Actores y actrices que
recordaremos siempre todos tendremos, en especial en una época en que el cine
era uno de los atractivos más grandes que teníamos. La televisión no se había
desarrollado todavía y nos parecía ciencia ficción, demasiado lejana. Películas
que podamos rememorar las hay a decenas, sin necesidad de grandes esfuerzos, ni
puede tenerse por exagerada esta apreciación, porque con tan pocos años estaba
todo por ver.
Muchos de aquellos se convertían en héroes o mitos para nosotros a los que llegábamos a admirar de tal manera que deseábamos verlos en una, otra y en todas sus películas e incluso en los reestrenos y repeticiones que nos presentaban cuando era la temporada baja.
Nos llegaron a divertir películas del cine mudo como las Búster Keaton o las del incomparable Charlie Chaplin, Charlot, con aquellas tres “B” tan peculiares suyas, como el bastón, su bombín y el bigotito, amen de su andar tan característico, Stand Laurel y Oliver Ardí, aquella pareja del gordo y el flaco que nos hacía llorar de risa con sus continuos disparates y que luego dejarían su sitio a Bou Abbot y Lou Castello; pero fuimos más seguidores del cine hablado, del blanco y negro al principio y del color después, llegando hasta el tecnicolor y por último al cinemascope.
De nuestro cine también guardo recuerdos notables, como el de Pepe Isbert en historia como la de Bienvenido Mister Marshall o Mariano Ozores de recluta, a Alberto Closas con su gran familia, la grandeza en todos los aspectos de Mari Sampere, el torbellino que era la Lola Flores, la incomparable e inconfundible voz de Antonio Molina y la de aquel niño precoz como lo fue Joselito, que luego se vería envuelto en historias bien tristes, el sempiterno José Luis López Vázquez, el galán Arturo Fernández, el simpatiquísimo Paco Martínez Soria, la polifacética Concha Velasco, el coro de todas las folclóricas, el incombustible Tony Leblanc, la manchega del puro Sara Montiel que se nos fue al mismo Holliwood, las niñas prodigios de la canción como lo fueron Marisol y Rocío Dúrcal, el salero de Miguel Ligero, entre otros y otras; pues he ido escribiendo sin orden ni concierto conforme me venían a la mente.
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