lunes, 16 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD EN QUE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI


            Desde entonces y no exagero, algo cambia en los estíos nuestros cuando estamos ya de vacaciones y él también. A los ruidos habituales del patio de nuestra casa, que no es particular, porque se llueve y se moja como los demás, se incorpora uno nuevo. Las conversaciones entre vecinos, las internas que se producen en las habitaciones que dan al mismo, pues las ventanas en verano hay que tenerlas abiertas, el ruido del motor que hace subir el agua a los depósitos de la azotea, el de los electrodomésticos que ya empiezan a aliviar las tareas de las amas de casa, las voces de los niños y los llantos de los bebés que en nuestro bloque también los había, el chirrido de las garruchas por donde pasaban los cordeles que servían para tender la ropa, el golpear de alguna ventana o puerta al cerrarse, la radio con las canciones de Antonio Molina o Bonet de Sanpedro, por señalar algunos de los discos dedicados de entonces, los comunicados a viva voz de Luisa, la portera, el canto de algún atrevido grillo o de los pájaros enjaulados, que entre otros daban vida a nuestro patio o que ponían en evidencia la existencia de ella, se vieron incrementados de manera notable por las escalas que hacía con su voz nuestro sorprendente Giussepe Baroni Quiqui, por sus ejercicios repetidos con machaconería hasta casi el aburrimiento y por sus pinitos con alguna aria o romanza cantadas en italiano que nos sonaban poco o casi nada.


            La habitual siesta que echábamos en el probador de casa, habitación bastante fresquita que daba al patio y con la ventana entreabierta por ser verano y para evitar la flama, tendidos en el duro suelo sobre una manta, ligeros de ropa y buscando el frescor del mismo, a veces en su última fase se veía interrumpida por sus ejercicios que llegaban a nuestros oídos en un estado de modorra y sopor, propios de la época y el momento. Nuestra somnolencia no desaparecía del todo; aquellos sonidos nos obligaban a cambiar de postura, a poner otra oreja sobre la almohada y a pensar que no eran horas para ejercitar la voz.

     Distinto era cuando estos ejercicios los hacía por la mañana, pues dedicaba muchas horas a ellos, sin presentar síntomas de fatiga, porque el chico se lo había tomado verdaderamente en serio, y nos permitía prestarle alguna mayor atención; aunque sólo fuera por unos instantes, ya que nosotros teníamos que hacer nuestras cosas, que en el verano casi siempre se reducían a lo lúdico y a ocupar el ocio de la forma más ingeniosa y divertida, sin que tampoco faltara el aburrimiento, que cuando llegaba, mi tía Carmen, con el gracejo que siempre le caracterizó, nos decía que pusiéramos en práctica su forma irrealizable de meter el trasero en agua; aunque ella no era tan fina y hablaba de culo, no empleando mi ridículo eufemismo.


                                    (En el segundo piso vivia Baroni Quiqui)
            
        Sabíamos de su llegada en vacaciones a Melilla, aunque lo veíamos poco porque no debía salir apenas o porque estábamos en historias diferentes que no propiciaban la casualidad de los encuentros, por la aparición de sus ejercicios y por aquel vozarrón de aprendiz de tenor que nos llegaba a través de ese espacio común que era nuestro patio de vecinos.

            Notábamos, aunque éramos profanos en la materia, su progreso en el arte del bel canto, sus ejercicios con el tiempo se hacían más variados y se atrevía con el paso de los días con piezas que nos resultaban más conocidas; eso sí, interpretadas parcialmente y de forma repetida; seguramente para alcanzar las modulaciones más adecuadas y deseadas.

    Ya ha venido Giussepe Baroni, nos decíamos sonrientes cuando oíamos sus primeras voces y es que cualquiera no tenía en su bloque un tenor. Los había que tenían aficionados al piano, otros que se encontraban con aprendices de saxofonistas o amigos del clarinete, algunos que tenían que soportar estoicamente a los que andaban a mamporros con la batería, existían los que cantaban en el cuarto de baño cuando se afeitaban o las que imitaban a Juanita Reina haciendo la cocina; pero eso de tener un tenor de verdad en el tercer piso, contando el principal, era poco frecuente.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

418   .-   EL DIBUJO DE HOY ES EL DE UNA MUJER AL ESTILO DEL PINTOR, ESCULTOR Y DIBUJANTE COLOMBIANO FERNANDO BOTERO, CREADOR DEL "BOTERISMO", QUE DESARROLLA UNA ESTÉTICA PROPIA CENTRADA EN LA VOLUMETRÍA Y NO EN LA GORDURA, COMO EL MISMO DECLARA. DIBUJOS QUE EXALTAN LOS VOLÚMENES Y LAS FORMAS VOLUPTUOSAS Y REDONDEADAS EN FIGURAS HUMANAS, DE ANIMALES Y OBJETOS, REINTERPRETANDO LA REALIDAD CON UN TOQUE DE HUMOR Y UNA CRÍTICA SOCIAL. REALIZADO EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA (ROTA). Y QUE TIENE COMO CONTRAPUNTO EL QUE SU SOMBRA ES EXAGERADAMENTE ESTILIZADA.


                                                    El Viso del Alcor, 16 de Marzo de 2026

domingo, 15 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI   ( II )


        Y un día dijo a su familia, dejándolos boquiabiertos, yo quiero ser cantante de los serios, de los clásicos. Nada de copla, nada del folklore, nada del rock moderno, nada de boleros ni de baladas, yo quiero ser cantante de ópera, yo quiero cantar a Verdi, a Mozart, a Rossini, a Puccini... Yo deseo interpretar Orfeo, Las bodas de Fígaro, La Cavalleria rusticana, Carmen... Yo quiero ser como Alfredo Kraus.


