domingo, 29 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJESº


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una criada:   MAIMONA   ( IV )

     Cuando casi todos nos reuníamos en vacaciones la casa era otra. Mi madre no sabía como atendernos mejor en la creencia cierta de que como en la casa de uno no había nada y Maimona se esmeraba sobre todo a la hora de la comida.

     Marimel y José Ángel, terminados sus estudios, regresaron a Melilla y con el transcurrir del tiempo, al igual que nosotros con anterioridad, formamos nuestras respectivas familias. Las visitas nuestras a Melilla por motivos puntuales, alguna boda o bautizo, exposiciones pictóricas u otros acontecimientos, se fueron distanciando en el tiempo; pero cuando las hacíamos siempre nos encontramos con las mismas atenciones por parte de Maimona, que era la más servicial del mundo.

     Recuerdo aquel año que fuimos las tres parejas: la de mi hermano Clemente y Rosa, nuestros queridos Diego y Carmen y Adela y yo, en la que lo pasamos fenomenal y que nos encontramos con que la mujer de Diego, a la que conocíamos familiarmente y con cariño como la “Chata”, que no estaba habituada a los nombres de allí, sin ninguna intención y con toda la educación del mundo, cuando se dirigía a ella la llamaba “Mamona”, que originaba nuestras llamadas de atención de que era Maimona, con “i”, y que hacían reír a ella misma, que no se veía afectada por aquel error involuntario.


            Cuando mi madre dejó la casa para ingresar en una Residencia, donde estaba mejor atendida; aunque se acentuaba su soledad a pesar de estar rodeada de muchas más personas y le acompañaba la tristeza de abandonar el hogar de casi toda su vida, Maimona desapareció del mismo también y de nuestras vidas; pues aunque se hizo cargo de la portería del portal número 7, reemplazando a Luisa, la hija de Dolores, que fue la primera portera que conocimos y que nos quería a los “mellis” de locura, nunca más volvimos por allí ni la volvimos a ver, cosa que me hubiera agradado para darle un fuerte abrazo y mis gracias más sinceras y sentidas, no por lo que hacía por nosotros, sino por lo que hizo por mi bendita madre.

    Gracias, Maimona, porque fuiste para nosotros algo bien distinto a una criada o empleada del servicio doméstico.

                         

 



VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega     236

    TETE COHETE   ( I )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA Biografía entrega nº 34


Personaje creado por Francisco Ibáñez y que aparece por primera vez el año 1981 en la revista Mortadelo y Filemón y luego en Jaimito. En esta se presenta en formato de bolsillo y enfocada al público infantil en principio con historietas cortas de 6 a 8 minipáginas dibujadas por equipo apócrifos.

         En 1983 aparecen sus historietas en una página en el dario “Avui” y más  tarde en las revistas de Zipi y Zape y en Super Zipi y Zape; e incluso se hicieron historietas largas apócrifas en la revista Pulgarcito en formato clásico, donde Tete Cohete aparece como amigo del Botones Sacarino.

         También aparecen sus historietas en la revista Guai y fueron traducidas al catalán, por Domínguez Navarro. Llegando incluso sus historietas al mercado alemán, donde fue bautizada con el nombre de “Rudi Raquete”. E igualmente apareció en la revista Super Humor Olé.

sábado, 28 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una criada:   MAIMONA   ( III )


      Hablaba poco y sonreía siempre, la parquedad de su palabra iba acompañada de su peculiar uso del castellano, como le ocurre a la mayoría de los marroquíes cuando hablan nuestro idioma. El trato con todos nosotros era muy agradable y deseaba continuamente complacernos, sobre todo a la hora del yantar.

     Cuando después de comer y porque teníamos aquella costumbre de llevar los útiles y objetos de la comida desde el comedor a la cocina antes de que ella llegara a casa, lo mismo que la faena de poner la mesa, hacíamos intento de levantarnos, nos indicaba que la dejáramos y que ella lo haría sola. Por supuesto que no atendíamos sus deseos y le ayudábamos en el transporte de aquella liviana mercancía; convenciéndola incluso a veces de que se quedara en la cocina y nosotros le llevábamos los trastos para que ella los fuera limpiando.

     Mujer limpia como la que más. Sólo había que ver su cuidada ropa, que antes de empezar la faena colgaba en la percha que había detrás de la puerta de los aseos y sustituía por una bata que le llegaba casi a los pies de vivos colores y dibujos que ajustaba a su cintura con un cinturón estrecho, cambiando igualmente su calzado de calle por unas cómodas babuchas, cuyas suelas arrastraba al caminar por tener esta costumbre. Antes de marcharse dejaba todo limpio y bien recogido. Desde siempre también llamaron nuestra atención sus manos, que las tenía como manchadas, al igual que partes de su rostro y su pelo brillante, siempre cubierto por pañuelo grande perfectamente anudado. Aquel material rojizo debía de ser fuerte, porque no se quitaba con agua, con la que trabajaba continuamente. Pronto supimos que se llamaba “hanna” y que tenía mucho de costumbre, de tradición, de cultura y hasta de religiosidad.

