CON LOS DOCE APOSTOLES SENTADOS Y ENTRONCADOS EN UNA CRUZ, LA DE JESÚS, COMO ALTAR SACRO; PARTIENDO EL PAN, SU CUERPO, ANTES DE ENTREGARLO A SUS PREFERIDOS Y CON EL CÁLIZ DE SU SANGRE DEBAJO DE SUS MANOS.
jueves, 21 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
CON LOS DOCE APOSTOLES SENTADOS Y ENTRONCADOS EN UNA CRUZ, LA DE JESÚS, COMO ALTAR SACRO; PARTIENDO EL PAN, SU CUERPO, ANTES DE ENTREGARLO A SUS PREFERIDOS Y CON EL CÁLIZ DE SU SANGRE DEBAJO DE SUS MANOS.
VOLVEMOS A LOS CUENTOS EN VERSOS
Hubo una vez un circo
que por pueblo que pasaba
no sólo reunía a los niños,
sino que algunos se llevaba.
Como podrán comprender
la cosa era bien extraña,
no queriendo nadie ver
tan curiosa malandanza.
Según cuentan los cuentistas
cuando aquel circo llegaba,
con tal elenco de artistas,
a los críos engatusaba.
Eran muchos los animales,
trapecistas que volaban,
palomas que de flor salen
y los que por alambre andan.
Los comedores de fuego,
los forzudos que levantan
enormes bolas de fierro
y los que cuchillos lanzan.
Las más bellas amazonas
sobre caballos de raza,
el domador de leones
y el que juega con las mazas.
Los chinos con sus platillos
que sobre varillas bailan,
acróbatas que dan brincos,
saltimbanquis que no paran.
Elefantes y camellos,
tigres que por aros pasan,
focas de brillante pelo
y monos con mucha guasa.
Encantadores de sierpes,
chuchos que andan a dos patas
y los payasos de siempre
que fabrican carcajadas.
Costa Ballena, 21 de Agosto de 2025
miércoles, 20 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
- ¡Pero, padre, por qué no me dijo que el niño no estaba aquí!
El abuelo movía la cabeza sin decir palabra y continuaba liando entre sus temblorosas manos su penúltimo cigarro de picadura.
¿Dónde habrá dormido este desvergonzado? Padre, cada día está usted más chocho. No te voy a dejar más al niño aquí para que te haga compañía. Desde mañana dormirá abajo conmigo.
El viejo seguía moviendo su cabeza y escupía de vez en cuando en el suelo. Cecilio había oído las últimas palabras de su madre y asomó su cabeza por detrás de la cama. Su madre al verlo no supo que hacer.
¡Pero, hijo...!
Cecilio mintió y dijo casi en voz baja:
Tenía calor, madre.
La madre, refunfuñando y sin dejar de hablar con ella misma, bajó las escaleras y dejó a Cecilio, que de nuevo se fue al suelo, en compañía de su abuelo, que seguía con su pelea de liar con sus manos temblorosas aquel cigarrillo de picadura. Sacó el pequeño todas sus cajas de debajo de la cama y se sentó. Fue abriéndolas una a una y se encontró con que todas estaban vacías. No supo de momento si lo soñado fue sueño o realidad, si volvería o no a ver todo aquello que había borrado porque él creía que eran cosas malas.
Cogió las cajas y las fue cerrando una a una sin prisas, sin tristeza, ni tampoco alegría.
Tendré que coger de nuevo a mis animalillos, seguro que estos no se perderán tan fácilmente como la niebla.
Se asomó a la ventana y vio como una nube que le sonreía se alejaba.
Costa Ballena, 20 de Agosto de 2025
martes, 19 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
Cecilio, como casi todos los niños, soñó, soñó y soñó.
Vio al tío Genaro, borracho como siempre, pegando a su mujer y sus hijos. Cogiendo una de sus cajas llenas de niebla, la abrió con rabia y arrojó todo su contenido sobre él hasta hacerlo desaparecer, hasta borrarlo completamente.
Sultán el perro de la Mochales, que con sus fuertes ladridos le asustaba cuando pasaba por su callejón en busca de sus cabras, corrió la misma suerte y la niebla de otra de sus cajitas lo borró para siempre.