            Ambicioso que era el chico, eso nadie se lo podía negar y origina un conflicto en la familia, que por lo inesperado de la elección no sabe en principio qué hacer. En los primeros días no le dan gran importancia. Aunque eso de ser artista en el seno de una familia como la suya, de las antiguas, en que todo lo relacionado con las tablas no era bien visto, tenía su miaja de guasa; no perdiendo la esperanza de que sólo fuera una nube de verano o el resultado de una influencia extraña, malévola y que ellos deseaban que fuera también pasajera.

       Al chico hay que distraerlo y le marcan otras direcciones que nada tienen que ver con el bel canto; hacen probaturas con él en diferentes empleos que no conducen al éxito, porque si algo tiene el mozalbete aparentemente mimado por su ambiente, es su tozudez y sigue con su erre que erre de querer ser tenor.

      Y eso dónde se aprende, preguntaría algunas de sus queridas tías, en sus tertulias diarias en torno al café o té con pastas de las seis de la tarde. El silencio sería rotundo, pues quién iba a saberlo allí; hasta que la lógica de la vida da con la respuesta a este primer interrogante importante... Tendrá que marchar a Madrid o a Barcelona, donde todo es posible y no se equivocaron.


            La mayoría de estudiantes melillense que salían a estudiar iban a Granada, a cuyo distrito universitario pertenecía nuestra ciudad. Otros, por razón de cercanía y si podía recibir los estudios deseados, se quedaban en la misma Málaga. Los aspirantes a marinos se marchaban a Cádiz e incluso algunos volaban hasta La Coruña, que así llamábamos a esta ciudad cuando todavía no había cambiado su artículo del castellano al gallego, igual que la a la actual Lleida todo el mundo la conocía como Lérida. Los que escogían la carrera militar se desplazaban a Zaragoza, los aspirantes a arquitectos iban a Sevilla y los que soñaban con ser ingenieros, sobre todo de Puentes, Caminos y Canales buscaban la capital, a Madrid de cabeza. ¡Ah!, y un montón de no universitarios a las distintas Universidades Laborales que proliferaban por todo el país.

      Pero eso de estudiar canto, enseñanza por entonces no reglada, tenía sus grandes inconvenientes. Había que desplazarse a la capital, buscar un alojamiento adecuado y encontrar al oportuno profesor; gestiones obligadas además para personas que no tenían confianza alguna en que aquella loca aventura terminara exitosamente. Convencido estoy de que la mayoría de sus familiares pensaron que esta locura terminaría pronto y que pasado un corto tiempo lo tendrían de nuevo en casa; pero se equivocaron de pe a pa.

     Era curioso comprobar cuando se les preguntaba que dónde estaba el chico, que todas contestaban que se había marchado a estudiar a Madrid, sin decir a qué y que padecían un cierto sonrojo cuando ante la insistencia de los interrogantes, éstas confesaban que quería aprender canto; lo que, por el contrario, la mayoría veía con absoluta normalidad, en especial, porque estaba haciendo lo que a él le encantaba. Efectivamente, a Enrique aquello era lo que le gustaba y sabía que su aventura no era cuestión de días, ni de pocos años siquiera, y armado de paciencia comenzó en Madrid sus estudios de canto.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

417   .-    PERFIL DE UN ADOLESCENTE QUE EN SU INFANCIA, JUVENTUD Y ADOLESCENCIA. CONVIVIÓ CON PERSONAJES DE LOS TEBEOS GOZANDO CON SUS AVENTURAS, CON SUS HISTORIETAS, Y QUE LE LLEVARON POSTERIORMENTE A LECTURAS MÁS PROFUNDAS E IMPORTANTES. DIBUJO REALIZADO EN COSTA BALLENA (ROTA) EN EL VERANO DE 2021. EN EL QUE PODEMOS VER ROSTROS INOLVIDABLES COMO EL GUERRERO DEL ANTIFAZ O DEL CAPITÁN TRUENO, MÁS SERIOS, O DE OTROS TANTOS QUE DESPERTABAN NUESTRAS SONRISAS O RISAS, COMO DOÑA URRACA, EL BOTONES SACARINO, EL INSACIABLE COMILÓ QUE ERA CARPANTA, ROMPETECHOS, LOS TERRIBLES ZIPI Y ZAPE, TINTIN, SUPERLÓPEZ, O NOS HACÍAN PENSAR CON SUS REFLEXIONES Y MENSAJES COMO LA PEQUEÑA MAFALDA...


                                                     El Viso del Alcor, 15 de Marzo de 2026

sábado, 14 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

Un aspìrante a Tenor: GIUSSEPE BARONI QUIQUI

        Giussepe fue para nosotros un personaje de leyenda, más fruto de la imaginación infantil que de otra cosa. ¿Cómo íbamos a encontrar en nuestra ciudad un individuo que respondiera a tal nominación? Era algo así como un personaje de ficción; aunque no exento de algunas briznas de realidad.

       Nos lo imaginábamos viviendo en el mismo bloque donde morábamos e incluso hasta en el mismo portal; lo que quería decir que en algunas ocasiones nos cruzábamos con él y llegábamos a intercambiar algo más que saludos corteses, alguna conversación intranscendente. Algo mayor que nosotros, no mucho; podría tener la edad de cualquiera de mis otros dos hermanos mayores, posiblemente la de Ángel, que no era el primogénito, sino el que hacía de jueves en nuestra familia, ya que estaba en medio de los cinco.

