RAZÓN NÚMERO 58
Un hindú: LALCHANDANI
La cuarta comunidad de fe en nuestra ciudad en razón
del número de sus miembros y la última en incorporarse es la hindú, que aunque
llegaron sus primeros individuos a Melilla allá por finales del siglo XIX, no
experimenta un aumento algo considerable hasta mediados del XX, con motivo de
la independencia y separación de la
India y Pakistán.
Tendríamos aproximadamente unos diez años cuando
vimos en persona por primera vez a estos hindúes. Como no era habitual su
presencia, de verdad que nos llamó la atención; especialmente por el colorido
de la suya vestimenta, la del género femenino, llena de gasas que envolvían
túnicas coloristas que cubrían todo su cuerpo y gran parte de su cabeza;
destacando el característico color de su piel, con esos toques rojos en sus
frentes y en general una belleza diferente en sus rostros.
Según nos informaban procedían de la región de
Synderabad, zona próxima a Karachi, la capital de Pakistán.

Cuando tenías que hacer algún ejercicio de Geografía
y acudías al correspondiente Atlas, si sentías curiosidad y te detenías en
aquellos mapas del mundo dentro, podías observar lo lejos que estaba la India y
nos preguntábamos cómo acudían a nuestra ciudad desde lugares tan remotos y
para la mayoría desconocidos. Era una prueba palpable de lo aventurero que es
el hombre; así como de la necesidad de búsqueda de nuevas perspectivas de vida
por parte de grupos humanos cuando la población es inmensa y los recursos
insuficientes. Esto sí que lo sabíamos, gracias a las enseñanzas de don José
Boluda, que aquella zona del mundo era de las más pobladas y también por
aquellas campañas que organizaba la
Iglesia, especialmente las del Domund, en las que recogían
sellos y dinero para el África negra, que casi toda era así por el color y por
su pobreza, y para la India,
donde existían muchísimos habitantes y más miserias.
Su religión era el brahmanismo, que además de
sistema religioso era sistema social, politeísta y contaba como dios supremo a
Brama, considerado como el dios creador. Estaban acostumbrados a convivir con
otras creencias, especialmente con la musulmana, ya que en su lugar de
procedencia la mayoría de la población tenía esta religión. Encontrándose
además en Melilla con una ciudadanía tolerante al máximo y en donde convivían,
a partir de su llegada, cuatro culturas en perfecta armonía. De ahí, que
nosotros desde niños, crecimos en este ambiente multicultural y racial, que era
como una vacuna contra la xenofobia.

La mayor parte de los componentes de esta comunidad
se dedicaron al comercio, manteniendo en nuestra ciudad una quincena de
establecimientos que ocupaban a unos centenares de hindúes. Llegando a ser un
personaje importante en Melilla, por ser una especie de patriarca comercial el
hindú Lalchandani, que probablemente se dedicaría a la distribución comercial de
los artículos expuestos en los establecimientos regidos por ellos y que se
convirtió en una firma destacada en el comercio local. Filántropo y mecenas
como aquel Benarroch lo era en la comunidad hebrea, hay un momento en la vida
de Melilla, donde su persona, en razón del poder económico de su actividad
comercial y propio, ejerce una gran influencia; apareciendo su nombre
relacionado con actividades que nada tienen que ver con el comercio propiamente
dicho, en razón del apoyo desinteresado que presta a las mismas. Llegando a
convertirse en una persona apreciada y querida en nuestra ciudad y plenamente
integrada en ella.
Curiosidad de esta comunidad es su día religioso
semanal, que es el lunes y que cierra el ciclo de días festivos de las cuatro
religiones, comenzando con el viernes
para los musulmanes, seguido por el sábado para los hebreos, el día del Señor
para los cristianos el domingo y el lunes para los mencionados hindúes y que junto
a los de luna llena, evitaban comer carne, pescado y huevos, acudiendo entonces
a una dieta vegetariana.

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