martes, 19 de marzo de 2019

¡BONITO DÍA, SAN JOSÉ!


Martes, 19 de marzo de 2019.  A 61 días...
Gran día para los José, los Pepe, las Pepa y las Josefa.
¡FELICIDADES, HERMANO!

EL TIEMPO (II)

      Hablar o escribir del TIEMPO casi siempre resulta recurrente y, a la par, aburrido. Y no es de extrañar que, sin quererlo, este monólogo se convierta en un ejercicio de pérdida del mismo.

       Hablar o escribir del TIEMPO es como hablar o escribir del ALMA. En nuestro corto entender humano, desconocemos como son el TIEMPO y el ALMA, ignoramos donde están y no sabemos, aunque nos lo expliquen los más ilustres sabios, para que sirven. Y sin embargo, los humanos derrochamos abusivamente el TIEMPO de cada uno y recurrimos al  ALMA para proclamar nuestra categoría de seres escogidos de la Creación.

     Desde la más remota antigüedad el hombre, ajeno a sus manifiestas limitaciones, se empeñó en controlar al incontrolable TIEMPO. Creyéndose, en muchas ocasiones, conocedor de ÉSTE, por haber inventado unas temporales divisiones y unos aparatos, llamados relojes, encargados de medir la brevedad de la existencia humana y los agobiantes adelantos y retrasos de los hombres en sus quehaceres cotidianos. 

     A fuerza de usar y abusar de la palabra TIEMPO, la mayoría de nosotros, nos sentimos dueños y dominadores del mismo, sin darnos cuenta de que, los dominados, los súbditos y, en la más de las veces, los esclavos del mismísimo TIEMPO, somos nosotros.
  
     A pesar de la inmaterialidad del TIEMPO y de su difícil asimilación y comprensión, hemos creado a su costa un rico coleccionable de expresiones, usadas con extremada ligereza, sin preocuparnos en profundizar en sus, a veces, perversos contenidos. Al intentar descubrir y descifrar estas expresiones, nos invade el aturdimiento, la incomprensión y también, por qué no, la diversión y el entretenimiento.

     Y así, hablamos del TIEMPO PRESENTE, sin darnos cuenta de que ÉSTE, es un efímero y alocado corredor de una continua y eterna carrera hacia el PASADO. Y, al mismo tiempo, hablamos o escribimos del TIEMPO FUTURO, siempre inalcanzable y que, cuando erróneamente creemos haberlo conseguido, se nos esfuma hacia un añorado e irrecuperable PASADO.

     Y con frecuencia oímos y decimos: “Tengo poco o mucho TIEMPO LIBRE.” Como si existiera otro TIEMPO, menos afortunado y que, por malo, lo tuviéramos encarcelado.  “Le robo TIEMPO al sueño.” Como si el sueño fuera un almacén de buenas y sabrosas cantidades de TIEMPO. O la expresión: “¿Qué TIEMPO tiene tu niño? Sin tener en cuenta que ningún mortal sabe el TIEMPO que tiene. Ya que el TIEMPO vivido, ya no se tiene, ya fue gastado. O aquella otra de: “Hace un TIEMPO de perros.” Referido al mal tiempo. Y aquí convertimos el dicho de que el perro es el mejor amigo del hombre, en una auténtica maldición perruna. O esta otra de: “En mi vida, he perdido mucho TIEMPO.” Seguramente por no haberlo guardado bien o por ser un empedernido gastoso de todo, incluido el TIEMPO.

     Necesitaríamos abundantes cantidades de TIEMPO para enumerar todas las expresiones temporales existentes en la comunicación humana. Citaré algunas, ensartadas en una jugosa, breve y jocosa retahíla de decires populares. Por ejemplo: Hacer las cosas a su TIEMPO. Llegar a TIEMPO. A lo largo del TIEMPO. Levantar el TIEMPO. Al correr del TIEMPO. Dar TIEMPO al TIEMPO. De un TIEMPO a esta parte. En TIEMPO de Maricastañas. Matar el TIEMPO. Le faltó TIEMPO para contar algo. Meterse el TIEMPO en agua. No tener TIEMPO ni para rascarse. Perder TIEMPO. Tomarse el TIEMPO como viene. Y si no, al TIEMPO. TIEMPO muerto. 

     Aprovecho este último ejemplo para descansar y pasar a enumerar las muchas clases de TIEMPOS que nos acompañan en lo diario y familiar. Hay TIEMPOS climático o meteorológicos, musicales y gramaticales. Hay TIEMPOS en los motores, en lo deportivo y en lo informático. Hay nuevos y viejos TIEMPOS. Hay TIEMPO solar, imaginario, real, sideral y físico.

