lunes, 9 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO  SEXTA    

16.- Un monte:   EL GURUGÚ   ( I )


        El Gurugú, al igual que el Río de Oro, era otro elemento importantísimo de la geografía física más cercana a nosotros y sin duda, el macizo montañoso más significativo, no ya por su altura, pues no alcanzaría los 900 metros su altura máxima, de nuestro entorno. Estaba compuesto por el Taquigriat, el que más destacaba, con sus 880 metros y por el Basbel, Tizi, Taquiras, Kol-la y Taxuda.

         En sus laderas nacía nuestro río, el de Oro, así como los riachuelos de Farhana y Mezquita, que recorrían la ciudad cuando llovía torrencialmente y contaba con manantiales que surtieron de agua a Melilla durante muchos años, especialmente el de Yasinem, al que visitamos en alguna ocasión con motivo de excursiones escolares o por propia iniciativa cuando ya teníamos más años y nos dejaban ir solos, y el de Trara, con aquella fuente de muchos grifos que había en el camino del Colegio de La Salle, debajo de la escalera que salvaba la diferencia de altura y junto a los pabellones militares y adonde en más de una ocasión, cuando faltaba el agua corriente en los hogares por averías, íbamos a llenar cántaras o los más variados recipientes de líquido tan necesario para beber y para las comidas.

                                   


                                                                    (Fuente de Trara)

       Todo repoblado, suponía un importante pulmón verde para nuestra ciudad.

     Macizo siempre envuelto en la leyenda y en el misterio, protagonista hasta de coplillas y escenario de enfrentamientos bélicos entre marroquíes y españoles, de diversos combates que fueron importantes sobre todo en las Campañas de 1909 y de 1921 y de los que oíamos hablar a nuestros mayores con mucho respeto y con el deseo de que no volvieran a repetirse.

      Hay que pensar que la Melilla de siglo XIX cumplía una doble función, la de ser centinela avanzado de España sobre el Magreb y por qué no decirlo, el más duro de los presidios de nuestro país.

     Era al mismo tiempo como un enorme barco anclado, como una isla sin serla, instalada en una costa tradicionalmente hostil a penetraciones foráneas. La misma Melilla desde hacía muchísimos años había sido la excepción y muchas muertes y lágrimas costarían su supervivencia. Ejerciendo una doble labor de vigilancia: por un lado, la del ancho mar, donde la vista se perdía en el horizonte sin encontrar tierra alguna, que no fueran pequeños islotes aparentemente sin importancia y por otro, y precisamente por tierra, la ejercida sobre el intratable a veces y anárquico siempre cabileño.

 Todo esto no quita el que fuera un puerto con muchas posibilidades comerciales, que con el paso de los años se fue haciendo realidad. Las competencias de otros estaban muy lejanas en el espacio y los intentos, propiciados principalmente por los franceses que dominaron Argelia, por quitar esta hegemonía a nuestra ciudad afortunadamente siempre fracasaron. Un comercio brillante que al principio estuvo en manos de casas comerciales hebreas, lo que no era de extrañar ni excepción alguna,  pues este pueblo apátrida siempre estuvo y lo sigue estando al frente de la economía en cualquier lugar del mundo en que se encuentre. Era Melilla un centro comercial admirable con relación a la región del Rif e ideal para la salida de sus preciados y abundantes minerales, en especial del hierro; hasta tal punto, que se la podía considerar como la ciudad que poseía la llave de la puerta de dicha zona.

                                                    ( Minas del Rif )

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE PLUMILLAS DE MELILLA

383   .-   ENTRANDO EN MELILLA LA VIEJA PRONTO TE ENCUENTRAS CON LA PLAZA CONOCIDA COMO DE LOS ALGIBES, DESTACANDO ENTRE ELLAS ALGUNAS DE SUS PUERTAS, COMO LA QUE DA ACCESO A ESTOS, QUE CUANDO ESTÁ ABIERTA PUEDES CONTEMPLAR EL AGUA QUE SERVÍA PARA ABASTECER A LOS HABITANTES DEL CONOCIDO COMO "PUEBLO" DE LA CIUDAD AMURALLADA. EN MUCHAS DE SU PIEDRAS, CURIOSAMENTE, PUEDEN ENCONTRARSE SÍMBOLOS DE LOS PICAPEDREROS PRESOS, QUE CON ESTOS TRABAJOS PODÍAN REDIMIR PARTE DE SUS PENAS.
 

                                                 El Viso del Alcor, 9 de Febrero de 2026
                                      

domingo, 8 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO QUINTA

15.-  Un Cocinero:   HADE   ( II )

        Hasta nos creó la afición el bandido y rara es la fiesta que celebramos, ahora que estamos fuera de allí, en donde falten los pinchitos.

        Y cuando íbamos por Melilla, en especial en verano, una visita obligada era para él. Visita algo egoísta, por supuesto, ya que había que reponer las especias; que como buen cocinero las daba, pero sin poderle sacar su contenido o composición. Últimamente las compramos en las tiendas del Zoco y la verdad que no son las mismas que las que él nos preparaba.


            Me han dicho que ya está jubilado y me lo imagino sentado en el sofá, cansado ya de su larga vida y rodeado de algún que otro nieto, que no le faltarán, con la añoranza o nostalgia de no poder hacer la comida, porque su andar ya es torpe y no puede estar mucho tiempo en pie y porque le falla algo la vista; lo que no será obstáculo para ver la tele y en especial los deportes, de llevarse el doble sofocón de que hayan eliminado a sus dos selecciones, España y Marruecos, del Mundial de Fútbol, a pesar de ganar sus dos últimos encuentros con claridad y por culpa, que el no se callará, de que otras selecciones se hayan dejado perder, traicionando el verdadero espíritu deportivo, que a él nunca le faltó.

