lunes, 1 de junio de 2026

CARICATURISTAS Y SUS CRIATURAS


CARICATURISTAS Y UNA DE SUS OBRAS

ENTREGA  Nº  6

RANAN R. LURIE   -   LURIE


    El caricatuista y articulista Lurie nace el 26 de mayo de 1932 en Port Said (Egipto), porque su abuelo, el rabino Isaías Lurie, invitó a su hijo que con su mujer se trasladaran a su lugar de residencia para que el hijo mayor naciera allí. Cumplido su deseo, dos semanas después estos volvieron a Tel Aviv, donde vivían ellos. El motivo de que su abuelo viviera en Egipto es que temeroso de fuera reclutado por el ejército turco por la Primera Guerra Mundial, hizo uso de su ciudadanía francesa y huyó a Egipto, siendo Presidente en Port Said de la comunidad judía asquenazí.

      Volvió a la vida del caricaturista Lurie, señalar que este falleció en Las Vegas, Nevada (Estados Unidos) el 9 de junio de 2011. En su juventud perteneció a la organización clandestina israelí “Irgun” y resultó herido en una batalla contra los británicos, al servir posteriormente a la reserva de las Fueras de Defensa de Israel, como Mayor y como Comandante de una compañía.

    Lurie fue en principio caricaturista político del periódico israelí “Yedio Aharonot” entre los años 1957 y 1967, y además de realizar caricaturas fue artista de portadas de la revista LIFE entre 1968 y 1972.

       Ya en 1964 había realizado una exposición de retratos a óleo en la “Casa Solokov” de Tel Aviv y en 1967 el mismísimo Presidente de Israel, Zalmar Shezar, inauguró otra exposición de retratos a óleos suyos en la “Expo 67” de Montreal (Canadá).

      Cuando se cierra la revista LIFE, en 1972, aparecen sus caricaturas en Newsweek y poco después le ofrecieron una página completa en Newsweek International. También trabaja para New & World Report, de Washintong  (84-86), para Time International (94-97) y en la revista Fornign Affairs (2000-2004).

    Como articulista de prensa sus obras se publican en diarios de Alemania, Japón y Suiza, por señalar algunos países. A lo largo de los años estos artículos suyo, generalmente acompañados de sus caricaturas políticas, se publican a nivel mundial. Son más 1.100 publicaciones con una audiencia de 300 millones de lectores.

   Curiosamente el único artista invitado tanto por el Partido Demócrata como el Republicano para una de sus exposiciones en el Senado de los Estados Unidos n 1973. Sus caricaturas y retratos a óleos han sido de más de 250 líderes mundiales.

        Se hizo ciudadano estadounidense en el año 1974.

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMO QUINTA

45.-   Unos títeres:   EL CAPITÁN AGUARRÁS Y CHICHARITO

             Recuerdo que en aquella obra de “El capitán Aguarrás” echamos el resto, pues además de los decorados de fondo, construimos un juego de olas colgadas en los laterales con hilos de nylon que en movimiento daban la sensación del mar y un barco con toda clase de detalles, el del pirata Aguarrás, que aparecía por el lateral y dejaba a los espectadores infantiles embobados. Todo ello acompañado de un completo juego de luces que simulaban el día, la noche, las tormentas y que contribuyeron al éxito de esta pieza que estuvimos toda una temporada representándola.

     No fallaba nadie a los ensayos y en estos, con las equivocaciones que eran habituales, con los chocazos y golpes que nos dábamos, pues no se entendía una pieza de guiñol sin mamporros, con las ocurrencias que tenían algunos de los componentes del grupo, con alguna que otra zancadilla que se ponían en espacio tan reducido y con tanta criatura y que cuando te apoyabas en la estructura temblaba todo..., lo pasábamos bomba. Así hasta que Oliver, hombre paciente y acostumbrado a tratar a la gente menuda, se ponía serio, amenazaba con que lo abandonaba todo y se volvía a la normalidad. Teniendo que señalar también que muchas de nuestras sugerencias eran atendidas por él y se incorporaban al texto original, con lo que en los ensayos se iba recreando y mejorando cada obra.

     Si toda esta preparación tenía su encanto, no era comparable ello a cuando lo hacías delante del público. Al principio el nervio te comía y brotaban por nada risas del mismo estado nervioso en que te encontrabas, junto a la preocupación de hacerlo bien y que les gustara a los niños nuestro trabajo, niños casi de la misma edad que nosotros y más pequeños, acompañados de sus mayores, que también gozaban con el espectáculo.

 


      Nos convertíamos como en cómicos de la legua. Unas horas antes del comienzo de la representación, llegaba al lugar de ésta el transporte elegido o contratado para traernos el teatro, había entonces que descargarlo y después montarlo, ante la mirada curiosa de los madrugadores, lo que ya nos hacía sentirnos más importantes. Luego o al mismo tiempo, llegaban los electricistas para tomar la corriente y darnos luz, para instalar micros y altavoces y preparar el equipo de música que nos acompañaba siempre.

     Los muñecos que transportábamos en cajas cuidadosamente ordenados en las vísperas, eran revisados y colocados en el interior del teatro. Siempre nos acompañaban juegos de manos de muñecos por si se estropeaba alguna reemplazarla al momento, ya que contaban con un borde más grueso y se sujetaban con el elástico del cuerpo de tela; además de algunos muñecos repetidos por si eran necesarios. Cada cual se ocupaba de su muñeco o muñecos, si hacía más de un personaje, y se preparaban con todo mimo.


            Al pobre Oliver, con tanta nerviosera, lo traíamos loco, haciéndole preguntas a lo tonto y sin sentido, presentándole problemas que realmente no existían. Menos mal que, como señalé antes, era paciente como Job y que nos manejaba estupendamente, sin prestar demasiada atención a nuestras chiquillerías. La función se representaba por fin y por los gritos y aplausos pensábamos que había agradado la obra, en definitiva nuestro trabajo y ya sin nervios, pero sudando como pollitos de tanto trasiego, de tantas luces y de la tensión, lo celebrábamos también nosotros entre risas y abrazos y estrechamientos de manos. Terminando la jornada con lo que para nosotros era lo más desagradable, la recogida del material, el desmontaje del teatro y la carga de nuevo en el transporte. Faena que no terminaba todavía, ya que después todo este material había que volverlo a descargar en el lugar donde habitualmente reposaba, en la sede que Falange tenía en el bajo de la Casa Sindical, donde Julián, el conserje, nos aguardaba con su manojo de llaves para cerrar una vez terminada la tarea.