     Al TIEMPO de agotar el TIEMPO de este monólogo, como otras veces, recurro a recordar, a la manera de modesto Pepito Grillo de este querido Alcor, algunas citas celebres que, sin duda, nos invitan a la meditación y nos ayudan a un mejor aprovechamiento del TIEMPO que nos han regalado en esta breve vida. El TIEMPO es querido como un gran maestro, lo malo es que el TIEMPO, poco a poco, va matando a todos sus alumnos. Las horas, muchas veces, se hacen largas, y la vida, casi siempre, se hace corta. Nadie podrá recuperar ni un minuto de su pasado, por ello, es incomprensible que malgastemos tanto TIEMPO. Muchas veces nos dedicamos a intentar matar el TIEMPO, pero, al final, ÉL nos entierra a todos. Queramos o no, el TIEMPO FUTURO siempre actúa como el barrendero de las ilusiones. Y para terminar, con la intención de que aprovechemos al máximo el TIEMPO recibido, vivido y por vivir, la misma y positiva cita, plena de sabiduría, de ayer y de siempre: HOY, 19 de marzo de 2019, día de los padres y de los Pepe, estamos viviendo, como ayer y como mañana, el   PRIMER DÍA DEL RESTO DE NUESTRA VIDA. APROVECHÉMOSLO, COMO DIOS MANDA.

     Estés donde estés, “PEPITA LA MODISTA”, te felicitamos y te honramos en tu DÍA.

 

 

 


lunes, 18 de marzo de 2019

TIEMPO AL TIEMPO

Lunes, 18 de marzo de 2019.

A 62 días…


EL TIEMPO (I)


     Al escribir del TIEMPO se corre el riesgo de confundir al lector, por el carácter dual de esta palabra. Dualidad de cotidiana climatología y de filosófica e incontrolada existencia. Hablar del TIEMPO climatológico se convierte en un pobre recurso de comunicación o en un absurdo pretexto de acercamiento entre humanos carentes de habilidades lingüísticas. Sobre todo cuando sabemos de antemano que, con él, sólo podemos predecirlo, con inevitables y frecuentes errores, y poco más. Los muchos profesionales dependientes del TIEMPO climatológico, no pierden su otro TIEMPO en hablar de él, se dedican con obstinación a observarlo, a aprovecharlo y a intentar, todavía sin mucho éxito, a controlarlo y dominarlo.

     No pretendo, al escribir de TIEMPO, cansarles con una exposición detallada de centros de altas y bajas presiones, de frentes lluviosos o fríos, de pesados anticiclones, de peligrosas gotas frías, ni de otros elementos iconográficos de un aburrido mapa del TIEMPO. Prefiero dedicar este TIEMPO a escribir del otro TIEMPO; del imposible de domesticar; del que nunca se detiene; del que dibuja arrugas en las caras y debilita los cuerpos, incluso los más fornidos; del que sabiamente se aprovecha o, tonta e inútilmente, se derrocha y, en resumen, del TIEMPO que se vive.

     La absurda intemporalidad del TIEMPO nos aturde y nos asusta y la finita temporalidad, de su compañera vida, nos iguala felizmente a todos. TIEMPO y vida se necesitan mutuamente, con la fuerza y la magia de lo imposible. No se entiende la vida sin el TIEMPO y, nada sería del TIEMPO sin la vida. TIEMPO y vida están condenados, de y para siempre, a coexistir mientras quede un tic-tac de TIEMPO y una diminuta célula viva.

     El hombre en su interminable e inacabada carrera de aprender y en su irrenunciable papel de inventor, compartió y partió el TIEMPO en unidades menores llamadas: segundo, instante, minuto, rato, momento, hora, día, semana, mes, año, lustro, década, siglo, milenio, era, etc.; sin darse cuenta, ¡Pobre de él! que, a la par, estaba troceando la propia vida en breves espacios de inventada e innecesaria temporalidad.

     Escribir del TIEMPO es perderse inevitablemente en él; es escribir del presente con inmediata hechura y alma de pasado; es esperar y buscar un inalcanzable futuro. Escribir del TIEMPO es inventar, divagar, filosofar, es escribir de todo a la vez y, al mismo TIEMPO, es escribir de la más absoluta nada.

     En mi locura temporal, me atrevo a declarar el día de hoy, 18 de marzo de 2019, como un día importantísimo para todos los seres humanos. Más de un lector de este decir, desorientado por la afirmación anterior, pensará en mi locura real o buscará en las noticias del día, en el libro de las efemérides  o en el almanaque de las grandes celebraciones, algo que justifique la importancia del día de hoy para todos los vivientes. A veces, lo cercano, lo evidente, nos nubla la mente, nos entorpece y nos roba la posibilidad de entender sencillas afirmaciones o postulados infantiles que, fácilmente se comprenden al desprendernos de la sabiduría de adulto o al retomar el camino del aprendizaje curioso de los niños. ¿Por qué hoy, 18 de marzo, es un día importantísimo para todos nosotros? Por un sencillo e innegable razonamiento. Hoy es un día importante, porque es EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE NUESTRA VIDA. Y lo bueno es que, mañana volveremos a disfrutar de otro celebrado primer día, igual de importante que el de hoy. Y sin saber por qué, ni por quién, nuestra vida se convierte en una encadenada serie de primeros días, importantes todos ellos; hasta que, sin saber por qué, ni por quién, se nos cierren las puertas del estreno de otros primeros días.