            Porque Hade fue un amante del deporte y en especial del baloncesto, que practicó con un cierto éxito en Melilla. Muchas fueron las horas que pasó en las diferentes canchas de nuestra ciudad, desde aquella legendaria Compañía de Mar, terriza y con tableros de madera, hasta la de Bandera de Marruecos, sin olvidar el cemento de La Salle ni el ladrillo rojo machacado de la Hípica, ni las de los distintos cuarteles o las improvisadas en cualquier calle de los difernets barrios con motivo de sus fiestas.

     Algunas escapadas a la vecina Nador y a otras poblaciones del entonces protectorado español, tales como a Segangan, Xauen, Uxda o al mismo Tetuán y Larache; así como a la Península, con el fin de disputar los sectores de Andalucía, con la incorporación, por entonces, de estas dos plazas de Soberanía, que eran Ceuta y Melilla. Jugando con hombres como Piñero, Nicasio, Lele, etc., y poniéndoles siempre los cuartos muy difíciles, con su equipo el Juventud, a los poderosos equipos de La Salle o de la Hípica, por señalar algunos.

     Tan sólo había algo con lo que no podías y no me refiero a las bromas del “jalufo”, sino a cuando con ruidos y con el movimiento del brazo y la mano, se imitaba el silbido  de la serpiente.


            Era algo que te podía, que superaba tus fuerzas, que te ponía de mal humor. Gritabas entonces, corrías como un poseso y eras capaz de todo para evitarlo. Te ponías serio y no querías cuenta con nadie. Lo peor es que tus compañeros y amigos lo sabían, y por ello, continuamente estabas expuesto a este tipo de bromas, sobre todo cuando lo estábamos pasando bien.

      Yo, para algunos, para no pocos, aquí en la Sevilla del viejo Al-Andalus, soy como tú el Moro. Hasta quiseron insultarme escribiendo en alguna pared blanca, manchándola, afeándola, sin que supieran quienes lo hacían que tuve en tí, Hade, un estupendo compañero de viaje en esta vida nuestra, como lo fueron también otros tantos moros y hebreos: los Abselam, Mohatar, Abdelkader, Tahar, Mustafa, Mohamed, Hamed, Benguigui, Belilty, Chocrón, etc., etc.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE PLUMILLAS DE LA CIUDAD DE MELILLA

382   .-   RINCÓN DESDE DONDE SE PUEDE VER EL PUENTE QUE CONDUCE A LA FAMOSA PUERTA DE SANTIAGO. LUGAR RESTAURADO EN SU ACCESO AL FOSO Y PLAYA DE LOS GALÁPAGOS QUE TIENE SU ENTRADA POR DOS GRANDES ARCOS Y CON ACCESO POR LAS CERCANÍAS DEL MANTELETE Y DEL PUERTO.


                                                    El Viso del Alcor, 8 de Febrero de 2026

sábado, 7 de febrero de 2026

BIOGRAFÁ NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO QUINTA

15.-  Un Cocinero:   HADE   ( I )


( Hade es el que sostiene el banderín, a la izquierda en la foto y de pie Luciano Tejedor y a la derecha Fernando Arjona, Antonio de Antonio Campoy, Salvador Guerrero y los her,anos Calabuig, y agachados Mohatar y Antonio Coronado)

        Hace muchísimo tiempo que no lo vemos, le perdímos la pista; aunque no a los suyos, hasta supimos que entre su numerosa prole, al igual que otros tantos, su mujer le dio un par de mellizos. Si nuestro buen amigo Mosi era hebreo o judio y no se me ocurriría llamarle israelita, porque cuando participábamos en los mismos juegos de niñez ni siquiera existía el Estado moderno de Israel y el otro sólo se encontraba en los Libros Sagrados, de Hade puedo decir, no en tono peyorativo, porque nunca empleamos en ese sentido este vocablo, que es moro.

        Moro, como poblador de la zona norte de África o aplicado también al individuo de la población musulmana de la historia de Al-Andalus. Haciendo esta salvedad, porque curiosamente uno, cuando descubren en la Península nuestra procedencia, de la que sería absurdo renunciar e inevitable, sí ha padecido el uso de ese apelativo , algunas veces como fruto de la ignorancia y hasta con un cierto afecto, las menos, y otras, hasta con bastante saña, con ánimo de ofender, maliciosamente, con rencor, como insulto que se arroja con intención de molestar y que lo hayan conseguido o no es otra historia, en especial, si uno ha dedicado parte de su vida a la tarea pública.

        No creo que Hade fuera de aquellos que identificaban su mayor grado de libertad, llegada la Independencia de Marruecos, entre otras cosas, por aquello de sustituir lo de moro por caballero musulmán o marroquí. En primer lugar porque siempre, desde su origen, siguió la religión de Mahoma; aunque en nuestra particular cruzada de infancia y juventud, quisiéramos en más de una ocasión hacerlo cristiano, que hasta terminó siendo cocinero de las Escuelas Cristianas de La Salle; pero sín éxito, cosa lógica y natural. Y en cuanto a lo de marroquí, tampoco ello le traería grandes preocupaciones mentales. Es más y dadas las circunstancias que le acompañaron en su vida y sin renunciar a una terminología más o menos acertada, supongo que tendría más ventajas, más seguridad laboral para él y para los suyos, viviendo en Melilla, aspirando a la nacionalidad española. Lo de caballero nada tenía que ver con la religión ni con el hecho geográfico en sí y siempre tuve la creencia que él fue una buena persona.


