lunes, 12 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 61

            Un juguete de nuestra niñez:   LA ARQUITECTURA DE MADERA


        Lo lúdico y ya me parece haberlo señalado con anterioridad es algo consustancial al niño y cualquier elemento que participe de dicha actividad o la propicie nunca permanece indiferente a éste.

     El juguete era el objeto deseado en determinadas celebraciones, como los cumpleaños o las onomásticas; cuando se recibía a familiares lejanos en el espacio, que siempre traían algo para los pequeños de la casa; al tener éxito en alguna prueba o cuando te veías envuelto en la enfermedad. Y en especial, se convertía en leit motiv de la fiesta de los Reyes Magos. ¿Alguien se puede imaginar un seis de enero sin la visita en la noche de vísperas de Melchor, Gaspar y Baltasar o con sus manos vacías de juguetes? ¿Qué sería, por otro lado, de un Santa Clauss, Papá Noel o San Nicolás con sus sacos sin ningún juguete? Sería algo así tan impensable como ver a una criatura en su niñez, contando con salud y sin querer jugar.


            Es cierto que la vida ha evolucionado en demasía últimamente y además de forma acelerada, por lo que nos ha cogido en algunos aspectos como algo desprevenidos y el juguete no iba a escapar a estos cambios brutales, por lo que los niños de hoy no suelen jugar con los artefactos de antaño; ni los de mis tiempos podían imaginar en la existencia de esas maquinitas creadoras de “tics”, que te arrojan a una competitividad tremenda por conseguir no sé cuántos puntos, cuanto más mejor, o cuidar o dejar morir a un muñequito de poco más de dos milímetros que aparece en una pantallita y que tuvo su momento de moda, como fue el nominado como Tamagotchi.


            En nada se parece aquel aro obtenido de la llanta de una rueda vieja y ya en desuso de una bicicleta añeja sin radios ni nada más y conducido por una guía de hierro o de alambre del duro con la sofisticada Play station. Nada tienen que ver aquellos caballitos de cartón piedra o de madera recortada con su forma y pintados con esos patinetes movidos por baterías, que no tienen ni que impulsarlos con el pie, como los ejemplares de nuestro tiempo. Cómo comparar la sencillez y el candor de la Mariquita Pérez de las niñas de nuestro tiempo con la Barbie y su lujoso e inacabable vestuario, que hasta le buscaron novio o marido, vaya usted a saber y que presentan ejemplares que la muestran embarazada para que las niñas de ahora desde su más tierna infancia estén relacionados con estos estados tan naturales de la mujer.


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