     El TIEMPO juguetea con nosotros con amor y sin piedad; con ambiciones y sin esperanzas; con poder y sin gloria. El TIEMPO, en su juego infinito del CON y del SIN, nos conduce por estrechos caminos de efímera felicidad o nos arrastra por desdichadas sendas de penurias y desgracias.

     Hay quien piensa que el TIEMPO es el mejor y más grande de los maestros: Enseña a todos y de todo; cura y cicatriza difíciles y sangrantes heridas; reconcilia enconados desencuentros; alivia infinitos dolores y un largo etcétera de lecciones magistrales provechosas para los humanos. Lo único malo que tiene el TIEMPO como maestro es que, poco a poco, va acabando con todos sus queridos alumnos, sean malos, regulares, buenos o muy buenos.

     Hay hombres, aburridos empedernidos, caducos mensajeros, que se dedican a matar el TIEMPO o a pasar de él, sin enterarse de que, en su triste ocupación, se están pasando y matando ellos mismo. Otros, en su equivocada locura, disparan contra los gallos, para evitar amaneceres de nuevos y mejores TIEMPOS, sin darse cuenta de la tristeza y negrura de sus pobres vidas.

    No me importa que el TIEMPO, con sus ansias de posesión y su avariento poder, trate de robarme estas palabras. No me preocupa que el TIEMPO, con su permanente obsesión de volver pasado todo lo que toca, se adueñe de este escrito. Yo, hice con agrado mi tarea diaria y la lancé, desde aquí, a la aventura de encontrar lectores, que la hagan presente, hasta que el glotón TIEMPO se las engulla, de nuevo y las lleve al dormido pasado. Para burlarme del TIEMPO, alejado de querer matarlo o pasar de él, haré como que lo olvido y empezaré a escribir de algo más entretenido y menos trascendente.

     Hasta entonces, no dejen de celebrar conmigo, todo los días del año, COMO EL PRIMER DÍA, DE RESTO DE NUESTRAS VIDAS.

domingo, 17 de marzo de 2019

A DUDAR, MANDAN

Domingo, 17 de marzo de 2019.

A 63 días…

LAS DUDAS

El río Guadalquivir
se quejaba una mañana:
me tengo que decidir
entre Cazorla y Doñana
y no sé cómo elegir.

     Esta quintilla de Rafael Alberti, como llave maestra, abre de par en par las puertas al monólogo de hoy, dedicado a las innumerables y provechosas DUDAS de todos los seres humanos.

     Si el Guadalquivir, gran río de Sevilla, sabia arteria de la capital andaluza, tiene DUDAS entre sus vocaciones marinera y serrana y se lamenta de sus indecisiones, ¿Qué será de nosotros? Insignificantes moradores de un diminuto planeta Tierra, a la deriva en un inmenso Universo, provocador de infinitas DUDAS sobre su principio, su ser, su estar y su final.

     Los hombres, a nuestro pesar, andamos por la vida sumergidos en mares de DUDAS. Y si no aprendemos a navegar con ellas, terminaremos convertidos en torpes, desgraciados y finiquitados náufragos.

     Los hombres, sin proponérnoslo, nos movemos por la vida en compañía de dos inseparables compañeras: la certeza y la incertidumbre.  Las certezas, en el imparable correr del tiempo nos van abandonando o se truecan en inevitables DUDAS. Quedándonos, al final del recorrido vital, una única, insalvable e intransferible certeza: la del último viaje terrenal, la de la indeseada muerte. Por otro lado, las incertidumbres, como margaritas cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar, crecen con los años en las mentes humanas, hasta que descubrimos la gran DUDA de la vida, que es, el no poder saber hoy de que estará hecho el día de mañana, a pesar de la proliferación exagerada, en los tiempos del hoy, que más que correr, vuelan, de numerosos, insufribles y embaucadores videntes.

     Los hombres, más acostumbrados a separar que a unir, a agruparse en absurdas banderías; en el tema de las DUDAS, también toman su partido a la hora de bendecir o maldecir a éstas. Los pesimistas, negadores de cualquier bondad del DUDAR, consideran a éstas como las causantes de todos los fracasos humanos. Los optimistas, por el contrario, mantienen que las DUDAS son el principio de la sabiduría, que son las escuelas de la verdad, que el hombre que DUDA piensa y que el que más sabe, más duda y, el que nada DUDA, nada sabe.

     En mi papel de aprendiz de juglar, que se asoma, a diario, al grato mirador de Calabuig2, DUDO de haber acertado a la hora de escoger la DUDA como tema del monólogo de hoy y DUDO igualmente de todo lo expuesto en este breve comentario.

     A pesar de ello, pienso que la verdad es siempre luz y que las DUDAS son siempre sombras. Que siempre que hay luz, hay sombras. Y me pregunto: ¿Dejaré de amar la luz porque produce sombras? Nunca.