        El Giussepe nuestro, por supuesto, no se llamaba Giussepe. Lo de Baroni fue otro invento infantil y sólo lo de Quiqui respondía a algo de verdad, pues podía bien llamarse Enrique, con el diminutivo de Quique, que nosotros italianizábamos macarrónicamente cambiando la e por la i, por aquello de ser muy frecuente esta vocal y hasta más propia en el idioma del país con forma de bota en la que la isla de Sicilia podía jugar el papel de pelota.

       Niño poco delicado, más bien algo brutote; crece robusto en medio de una familia donde sólo hay mujeres, lo que parece algo extraño. Nada de amaneramiento como lógico fruto del exceso del mimo femenino; sino todo lo contrario, varonil en su voz y en su porte y sin despertar la mínima duda entre sus compañeros de juego. Hasta se podría decir de él que era lo suficientemente habilidoso para conseguir de lo anterior lo que otros niños de su edad no eran capaces de obtener; estando siempre sobrado de todo, porque eran también muchas las tías solteras que le rodeaban, trabajando casi todas en época en que la mujer no estaba incorporada al mundo laboral y de las que conseguía caprichos propios de la edad, con los que los demás no podíamos contar.

         A pesar de lo dicho, pudo ser un niño normal integrado en una familia de clase media alta, de cualquier calle de la Melilla moderna y que me pega más que estudió el bachiller hasta donde llegara en el colegio de La Salle antes que en el Instituto de Enseñanza Media que existía en la ciudad pasado el Buen Consejo, cerca de la Mezquita.


            No es por nada, pues dado el abolengo de la familia, cuya cabecera perteneció al mundo castrense, a su oficialidad y jefatura, relacionada con la mar, pudo ser considerado por algunos de nosotros como algo “litri”, equivalencia al “pijo” de ahora; aunque al parecer no ejercía como tal, ya que a la hora de merendar se apuntaba al chusco con chocolate arenoso, se manchaba como todos los niños, se apedreaba con los pequeños de otras barriadas y en su vocabulario estaban incluidas palabrotas que algunos curas consideraban como pecados.


            Eso sí, también algo independiente y con menos relación con los chicos de su edad que otros y quizás esto fuera debido a un exceso de protección por parte de tanta mujer que le rodeaba y de las que seguro era difícil zafarse.

       Pudo haberse preparado en cualquier academia de la ciudad para ingresar, por ejemplo, en la militar de Zaragoza y venir con el paso de los años, después de aprobar el duro ingreso, que eso es lo que decían los aspirantes a ella, luciéndose con los distintivos, primero de alférez y luego de teniente, por la ciudad, ya que en su familia había importantes precedentes y hubiera sido del total agrado de todas.

                             
         Pudo igualmente una vez terminado el bachillerato y el examen de Estado, trasladarse a Granada para realizar estudios universitarios de cualquiera de las carreras que allí se podían seguir, porque posibles económicos tenían en su familia para ello.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

416   .-   EL JOKER, PERSONAJE QUE A VECES ES TRADUCIDO SU NOMBRE COMO GUASÓN O COMODÍN, QUE PERTENECE A DC COMICS Y CREADO EN 1940 POR BILL FINGER, BOB KANE Y JARRY ROBINSON, COMO SUPERVILLANO Y ENEMIGO PRINCIPAL DE BATMAN. INTERPRETACIÓN REALIZADA EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA ( ROTA )


                                                    El Viso del Alcor, 14 de Marzo de 2026
 

viernes, 13 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco: EL DE MARÍA, que luego regentó su sobrino   ( IV )


        Un día María desapareció del quiosco y encontramos dentro de él a un chico, más o menos de nuestra misma edad. Y supimos por éste que había caído enferma y ya no la volvimos a ver más. Comenzó entonces un tiempo de conocimiento, que con el paso de los días se convirtió en amistad, de aquel joven que heredó el quiosco; aunque luego pudimos comprobar que también emigraría, con lo que se cerró para siempre el mismo; dando paso a otro más moderno, que también incluyó entre sus artículos la prensa diaria y semanal y que se situó en la esquina opuesta del anterior.

        Aquel chaval, cuyo nombre no recuerdo, pronto se adaptó al quiosco y lo llevaba francamente bien, igual que su tía María, por lo que mantuvo la clientela sin hacer cambio alguno, a pesar de la gran diferencia de edad entre una y otro, porque tenía muy claro desde el principio que lo suyo no era estar enclaustrado en recinto tan diminuto para toda su vida.

        Desde el primer día nos demostró su verdadera afición, la de hacerse dibujante y estando en un quiosco hasta parecía normal y lógico que lo fuera de tebeos.


            Abría el quiosco más temprano que María y no era precisamente para vender más a clientes madrugadores como él; sino para hacer con la mayor tranquilidad y sin que nadie le interrumpiera al comprar lo que realmente le gustaba, dibujar y dibujar a todas horas. No sé cómo habría nacido en él aquella inclinación por el dibujo del comic; como no fuera porque su tía desde la más tierna edad le llevara tebeos a su casa para que se entretuviera con ellos, no tenía otra explicación. Lo cierto es que lo conocimos en una fase en que se dedicaba a copiar los que había en el quiosco en un bloc de dibujo que tenía para tal fin, apoyándose en la parte interior del mostrador, en un espacio justo para la dimensión de la hojas, con unas estrecheces e incomodidades de miedo.