     Pero donde había que ver a Maimona era a la hora de limpiar el suelo, cuando aún no existían las fregonas o porque ella estaba reñida con aquel invento cuando apareció y nadie le cambió su sistema. Flexionaba su cuerpo por la cintura, convirtiéndolo en un “U” invertida e iba, después de mojar el suelo, recogiendo el agua en un movimiento de zig-zag sorprendente. Casi sin doblar las rodillas, con el trabajo que nos costaba a nosotros este ejercicio en las clases de Educación Física, se recorría todo el pasillo, llegando hasta con las palmas de las manos; dándonos la impresión, aunque estaba rellenita, que estaba como los artistas circenses, algo descoyuntada; ya que se movía con una enorme agilidad a pesar de su robustez. Con el paso de los años nuestro hogar se fue quedando casi solo; mis hermanos mayores formaron sus respectivas familias; José Ángel y Marimel se vinieron a estudiar a la Península y curiosamente a Sevilla, en vez de Granada o quizás por tener familiares del padre afincados en dicha ciudad; nosotros también fuimos destinados como maestros fuera de Melilla; así que mi madre se vio sola y con la única compañía de Maimona.

     Las sucesivas roturas y operaciones fueron quitando movilidad a mi madre. Primero fue la rótula de la pierna derecha. Yo estaba en Galicia cuando le ocurrió tal percance  y tuvo que ocuparse de ella mi hermano Clemente, que si pasaba las vacaciones en Melilla. Después se rompió la cabeza del fémur al caerse en casa de mi otro hermano, Ángel, cuando residía en Málaga; siendo intervenida en Sevilla, donde le pusieron una prótesis que con el tiempo rechazó y a la que tuvieron que reemplazar por otra de iridio y platino que le duró toda su vida y no presentó ningún problema. Más tarde vino la rotura de la otra pierna, de la que no se operó y que con el reposo le formó una callosidad. Se tuvo que valer entonces de las muletas al principio y de una de ellas con el paso de los meses, terminando al final en una silla de ruedas, lo que le afectaba un montón, porque si algo tuvo mi madre, entre otros atractivos físicos y morales, fue el de su caminar erguido que aún a sus muchos años llamaba la atención y despertaba comentarios de admiración entre las que la conocían. Entre toda esta historia y la pérdida progresiva de la visión, como consecuencia de la dichosa diabetes, que le acompañó durante gran parte de su vida y que controlaba magníficamente, con una voluntad de hierro y privándose de lo que fuera, hicieron que Maimona se convirtiera en sus pies y en sus manos.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA    235

    ROMPETECHOS   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA  Biografía Entrega Nº 34


Rompetechos es el protagonista absoluto de esta serie y para su autor, Paco Ibáñez fue uno de sus favoritos.

Rompetechos es bajito, miope, cabezón y muy despistado. El nombre que lleva es irónicamente puesto por su baja estatura.

Sus historietas son de 1 a 4 páginas y las más modernas llegan hasta  6.

En general el personaje tiene la necesidad de hacer o comprar algo, por lo que siempre va de un lado a otro provocando multitud de desastres por su falta de visión que le hace confundirlo todo ( por ejemplo, confunde a un joven melenudo con una margarita y procede a arrancarle sus hojas, o a un hombre disfrazado de vikingo con un ciervo e intenta cazarlo); y en sus compras leerá mal todos los carteles (Por ejemplo, confunde “cabañas usadas” con  “castañas asadas”) Y luego tendrá un diálogo surrealista con el empleado que le atiende y usualmente agrede verbalmente a aquellos que él cree que le están tomando el pelo, terminando todo en situaciones insostenibles, acabando de forma violenta la escena, cuando el tendero lo expulsa dándole un patada o llama a los loqueros o a la policía para que se lo lleven o lo detengan.

Otro hecho que ocurre con esta serie es que a veces la critican por entender que hace burla a los miopes, declarando Ibáñez, que de ninguna manera es su pretensión, pues desde bien joven él es miope y que en todo sería burlarse de sí mismo; pero que los hechos sólo tienen como objeto provocar la risa del lector mediante un arquetipo reconocible y de ninguna de las maneras burlarse de esta tara física en sí.

viernes, 27 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-  Una criada:  MAIMONA

        Mi tía envejeció de pronto; aunque yo siempre tuve la sensación de verla siempre así, mayor, con su luto fiel y permanente a su marido, mi tío Salvador, al que no llegué a conocer y llegó ese día en que hubo que recurrir a una ayuda para ella en casa. Ya no podía con toda la faena de la misma porque cayó enferma y hasta se vio obligada a marcharse a otra casa, a la de una sobrina que tenía tiempo para cuidarla, ya que mi madre con su tarea era imposible que lo hiciera y apareció Maimona en nuestro hogar.

        Era Maimona una mujerona musulmana, algo rellenita, pero que se movía con la agilidad impropia de su figura y de la edad que aparentaba, la que nunca curiosamente supimos y que tenía como todo el mundo su propia historia. Había enviudado hacía pocos años por fortuna para ella, nos contaba; pues su marido, en vida, bebía a pesar de la prohibición de su religión y la maltrataba continuamente, hecho que no era tan mal visto como lo anterior. Así que no era raro que se alegrara de su marcha al otro mundo. Por no tener descendencia y por aquello de que al que Dios o Alá en este caso, no le da hijos, le da sobrinos, la situación también dramática de una de sus hermanas que sí que los tenía, la obligó a hacerse cargo de ella y de su numerosa prole y tener que trabajar en lo que fuera, que además era lo que había hecho casi desde que nació.

      Maimona trabajaba como una mula, porque después de realizar las faenas de casa que terminaba por la tarde, se marchaba a otro hogar para seguir en la briega y antes de llegar a casa, a eso de las diez de la mañana, ya había limpiado el portal, las escaleras y rellanos del bloque donde vivíamos, que tenía cuatro plantas.