            Siempre lo vi igual, era de las personas que nunca me produjo una sensación de cambio, como si su molde pudiera engrosar por los kilos o blanquear su pelo por los años o arrugarse su rostro por el paso del tiempo, sin que dejara de ser el Hade de siempre. Recuerdo su sonrisa permanente, su tez morena y pelo rizado, su hablar parco y cadencioso, su buen humor, su paciente actitud y en especial, siempre lo relaciono con la gastronomía, con su peculiar cocina.


            Hade fue el eterno cocinero de los Campamentos Juveniles de Rostrogordo. Antes lo había sido en los turnos que para jóvenes acampados de nuestra ciudad se celebraban en el pueblecito malagueño de Cortes de la Frontera, población de la fue alcalde durante muchos años nuestro querido amigo y compañero, también melillense, Fernando Arjona Carmona y en donde había tantos alacranes que un año no te libraste de una picadura que te puso la pierna toda hinchada, a pesar del preparado que tenían en el pueblo, dada la abundancia de estos, para contrarrestar su veneno y que te suministraron inmediatamente. Es que bicho malo nunca muere, dicen, y aquí la peor parte la llevó el alacrán, al que sí mataron a golpes. Y todo por aquello de querer quitarle el sitio en un colchón a otro, con tan mala fortuna que en uno de sus recovecos, calentito, estaba el dichoso animal, de los que tampoco faltaban en Rostrogordo. También fue cocinero de los Albergues ubicados en distintos locales de la ciudad, como el de Ataque Seco, por encima del Sagrado Corazón, de las comidas entre amigos, de la Gota de Leche y que terminó dando de comer a los Hermanos de La Salle; sin olvidar sus experiencias “feriales”, con sus celebrados y exquisitos pinchitos morunos, cuando la feria de septiembre se montaba fuera del Parque Hernández, en la calle Teniente Coronel Seguí y la Plaza de España y él se anunciaba por sí solo o en cualquier cafetín o caseta con aquel slogan, que alguna vez tuvimos que rotularle que decía: “Ni soy rey ni soy príncipe, soy Hade” y que servía para competir con el archiconocido Sadia y otros monarcas de los pinchos, con el atrevimiento de su nombre carente de títulos y de su calidad, pues la verdad era que estaban ricos.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

381   .-   SIMPÁTICO RETRATO DE UN TRÍO DE HERMANOS QUE SON SOBRINOS DE ANTONINO HIJO, DIFÍCIL DESPUÉS DE TANTOS AÑOS RECORDAR EL  NOMBRE DE LOS TRES PEQUEÑOS. LO QUE NO OLVIDAMOS, POR SUPUESTO, ES AL PADRE DE ANTONINO HIJO, DE IGUAL NOMBRE, NI A SU MUJER MARINA, LOS QUE ESTÁN EN LA NÓMINA DE NUESTROS MÁS QUERIDOS Y ENTRAÑABLES AMIGOS Y CON LOS QUE DESEAMOS ENCONTRARNOS CUALQUIER DÍA PARA RECORDAR TIEMPOS PASADOS.

                                                        El Viso del Alcor, 7 de Febrero de 2026

viernes, 6 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un Barco: EL VICENTE PUCHOL   ( IV )

            Llega el momento de la verdad y cuando subes la escalera miras hacia delante, porque los mayores nos han dicho que no hay que mirar para abajo, que eso marea. Algún atrevido vistazo se te escapa y no pasa nada. Pronto el olor característico del barco se te va metiendo en la nariz. Atravesado el pasillo próximo a la borda te encuentras con otra escalera, ésta descendente, que da como a las bodegas donde están las literas, que no vas en primera clase ni en camarote. El otro olor a combustible quemado en los motores se mezcla con el de la comida, el de los vómitos y orín y el de los fuertes desinfectantes, sin saber con cuál quedarte como más desagradable. Lógicamente, como señalaba antes, a tantos no nos meten en camarotes; se trata donde estamos de un espacio grande con compartimentos de cuatro literas pareadas, que se comunican por arriba y por abajo, lo que permitía como pudimos pronto comprobar que toda clase de voces, gritos, llantos de niños pequeños, risas y ruidos escatológicos, llegaran con absoluta claridad a nuestros oídos; así como veíamos correr las aguas y otros líquidos por el suelo, acompasando el movimiento del barco. Unas literas que soportaban un colchón durísimo y una almohada que no le iba a la zaga, una especie de mesita de noche, en cuyo interior se encontraba algo parecido a una bacía o plato metálico, que se intuía que era de cobre por su color, más grande que la de los barberos, que servía para recoger parte de los vómitos cuando llegaban, pues cuando éstos eran mayúsculos o frutos de una gran hartera no tenía capacidad suficiente para soportarlos, cayendo los mismos al suelo o incluso, si no andaba listo, al pobre infeliz de abajo, que raramente se libraba de las salpicaduras. Claro, que también los había despistados, que no conociendo su destino y además propietarios de estómagos fuertes a los que no molestaba ningún balanceo del barco y que los utilizaban para una frugal y casera ensalada. Plato que otros empleaban hasta como auténtica bacinilla y que se sujetaba en un aro de hierro acoplado en la cabecera de las literas y que no perdía, como el mismo habitáculo, su olor tan característico por mucho que se limpiase.


