jueves, 12 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO SÉPTIMA

17.-  Unos Payasos: POMPOF Y THEDY, NABUCODONOSOR Y NABUCODONOSORCITO

        Algo que alteraba la rutina de los juegos infantiles era la llegada a la ciudad de un circo, cualquiera que fuera su tamaño e importancia, ya que para los pequeños todos nos parecían monumentales.

        Este espectáculo hoy casi en peligro de extinción, por la dichosa televisión y otros adelantos de la técnica, tenía por entonces, en los años de nuestra niñez, un tirón extraordinario y no sólo era el goce del espectáculo en sí, sino todo lo que conllevaba su aparición hasta la triste despedida, en la que dejaba la huella de su paso efímero en el solar que le había dado cobijo.

       ¿Quién iba a pensar que aquella experiencia de Philip Astley, allá por finales del siglo XVIII, cuando traslada sus exhibiciones ecuestres, en Londres, a una pista cerrada y cubierta, se convertiría con otros aderezos y en el devenir del tiempo en el mayor espectáculo del mundo, como se llegó a considerar al circo?


            A aquella primera exhibición de caballos seguiría la presentación y doma de toda clase de animales, desde los fieros tigres y leones hasta los divertidos monos y perros, desde los pesados elefantes hasta las más variadas muestras de serpientes. La aparición en el aire de los trapecios fijos y volantes, los ejercicios de fonambulistas sobre la cuerda floja o sobre el alambre, los saltos mortales de los gimnastas y acróbatas, los equilibristas de las bicicletas y de los divertidos monociclos, el mimo, la magia, la prestidigitación, los juegos malabares y esa máxima que no faltó nunca en el circo del más difícil todavía.

       Algún amigo o compañero de juego daba la voz, que no se podía decir de alarma, sino de su presencia y todo se alteraba un poco. El dónde y el cuál eran interrogantes que aparecían de inmediato y una vez sabida las respuestas se iniciaba el peregrinaje hacia el solar donde se ubicaría y con el fin de comprobar la categoría del mismo según el volumen que desplazaba y el número y movimiento de la trouppe circense que lo soportaba. Recuerdo nombres en la lejanía como el Teatro Circo Arriola, el Circo Alegría, los que llevaban nombre de ciudades o topónimos de países de gran tradición en este tipo de espectáculos y que hacían referencia principalmente al centro y este de la vieja Europa y al omnipresente yanqui de la modernidad, tales como el Circo de Berlín, el Ruso, el de Inglaterra, el Americano o el Internacional; el Teatro Circo Chino de Manolita Chen era otra historia y hablar de circo en España, era obligado recordar al Price de Madrid.


           Después del primer anuncio, venía, como señalé anteriormente, el desplazamiento al lugar donde se instalaba para presenciar cómo se levantaba aquel singular edificio de maderas, hierros y lonas y además en el más corto espacio de tiempo. Todo dejaba entrever un trabajo muy bien ordenado, como si cada empleado supiera su quehacer de memoria, duro y respondiendo todos al unísono a las voces de los mandamases, que eran imprescindibles, y acompañando el desplazamiento de mástiles pesados y enorme, por ejemplo, con gritos rítmicos que facilitaban el trabajo. Un auténtico hormigueo humano ocupaba el solar, rodeado por los vehículos que transportaban todo el material y a la totalidad de personas y animales del mismo. Los gritos y las voces se mezclaban con los ruidos del montaje, que se planteaba primero sobre la superficie allanada del solar, como si se tratara de enorme puzzle, encajándose cada pieza en su lugar y levantarlo más tarde como los mecanos de nuestra niñez.


NUESTRAS CRIATURAS

 
CAPITULO DE DIBUJOS A PLUMILLAS DE MELILLA

386   .-   MONUMENTO QUE ESTUVO A PUNTO DE DESAPARECER EN MELILLA, EL DEDICADO A LOS HÉROES DE ESPAÑA, YA QUE GOBERNANDO EL PSOE Y CON LA APROBACIÓN DE LA COALICIÓN POR MELILLA Y EL EXDIPUTADO DE CIUDADANO EDUARDO DE CASTRO, QUE TENIENDO UN SOLO VOTO, EL SUYO, LO HICIERON PRESIDENTE DE LA CIUDAD AUTÓNOMA, INCREÌBLE PERO CIERTO, ACORDARON DERRIBARLO. EL HECHO NO SE CONSUMÓ POR LA OPOSICIÓN DEL PP Y SU AMENAZA DE LLEVARLO A LOS TRIBUNALES; AUNQUE SÍ ADMITIERON QUE DESAPARECIERAN  TODOS LOS SÍMBOLOS FRANQUISTAS QUE EXISTÍAN EN EL MISMO, FUNDAMENTADO EN EL RESPETO QUE ESTA CIUDAD TIENE POR LOS LEGIONARIOS Y SU CONSTRUCCIÓN DE ESTILO MODERNISTA. SE ENCUENTRA EL MISMO EN LA CONFLUENCIA DE LA CALLE O´DONNELL CON LA ARTERIA PRINCIPAL DE LA CIUDAD, ANTIGUAMENTE AVENIDA DEL GENERALÍSIMO Y EN LA ACTUALIDAD AVENIDA DEL REY JUAN CARLOS I, QUE NO SABEMOS EL TIEMPO QUE DURARÁ ESTA DENOMINACIÓN.


                             ( Trabajo muy interesante del Monumento y de la calle del fondo )
El Viso del Alcor, 12 de Febrero de 2026
                                                                      

miércoles, 11 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO SEXTA

16.-  Un Monte: EL GURUGÚ   ( III )

            Sin embargo, el Gurugú de nuestra niñez y juventud fue otro, ya no había conflictos en los alrededores de la ciudad, al otro lado de la frontera. Fue época en que España había convertido, junto con Francia, a la zona del norte de África próxima a España, en Protectorado, quedando la zona septentrional para nuestro país, en tanto que la del sur, más próspera, era regida por los franceses.


