miércoles, 21 de octubre de 2026

HUMORISTAS GRÁFICOS, PINTORES E ILUSTRADORES


            ENTREGA NÚMERO  28

            RAUL  ARIAS


            Raul Arias es un dibujante español nacido en Madrid en el año 1969. Que además fue ilustrador de prensa y de libros, publicista, profesor de dibujos de animación, creativo audiovisual y multimedia, acuarelista, cartelista y muy reconocido y premiado tanto en nuestro país como en el extranjero.

             Comenzó a dibujar como animador en el mundo audiovisual, actividad que compaginó con trabajos para editoriales y agencias de publicidad. Tras un período como profesor de animación, en 1991 comienza a ilustrar en prensa la tira Bernardo y Plonk para el diario El País, donde después publicaría Memorias de Gus. Al tiempo ilustra en El Mundo, labor por la que ha obtenido varios premios internacionales de la Society of Newspaper Design (SND) y de la Society of Publish Design (SPD). Ha publicado en Reader’s Digest, The New York Times, Times y The Washington Post. Actualmente compagina su trabajo de ilustrador con el de creativo para soporte audiovisual y multimedia. Es autor de las ilustraciones del libro de Jack London Encender una hoguera (2011) y de otros cuatro clásicos, Como El Poema de Cante hondo, de Federico Garcia Lorca, El carbón de los Reyes Magos, de José María Merino, Vathek, de William Beekford, y el de Macbeth, de Shakespeare. 

            Alberto D. Prieto, subdirector de Orbit, Unida Editorial de El Mundo, decía de él que Raúl Arias vale más que mil palabras. Raúl Arias se ha hecho con las manos, desde abajo, con su propio barro. Un artesano de sí mismo fraguado a fuego lento desde el fuelle de la adolescencia hasta la maestría cómo ilustrador. Hoy es un cartelista de inicios del XX que trabaja en el XXI, un tipo que traduce conceptos, los condensa en su ingenio y los plasma con su arte. Cambie usted ‘arte’ por plumilla, pincel, acrílico, puntero, acuarela, lápiz… por eso uno se lo imagina, rizos enmarañados, dibujando a sonrisa limpia cada ficha de la biblioteca de Alejandría. O barajando preguntas en google para entretenerse, de un concepto a otro, en un desafío eterno por convertir en imágenes cualquier respuesta del algoritmo que gobierna nuestra era.  

            En el estudio, Raúl Arias hace animación, pinta, cuenta historias propias o por encargo, inventa cómics y personajes. Maneja mil técnicas, atesora mil estilos, se expresa en mil idiomas gráficos, y su talento brilla cuando adviertes que (otra vez) ha agitado la varilla mágica de su enorme abanico de ideas. La imagen perfecta, las herramientas adecuadas. Arias asegura que disfruta la fiebre de los encargos sin demora, trabajar bajo la presión de un cierre, leer el texto que debe ilustrar y saber que tendrá que arrancarse la metáfora visual de las cavernas de la intuición. Y cuando entrega el trabajo, en algún lugar del mundo de las ideas suena algo así como la estampida de un sello de caucho sobre un legajo: ¡blam! Y ésa era la imagen, sólo que aún nadie la había pintado. Si ilustra una tribuna política, el trabajo de Arias ofrece segundas lecturas; si elabora una portada de revista, su ingenio llena de matices la ilustración; si un perfil de personalidad, su prueba y error a mano alzada no se detiene hasta que el retratado saluda desde el papel. Lo mejor que se puede decir de Raúl Arias es que es capaz de convertir en innecesario el texto al que acompaña. Y aun así, es inútil decirlo, él lo pintaría mejor.


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