La Melilla que se encuentra Don Pedro de Estopiñán
había sido en la antigüedad establecimiento fenicio y cartaginés y colonia
importante del mundo romano, denominada Rusadir, a la que los árabes dieron el
nombre actual y los rifeños, en su dialecto el chelja, la nominaron como
M´lilia, que significa “Lugar de la reunión” o porque era abundante y celebrada
la existencia de rica miel y que fue en definitiva construida allá por el año
920. Cuentan algunos historiadores que en nuestra vieja Melilla embarcó para ir
a
Conquistada la ciudad por Pedro de Estopiñán en nombre del Duque de Medina Sidonia, Don Juan Alonso de Guzmán, conocido históricamente como Guzmán el Bueno, por la defensa heroica que hizo de la ciudad de Tarifa, prefiriendo según la leyenda entregar su puñal para que los sitiadores mataran con él a su hijo en lugar de rendirse, tal como aparece en el escudo de nuestra ciudad, Melilla sufrió durante cerca de cuatro siglos continuos asaltos, sitios y asedios, que pusieron siempre en peligro la vida de sus moradores y defensores
El apoyo y papel importante jugado por la Casa Ducal de Medina Sidonia en las diferentes campañas que dieron origen a la toma de nuestra ciudad y que pusieron fin a su reconquista, llevaron a las autoridades melillenses a que diera el nombre suyo a todo el barrio que conocemos los nacidos en esta ciudad como “El Pueblo”, que correspondía al recinto amurallado de Melilla la Vieja.
Este noble conquistador de la ciudad, magníficamente esculpido en bronce, con la espada levantada al aire en señal de mandato o victoria y portando el estandarte en la otra mano, con armadura cubriendo la parte alta de su cuerpo y con capa que vuela para conseguir la armonía del volumen en su conjunto; barbado y con su mirada alzándose al frente, pienso que se le ha buscado en la actualidad una ubicación más de acorde con su historia y que merece todo el cuido por parte de las autoridades melillenses por mimar su entorno; pues erguido y esbelto, hoy preside como vigilante permanente el rincón que fue fruto de su conquista, que no resultó nada fácil.
No me agradaba su anterior ubicación, perdido detrás del Casino Militar y frente a la iglesia de la Castrense, en una placita descuidada que no decía nada y que hoy ha sido dedicada a otro personaje conocido e importante, pero de la vida contemporánea de la población melillense, como es el hebreo Yamín Benarroch.
Igualmente da nombre a nuestro Parador Nacional de Turismo, ese invento del camaleónico y sempiterno Fraga, que se levantó en Melilla en los cerros de Ataque Seco, entre los fuertes de Victoria Grande, Victoria Chica y la parte alta del Parque Lobera y en donde se encuentra otra obra pictórica que representa al conquistador de la ciudad, realizada por el pintor melillense Vicente Maeso. Contando con unas vistas panorámicas extraordinarias desde sus habitaciones, acerca del resto de la ciudad y de la inmensidad del mar, por la altura que goza el solar donde se levanta el mismo.
Personaje que nos resulta a todos familiar, lo que no evita que siga siendo el gran desconocido, dada la importancia de su persona en razón de la historia de nuestra Melilla.



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