            Por todo ello, el Gurugú era nuestro monte, el que deseábamos visitar y conocer, el que nos hacía soñar con aquellas edificaciones que coronaban su cima y que nosotros con nuestra imaginación las convertíamos en castillo medieval, donde habitaron dragones que fueron matados por los valientes amigos de la muerte, por los legionarios.


            Era el Gurugú, con todo el verdor de su arboleda, sobre todo de pinares, el que despertaba en nosotros el deseo de ser visitado en excursiones escolares, que llegaron a hacerse realidad y con la parada obligada en Yasinem para rellenar cantimploras y apagar la sed del camino con el agua de sus manantiales.


            Cómo no recordar en nuestro camino hacia el Instituto, en los días crudos, pocos, del invierno melillense y volver la mirada hacia atrás para ver sus cimas cubiertas con el manto blanco de la nieve, que también desaparecía pronto. O el regreso desde el Instituto, con el aire que descendía de él dándonos de cara, que te helaba las orejas, enrojecía nuestras mejillas y te hacía caer el moquillo de la nariz.


            Qué panorámica más agradable desde diferentes rincones de la ciudad vieja en días de claridad, cuando vas viendo el puerto, los barrios céntricos de Melilla, la periferia, las diferentes playas con el moderno paseo marítimo actual y en la lejanía, como custodio viejo y sin brusquedades, sin enormes aristas, con distintas tonalidades de verde, nuestro Gurugú; el monte de nuestros sueños, lleno siempre de misterios, que desbordaban nuestra imaginación infantil, como señalaba antes, y que inventaba aventuras en las que no podía faltar la tropa, ni la propia ni la ajena, en donde las emboscadas eran fáciles por parte siempre del moro, pero que como le ocurría a los pieles rojas en las películas del oeste americano, también siempre terminaban perdiendo.

                              
            Era el Gurugú como el decorado omnipresente de muchas de las postales de Melilla, por donde se enrojecía el cielo como preludio del día ventoso que se avecinaba. Venía a convertirse en uno de los recuerdos inolvidables para esa interminable lista de soldados que venían a cumplir con su obligación con la patria en nuestra ciudad y que era causa de tantas lágrimas y preocupaciones para sus familiares. Al creer éstos, por su ignorancia en principio y por las historias lejanas ya contadas, así como por las historietas inventadas en su torno, que venían al fin del mundo, al desierto de las películas africanas y que por el contrario, se encontraban con una moderna y cosmopolita ciudad. Eso sí, siempre al amparo de ese majestuoso y gran macizo montañoso que no era otro que el Gurugú nuestro de todos los días.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE DIBUJOS A PLUMILLAS DE MELILLA

385   .-   COMO CONTINUACIÓN AL DIBUJO DE AYER HOY COLGAMOS EL QUE HICIMOS PARA LA BODA DE LA HIJA DE MARIMEL Y ALEJANDRO EN SENTIDO APAISADO Y ELEGIDO AL AZAR ENTRE MUCHOS MOTIVOS QUE PODÍAMOS DIBUJAR Y LO CURIOSO FUE CUANDO LO RECIBIERON ES QUE EL VENTANAL DIBUJADO FUE EL DE LA VIVIENDA DONDE VIVIERON DESPUÉS DE SU CASAMIENTO DE FORMA PROVISIONAL HASTA QUE SE MARCHARON A SU DOMICILIO HABITUAL. COINCIDENCIAS DE LA VIDA ¿VERDAD? LA ALEGRÍA FUE GRANDE PARA ELLOS, AL RECORDARLE QUE ALLÍ VIVIERON, EN LA CALLE CASTELAR, MUY CONOCIDA POR SER LA VÍA PRINCIPAL QUE CONDUCÍA AL CEMENTERIO DE LA PURÍCIMA CONCEPCIÓN DE MELILLA.


                                            (INTERESANTE Y LABORIOSO TRABAJO)

                                                  El Viso del Alcor, 11 de Febrero de 2026

martes, 10 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO SEXTA

16.-   Un Monte: EL GURUGÚ   ( II )

        Aunque ello no quiere decir que todo este devenir fuera siempre de rosas. Se pasaron momentos muy críticos por la falta de visión de muchos políticos y porque en la Península, en general, se estaba ajeno al hecho, con su problemática peculiar, de la existencia de la misma Melilla; que sólo despertaba ríos de tinta en los periódicos peninsulares cuando las crisis se hacían inevitables y se daba el enfrentamiento entre los defensores y detractores de nuestra misma presencia en el norte de África.

         Nos contaban nuestros mayores lo mal que lo pasaron en 1901, cuando las cábilas que rodeaban la ciudad se movían con total anarquía, sin respetar al Sultán, moviéndose bajo la dirección de los jefecillos que afloraban en cada una de ellas, con la aparición de líderes que se enfrentaban a la máxima autoridad. Hasta tal punto era el caos y el desorden, que los trabajos de las minas y del ferrocarril del Rif se detienen. El comercio de la ciudad cae empicado, no se importaban productos a la ciudad porque no se vendían, la Junta de Arbitrios, especie de Ayuntamiento, no recaudaba para poder atender su presupuesto, la Cámara de Comercio alerta a la población acerca de la situación que puede traer graves consecuencias y el mismo periódico local, el Telegrama del Rif, lanza una editorial en donde habla de la situación del mercado de Melilla como enfermo de gravedad. El comercio cae a mínimos y como se ve que el Sultán no puede acabar con aquel desgobierno y desorden, que pone en riesgo la misma supervivencia de la ciudad, basada principalmente en la estrategia de su comercio, brillante en otras épocas anteriores, obliga al gobierno español, ante las continuas advertencias y peticiones del General Marina, a hacer uso de la fuerza.


