sábado, 10 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre.   ( III  )

          Pepita dormía poco, se levantaba la primera y se acostaba la última, para en su soledad tirar trabajo fuera y preparar más, para que durante la jornada laboral no les faltara el mismo a las oficialas, a Matilde, a Lina, a Loli y Toñi, entre otras, a las que recuerdo con especial agrado. A toda aquellas mozas y ya menos jóvenes, siempre alegres, gastándose bromas y entre risas, contando chismes de fulanita o de menganita, canturreándose alguna cancioncilla o copla, algunas hasta picantonas, que cesaban cuando aparecía Pepita y se volvía a la aparente seriedad y formalidad.

         Cando la sombra de su viudez casi ha desaparecido, porque el excesivo trabajo no le deja pensar en la tristeza de la ausencia de su marido, mi padre, otra desgracia la sacude sin piedad. Su ojito derecho, la única mujer de los cinco hermanos, la mejor de todos por sus extraordinarias cualidades humanas, la dulzura y sencillez personificadas, su angelical Cuqui y adorada hermana nuestra, fallece cuando acaba de cumplir los veintiséis años. ¡Cómo recuerdo aquella foto suya con traje de noche largo que le había hecho su madre, Pepita la modista, para algún baile de fin de año y que nunca faltó del probador de nuestra casa!


            ¡Qué cierto aquello de que nadie muere de pena! No tiene tiempo de llorar, tiene que seguir peleando por sacarnos adelante a todos nosotros, a los que ahora se suman dos encantadoras criaturas de dos y cuatro años, sus retoños, que se vienen a vivir a nuestro hogar. La realidad de la vida le quita con brutalidad a la que más quería; pero la consuela entregándole a sus dos hijos, Marimel y José Ángel, que le dan motivos y fuerzas para seguir adelante.

        Con el paso de los años su taller se va reduciendo, sin que ella deje de trabajar por ello. Cada uno de nosotros inicia su propia vida por separado y se le viene encima, poco a poco, su soledad. Aparece el capítulo de sus males personales; ya habían descubierto en ella los médicos su diabetes y convive con ella sin grandes traumas, desde entonces su existencia camina inseparablemente de la insulina. Era tal su fuerza de voluntad, que las tartas y dulces no faltaban en casa en fechas señaladas de celebraciones, encargados por ella porque sabe que son de nuestro agrado en tales días y ni las prueba, aunque se le van los ojos detrás de ellos, porque en su mocedad también fue golosa. El régimen de comida lo lleva a rajatabla y sólo se permite pequeñísimos excesos y en casos muy puntuales. Luego vendría la rotura de una de sus rótulas y la tienen que intervenir y que era como el preludio de roturas posteriores más graves, como lo fueron las de las dos cabezas del fémur. Lo de la rótula lo supera inmediatamente, aunque ya tiene años encima y la mejor rehabilitación la realiza en casa, utilizando sin descanso el pie de sus máquinas de coser.


            Cada vez trabaja menos para la calle, sólo se queda con sus clientas de toda la vida, escogidas y que no se resisten a buscar otras modistas. Son grandes señoras, cuyos cuerpos y su evolución conoce perfectamente Pepita. Ya no tiene que soportar la carga de una gran casa. Eso sí, tiene una debilidad, su nieta, que cuenta, aunque ella diga que no tiene nada que ponerse nunca, con un vestuario extraordinario, difícil de igualar y ejecutado principalmente por ella. De pronto se ve sola, con Maimona y hasta en cortas temporadas vive con algunos de nosotros. Estando con Ángel en Málaga, al levantarse de la cama se cae y se rompe la cabeza del fémur o se cae porque ya se ha roto su apófisis. La intervienen en Sevilla y comienza para ella otro calvario que sin embargo y como era algo habitual, lo lleva con una paciencia ejemplar. Le implantan una prótesis y se ve obligada a llevar muletas; pasa el tiempo y la rechaza, por lo que tienen que volver a intervenirla y cambiarla por otra, según nos dijeron, de iridio y platino. Vuelve de nuevo a las muletas y curiosamente no deja su actividad, sigue cosiendo ahora con la ayuda de motor en sus máquinas. Cada vez se acentúa más su independencia, ya que no quiere ser una carga para nadie y menos para ninguno de nosotros y sigue viviendo en su domicilio de siempre de la calle Teniente Coronel Seguí.