A
Cecilio tampoco le gustaba aquel barreño que su madre usaba todos
los sábados y vísperas de fiestas para bañarle, ni la ropa limpia
que le aprisionaba el cuerpo los domingos cuando tenía que ir a misa
con sus mejores galas. En especial, los zapatos, que había heredado
de su hermano y que ya también a él le comenzaban a apretarle sus
pies. Metió todas estas ropas en el barreño y el trabajo siguiente
fue igual de fácil. En un abrir y cerrar de otra de sus cajas y
espurreando la niebla sobre todo aquello, ¡zas!, y nada quedó.
Vio al hijo del Alcalde. Aquel niño que sólo iba al pueblo en los días de las fiestas y que no se manchaba jamás. Siempre estirado y que no hablaba a ninguno de los niños del pueblo porque vivía en Madrid con una tía, hermana de su padre, pensando que todos los del pueblo eran unos bárbaros y salvajes. Lo vio comiéndose un bocadillo de jamón serrano, lo del aceite no iba con él, y con una bolsa de golosinas en la siniestra. La niebla de dos pequeñas cajas le dejaron con las manos vacías, con lágrimas en los ojos, acompañadas de un ridículo pataleo.
Borró la Iglesia, en donde se aburría miserablemente cuando lo llevaban a la fuerza y se encontraba entre enlutadas mujeres, que cubrían sus cabezas con velos también negros y cantinelas monótonas y retahílas que nunca entendía, salvando sólo a aquel Cristo, clavado en el madero y con la faz de muerte, pero que a él siempre le sonreía.
Se encontró con Casimiro, que lo mismo capaba cochinos con aires de veterinario experimentado, que ponía inyecciones o recomendaba muchos remedios contra las enfermedades, porque según contaba, tenía en la capital un pariente lejano que ejercía como doctor. Poco duró a la vista de Cecilio, que aún se acordaba de aquélla inyección que le puso en su trasero hacía poco más de un mes y que todavía le dolía.
Muy enfadado hizo desaparecer la tele cuando lo mandaron a la cama porque ponían una película de mayores.
Cecilio tuvo una noche larga, larga, más larga todavía. Con la niebla de sus cajas fue borrando, haciendo desaparecer, todo lo que él creía malo: la muerte y el fuego, con el que una tarde se quemó; el cajón de las medicinas y la correa de su padre; las palabrotas de los mayores y las risas de los novios en las noches oscuras; el soplo fuerte del viento cuando por las noches se colaba en su habitación y la oscuridad; las peleas de los gallos, que salpicaban todo con su sangre y las de los hombres; el miedo y la soledad; la escuela y el urinario maloliente de la tasca del Gregorio; la guerra y..., a todos los mayores.
Costa Ballena, 19 de Agosto de 2025
lunes, 18 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
Cecilio se fue corriendo y alegre, porque ya sabía más cosas acerca de lo que era la niebla.
Otro día volvió y llego de nuevo aquella. No se veía nada a escasa distancia. Parecía como si hubieran borrado todo con una enorme goma, grande, grande, más grande todavía. Cecilio no se asustó en esta ocasión, pegó su nariz al cristal de su ventana, abrió muchos sus ojos y pensó, pensó, pensó.
Había tomado una decisión heroica para él. Corrió hasta su cuarto, que también lo era de su abuelo, el que estuvo en la guerra de África y que no se cansaba nunca de contarle sus batallitas, aquellas que al pequeño le encantaban, y fue sacando de debajo de su cama todas sus cajas, las llenas y las vacías y se las llevó corriendo a la calle.
Le costó mucho trabajo, muchísimo, más todavía, abrir las llenas y dejar que sus animales salieran de ellas. Unas lágrimas revoltosas corrieron por su rostro.
¿Por qué Cecilio había renunciado a su tesoro sin decir palabra alguna?
¿Por qué las más preciadas piezas de sus cacerías habían sido puestas en libertad?
¿Por qué tanta prisa en convertir su colección de cajas, llenas y vacías, sólo en estas últimas, sin quejarse?