            Y nuestras tropas se ven envueltas en un duro conflicto bélico con un enemigo mejor conocedor del terreno. Es cierto que tiene menos recursos y conocimientos de orden militar, pero que sabe moverse en la guerrilla como pez en el agua. Se producen victimas como en todas las guerras y son muchos los que alzan sus voces en contra de esta intervención militar.

       La situación de la ciudad se salva y Melilla vuelve a la normalidad, hasta que en el 21 se produce otro conflicto del que mi madre me contaba el miedo que pasaron; sobre todo, cuando desde el acorazado Alfonso XIII, que junto con el Cataluña y el Bonifaz, constituían la retaguardia de las tropas de a pie, desde el mar lanzaba centenares de bombas, que por la distancia o por los errores de cálculo de los cañones o de los marinos que los manejaban, caían en la misma ciudad, sembrando accidentalmente de muertos y heridos distintos rincones de la misma, tan cercanos a la parte baja del Gurugú. Nos contaba a nosotros, que éramos unos chavales aún, que estas acciones les quitaban el sueño y les llenaban de angustia por el repetido y monótono silbar de las bombas y las explosiones que se producían a continuación y que todo era un sinvivir.


            Y todo por la defensa de un destacamento que se había instalado en Tizza, como en otros lugares del Gurugú, para dar seguridad a Melilla. Caserío de poca importancia situado en un terreno quebrado a unos 10 ó 12 Km de la ciudad, a la derecha de la carretera del Zoco el Had de Beni Chicar y que iba a una de las cimas del Gurugú, Taxuda, en el suroeste y que recibía los víveres desde Melilla. Ante la imposibilidad de llevar el convoy de víveres, porque Tizza se encuentra rodeada de rebeldes, nuevamente se decide intervenir bajo el mando del Comandante General José de Cavalcanti, que tras una afortunada y arriesgada decisión, que le llevará a recibir felicitaciones y las más duras y feroces críticas, lleva a cabo una contienda que consigue su objetivo, pero que no evita muchas muertes entre los cabileños y en la misma tropa española, como suele ocurrir en todas las guerras. Mi madre guardaba tristes recuerdos de aquella acción bélica y cuando hablaba de la campaña del 21 parecía que el miedo le venía y tenía una fijación con las bombas del acorazado Alfonso XIII.


                                     (Comandante General José Cavalcanti )
 

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE PLUMILLAS DE MELILLA

384   .-   ALGUNOS DE NUESTROS DIBUJOS A PLUMILLA TIENEN SU PEQUEÑA HISTORIA COMO EL QUE COLGAMOS HOY. SE CASABA LA HIJA DE MARIMEL Y ALEJANDRO ,NUESTRA SOBRINA, LA QUE FUE COMO NUESTRA PEQUEÑA HERMANA CUANDO CON TRES AÑITOS SE VIENE A VIVIR CON NOSOTROS, Y NOS PIDE QUE LE HAGAMOS UN DIBUJO DE ALGO DE MELILLA PARA PONERLO EN LA INVITACIÓN DE BODA. COMO NO SABEMOS SI LO QUIEREN APAISADO O VERTICAL, LE HACEMOS DOS PLUMILLAS, Y ELEGIMOS COMO MOTIVO DOS VENTANAS MODERNISTAS, SEÑAS DE IDENTIDAD DE LA ARQUITECTURA DE NUESTRA CIUDAD, PARA QUE ELIJAN LA QUE LES PAREZCA MEJOR PARA TAL FIN Y ADEMAS LA REPRODUCEN EN UN TAMAÑO BASTANTE GRANDE JUNTO A LA LISTA DE LAS MESAS DE LOS INVITADOS; ASÍ QUE NO PASA DESAPERCIBIDA NUESTRA PEQUEÑA OBRA.


                                                    El Viso del Alcor, 10 de Febrero de 2026

lunes, 9 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO  SEXTA    

16.- Un monte:   EL GURUGÚ   ( I )


        El Gurugú, al igual que el Río de Oro, era otro elemento importantísimo de la geografía física más cercana a nosotros y sin duda, el macizo montañoso más significativo, no ya por su altura, pues no alcanzaría los 900 metros su altura máxima, de nuestro entorno. Estaba compuesto por el Taquigriat, el que más destacaba, con sus 880 metros y por el Basbel, Tizi, Taquiras, Kol-la y Taxuda.

         En sus laderas nacía nuestro río, el de Oro, así como los riachuelos de Farhana y Mezquita, que recorrían la ciudad cuando llovía torrencialmente y contaba con manantiales que surtieron de agua a Melilla durante muchos años, especialmente el de Yasinem, al que visitamos en alguna ocasión con motivo de excursiones escolares o por propia iniciativa cuando ya teníamos más años y nos dejaban ir solos, y el de Trara, con aquella fuente de muchos grifos que había en el camino del Colegio de La Salle, debajo de la escalera que salvaba la diferencia de altura y junto a los pabellones militares y adonde en más de una ocasión, cuando faltaba el agua corriente en los hogares por averías, íbamos a llenar cántaras o los más variados recipientes de líquido tan necesario para beber y para las comidas.

                                   


                                                                    (Fuente de Trara)

       Todo repoblado, suponía un importante pulmón verde para nuestra ciudad.

     Macizo siempre envuelto en la leyenda y en el misterio, protagonista hasta de coplillas y escenario de enfrentamientos bélicos entre marroquíes y españoles, de diversos combates que fueron importantes sobre todo en las Campañas de 1909 y de 1921 y de los que oíamos hablar a nuestros mayores con mucho respeto y con el deseo de que no volvieran a repetirse.

      Hay que pensar que la Melilla de siglo XIX cumplía una doble función, la de ser centinela avanzado de España sobre el Magreb y por qué no decirlo, el más duro de los presidios de nuestro país.