VERSOS LANZADOS AL AIRE

            SE ME FUERON

            (En memoria de tantos amigos queridos, el último Camilo)

            Se me fueron poco a poco,
en silente desbandada,
bien ligeros de equipaje,
buscando nuevas mañanas.
Se me fueron sin quererlo,
como furtivas barcazas
que, huyendo de tempestades,
buscan puertos de esperanzas.
Se me fueron, se me fueron,
a hurtadilla, rota el alma,
se me fueron, se me fueron,
cuando menos lo esperaba,
dejándome con las hieles
que resuman las distancias.

            Se me fueron no sé a dónde,
a iniciar dura batalla,
donde los soles benditos
brillan ausencias del alma.

            Se me fueron, se me fueron,
su vuelta es negra esperanza.


P.D.
FALTAN 50 DÍAS
SI SE HAN PRODUCIDOS MAS DOSCIENTAS MIL DESAHUCIOS EN OCHO AÑOS SIN HACER NADA POR EVITARLOS, QUE NO NOS ENGAÑEN CON ACAMPADAS ORQUESTADAS POR LOS "BUENOS".


HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  17

            SANTIAGO ALMAZAR CABALLERO    -    S. ALMAZAR

              

               S. Almarza nace en Santa Cruz de Zazar, Toledo, en 29 de abril de 1931 y falleció el 19 de abril de 2020 en Madrid. Fue humorista gráfico, dibujante y caricaturista, que trabajó en dibujos animados, publicidad e ilustración.

        Tardó en decidirse a emprender enteramente una carrera profesional basada en el dibujo; pero al final lo hizo, acudiendo a los estudios moro, de Madrid para trabajar en la animación. Alternando este trabajo con encargos de agencias publicitarias y con obras para el sello SARPE durante los años 60, publicando en la revista  CHÍO, destacando entre sus series la de Anacleto, detective fracasado.

        En el campo del humor gráfico comienza en 1955 en las páginas de la revista Don José, suplemento del diario España que en aquellos tiempos dirigía Mingote; para luego saltar a diferentes periódicos, tales como Pueblo, La Actualidad, El Imparcial, Ya, Marca y Sábado Gráfico. Fue destacable también su aportación al ABC, concretamente en su suplemento Al Loro.

        En revistas satíricas publicó en La Codorniz, El Cochinito Feroz y en la Golondriz; en Diez Minutos y en la nueva revista Balalaika

        En 1989 publicó su libro Mis primeros versos, junto a Ángel Cámara y editado por el Ayuntamiento de su pueblo. Y en 1993 ilustró el libro Diccionario en clave de humor de Rafael Escamilla. Éxito notable consiguió con “Los chistes de Morán”, con gags dedicados al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, socialista, entre los años 1982 y 1985.

        Terminada su trayectoria de humor gráfico se dedicó a la pintura, concretamente a la acuarela.

        Recibió el Premio Paleta de Agromán, en los años 1983 y 1987. Ganó el Certamen de Humor de la Villa de Madrid en el  2000. Fue Premio Notario de Humor en 2004 y Profesor Honorario de Humor concedido por la Universidad de Alcalá de Henares.

        Su estilo, en esencia, fue de un dibujo expresivo y de trazo suelto, con una enorme facilidad para la caricatura. Su humor fue siempre muy elaborado y al mismo tiempo muy fresco.  


viernes, 9 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  60

            Una modista: PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre.   ( II )