     En el amplísimo e informal catálogo de las DUDAS, las encontramos de todas las clases y de todos los tamaños. Las hay existenciales, elevadas y profundas. Sirvan de ejemplos las DUDAS de la mayoría de los humanos en el más allá, en lo que nos aguarda después de la inevitable muerte, o en el creador de este maravilloso universo, en su origen, en su finita o infinita existencia. Las hay justificadas y razonables, caminando junto a otras DUDAS absurdas e irracionales. Hay DUDAS en el amor que, con demasiada frecuencia, son la antesala de los nefastos celos y propician, en muchas ocasiones, la destrucción de los más grandes amores. Hay irreparables DUDAS deportivas que ocasionan inesperadas derrotas (Pregunten a los seguidores del Real Madrid sobre su aciaga temporada) Hay DUDAS nimias e infantiles, como DUDAR del día o de la noche, de la grandeza e importancia del regalo de la vida, de los necesarios animales, de la belleza de las plantas, etc. Hay DUDAS destructoras y DUDAS benditas, convertidas en insustituible carburante del imparable progreso humano.

    Por todo lo anterior y por otras muchas razones, aprendamos a convivir con las DUDAS, ejercitémonos en dominarlas y en sacar el mayor provecho de su obligada compañía.

     Y para terminar, DUDANDO de su oportunidad o no, me atrevo a regalarles unos pocos versos sobre...

LAS DUDAS

El hombre inventó la DUDA,
en los albores del tiempo,
para encontrar la verdad,
motor de sabio progreso,
y se puso a practicar,
con entusiasmo y empeño,
DUDAS de todas las clases,
buscando algo verdadero.
Con el paso de los días,
las DUDAS fueron creciendo
en las mentes de los hombres,
en sus torpes pensamientos,
adueñándose muy pronto
de sus almas de sus cuerpos,
dejando cuerpos y almas
sumidos en desconciertos.

Las DUDAS viven contentas,
armando grandes revuelos,
entre los que mucho saben,
entre los que saben menos,
y se sientes satisfechas
de sus legiones de adeptos
que no DUDAN en dudar,
en mundo bastante incierto,
de lo bueno, de lo malo,
de lo grande y lo pequeño.
Y a pesar de nuestras DUDAS,
y que sirva de consuelo,
será bueno enumerar,
con estos sencillos versos,
a los hombres atrapados
en las DUDAS del barquero,
empeñado en navegar
en mil frágiles veleros,
sin saber si llegará
a atracar en feliz puerto.

DUDA el pobre, en su miseria,
despreciando a ser supremo.
DUDA el rico, en su riqueza.
mirando el sucio dinero.
DUDA el grande en su poder,
DUDAN los humanos fieros.
El creyente busca Dios,
lo pone el DUDA el ateo.
DUDA el Papa, DUDA el Rey,
los bonitos y los feos.
Nadie puede liberarse,
en un mundo tan enfermo,
de sanas incertidumbres,
de indecisiones llenos,
de nuestra amiga la DUDA,
para lo malo y lo bueno,
compañera de los hombres,
gran dama del universo.

sábado, 16 de marzo de 2019

¿A DÓNDE VAIS, PALABRAS?

Sábado, 16 de marzo de 2019.

A una semana justa de “OCTOGENARIOS SOMOS” por la gracia de DIOS.
A 64 días… ¡Cómo corre el tiempo, con cuánta prisa, caminamos, Maestro!


LAS PALABRAS


     Sin estigmas de hijo pródigo, vuelvo a ésta, mi casa y retomo la tarea de asomarme a los Alcores, para monologar en voz alta sobre lo cercano y lo alejado, sobre lo trascendente y lo nimio, sobre las miserias humanas y las grandezas del hombre, sobre las luces y las sombras que merodean por nuestro pueblo, El Viso. Todo ello bajo la perspectiva de unos subjetivos cristales de mirar, ver, entender y reflexionar sobre unos retazos de vida propios y ajenos. Alejado siempre de verdades absolutas, de absurdos dogmatismos, de magistrales lecciones y de consejos ejemplarizantes.

     Después de breve abandono y olvido de mi entrañable amigo el Diccionario, vuelvo a Él, por necesidad, ya que nadie, en este Planeta que habitamos, sabe tanto del tema escogido, LAS PALABRAS.

     Hoy, con PALABRAS, escribo de las PALABRAS. En especial de la PALABRA hablada, e inevitablemente, con muchos de vosotros, nos preguntaremos: ¿Dónde, física y metafísicamente, viven y van las PALABRAS antes y después de ser pronunciadas? Consciente e inconscientemente, arrastrado por mi condición de Maestro de Escuela jubilado y, a la par, jubiloso, enumeraré, en primer lugar, los diversos significados y las muchas expresiones existentes del vocablo PALABRA.

     Los padres de la PALABRA fueron el latino PARABOLAM y el griego PARABOLË, con el común significado de alegoría. Y alegoría es una ficción en virtud de la cual una cosa representa a otra.

