. La gente comenzó a pedir, nada de orden, todos a la vez, embarulladamente. María se lo había tragado y Clemente tuvo miedo de aquello llegara a más; así que antes de que la buena mujer comenzara a servir lo que le pedían, Clemente le dijo: “María, ¿Se ha fijado usted bien en el billete que le he dado? 
Ella lo volvió a sacar del cajón, lo miró y no vio nada extraño.

            -         Dele usted la vuelta, María.-dijo mi hermano sonriendo.

        Cuando lo hizo y vio su reverso en blanco, no daba crédito a lo que estaba viendo. Para una mujer de tal edad aquello no era posible, lo miraba y remiraba por una y otra cara y no salía de su asombro.

      Hay que pensar que por aquellos años, de la década de los cincuenta, era impensable encontrarse con los actuales sistemas de fotocopias o de estampación y reproducción.

        Clemente le confesó que todo era una broma y para que viera el dibujo que había hecho, entre las risas de todos. Su estupor y desconcierto aumentó mucho más, llegando a la incredulidad, al no aceptar de ninguna de las maneras que aquello lo hubiera podido hacer uno de sus niños, a los que conocía desde que tenían que ponerse de puntillas y pedir con media lengua lo que querían.
 

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

414    .-   EL DIBUJO DE HOY PODEMOS ENTENDERLO COMO EL SILENTE Y AL MISMO TIEMPO DESGARRADOR GRITO QUE DEBE LANZAR LA HUMANIDAD ANTE LA SITUACIÓN REAL EN MUCHOS LUGARES DE NUESTRO MUNDO POR LA ESCLAVITUD DE LA MUJER Y EL DESEO DE QUE LA IGUALDAD NO SÓLO SEA UNA QUIMERA, ALGO INALCANZABLE, SINO ALGO QUE SE PUEDE CONSEGUIR, CON LA INTERVENCIÓN, NO SÓLO DE LAS MUJERES, SINO DE LOS HOMBRES. QUÉ TRISTEZA QUE TENGAN, NO POCAS DE ELLAS, QUE TAPAR SUS ROSTROS CON EL BURKA O VELOS CON LA INTENCIÓN DE HACERLAS INVISIBLES.

 
                                                    El Viso del Alcor, 12 de Marzo de 2026

miércoles, 11 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco:  EL DE MARÍA, que luego regentaría su sobrino   ( II )

        Como les ocurre a todos los niños, más que el placer de las mismas golosinas que allí obteníamos y de vida tan efímera, era la satisfacción del deseo de comprar, que si podía ser a todas horas, mucho mejor. “Mamá, anda dame un perra para ir al quiosco de María”, era una frase habitual y repetida y además satisfacíamos con ello otro deseo permanente, el de poder salir a la calle, que nos gustaba por igual.

          En él comprábamos los artículos más variados, chucherías y otros que no lo eran. Entre las primeras se encontraban los distintos tipos de caramelos, los trozos de “paloduz” que masticábamos hasta extraerle todo su dulzor y que nos parecía que nos convertíamos con estos palitos en aquellos aventureros del oeste americano que veíamos en las películas mascando el tabaco, que hasta escupíamos como ellos; las barritas de regaliz y las pastillas juanolas, los paquetitos que ella misma preparaba con papel de estraza o de periódicos si era necesario de pipas, altramuces, chufas o garbanzos tostados, las garrapiñadas y los palotes, los chicles “bazooka”, por señalar algunas.


            Entre los que no eran de comer, el abanico se abría aún más. Allí había de todo como en botica, pero en menor cantidad. Por ejemplo, cada semana llegaban los tebeos, pero en tan escasos números que sólo los conseguían los primeros que llegaban, teniendo que acudir los rezagados al quiosco más grande de la salida del parque Hernández que daba a la calle Marina o a Casa Boix. Con puntualidad también llegaban las estampas de las diferentes colecciones, pero con otro inconveniente, que cuando nos faltaban pocas para concluirlas y pegarlas en los álbumes correspondientes las dejaba de traer, porque casi todos los sobres contenían las “repes” y dejaba de vender. En él mismo comprábamos las canicas, a las que siempre llamamos bolas, en sus diferentes versiones: las de barro que se rompían con sólo mirarlas y por los golpes más insignificantes, las de cristal lisas y las alistadas en su interior con variados colores y los bolones que eran de metal.

            Vendía trompos, a los que reemplazábamos su pequeña púa casi roma por otra más larga y la cuerda para bailarlos, a la que poníamos en uno de sus extremos, después de hacerle un agujero en el centro y aplastarla a base de golpes o colocándolas en la vía del tren antes de que pasara éste, una chapa, que era la que situábamos entre el índice y el anular para que no se escapara al lanzarlo.

        Algunos recortables los encontrábamos allí, pero con escaso surtido; así como las calcomanías y los cromos para las niñas, con los que jugaban a golpearlos con la palma de la mano ahuecada, estando estos bocabajo, para ganarlos dándoles la vuelta y que almacenaban en cajitas de lata de diferentes tamaños y procedencias, ricamente decoradas.

                                 

        Los adultos encontraban en el quiosco de María el tabaco y las cerillas, las cajetillas de papel para liar la picadura suelta y las novelas, entre otras, las del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y las otras rosas o de amor de Corín Tellado.



            Otro pequeño negocio de María era el de los alquileres, tanto para la gente menuda como para los mayores. Aquellos tebeos que no vendía ni devolvía, que amarilleaban de su presencia continua al sol de un día tras otro, detrás de los cristales o colgados en cordeles y sujetos con palillos de la ropa, nos lo alquilaba por una perra chica y en tiempos de descanso entre los juegos, sentados en el banco de piedra que había detrás del quiosco o en cualquier escalón o bordillo de la acera, como los que había en la esquina donde vivían los Linares, en el local de la Tabacalera, que casi siempre estaba cerrado en la mayoría de sus puertas, nos entreteníamos con las locuras de Carioco, el hambre de Carpanta, las travesuras de Zipi y Zape o con las aventuras del Capitán Trueno. Los adultos ejercían el alquiler de otra manera, pues tenían que dejar como depósito una novela similar a la que se llevaban, con lo que la biblioteca que se originaba con este procedimiento ganaba en variedad. Creo que costaba diez céntimos cada alquiler y te podías llevar la obra a tu casa todo el tiempo que necesitaras para leerla y hasta que te acordaras o fueras a cambiarla por otra.

        Era lugar de cambio también. Cuando hacía falta convertir un billete en monedas más pequeñas, que era el material que ella más usaba, acudíamos a María, que aliviaba así el problema de nuestros mayores, porque nosotros los billetes los usábamos poco, ya que lo nuestro era lo que llamábamos la calderilla, los céntimos.