     Sin apenas saber escribir bien, en pequeños cuadernitos anota las medidas básicas tomadas sobre el cuerpo de su clienta, acompañada de su nombre o apellidos y hay que verla cortar el tejido, colocado sobre la mesa, trasladando sus medidas a él con aquellos metros amarillos que se enrollaban a mano, señalando la forma con aquella especie de pastilla de jabón pequeña y dura que servía para marcar y sin jamás usar patrones. Se gozaba, aunque éramos unos críos, viéndola reproducir los vestidos elegidos de los figurines sobre el maniquí de turno; como con la ayuda de los alfileres que había en unas almohadillas o sin sacar aún del papel en donde venían clavados en perfecto orden, daba forma al cuerpo, cortando por aquí y por allá, uniendo las diferentes partes con costuras sueltas que sólo servían para apuntalar el vestido. Luego venía la primera prueba, que llevaba a cabo en la habitación primera de la casa, la más cercana a la puerta, donde además de dos tresillos, un armario y una mesita pequeña y redonda, existía un gran espejo donde poder mirarse con comodidad la señora o señorita, que de todo había, y que nosotros llamábamos el probador, en donde con alfileres se afinaban las medidas sobre el mismo cuerpo de la clienta o se señalaban con puntadas los reajustes. Más tarde el vestido era marcado por pespuntes largos que iban reemplazando a los alfileres, para pasar a continuación a manos de las oficialas, que siguiendo las indicaciones anteriores lo iban cosiendo a máquina con el fin de prepararlo para una segunda prueba. En tanto que las aprendizas, como su nombre indicaba, se instruían en esta tarea, sobrehilando, poniendo botones, aprendiendo a hacer ojales y a echar dobladillos, pespunteando y con una tarea añadida que les venía divinamente, como era la entrega de los vestidos ya concluidos en los domicilios de las propietarias, en donde en la mayoría de los casos recibían las correspondientes propinas, amén de que se escapaban del taller para tal menester  y disfrutaban de la calle, en donde no faltaban alicientes de todo tipo.


Aún siendo niños y sin tener inclinaciones al otro sexo, por supuesto, estábamos familiarizados con la terminología propia de la costura, del corte y confección, porque crecimos entre ella. Es más, a veces nos veíamos obligados a hacer algunos recados con relación a la misma; que en honor a la verdad no nos agradaba en absoluto y daba generalmente origen a gestos fruncidos como evidentes muestras de enfado, pues entendíamos que este tipo de compras eran más bien propias de las niñas. Teníamos que ir principalmente a Casa de la Callera, establecimiento de todo tipo de artículos, a comprar hilos: blancos de sobrehilar o de coser más tupido, negro o de colores, que se ofrecían en unos muestrarios perfectamente ordenados y que pertenecían en su mayoría a la fábrica de Fabra y Coats, ubicada en Cataluña, pues no podía ser en otro lugar del país tratándose de algo relacionado con lo textil, llevando una muestra de la tela para escoger el más parecido a la misma; alfileres, cintas, elásticos, corchetes, etc. 


            Y preparábamos también a mano las facturas, porque teníamos mejor letra. Cuántas veces mi hermano Clemente se lamentó de no habernos cogido a los mellis con unos cuantos de años más con el fin de poder apoyar el negocio de mi madre, para traer telas y sobre todo, contando con su habilidad para el dibujo y su creatividad, para dedicarse al diseño de moda por el que tenía una cierta atracción, pensando que podía haber llegado a realizar cosas interesantes. Prueba de lo anterior y es que a pesar de los pocos años, en más de una ocasión, cuando mi madre tenía alguna dificultad para interpretar alguna de las fotos que aparecían en los figurines le pedía a mi hermano que se las dibujara en un papel en blanco o cuando tenía alguna idea propia de cómo resolver alguna situación comprometida o porque le encantaba una forma determinada, también recurría a él y dándole las explicaciones pertinentes terminaba el vestido reflejado en el papel.

VERSAS LANZADOS AL AIRE

            A LO MEJOR

            A lo mejor, sin saberlo,
alguien encuentra estos versos
y, por la curiosidad,
le da, a éste, por leerlos.

            Y a lo mejor, sin saberlo,
piensa en su anónimo dueño,
aquel que, al naciente otoño,
prólogo de frío invierno,
le compuso este poema,
de existir, bastante incierto.


            Y a lo mejor, sin saberlo,
piensa en él, en otro tiempo,
y, sin saber, lo recuerda,
propiciando un nuevo encuentro,
para darle vida nueva,
entre tanto verso muerto.