     En casa se encargaba de la compra, siguiendo las indicaciones de mi madre, en las tiendas de ultramarinos que había en las cercanías de ella, especialmente en una tiendecita que se encontraba en la calle que daba a la plaza de toros, que nos era muy familiar, pero que ahora no recuerdo su nombre, a la que nosotros también acudíamos puntualmente cuando se necesitaba algo. Cocinaba igualmente y aunque su repertorio no era extenso, lo hacía estupendamente.

     Había  cosas en sus costumbres que nos llamaban la atención, como la de negarse a comer pollo, que a nosotros nos encantaba frito y con ajillos y con abundancia de patatas fritas, porque los compraba en la tienda ya muertos y ella para poder comerlo, nos decía, tenía que matarlo o que alguno de los suyos y siguiendo sus normas lo hiciera. Cuestión difícil de entender para unos jovencitos como nosotros que hacíamos como sinónimos lo de muerte y matar. Era amante de las especias y daba a sus guisos un sabor especial, distinto, sin pasarse en las anteriores porque mi madre se lo impedía. El “jalufo” le estaba prohibido como a la mayoría de los de su religión y pasaba del mismo sin problema; aunque sí aparecía la carne de cerdo algunas veces en nuestro menú. De todas formas, en casa es que éramos más del pescado y de los mariscos que de la carne, gracias a que nuestros sobrinos José Ángel y Marimel vivían con nosotros en ella desde la triste desaparición de nuestra querida hermana Cuqui en plena juventud, y al cuido de mi cuñado Pepe de que no nos faltara ningún día ese material desde hora muy temprana y que llegaba a casa por medio de cualquiera de los marineros que se pasaban puntualmente por allí, siguiendo sus indicaciones, para dejar la carga de pescado fresco y variado, así como del marisco cuando llegaba a puerto y era subastado por él.

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO OCTAVA

28.-   Una  mujer de Servicio o criada: MAIMONA


            En el hogar de mi niñez pensar en tener una criada era pura y dura utopía. En primer lugar por los ingresos que no daban para ello y porque mientras mi madre se ocupaba de obtenerlos, nuestra tía Carmen, viuda también y sin descendencia, se vino a vivir a nuestra casa y se ocupaba de las faenas de la misma.

        Por muchos que éramos, ella se manejaba bien y tenía tiempo para todo, hasta para escuchar todos los días en la radio el serial de Ama Rosa y llevar para adelante la vida y peripecias de sus infinitos personajes e innumerables y casi eternos capítulos, aunque terminaba rendida. Contando además de que nos enseñaron desde pequeños a arrimar el hombro y que no éramos demasiado desordenados.


            Ella se ocupaba de la compra, dejando para cuando estábamos en casa, que era el menor tiempo posible, por razones lógicas del cumplimiento con las obligaciones escolares y por las que nosotros mismos nos echábamos con relación a lo lúdico, los pequeños recados o mandados que respondían a urgencias o a olvidos. Era también tarea suya la comida, que realizaba en aquellas cocinas aún de carbón que encendía con una habilidad y celeridad terribles y a la que costó la propia vida que se acostumbrara al butano. 
Hacía igualmente la cocina y era labor suya el lavado, en aquella pila que existía en el patio junto a la ventana del servicio, porque en aquellos años de nuestra niñez de lavadoras nada; todo era a base de restregar y a mano, con jabón que me parece recordar que se llamaba Lagarto, de color verde, y luego a tender en los alambres que cruzaban el mismo, sujetando la ropa con palillos de madera; aquellos que separando sus dos partes y poniéndole la pieza metálica que los unía en una posición especial, aprovechando sus ranuras, convertíamos en tiradores de objetos pequeños como piedrecitas o garbanzos, que eran una delicia para nuestros juegos y para molestar en ocasiones a determinado personal. También entraba entre sus quehaceres la limpieza de la casa, que no era tarea fácil por aquel enorme y largo pasillo en forma de L, que permitía el acceso a las habitaciones, cocina y servicio.

        Que conste que no era nuestra criada a pesar de tanta faena; pues nunca la vimos quejarse de nada. Era nuestra tía Carmen, a la que queríamos mucho, a pesar de que nos reñía infinito y que consideró siempre aquel hogar y a su gente como muy suyo. La verdad que pensándolo bien para qué nos iba a servir a nosotros una criada. Como no fuera para su comodidad; pero no, no era ella persona de sentarse y mandar. Su carácter fuerte e inquieto seguro que no le hubiera permitido tener a alguien a su lado haciendo las faenas y ella permanecer entre tanto con los brazos cruzados y mirando lo que hacía. Imposible por su parte y mejor para la otra.

        Creo que el éxito de nuestro hogar estuvo en que mientras mi madre se dedicaba a ganar el sustento con su taller de modista, ella se ocupaba de la casa, sin meterse ninguna de las dos en el terreno de la otra, entendiéndose a las mil maravillas, aun siendo totalmente distintas.

