viernes, 16 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

             
           RAZÓN  NÚMERO  62

            Un amor infantil:   MARISA


            Reconozco que siempre fui muy enamoradísimo y formalito al mismo tiempo. Vamos, que era de los que me tomaba muy a pecho estas cosas de la vida, a pesar y desde mis pocos años; precocidad la mía en esta cuestión que por mi forma de ser me trajo más quebraderos de cabeza de la cuenta y por supuesto, más angustias que alegrías.

     Entraba bien a las chicas, algo debía de tener, pero debía de aburrirlas pronto, porque todo se acababa siempre y me obligaba a empezar de nuevo otra aventura.

     Mi primer amor infantil fue Marisa. Nos conocimos de forma curiosa y hasta sorprendente. Parte del inicio de esta aventura creo que ya la conté en otro apartado anterior. Un atardecer se presentan a buscarnos a la plazoleta de nuestros juegos unas chicas. Para que luego piensen algunos que los tiempos de antes eran distintos a los de ahora en que las hembras buscan a los varones, yo entre estos y me reafirmo en ello; lo que ocurría es que aquella situación era la excepción que confirmaba la norma. En aquella ocasión yo fui de los que las atendí, cómo no, y de los que me comprometí a devolverles la visita. La idea divide a la pandilla, ya que hay un buen grupo que piensa que aquello es una estupidez y que prefieren sus juegos a andar en líos prematuros de amoríos o noviazgos. Sin embargo, consigo convencerlos y acudimos a aquel original encuentro casi la mayoría.

         La escena es pintoresca y parece más lo que en realidad es, un juego de niños y no la búsqueda de formar parejas y menos de su estabilización en el tiempo. Un grupo de chicas expuestas de pie para poder ser bien contempladas en plenitud de sus encantos en una parte; en la otra y sentados cómodamente en unos bancos de piedra, un grupo de chicos que cuchichean, sonríen maliciosamente y se golpean con los codos al tiempo que hacen comentarios en voz baja acerca de los atractivos y desencantos de las anteriores. Yo, en un repaso más que rápido, las elimino a todas, no me gusta ninguna de ellas y dejo de atender al juego. Aburrido miro hacia otro lugar y me encuentro con otra chica que me sonríe y de mirada muy dulce, aparentemente tímida y que no rehúsa la mía cuando insistentemente la miro. Es un auténtico flechazo. Cuando me llega el turno y demandan mis gustos, con la sinceridad de lo infantil señalo que no deseo a ninguna de aquel montón, que a mí la que me agrada es aquella y la indico con mi dedo.

         Todas me dicen que eso no puede ser, porque la elegida por mí no entra en el lote, ya que está pillada, que equivalía a decir que ya andaba medio ennoviada con otro chaval. Insisto y la sorpresa se hace general cuando la demandada quiere entrar en el juego y me acepta con cierto rubor en sus mejillas.

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