    ¿Qué son, por tanto, las PALABRAS? Las PALABRAS son sonidos o conjuntos de sonidos que representan un ser o una idea y, también son las PALABRAS, letras o conjuntos de letras que representan esos sonidos. La PALABRA, rica en significados, no sólo se queda en representar seres o ideas, que ya es importante, sino que se enriquecen y nos enriquecen con expresiones como: “Dar o cumplir la PALABRA.” Promesa basada en el honor pero privada de obligación jurídica.  “Tener PALABRA.” Fidelidad a la promesa. “PALABRA de rey.” Garantía y aval de lo prometido. “Beberse, tragarse o comerse las PALABRAS.” En resumen, callarse. “Coger o tomar  la PALABRA.” Para no permitir vuelta atrás en lo prometido. “Dar la PALABRA.” Conceder el uso de ella en un debate. “Empeñar la PALABRA.” Comprometerse. “Dejar a alguien con la PALABRA en la boca.” Marcharse sin escuchar mientras otro habla. “De PALABRA.” no escrito. “En dos PALABRAS.” De forma breve. “Escaparse alguna PALABRA.” Síntoma de descuido, del que muchas veces nos arrepentimos. “Llevar la PALABRA.” Hablar en nombre de otros. Y otras muchas, como: “Mantener la PALABRA.”, “Medir las PALABRAS.”, “No decir ni PALABRA.”, “No tener PALABRA.”, “!PALABRA de honor!”, “Pedir la PALABRA.”, “!Santa PALABRA!”, “Tuvo unas PALABRAS.” Y, entre otras muchas más, “Tener la última PALABRA.”

     Junto a estas expresiones, por todos conocidas, aparecen diferentes clases de PALABRAS: Simples, compuestas, primitivas, derivadas, híbridas, populares, cultas, de ley, cruzadas, mayores, menores, etc. Y para concluir este ejercicio lingüístico, diré que la PALABRA, en su largo, necesario e importantísimo estar con nosotros, parió otras muchas PALABRAS. Hijas de ésta que con asiduidad empleamos. Como: Palabreja, palabra rara, difícil o graciosa; Palabrería, uso y abuso de palabras vanas y sin sentido; Palabritas, generalmente ofensivas o de doble intención. Palabrotas, tacos o insultos groseros. Hasta aquí, mi visita y encuentro con el Diccionario.

     Ahora busco respuestas a las preguntas enunciadas con anterioridad. ¿Dónde viven las PALABRAS? Y ¿A dónde van las PALABRAS después de ser pronunciadas? Hay dos lugares preferidos por las PALABRAS para vivir. Son las Bibliotecas y las mentes humanas. En las primeras, las PALABRAS grabadas o escritas permanecen encarceladas en los libros y documentos, a la espera de ser rescatadas y absorbidas por humanos lectores; y en las segundas, las mentes de los hombres, se desconocen los recovecos y los recónditos lugares donde se encuentran almacenadas, y mucho más difícil resulta, saber cómo fluyen, afloran y, a veces, como se resisten a ser usadas. Además de estos preferentes lugares, las PALABRAS moran en cualquier lugar de éste, nuestro planeta Tierra. Vestidas de sonoro decir o de silente grabado.

     Y, repregunto de nuevo: ¿A dónde van las PALABRAS, después de pronunciadas? y la respuesta se vuelve esquiva y se le suman nuevas preguntas de más difícil respuesta. ¿Estarán revoloteando invisibles a nuestro alrededor?, ¿Desaparecerán por y para siempre?, ¿Estarán ocultas junto a nosotros viendo sonrojadas como las mal usamos y como nos desdecimos “camaleónicamente” de lo que decimos?, ¿Tendrán como nosotros, los hombres, esperanzas futuras de su buen uso y de la desaparición de tantas  torres de “Babel”, claros muros de separación y de falta de entendimiento entre los humanos? Sumido en crasa ignorancia, incapaz de resolver tantos enigmas, me refugio en la osadía de terminar este monólogo con un breve romance titulado:

¿A DÓNDE VAN LA PALABRAS?

 ¿A dónde van las palabras
que los humanos emplean,
cuando, en hablar se entretienen,
cuando cantan, cuando rezan.

¿En qué lugar se esconden?
¿Dónde se refugian éstas?
Después de ser pronunciadas
y por terso aires vuelan.
¿Qué buscan palabras dichas?
¿Qué les pasa a todas ellas?
que cuando son empleadas
se marchan sin dejar huellas.
Las palabras lleva el viento
cuando al hombre le interesa
y por ello las grabamos
con prisa o delicadeza,
para poder conservarlas,
porque nos gusta tenerlas.
Y los humanos vestidos
de escritores y poetas,
para guardar las palabras
gráciles arca inventan
que, con celo,  se custodian
en curiosas bibliotecas,
públicas, particulares,
como los hombres la quieran.
Del catálogo de vientos,
dibujado en bella estrella,
sólo existen dos de aquellos
que aromados de tristezas,
raptan palabras escritas
y a la nada se la entregan.
Son el viento del olvido
y el de la ciega pereza.
Con osado atrevimiento
a los pies de horas serenas,
yo fui grabando palabras
en primerizos poemas
que guardé en romanceros
de longevidad incierta,
sin importarme los vientos
del olvido y la pereza.
Y si el tiempo me permite,
atado a locura eterna,
seguiré en mi caminar
por comprometida senda.
Amante de escritos versos,
de olvidadas rimas viejas,
de las silentes estancias
y de las poesías bellas.
Y cuando haya terminado
querida y firme tarea,
con tintas de anonimato,
de sombras y luces llenas,
gozaré placer efímero,
purgaré dura condena,
por encerrar las palabras
en diez pretenciosas celdas,
cerradas a cal y canto
en modesta biblioteca.
Liberemos las palabras
y  nuestras almas con ellas,
que los tantanes del tiempo
anuncian la oscura nueva:
Que no existe libertad
sí la palabra esta presa.