                          
            Mi tía sabía más que los ratones colorados y eso que nunca había ido a la escuela; contaba con la sabiduría que da la vida y sobre todo, cuando ésta no era regalada; esa vida que no se había portado bien con ella desde tierna edad. No sé cómo se las arreglaba, pero en las colas de racionamiento duraba poco, trayéndose los artículos sin estar mucho tiempo en ellas. No conozco las historias que contaría o acaso que era mucho su descaro y se colaba simple y llanamente sin importarle nada los improperios que recibía, haciéndose posiblemente y en más de una ocasión la sorda. Sin saber de números, cualquiera la engañaba en la compra. Sabía organizarse y crecimos sin notar importantes desajustes en nuestro hogar en lo referente a la comida y eso que éramos tragones, ni tampoco en lo tocante a la limpieza en todos sus aspectos. Siempre íbamos muy arregladitos, como se decía por entonces y dentro de la  modestia propia de nuestra situación económica, y el aspecto de casa era impecable, porque además eran muchas las personas que la visitaban por el trabajo de mi madre y buena era ella para que presentara un aire que no fuera de su gusto.
 

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA  Nº 235

    ROMPETECHOS   ( I )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34


Serie creada por Ibáñez en 1964 y publicada por primera vez en la revista TIO VIVO de la Editorial Bruguera; personaje  muy bajito que por su mala visión genera numerosas situaciones cómica.

    Existen dos versiones acerca del origen de Rompetechos. La primera, según el propio Ibáñez, es que su Jefe , Francisco Bruguera tenía una gran afición por un personaje de los comienzos del cine llamado Rompetechos; por lo que pidió a Ibáñez que dibujara un personaje con el mismo nombre y este le dio la vuelta a la tortilla creando uno que era bajito y miope. Por otra parte existe un precedente con el mismo nombre, el de Rompetechos de varios años antes publicado en la revista Jaimito de la Editorial Valenciana, que se trata de un piloto muy despistado cuyas aventuras fueron dibujadas por Castillo.

    La segunda versión es la del periodista y escritor Vicente Palomares, que fue director de la revista Mortadelo y Filemón durante la mitad de los años 70, que el personaje estaba físicamente basado en un miembro de la redacción llamado Ernesto Pérez Más.

    Lo cierto es que Ibáñez dibujo 8 posibles personajes, todos ellos bajitos y cabezudos, de los que ganó el séptimo, que supuso la figura definitiva de Rompetechos y que ya no varió nunca.

    En el año 1968 es una de las figuras más visibles de la revista Din Dan  y que aparece tanto en la portada como en el  título de la misma. En un número especial de ella, cosa original y curiosa, Rompetechos llega a colarse en historietas de otros personajes debido a que no logra encontrar su página y termina echándole la bronca a su dibujante, al propio Ibáñez.

    Rompetechos también tuvo sus propias revistas, llamadas Super Rompetechos y Extra Rompetechos des finales de los 70.

    En 2003 recuperó Ibáñez al personaje con historias nuevas para la revista Top-Comic.

    Una recopilación de esta serie aparece en la Colección Olé, tanto en la época de la Editorial Bruguera, como en Ediciones B.

    Y en 2018 se hizo una edición integral de toda su obra.

jueves, 26 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN    ( VI )

        Y para concluir, que casi se me olvida, señalar lo que le ocurrió  un año a nuestro buen amigo Pedrito, cuando bastante pequeños aún, formábamos parte de esta colosal aventura. Todos presumíamos llegado el día de aportar algo a nuestra hoguera procedente de nuestra propia casa: algún objeto de madera ya inútil que guardábamos para tan señalada ocasión, dando la carga, por otra parte, a aquellos de la reunión que no se mojaban. Pedrito era tímido y callado como el que más; pero de un amor propio a prueba de bomba. Cualquier día se iba él a quedar el último en aquellas improvisadas y repentinas carreras, por ejemplo. A lo largo de todo el día vio como unos y otros llevábamos muebles o restos de éstos, ya viejos, a la hoguera y el pequeño Pedro aguantando la carga en silencio y cada vez con peor cara; hasta que no pudo aguantar más y sin decir ni mus salió corriendo para su casa. La actividad continuaba porque entre niños estas ausencias temporales y por múltiples motivos eran normales y además, quién se iba a preocupar por el hecho de que uno de los más pequeños desapareciera.

                                            

        Pero eso sí, lo que verdaderamente llamó nuestra atención y de qué manera, fue su repentina aparición al rato,  ya que era de los que vivía cerca. Llevaba una impecable silla de comedor ricamente tapizada a cuestas y su madre caminaba detrás a buen paso, gritándole: ¡Por Dios, Pedrito, adónde vas con esa silla! ¡Esa no, Pedrito de mi vida! ¡Esa no!

     La madre lo detuvo a tiempo y alguno de los mayores de la reunión tuvo que convencerlo de que no debía de preocuparse, que allí no se admitían por norma muebles nuevos.


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega Nº 234

    EL BOTONES SACARINO   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34



  Los personajes de la serie son Sacarino, el Director y el Presidente; estos último conocidos como el Dire y el Presi.

SACARINO es un joven ingenuo y algo torpe que trabaja en un periódico que se llama “El aullido vespertino” y luego pasa a ser botones de la revista DDT. Sus tareas son múltiples: limpia y ordenar los despachos, rellenar con tinta los tinteros, hacer todos los recados, etc; y por culpa de sus juegos suele provocar líos, confusiones y jaleos en las oficinas, las cuales molestan o perjudican al director o al presidente . No tiene conciencia de sus errores, de lo que hace mal y cuando se equivoca en lugar de afrontarlo se esconde.