            Y a lo mejor, sin saberlo,
el otoño de estos predios,
deja caer miles hojas,
caducidades de estreno,
para recordar al alguien,
que leyó estos pobres versos


P.D.
FALTAN 51 DÍAS
Y A LO MEJOR LA GENTE NO SE DEJA ENGAÑAR POR LOS SILENCIOSOS SINDICATOS COMPRADOS POR EL PODER, UGT Y CCOO, CALLADOS COMO P... DURANTE OCHO AÑOS CON EL TEMA DE LA VIVIENDA, AHORA CONVOQUEN UNA HUELGA GENERAL Y POLÍTICA CONTRA LA OPOSICIÓN. 

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO 16

            ALFREDO GONZÁLEZ SÁNCHEZ   -   ALFREDO


            El dibujante Alfredo nace en Agüeira, Aller (Asturias) el día el 13 de abril de 1933 y falleció en Madrid el día 3 de agosto de 2024. Además de dibujante fue ilustrador, himorista gráfico, pintor y publicista.

            Alfredo González Sánchez, que firmaba sus trabajos artísticos como Alfredo y que en ocasiones utilizó el sobrenombre de "Cafarini", nació en el pueblo de Agüeria, en el concejo de Aller, en Asturias, en 1933. A los trece años abandonó su pueblo natal para ingresar en el colegio para niños con vocación religiosa que los Dominicos mantenían en Villava (Navarra), del que saldría trece años después.

            En 1959 emigró a Madrid para ganarse la vida. Su trabajo, que tuvo algunos intentos artísticos (se convirtió en galerista del Grupo El Paso), se dirigió más por la rama publicitaria, trabajando en la Agencia Clarín y para L'Oréal, H. G. Morrison, Extensa Publicidad y McCann Erickson.[2]

           Después de casarse  en 1965, en el año 1971 se fue con su familia a Caracas (Venezuela) con un contrato de una agencia publicitaria, permaneciendo allí cinco años. Durante este tiempo realizó también diversas exposiciones de pintura. Regresó a Barcelona en 1976 y emprendió una nueva fase en su carrera que mantendría hasta el final de su vida laboral como publicista e ilustrador "freelance". Además de la publicidad, durante su estancia en Barcelona colaboró con las revistas satíricas "El Papus" y "El Jueves" en los primeros años de la democracia.[]

            Instalado definitivamente en Madrid en 1977, comenzó entonces sus colaboraciones en periódicos y revistas como "Pueblo", "El País", "Diario 16", "Cambio 16", "ABC", "El Independiente", "Actualidad Económica", "Interviú" y "El Mundo", además de innumerables agencias de publicidad.

            Realizó asimismo numerosas exposiciones, entre las que destacaron La Publicidad y Los Publicitarios, Moscú Nueva York, El Camino de Santiago, trabajo que realizó a raíz de su experiencia como peregrino, y más recientemente La Ventana de Atrás, Desmemorias de un Dibujante.

        En los comienzos de los años ochenta sus dibujos le consagran como dibujante de ciudades, con un dibujo acelerado y caricaturesco. Otra gran faceta de su trabajo fue como ilustrador de libros, ya fuera en colaboración con otros autores como Francisco Umbral en Teoría de Madrid (1981), Rosa Y Azul de Jorge Luis Borges (1977) o con sus propios textos, como sus recientes memorias La Ventana de Atrás, Desmemorias de un Dibujante (2017).

            Falleció a los 91 años el 3 de agosto de 2024.

          Entre otros premios fue reconocido con el Premio Nacional de Dibujo Penagos-Mapfre (2003), el premio "Asturiano del Mes" [] y el Premio Nacional de Ilustración (2017).

jueves, 8 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO, nuestra querida madre   ( I )


            Tarea bastante difícil la de hablar uno de su madre sin caer en la tentación de ponerla por las nubes; principalmente, porque este pobre mortal le debe algo tan importante como es la propia vida.

         Mujer bragada como la que más, pues jamás se hundió ante las numerosas adversidades que jalonaron su larga vida. ¡Qué verdad esa que señala que cuando en una casa falta el hombre, la mujer coge el timón y sale a flote; en tanto que, cuando es ella la que falta, el varón lo tiene muy difícil y se convierte en un barco que potencialmente y salvo raras y contadas excepciones tiende a irse a pique!

