RAZÓN NÚMERO 68
Un soldado: EL LEGIONARIO ( IV )
La Legión fue creada como Tercio Gran Capitán Primero de la Legión en 1934 y en Tauima, donde se encontraba el antiguo aeropuerto de la ciudad y en zona de Marruecos. Cuando este país obtuvo su independencia, en tiempos de Mohamed V, que había estado desterrado en Madagascar, el Tercio se traslada a Melilla y ocupa el actual acuartelamiento de Cabrerizas Altas, donde antes había estado el Regimiento de Perinola y Regulares 7.
Este cuartel encierra en su interior uno de los tres
fuertes que defendían la ciudad en su parte alta, el de Cabrerizas Altas, que
jugó papel destacado en los sucesos que dieron lugar a la Campaña de Margallo,
en 1893, en donde encontró la muerte el mencionado General al intentar salir
del fortín sitiado antes de que llegaran los auxilios del exterior. Con el
fuerte de Rostrogordo, situado a unos 900 metros, emplazado en
la meseta de igual nombre y que fue durante nuestra niñez cárcel militar, donde
estuvo preso el cojo y temido jefe rifeño Abdelkrim y el de Cabrerizas Bajas,
se defendía toda esta zona. Y ya que hablo de este mítico rifeño, se cuenta que
su cojera se la produjo al intentar escapar del Fuerte de Rostrogordo
ayudándose de una cuerda que le había proporcionado un cuñado. Dicen que tuvo
la mala fortuna que se le enredó y quedó colgado a escasos metros del suelo y
que al tiempo de una hora aproximadamente, intentando salir de este delicado y
difícil trance, se cayó, rompiéndose la pierna izquierda.
Primero se construyó el de Cabrerizas Bajas y
posteriormente el de Cabrerizas Altas y fueron realizados de mampostería y no
con planta circular como los anteriores, sino pentagonal y con tres torres,
garitas, matacanes, cañoneras y profundos fosos.
Para concluir, señalar que con el paso de los años
la Legión fue cambiando como casi todo. Por ejemplo, en los años de nuestro
servicio militar, junto a los voluntarios que se incorporaban a dicho cuerpo,
podían ingresar los que eran llamados a la mili por su quinta, por lo que en
los Campamentos de reclutas se buscaban a soldados del reemplazo para
incorporarlos a sus filas.
Hoy, por otra parte, aquellos legionarios que, según
me contaba mi madre cuando era una jovencita, impidieron la entrada de los
moros, ávidos de botines, en la ciudad y que cometieron las mismas atrocidades
como las que anteriormente habían realizado los cabileños; que junto con otras
fuerzas especiales jugaron un papel destacado y decisivo en el transcurrir de
la terrible guerra civil del 36 al 39 y en su resultado final; son llamados en
la actualidad a ejercer labores humanitarias y de paz en otros países, como lo
hicieron en Bosnia o hace unos días en ese confuso y peligroso Irak, después de
la caída del régimen del dictador Sadam Huseim.
Y por la televisión, cuando llegue la Semana Santa y
Canal Sur haga reportajes en directo de los diferentes desfiles procesionales
de Andalucía, no faltará año tras año la presencia de los legionarios en la
capital de la Costa del Sol, en Málaga, donde siempre se convierten en un
espectáculo digno de ser contemplado. 
Y cómo no acordarse de aquel título cinematográfico
de nuestra niñez como lo fue el de ¡A mí la Legión!
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