La explicación a estos y otros interrogantes fue inmediata. Como loco y con todas sus cajas corrió hacia fuera, las fue abriendo una a una hasta que estas se iban llenando de niebla, cerrándolas inmediatamente para que ella no se escapara. Había cambiado en muchas de ellas, animalitos por niebla. Cuando las tuvo todas llenas corrió de nuevo a su cuarto y las guardó otra vez debajo de su cama.
Aquella noche Cecilio durmió en una manta que tendió en el suelo, desde donde podía ver todas sus cajas llenas de niebla. Su abuelo, que ya chocheaba, ni se dio cuenta de las cajas ni de que su nieto no estaban en la cama como todas las noches.
domingo, 17 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
Cecilio no había escuchado esta última pregunta de la señorita. Bajaba corriendo la escalera cuando la maestra se la hizo. Empezaba a saber cosas de la niebla, que era una nube y que no se veía nada. En su carrera tropezó con Kalica, su amigo mayor, el amigo mayor de todos los niños del pueblo. Decían de este que estaba loco y que había sido el más listo del lugar. Un fuerte golpe le hizo perder la cabeza. Vivía solo y pasaba de la risa al llanto con la misma facilidad con que abría y cerraba sus ojos nerviosamente.
. ¿Qué es la niebla, Kalica?
Kalica parecía que pensaba siempre antes de hablar. Miró al cielo y señalando con el dedo le dijo:
. ¿Ves aquella nube que parece como un perro?
¿Cuál? –preguntó Cecilio.
Aquella que está junto a su amo. ¿Y esa que se parece a ti por su blancura, la ves?
Cecilio seguía mirando al cielo, mientras que Kalica continuaba con su retahíla.
La más negra es la mía, la que parece que huye. Yo estoy como ella, ¿verdad? Estoy negro, negro, más negro todavía, ¿no?
- ¿Pero, qué es la niebla, Kalica, -insistía Cecilio, que sólo veía nubes en el cielo.
Niño, mira como juegan. Hoy no están quietas la nubes. Ahora corres tú más que las otras. Yo ya estoy cansado, muy cansado, más cansado todavía. Las nubes juegan siempre juega por allá arriba. Cuando no las vemos es que juegan al escondite. Otras veces riegan su jardín, que es la Tierra, ¿sabes? Las hay malas que nos arrojan piedrecitas blancas y frías o como trocitos de papel que se balancean y blanquean los montes. Otras nos tapan el sol..., y todas corren de un lado para otro y siempre nos miran.
¿Pero, qué es la niebla, Kalica? –preguntó de nuevo Cecilio que comenzaba a enojarse.
Y otras, ¿sabes?, las más curiosas o las que se cansan de estar por arriba se vienen para acá para ver lo que hacemos o a jugar con nosotros. Quieren jugar conmigo y también contigo..., y con todos. Pero a nosotros nos da miedo y no queremos estar con ellas. Y la niebla se va triste con los suyo y llora, llora, llora más todavía cuando ya esta de nuevo arriba...
sábado, 16 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN VERSO
Cecilio no salió a la calle aquella mañana hasta que desapareció la niebla. Cuando esto ocurrió y vio de nuevo la casa de su amigo, sus ojos brillaron de alegría. Recordó el último consejo que le había dado su madre y corrió hacia la escuela. Subió las escaleras y sin pedir permiso penetró en aquella.
Su entrada, primero causó sorpresa; luego, risas.
¿Qué se te ha perdido hoy por aquí, Cecilio, a estas horas? -le preguntó la maestra sin perder su sonrisa.
Nada -contestó todo serio.
Entonces, -siguió hablando con el mismo agrado la joven, aunque la entrada inesperada de Cecilio había roto la rutina de la clase- es que piensas desde hoy quedarte aquí con nosotros.
Cecilio movió la cabeza en sentido negativo.
¿Se puede saber qué quieres?
El pequeño miró de nuevo a los trece alumnos y por último a la maestra, a la que preguntó en esta ocasión con una cierta timidez.
Señorita, -deteniéndose y mirando de nuevo a los niños- ¿qué es la niebla?
No faltaron más risas en la clase.