         Siempre estaba ocupado en esta tarea y cuando llegaban los clientes los atendía con celeridad y agrado para volver inmediatamente y sin apenas perder tiempo a su labor. Luego pasó al empleo de la pluma y la tinta china, dedicándose a reproducir dibujos de comic de aventuras existentes en el mercado y a alternarlos con algunos ya de producción propia. Poseía una voluntad de hierro y nos daba la impresión de que quería hacer de esto su medio de vida.


        A pesar de que sus dibujos carecían de la calidad suficiente para ello, no desanimaba y teníamos la sensación de que estaba obsesionado con conseguir alcanzar su meta. 
Pasábamos buenos ratos charlando con él, mientras no cesaba de dibujar: es más, estaba convencido de que lo hacía fenomenal.

         Al año aproximado de hacerse cargo del quiosco de su tía María, nos sorprendió con el anuncio de que recibía encargos de una editorial barcelonesa para reproducir lo más fielmente que pudiera viñetas de tebeos que venían del extranjero, principalmente de países sudamericanos y de los Estados Unidos. Nunca llegamos a saber cómo consiguió aquello; aunque también nos indicaba que no cobraba todavía por aquellos trabajos, sino que lo tenían a prueba.

        Como tantas otras historias vividas en nuestra ciudad, que con nuestra obligada marcha a la Península quedaron inconclusas, a ésta le ocurrió lo mismo. Volvimos en uno de nuestros viajes vacacionales a Melilla y el quiosco había desaparecido. Preguntamos por él a algunos de los amigos y nos indicaron que se había marchado a Barcelona y que se dedicaba a lo que había hecho durante toda su juventud a copiar tebeos como profesional y que le iba bastante bien.


            Lo mismo que a María le perdimos la pista un día y sólo permanecen, como otras tantas personas, en nuestro recuerdo.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

415   .-   DIBUJO REALIZADO, YA QUEDAN POCOS EN EL VERANO DE 2021 EN COSTA BALLENA. EL DE HOY INSPIRADO EN RECUERDO DE NUESTRO MAYORES CUANDO ÉRAMOS PÈQUEÑOS, NO TENÍAMOS TELE, ERAN LOS COMIENZOS DE LA RADIO, Y NUESTRAS ABUELAS OCUPABAN PARTE DE TIEMPO EN EL TEJER, ERAN TIEMPOS EN QUE LAS MUJERES HACÍAN ENCAJES DE BOLILLOS O BORDABAN, Y LAS ANCIANAS SE ENTRETENÍAN HACIENDO CROCHET O PRENDAS DE LANA PARA SUS NIETOS O TOQUILLAS O GUANTES PARA PALIAR EL FRÍO, CONVERTIDAS EN VERDADERAS ARTESANAS CON SUS YA CASI MANOS TEMBLOROSAS Y ARRUGADAS.


                                                        El Viso del Alcor, 13 de Marzo de 2026

jueves, 12 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

24.-   Un quiosco;  EL DE MARIA, que luego regentaría su sobrino   ( III )

        Ya que hablo de billetes, viene a mi memoria una anécdota que nos ocurrió con ella cuando ya andábamos por los quince añitos. Alguno puede creer que es una notable exageración, pero como aún conserva mi hermano la prueba del delito como importante reliquia, nadie podrá negarlo. Clemente desde muy pequeño, yo diría que con gran precocidad, demostró su dominio del dibujo; nació con esa cualidad y ya está. Por aquellas fechas copiaba las fotos de los artistas y las clavaba. Hasta se atrevió con realizar un curso de caricaturas por correspondencia en la que tuvo que poner  más edad de la que realmente tenía para poder hacerlo y un día se embarcó en la tarea de reproducir un billete de veinticinco pesetas, de aquellos moraditos, con todos sus avios. La verdad que hizo una obra de arte, teniendo en cuenta la edad con que lo dibujó. Hoy día, cuando con motivo de repasar algunas de las obras que conserva y te topas con él, te despierta la misma o quizás mayor admiración, porque lo enjuicias desde otras perspectivas que la meramente artística. Terminado el billete, sólo por una cara y mostrado a los amigos, estos quedaron boquiabiertos y dudaban que fuera realizado por él. A alguno se le ocurrió la feliz y divertida ocurrencia de gastar con el billete dibujado una broma a la buena de María. Mi hermano se negó en principio, por su  modestia, ya que pensaba que cualquiera se daría cuenta de que no era de verdad, sino un simple dibujo, ya que él lo veía con ojos de artista y no escapaban a los mismos las deficiencias que tenía, y porque no quería tampoco que después de tanto trabajo su obra corriera algún riesgo. La insistencia del proponente y de los demás, que se sumaron de inmediato a la iniciativa, terminaron por convencerle.


            Como había que inventar alguna excusa para tener tal botín e intentar gastarlo en chucherías, se pensó en que era el día de su cumpleaños y en la invitación por su parte a todos sus amigos. Llegamos al quiosco y contando también con que María más bien ya veía poco, por sus muchos años y por la misma oscuridad de su habitat permanente, Clemente le explicó lo de su onomástica y su deseo de invitar a sus compañeros, que iban a pedir por orden lo que quisieran hasta gastar el billete que puso en la parte interior del pequeño mostrador. María lo cogió y lo pulsó con los dedos de sus dos manos, exclamando al verlo tan nuevo: “Hijo, parece que está calentito, como si lo hubieran hecho esta misma noche”. La risa de Pacoli, afortunadamente la interpretó como fruto del nerviosismo por la invitación que por otra cuestión y María abrió el cajón y lo guardó en él con sumo cuidado. La gente comenzó a pedir, nada de orden, todos a la vez, embarulladamente. María se lo había tragado y Clemente tuvo miedo de aquello llegara a más; así que antes de que la buena mujer comenzara a servir lo que le pedían, Clemente le dijo: “María, ¿Se ha fijado usted bien en el billete que le he dado? 
Ella lo volvió a sacar del cajón, lo miró y no vio nada extraño.