¿A dónde van las Palabras
que los humanos emplean,
cuando, en hablar se entretienen,
cuando cantan, cuando rezan?

viernes, 15 de marzo de 2019

VA POR LO QUE NO TIENE PRECIO

Viernes, 15 de marzo de 2019. 

A 65 días…



COSAS GRATUITAS, QUE NO TIENEN PRECIO.


Los hombres, frecuentemente empobrecidos por la soberbia y la envidia, y engañados por el oropel de lo caro, nos movemos torpemente entre la infravaloración de lo que poseemos y la exagerada valoración de lo ajeno. Muchas veces, lo cercano, lo cotidiano, lo que está a nuestro alcance es desechado, despreciado o arrinconado en el más despreciable de los olvidos; mientras crece en nosotros, agigantándose por momentos, el valor de lo que no poseemos. Ello nos produce una embriaguez de envidia, casi siempre, disimulada y una incapacidad total del disfrute de las muchas cosas gratuitas y maravillosas, de la vida, que tenemos a nuestro alcance y no sabemos aprovecharlas.

     Los hombres, frecuentemente empobrecidos por la ignorancia y timados por el engaño de lo costoso, nos movemos tristemente entre, el no valorar lo que tenemos y el exagerado aprecio a lo ajeno y lejano.  Muchas veces, lo palpable, lo próximo, lo más humano es desconocido, no deseado o arrojado  a la más horrible inexistencia; mientras se multiplica en nosotros el valor de lo que no tenemos. Ello nos llena de rabia contenida y de ceguera que nos imposibilitan gozar de la propia vida. 

    Son muchas las cosas que poseemos que no tienen precio. No existe tasador humano capaz de valorar su inapreciable costo. Con ellas podíamos hacer, sin lugar a dudas, un magnífico coleccionable o una extraordinaria antología capaz de estimular a sus conocedores y esperanzar a los más descreídos. En este monologar “lunático” de hoy, trataré de enumerar algunas de estas cosas que, para mucho de nosotros, no tienen precio y que nos ayudan a un mejor vivir y a una mayor felicidad. Construiré, sin esfuerzo, un mágico alfabeto de posesiones gratuitas, de uso a coste cero. Por la “A” me encuentro ser poseedor de cuatro extraordinarios obsequios: la ALEGRÍA, el AMOR, la AMISTAD y el ARTE. Alegría, Amor, Amistad y Arte. ¿Qué precio le daríamos a estos entrañables regalos? Apresurémonos, desde el ahora mismo, desde este minúsculo ya, a alegrarnos y alegrar a los demás; empeñémonos en aumentar la amistad y los amigos; disfrutemos de amores pasajeros o eternos y seamos siempre artistas en, por y de la vida. Vale más un pellizco de alegría que toneladas de tristeza. No se te ocurra comprar o vender amistad, no acertarás nunca en el precio; regálala siempre. Aprende que, en amor, demasiado es siempre poco, y empéñate en ser artista de lo diminuto e insignificante y de lo grandioso.

     En este rosario de cosas que no tienen precio podemos ensartar la Bondad y la Belleza. Me pregunto. ¿Tanto cuesta practicar la primera y disfrutar de la segunda? A la “B” seguiría la “C” de  Cultura. Herramienta de diferenciación de lo animal y obsequio para goce y disfrute. Si son capaces, pónganle precio. La “D” nos regala Dar y nos invita al desprendimiento, a saber compartir lo mucho y lo poco, al rechazo del inhumano egoísmo, al trueque definitivo de lo mío por lo nuestro. La “E” me enseña que la Educación es el mejor camino de perfección del cuerpo y del alma y me devuelve la esperanza de un mundo mejor, lejos de sueños, de utopías y de bonitas y estériles palabras. Por “F” me encuentro con tres cosas que invitan a monumento en su honor: Fama, Familia Y Felicidad. Defendamos la frágil fama propia y ajena, individual y colectiva; sintámonos orgullosos de la familia y de lo familiar, y no renunciemos a la deseada y esquiva, a veces, felicidad. La “F” me conduce a la “G” de Gozo y Gratitud. Hay que aprender a gozar con todos los átomos de nuestro ser y dar gracias por lo recibido y ya gastado, y por lo que esperamos recibir. De bien nacido es ser agradecido. 

   Honradez se escribe con “H” de Hombre con mayúscula. Alejémonos de fáciles o difíciles corrupciones y ejemplifiquemos las conductas correctas de hombres sencillamente buenos. Con la “I” defenderemos Ideas e Ideales sanos y nunca contrarios o dañinos para los hombres y sus mundos, rehuyendo de perniciosos dogmas y de malignos fanatismos. La “J” me lleva al deseo de lo Justo y de la Justicia. A la utilización siempre de la misma vara de medir y al destierro de todo lo que huela a injusto. Me salto la “K” y me choco con alegría con la “L” de la Libertad, bendecida, perseguida y acosada. Hartémonos de disfrutar de ella, y nunca la confundamos con su lejano pariente el libertinaje. Y, por si fuera poco, la “L” nos llenó de Libros. Libros que nos forjaron, nos hicieron soñar, nos arrastraron a fantásticas odiseas y despertaron en nosotros, jóvenes y viejos lectores, riadas de sentimientos.