Te subías a la cubierta y apoyado en la barandilla te despedías de los tuyos con una sonrisa nerviosa y seguías oyendo los consejos de los que se quedaban en tierra. Poco a poco tenías la impresión de que el muelle se te alejaba y era el Vicente Puchol el que emprendías su rutinario navegar. Era difícil poner en práctica tantas recomendaciones; lo que te pedía el cuerpo era seguir en cubierta mirando desde la borda como las luces del puerto y de la ciudad, de Melilla la Vieja después, cuando dabas la vuelta al faro del espigón, se alejaban y sólo llegabas a ver en un momento  las del barco reflejadas en el inmenso mar. Hasta que el balanceo de éste y el sueño que luego te costaría coger, te obligaban a bajar a tu litera. Una vez acostado en ella cerrabas los ojos y pretendías no pensar en que te ibas a marear, tratabas de convencerte que aquel enorme cascarón de hierro no se movía en realidad tanto, que el mar estaba tranquilo, que era bueno aquello que te habían indicado de acompasar tu respiración al balanceo del Puchol, que no era aconsejable el moverte en demasía y que la postura ideal era la de supino, mirando aquel techo de hierro, sobre el que seguramente por la diferente categoría de su billete, se encontraban otros pasajeros en mejores condiciones que uno. Cansado de tanto pensar en remedios y a pesar de la variedad de ruidos, que se atenuaban con el paso de las horas, sin llegar a desaparecer, el sueño te atrapaba y cuando te venías a dar cuenta, si la noche era buena, te veías en el amanecer entrando en el puerto de Málaga.


            Muchos viajes hice y por diferentes razones en el viejo y achacoso Vicente Puchol, incluso mejorando la estancia de aquel primer viaje, en camarotes de dos y de cuatro, en clase de primera y nunca conseguí quitarme aquel olor tan peculiar que tenía el buque una vez que me encontraba en su interior. El trato que recibí del mismo no se lo puedo achacar ni en un sentido positivo ni negativo, ya que él era juguete del medio por el que se trasladaba, dependiendo su movimiento de la intensidad y dirección de los vientos y de cómo se encrespaba el mar por su causa. Eso sí, tengo que confesar que no fui mal marinero, que raramente me mareé estando en sus fauces y en los muchos viajes en los que lo utilicé; no ocurriéndome lo de mi hermano mellizo, que en todo no íbamos a ser iguales, que nada más salir del puerto melillense estaba echando la tostada de la mañana, pasándolo francamente mal y que hasta en días en el que el mar estaba como una auténtica piscina no podía evitar el marearse y vomitar.


            Luego vinieron las réplicas modernas a los Puchol y Lázaro de Transmediterránea, con los lógicos adelantos de la navegación, dotados con camarotes más lujosos, con butacas de más categoría, con cafetería y pequeñas tiendas en su interior, hasta con una coqueta piscina y comedor confortable, con menores olores y disminuidos ruidos, con azafatas y puesto de mando como el de las películas...; pero ya no era lo mismo, pues con los adelantos de la modernidad se perdía el encanto de lo aventurero, de lo misterioso, del si yo te contara. Porque antes escuchabas el golpe de la proa, cuando el oleaje era bravo, al dar sobre el mar y pensabas que se podía partir, que imaginación no nos faltaba y habíamos visto muchas películas de corsarios y piratas o desde el puerto, se te cortaba la respiración cuando en aquellos días en que la línea del salir o no salir por las inclemencias del tiempo sólo era responsabilidad del capitán de turno o de la irresponsabilidad del mismo, veías como desaparecía el barco tras el fuerte oleaje, para verlo de nuevo con alivio cuando las aguas descendían. Lo importante es que llegabas y curiosamente nunca tuve noticias de accidente alguno de aquellas reliquias de la navegación, que no por ello, en sus primeros viajes también serían considerados como novedosos, en cuyos costados nunca faltaron los ágiles y pintorescos saltos de los delfines que durante una parte del trayecto les acompañaban y que desde mi primer viaje despertaron mi admiración hacia estos animales, testigos silenciosos de tantos viajes e historias en las que el Vicente Puchol algo tuvo que ver.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

380   .-   DE LA SAGA DE LOS LÓPÉZ DE EL VISO DEL ALCOR, HOY COLGAMOS EL RETRATO DE UNO DE SUS NIETOS Y DE SU MUJER, EL QUE LLEVA EL NOMBRE DE SU ABUELO, FEDERICO JAIME LÓPEZ, HIJO DE JOSÉ MANUEL JAIME Y DE MARI CARMEN LÓPEZ, PERSONAS MUY APRECIADAS POR NOSOTROS. FEDÉRICO ES LICENCIADO EN BELLAS ARTES Y SU MUJER, ROCÍO, ES GINECÓLOGA. UNA PAREJA ENCANTADORA.


                                                El Viso del Alcor, 6 de Febrero de 2026

jueves, 5 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un barco:  EL VICENTE PUCHOL   ( III )

        Llega el momento de la verdad y cuando subes la escalera miras hacia delante, porque los mayores nos han dicho que no hay que mirar para abajo, que eso marea. Algún atrevido vistazo se te escapa y no pasa nada. Pronto el olor característico del barco se te va metiendo en la nariz. Atravesado el pasillo próximo a la borda te encuentras con otra escalera, ésta descendente, que da como a las bodegas donde están las literas, que no vas en primera clase ni en camarote. El otro olor a combustible quemado en los motores se mezcla con el de la comida, el de los vómitos y orín y el de los fuertes desinfectantes, sin saber con cuál quedarte como más desagradable. Lógicamente, como señalaba antes, a tantos no nos meten en camarotes; se trata donde estamos de un espacio grande con compartimentos de cuatro literas pareadas, que se comunican por arriba y por abajo, lo que permitía como pudimos pronto comprobar que toda clase de voces, gritos, llantos de niños pequeños, risas y ruidos escatológicos, llegaran con absoluta claridad a nuestros oídos; así como veíamos correr las aguas y otros líquidos por el suelo, acompasando el movimiento del barco. Unas literas que soportaban un colchón durísimo y una almohada que no le iba a la zaga, una especie de mesita de noche, en cuyo interior se encontraba algo parecido a una bacía o plato metálico, que se intuía que era de cobre por su color, más grande que la de los barberos, que servía para recoger parte de los vómitos cuando llegaban, pues cuando éstos eran mayúsculos o frutos de una gran hartera no tenía capacidad suficiente para soportarlos, cayendo los mismos al suelo o incluso, si no andaba listo, al pobre infeliz de abajo, que raramente se libraba de las salpicaduras. Claro, que también los había despistados, que no conociendo su destino y además propietarios de estómagos fuertes a los que no molestaba ningún balanceo del barco y que los utilizaban para una frugal y casera ensalada. Plato que otros empleaban hasta como auténtica bacinilla y que se sujetaba en un aro de hierro acoplado en la cabecera de las literas y que no perdía, como el mismo habitáculo, su olor tan característico por mucho que se limpiase.