El DIRECTOR, al que siempre llama Dire, es un hombre que siempre está enfadado, que viste de negro y que se preocupa mucho por agradar al Presidente. Siempre intenta pillar a Sacarino en sus fallos in fraganti y lo único que consigue es que el Presidente crea que el culpable de todos ellos es él, llevándose todos los golpes por culpa de los errores de Sacarino.

El PRESIDENTE, al que llaman todos Presi, es el gerente de la empresa  editora del periódico, que sólo está por debajo de los Accionistas. Tiene un temperamento colérico e irascible, aunque es fácil impresionarlo. Suele ser víctima de los líos, confusiones y jaleos de Sacarino, y siempre culpa de ellos al Director en vez de a Sacarino.

Curiosidad de esta serie  es que el autor y creador de la misma aparece caricaturizado en algunas de las historietas; pero los dibujos no los hace él, y que son realizados por miembros del equipo de colaboradores, que en la mayoría de los casos son identificables por la firma de ellos que aparece arriba y en la derecha cuando esto ocurre.

miércoles, 25 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-  Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN 

        Nunca queríamos que se acabara la noche; por eso sentíamos pena al tener que recogernos. Algunos, entonces, provistos de cubos recogían aquellas ascuas todavía encendidas para cubrir necesidades del día siguiente o apagaban sus últimos rescoldos para llevarse en recipientes metálicos los restos de maderas convertidos en carbón y su uso en jornadas venideras. Aquello sí que era el fin.


            Recuerdo que un año un grupo de estos y para no tener que hacer esta faena a horas demasiado avanzadas de la noche, se empeñaron en prender nuestra hoguera casi de día. Eran adultos y tenían la razón de su fuerza; pero nosotros no estábamos dispuestos a atender a sus razones y primero tratamos de evitarlo con palabras, con nuestras sinceras y legítimas quejas, pues aquella era principalmente nuestra obra. En vista de que el interés de aquellas personas estaba por encina de nuestras ilusiones y que pasaron a los hechos, nosotros también lo hicimos y por todos los medios que estaban a nuestro alcance tratamos de apagar lo que ellos encendían a base de echar tierra encima, con cubos de agua que nadie sabía de dónde salían, con pisotones, golpeando con ramas y con el riesgo de quemar nuestro calzado o la misma piel, hasta orinándonos con gran descaro encima de la incipiente candela. Menos mal que acudieron otros adultos y que nada tenían que ver con aquellos y sí con nuestras ilusiones y evitaron que prosiguieran en su intento, encendiéndose nuestra hoguera cuando se tenía que encender.

        Con el paso de los años, también entramos en lo que culminaba esta jornada, que de niños nos estaba vedado, que no era otra cosa que la visita a la cercana playa de San Lorenzo. Decían que para encontrarnos con otro elemento purificador, el agua, o para que se cumplieran, como en noche mágica que era, deseos solicitados en silencio y entre las tinieblas, con la complicidad de la luna si la había y el monótono ruido de las aguas en su ir y venir en sus orillas.

        De niño veíamos como grupos de melillenses, principalmente jóvenes de ambos sexos, ruidosamente, hablando en voz alta con acompañamiento de grandes risotadas y gastándose toda clase de bromas, procedentes de otros rincones de la ciudad, pasaban por delante de nuestra hoguera, ya decadente, camino de la playa de San Lorenzo para pasar o terminar una velada divertida realizando juegos que nada tenían que ver con el efecto purificador de las aguas y sí con los deseos más variados.

       No faltaban mayores que no deseaban apartarse de aquellas tradiciones, ni pequeños que les acompañaban. Existían los que se bañaban, con el agrado que supone el entrar en contacto con el agua en noche normalmente calurosa, ni los que gozaban con sólo mojarse los pies en la orilla. Era la costumbre. 

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


             Entrega  nº  234  

     EL BOTONES SACARINO   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía  Entrega nº 34


Esta serie de Ibáñez fue creada en mayo de 1963 para la revista DDT. Su personaje está claramente basado en el franco-belga llamado Gastón Lagaffe, conocido en España como Tomás el Gafe, creado por André Franquin en 1957. En la serie, en 1966, se introduce un nuevo personaje la figura de un nuevo director, ya que el que existía al principio es ascendido a Presidente y al que siempre llaman el Dire .

En la tercera época de el DDT (1957-1977) se publica en doble página central y a todo color debido a su mayor popularidad entre  sus lectores. En 1973 y aprovechando este éxito s l asocia a la cabecera de su revista y dos años después aparecerían las revistas Sacarino y Super Sacarino, ambas de breve vida.

Ibáñez realizó esta serie entre los años 60 y principios de los 80, dejando de dibujarlos en la temporada 81-82, para dedicarse exclusivamente a Mortadelo y Filemón. Los restantes años Sacarino es realizado por un equipo de Bruguera, (es decir, son apócrifos).

Ibáñez la recuperaría en 1984 en sus historietas de Mortadelo y Filemón.

martes, 24 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN   ( IV )

        Y volviendo al tema, llegado este día de vísperas, desde hora bien temprana todo era un ir y venir recogiendo objetos inservibles y apilándolos en el lugar escogido para la hoguera. Cuando alguno aparecía con algo voluminoso era aplaudido y vitoreado. A veces alguien venía a reclamar ayuda porque sólo no podía con el trasto. Lo almacenado y seguro lo dejábamos para el final. Algunas mujeres, que también participaban los adultos en esta fiesta, una vez realizada las faenas de casa, confeccionaban entre risas el muñeco de trapo que servía para coronar nuestra fogata. Otros conformaban el armazón de la misma con los troncos y maderos más largos. La ilusión era tremenda y la actividad febril, no se paraba ni un instante y nuestros ojos brillaban de emoción al verla crecer, la competición consistía para nosotros en mejorar a la del año anterior.