     Era al mismo tiempo como un enorme barco anclado, como una isla sin serla, instalada en una costa tradicionalmente hostil a penetraciones foráneas. La misma Melilla desde hacía muchísimos años había sido la excepción y muchas muertes y lágrimas costarían su supervivencia. Ejerciendo una doble labor de vigilancia: por un lado, la del ancho mar, donde la vista se perdía en el horizonte sin encontrar tierra alguna, que no fueran pequeños islotes aparentemente sin importancia y por otro, y precisamente por tierra, la ejercida sobre el intratable a veces y anárquico siempre cabileño.

 Todo esto no quita el que fuera un puerto con muchas posibilidades comerciales, que con el paso de los años se fue haciendo realidad. Las competencias de otros estaban muy lejanas en el espacio y los intentos, propiciados principalmente por los franceses que dominaron Argelia, por quitar esta hegemonía a nuestra ciudad afortunadamente siempre fracasaron. Un comercio brillante que al principio estuvo en manos de casas comerciales hebreas, lo que no era de extrañar ni excepción alguna,  pues este pueblo apátrida siempre estuvo y lo sigue estando al frente de la economía en cualquier lugar del mundo en que se encuentre. Era Melilla un centro comercial admirable con relación a la región del Rif e ideal para la salida de sus preciados y abundantes minerales, en especial del hierro; hasta tal punto, que se la podía considerar como la ciudad que poseía la llave de la puerta de dicha zona.

                                                    ( Minas del Rif )

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE PLUMILLAS DE MELILLA

383   .-   ENTRANDO EN MELILLA LA VIEJA PRONTO TE ENCUENTRAS CON LA PLAZA CONOCIDA COMO DE LOS ALGIBES, DESTACANDO ENTRE ELLAS ALGUNAS DE SUS PUERTAS, COMO LA QUE DA ACCESO A ESTOS, QUE CUANDO ESTÁ ABIERTA PUEDES CONTEMPLAR EL AGUA QUE SERVÍA PARA ABASTECER A LOS HABITANTES DEL CONOCIDO COMO "PUEBLO" DE LA CIUDAD AMURALLADA. EN MUCHAS DE SU PIEDRAS, CURIOSAMENTE, PUEDEN ENCONTRARSE SÍMBOLOS DE LOS PICAPEDREROS PRESOS, QUE CON ESTOS TRABAJOS PODÍAN REDIMIR PARTE DE SUS PENAS.
 

                                                 El Viso del Alcor, 9 de Febrero de 2026
                                      

domingo, 8 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO QUINTA

15.-  Un Cocinero:   HADE   ( II )

        Hasta nos creó la afición el bandido y rara es la fiesta que celebramos, ahora que estamos fuera de allí, en donde falten los pinchitos.

        Y cuando íbamos por Melilla, en especial en verano, una visita obligada era para él. Visita algo egoísta, por supuesto, ya que había que reponer las especias; que como buen cocinero las daba, pero sin poderle sacar su contenido o composición. Últimamente las compramos en las tiendas del Zoco y la verdad que no son las mismas que las que él nos preparaba.


            Me han dicho que ya está jubilado y me lo imagino sentado en el sofá, cansado ya de su larga vida y rodeado de algún que otro nieto, que no le faltarán, con la añoranza o nostalgia de no poder hacer la comida, porque su andar ya es torpe y no puede estar mucho tiempo en pie y porque le falla algo la vista; lo que no será obstáculo para ver la tele y en especial los deportes, de llevarse el doble sofocón de que hayan eliminado a sus dos selecciones, España y Marruecos, del Mundial de Fútbol, a pesar de ganar sus dos últimos encuentros con claridad y por culpa, que el no se callará, de que otras selecciones se hayan dejado perder, traicionando el verdadero espíritu deportivo, que a él nunca le faltó.

            Porque Hade fue un amante del deporte y en especial del baloncesto, que practicó con un cierto éxito en Melilla. Muchas fueron las horas que pasó en las diferentes canchas de nuestra ciudad, desde aquella legendaria Compañía de Mar, terriza y con tableros de madera, hasta la de Bandera de Marruecos, sin olvidar el cemento de La Salle ni el ladrillo rojo machacado de la Hípica, ni las de los distintos cuarteles o las improvisadas en cualquier calle de los difernets barrios con motivo de sus fiestas.

     Algunas escapadas a la vecina Nador y a otras poblaciones del entonces protectorado español, tales como a Segangan, Xauen, Uxda o al mismo Tetuán y Larache; así como a la Península, con el fin de disputar los sectores de Andalucía, con la incorporación, por entonces, de estas dos plazas de Soberanía, que eran Ceuta y Melilla. Jugando con hombres como Piñero, Nicasio, Lele, etc., y poniéndoles siempre los cuartos muy difíciles, con su equipo el Juventud, a los poderosos equipos de La Salle o de la Hípica, por señalar algunos.

     Tan sólo había algo con lo que no podías y no me refiero a las bromas del “jalufo”, sino a cuando con ruidos y con el movimiento del brazo y la mano, se imitaba el silbido  de la serpiente.


            Era algo que te podía, que superaba tus fuerzas, que te ponía de mal humor. Gritabas entonces, corrías como un poseso y eras capaz de todo para evitarlo. Te ponías serio y no querías cuenta con nadie. Lo peor es que tus compañeros y amigos lo sabían, y por ello, continuamente estabas expuesto a este tipo de bromas, sobre todo cuando lo estábamos pasando bien.

      Yo, para algunos, para no pocos, aquí en la Sevilla del viejo Al-Andalus, soy como tú el Moro. Hasta quiseron insultarme escribiendo en alguna pared blanca, manchándola, afeándola, sin que supieran quienes lo hacían que tuve en tí, Hade, un estupendo compañero de viaje en esta vida nuestra, como lo fueron también otros tantos moros y hebreos: los Abselam, Mohatar, Abdelkader, Tahar, Mustafa, Mohamed, Hamed, Benguigui, Belilty, Chocrón, etc., etc.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE PLUMILLAS DE LA CIUDAD DE MELILLA

382   .-   RINCÓN DESDE DONDE SE PUEDE VER EL PUENTE QUE CONDUCE A LA FAMOSA PUERTA DE SANTIAGO. LUGAR RESTAURADO EN SU ACCESO AL FOSO Y PLAYA DE LOS GALÁPAGOS QUE TIENE SU ENTRADA POR DOS GRANDES ARCOS Y CON ACCESO POR LAS CERCANÍAS DEL MANTELETE Y DEL PUERTO.