            Te subías a la cubierta y apoyado en la barandilla te despedías de los tuyos con una sonrisa nerviosa y seguías oyendo los consejos de los que se quedaban en tierra. Poco a poco tenías la impresión de que el muelle se te alejaba y era el Vicente Puchol el que emprendías su rutinario navegar. Era difícil poner en práctica tantas recomendaciones; lo que te pedía el cuerpo era seguir en cubierta mirando desde la borda como las luces del puerto y de la ciudad, de Melilla la Vieja después, cuando dabas la vuelta al faro del espigón, se alejaban y sólo llegabas a ver en un momento  las del barco reflejadas en el inmenso mar. Hasta que el balanceo de éste y el sueño que luego te costaría coger, te obligaban a bajar a tu litera. Una vez acostado en ella cerrabas los ojos y pretendías no pensar en que te ibas a marear, tratabas de convencerte que aquel enorme cascarón de hierro no se movía en realidad tanto, que el mar estaba tranquilo, que era bueno aquello que te habían indicado de acompasar tu respiración al balanceo del Puchol, que no era aconsejable el moverte en demasía y que la postura ideal era la de supino, mirando aquel techo de hierro, sobre el que seguramente por la diferente categoría de su billete, se encontraban otros pasajeros en mejores condiciones que uno. Cansado de tanto pensar en remedios y a pesar de la variedad de ruidos, que se atenuaban con el paso de las horas, sin llegar a desaparecer, el sueño te atrapaba y cuando te venías a dar cuenta, si la noche era buena, te veías en el amanecer entrando en el puerto de Málaga.

            Muchos viajes hice y por diferentes razones en el viejo y achacoso Vicente Puchol, incluso mejorando la estancia de aquel primer viaje, en camarotes de dos y de cuatro, en clase de primera y nunca conseguí quitarme aquel olor tan peculiar que tenía el buque una vez que me encontraba en su interior. El trato que recibí del mismo no se lo puedo achacar ni en un sentido positivo ni negativo, ya que él era juguete del medio por el que se trasladaba, dependiendo su movimiento de la intensidad y dirección de los vientos y de cómo se encrespaba el mar por su causa. Eso sí, tengo que confesar que no fui mal marinero, que raramente me mareé estando en sus fauces y en los muchos viajes en los que lo utilicé; no ocurriéndome lo de mi hermano mellizo, que en todo no íbamos a ser iguales, que nada más salir del puerto melillense estaba echando la tostada de la mañana, pasándolo francamente mal y que hasta en días en el que el mar estaba como una auténtica piscina no podía evitar el marearse y vomitar.

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

379   .-   DOS EXCELENTES AMIGOS, JESÚS Y MARI GUILLÉN. ÉL UN PROFESIONAL DEL MUNDO DE LA PINTURA Y ELLA UNA EXCELENTE FOTÓGRAFA, GANADORA DE MUCHOS PREMIOS, PORQUE ES CAPAZ DE CONVERTIR SUS HABITUALES FOTOS, CUALQUIERA QUE SEAN LOS ACONTECIMIENTOS QUE RECOGE, EN VERDADERAS OBRAS DE ARTE. POR LA QUE SENTIMOS. ADEMÁS DE MUCHO APRECIO, UNA SINCERA ADMIRACIÓN.
    
                                                       
                                               El Viso del Alcor, 5 de Febrero de 2026

miércoles, 4 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES

 
RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un Barco:  EL VICENTE PUCHOL   ( II )

        Con el paso de los años las condiciones fueron mejorando; aunque no para tirar cohetes, pues todos conocemos bien las limitaciones de nuestro actual aeropuerto, así como de la imposibilidad de cumplir los horarios cuando el tiempo se rebrinca un poco.

        La única vía que rompía dicho aislamiento en mis años mozos con cierta regularidad y como en los toros, también si el tiempo lo permitía, era la del transporte marítimo. El que nos ponía en comunicación con la península, especialmente y casi a diario, con Málaga y una o dos veces a la semana con Almería. Todavía no estaba construida en nuestro puerto la Estación Marítima y el pueblo, la ciudad vieja, se nos caía a pedazos fruto del abandono, ya que no existía como ahora esa preocupación por recuperarla y restaurarla. Era sin duda una joya abandonada a la degradación del tiempo, a su mala suerte y que en otro lugar podría haber sido mimada y convertida en generadora de fuertes ingresos y admirada por propios y extraños en razón de sus numerosos encantos. Y nuestros referentes de aquellos años eran los barcos gemelos, con los que estábamos tan familiarizados que llamábamos simplemente como el Lázaro y el Puchol y no me refiero a los modernos, que ya también habrán quedado anticuados, sino a los viejos, a aquellos que se movían como un cascarón de nuez en una torrentera originada por tormenta estival y que bastaba con que el cielo se llenara de luces, tronara algo y que el Dios Eolo estornudara una mijita, revolviendo el aire y provocando marejadilla en el Estrecho, para que amarraran a puerto y durmieran en la tranquilidad de las aguas resguardadas a medias, bromas aparte.