     El tiempo y la preocupación por no ser pesado, me obligan a repasar con rapidez este modesto muestrario de cosas que no tienen precio.  Podríamos extendernos en: la Memoria, la Mente, la insalvable Muerte, la Paz, la Prudencia, el Saber, los Sentimientos, los Silencios, el Tiempo, la Tolerancia, la Verdad, la Virtud, y la más importante de todas estas cosas sin precio, la VIDA.

     Para terminar una preocupación y un deseo. La preocupación es, el empeño de algunos mal llamados humanos en ponerle precio a la vida individual y colectiva. Poniendo en riesgo todo y a todos. El deseo es una modesta invitación, desde este mirador, a la meditación, al comentario, a la crítica sana, y al final, a la necesaria COMUNICACIÓN entre todos nosotros.

jueves, 14 de marzo de 2019

A TOMAR AIRE FRESCO


Jueves, 14 de marzo de 2019.

A 66 días…

AIRE

   Definen los diccionarios el vocablo AIRE, como la mezcla gaseosa que forma la Atmósfera de la Tierra. Elemento imprescindible para la supervivencia de la mayoría de los seres vivos.

 Aburrido sería, por conocido y necesario, hablar sólo de este significado de la rica y divertida palabra AIRE. Ella es polisémica como la que más. Pequeña en su composición y gigantesca en su contenido y utilización.

     Como sabemos, cuando el aire se mueve ocasiona el VIENTO, y los seres humanos contagiados por sus movimientos: Nos bebemos los vientos por alguien; nos arriesgamos a que nos despidan con viento fresco; en las dificultades, luchamos contra viento y marea; emparejamos las desgracias con el correr de malos vientos, y los éxitos, con el viento en popa; y cuando la memoria juega al olvido, recurrimos a lo que se llevó el viento. Vientos nos atemorizan y sobrecogen; otros, nos molestan y aturden; algunos, nos refrescan y nos invitan al disfrute de la naturaleza al aire libre.

      Encontramos AIRE como parecido entre personas. Con frecuencia empleamos las expresiones: ”Se da cierto aire a...” o “Tiene aire de...”. Y llevado al extremo de la guasa, tan nuestra, ampliamos el anterior parecido a los animales, y se oye eso de: ”Tiene aire de gato, perro, mono, pato, etc.”

     Encontramos AIRE como sinónimo de vanidad y engreimiento. Los ejemplares humanos adornados de tales aires resultan tristes y aburridos. Los aires de grandeza o los aires de superioridad, no son más que ejemplos del muestrario de los catálogos humanos de la estupidez. La sociedad actual, bastante materialista, motorizada y con millones de móviles, es la mejor escuela de formación y promoción de legiones de airosos, vanidosos y engreídos.

        Encontramos Aire como la manera de caminar de los solípedos y los paquidermos y, como garbo, brío y desenvoltura en las acciones humanas.  Oímos con frecuencia que del cochino nos gustan hasta sus andares. Y nadie puede negar que, los aires femeninos, en sus andares y movimientos, son invitaciones al bien dicho y oportuno piropo masculino.

     Encontramos AIRE como ataque de parálisis. Todos hemos oído: “Le dio un aire”. Y por desgracia conocemos sus funestas consecuencias físicas y psíquicas.

    Encontramos, desconocido totalmente, con el nombre de AIRE un mamífero insectívoro de Cuba. Pequeño, de hocico puntiagudo y de pelaje negro y amarillo.

    En música, AIRE es una canción y el grado de rapidez o lentitud en la ejecución de una pieza musical. Hoy están de moda los aires caribeños, los aires de los sesenta, de los setenta delos… y, por qué no citarlos, los aires de la copla española.

     Disfrutamos de los AIRES acondicionados para controlar temperatura y humedad. Disponemos de AIRE líquido para uso industrial como explosivos y anestesiantes. Y Entre tanto hormigón armado buscamos el aire libre. La inseguridad nos hace descubrir que hay muchas cosas que están en el AIRE.

      Y para terminar, un resumen de rabiosa y dolorosa actualidad con AIRES DE ESPERANZA: Que los vientos de muerte se muden en vientos de paz y de vida. Que los violentos se marchen para siempre con viento fresco. Que los malos vientos de la sinrazón y la barbarie nos abandonen. Que todo y para todos marche viento en popa. Que los hombres tengamos aire de hombres. Que los engreídos, vanidosos, aireados de grandeza y superioridad descubran la humildad. Que a los juegan con bombas les dé un aire perpetuo de respeto hacia la vida de todos los demás. Que suenen por doquier aires de vida y que todos podamos disfrutar del aire libre y puro sin limitaciones, ni crecidas contaminaciones y, por último, que podamos solucionar, entre todos,  las muchas cosas que siguen ESTANDO EN EL AIRE.