La niebla es...-pensó un momento la maestra ante lo inesperado de la pregunta- La niebla es una nube que se pone en contacto con la tierra y oscurece más o menos la atmósfera, borrando aparentemente lo que nos rodea. ¿Satisfecha tu curiosidad, criatura?
Costa Ballena, 16 de Agosto de 2025
viernes, 15 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
Además de su monumental cabeza, donde iba almacenando todo lo mucho o poco de su saber, más bien poco que mucho, en un pueblecito de treinta y pico de familias y que sobrepasaba ligeramente el centenar vecinos, el pequeño coleccionaba cajas, llenas y vacías, de todos los tamaños, formas y materiales. Las tenía de cerillas y de zapatos, de cartón, de madera y de lata, redondas y cuadradas y hasta una con forma de corazón que le regaló una vez su padre a su madre cuando eran novios, que la había comprado cuando servía en Melilla y que Cecilio la había hecho desaparecer un día del viejo aparador de su casa para incorporarla a su propiedad.
Aquellas cajas, de las que algunas estaban vacías, bien vacías, cosa que él lo sabía muy bien, no evitaba la existencia de otras que llenaba con pequeños animales, como lagartijas, escarabajos, moscas a las que quitaba las alas, grillos, bichitos de luz, saltamontes y hasta una vieja tortuga a la que atiborraba de lechugas y tomates, y un camaleón, que era su preferido, al que cuando encontraba una colilla lo hacía fumar, porque decía que se ponía rojo de tanto chupar.
Aquel día Cecilio se asustó, se asustó mucho, mucho más todavía. Al abrir los postigos de su ventana no vio nada fuera. Primero limpió los cristales, con el primer trapo que encontró a mano y que resultó ser la toquilla de su abuela. Nada, todo seguía igual, allí no había nada, el exterior de su casa había desaparecido por completo. Más tarde, se restregó sus ojos y cuando los abrió siguió sin ver nada. Corrió entonces hacia la puerta y asomó su cara por la gatera. No salía de su asombro. Fuera ya no había nada. Ni la casa de su amigo Felipe, ni la tahona, y menos aún el cementerio que existía a lo lejos. Retrocedió hasta dar con su madre que salía de la cocina a buscar agua.
¡Hijo mío, mira por donde andas!
No hay nada, madre. Nada. Se lo han llevado todo. Todo.
Y se abrazo a ella.
¿Qué dices, Cecilín? ¿Qué es lo que se han llevado?
Todo, todo... Yo lo he visto. La casa de Felipe no está, ni la fuente, ni...
La madre descubrió inmediatamente la causa del espanto de su hijo y se puso a reír, lo que sorprendió a Cecilio. Dejó el cántaro en el suelo y agachándose, puso sus manos sobre los hombros de su pequeño.
Es la niebla, hijo mío. Es que esta mañana despertó con niebla.
¿Y..., qué es la niebla ¿Niebla? –repitió extrañado el niño, mirando hacia fuera-, madre?
La niebla es..., como ahora, cuando no se ve nada, hijo.
Cuando no se ve nada, cuando es de noche y no hay luz; pero ahora es de día, ¿verdad? –preguntó Cecilio.
Yo no sé cómo explicarte, hijo mío. Es como un humo blanco que viene de pronto y no deja ver casi nada.
¡Qué raro!
jueves, 14 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS, PERO EN PROSA
OTROS CUENTOS...
1.- EL NIÑO QUE PERDIÓ LA NIEBLA
Murió el Papa un día del Señor, de su Señor, y las campanas de Peralveche, de su pequeña iglesia, sonaron tristes y monótonas, cuando el día empezaba a dejar de serlo para convertirse en noche.
Peralveche es un pueblecito de Guadalajara. Pequeño, pequeño, más pequeño todavía. Situado por allá lejos, como diría Cecilio, otro de los niños del lugar que con los suyos, pero sin saber por qué, un día le dijo adiós, para fijarlo desde entonces en su recuerdo.
Como el Santo Padre, Peralveche también se morirá un día y quizás un día igualmente del Señor, de su Señor, y las campanas de su pequeña iglesia sonarán tristes y monótonas, tañidas por vaya usted a saber por quién, cuando el día empiece a dejar de serlo para hacerse otra vez noche.