                                                    El Viso del Alcor, 8 de Febrero de 2026

sábado, 7 de febrero de 2026

BIOGRAFÁ NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO QUINTA

15.-  Un Cocinero:   HADE   ( I )


( Hade es el que sostiene el banderín, a la izquierda en la foto y de pie Luciano Tejedor y a la derecha Fernando Arjona, Antonio de Antonio Campoy, Salvador Guerrero y los her,anos Calabuig, y agachados Mohatar y Antonio Coronado)

        Hace muchísimo tiempo que no lo vemos, le perdímos la pista; aunque no a los suyos, hasta supimos que entre su numerosa prole, al igual que otros tantos, su mujer le dio un par de mellizos. Si nuestro buen amigo Mosi era hebreo o judio y no se me ocurriría llamarle israelita, porque cuando participábamos en los mismos juegos de niñez ni siquiera existía el Estado moderno de Israel y el otro sólo se encontraba en los Libros Sagrados, de Hade puedo decir, no en tono peyorativo, porque nunca empleamos en ese sentido este vocablo, que es moro.

        Moro, como poblador de la zona norte de África o aplicado también al individuo de la población musulmana de la historia de Al-Andalus. Haciendo esta salvedad, porque curiosamente uno, cuando descubren en la Península nuestra procedencia, de la que sería absurdo renunciar e inevitable, sí ha padecido el uso de ese apelativo , algunas veces como fruto de la ignorancia y hasta con un cierto afecto, las menos, y otras, hasta con bastante saña, con ánimo de ofender, maliciosamente, con rencor, como insulto que se arroja con intención de molestar y que lo hayan conseguido o no es otra historia, en especial, si uno ha dedicado parte de su vida a la tarea pública.

        No creo que Hade fuera de aquellos que identificaban su mayor grado de libertad, llegada la Independencia de Marruecos, entre otras cosas, por aquello de sustituir lo de moro por caballero musulmán o marroquí. En primer lugar porque siempre, desde su origen, siguió la religión de Mahoma; aunque en nuestra particular cruzada de infancia y juventud, quisiéramos en más de una ocasión hacerlo cristiano, que hasta terminó siendo cocinero de las Escuelas Cristianas de La Salle; pero sín éxito, cosa lógica y natural. Y en cuanto a lo de marroquí, tampoco ello le traería grandes preocupaciones mentales. Es más y dadas las circunstancias que le acompañaron en su vida y sin renunciar a una terminología más o menos acertada, supongo que tendría más ventajas, más seguridad laboral para él y para los suyos, viviendo en Melilla, aspirando a la nacionalidad española. Lo de caballero nada tenía que ver con la religión ni con el hecho geográfico en sí y siempre tuve la creencia que él fue una buena persona.


            Siempre lo vi igual, era de las personas que nunca me produjo una sensación de cambio, como si su molde pudiera engrosar por los kilos o blanquear su pelo por los años o arrugarse su rostro por el paso del tiempo, sin que dejara de ser el Hade de siempre. Recuerdo su sonrisa permanente, su tez morena y pelo rizado, su hablar parco y cadencioso, su buen humor, su paciente actitud y en especial, siempre lo relaciono con la gastronomía, con su peculiar cocina.


            Hade fue el eterno cocinero de los Campamentos Juveniles de Rostrogordo. Antes lo había sido en los turnos que para jóvenes acampados de nuestra ciudad se celebraban en el pueblecito malagueño de Cortes de la Frontera, población de la fue alcalde durante muchos años nuestro querido amigo y compañero, también melillense, Fernando Arjona Carmona y en donde había tantos alacranes que un año no te libraste de una picadura que te puso la pierna toda hinchada, a pesar del preparado que tenían en el pueblo, dada la abundancia de estos, para contrarrestar su veneno y que te suministraron inmediatamente. Es que bicho malo nunca muere, dicen, y aquí la peor parte la llevó el alacrán, al que sí mataron a golpes. Y todo por aquello de querer quitarle el sitio en un colchón a otro, con tan mala fortuna que en uno de sus recovecos, calentito, estaba el dichoso animal, de los que tampoco faltaban en Rostrogordo. También fue cocinero de los Albergues ubicados en distintos locales de la ciudad, como el de Ataque Seco, por encima del Sagrado Corazón, de las comidas entre amigos, de la Gota de Leche y que terminó dando de comer a los Hermanos de La Salle; sin olvidar sus experiencias “feriales”, con sus celebrados y exquisitos pinchitos morunos, cuando la feria de septiembre se montaba fuera del Parque Hernández, en la calle Teniente Coronel Seguí y la Plaza de España y él se anunciaba por sí solo o en cualquier cafetín o caseta con aquel slogan, que alguna vez tuvimos que rotularle que decía: “Ni soy rey ni soy príncipe, soy Hade” y que servía para competir con el archiconocido Sadia y otros monarcas de los pinchos, con el atrevimiento de su nombre carente de títulos y de su calidad, pues la verdad era que estaban ricos.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

381   .-   SIMPÁTICO RETRATO DE UN TRÍO DE HERMANOS QUE SON SOBRINOS DE ANTONINO HIJO, DIFÍCIL DESPUÉS DE TANTOS AÑOS RECORDAR EL  NOMBRE DE LOS TRES PEQUEÑOS. LO QUE NO OLVIDAMOS, POR SUPUESTO, ES AL PADRE DE ANTONINO HIJO, DE IGUAL NOMBRE, NI A SU MUJER MARINA, LOS QUE ESTÁN EN LA NÓMINA DE NUESTROS MÁS QUERIDOS Y ENTRAÑABLES AMIGOS Y CON LOS QUE DESEAMOS ENCONTRARNOS CUALQUIER DÍA PARA RECORDAR TIEMPOS PASADOS.