     Y sin más, desconcertado por tanta inútil e innecesaria palabrería, me voy, un buen rato, a tomar...

                    AIRE FRESCO.

miércoles, 13 de marzo de 2019

ANÓNIMOS Y MASAS

Miércoles, 13 de marzo de 2019.
A 67 días…

ANÓNIMOS Y MASA


     Hoy, trueco mi papel de escribano por el de oficiante y me voy a permitir celebrar un matrimonio, con cierta dosis de jocosidad y no disimulada ironía, entre D. Anónimo y Dª. Masa. Actuarán como padrinos, por parte de D. Anónimo, un señor desconocido como él, y por parte de Dª. Masa, una bestia cualquiera. Serán testigos en esta celebración los lectores que a cualquier hora del día, tengan tiempo y ganas de enredarse en la lectura de esta intrascendente crónica.

     Los dos términos, Anónimo y Masa, tienen rasgos comunes. Ambos son desconocidos, carecen de nombre y apellidos, son gentes y son, nos guste o no, integrantes del pueblo que llamamos llano. Sin embargo, Anónimo y Masa, en comportamiento se sitúan en los extremos de todo. Anónimo es ejemplo de modestia y humildad; Masa, lo es de la notoriedad, del mal gusto y, en ocasiones, de la bestialidad. Anónimo siempre estuvo merodeando entre las artes. Parientes suyos escribieron magníficos libros de todos los géneros, esculpieron y tallaron extraordinarias imágenes y construyeron y ornamentaron preciosos edificios resistentes al tiempo y al olvido.

     Otros muchos Anónimos se movieron callada y santamente en el camino poco corriente de las buenas obras. Escogieron la aventura de las misiones, la enseñanza de los condenados a la ignorancia, la alimentación de los desposeídos, la curación de los incurables y una larga senda de meritorias acciones elevadoras de la condición humana.

    Otros Anónimos más cercanos a nosotros (El Viso también tiene sus Anónimos), trabajan en la sombra para hacernos más felices a los habitantes de este lugar de los Alcores.  En orden cronológico los iré nombrando, con el riesgo, no intencionado, de olvidarme de algunos. A primero de año, la Cabalgata de Reyes Magos nos da a conocer el fruto del trabajo desinteresado de un grupo reducido de Anónimos visueños a los que, por suerte, conozco bastante bien. Con los aromas y colores primaverales y en una sorprendente continuidad de tristeza y alegría, legiones de Anónimos de El Viso se esfuerzan por engrandecer nuestras Fiestas Mayores. Caras ocultas, heridas de costaleros, montar y desmontar, son algunas de las repetidas historias anuales de muchos de estos Anónimos. En el comienzo del curso, otros Anónimos visueños nos enseñan y nos invitan a ser romeros de importante Romería. Y cuando las campanas despiden al viejo año, otros Anónimos nos lanzan la propuesta de disfrazarnos y hacernos, con ellos, socios del divertido club del Anonimato.

    Y durante todo el año, sabemos que hay incansables Anónimos, nunca bien pagados, que cuidan enfermos, que ayudan a los necesitados, que comparten lo mucho y lo poco y que son solidarios. En resumen, que, en el silencio de su elegido anonimato, saben ser buena gente.

     Y como hay de todo en la viña del Señor, también entre los Anónimos hay ejemplares de cobardes asesinos, degenerados, malas gentes que, escudados en su condición anónima, cometen los más horrendos crímenes. A otros les corresponde sacarlos de su anonimato, poniéndoles nombres y apellidos, y otros deberán ajustarles sus malas cuentas.

    Dejamos a los Anónimos, ahora nos toca hablar de Dª. Masa. Define nuestro real diccionario a ésta como: “Agrupación numerosa e indiferenciada de personas”. La Masa, o las Masas, merodean casi siempre en los espectáculos. Rivalizando por demostrar su acérrimo borreguismo, su ausencia de personalidad diferenciadora, su mal gusto, su poca gracia y su negativo infantilismo. La Masa crea y destruye, a capricho, a sus propios ídolos, reparte histerismo a mansalva, tararea desentonados cánticos, regala toneladas de violencia y promueve, fomenta y defiende peligrosos fanatismos.

     La Masa, creada y manipulada por el poderoso y arengada por su creador, es capaz de cometer las mayores y más crueles atrocidades. Muchas veces elogiamos las actuaciones inteligentes de algunas bestias y, otras, nos aturdimos con las bestialidades cometidas por los considerados seres inteligentes convertidos y amparados en la Masa.

     Al final, con toda seguridad, el matrimonio entre D. Anónimo y Dª. Masa terminará en divorcio. Los humildes seguirán al primero en su secreto y callado hacer.  El resto de los mortales, a nuestro pesar y esfuerzo, seremos arrastrados por el río revuelto de unas u otras Masas.

     Si conocéis a alguien que no sea Masa, pedirle ayuda, para vosotros y para este modesto escribano, aspirante a cronista.  ¡Gracias!