            -         Dele usted la vuelta, María.-dijo mi hermano sonriendo.

        Cuando lo hizo y vio su reverso en blanco, no daba crédito a lo que estaba viendo. Para una mujer de tal edad aquello no era posible, lo miraba y remiraba por una y otra cara y no salía de su asombro.

      Hay que pensar que por aquellos años, de la década de los cincuenta, era impensable encontrarse con los actuales sistemas de fotocopias o de estampación y reproducción.

        Clemente le confesó que todo era una broma y para que viera el dibujo que había hecho, entre las risas de todos. Su estupor y desconcierto aumentó mucho más, llegando a la incredulidad, al no aceptar de ninguna de las maneras que aquello lo hubiera podido hacer uno de sus niños, a los que conocía desde que tenían que ponerse de puntillas y pedir con media lengua lo que querían.
 

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

414    .-   EL DIBUJO DE HOY PODEMOS ENTENDERLO COMO EL SILENTE Y AL MISMO TIEMPO DESGARRADOR GRITO QUE DEBE LANZAR LA HUMANIDAD ANTE LA SITUACIÓN REAL EN MUCHOS LUGARES DE NUESTRO MUNDO POR LA ESCLAVITUD DE LA MUJER Y EL DESEO DE QUE LA IGUALDAD NO SÓLO SEA UNA QUIMERA, ALGO INALCANZABLE, SINO ALGO QUE SE PUEDE CONSEGUIR, CON LA INTERVENCIÓN, NO SÓLO DE LAS MUJERES, SINO DE LOS HOMBRES. QUÉ TRISTEZA QUE TENGAN, NO POCAS DE ELLAS, QUE TAPAR SUS ROSTROS CON EL BURKA O VELOS CON LA INTENCIÓN DE HACERLAS INVISIBLES.

 
                                                    El Viso del Alcor, 12 de Marzo de 2026

miércoles, 11 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco:  EL DE MARÍA, que luego regentaría su sobrino   ( II )

        Como les ocurre a todos los niños, más que el placer de las mismas golosinas que allí obteníamos y de vida tan efímera, era la satisfacción del deseo de comprar, que si podía ser a todas horas, mucho mejor. “Mamá, anda dame un perra para ir al quiosco de María”, era una frase habitual y repetida y además satisfacíamos con ello otro deseo permanente, el de poder salir a la calle, que nos gustaba por igual.

          En él comprábamos los artículos más variados, chucherías y otros que no lo eran. Entre las primeras se encontraban los distintos tipos de caramelos, los trozos de “paloduz” que masticábamos hasta extraerle todo su dulzor y que nos parecía que nos convertíamos con estos palitos en aquellos aventureros del oeste americano que veíamos en las películas mascando el tabaco, que hasta escupíamos como ellos; las barritas de regaliz y las pastillas juanolas, los paquetitos que ella misma preparaba con papel de estraza o de periódicos si era necesario de pipas, altramuces, chufas o garbanzos tostados, las garrapiñadas y los palotes, los chicles “bazooka”, por señalar algunas.


            Entre los que no eran de comer, el abanico se abría aún más. Allí había de todo como en botica, pero en menor cantidad. Por ejemplo, cada semana llegaban los tebeos, pero en tan escasos números que sólo los conseguían los primeros que llegaban, teniendo que acudir los rezagados al quiosco más grande de la salida del parque Hernández que daba a la calle Marina o a Casa Boix. Con puntualidad también llegaban las estampas de las diferentes colecciones, pero con otro inconveniente, que cuando nos faltaban pocas para concluirlas y pegarlas en los álbumes correspondientes las dejaba de traer, porque casi todos los sobres contenían las “repes” y dejaba de vender. En él mismo comprábamos las canicas, a las que siempre llamamos bolas, en sus diferentes versiones: las de barro que se rompían con sólo mirarlas y por los golpes más insignificantes, las de cristal lisas y las alistadas en su interior con variados colores y los bolones que eran de metal.

            Vendía trompos, a los que reemplazábamos su pequeña púa casi roma por otra más larga y la cuerda para bailarlos, a la que poníamos en uno de sus extremos, después de hacerle un agujero en el centro y aplastarla a base de golpes o colocándolas en la vía del tren antes de que pasara éste, una chapa, que era la que situábamos entre el índice y el anular para que no se escapara al lanzarlo.

        Algunos recortables los encontrábamos allí, pero con escaso surtido; así como las calcomanías y los cromos para las niñas, con los que jugaban a golpearlos con la palma de la mano ahuecada, estando estos bocabajo, para ganarlos dándoles la vuelta y que almacenaban en cajitas de lata de diferentes tamaños y procedencias, ricamente decoradas.

                                 

        Los adultos encontraban en el quiosco de María el tabaco y las cerillas, las cajetillas de papel para liar la picadura suelta y las novelas, entre otras, las del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y las otras rosas o de amor de Corín Tellado.