                                                        El Viso del Alcor, 7 de Febrero de 2026

viernes, 6 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un Barco: EL VICENTE PUCHOL   ( IV )

            Llega el momento de la verdad y cuando subes la escalera miras hacia delante, porque los mayores nos han dicho que no hay que mirar para abajo, que eso marea. Algún atrevido vistazo se te escapa y no pasa nada. Pronto el olor característico del barco se te va metiendo en la nariz. Atravesado el pasillo próximo a la borda te encuentras con otra escalera, ésta descendente, que da como a las bodegas donde están las literas, que no vas en primera clase ni en camarote. El otro olor a combustible quemado en los motores se mezcla con el de la comida, el de los vómitos y orín y el de los fuertes desinfectantes, sin saber con cuál quedarte como más desagradable. Lógicamente, como señalaba antes, a tantos no nos meten en camarotes; se trata donde estamos de un espacio grande con compartimentos de cuatro literas pareadas, que se comunican por arriba y por abajo, lo que permitía como pudimos pronto comprobar que toda clase de voces, gritos, llantos de niños pequeños, risas y ruidos escatológicos, llegaran con absoluta claridad a nuestros oídos; así como veíamos correr las aguas y otros líquidos por el suelo, acompasando el movimiento del barco. Unas literas que soportaban un colchón durísimo y una almohada que no le iba a la zaga, una especie de mesita de noche, en cuyo interior se encontraba algo parecido a una bacía o plato metálico, que se intuía que era de cobre por su color, más grande que la de los barberos, que servía para recoger parte de los vómitos cuando llegaban, pues cuando éstos eran mayúsculos o frutos de una gran hartera no tenía capacidad suficiente para soportarlos, cayendo los mismos al suelo o incluso, si no andaba listo, al pobre infeliz de abajo, que raramente se libraba de las salpicaduras. Claro, que también los había despistados, que no conociendo su destino y además propietarios de estómagos fuertes a los que no molestaba ningún balanceo del barco y que los utilizaban para una frugal y casera ensalada. Plato que otros empleaban hasta como auténtica bacinilla y que se sujetaba en un aro de hierro acoplado en la cabecera de las literas y que no perdía, como el mismo habitáculo, su olor tan característico por mucho que se limpiase.


Te subías a la cubierta y apoyado en la barandilla te despedías de los tuyos con una sonrisa nerviosa y seguías oyendo los consejos de los que se quedaban en tierra. Poco a poco tenías la impresión de que el muelle se te alejaba y era el Vicente Puchol el que emprendías su rutinario navegar. Era difícil poner en práctica tantas recomendaciones; lo que te pedía el cuerpo era seguir en cubierta mirando desde la borda como las luces del puerto y de la ciudad, de Melilla la Vieja después, cuando dabas la vuelta al faro del espigón, se alejaban y sólo llegabas a ver en un momento  las del barco reflejadas en el inmenso mar. Hasta que el balanceo de éste y el sueño que luego te costaría coger, te obligaban a bajar a tu litera. Una vez acostado en ella cerrabas los ojos y pretendías no pensar en que te ibas a marear, tratabas de convencerte que aquel enorme cascarón de hierro no se movía en realidad tanto, que el mar estaba tranquilo, que era bueno aquello que te habían indicado de acompasar tu respiración al balanceo del Puchol, que no era aconsejable el moverte en demasía y que la postura ideal era la de supino, mirando aquel techo de hierro, sobre el que seguramente por la diferente categoría de su billete, se encontraban otros pasajeros en mejores condiciones que uno. Cansado de tanto pensar en remedios y a pesar de la variedad de ruidos, que se atenuaban con el paso de las horas, sin llegar a desaparecer, el sueño te atrapaba y cuando te venías a dar cuenta, si la noche era buena, te veías en el amanecer entrando en el puerto de Málaga.


            Muchos viajes hice y por diferentes razones en el viejo y achacoso Vicente Puchol, incluso mejorando la estancia de aquel primer viaje, en camarotes de dos y de cuatro, en clase de primera y nunca conseguí quitarme aquel olor tan peculiar que tenía el buque una vez que me encontraba en su interior. El trato que recibí del mismo no se lo puedo achacar ni en un sentido positivo ni negativo, ya que él era juguete del medio por el que se trasladaba, dependiendo su movimiento de la intensidad y dirección de los vientos y de cómo se encrespaba el mar por su causa. Eso sí, tengo que confesar que no fui mal marinero, que raramente me mareé estando en sus fauces y en los muchos viajes en los que lo utilicé; no ocurriéndome lo de mi hermano mellizo, que en todo no íbamos a ser iguales, que nada más salir del puerto melillense estaba echando la tostada de la mañana, pasándolo francamente mal y que hasta en días en el que el mar estaba como una auténtica piscina no podía evitar el marearse y vomitar.


