En 1924 se inauguraba la capilla del colegio de los
Hermanos de la Doctrina Cristiana, de La Salle, como también se le conoce, cuyo
proyecto era suyo; al que añadiría en el mismo año, ya que se inauguró en
septiembre, la sinagoga de Yamin Benarroch, denominada “Or Zaruah” que
significa Luz Santa. Para completar edificios emblemáticos relacionados con las
distintas religiones que existían en ella, en 1947 construía
No se sabe si su carácter taciturno y huraño, como algunos lo catalogaban, era algo genético o que la vida, con sus golpes, se lo fue conformando. En 1917 moría su primera mujer y posteriormente, en un corto espacio de una semana, señalan algunos de sus biógrafos, perdía a tres hijos. Si a ello se une aquella situación de decepción enorme, casi permanente, que sufre al no satisfacer su aspiración a convertirse en arquitecto municipal; así como su fracaso al no poder ocupar esta plaza en tiempos de Cándido Lobera, en 1928, que es adjudicada a Mauricio Salvo, que ya lo había sido del Ayuntamiento de Madrid y de otras capitales sudamericanas y que contó con más votos que él, dando paso a sucesivos recursos por su parte, que llegan hasta el Tribunal Supremo y que nunca ganó.
Debió ser también hombre tenaz, porque dos años después entra en el Ayuntamiento melillense para ocupar la plaza que ha dejado libre el ingeniero militar Moreno Lázaro; aunque ahora tropieza con otro problema, que origina una nueva decepción, ya que le es vedado intervenir en los asuntos de edificación, que seguían en manos del citado anteriormente Salvo.
Tan sólo cuando se jubila éste queda como único
arquitecto municipal; lo que no le libra, creo que por su forma de ser, de
nuevos enfrentamientos con los miembros de
Tendría yo diez años cuando se concluye una de sus obras maestras, el edificio del nuevo Ayuntamiento de la ciudad, ubicado en la Plaza de España, cuya cimentación se había iniciado en 1940.
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