            Otro pequeño negocio de María era el de los alquileres, tanto para la gente menuda como para los mayores. Aquellos tebeos que no vendía ni devolvía, que amarilleaban de su presencia continua al sol de un día tras otro, detrás de los cristales o colgados en cordeles y sujetos con palillos de la ropa, nos lo alquilaba por una perra chica y en tiempos de descanso entre los juegos, sentados en el banco de piedra que había detrás del quiosco o en cualquier escalón o bordillo de la acera, como los que había en la esquina donde vivían los Linares, en el local de la Tabacalera, que casi siempre estaba cerrado en la mayoría de sus puertas, nos entreteníamos con las locuras de Carioco, el hambre de Carpanta, las travesuras de Zipi y Zape o con las aventuras del Capitán Trueno. Los adultos ejercían el alquiler de otra manera, pues tenían que dejar como depósito una novela similar a la que se llevaban, con lo que la biblioteca que se originaba con este procedimiento ganaba en variedad. Creo que costaba diez céntimos cada alquiler y te podías llevar la obra a tu casa todo el tiempo que necesitaras para leerla y hasta que te acordaras o fueras a cambiarla por otra.

        Era lugar de cambio también. Cuando hacía falta convertir un billete en monedas más pequeñas, que era el material que ella más usaba, acudíamos a María, que aliviaba así el problema de nuestros mayores, porque nosotros los billetes los usábamos poco, ya que lo nuestro era lo que llamábamos la calderilla, los céntimos.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

413   .-   EL DIBUJO DE HOY ES UN TEMA HABITUAL PARA NOSOTROS CON MUCHOS RECUERDOS DE ESTA ESCENA, DONDE EL HOMBRE MAYOR SE ACERCABA A LA TASCA A TOMARSE SU CHATITO DE VINO PELEÓN EN SU TIEMPO DE OCIO Y TERMINADA SU FAENA Y QUE PODÍA  COSTARLE ALGO MENOS DE UNA PESETA DE LAS ANTIGUAS. DIBUJO DONDE NO PODÍA FALTAR EL PAÑO COLGADO PARA LIMPIAR DE VEZ EN CUANDO LA PEQUEÑA BARRA NI EL ALMANAQUE EN LA PARED CON UNA DESPAMPANANTE MUJER LIGERA DE ROPA. Y QUE POR AQUELLOS TIEMPOS, DONDE EL MACHISMO PREDOMINABA, NO ERA LUGAR APROPIADO PARA ELLAS. REALIZADO EN ESE VERANO DE 2021, DONDE LA INSPIRACIÓN NOS ACOMPAÑÓ Y ENTRE OTRAS OCUPACIONES ESTUVO EL ACUDIR A LOS LÁPICES CON FRECUENCIA, EN LA TRANQUILIDAD DE VIVIR JUNTO A LA PLAYA DE LA BALLENA.


                                                     El Viso del Alcor, 11 de Marzo de 2026

martes, 10 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO CUARTA

24.-   Un quiosco:   el de MARÍA, que luego regentó su sobrino


        Todos creíamos que María había nacido y crecido en su quiosco. Siempre estaba en aquel pequeño habitáculo que no tendría más de cuatro metros cúbicos. Siempre presentaba el mismo aspecto, el de mujer mayor, peinada con moño recogido atrás y con vestido de luto permanente; de baja estatura y caminar lento, con los pies hinchados de tantas horas sentadas en el interior del negocio, en donde apenas se podía mover con cierta libertad por la gran cantidad de artículos que allí había, usando siempre zapatillas oscuras de loneta y suelas de esparto, con calcetines de invierno y mostrando sus varices cuando llegaban las calores.

        Agradable en el trato con la gente menuda, pues de ella vivía principalmente; paciente en su vender, que con negocio de este tipo no se podía despedir a la clientela por tardar más o menos en el elegir y con ojitos brillantes cuando le hacíamos buenas compras, porque tampoco sabía disimular. Nos conocía bien y sabía la leche que gastaba cada niño, por muy mocosos que pareciéramos y con la sabiduría popular que dan los años y el continuo roce con el género humano, sabía colocar a cada cual en su sitio, estableciendo claramente sus normas entre el chavalerío, no tratando a todos de la misma manera, lo que le reportaba algunos quebraderos de cabeza, en especial, por parte de los que se veían y sentían agraviados, pues usaban el mismo modelo de dinero.


            Su buen genio se transformaba cuando la molestaban; sobre todo, cuando golpeaban por detrás la pequeña puerta del quiosco con evidente intención de fastidiarla. No se molestaba en abrir la portezuela, porque sabía que los chicos iban a desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, como las ratas, pero comenzaba a largar por su pequeña y desdentada boca una retahíla de improperios y palabrotas que no nos asustaban porque ya estábamos acostumbrados a ellos y porque de muchos de los mismos ni siquiera conocíamos el alcance de sus significados; repasando de corrido a todos los familiares más directos de los autores de aquellas travesuras, vivos y difuntos, con palabras malsonantes, de las que los curas consideraban algo más que pecados veniales y de las que no se libraba ni el mismo Dios, la Virgen y algún que otro Santo u objeto religioso. Menos mal que se le pasaba pronto; bastaba con que alguien acudiera a comprarle para volver a su humor habitual. Es más, a veces, como vieja bruja que parecía y aún dándose cuenta que el que pedía alguna golosina podía haber sido el autor de los golpes, se hacía la “longui” y con gesto de complicidad, le servía, porque el negocio era lo primero; aunque cuando se retiraba, mascullando, le soltaba algún recuerdo, para que el niño viera que de tonta no tenía ni un pelo. El pequeño entonces, con el mismo gesto de complicidad le sonreía y también en voz baja le farfullaba aquello de “Los tuyos, por si las moscas”.