            Luego vinieron las réplicas modernas a los Puchol y Lázaro de Transmediterránea, con los lógicos adelantos de la navegación, dotados con camarotes más lujosos, con butacas de más categoría, con cafetería y pequeñas tiendas en su interior, hasta con una coqueta piscina y comedor confortable, con menores olores y disminuidos ruidos, con azafatas y puesto de mando como el de las películas...; pero ya no era lo mismo, pues con los adelantos de la modernidad se perdía el encanto de lo aventurero, de lo misterioso, del si yo te contara. Porque antes escuchabas el golpe de la proa, cuando el oleaje era bravo, al dar sobre el mar y pensabas que se podía partir, que imaginación no nos faltaba y habíamos visto muchas películas de corsarios y piratas o desde el puerto, se te cortaba la respiración cuando en aquellos días en que la línea del salir o no salir por las inclemencias del tiempo sólo era responsabilidad del capitán de turno o de la irresponsabilidad del mismo, veías como desaparecía el barco tras el fuerte oleaje, para verlo de nuevo con alivio cuando las aguas descendían. Lo importante es que llegabas y curiosamente nunca tuve noticias de accidente alguno de aquellas reliquias de la navegación, que no por ello, en sus primeros viajes también serían considerados como novedosos, en cuyos costados nunca faltaron los ágiles y pintorescos saltos de los delfines que durante una parte del trayecto les acompañaban y que desde mi primer viaje despertaron mi admiración hacia estos animales, testigos silenciosos de tantos viajes e historias en las que el Vicente Puchol algo tuvo que ver.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

380   .-   DE LA SAGA DE LOS LÓPÉZ DE EL VISO DEL ALCOR, HOY COLGAMOS EL RETRATO DE UNO DE SUS NIETOS Y DE SU MUJER, EL QUE LLEVA EL NOMBRE DE SU ABUELO, FEDERICO JAIME LÓPEZ, HIJO DE JOSÉ MANUEL JAIME Y DE MARI CARMEN LÓPEZ, PERSONAS MUY APRECIADAS POR NOSOTROS. FEDÉRICO ES LICENCIADO EN BELLAS ARTES Y SU MUJER, ROCÍO, ES GINECÓLOGA. UNA PAREJA ENCANTADORA.


                                                El Viso del Alcor, 6 de Febrero de 2026

jueves, 5 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un barco:  EL VICENTE PUCHOL   ( III )

        Llega el momento de la verdad y cuando subes la escalera miras hacia delante, porque los mayores nos han dicho que no hay que mirar para abajo, que eso marea. Algún atrevido vistazo se te escapa y no pasa nada. Pronto el olor característico del barco se te va metiendo en la nariz. Atravesado el pasillo próximo a la borda te encuentras con otra escalera, ésta descendente, que da como a las bodegas donde están las literas, que no vas en primera clase ni en camarote. El otro olor a combustible quemado en los motores se mezcla con el de la comida, el de los vómitos y orín y el de los fuertes desinfectantes, sin saber con cuál quedarte como más desagradable. Lógicamente, como señalaba antes, a tantos no nos meten en camarotes; se trata donde estamos de un espacio grande con compartimentos de cuatro literas pareadas, que se comunican por arriba y por abajo, lo que permitía como pudimos pronto comprobar que toda clase de voces, gritos, llantos de niños pequeños, risas y ruidos escatológicos, llegaran con absoluta claridad a nuestros oídos; así como veíamos correr las aguas y otros líquidos por el suelo, acompasando el movimiento del barco. Unas literas que soportaban un colchón durísimo y una almohada que no le iba a la zaga, una especie de mesita de noche, en cuyo interior se encontraba algo parecido a una bacía o plato metálico, que se intuía que era de cobre por su color, más grande que la de los barberos, que servía para recoger parte de los vómitos cuando llegaban, pues cuando éstos eran mayúsculos o frutos de una gran hartera no tenía capacidad suficiente para soportarlos, cayendo los mismos al suelo o incluso, si no andaba listo, al pobre infeliz de abajo, que raramente se libraba de las salpicaduras. Claro, que también los había despistados, que no conociendo su destino y además propietarios de estómagos fuertes a los que no molestaba ningún balanceo del barco y que los utilizaban para una frugal y casera ensalada. Plato que otros empleaban hasta como auténtica bacinilla y que se sujetaba en un aro de hierro acoplado en la cabecera de las literas y que no perdía, como el mismo habitáculo, su olor tan característico por mucho que se limpiase.


            Te subías a la cubierta y apoyado en la barandilla te despedías de los tuyos con una sonrisa nerviosa y seguías oyendo los consejos de los que se quedaban en tierra. Poco a poco tenías la impresión de que el muelle se te alejaba y era el Vicente Puchol el que emprendías su rutinario navegar. Era difícil poner en práctica tantas recomendaciones; lo que te pedía el cuerpo era seguir en cubierta mirando desde la borda como las luces del puerto y de la ciudad, de Melilla la Vieja después, cuando dabas la vuelta al faro del espigón, se alejaban y sólo llegabas a ver en un momento  las del barco reflejadas en el inmenso mar. Hasta que el balanceo de éste y el sueño que luego te costaría coger, te obligaban a bajar a tu litera. Una vez acostado en ella cerrabas los ojos y pretendías no pensar en que te ibas a marear, tratabas de convencerte que aquel enorme cascarón de hierro no se movía en realidad tanto, que el mar estaba tranquilo, que era bueno aquello que te habían indicado de acompasar tu respiración al balanceo del Puchol, que no era aconsejable el moverte en demasía y que la postura ideal era la de supino, mirando aquel techo de hierro, sobre el que seguramente por la diferente categoría de su billete, se encontraban otros pasajeros en mejores condiciones que uno. Cansado de tanto pensar en remedios y a pesar de la variedad de ruidos, que se atenuaban con el paso de las horas, sin llegar a desaparecer, el sueño te atrapaba y cuando te venías a dar cuenta, si la noche era buena, te veías en el amanecer entrando en el puerto de Málaga.