         Nuestra madre enviuda cuando nosotros, los mellis, tenemos sólo dos añitos y en época en que eso de la Seguridad Social era una utopía. Por mi padre, trabajador de la Tabacalera, que fallece en plena juventud, no recibe ninguna paga, tan sólo la promesa de que cuando alguno de sus hijos alcanzara la mayoría de edad para trabajar, se estudiaría la posibilidad de que entrase en la empresa; cuestión que sólo quedó en promesa y en buenas intenciones cuando mi madre lloraba tan notable ausencia.


            Aquella mujer de San Pedro del Pinatar, murciana de origen, que se traslada en unión de su familia a nuestra Melilla siendo una jovencita, porque sus progenitores son hombres de mar y parece ser que en nuestra ciudad pueden forjarse un futuro mejor, aprende a coser y es lo que hará toda su vida, hasta que las fuerzas y la dichosa vista le faltan; las primeras por todos esos años de lucha y sufrimientos y la segunda, por esa dichosa diabetes que la acompañó como su sombra durante casi toda la vida, a la que también ella le presentó siempre batalla, llevándola con resignación y perfecto control, pero que termina por arrebatarle un sentido que fue fundamental para ella, el de ver y de qué manera.

         Concentra todos sus esfuerzos en la costura y porque tenía un don especial para ella, como si hubiera nacido para la moda con una gran dosis de intuición y creatividad, que nunca faltó en algunos miembros de nuestra familia, como si esto lo llevaran en los genes, se hace con un modesto nombre en nuestra ciudad. Pepita, con sus treinta y pico de años aproximadamente, mujer todavía joven, con un tesón envidiable porque tiene que sacar adelante a sus cinco criaturas, a la muerte de nuestro padre, sin ayuda de nadie y porque también le gusta lo que está haciendo, se toma en serio lo del taller de costura y tira para adelante sin complejos y con la seguridad de que aquello le va a funcionar. Tiene además la fortuna, dentro de la desgracia de perder a su ser más querido, de formar un tándem con otra viuda en soledad, esposa de uno de sus hermanos, mi tía Carmen, en el que mientras una labora con el fin de obtener los ingresos suficientes para vivir con dignidad, la otra se ocupa de la faena doméstica completa de la casa.


            Pepita es buena en su trabajo, lo que viene a ser avalado por el continuo aumento de su clientela; hasta tal punto de que hay que solicitar sus servicios con bastante tiempo de antelación, que hay que ser previsora con ella. Es además seria y muy exigente en el mismo, amante de las cosas bien hechas. Ella toma medidas, corta en la gran mesa cuadrada del comedor y monta en aquellos maniquíes que nunca faltaron en mi casa, como testigos mudos de todos sus trajes, faldas, blusas, vestidos y abrigos. Las oficialas y aprendizas, en buen número, laboran en el cuarto de al lado, donde se encuentran las dos o tres máquinas de coser de las marcas Singer o Alfa. Sabe escuchar y atiende las indicaciones de sus clientas; pero sin privarse de aconsejar a éstas lo que le va mejor a su cuerpo, a su hechura, en razón del tejido escogido y a la moda que se refleja en las revistas de moda de cada época, que también abundaban en nuestra casa, como el Marie Claire, el Hogar y la Moda o el Burda, por poner algunos ejemplos.