         Cuando llegaba el mediodía había que tomarse un descanso que coincidía con la hora del almuerzo, que aquel día era más frugal o que se ingería con mayor rapidez, deglutiendo los alimentos casi sin masticar. Y sin olvidar de dejar un retén que velaba por la seguridad de nuestro preciado tesoro. Se establecían los oportunos turnos integrados por grupos de chavales que armados con palos vigilaban nuestra singular pira donde ardería en la noche el monigote de trapo.


            Después de comer volvía la actividad. No importaba el calor en aquella jornada ni la digestión, el sudor por aquél y por el esfuerzo realizado te confortaba. Aquello crecía desmesuradamente; sobre todo, en comparación con nuestra propia estatura, pues había troncos y palos que buenamente la triplicaban. Hasta dónde llegarían las llamas este año, pensábamos, y las chispas o pavesas que la fuerza del fuego y el aire las lanzaban al cielo por encima de nuestras cabezas. Menos mal que por allí no había cables de la luz.

     Con tanto trajín la ropa se ennegrecía o manchaba, cosa que no nos preocupaba en absoluto tal día; algún siete aparecía como fruto de cualquier enganchón; golpes con los consiguientes moratones y heridas eran inevitables; para los arañazos, que abundaban con tanto trasiego, lo mejor era la salivita, que lo aliviaba todo.

     La noche se nos venía encima sin apenas darnos cuenta por la misma tarea frenética y se acercaba uno de los momentos críticos, el del encendido, en cuya hora de llevarlo a la práctica nunca nos poníamos de acuerdo; en especial, porque queríamos hacerlo siempre lo más tarde posible por dos razones: por ganarle horas a la noche y porque la nuestra luciera cuando las restantes agonizaban.

     Como para esto ya estaban los mayores, que por tener que manejar cerillas, encendedores y hasta combustibles líquidos, con los que rociaban partes claves de la misma, a ellos correspondía tal función; aunque cada chico hacía lo que le parecía y cualquiera nos impedía meter alguna baza en nuestra candela.

     La expectación era extraordinaria, centenares de personas de todas las edades se congregaban en torno a la misma, procedentes principalmente del Barrio Obrero y sus alrededores. El cielo de la ciudad empezaba a enrojecer por todos sus rincones, columnas de humo ascendían convirtiéndose en indicadores de encuentros alrededor del fuego.


            Éste devoraba todo lo que encontraba apilado allí. Su magia nos atraía y enganchaba nuestras miradas a sus colores y formas continuamente cambiantes. Gritábamos, cantábamos y danzábamos a su alrededor cuando comenzaba a arder; luego el fuerte calor nos iba obligando a retirarnos. Algunas mangueras caseras conectadas a grifos de las casas cercanas se preparaban por si las moscas. El fuego seguía su marcha y cada vez se hacía más grande, ascendiendo en múltiples lenguas hacia las alturas; pronto éstas superaban la segunda planta de las traseras de los bloques de Teniente Coronel Seguí. En el humo blanco flotaban las cenizas y chispas y los pequeños estallidos y el chisporroteo se mezclaban con nuestras voces. El asombro no cesaba.

     Como la misma vida, pasados los momentos de esplendor del fuego desembocaban o daban lugar a su debilidad, su altura iba disminuyendo al igual que su potencia y los jóvenes le ganábamos terreno a sus alrededores. En razón de su progresivo decaimiento la gente se atrevía a hacer ruedas en su torno, cogidos de las manos, y cantaban en este improvisado juego canciones tradicionales de corros, en donde participábamos chicos y mayores y sin distinción de sexos. Y cuando casi se agotaba, cuando las llamas eran mínimas y las ascuas marcaban el círculo de la hoguera, los mayores y más atrevidos, comenzaban a realizar sus saltos, nunca exentos de riesgos por quedarse cortos o por el peligro entre tanto desorden y algarabía de saltar en los dos sentidos a la vez. Algunos movidos por su inconsciencia, arriesgaban en ellos y terminaban por pisotear las ascuas, llevándose el correspondiente susto. Nunca la sangre llegaba al río y todo quedaba reducido a sobresaltos y a recomendaciones que raramente eran atendidas.


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    ENTREGA    233

    PEPE GOTERA  Chapuza a domicilio   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía Entrega nº 34


           Sus personajes son Pepe Gotera, el jefe o capataz, el listillo de los dos, el sabelotodo, el que mira y manda, sin mancharse las manos. Viste traje negro y cubre su cabeza con un bombín rojo y tiene un bigote a estilo de Groucho Marx. Y el currante es Otilio, que más que estar pensando en el trabajo, su mente está siempre alrededor del bocadillo que se va a comer antes de comenzar la faena. Otilio es gordo y lleva una gorra, vistiendo un mono azul. Al comienzo de todas las historietas se le ve comiendo platos completamente absurdos y enormes, como por ejemplo un bocadillo de elefante, de ballena o de vaca, y más tarde del trabajo, el que le mandara su jefe, aparece con extraños y rústicos métodos para llevarlo a cabo. Además como es enorme su fuerza contribuye a que los destrozos que hace sean monumentales en sus errores.