                                               ( BUQUE ANTONIO LÁZARO )

        Lo cierto es que para gente menuda como nosotros cuando recibimos el bautismo de su utilización, el Vicente Puchol nos parecía inmenso, un barco de película, que nada tenía que ver, sin ser un trasatlántico, con los pesqueros, por muy grande que fueran algunos, que se mecían en la dársena junto al Club Marítimo. Eso sí, tampoco se podían comparar con aquellas otras grandes moles que llenaban sus tripas de mineral de hierro en el Cargadero. El Vicente Puchol era algo intermedio entre ambos; pero para la chiquillería seguía siendo enorme. Luego, una vez que te haces mayor, comprobabas en sus últimos viajes, la relatividad de las cosas y que no era tan enorme como nos parecía y menos aún con relación a sus sustitutos que llevaron sus mismos nombres cuando fueron destinados a su desguace.

        De pequeño, una vez satisfecha la aventura de salir de la ciudad por tierra, esperábamos con verdadera ansiedad la llegada de la primera salida a la península, a la otra España, por medio del barco, utilizando el Vicente Puchol.

        Tendría unos trece o catorce años cuando me convertí en protagonista, por lo menos para mí lo era, de esta historia tan importante de cruzar el “charco”, que así lo llamábamos y que nos perdone el ilustre y celebrado Mare Nostrum, nuestro Mediterráneo, porque unos chiquillos le diéramos este calificativo aparentemente peyorativo, para desembarcar en la ciudad de Málaga. Sería por aquel corto trayecto comparado con la grandeza del afamado mar, de los más grandes de su categoría y casi aspirante a Océano.


            Nervios desde que supe que iba a ir a Málaga, por estar incluido en uno de los equipos deportivos que se desplazaba a la capital de la Costa del Sol para participar con otros chavales o “chaveas”, como se decía por entonces en Melilla, de las diferentes provincias andaluzas en el sector de esta región, previo al nacional, a los que asistirían los vencedores de estos sectores, con los de otras regiones, que todavía no se llamaban Comunidades Autonómicas ni tenían la composición actual de éstas. Y también porque había que subirse en el Vicente Puchol y estar sobre el mar durante por lo menos ocho horas. Nervios que se acentuaban el día de la partida, que tratabas de disimular sin éxito; en que preparabas tu primera maleta, aquellas de cartón piedra con maderas en las aristas y de colores poco discretos y dibujos algunas de cuadros. Nervios porque no querías llegar tarde y después de cenar más ligero que otras noches en cuanto a la cantidad, porque el pellizco que tenías en el estómago y a pesar de ser bastante tragón, no te dejaba ingerir más alimentos y por la llamada a la parada de taxis para que te viniera a recoger para trasladarte al puerto y que por la impaciencia del momento parecía que no llegaba nunca. Luego te pegabas el plantón en el puerto; pero bueno, allí estabas con tus compañeros de viaje, igual de nerviosos e intranquilos que yo, y con los familiares de todos, que no paraban de darnos consejos y con el monumental Vicente Puchol delante de ti, con su escalerilla preparada, meciéndose suavemente con su rutinario sube y baja.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

378   .-   VOLVIENDO A MAMEN LÓPEZ PRADA, HOY ASOMAMOS A ESTA VENTANA EL ENTERNECEDOR RETRATO DE ELLA CON SU HIJO JACOB; TIERNO Y LINDO INFANTE ENTONCES Y QUE YA ANDARÁ POR CASI LOS 1,90 DE ALTURA A PESAR DE SUS POCOS AÑOS, SIN PERDER SU BELLEZA Y EL SER BUENA GENTE, COMO SUS PADRES.


                                                    El Viso del Alcor, 4 de Febrero de 2026

martes, 3 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO CUARTA

14.-  Un barco: EL VICENTE PUCHOL   ( I )

        Uno de los inconvenientes que tiene nuestra ciudad y que puede ser como el tributo que se debe pagar en compensación por otras tantas cuestiones favorables de las que gozan los melillenses, es la sensación de aislamiento que tiene el ciudadano de ella y que se convierte en realidad en ocasiones, debido principalmente a cuando las condiciones climatológicas adversas aparecen.


            Esta percepción era mucho mayor en nuestra niñez y juventud, de las que hace muchos años que transcurrieron y en especial desde que el vecino país consiguió su anhelada independencia. Pues mientras fue Protectorado y no existía la frontera, sí los puestos fronterizos como meros testigos para controles rutinarios, podías viajar en coche o autobús a poblaciones cercanas como Nador, Segangan, Uxda, o incluso al oeste del mismo para visitar Larache, Xauen, Tetuán o la ciudad internacional de Tánger. Viajes, por supuesto, que se convertían en auténticas aventuras, teniendo en cuenta la calidad de los vehículos de antaño, el estado de las carreteras y las miserias y carencias que te encontrabas en las rutas emprendidas, que aún eran peores que las nuestras. Pero bueno, por lo menos por tierra tenías estas posibilidades y no te veías obligado como ahora, cuando la frontera se pone dura o al hacer eco de historias contadas del país vecino, que en la mayoría de las ocasiones son más fruto de la imaginación que respuestas a la realidad, a usar el vehículo para dar sólo vueltas por la ciudad


( Nador )
                    De las comunicaciones por aire de aquellos años casi no puedo hablar, ya que no existían. Luego apareció, que recuerde, el aeropuerto de Tahuima, que me parece que en principio fue militar y posteriormente también civil; pero con escasos vuelos y no al alcance, por supuesto, de todo el mundo.