            Muchos viajes hice y por diferentes razones en el viejo y achacoso Vicente Puchol, incluso mejorando la estancia de aquel primer viaje, en camarotes de dos y de cuatro, en clase de primera y nunca conseguí quitarme aquel olor tan peculiar que tenía el buque una vez que me encontraba en su interior. El trato que recibí del mismo no se lo puedo achacar ni en un sentido positivo ni negativo, ya que él era juguete del medio por el que se trasladaba, dependiendo su movimiento de la intensidad y dirección de los vientos y de cómo se encrespaba el mar por su causa. Eso sí, tengo que confesar que no fui mal marinero, que raramente me mareé estando en sus fauces y en los muchos viajes en los que lo utilicé; no ocurriéndome lo de mi hermano mellizo, que en todo no íbamos a ser iguales, que nada más salir del puerto melillense estaba echando la tostada de la mañana, pasándolo francamente mal y que hasta en días en el que el mar estaba como una auténtica piscina no podía evitar el marearse y vomitar.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

379   .-   DOS EXCELENTES AMIGOS, JESÚS Y MARI GUILLÉN. ÉL UN PROFESIONAL DEL MUNDO DE LA PINTURA Y ELLA UNA EXCELENTE FOTÓGRAFA, GANADORA DE MUCHOS PREMIOS, PORQUE ES CAPAZ DE CONVERTIR SUS HABITUALES FOTOS, CUALQUIERA QUE SEAN LOS ACONTECIMIENTOS QUE RECOGE, EN VERDADERAS OBRAS DE ARTE. POR LA QUE SENTIMOS. ADEMÁS DE MUCHO APRECIO, UNA SINCERA ADMIRACIÓN.
    
                                                       
                                               El Viso del Alcor, 5 de Febrero de 2026

miércoles, 4 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un Barco:  EL VICENTE PUCHOL   ( II )

        Con el paso de los años las condiciones fueron mejorando; aunque no para tirar cohetes, pues todos conocemos bien las limitaciones de nuestro actual aeropuerto, así como de la imposibilidad de cumplir los horarios cuando el tiempo se rebrinca un poco.

        La única vía que rompía dicho aislamiento en mis años mozos con cierta regularidad y como en los toros, también si el tiempo lo permitía, era la del transporte marítimo. El que nos ponía en comunicación con la península, especialmente y casi a diario, con Málaga y una o dos veces a la semana con Almería. Todavía no estaba construida en nuestro puerto la Estación Marítima y el pueblo, la ciudad vieja, se nos caía a pedazos fruto del abandono, ya que no existía como ahora esa preocupación por recuperarla y restaurarla. Era sin duda una joya abandonada a la degradación del tiempo, a su mala suerte y que en otro lugar podría haber sido mimada y convertida en generadora de fuertes ingresos y admirada por propios y extraños en razón de sus numerosos encantos. Y nuestros referentes de aquellos años eran los barcos gemelos, con los que estábamos tan familiarizados que llamábamos simplemente como el Lázaro y el Puchol y no me refiero a los modernos, que ya también habrán quedado anticuados, sino a los viejos, a aquellos que se movían como un cascarón de nuez en una torrentera originada por tormenta estival y que bastaba con que el cielo se llenara de luces, tronara algo y que el Dios Eolo estornudara una mijita, revolviendo el aire y provocando marejadilla en el Estrecho, para que amarraran a puerto y durmieran en la tranquilidad de las aguas resguardadas a medias, bromas aparte.


                                               ( BUQUE ANTONIO LÁZARO )

        Lo cierto es que para gente menuda como nosotros cuando recibimos el bautismo de su utilización, el Vicente Puchol nos parecía inmenso, un barco de película, que nada tenía que ver, sin ser un trasatlántico, con los pesqueros, por muy grande que fueran algunos, que se mecían en la dársena junto al Club Marítimo. Eso sí, tampoco se podían comparar con aquellas otras grandes moles que llenaban sus tripas de mineral de hierro en el Cargadero. El Vicente Puchol era algo intermedio entre ambos; pero para la chiquillería seguía siendo enorme. Luego, una vez que te haces mayor, comprobabas en sus últimos viajes, la relatividad de las cosas y que no era tan enorme como nos parecía y menos aún con relación a sus sustitutos que llevaron sus mismos nombres cuando fueron destinados a su desguace.

        De pequeño, una vez satisfecha la aventura de salir de la ciudad por tierra, esperábamos con verdadera ansiedad la llegada de la primera salida a la península, a la otra España, por medio del barco, utilizando el Vicente Puchol.

        Tendría unos trece o catorce años cuando me convertí en protagonista, por lo menos para mí lo era, de esta historia tan importante de cruzar el “charco”, que así lo llamábamos y que nos perdone el ilustre y celebrado Mare Nostrum, nuestro Mediterráneo, porque unos chiquillos le diéramos este calificativo aparentemente peyorativo, para desembarcar en la ciudad de Málaga. Sería por aquel corto trayecto comparado con la grandeza del afamado mar, de los más grandes de su categoría y casi aspirante a Océano.


            Nervios desde que supe que iba a ir a Málaga, por estar incluido en uno de los equipos deportivos que se desplazaba a la capital de la Costa del Sol para participar con otros chavales o “chaveas”, como se decía por entonces en Melilla, de las diferentes provincias andaluzas en el sector de esta región, previo al nacional, a los que asistirían los vencedores de estos sectores, con los de otras regiones, que todavía no se llamaban Comunidades Autonómicas ni tenían la composición actual de éstas. Y también porque había que subirse en el Vicente Puchol y estar sobre el mar durante por lo menos ocho horas. Nervios que se acentuaban el día de la partida, que tratabas de disimular sin éxito; en que preparabas tu primera maleta, aquellas de cartón piedra con maderas en las aristas y de colores poco discretos y dibujos algunas de cuadros. Nervios porque no querías llegar tarde y después de cenar más ligero que otras noches en cuanto a la cantidad, porque el pellizco que tenías en el estómago y a pesar de ser bastante tragón, no te dejaba ingerir más alimentos y por la llamada a la parada de taxis para que te viniera a recoger para trasladarte al puerto y que por la impaciencia del momento parecía que no llegaba nunca. Luego te pegabas el plantón en el puerto; pero bueno, allí estabas con tus compañeros de viaje, igual de nerviosos e intranquilos que yo, y con los familiares de todos, que no paraban de darnos consejos y con el monumental Vicente Puchol delante de ti, con su escalerilla preparada, meciéndose suavemente con su rutinario sube y baja.