Realmente ninguno de los dos trabaja y lo que hacen es provocar líos y desastres en los lugares que visitan, tales como derrumbes, inundaciones, explosiones y en general daños inmensos.

Y como en el caso de Mortadelo y Filemón siempre es Pepe Gotera es el que paga  y sufre las meteduras de pata de su socio, Otilio, y en la mayoría de sus historietas, en la última de sus viñetas acaban con una carrera, siempre con Otilio delante y con el correspondiente cliente muy enfurecido detrás, a consecuencia del destrozo que ha hecho.

lunes, 23 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:   LA VÍSPERA DE SAN JUAN   ( III )

        Pero como suele decirse que la felicidad es placer de los dioses y nosotros sólo éramos un grupo de chaveas, que así nos llamábamos por entonces en nuestra ciudad, que querían hacer una gran hoguera, la diosa fortuna a modo de chivatazo de algún vecino o por el simple azar se nos volvió esquiva y nuestro gozo se fue al pozo. Los propietarios del piso se presentaron en él y se encontraron sin beberlo ni comerlo con aquel desagradable regalito.

      Seguro que darían parte al cuartel de la policía municipal y que para abrir las persianas, que lo hacían hacia fuera, se vieran obligados a arrojar la sorprendente mercancía a la acera, para que vinieran los empleados de los servicios del ayuntamiento a recogerla; ya que ellos no se consideraban como propietarios de la misma.

      Ya se pueden imaginar el mosqueo de la familia. Cualquiera aparecía por allí para retirarla a otro lugar.


          Otros chicos de barriadas cercanas posiblemente, con la tranquilidad de conciencia de no haber sido ellos y con el atrevimiento de los pocos años, sí que fueron capaces de acercarse al lugar y de llevársela, aun con el riesgo de recibir una dura reprimenda y algún pescozón. Lo cierto es que la familia al final hasta se vio aliviada y quedó agradecida, pues dejaron aquello limpio como una patena.

         A nosotros se nos quedó una cara de tonto de mil demonios.

       Sin embargo, como la venganza no es sólo patrimonio de la deidad, a otro del grupo se le ocurrió cómo compensar aquella afrenta. Reunidos en conclave se acordó realizar una expedición al río de Oro, nuestro río, provistos de latas y botes para capturar en mayor número posible de sapos y ranas. Pensado por alguno, propuesto más tarde y aceptado por todos, al día siguiente se llevó a cabo la gira y pueden imaginar cuál sería el destino de tanto anfibio.


            Con el mayor sigilo posible nos acercamos al balcón y no exagero, más de un centenar de estos animalitos fueron depositados en el mismo. La huida fue vertiginosa y no llegamos a conocer cuál sería la reacción de los propietarios al encontrarse con este nuevo “pastelito”; pero sí que nos la imaginamos. Pudo ocurrir al abrir el balcón por la mañana o cuando el silencio de la noche se rompiera por el ruidoso y monótono croar de tan sorprendentes visitantes.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


Entrega    233

PEPE GOTERA Y OTILIO, chapuza a domicilio   ( I )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA   Biografía  Entrega nº 34


Serie creada por Francisco Ibáñez protagonizada por dos obreros chapuceros y desastrosos y que aparece por primera vez el dos de abril de 1966 en la revista TIO VIVO.

Algunas recopilaciones de la misma aparecieron en la Colección Olé. Fue una serie de máximo éxito a finales de los años 60 y comienzo de los 70, siendo la serie estrella de las revistas DDT y SuperDDT, ocupando sus portadas entre 1972 a i978.

Durante 4 años estos personajes disfrutaron revistas propias debido a su gran éxito. Y como Ibáñez tenía tantos personajes que atender, algunas de sus portadas o historietas fueron apócrifas y muchas de estas las realizó el dibujante Martínez Osete.

domingo, 22 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS. MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27   .-   Una noche:   LA VÍSPERA DE SAN JUAN

   

                                                 

            Anécdotas en torno a esta fiesta a montones las tuvimos todos los niños y jovencitos de aquellos años, al igual que les ocurrirá a los de ahora, si es que siguen haciéndolas.

        Antes de pasar a relatar algunas, quiero hacer honor a un salvavidas al que acudíamos algunos años, cuando nuestra recogida no era la deseada, cuando todos nuestros esfuerzos no eran correspondidos con las ilusiones que poníamos y nuestra hoguera presagiábamos que iba a resultar ridícula. Se trataba, por ejemplo, de aprovechar la influencia de Pili Montes acerca de los suyos, especialmente de su padre, para acudir a aquellos grandes almacenes que tenía en el Industrial, que luego se convertirían en garajes y talleres de la CTM, Compañía de Transporte Marroquí, para traernos todo tipo de material relacionado con la madera de la conocida  firma melillense Juan Montes Hoyo. Material que trasladábamos a veces formando una auténtica caravana, atravesando el puente, bordeando la Gota de Leche por el monte de San Lorenzo, dejando atrás a los bloques Orgaz y hasta llegar a la plazoleta que existía entre los dos grandes bloques de la calle Teniente Coronel Seguí, donde montábamos la hoguera nuestra.. Depositándolo no en la misma plazoleta, sino un poco más abajo, en lugar más cercano a la esquina en donde vivía Manolo “Minerva”. Incluso hubo años en que su generosidad era tal que en el transporte de la empresa nos traían las maderas, entre el griterío y los aplausos de los pequeños.