        En el fondo era buena gente. ¿Qué hubiera sido de María sin los niños? Aunque tenía clientes ya adultos, no era lo mismo, porque muchas veces, aun sin comprarle nada permanecíamos por los alrededores de su negocio, mirando la mercancía, sin molestar, dándole conversación y compañía a su soledad. ¿Y qué hubiera sido de nosotros, por qué no decirlo, en aquellos años, sin el quiosco de María? ¿Hay cosa que le guste más a un niño que un quiosco? Cómo no sean las botas de agua para meterse en un charco...


            Su quiosco estaba emplazado a la entrada del paseo central que había en la calle General Mola, en su esquina izquierda; junto al cual colocaban cuando llegaba su época, aquellos monumentales puestos de melones y sandías que nos llamaban tanto la atención; aunque nos estropeaban uno de los bancos de piedra en donde jugábamos partidos de fútbol con botones y chapas.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

412   .-    EL DIBUJO DE HOY, SIEMPRE COMO LOS ANTERIORES LLENO DE SENCILLEZ, TRATA DE OTROS DOS PERSONAJES DE NUESTRA LITERATURA UNIVERSAL, REALIZADO EN EL VERANO DEL AÑO 2021 GOZANDO DE LAS BONDADES DE COSTA BALLENA (ROTA). EL TÍTULO ES ADECUADO A LA ESCENA DEL LIBRO EN QUE EL ACUERDO ES ROTO POR AMBAS PARTES. ESTE CONSISTÍA, DADO QUE EL CIEGO NO VEÍA, EN COMER DEL RACIMO UNA UVA. EL CIEGO LLEGA UN INSTANTE EN QUE NO LO RESPETA Y TOMA UN PAR DE ELLAS Y LE SORPRENDE QUE SU LAZARILLO GUARDE SILENCIO SIN PROTESTAR. LA VEDA SE HA ABIERTO Y EL PEQUEÑO SE ATREVE A TOMAR TRES. DESCUBRIENDO EL SAGAZ ANCIANO QUE SEGURO QUE EL PEQUEÑO PILLO CALLA PORQUE SUPERÓ EL PAR, DÁNDOLE EL ESPERADO CASTIGO POR SU PILLERÍA. LA SENCILLEZ DEL DIBUJO Y SU TÍTULO "DESACUERDO" LO EXPLICA TODO.


                                                     El Viso del Alcor, 10 de Marzo de 2026

lunes, 9 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.-   Un comercio:   PAPELERIA Y LIBRERÍA "CASA BOIX"   ( III )

        Casa Boix nos surtía periódicamente de un material insustituible para la niñez de nuestro tiempo, como lo eran los elementos de nuestros coleccionables, principalmente de los tebeos y de las estampas o cromos. Los tebeos que se agotaban inmediatamente en los quioscos los encontrábamos en esa tienda de la Avenida; los de El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Jaimito, el TBO, Roberto Alcázar y Pedrín, Flash Gordon o Hazañas Bélicas siempre estaban allí y los primeros sobres de estampas de películas famosas como El halcón y la flecha de Burt Lancaster, de Blancanieves y los siete enanitos, de Dumbo, aparecían en su escaparate con el álbum correspondiente; así como la de los futbolistas de todos los equipos al comenzar cada temporada. Recuerdo de entre éstas una colección en que las estampas reproducían partes de los futbolistas más destacados de cada equipo y que completadas, como si de un puzzle se tratara, formaban un póster de cada uno de ellos, Y se daba algo muy curioso, que era tal el vicio que teníamos, que llegábamos a conocer al futbolista que pertenecía cada media o bota, cada brazo o pierna, el campo que le servía de fondo o el cielo con un trozo de cabello del mismo.



Casa Boix nos suministraba el papel marrón de envolver para hacer las montañas, después de arrugarlo bien, del Belén; el papel azul para conformar el cielo, el plateado para construir las estrellas, la que guió a los Reyes Magos en especial, la Luna y el curso de los ríos, sobre los que colocábamos los patitos; la anilina marrón y verde, para una vez preparada, pulverizar las montañas con un aparato de los que se usaban con ZZ para matar a los insectos o para manchar el serrín de dichos colores y repartirlo por todo el Nacimiento. Con el paso de los años también comprábamos aquellos fondos de cielo y tierra, ya dibujados, con nubes, con casitas, palmerales, montañas y castillos.

        A Casa Boix íbamos a comprar el papel de seda de distintos colores para fabricar nuestras primeras cometas, aquellas que construíamos el armazón  o su estructura con cañas y que pegábamos el papel con engrudo, mezcla de harina y agua. Allí encontrábamos las divertidas calcamonías o calcomanías, que estampábamos humedeciéndolas y quitándole el papel que las protegía en nuestros libros y cuadernos o en los mismos brazos, como si de tatuajes se trataran y que vuelven a utilizar los pequeños de ahora después de muchos años de estar desaparecidas o por la utilización de otros medios de estampación más modernos.


            En Casa Boix encontrábamos igualmente cuentos, normales y troquelados, libros; toda clase de juegos de mesa, como el parchís y por detrás la oca, el ajedrez, los dominós, los de reconstrucción con piezas en forma de cubos que te permitían componer láminas, los puzzles; los mecanos y los juegos de arquitectura...



            ¡Qué no habría en aquel almacén del fondo!

