No debió de ser hombre que despertara pasiones, que
no fueran las estrictamente relacionadas con sus tareas de arquitectura, de ahí
que su vida se viera envuelta en el misterio y llena de lagunas. Tuvo que ser
hombre de hechos, de pocas y críticas palabras y siempre entregado a sus
múltiples criaturas, sus edificios y obras. Vivió hasta los setenta y un años,
pues falleció en 1954, y su nombre en la actualidad lo lleva el que fue
conocido como Instituto de Bachillerato número dos, del que fue su primer
director don José María Antón Andrés, al que tuvimos como profesor de Lengua y
Literatura nosotros en el viejo Instituto y que está situado en el barrio de
Melilla, gracias a su obra y a la de sus incontables seguidores e imitadores, que ha elevado a nuestra ciudad a la categoría de ser unos de los templos del modernismo, cuenta con muestras de dicho movimiento arquitectónico por todos sus rincones. Por ello, es una ciudad que invita al paseo con la mirada puesta en las alturas, sin llegar al cielo, que dicho sea de paso también es digno de observarse en sus diferentes tonalidades de azul y rojizo en sus atardeceres.
El visitante amante de este tipo de arquitectura no necesita desplazarse mucho; pero si así lo hiciera encuentra detalles modernista en toda la ciudad. En la calle Reyes Católicos, por ejemplo, en edificios de techos altos, podían recrearse con los ornamentos que lucen en las alturas de las puertas que jalonan a los artísticos balcones, con columnas y molduras variadísimas, con trabajados hierros...; pero es que te vas a la calle General Mola, con edificios más modestos, de menos plantas y te encuentras allí, como en la esquina donde estaba la tienda de bicicletas de Escalona, elementos de este estilo extraordinarios.
O sin ningún orden, salpicando en el espacio, se puede uno detener para gozar, antes del Teatro Cine Nacional, en la pequeña fachada de la calle Cándido Lobera en donde se ubicaba el antiguo “El Telegrama del Rif”. Y qué decir de
Llegando a la conclusión de que la parte nueva de nuestra ciudad, la que se configuró en los extramuros de la amurallada ciudad vieja es un museo vivo, con sus innumerables y bellos edificios, del Modernismo. Y todo ello quizás fue debido a la casualidad de que un personaje tan poco conocido, como lo es realmente Enrique José Ramón Nieto y Nieto, un día decidió abandonar, como tantos aventureros, en compañía de su esposa su ciudad natal, Barcelona, para desembocar en otra ciudad nueva, en pleno crecimiento, y para dejar su magnifica y notable impronta en ella.
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