                            

        Recuerdo aquel año en que se llevó a cabo por parte de los servicios de jardinería municipales una importante tala de eucaliptos junto a la orilla del río, frente a la entrada principal de la Gota de Leche, en donde luego se construiría un mercado y posteriormente la Escuela de Comercio. En esa zona y por tal motivo había material suficiente para todas las hogueras de Melilla y como los troncos, las ramas y las hojas no fueron retiradas inmediatamente, alguien del grupo se fijó en ello y dio la voz de alarma. Aún quedaban días para San Juan; pero cómo desaprovechar aquella ocasión. El único problema que nos generaba su recogida era el de localizar un lugar donde poder guardarlo. Se barajaron múltiples soluciones que fueron rechazadas por su inviabilidad unas, por lo peregrino de otras y por la falta de seguridad de la mayoría. Al final, a alguno se le encendió la lucecita y propuso que si casi deshojábamos las ramas más gruesas, quedándonos con los troncos, podíamos colocarlos en un balcón del primer bloque Orgaz, que llevaba cerrado una eternidad de tiempo, asegurándonos que allí no vivía nadie. Efectivamente, lo pudimos comprobar rápidamente porque las persianas estaban siempre cerradas y descoloridas por la acción continua del sol y de las aguas y por el aspecto que presentaba el balcón de no ser frecuentado desde hacía muchísimo tiempo.


            Buscamos herramientas de las más variadas y nos dedicamos a desmochar de hojas las ramas y troncos, que veíamos más apropiados para almacenarlos en el lugar escogido, para posteriormente y aprovechando la noche trasladarlos desde allí al balcón. Fue hasta divertida aquella experiencia y todo salió como a pedir de boca. Sin grandes aspavientos, porque sabíamos lo que nos jugábamos y haciendo el menor ruido posible, el material se fue acumulando en aquella amplia balconada del primer bloque de los 3 que existían (el tercero en forma de "ele")
, y que en la foto puede verse en la parte superior de la plaza de toros de la ciudad.


VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


ENTREGA    232

7, REBOLLING STREET   ( II )

FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA  Biografía Entrega n º 34



     Las características de esta serie son similares a las de 13, Rue del Percebe, siendo cada viñeta en el interior de cada uno de los apartamentos o pisos; el ratón sigue maltratando al gato y no falta la portera. El edificio entero ocupa dos páginas (nosotros sólo publicamos en principio la parte izquierda del mismo), por lo que su disposición es más horizontal que vertical. Hay 10 apartamentos, una Portería, un bar, una azotea, una sucursal de un banco y un taller de reparaciones. Existen tres plantas y la distribución se reparte  en cuatro pisos por planta.

        En el bajo encontramos el Estrujebank, su director es mayor y algo calvo, con cejas blancas y bigote también cano, está el taller “La Chapuza”. Le sigue la Portería y en la esquina se encuentra la tasca y churrería con el nombre de “Bar Churrúpez Snak, con un camarero de puero torcido en la boca y que suele timar a los clientes

En la primera planta hay un doctor que siempre atiende a sus clientes faltándoles el respeto. Una Empresa, cuyo Jefe y sus empleados siempre andan envueltos en rencillas. Una Pensión, regentada por una mujer metida en carnes, con pelo negro recogido atrás con un moño y un colmillo que sobresale en su mandíbula, con exigencias extrañas a sus huéspedes. Y en cuarto apartamento un tipo que constantemente intenta venderlo, siempre bien trajeado, usando sombrero y con bigote negro, que suele aparecer siempre con una carpeta llena de papeles bajo el brazo y una sonrisa extraña.

En la segunda planta habita un científico loco que realiza experimentos con animales y personas, con resultados muy chocantes. En el centro una anciana amante de los animales que tiene siempre  sorpresas con ellos, entre los que se encuentra entre otros, con perros y gatos, buitres o canario y hasta focas y pulpos. Al lado vive una chica rubia y gordita que  anda siempre buscando novio, con visitas de hombres muy peculiares. Y en el que queda un ladrón con su novia, envueltos en robos a cual más estrafalario.

En la planta tercera está la azotea  que ocupa el espacio de dos pisos, con asistencia de toda clase de personajes, como en la página de hoy, con dos mujeres discutiendo mientras una de ella tiende las sábanas de los fantasmas que habitan en la casa de una duquesa. También hay un ático, donde en principio vivieron unos hippis, que fueron desalojados por no pagar el alquiler; después un hombre muy comilón con nariz de cerdo, Tragoncio, al que siempre se le ve comiendo alimentos muy grandes. A la derecha un deportista, con grandes gafes, obsesionado con los ejercicios físicos y en un espacio cuyo techo está inclinado hacia la calle.

El edificio cuenta cosas curiosa en él y en sus alrededores, tales como un árbol, del que sólo se ve su mitad y dotado de cosas sorprendentes. Entre los rascacielos del fondo el que tiene mayor altura aparece con elementos muy disparatados. El gato y el ratón siempre están en el tejado inclinado del deportista. Igual que “13, Rue del Percebe” por la alcantarilla de la acera delantera entran y salen gente de todo tipo. Por la tubería se oyen conversaciones de un piso de fntasmas. Nunca se ve alguien por las escaleras subiendo ni bajando y las telarañas aparecen en los techos de ellas, en la buhardilla y en el ático, existiendo un par de arañas colgadas de sus hilos y entregadas a su entretenimientos, como leer, fumar en pipa o boxeando.