Conocí a Cecilio cuando era pequeño, pequeño, más pequeño todavía, como su pueblo. Rubio como el oro de los trigales que lo rodeaban y salpicada su cara, no del rojo de los ababoles, sino de numerosas pecas, muchas pecas, muchas más todavía. Su cabeza era como un balón de rugby. Fruto de un mal parto, decían con un cierto pesar las enlutadas y arrugadas viejas del lugar. Ello pronto le proporcionó al pequeño el correspondiente sustituto a su nombre de pila, sobre todo por la parte de la escasa chiquillería, porque era bien corta, porque no había más, del pueblo que le vio nacer. Sin que faltaran, por supuesto, en este quehacer, los mayores, ni se excluyera su propia madre, que desde muy pequeño, en sus arrebatos de cariño, le nombraba restregando su cabecita con sus manos llenas de sabañones de tanto usarlas en el lavadero como “Mi pepinito del cielo”.
Cecilio no iba al colegio cuando lo conocí, porque aún era pequeño, pequeño, más pequeño todavía. Bueno, eso de que no iba al colegio es un decir, pues según su maestra, que era de Guadalajara también, pero de la capital, no iba cuando en aquel estaban los trece alumnos que ella tenía y sí cuando le apetecía, ya que allí las puertas no se cerraban con llave, porque el colegio no tenía cerradura alguna y a él le encantaba subir solo la desvencijada escalera que daba acceso al aula, que había sido antaño una carbonera y que estaba situado en los altos del Ayuntamiento.
Costa Ballena, 14 de Agosto de 2025
miércoles, 13 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSO
portan más alumbraderas,
acercándose al altar,
ven escena muy dantesca.
Sobre el ara amortajada
con alba y muy fina tela,
reposa el cuerpo maltrecho
de aquella linda doncella.
En el suelo ensangrentado,
justamente a su siniestra,
junto al áureo candelabro
y con su cabeza abierta,
yace el fraile que cuidara
de esta singular iglesia;
en tanto que, al otro lado,
atravesado por lanza, era
el cuerpo de un harapiento,
con deformidad extrema,
retorcido y ennegrecido
como humana sanguijuela.
Y sentado en un sitial,
con mirada bien perdida,
aquel trovador se encuentra,
dando a todos la impresión
que por suya quietud, duerma,
llevando en su mano diestra
tarrito que mucho apesta
y a sus pies con cuerdas rotas
la más preciosa vihuela.
que el fantasma del juglar
aún vaga como alma en pena,
con gritos desgarradores,
que se oyen por las cavernas
y por las minas que existen
bajo Melilla la Vieja.
martes, 12 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSO
lunes, 11 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSOS
llora como plañidera,
abrazado a sus rodillas,
al juglar pide clemencia,
que ya es grande su condena,
que lejos de concederla,
coge el trovador del suelo,
candelabro que aquel deja
y con el más brutal golpe
destrózale la cabeza,
deseando en su locura
que sus almas vayan prestas
al peor de los infiernos
como de verdad, condena.
Un grito desesperado
óyese en la fortaleza,
saliendo de las entrañas
de aquella bendita iglesia,
que en alba, cosa asaz extraña,
aún no se abrieron sus puertas,
sonando las campanadas
con toques de gran tristeza,
con sones, que al que ello escucha
huelen a muerte bien cierta.
ignoran que está pasando
y aporrean la grande puerta,
para despertar al fraile
si fuera caso que aún durmiera,
o si tocara campana,
aquellos golpes oyera,
no encontrando en su quehacer
la más mínima respuesta.
domingo, 10 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSO
al presenciar esta escena,
gritando como un poseso,
abre de empujón la puerta
y sin soltar la lanza
en la tosca pieza, él entra,
mirando con grande rabia
a aquel ser que mucho tiembla.
que es su amada quien reposa
sobre aquella enorme mesa,
que su cuerpo no se mueve,
que muerte en su rostro lleva,
acercándose con lágrimas,
con mucho ahogo, a ella,
para poder confirmar
lo que con dolor temiera;
su rabia se torna en llanto,
con desgarro de honda pena,
abrazando al ser que quiere,
lo que el bellaco aprovecha
para aprisa, de allí huir,
a pesar de su cojera.
