sábado, 20 de junio de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMO NOVENA

49.-   Una película:   ROBÍN DE LOS BOSQUES   ( III )


                Y entre tantos recuerdos no sé por qué he escogido esta de “Robín de los Bosques”.

      Quizás sea, en primer lugar, porque además de ver la película en muchas ocasiones en el cine, la tuvimos también presente durante un buen tiempo, como algunas otras, a través de muchas de sus secuencias que formaban con su correspondiente álbum una de nuestras colecciones de estampas. El mismo hecho de pasar parte de nuestro tiempo libre cambiando las “repes” por otras que no teníamos con el fin de completar nuestro álbum, pudo hacer que la recordáramos mejor y con más detalles.


               Otra razón podía ser la señalada anteriormente, la de las innumerables veces que la vimos. Como tenía gancho el film para el público en general y muy particular para la gente menuda fue repuesta en muchísimas ocasiones y hasta en diferentes cines y siempre tratábamos de no perdérnosla. Incluso con los años que han pasado, alguna que otra vez, hemos podido ver aquella versión original, cayendo en la tentación del niño que llevamos dentro, en la pequeña pantalla del televisor; claro que esto no es lo mismo.

              También puede influir el número de versiones que se han hecho de este tema, que han podido mantener viva esta historia, con sus comparaciones inevitables y en este caso nada odiosas, del Señor por excelencia de los Bosques.


                 Influiría notablemente también el contenido de la misma, que tanto podía gustar a la chiquillería de entonces y a la de ahora también, supongo. Esa trama llena de aventuras, el aparentemente débil que hace frente al todopoderoso y malvado usurpador del poder y le vence, el encanto de los recursos y trampas que utilizan y preparan contra las tropas perversas en el bosque, los mismos escenarios bélicos, donde la frondosidad del anterior se mezcla con el ensueño y la grandeza de los castillos siempre llenos de misterios, el triunfo de la justicia, la misma belleza y habilidad del Robín de turno frente siempre al rostro desagradable del pérfido, la misma y permanente derrota de los malos a mano de los buenos... ¡Se puede pedir más! O esa misma coincidencia con nuestros bandoleros, que también nos caían simpáticos, por aquello de robar a los ricos para socorrer a los desvalidos y pobres, que además antes habían sido también maltratados y duramente castigados por los poderosos...


                Demasiadas razones que aunque nosotros no sabíamos argumentarlas, estaban implícita en la película para que nos atrajera lo suficiente, llenáramos las salas donde se proyectaba y dejáramos los cuartos en sus taquillas, que en el fondo esa era la cuestión.

         Además, contando con ese Robín Hood hermoso, atlético y saltarín, el mejor de los espadachines, de palabra fácil y persuasiva, atrevido hasta el infinito, capaz de convencer al clérigo borrachín y amante de los sanos licores y de conformar un ejército de guerrillas con los tipos más estrafalarios y pintorescos, entrenados en el arte bélico en un santiamén, que además sabe enamorar a la bella jovencita, a la más hermosa y que termina, como todas las comedias, con un final feliz, el éxito estaba totalmente garantizado.

       He visto, como señalé antes, otras versiones con un cine más perfecto, con técnicas de ensueño, con mejores actores y actrices, más reales y todo lo que se quiera decir en su defensa; pero yo me quedo con aquella de mi niñez, la de Errol Flynn con su gorrito verde e incipiente pluma, y de Olivian de Havilland, la de nuestras estampas.

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