       Aún recuerdo cuando íbamos a Casa Boix, con tan pocos años, que el mostrador era demasiado alto para nosotros y teníamos casi que empinarnos para que los empleados nos vieran. Pasaron los años y el mostrador se nos fue empequeñeciendo y seguimos visitando aquel lugar para comprar otros artículos, ya no de niños, y del que guardamos gratos recuerdos y lo que es más curioso, es que allí nadie nos podía conocer, porque éramos tantos los pequeños que pasábamos por él a lo largo de cada jornada y de todos los días, que era imposible quedarse con la fisonomía de clientes tan menudos como nosotros cuando empezamos a frecuentarlo.

      No sé qué habrá sido de aquel establecimiento, posiblemente con todo lo que ha cambiado el mundo nuestro de cada día, a él le habrá ocurrido lo mismo; quizás los niños ya no lo frecuenten tanto, puede que de aquellos dependientes de entonces la mayoría se hayan jubilado, que el comercio sea dirigido por nuevas generaciones de la familia Boix, que haya envejecido y se dedique a la venta de otros artículos bien diferentes a los de aquellos tiempos nuestros...; pero de lo que sí estoy seguro es de que fue un establecimiento, como otros tantos,  emblemático en nuestra ciudad.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE BOCETOS A LÁPIZ PARA OBRAS POSTERIORES

411   .-   DIBUJO DEL MARINERO QUE MIRANDO EL HORIZONTE SIENTE LA NOSTALGIA DE NO ESTAR EN EL MAR DE SU VIDA, DIBUJO DE GRAN SENCILLEZ Y CON TRAZO FIRME QUE DEMUESTRA SU ENORME TRANQUILIDAD. REALIZADO EN COSTA BALLENA DURANTE EL ESTÍO DEL AÑO 2021.

    
                                                        El Viso del Alcor, 9 de Marzo de 2026

domingo, 8 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.-  Un comercio:  LA LIBRERIA Y PAPELERÍA "CASA BOIX"

        No sólo eran los libros de textos los que conseguíamos en Casa Boix, sino ese continuo e inacabable chorreo que conformaba el material escolar: lápices, gomas de borrar Milán, colores Alpinos, el papel Guarro para los dibujos, las cartulinas blancas y de colores para algunos trabajos manuales, el pegamento Imedio, los palilleros y plumas, el papel secante, la tinta normal y china, algunos botes de témpera, la escuadra, el cartabón y la regla, el semicírculo graduado y el compás, los señalados mapas mudos sueltos y para cada ocasión, el papel de seda y el de envolver para forrar los libros...


            De las sandalias, que era el calzado más usado, decía mi tía Carmen, que gastábamos bien sus suelas, al comienzo de cada curso, en este ir y venir desde nuestra casa a aquella tienda; al igual que los demás alumnos, con los que nos encontrábamos allí en muchas ocasiones.

       Pero es que no sólo acudíamos allí exclusivamente para lo relacionado con la tarea escolar, otros alicientes nos llevaban a casa Boix y muy variados. Este segundo motivo respondía o entraba en el capítulo de lo divertido, tenía mucho que ver con nuestros pasatiempos, pues los mejores recortables los encontrábamos en ese establecimiento y con un surtido variadísimo. Por una lado estaban los que hacía referencia a ese héroe importantísimo de nuestros tebeos como era Flash Gordon y de los representantes de todos los pueblos imaginarios que moraban en el espacio infinito, engrosando los capítulos de los amigos y enemigos del mismo. Algunos, por no decir todos, seres extraños que eran fruto de la imaginación de sus creadores y que llegaban a formar parte de la realidad de nuestros juegos, a los que nunca faltaron buenas dosis de ella. Por otro lado estaban los que representaban a los diferentes ejércitos; allí no faltaban los infantes, los artilleros, los regulares y legionarios, los marinos y los de aviación; soldados de los tres ejércitos, tierra, mar y aire, que nos llevaban horas y horas en su recorte y sujetos por aquellas solapas que se doblaban en su base y que eran protagonistas de nuestras inventadas batallas incruentas siempre; en tanto que las niñas se entretenían con los suyos, con lindas muñecas dibujadas a las que había que vestir con toda clase de modelitos y complementos, como sombreros, cinturones, calcetines y calzados que se sujetaban con distintos cuadritos que se doblaban para tal fin.                                                          

                                                  

 
                

        Volviendo a nuestros soldados, existían los que iban acompañados de sus materiales de guerra, los carros de combate, que para  nosotros antes de ir al servicio militar eran tanques, las ametralladoras, las ambulancias con la cruz roja, los muy variados cañones, los jeeps...

         La gama de recortables igualmente era completísima en su relación con el Belén. La Virgen María y San José, el Niño en la cuna o pesebre, el buey y la mula recostados, los pastores y los Reyes Magos, el rey Herodes y la soldadesca romana nunca faltaban entre la chiquillería cristiana; así como todos los elementos de tan fausto acontecimiento, como el Portal, el pozo, las casitas, el castillo, los puentes y sin olvidar tampoco la flora y la fauna típica de los Nacimientos, como los patos, las cabras, los camellos y las palmeras.


            Estos recortables se complicaban en cuanto a su ejecución con el paso de los años; así se convertían en objetos de nuestra preferencia los que reproducían determinados y conocidos edificios, castillos con todos sus detalles y en volumen, que nada tenían ya que ver con los que eran planos, los de diferentes embarcaciones y aviones, por supuesto, todos ellos más complicados, pues eran recortables que exigían también su construcción y el uso del pegamento.