( Antiguo aeropuerto de Tahuima )

      Cuando se regulariza el servicio tampoco soluciona este problema de aislamiento, ya que sólo haces uso de él cuando realmente lo necesitas. Son aviones pequeños, de escaso número de pasajeros y su coste resulta bastante elevado. Al obtener Marruecos su independencia, por encontrarse el aeropuerto en su suelo, obliga a las autoridades melillenses y estatales principalmente a buscar una alternativa y es cuando se construye el actual en las proximidades del barrio del Real. Recuerdo una anécdota que nos ocurrió con relación al aeropuerto viejo y que pudo traernos algunos quebraderos de cabeza. Venía nuestra sobrina Marimel de Málaga y fuimos en el Opel Caravan blanco que teníamos para recogerla. Como las señalizaciones escaseaban por aquel tiempo, siguiendo las pocas que existían y sin conocer casi el terreno, en las cercanías del lugar donde se encontraban algunas avionetas había una puerta vigilada por gente de tropa y por allí entramos, recibiendo hasta cordiales y reglamentarios saludos militares por parte de la guardia de turno, en la creencia de que ésta era la entrada del aeropuerto. Pensábamos que todo esto era debido a que aún con la mencionada independencia no había perdido del todo su carácter castrense. Aparcamos el coche junto a otros que estaban ya estacionados con anterioridad y esperamos la llegada de la sobrina en el correspondiente avión junto a otras personas. Para gozar de los contrastes de este país marroquí, junto a las pistas de aterrizaje, oficiales que debían de ser de su ejército practicaban un deporte de élite de entonces y de ahora, el polo. Volviendo al tema, llega el avión, desciende Marimel del mismo, recogemos su equipaje y lo llevamos a nuestro coche. Observamos que otros pasajeros emprenden un camino distinto; nosotros, por desconocimiento del lugar, pues es la primera vez que lo visitamos y por considerarlo más corto, más fácil o más cómodo, volvemos por el camino de entrada con la mayor naturalidad y cuál es nuestra sorpresa cuando un hombre armado nos da el alto con gestos de enfado, interrogándonos acerca de qué estábamos haciendo y adónde íbamos. Le explicamos con paciencia y con la dificultad de no compartir el mismo idioma el motivo de estar allí y aumenta nuestra preocupación al comprobar que en lugar de entrar en el aeropuerto nos introdujimos en un cuartel. Pedimos disculpas por el error y rogamos que nos indiquen la salida correcta, obteniendo como respuesta primera una negativa a ello por la gravedad del hecho, que además lleva consigo el que de momento no podamos salir de allí con un simple ustedes perdonen. Después de un buen rato de argumentar razones, de solicitar soluciones, de auténtico apuro y hasta miedo, de una espera que se nos hace casi interminable, todo se arregló con la recomendación de que no nos volviera a ocurrir por el bien nuestro. Con el mismo saludo del soldado de guardia de puerta, salimos de aquel atolladero con la convicción de que no iríamos más a dicho aeropuerto y así fue.

       

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍO Y PAREJAS

377   .-    UNA LINDA PAREJA Y POR PARTIDA DOBLE. ALEJANDRA Y DIEGO, HIJOS DE DIEGO CALABUIG Y DE SILVIA MATEOS, REALIZADAS EN LÁPIZ NEGRO UNA Y LA OTRA CON COLORES. PERTENECE A AQUELLOS AÑOS EN QUE DIEGO, ARQUITECTO COMO SU HERMANO MAYOR, CLEMENTE, VIVIERON EN LA CAPITAL DE AUSTRIA Y DE AQUELLAS VISITAS QUE CLEMENTE Y ROSA, LOS ABUELOS DE LOS PEQUEÑOS, LOS VISITABAN EN VIENA. MIENTRAS QUE SUS PADRES TRABAJABAN, CLEMENTE, ABUELO, TENÍA TIEMPO PARA OCUPARSE EN UNA DE SUS GRANDES AFICIONES, LA DE DIBUJAR A SUS NIETOS. DE VERDAD QUE FORMABAN UNA PAREJA MUY LINDA, COMO SEÑALABA AL PRINCIPIO.


                                                 El Viso del Alcor, 3 de Febrero de 2026   

lunes, 2 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO TERCERA

13   .-   Un Arquitecto:  ENRIQUE NIETO Y NIETO   ( IV )

        No debió de ser hombre que despertara pasiones, que no fueran las estrictamente relacionadas con sus tareas de arquitectura, de ahí que su vida se viera envuelta en el misterio y llena de lagunas. Tuvo que ser hombre de hechos, de pocas y críticas palabras y siempre entregado a sus múltiples criaturas, sus edificios y obras. Vivió hasta los setenta y un años, pues falleció en 1954, y su nombre en la actualidad lo lleva el que fue conocido como Instituto de Bachillerato número dos, del que fue su primer director don José María Antón Andrés, al que tuvimos como profesor de Lengua y Literatura nosotros en el viejo Instituto y que está situado en el barrio de la Victoria, entre la avenida 1º de abril, en las cercanías del Estadio Álvarez Claro, y la carretera de Alfonso XIII que conducía a los cuarteles.


            Melilla, gracias a su obra y a la de sus incontables seguidores e imitadores, que ha elevado a nuestra ciudad a la categoría de ser unos de los templos del modernismo, cuenta con muestras de dicho movimiento arquitectónico por todos sus rincones. Por ello, es una ciudad que invita al paseo con la mirada puesta en las alturas, sin llegar al cielo, que dicho sea de paso también es digno de observarse en sus diferentes tonalidades de azul y rojizo en sus atardeceres.     


            El visitante amante de este tipo de arquitectura no necesita desplazarse mucho; pero si así lo hiciera encuentra detalles modernista en toda la ciudad. En la calle Reyes Católicos, por ejemplo, en edificios de techos altos, podían recrearse con los ornamentos que lucen en las alturas de las puertas que jalonan a los artísticos balcones, con columnas y molduras variadísimas, con trabajados hierros...; pero es que te vas a la calle General Mola, con edificios más modestos, de menos plantas y te encuentras allí, como en la esquina donde estaba la tienda de bicicletas de Escalona, elementos de este estilo extraordinarios.

