RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA
23.- Un comercio: LA LIBRERIA Y PAPELERÍA "CASA BOIX"
No sólo eran los libros de textos los que
conseguíamos en Casa Boix, sino ese continuo e inacabable chorreo que
conformaba el material escolar: lápices, gomas de borrar Milán, colores
Alpinos, el papel Guarro para los dibujos, las cartulinas blancas y de colores
para algunos trabajos manuales, el pegamento Imedio, los palilleros y plumas,
el papel secante, la tinta normal y china, algunos botes de témpera, la
escuadra, el cartabón y la regla, el semicírculo graduado y el compás, los
señalados mapas mudos sueltos y para cada ocasión, el papel de seda y el de
envolver para forrar los libros...
De las sandalias, que era el calzado más usado,
decía mi tía Carmen, que gastábamos bien sus suelas, al comienzo de cada curso,
en este ir y venir desde nuestra casa a aquella tienda; al igual que los demás
alumnos, con los que nos encontrábamos allí en muchas ocasiones.
Pero es que no sólo acudíamos allí exclusivamente
para lo relacionado con la tarea escolar, otros alicientes nos llevaban a casa
Boix y muy variados. Este segundo motivo respondía o entraba en el capítulo de
lo divertido, tenía mucho que ver con nuestros pasatiempos, pues los mejores
recortables los encontrábamos en ese establecimiento y con un surtido
variadísimo. Por una lado estaban los que hacía referencia a ese héroe
importantísimo de nuestros tebeos como era Flash Gordon y de los representantes
de todos los pueblos imaginarios que moraban en el espacio infinito, engrosando
los capítulos de los amigos y enemigos del mismo. Algunos, por no decir todos,
seres extraños que eran fruto de la imaginación de sus creadores y que llegaban
a formar parte de la realidad de nuestros juegos, a los que nunca faltaron
buenas dosis de ella. Por otro lado estaban los que representaban a los
diferentes ejércitos; allí no faltaban los infantes, los artilleros, los
regulares y legionarios, los marinos y los de aviación; soldados de los tres
ejércitos, tierra, mar y aire, que nos llevaban horas y horas en su recorte y
sujetos por aquellas solapas que se doblaban en su base y que eran
protagonistas de nuestras inventadas batallas incruentas siempre; en tanto que
las niñas se entretenían con los suyos, con lindas muñecas dibujadas a las que
había que vestir con toda clase de modelitos y complementos, como sombreros,
cinturones, calcetines y calzados que se sujetaban con distintos cuadritos que
se doblaban para tal fin.


Volviendo a nuestros soldados, existían los que iban
acompañados de sus materiales de guerra, los carros de combate, que para nosotros antes de ir al servicio militar eran
tanques, las ametralladoras, las ambulancias con la cruz roja, los muy variados
cañones, los jeeps...
La gama de recortables igualmente era completísima
en su relación con el Belén. La
Virgen María y San José, el Niño en la cuna o pesebre, el
buey y la mula recostados, los pastores y los Reyes Magos, el rey Herodes y la
soldadesca romana nunca faltaban entre la chiquillería cristiana; así como
todos los elementos de tan fausto acontecimiento, como el Portal, el pozo, las
casitas, el castillo, los puentes y sin olvidar tampoco la flora y la fauna
típica de los Nacimientos, como los patos, las cabras, los camellos y las
palmeras.
Estos recortables se complicaban en cuanto a su ejecución
con el paso de los años; así se convertían en objetos de nuestra preferencia
los que reproducían determinados y conocidos edificios, castillos con todos sus
detalles y en volumen, que nada tenían ya que ver con los que eran planos, los
de diferentes embarcaciones y aviones, por supuesto, todos ellos más
complicados, pues eran recortables que exigían también su construcción y el uso
del pegamento.