            Sin apenas saber escribir bien, en pequeños cuadernitos anota las medidas básicas tomadas sobre el cuerpo de su clienta, acompañada de su nombre o apellidos y hay que verla cortar el tejido, colocado sobre la mesa, trasladando sus medidas a él con aquellos metros amarillos que se enrollaban a mano, señalando la forma con aquella especie de pastilla de jabón pequeña y dura que servía para marcar y sin jamás usar patrones. Se gozaba, aunque éramos unos críos, viéndola reproducir los vestidos elegidos de los figurines sobre el maniquí de turno; como con la ayuda de los alfileres que había en unas almohadillas o sin sacar aún del papel en donde venían clavados en perfecto orden, daba forma al cuerpo, cortando por aquí y por allá, uniendo las diferentes partes con costuras sueltas que sólo servían para apuntalar el vestido. Luego venía la primera prueba, que llevaba a cabo en la habitación primera de la casa, la más cercana a la puerta, donde además de dos tresillos, un armario y una mesita pequeña y redonda, existía un gran espejo donde poder mirarse con comodidad la señora o señorita, que de todo había, y que nosotros llamábamos el probador, en donde con alfileres se afinaban las medidas sobre el mismo cuerpo de la clienta o se señalaban con puntadas los reajustes. Más tarde el vestido era marcado por pespuntes largos que iban reemplazando a los alfileres, para pasar a continuación a manos de las oficialas, que siguiendo las indicaciones anteriores lo iban cosiendo a máquina con el fin de prepararlo para una segunda prueba. En tanto que las aprendizas, como su nombre indicaba, se instruían en esta tarea, sobrehilando, poniendo botones, aprendiendo a hacer ojales y a echar dobladillos, pespunteando y con una tarea añadida que les venía divinamente, como era la entrega de los vestidos ya concluidos en los domicilios de las propietarias, en donde en la mayoría de los casos recibían las correspondientes propinas, amén de que se escapaban del taller para tal menester  y disfrutaban de la calle, en donde no faltaban alicientes de todo tipo.

 

VERSOS LANZADOS AL AIRE

            VERSOS DE OTOÑO

            Miles de otoños murieron
como motas de desecho,
hoy padecen simple nada,
sobras de opacos silencios,
allá, donde el tedio mora,
donde residen los tiempos.


            Miles de otoños esperan
las venias para ser tiempo,
para asomarse a la vida,
para inspirar nuevos versos,
para ser ansiada musa
de los juglares del verbo,
esos que, con sus palabras,
despiertan los sentimientos
de la mente adormilada,
de la tierra y de los pueblos.

            Hoy, como otras muchas veces,
vuelve el otoño a su juego,
demandándome un poema,
para soñar en sus sueños,
para recitar bajito
a la sombra de su tiempo.
Hoy, mi otoño, te regala,
estos, mis primeros versos,
natos, junto a tu nacer,
para que duermas contento.

P.D.
FALTAN 52 DÍAS
MISERABLES AQUELLOS QUE QUIERAN RENTABILIZAR POLÍTICAMENTE TU MUERTE. Mª CARMEN, DESCANSA EN PAZ.

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO


            ENTREGA  NÚMERO  15 
    
            PEDRO ALFÉREZ GONZÁLEZ   -   PETER, PÌTER, CASIO, : CASIO. PERO REVERTE Y PEDRO ALFÉREZ


            Pedro Alférez es un dibujante que nació en Inca, Islas Baleares en el año 1925 y falleció en Barcelona el 26 de noviembre de 1987 y que además fue guionista, portadista, viñetista, prologuista, historietista, humorista gráfico, ilustrador, divulgador y acuarelista.

            Pedro Alférez aunque nació en las Islas Baleares pronto  se trasladó a Barcelona con sus padres en los años treinta del siglo XX. Publicó sus primeros cómics en los años cuarenta, entre ellos la serie El Halcón de Acero.  Luego, realizó series como Conejín (1945), El Rey de la Jungla (1948) o Mascarita (1949). Posteriormente, se hizo cargo de la serie de cuadernillos El Inspector Dan, y también trabajó con Bruguera, en la colección Historias. 

            Con intereses por la industria, fundó junto a su hermano Fernando Alférez, Feralgo, la editorial Éxito en 1946, para publicar cuadernillos de humor y de aventura, aunque fue efímera. También realizó trabajos de publicidad y se inició como pintor, de hecho integró el grupo de acuarelistas 'El Micalet'.

            En 1958, Alférez se trasladó a Francia donde permaneció la siguiente década, destacando por su trabajo en la serie Brik, le Corsaire du Roi (creada por Jean Cézard y dibujada anteriormente por Jacques Arbeau). En 1968, Alférez fue dibujante de la serie alemana Fix und Foxi, además de otros muchos trabajos para sellos de Europa.

            A su regreso a España realizaría sus últimos trabajos en la revista Strong.