Vuélvese con gran premura
el juglar, con tal presteza,
que antes de dejar la sala
una lanzada le asesta
que le parte el corazón,
como si de papel fuera,
rebotando aquel deforme
cuerpo, que sin vida queda.
Alterado por los ruidos
que llegan hasta su celda,
el otro fraile, que es cómplice
de aquel otro que asaz cojea,
presto va hacia la cripta,
bajando por su escalera,
va con candelabro en mano
y con gran temblor en sus piernas;
temblor que pronto le alcanza
desde el talón a la mollera,
al ver reguero de sangre
a la entrada de la puerta,
que no se atreve a cruzar
por si con Satán se encuentra.
Un ruido oye a sus espaldas
y cuando gira su cabeza,
se da de cara, con aquel
trovador, que historias cuenta,
cuya mirada de lobo
a toda su sangre, la hiela,
porque sabe bien el fraile
del rapto de la doncella,
de sábanas que entregara
y que amortajada fuera,
a quien entregó las llaves
para soltar sus cadenas
y que quiere recibir
parte de la recompensa.
sábado, 9 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSO
dirigiéndose hacia el ábside,
busca dónde está la reja,
la levanta con esfuerzo
una vez que da con ella,
en tan grande oscuridad,
él, muévese con cautela,
acomodando su vista
a esta negrura extrema;
a ciegas va descendiendo
por empinada escalera,
que en subida de hace días,
con claridad la recuerda;
pronto da con su final,
sin saber dónde se encuentra,
no sabe qué hacer allí
y en suelo firme se sienta,
es tan grande su cansancio
que sus ojos se le cierran,
ganándole aquel sopor
cuando le faltan las fuerzas,
que le lleva a un dormitar,
lo que ahora él no quisiera.
colándose poco a poco
por la elevada lucerna,
que aún siendo tan liviana
al trovador lo despierta,
conociendo en un instante
el lugar en que se encuentra,
el mismo que hace unos días
a través de reja viera,
comprobando que la sala
con dos puertas también cuenta
una de hierro y bien cerrada
y otra que está entreabierta;
coge lanza de la imagen
que en costado al Cristo hiriera
y con buena precaución,
sin ruido, a ella se acerca,
viendo con enorme estupor
como una sombra bien negra,
después de arrastrar un bulto,
con la ayuda de cadenas,
pretende depositarlo
sobre una mesa de piedra.
viernes, 8 de agosto de 2025
NUESTRAS CRIATURAS
OTRAS HISTORIAS EN VERSO
acostumbrando sus ojos
la suya sombra se alarga
como sube enredadera,
bien envuelta entre barrotes,
por luz que del suelo venga,
que cambia de intensidad
como si de una tea fuera.
Antes de que cierre el templo,
cuando en soledad se queda,
con apagavela, el fraile
pone fin a las candelas,
con lo que la oscuridad,
paso a paso se acrecienta,
lo que aprovecha el juglar
para ocultar su presencia,
quedando sola en el ara
la misteriosa lucerna,
que ahora sólo barrotes
sobre la pared proyecta.
Siguiendo con su rutina
el fraile cierra la puerta
y con paso bien ligero,
como si luz allí hubiera,
hacia el altar se dirige,
pareciendo que algo espera.
y lentamente una antorcha
surge de la misma tierra,
portada por ser deforme,
al que el fraile ayuda presta.
El trovador con asombro
ve como ellos parlamentan,
como el fraile en un momento
de allí, con prisas, se ausenta,
regresando en un instante
y una gran bolsa le entrega;
ausentándose aquel extraño
por el lugar que viniera,
comprobando como la luz,
poquito a poco se aleja,
hasta desaparecer,
como si ella feneciera.
Qué hacer, él se pregunta,
todo lleno de sorpresa.
Cuando el fraile, ya cumplida
la que última tarea fuera,
va buscando su descanso,
que en su celda siempre encuentra.