             O sin ningún orden, salpicando en el espacio, se puede uno detener para gozar, antes del Teatro Cine Nacional, en la pequeña fachada de la calle Cándido Lobera en donde se ubicaba el antiguo “El Telegrama del Rif”. Y qué decir de la Reconquista, de la Óptica Roca, del Metropol, Casi toda nuestra Avenida está ricamente adornada con edificios de este tipo. 

            Llegando a la conclusión de que la parte nueva de nuestra ciudad, la que se configuró en los extramuros de la amurallada ciudad vieja es un museo vivo, con sus innumerables y bellos edificios, del Modernismo. Y todo ello quizás fue debido a la casualidad de que un personaje tan poco conocido, como lo es realmente Enrique José Ramón Nieto y Nieto, un día decidió abandonar, como tantos aventureros, en compañía de su esposa su ciudad natal, Barcelona, para desembocar en otra ciudad nueva, en pleno crecimiento, y para dejar su magnifica y notable impronta en ella.


                                          El Viso del Alcor, 2 de Febrero de 2026

NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

376   .-   HERMANN Y MAMEN. ÉL, AUSTRIACO DE NACIMIENTO, DE GRAZZ, Y ESPAÑOL DE ADOPCIÓN, ARQUITECTO QUE EJERCE SU PROFESIÓN EN LOSA DOS PAÍSES. ELLA, HIJA DE NUESTRO JAMÁS OLVIDADO DIEGO LÓPEZ LEÓN, HERMANO DE ROSA, Y DE CARMEN PRADA, LA "CHATA" PARA LOS ÍNTIMOS. RETRATO REALIZADO EN ÉPOCA CERCANA A SU BODA, LA QUE NOS PERMITIÓ CONOCER A UN GRUPO DE FAMILIARES  Y AMIGOS VISUEÑOS, BASTANTES DE LOS BELLOS RINCONES DE ESTE PAÍS, DE SU CAPITAL, HERMOSA VIENA, Y DE LAS CIUDADES Y PUEBLOS QUE VISITAMOS. RECUERDOS QUE JAMÁS OLVIDAREMOS.


                                                  El Viso del Alcor, 2 de Febrero de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO TERCERA

13.-   Un Arquitecto:  ENRIQUE NIETO Y NIETO   ( III )

        En 1924 se inauguraba la capilla del colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, de La Salle, como también se le conoce, cuyo proyecto era suyo; al que añadiría en el mismo año, ya que se inauguró en septiembre, la sinagoga de Yamin Benarroch, denominada “Or Zaruah” que significa Luz Santa. Para completar edificios emblemáticos relacionados con las distintas religiones que existían en ella, en 1947 construía la Mezquita principal en la parte baja del barrio del Polígono y a la espalda del que fue nuestro Instituto de Enseñanza Media, el primero de la ciudad y que además tiene una cierta curiosidad, porque era de los pocos edificios de estilo puramente árabe con que contaba Melilla.

                                

    
                                 (Capilla de La Salle, Sinagoga judia y Mezquita)

          No se sabe si su carácter taciturno y huraño, como algunos lo catalogaban, era algo genético o que la vida, con sus golpes, se lo fue conformando. En 1917 moría su primera mujer y posteriormente, en un corto espacio de una semana, señalan algunos de sus biógrafos, perdía a tres hijos. Si a ello se une aquella situación de decepción enorme, casi permanente, que sufre al no satisfacer su aspiración a convertirse en arquitecto municipal; así como su fracaso al no poder ocupar esta plaza en tiempos de Cándido Lobera, en 1928, que es adjudicada a Mauricio Salvo, que ya lo había sido del Ayuntamiento de Madrid y de otras capitales sudamericanas y que contó con más votos que él, dando paso a sucesivos recursos por su parte, que llegan hasta el Tribunal Supremo y que nunca ganó.

         Debió ser también hombre tenaz, porque dos años después entra en el Ayuntamiento melillense para ocupar la plaza que ha dejado libre el ingeniero militar Moreno Lázaro; aunque ahora tropieza con otro problema, que origina una nueva decepción, ya que le es vedado intervenir en los asuntos de edificación, que seguían en manos del citado anteriormente Salvo.

        Tan sólo cuando se jubila éste queda como único arquitecto municipal; lo que no le libra, creo que por su forma de ser, de nuevos enfrentamientos con los miembros de la Corporación Municipal, que en ocasiones desembocan en expedientes que acarrean suspensión de empleo y sueldo.

        Tendría yo diez años cuando se concluye una de sus obras maestras, el edificio del nuevo Ayuntamiento de la ciudad, ubicado en la Plaza de España, cuya cimentación se había iniciado en 1940.


NUESTRAS CRIATURAS


CAPÍTULO DE RETRATOS DE TRÍOS Y PAREJAS

375   .-   EL PRIMOGÉNITO DE MI HERMANO CLEMENTE Y DE ROSA. CLEMENTE CALABUIG LÓPEZ, ARQUITECTO DE PROFESIÓN, LABOR QUE EJERCE CON ÉXITO, CON SU MUJER ESTELA FRANCO, QUE NO SÉ SI SEMBRÓ ALGÚN ÁRBOL, PERO SÍ QUE ESCRIBIÓ UN INTERESANTE LIBRO SOBRE RINCONES DE SEVILLA. REALIZADO YA HACE ALGUNOS AÑITOS.


                                                 El Viso del Alcor, 1 de Febrero de 2926