            En la década de los setenta fue miembro fundador del Club DHIN, incipiente agrupación de historietistas e ilustradores que buscaban reivindicar y dignificar su profesión y colaboró en la revista Tío Vivo.

            Pedro Alférez inició su carrera profesional durante los años cuarenta, trabajando en cuadernos de editoriales como Ameller y en revistas como "Leyendas Infantiles" y "Pulgarcito".[]

            A pesar de su fracaso con su hermano Feraldo en el año 1948, al año siguiente, consiguió, sin embargo, su primer serial de larga duración con Mascarita (Grafidea, 1949), bajo guiones de Federico Amorós.[]

miércoles, 7 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO  59

            Una excursión:   A CALATRIFA

        Una excursión llena de atractivos y que nosotros sólo hicimos en una ocasión fue la de la subida a nuestro Gurugú. Menuda paliza, vaya caminata; verdadera fortuna que la bajada correspondiera al regreso. Salvo los momentos del comer y contemplar con los ojos muy abiertos nuestra ciudad desde la altura y la lejanía, fue una larga jornada de subir y bajar, desplazándonos por caminos terrizos, sin asfaltar e irregulares, a veces a campo traviesa, cosa que a nosotros no nos importaba en absoluto, pues éramos como cabras buscando siempre los lugares más intrincados a pesar de las advertencias de los profesores o mayores que nos acompañaban. Con aquella parada obligada en los manantiales de Yasinem, para rellenar las cantimploras y disfrutar con agua tan deliciosa; aunque nos dijeran los anteriores que el agua no tenía ni olor ni sabor. Al volver a casa sólo teníamos ganas de acostarnos y de dormir como lirones. Nos daban un vaso de leche bien calentita y a buscar los sueños, que acudían inmediatamente.


            Escapadas al Pueblo tampoco faltaron, en busca de rincones por descubrir, jugando a escondernos en sus múltiples recovecos, para  asomarnos al gran mar y ver su inmensidad salpicada de menuditos e insignificantes barcos; fijando nuestros ojos en los atardeceres, porque de noche ya estábamos de vuelta en casa y no nos agradaban las oscuridades del lugar, en aquella enorme bombilla que era la luz del faro, en la pequeña iglesia, siempre soportando como fiel vigía las erosiones de las inclemencias del tiempo, que servía de morada a los mendicantes capuchinos o franciscanos, que no entendíamos mucho de órdenes y hábitos por aquellos años, en la cuesta que conducía al templo en donde la soldadesca bebía el vino al porrón y comía la tortilla de patatas en Casa del Manco, en la Puerta de Santiago, que era como las de las películas de la Edad Media o en los atrevidos muchachotes que se arrojaban al mar desde las rocas próximas al Foso de Hornabeque o desde la Cabeza del León. Así como las giras al otro Faro, el del espigón del puerto, para contemplar a los pacientes pescadores como lanzaban el hilo de sus cañas y anzuelos o para capturar cangrejos entre los bloques, para darnos cuenta de lo lejos que estaba el Gurugú y para sentirte atraído y aspirar y sentir el olor a mar. Ese mar que te llama, que te reclama cuando llevas mucho tiempo en el interior de la Península sin tenerlo presente y del que sientes añoranza en la lejanía.


