Múltiples leyendas se contaban de ellos y de los
diferentes motivos que habían motivado su enganche en estas fuerzas especiales.
Asuntos de huidas, de robos, muertes, incomprensiones, locuras, desencantos,
faldas, odios, aventuras y un largo etcétera, acompañaban a estos hombres, que
se veían sometidos a una dura disciplina que por otra parte, a ellos les
encantaba e incluso la necesitaban.
Me refiero a aquella época en que la firma del contrato se hacía voluntariamente o en donde buscaban refugio hombres desarraigados y desheredados de la sociedad, con problemas de toda índole, que trataban de olvidar o resolver y que no siempre lo conseguían. Hombres duros y curtidos, a pesar de contar algunos con muy pocos años, en las vicisitudes y miserias del género humano.
Múltiples leyendas se contaban de ellos y de los diferentes motivos que habían motivado su enganche en estas fuerzas especiales. Asuntos de huidas, de robos, muertes, incomprensiones, locuras, desencantos, faldas, odios, aventuras y un largo etcétera, acompañaban a estos hombres, que se veían sometidos a una dura disciplina que por otra parte, a ellos les encantaba e incluso la necesitaban.
Recuerdo aquella vez que arbitrábamos un encuentro de baloncesto, que no sé si lo habré referido ya, y contando con unos dieciocho añitos, entre un equipo de la ciudad y otro integrado por legionarios, a los que su capitán animaba diciéndoles que cuando llegasen al cuartel, si ganaban, les prometía una pipita de kifi y un buen porrón. Y que en uno de los lances del juego, uno de ellos pide al otro gritando que le pase el balón, llamándole “hijo de puta”. Como dos resortes pitamos al unísono falta técnica al jugador malhablado, que se ve sorprendido por la decisión y nos pide explicación sin malos modos. Le razonamos el motivo de nuestra intervención y los que a continuación nos vemos sorprendidos somos nosotros; pues el soldado castigado por esta desconsideración con un propio compañero llama a éste, al insultado y le pregunta con absoluta naturalidad: ¿Tu madres qué es, fulanito? Y el otro, con la mayor tranquilidad del mundo, le responde: Una puta.
Al legionario lo veíamos como algo propio de la vida melillense, como al resto de los componentes de los demás ejércitos que convivían en nuestra ciudad. Por eso nos agradaba aquel monumento que se encontraba al final de la calle O´Donnell y en su intersección con la Avenida, el destinado a los Héroes de España, en donde anteriormente estuvo el antiguo quiosco “La Peña”. Monumento que ejecutó el Ayuntamiento con la colaboración ciudadana a través de una suscripción popular durante el mandato del alcalde Álvarez Claro. Diseñado por el artista melillense Vicente Maeso y dirigida la obra por el arquitecto Enrique Nieto. Sobre la peana se encuentra esculpido aquel legionario con fusil y acompañado por un león, como queriendo encontrar una similitud de aquél con la fiereza del animal.
Otro melillense, Enrique Novo, ejecutó en bronce hace escasos años un nuevo monumento a la Legión, que se encuentra en los accesos al cuartel del Tercio “Gran Capitán Primero de la Legión”, en las cercanías de Rostrogordo. En el mismo se ha cambiado la actitud triunfante del anterior por la humanización del legionario, al recibir uno de los símbolos de la ciudad, el ánfora, de manos de una pequeña y que viene a recordar el papel de las tropas españolas, entre las que se encontraba



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