            Ya siendo estudiante de Magisterio nos dio por hacer algunas excursiones a uno de los rincones más bellos de las cercanías de nuestra ciudad y en terreno marroquí, que había sido también frecuentemente visitado por nuestros mayores; me refiero al lugar conocido como Calatrifa. Desde el barco que hace la ruta Málaga-Melilla se puede contemplar antes de llegar a nuestra ciudad y nada más doblar el Cabo Tres Forcas la belleza de un paisaje abrupto y salvaje, con cortados que caen sobre el mar, cuyas olas baten contra ellos salpicando de blanco el panorama en su base y con pequeñas y encantadoras calas de arenas doradas y aguas limpias y transparentes. Una de estas es Calatrifa. No sé si los accesos a la misma en la actualidad han mejorado y facilitan la llegada a tan bello rincón; lo que sí recuerdo es que en aquel tiempo tenían un cierto riesgo, ya que los estrechos senderos eran fruto del ir y venir de la gente y no existían caminos especialmente preparados por el hombre para tal fin. Existían algunos tramos de una anchura cercana al metro o menos, que más parecían caminos de cabras, y otros en que casi exagerando un poco te veías obligado a hacer montañismo, moviéndote entre rocas o te veías obligado a bordear éstas, que en la bajamar sólo te obligaba a mojarte los tobillos, pero que en la pleamar te exigía cruzarla a nado. Sin embargo, tanto esfuerzo valía la pena por la belleza natural y tranquilidad del lugar. Te encontrabas con una pequeña playa de arenas finas y limpísimas y a sus espaldas el cortado, con aguas absolutamente transparentes donde al bañarte veías con total nitidez el fondo marino, con peces pequeños en tus mismas cercanías, con cangrejos diminutos que huían porque alterábamos su tranquilo habitat sin miramiento, con un revolotear de diferentes especies de aves; acompañado del silencio que sólo era roto por el canto de éstas, por el continuo batir de las aguas y por nuestras voces. Refugio verdadero remanso de paz que nosotros en aquellas jornadas profanábamos.


            De verdad que nunca olvidaré aquellas excursiones en las que nos encontrábamos con la naturaleza en su auténtica realidad, sin que ese enorme depredador que es el hombre, aún hubiera puesto sus manos encima para modificarla sin ninguna justificación.  

VERSOS LANZADOS AL AIRE

            PALABRAS

            MAR, diminuta palabra,
monosílabo pequeño.
Mensaje de inmensidad,
encierras en tus adentros,
eres planicie salina,
la gran musa de mis versos.


            Si jugando,M te regalo,
la “A” del viejo alfabeto
y la pones tú, delante,
de tu salífero cuerpo,
mutarás significado,
convirtiéndote en gran verbo,
AMAR, de amores sagrados,
AMAR, de amores al viento.


            Y si, por entretenerme,
continúo con el juego,
de regalarte más letras,
y tú, convertirte en verbo,
ahí tienes una “RE”,
para “REMAR” en mis sueños,
y una raquítica “RI”,
para “RIMAR” en mis versos




P.D.
FALTAN  53  DÍAS 
¡QUÉ SE ACABE LA CORRUPCIÓN Y QUE SE CIERREN A CAL Y CANTO LAS CLOACAS APÈSTADAS CON LOS QUE LAS CONSTRUYERON DENTRO!

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

 
            ENTREGA  NÚMERO  14

            ALEJANDRO JUAN MARIO SALAS MACHUCA   -   ALEX SALAS


            Alex Salas fue un dibujante, historietista, ilustrador, pintor y dibujante de animación, que nació en el año 1941 en Lima, la capital de Perú.

            Dibujante de historietas, sobre todo para el público infantil, que trabajó en Perú, Argentina y España. Comenzó dibujando al Topo Gigio para la revista argentina Billiken, y en 1961 también trabajó como intercalador para los dibujos animados que se emitían en el Canal 11 de Buenos Aires, llegando a formar parte del equipo que realizó el largometraje animado Anteojito y Antifaz. También en este periodo colaboró en Tia Vicente, Patoruzú y Rico Tipo, cabeceras argentinas todas ellas, y en las publicaciones peruanas La Prensa y Siete Dias.

            En el comienzo de los años setenta decidió dar un salto profesional a Europa. Trabajó para las líneas de cómic infantil alemanas a través de la agencia Bardon Art (al menos para el tebeo Condor, concretamente en la serie aquí conocida como Vickie el vikingo), y directamente colaboró también en varias revistas de Bruguera entre los años 1975 y 1985 (para sus revistas creó series como Los Plumitas o Rosco Bill). En el final de los años setenta, alternó estos trabajos con puntuales colaboraciones con Garbo y Amaika.

            Tras la caída del imperio Bruguera se dedicó a trabajar para Disney a través de agencia, dibujando sobre todo historietas del pato Donald, e introduciéndose en el ámbito de la animación de la mano del director Jaime Díaz. Durante este tiempo vivió también en la ciudad italiana de Lucca.

            Luego, afincado definitivamente en Barcelona, se dedicó a la pintura, en un colorista estilo cubista que solía firmar como Condorkan.